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Benjamín Virasoro candidato a Presidente de la República

Cepeda y el Pacto de Unión Nacional o Pacto de San José de Flores, coronaron el mandato presidencial de Urquiza. Ante la renovación de autoridades, el problema de las candidaturas volvió a ocupar el panorama político de la Nación y el nombre de Benjamín Virasoro surgió en algunas provincias como una posibilidad concreta para continuar con la línea fijada por el entrerriano, dada la amistad y comunión de anhelos de ambos personajes; las provincias que lo apoyaban eran Mendoza, San Juan y San Luis.

Pero estas especulaciones electorales sucumbieron cuando Virasoro recibió una carta de Urquiza en la que le señalaba que

“el doctor Derqui es mi candidato y deseo que me suceda en la presidencia. Sé que hacen trabajos por su candidatura y le pido que la retire”.

Al doctor Derqui, por su antigua militancia unitaria y por su gestión como ministro de Urquiza, se lo veía más proclive para allanar las dificultades que presentaba el cumplimiento del Pacto de Unión Nacional, dado que contaba con el respaldo de personajes representativos de la política bonaerense y, en especial, de Bartolomé Mitre, cuyo nombre aparecía como seguro candidato al cargo de gobernador de Buenos Aires.

Virasoro, conforme el papel que le habían asignado sus compatriotas en los momentos más difíciles de la etapa organizativa, superó la frustración de sus lógicas y comprensibles ambiciones y retiró su postulación, para seguir colaborando con Urquiza porque “... lo que quería era, como argentino, la felicidad de la patria y la armonía entre sus hijos”(1).

(1) Carta de Virasoro a Urquiza del 20 de Abril de 1861, publicada por “La Reforma” de Rosario. En: Ramón Contreras. “El Teniente General Don Benjamín Virasoro (Apuntes Biográficos)” (1925), p. 162. Ed. La Tipográfica, Rosario. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El año 1860 pareció señalar el fin de perturbaciones susceptibles de interrumpir la paz establecida en San José de Flores, con la asunción de Santiago Derqui a la presidencia de la Nación (5 de Marzo), de Bartolomé Mitre como gobernador de Buenos Aires (1 de Mayo) y de Urquiza como gobernador de Entre Ríos(2).

(2) El escrutinio del 6 de Febrero de 1860 -en la elección de vicepresidente- Benjamín Virasoro obtuvo 17 votos, superando a J. Pujol (12) votos, J. B. Alberdi (1 voto) y Santiago Derqui ( 1 voto). Ocupó pues el tercer lugar, precedido por M. Paz (49 votos) y el general E. Pedernera (45 votos). Como ninguno de los candidatos resultó con mayoría absoluta, le correspondió al Congreso elegir entre los dos más votados, resultando electo J. E. Pedernera. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Pero esas ilusiones muy pronto comenzaron a desvanecerse cuando Mitre inició su trato con la Confederación “de potencia a potencia”, utilizando la denominación de gobernador del Estado de Buenos Aires y no el de autoridad provincial, leyenda escrita en “un rico bastón con dos puños, uno de oro y otro de topacio” que Mitre obsequió a Urquiza durante las cordiales entrevistas que mantuvieron en la estancia San José, en el primer aniversario del Pacto de 1859(3).

(3) José Luis Busaniche. “Historia Argentina” (1965), p. 691. Ed. Solar-Hachette, Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

No obstante y de acuerdo con lo estipulado en San José de Flores, el 14 de Septiembre de 1860 se reunió en Santa Fe la Convención Nacional Reformadora de la Constitución de 1853. Por influencia de Urquiza se aprobaron todas las enmiendas presentadas por Buenos Aires, sin objeción alguna.

La elección de diputados al Congreso Nacional -de acuerdo precisamente con las propuestas formuladas por Buenos Aires- desembocó en una nueva disputa al rechazarse la incorporación de los diputados de esa provincia en Abril de 1861, por haber sido electos por una ley provincial, en flagrante violación de la Constitución Nacional recién reformada.

