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BENJAMIN VIRASORO, SU ACTUACION EN CEPEDA, PAVON Y CAÑADA DE GOMEZ. SUS ULTIMOS AÑOS

Carlos von Clausewitz, uno de los más importantes pensadores de la centuria pasada describió la guerra como el choque entre dos voluntades contrapuestas y comprendió con singular lucidez la relación existente entre la política y la guerra.

Esta concepción se planteó a comienzos del año 1859 al precipitarse una crisis que llegó a la entraña misma de la Nación. La tensa relación entre la Confederación y Buenos Aires fue adquiriendo tal gravedad, que se consideraba ya imposible evitar un nuevo enfrentamiento armado.

Esa situación tuvo como antecedente acciones de guerra tales como la expedición sobre Entre Ríos en Noviembre de 1852, cuando se intentó atacar Concepción del Uruguay mediante un asalto anfibio que fracasó por la enérgica intervención del sargento mayor López Jordán, y la campaña contra el Gobierno porteño en Diciembre del mismo año, del general Lagos, federal de Buenos Aires a favor de Urquiza, que fracasó por la deserción del jefe de la Escuadra de la Confederación, el norteamericano Coe, sobornado con 5.000 onzas de oro por el Gobierno de Buenos Aires.

A estos hechos debemos sumar el dictado de la Ley de Derechos Diferenciales en 1856, vista como una provocación por el Gobierno de Pastor Obligado, que “prohibía la importación de artículos de ultramar que vinieran de cabos adentro”, explícitamente, del puerto de Buenos Aires y, aunque estas disposiciones fueron violadas por los buques encargados de la introducción de mercaderías, Buenos Aires la consideró como un rompimiento de hostilidades, como lo demuestra la ley promulgada el 5 de Mayo de 1859 que autoriza al Poder Ejecutivo provincial a

“... repeler con las armas de guerra que ha declarado de hecho el Gobierno de las Provincias Confederadas y continuaría dentro o fuera del territorio del Estado, usando de todos los derechos de beligerante”.

El 14 de Septiembre de 1859, ante este cuadro de amenazante belicismo y para dar unidad a todas las fuerzas de la Confederación organizadas en cinco divisiones militares por decreto del 24 de Febrero de 1854(1), Salvador María del Carril, vicepresidente de la Nación, creó el Primer Estado Mayor General del Ejército Nacional de Operaciones, designando para su jefatura al general Benjamín Virasoro.

(1) El 24 de Febrero de 1854, por decreto de Urquiza, se crearon cinco divisiones militares:
- División del Oeste: Mendoza, San Juan, La Rioja y Catamarca.
- División 1ra. del Norte: Jujuy, Salta y Tucumán.
- División 2da. del Norte: Santiago del Estero y Córdoba (al norte del Río III)
- División del Sud: San Luis y Córdoba (al sur del Río III)
- División del Este: Corrientes, Santa Fe y Territorio Federal de Entre Ríos.
En Escuela Superior de Guerra, “Manual de Historia Argentina”, II Parte, capítulo XI. José L. Picciuolo. “Guerra por la Usurpación Nacional (1852-1862)”, p. 317. // Todo citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

En desempeño de ese cargo, Virasoro fue el más diestro y eficaz colaborador de Urquiza ya que el Ejército de la Confederación sumaba 14.000 efectivos, de los cuales 10.000 eran de caballería, el arma predilecta del presidente y del Jefe del Estado Mayor; 3.000 de infantería; y aproximadamente 35 piezas de artillería.

Además, para cumplir eficazmente con las funciones atinentes a su cargo, Virasoro contó con la colaboración de la Sección Militar del Colegio de Concepción del Uruguay, verdadero instituto destinado a preparar oficiales para el Ejército de Línea.

La presencia de Virasoro al frente del Ejército creó y afianzó la confianza que se necesitaba para ganar la batalla definitoria de la unidad con la celeridad que imponía el crítico proceso histórico iniciado el 11 de Septiembre de 1852, con la secesión de Buenos Aires.

Virasoro ejercía el comando

“con la autoridad del hombre compenetrado de ese mecanismo que se llama Ejército, cuyas piezas hay que moverlas con justeza y maestría técnica para que el éxito corone su funcionamiento.
“El material humano respondía a su voluntad, acataba su dirección y se movía según sus designios. No toleraba debilidades ni perdonaba desórdenes. Imperaba por la inquebrantable firmeza en el plan trazado tendiente a la prosecución de propósitos definidos. Talento intuitivo dominaba el conjunto, el amplio escenario, teatro propio que concebía para sus operaciones de guerra como en Caseros...”(2).