Este rechazo, al decir de Mariano Pelliza en su “Historia Argentina”, fue buscado y ya presumían las consecuencias puesto que “sus poderes públicos tiraron nuevamente de la espada para castigar un agravio de todo punto imaginario”.

A esta antinomia porteña entre los principios y las realizaciones en la política imperante, se sumó el trágico asesinato del gobernador José Antonio Virasoro y de su hermano Pedro -entre otros- el 16 de Noviembre de 1860 en San Juan. Antonino Aberastain, amigo del grupo liberal de Buenos Aires y de Sarmiento, enconado enemigo del gobernador y autor del libelo “El tirano José Antonio Virasoro”, en el que instigaba al crimen, se hizo cargo, en forma inquietante, del poder acéfalo.

Cabía la Intervención a la provincia y Urquiza propuso para esa misión a Benjamín Virasoro, quien “no podía ser ganado por los porteños”, a los que consideraba promotores de ese asesinato. Derqui no apoyó ese nombramiento por “la censura que se haría si se encomendaba una persona tan inmediatamente tocada por el crimen”, y sostuvo la designación de Juan Saá, acompañado por los coroneles Paunero y Conesa y el señor Lafuente.

En su “Historia de la Unidad Nacional”, Mariano de Vedia y Mitre dice que “Urquiza vio en las designaciones realizadas pesar la influencia de Mitre sobre el presidente”, lo que no dejaba de alarmarlo, pues veía a éste apartarse de su política. Derqui se hace cargo de los recelos del general Urquiza en carta de fecha 3 de Diciembre(4).

(4) Carta de Derqui a Urquiza en el Archivo General de la Nación, Archivo de Urquiza, carpeta 23. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Comienza por decirle que le agradece como una honrosa prueba de confianza la franqueza con que le ha formulado sus reservas y se allana a darle otras explicaciones que estaba seguro “tranquilizarían su espíritu”.

Desde la base de que no había partido en el país que prohijara y sostuviera “la carnicería” de San Juan, “no sólo por la enormidad misma del crimen”, sino porque viene -dice- “preñado de infamia por la fiereza y alevosía con que ha sido consumado”, no creyó que pudiera censurársele que con el propósito de castigar a los culpables, buscase la injerencia amiga indirecta de algunos hombres que no habían pertenecido a su partido, pues deseaba que la Intervención no tuviera color partidista alguno.

Por eso no aceptó la indicación del general Urquiza de encomendarla al general Virasoro, hermano de la víctima principal del levantamiento, indicación realmente errónea de Urquiza pues tal designación habría dado a la misión federal el carácter de una campaña de venganza, con desmedro del mismo general Virasoro.

Textualmente dice la carta:

“De esta idea ha nacido el envío de los coroneles Paunero y Conesa y del señor Lafuente, asegurándole a usted a la ley de caballero y en obsequio a la justicia, que no he recibido para ello del general Mitre ni directa ni indirectamente la más pequeña indicación al respecto.
“Lejos de eso, me resistió al principio al señor Lafuente asegurándole que le era muy necesario en el despacho del Ministerio a que pertenece”(5).

(5) Mariano de Vedia y Mitre. “Historia de la Unidad Nacional” (1952), p. 485. Ed. Estrada, Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Esta Intervención, el combate de la Rinconada del Pocito del 11 de Enero de 1861 y la ejecución del gobernador Antonino Aberastain -uno o dos días después- por el coronel Clavero, “porque tenía fundados motivos para creer en un próximo alzamiento o fuga”(6), dio pie a una enérgica protesta del Gobierno de Buenos Aires que comenzó a adquirir armamento en Europa y a reorganizar sus fuerzas militares y fluviales.

(6) “Archivo del general Mitre” (1911-1913), tomo VII, “Antecedentes de Pavón”, (veintiocho volúmenes), Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Se violaba nuevamente -con este acto- la Constitución Nacional que, en su artículo 108 determina claramente:

“Las provincias no ejercen el poder delegado a la Nación. No pueden ... armar buques de guerra o levantar ejércitos salvo el caso de invasión exterior o de un peligro tan inminente que no admita dilación dando luego cuenta al Gobierno federal...”.

H. Ramos Mejía afirma que “Buenos Aires podía tener pretextos pero no razones que justificaran su actitud(7).

(7) Héctor Ramos Mejía. “Historia de la Nación Argentina”, tomo II: “De la Anarquía a la Organización Nacional” (1945), p. 396. Ed. Ayacucho. Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Bajo estas circunstancias y aunque la guerra no estaba declarada, Derqui había adoptado los recaudos indispensables para neutralizar las consecuencias de esas medidas concretas encaradas por Buenos Aires para atender los reales intereses de defensa y protección de la Confederación que, por decreto presidencial, pasaba a denominarse oficialmente República Argentina.

Organizó batallones de infantería en Córdoba, bajo las órdenes del general José M. Francia, y divisiones de caballería comandadas por el general Juan Saá, las que fueron denominadas Ejército del Centro. Medidas similares se efectuaron en Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe.

La complejidad y gravedad de la situación llevaron al presidente a apelar -una vez más- a un hombre de larga y destacada trayectoria: por decreto del 10 de Diciembre de 1860, nombró a Benjamín Virasoro Jefe de la Circunscripción 5 de la República. Su texto es el siguiente:

“Departamento de Guerra y Marina.
“Paraná, 10 de Diciembre de 1860.
“Estando vacante la Comandancia en Jefe de la División Militar del Sud, a consecuencia de lo dispuesto por ... la Constitución Nacional; y siendo necesario para el buen servicio designar cuánto antes un Jefe caracterizado en el Ejército para que se encargue del referido mando.
“Ha acordado y decreta:
“Art. 1.- Nómbrase Comandante en Jefe de la Circunscripción Militar del Sud de la República al Brigadier Gral. de los Ejércitos de la Nación, D. Benjamín Virasoro.
“Art. 2.- Comuniqúese, publíquese y dése al Registro Nacional.
“Firmado: Derqui-José Ma. Francia
“Está conforme José Antonio de Condarco, subsecretario”(8).

(8) Ministerio de Guerra, Dirección General de Personal, Legajo Personal, f. 10. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El recibimiento positivo que tuvo esta designación, por el respeto debido a Virasoro, queda registrado en la Nota que la Comandancia en Jefe de la Circunscripción Militar 1ra. del Norte remitió al Inspector General del Ejército y Guardias Nacionales:

“Salta, Enero 30 de 1861.
“Se ha recibido en esta Comandancia en Jefe la estimada nota circular de V. S. fecha 14 de Diciembre del año ppdo. acompañando el decreto de Registro Nacional expedido por el Departamento de Guerra y Marina con fecha 10 del mismo mes , por el que el Exmo. Sr. Presidente de la República ha tenido a bien nombrar Comandante en Jefe de la Circunscripción del Sud, al Sr. Brigadier Gral. D. Benjamín Virasoro.
“Inmediatamente he mandado publicar y circular el referido decreto, junto con la Orden General que le acompaña, ordenando su reconocimiento, siéndome grato dirigir a V. S. mis felicitaciones por la acertada elección que ha hecho el Gobierno Nacional de la persona del expresado Brigadier General para el desempeño de tan importante cargo.
“Ruego a V. S. las acepte junto con las seguridades de mi estimación y aprecio.
“Dios guíe a V. S.”(9).