(2) Valerio Bonastre. “Corrientes en la Cruzada de Caseros”, en José G. Platener. “Algunos Apuntes Biográficos y Comentarios Históricos sobre la familia Virasoro”, p. 12. Ed. del Autor. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El general José María Paz, en sus “Memorias Póstumas”, exaltó las cualidades de los hermanos Virasoro al recordar el encuentro que tuviera en La Bajada con un escuadrón al mando de José Virasoro:

“Tanto este jefe (José) como su hermano don Benjamín, actual gobernador de Corrientes, obtuvieron un certificado de sus buenos servicios y honrada comportación porque efectivamente la merecían.
“Sin haber tenido ocasión de distinguirse extraordinariamente, mostraron siempre más espíritu de orden, más moralidad, más honradez y menos propensión al caudillaje que sus antagonistas, los Madariaga.
“Quizas estas distintas propensiones son una de las causas de su antipatía”(3).

(3) José María Paz. “Memorias Póstumas” (1954), tomo II, p. 236, (segunda edición). Ed. Almanueva, Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

La intervención diplomática del ministro de los Estados Unidos, Mr. Yancey, para evitar una guerra que vulneraría la posibilidad de concretar la organización prevista por los diputados constituyentes de 1853, fracasó ante la desmedida pretensión de Buenos Aires de exigir el retiro de Urquiza de la vida pública durante seis años.

El Ejército de la Confederación, cuyos jefes y soldados lucían la nueva divisa impuesta por Urquiza de acuerdo con sus ideas de unidad basadas en la Constitución: “Defendamos la ley federal jurada. Son traidores quienes la combaten”, se concentró al sur de Santa Fe y en la tarde del 21 de Octubre obligó a replegarse a las fuerzas del general Hornos.

El 23, en los campos de Cepeda, se libró la batalla definitoria de ese momento crucial de nuestra historia. Benjamín Virasoro fue uno de sus principales protagonistas:

“El avance para tomar contacto lo inició Urquiza, después de mediodía, aunque el ataque pudo comenzar a partir de las 18 horas ... Urquiza comandó la derecha del ejército y Virasoro la izquierda, iniciándose la batalla con la carga de ambas alas de caballería sobre los flancos de Buenos Aires.
“Dispersada la caballería porteña y tres batallones de infantería de la II Brigada de Infantería, la I Brigada de Conesa, Artillería del centro y Batallón 2 de Línea, se movieron sobre su oblicuo derecho para actuar al flanco del ataque confederado, acción que logró evitar el aniquilamiento cuando ya las últimas horas de la tarde obligaron a finalizar las operaciones.
“A esa hora, el Ejército de Buenos Aires se encontraba con la mitad de sus efectivos iniciales, sin caballería y con apenas 2.000 hombres. Mitre resolvió retirarse sobre San Nicolás para dirigirse de inmediato por vía fluvial a Buenos Aires”(4).

(4) Escuela Superior de Guerra, “Manual de Historia Argentina”, II Parte, capítulo XI, p. 322. Estado Mayor del Ejército de Operaciones, Cuartel General en el campo de batalla de Cepeda, 24 de Octubre de 1859. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Nadie mejor que Virasoro para detallar los pormenores de la batalla de Cepeda. Su valerosa actuación al frente de la caballería fue decisiva para afirmar el triunfo de los “trece ranchos” como denominaban en Buenos Aires a las provincias de la Confederación.

Al frente de la caballería obligó a las tropas de Mitre, que no habían podido “triunfar a la europea”, a “escapar a la criolla”, según la respuesta de Hornos a las altivas palabras del exaltado general porteño.

Su hidalguía queda patentizada cuando recomienda a la consideración de Urquiza, sin excepción, “a todos los señores generales, jefes, oficiales y tropa que componen el Ejército, que se han portado tan bizarramente en la defensa de la integridad nacional” ... “porque V. E. ha sido testigo del comportamiento de todos ellos y sabrá apreciar y recompensar el valor y las actitudes donde las haya encontrado”.

Reproducimos el detallado “Parte de Operaciones” remitido por Virasoro a Urquiza, desde el Cuartel General en el campo de batalla, por ser la mejor explicación sobre la proyección militar y política de este importante encuentro:

“Al Excmo. Señor Presidente de la Confederación Argentina, Capitán General de sus Ejércitos, y en Jefe del de Operaciones, don Justo José de Urquiza, etc., etc., etc.
“Tengo el honor de dar parte a V. E. detalladamente del glorioso hecho de armas que en la historia se denominará “Batalla de Cepeda”, cuyos pormenores son como sigue:
“En la mañana de ayer, a las seis y media, con arreglo a las órdenes de V. E., el Ejército marchó desde la Cañada Rica, avanzando en cinco grandes divisiones paralelas hacia el Arroyo del Medio. Poco después de las diez, aproximándose las columnas al arroyo, se encontró la margen derecha ocupada por caballería enemiga, que fue preciso hacer retirar para dar de beber a la caballada que venía sedienta.
“Al efecto, V. E. ordenó a la división Escolta, al mando del coronel don Manuel Caraballo, al regimiento “1 de Mayo”, al del coronel don Isidro Quesada y al regimiento del coronel don Juan Luis González, cuyos tiradores ya tiroteaban al enemigo, los arrollasen, lo que efectuaron cargando con toda la bravura y haciéndole retroceder cobardemente hasta refugiarse al grueso de su Ejército que se hallaba en la línea que hace mucho tiempo ocupa, sobre el Arroyo de Cepeda, distante del Arroyo del Medio, como legua y media al sur, y habiendo V. E. ordenado, mientras tanto, que todos los demás Cuerpos de caballería siguiesen el movimiento al frente, quedó formada la línea frente al campamento enemigo, a las doce y media del día.
“En este combate preliminar quedaron en nuestro poder como ochocientos hombres de los enemigos. La artillería, infantería y tren del Ejército debía acampar sobre la margen izquierda del arroyo, pero ordenando V. E. que también avanzase, marchó y pasó el Arroyo del Medio, entre las 12 y 1 del día, adelantando hasta la distancia de diez cuadras de la línea enemiga, lo que recién se verificó a las 3 de la tarde, sin que el enemigo se hubiese atrevido a hacer movimiento alguno.
“Mientras tanto, el parque, por la rapidez con que se había avanzado el Ejército, como también por lo pesado del terreno a causa de las recientes lluvias, había quedado a una gran distancia a retaguardia, y fue preciso conducir municiones a caballo para municionar la artillería e infantería, que no lo estaban si no con escasez, como que venían de marcha. “Esta operación necesaria ocupó hasta las 5.30 en que las fuerzas quedaron dispuestas al combate.
“A esta hora se avisó a Vuestra Excelencia -que serenamente estudiaba el campo desde las guerrillas- de que la artillería e infantería estaban prontas y entonces reunió V. E. a los señores brigadieres generales, coroneles, mayores y coroneles jefes de divisiones, y al que suscribe, para dar sus órdenes para el ataque.
“Enseguida se formó nuestra línea de la manera siguiente: en el centro, dos baterías de piezas de a ocho y un obús cada una y, a la derecha e izquierda, una batería de piezas de a cuatro, disponiéndose los seis batallones de infantería en columnas paralelas en los intervalos de las baterías:
“La derecha la formó las divisiones del señor coronel mayor don Miguel Gerónimo Galarza, y el extremo de esta ala, la división del señor brigadier general don Juan Pablo López; la izquierda se componía de las divisiones Gualeguay y La Paz, al mando del coronel don Manuel Basavilbaso, de la división comandada por el Excmo. señor brigadier general don Juan Esteban Pedernera; y el extremo de este costado lo formaba la división Maurice, a las órdenes del señor coronel don Hilario Lagos.
“Dispuesto el Ejército en el orden que acabo de señalar, V. E. ordenó que atacase, lo que se verificó del modo siguiente:
“Tomando V. E. el mando inmediato de la derecha del centro y encargando la izquierda del mismo a la dirección del que suscribe, se inició el movimiento un poco antes de la tarde, avanzando la infantería en columnas paralelas, a la vez que la caballería por los flancos.
“Se desprendieron guerrillas que cubrían el frente de estas columnas y que se adelantaron hasta herir al enemigo. Como escaseaban las municiones de nuestras baterías, tuvieron que hacer alto, y entonces se ordenó al batallón Constitución, número 2 de línea, desplegase todo el Cuerpo de guerrillas lo que se verificó, formando un ángulo recto cuya perpendicular a la línea flanqueó el costado izquierdo del enemigo, a la vez que se dio una oportuna carga encabezada por V. E. en persona con su escolta, lo que hizo se pronunciase la derrota de ese costado del enemigo, que abandonó una batería de artillería y cayendo prisionero el batallón entero de infantería.
“En este ataque, en que tomó parte del Estado Mayor de V. E., fueron heridos levemente y en sus cabalgaduras, varios edecanes; el comandante Correa del escuadrón Escolta perdió un brazo y dos edecanes y dos ayudantes fueron cortados por el enemigo, ignorándose aún la suerte de ellos.
“El enemigo entonces reforzó el costado derecho con todo el grueso de la fuerza que le quedaba, que fue resistida por el batallón número I de línea y su batería, que sostuvo un fuego mortífero hasta las 07:30, hora en que cesó el fuego general en las líneas, siendo apoyado el batallón con mucha eficacia y bravura por la división Escolta mandada por el coronel Caraballo, que perdió en este ataque un oficial y nueve soldados fuera de combate. “El batallón número 1 se mantuvo en el mismo campo de combate, reuniéndose los demás de artillería e infantería en el centro.
“A las once y media de la noche, favorecido de la oscuridad, el enemigo emprendió la retirada, llevándose muy pocas piezas de artillería y unos grupos desanimados de infantería, pasando por la costa misma del Arroyo de Cepeda y escopeteados por tiradores de nuestra caballería.
“Los restos del enemigo, ya en fuga completa, fueron perseguidos por la división del Excmo. señor brigadier general Pedernera, el regimiento “1 de Mayo”, la división escolta mandada por el coronel Caraballo, la I división Victoria, a las órdenes del coronel don Waldino Urquiza, las divisiones Gualeguay y La Paz, mandadas por el coronel don Manuel Basavilbaso; esta persecución duró hasta las 10:30 de hoy y a pocas leguas distantes de San Nicolás, teniendo entonces que desistir de sus esfuerzos por habérseles agotado las municiones y cansado los caballos, pues que estas fuerzas habían operado en un sólo caballo por plaza desde el día anterior por la mañana y durante toda la noche.
“En esta persecución se quitaron seis piezas de artillería al enemigo, que huía despavoridamente, y se le puso mucha tropa fuera de combate.
“Tan ha sido Excmo. señor, esta brillante jomada que destruyendo al enemigo en su mayor parte, y obligándole a una precipitada fuga con los desalentados y diminutos restos de su fuerza, hará memorable a los campos de Cepeda en los fastos de la historia argentina, afianzando las instituciones nacionales, coronando gloriosamente los heroicos esfuerzos de este valiente ejército y agregando una hoja más a la corona de victorias que ciñe las sienes de V. E.
“Quedan en nuestro poder, veintiún oficiales y dos mil individuos de tropa, veinte piezas de artillería y una gran cantidad de fusiles, carabinas y demás armamentos , municiones de todas clases, las banderas de los batallones 2do. y 4to. de línea, el botiquín del enemigo, carretones, todas sus tiendas de campaña y todas sus caballadas.
“El enemigo ha tenido una pérdida como de 500 hombres fuera de combate.El Ejército, por su parte, lamenta la pérdida del coronel graduado don Dámaso Centeno, que fue muerto en el acto de dar una voz de mando al batallón Caseros de que era jefe; del teniente coronel don Juan F. Montiel, perteneciente al Cuerpo de edecanes; y de siete oficiales heridos, de un jefe herido gravemente y otro levemente, trece oficiales heridos y más de 300 hombres de tropa fuera de combate.
“Al terminar, réstame, Excmo. Señor, recomendar a la consideración de V. E. y sin excepción, a todos los señores generales, jefes, oficiales y tropas que componen el Ejército, que se han portado tan bizarramente en la defensa de la integridad nacional y para eterna confusión del insolente ataque del cobarde enemigo que osaba conculcarla; pero excuso extenderme en este Parte porque V. E. ha sido testigo del comportamiento de todos ellos y sabrá apreciar y recompensar el valor y las aptitudes donde las haya encontrado.
“Felicitando a V. E. por tan espléndido triunfo, ofrezco a V. E. las consideraciones de todo mi aprecio y respeto.
“Dios guarde a V. E.
“Benjamín Virasoro”(5).