(9) Ministerio de Guerra, Dirección General de Personal, Legajo Personal, f. 10. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Para lograr soluciones civilizadas y consolidar los mecanismos de conciliación y resolución del ya previsible conflicto, ofrecieron sus buenos oficios el Encargado de Negocios del Perú, S. Seoane, y los ministros de Francia e Inglaterra, Lefebre de Bécour y Eduardo Thornton, respectivamente.

Aceptadas las propuestas de los mediadores, se llevó a cabo una conferencia en el buque inglés “Oberon”, a la que concurrieron Derqui, Urquiza y Mitre. Examinados los problemas inmediatos y mediatos, se convino en designar comisionados especiales para dar forma al acuerdo, pero las extralimitaciones de las cláusulas del comisionado por Buenos Aires, Norberto de la Riestra, sellaron la imposibilidad del acuerdo.

Debemos tener en cuenta un acontecimiento que alteraría el normal desenvolvimiento de las jornadas posteriores y explica, en parte, la actitud de Urquiza en Pavón:

“Encontrábase el general Urquiza acampado en Gorondona, costa del Paraná, provincia de Santa Fe, estuvo a visitarlo el presidente Derqui, que se alojó en el vapor “Menay”, de la Armada Nacional, allí fondeado.
“Cuando el presidente regresó a Paraná, dejó olvidado en el vapor su sobretodo. El sirviente del general Urquiza, para saber a quién pertenecía, buscó algún papel en los bolsillos y habiendo hallado varios, los llevó a uno de los empleados de la Secretaría del general, quien se impuso del contenido de todos.
“Eran cartas dirigidas al presidente Derqui, una de las cuales, firmada por el doctor Mateo Luque, amigo íntimo, contenía revelaciones de importancia.
“El doctor Luque daba por existente un plan por el cual se trataba de encumbrar la figura militar del general Saá y de asegurar para el presidente, de un modo exclusivo, la influencia sobre las situaciones o Gobiernos de las provincias del Interior, a fin de hacer posible o fácil la traslación de la capital de la República a Córdoba y, como consecuencia de todo eso, menoscabar o reducir la influencia política del general Urquiza en la República, etc.
“Impuesto el general Urquiza de dicha carta, escribió a su secretario, el doctor Victorica -que había ido a Paraná a apresurar la provisión de caballos para el Ejército- diciéndole: ‘Véngase inmediatamente; estoy traicionado’...
“Después de este incidente, el general Urquiza, que ya iba contrariadísimo a la guerra, es muy extraño que continuase la marcha sirviendo a un Gobierno que se manifestaba tan ajeno a la alta y noble misión que le correspondía empeñar”(10).

(10) Julio Victorica. “Urquiza y Mitre (Contribución al Estudio de la Organización Nacional)” (1918), con una Introducción de Julio Barreda Lynch, pp. 241-242. Ed. La Cultura Argentina, Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

- Virasoro y la batalla de Pavón

El Gobierno de Buenos Aires especuló con una política que no era sino la consecuencia del esquema de que su pueblo, “campeón de los principios en el Río de la Plata, necesita para establecer su dominio, de un triunfo militar que la enorgullezca”(11).

(11) Carta de Mármol a Mitre del 25 de Agosto de 1861, en Vicente Sierra. “Historia de la Argentina. 1852-1862” (1860), tomo X, p. 547. Editorial Científica Argentina, Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El espíritu revanchista de Cepeda alimentó la acción diplomática porteña que logró la deserción del coronel Baigorria y del cacique Coliqueo, quienes unieron sus efectivos al Ejército de Buenos Aires. Asimismo, caciques como Calfucurá, si bien no combatieron, enrolados en la política de Mitre, permitieron a éste engrosar sus filas con la tropa de frontera.

Las referencias que dejamos expuestas nos permiten situar el cuadro estratégico de Buenos Aires y la Confederación, dentro del siguiente contexto:

“Mitre aspira a una batalla ofensiva, basada en el empeñamiento de su superior infantería. Prevé que la tradicional maniobra envolvente de la caballería confederada podrá ser neutralizada por su caballería y eventualmente la reserva, destinando a tal fin un Cuerpo de Ejército de infantería a sus inmediatas órdenes.
“Urquiza adoptó una actitud defensivo-ofensiva; confió el centro (con la totalidad de la infantería y artillería) al general Francia, mientras en ambas alas de caballería situó a los generales Galarza (a la derecha) y Virasoro (izquierda), estableciendo su puesto de comando en el ala derecha.
“Durante la marcha se realizaron los movimientos de aproximación y el combate de ambas fuerzas de cobertura en un día de calor sofocante. La vanguardia del coronel López Jordán se fue replegando sobre el dispositivo confederado y hacia las 14:30 horas, el general Mitre ordenó el ataque de su Ejército”(12).

(12) José L. Picciuolo. “Guerra por la Usurpación Nacional (1852-1862)”, pp. 333/334. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Una vez más, Urquiza, al mando general de las tropas, requirió la colaboración del brigadier Virasoro. Con fecha 18 de Agosto de 1861 fue nombrado Mayor General del Ejército de Operaciones, según consta en las fojas 13 y 14 de su Legajo Personal. La Orden General del Ejército fue dada en estos términos:

“Departamento de Guerra y Marina.
“Orden General del Ejército.
“El Capitán General de Mar y Tierra, General en Jefe del Ejército de Operaciones
“Ordena
“Art. 1.- Nómbrase Mayor General del Ejército de Operaciones al Brigadier General D. Benjamín Virasoro.
“Art. 2.- Nómbrase Ayudante General del Estado Mayor al coronel D. Nicolás Martínez Montes.
“Art. 3.- Elévese al conocimiento del Exmo. Gobierno Nacional y comuníquese a los Comandantes en Jefe divisionarios para que se dé en la Orden del día.
“Urquiza-Benjamín Victoric.
“Está conforme Juan Coronado O.M.”(13).

(13) Ministerio de Guerra, Dirección General de Personal, Legajo Personal, f. 10. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

En la Dirección General de Personal consta, asimismo, la Nota de Benjamín Victorica transmitiendo dicho nombramiento:

“Secretaría de Guerra, Cuartel General en Saladas, a 18 de Agosto de 1861
“Al Exmo. Sr. Ministro Secretario de Estado en el Departamento de Guerra y Marina, brigadier general don Pascual Echagüe.
“Por la Orden General de este día -que en copia legalizada es adjunta- será V. E. impuesto de quedar nombrado el Sr. Brigadier General don Benjamín Virasoro para presidir el Estado Mayor del Ejército de Operaciones que S. E., el Sr. Capitán General, se ha servido organizar por la expresada Orden y que me ha ordenado elevarlo al conocimiento de V. E. para transmitirlo al de S. E. el Sr. Presidente de la República.
“Dios guarde a V. E.”(14).

(14) Ministerio de Guerra, Dirección General de Personal, Legajo Personal, f. 10. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El 17 de Septiembre se libró la batalla decisoria de la unidad de la República. El papel de la caballería fue fundamental y el mismo Urquiza dice al respecto en su Parte:

“Tres veces se rehicieron las caballerías enemigas sobre sus protecciones de infantería y otras tantas fueron acuchilladas por nuestros bravos. La sola división Victoria dejó trescientos muertos del enemigo en el campo de batalla y tomó otros tantos prisioneros. La derrota fue completa. Ningún enemigo quedó en nuestro frente”(15).