(5) Julio Victorica. “Urquiza y Mitre (Contribución al Estudio de la Organización Nacional)” (1918), con una Introducción de Julio Barreda Lynch, p. 178. Ed. La Cultura Argentina, Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Desde Cepeda, Urquiza marchó hacia la Ciudad de Buenos Aires y estableció su campamento en San José de Flores exigiendo -con los derechos que le otorgaba la victoria- la renuncia de Valentín Alsina como gobernador del Estado Provincial.

La Legislatura consideró “impolítico y peligroso” oponerse a una “generosidad desacostumbrada” que ofrecía Urquiza en su Proclama dirigida al pueblo de Buenos Aires, proclama que señalaba el camino más conciliador para lograr la “integridad nacional, la libertad y la fusión”.

Reemplazado Alsina por Felipe Llavallol, el 11 de Noviembre se firmó el Pacto de Unión entre Buenos Aires y la Confederación, Pacto que, al decir de José Luis Busaniche, es “a todas luces un triunfo de la nacionalidad argentina y del presidente de la Confederación”, para ratificar la ingente tarea de crear en el país un clima de mejor entendimiento, comprensión y tolerancia.

Debemos destacar que en las negociaciones de paz cumplió un importante papel el general paraguayo Francisco Solano López, hijo del entonces presidente Carlos Antonio López.

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