(15) José Luis Busaniche. “Historia Argentina” (1965), p. 702. Ed. Solar-Hachette, Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Ignoramos cómo pudo considerar derrota a una situación por demás favorable. Basamos estas apreciaciones en el Parte firmado por Virasoro y Ricardo López Jordán, fechado el 18 de Septiembre, en Campo de Pavón (campo de la victoria frente a lo de Palacios):

“El enemigo queda en completa dispersión. Aquí estamos con todo el costado izquierdo, frente al resto de la infantería enemiga, que ha pasado la noche en la estancia de Palacios.
“No tiene ya caballería, muy apenas una partida que creemos son oficiales. Nos parece que la intención de ellos es de retirarse. Si lo efectúan los perseguiremos”.
Si nos basamos en la expresión del historiador Ranke de que “las concepciones dependen siempre de las circunstancias entre las cuales el autor vive y escribe”, para Benjamín Virasoro no sólo testigo sino protagonista destacado de Pavón,
“... el resultado de esta inmortal jornada que formará una de las brillantes páginas de nuestra historia, ha sido quedar tendidos en el campo de batalla más de 1.500 cadáveres enemigos, entre ellos muchos jefes y oficiales; 1.200 prisioneros; su convoy y bagajes en nuestro poder...
“Si algunas piezas de artillería han podido arrastrar nuestros enemigos, a trueque nos han dejado otra, hasta la galera del General enemigo la tenemos en nuestro poder”.

Estos conceptos completaban el Parte que el 19 envió a Urquiza, también redactado “en el campo de la victoria de Pavón”. Ese mismo día, López Jordán comunicaba:

“Aquí estoy con el general Virasoro y Saá con las divisiones que mandaban en la batalla del 17; el enemigo ha entrado ayer en San Nicolás con los infantes que quedó hecho; no tienen un sólo hombre a caballo; todas las caballadas las hemos tomado; la mortandad ha sido considerable en la persecución...”(16).

(16) Vicente Sierra. “Historia de la Argentina. 1852-1862” (1860), tomo X, p. 551. Editorial Científica Argentina, Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Benjamín Virasoro, López Jordán, Pascual Rosas, Juan Saá y tantos otros, no se explicaban la actitud de Urquiza y exigían su presencia. “Venga señor”, clamaba el gobernador de Santa Fe, Pascual Rosas. El 20 escribía Virasoro:

“Siento sobre mi corazón el que V. E. se hubiera visto obligado a retirarse. Probablemente V. S., que no vio la bizarra carga de nuestra izquierda, que completó la derrota de los traidores de Buenos Aires, y algunas noticias falsas que le darían, lo pondrían en este caso, que lo deplorará toda la vida.
“Hoy le envío el Parte Oficial de lo ocurrido el día 17, y le aseguro bajo mi palabra de caballero que no exagero en nada los hechos”(17).

(17) Vicente Sierra. “Historia de la Argentina. 1852-1862” (1860), tomo X, p. 551. Editorial Científica Argentina, Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El doctor Ramón Contreras, en sus “Apuntes Biográficos” sobre Benjamín Virasoro, revela datos importantes sobre esa situación generada o alimentada por “el desengaño y hasta podríamos decir, el fracaso”, porque -como señala Urquiza en carta a Mitre del 28 de Octubre de 1861- “sabe todo el mundo que los poderes nacionales de toda autoridad me desnudaron y toda confianza me negaron, recelando de mi aborrecimiento de la guerra civil”.

Pone de relieve la valentía de Virasoro en el campo de batalla al detallar “la célebre circunstancia de que cada parte contendiente abandonara el campo de batalla

“- aconteció que, durante ella, el general Virasoro, al ver que el general Saá con cargas valientes había al fin puesto en derrota toda la caballería del Ejército de Mitre, y en momentos en que la infantería del Ejército de Urquiza se sostenía a duras penas todavía ante el fuego mortífero de la artillería bonaerense
“- mandó decir al general Urquiza que estaba como inmóvil,
“- que “qué hacía que no mandaba flanquear con sus valientes entrerrianos la infantería porteña y llevar protección a tiempo a la nuestra”
“- le hizo decir Urquiza a Virasoro: “dígale que vaya él a recoger esas glorias y a conquistar esos laureles”(18).

(18) Ramón Contreras. “El Teniente General Don Benjamín Virasoro (Apuntes Biográficos)” (1925), pp. 155-156. Ed. La Tipográfica, Rosario. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Seguimos especulando sobre esa actitud del gran entrerriano. Vicente Sierra, con el título “Un Renunciamiento de Urquiza (un Enigma Histórico)”, trata de explicar la conducta de quien, en su hora, levantó la bandera del reencuentro definitivo de los argentinos, en un país escindido por las pasiones políticas que perturbaban su desenvolvimiento y evolución.

Al aceptar los riesgos de nuevas confrontaciones, sus conclusiones merecen transcribirse:

“La conducta del general Urquiza en Pavón no es de fácil comprensión. Como todo hecho humano tiene explicación, pero no justificación...
“Mírese por el lado que quiera, el entrerriano no puede ser acusado de inconducta como político y como militar. Tal conclusión surge de los hechos con inmaculada claridad. Abundan los testimonios para afirmar que llegó a Pavón sin ánimo de lucha, moralmente derrotado...
“Cuando después de Pavón, desde Diamante, envió al ministro de Guerra el Parte de la batalla , solicitando ser sustituido del mando, declaraba estar cansado de ‘tantos sacrificios no sólo con desinterés prestados, sino a costa de la fortuna de mis hijos...’
“Lo importante es que su retirada había obedecido a un fin -dijo- digno de buscar ‘la tranquilidad del país, la seguridad para sus hijos y para los que de fuera traen a él industrias y sus capitales...’
“Entre el empresario y el héroe dejó triunfar al primero, y que ése era el signo de la hora se lo pudo demostrar la obra del más fiel de sus amigos, Alberdi, titulada ‘Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853’”(19).

(19) Vicente Sierra. “Historia de la Argentina. 1852-1862” (1860), tomo X, pp. 551/553. Editorial Científica Argentina, Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Buenos Aires, derrotada, volvería a tomar las armas para vengar la afrenta y humillación; en cambio, las provincias, exhibiendo un común denominador de nacionalidad, unirían su esfuerzo conciliador en un país agobiado por el peso de sus conflictos internos.

La carta de Urquiza a Derqui después de Pavón nos permite adoptar los recaudos indispensables para medir la conducta seguida en el campo de batalla y para cotejar las consecuencias de la misma:

“Ud. es testigo de cuánta repugnancia tenía yo de hacer esta campaña, el encarnizado combate que presencié me disgustó al extremo, enfermo desde que empezó la campaña, pues me levanté de la cama para la marcha y combate de todo el día, las falsas noticias que recibí, la desmoralización que he presenciado y que no me es dado soportar, todo me decidió a retirarme.
“Tuve noticias recién cerca de Carcarañá del éxito definitivo de la batalla pero ya no podía ni debía regresar. Me complace que otros puedan disfrutar la gloria adquirida y aprovecharla para la patria.
“Ud. está ahí y cuenta con excelentes Jefes superiores; excúseme de volver. Mi salud no me lo permite. Y otras consideraciones que son aún superiores para mí”(20).

(20) Vicente Sierra. “Historia de la Argentina. 1852-1862” (1860), tomo X, p. 554. Editorial Científica Argentina, Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El presidente Derqui, ante la magnitud de los acontecimientos y las noticias contradictorias sobre el resultado de Pavón, asumió la dirección de la defensa en Rosario.

El 18 de Septiembre designó como General en Jefe del Ejército del Centro al coronel mayor Juan Saá, “con todas las facultades que puede trasmitirle al Poder Ejecutivo Nacional dentro de los límites constitucionales”, y el 19, proclamó el estado de sitio en toda la República.

Esta medida no hizo más que acentuar la difícil situación por la que atravesaba el Ejército, puesto que se desconocía la mayor jerarquía militar de Virasoro, quien había tratado de mantener el prestigio de la caballería confederada en el campo de Pavón.

La repercusión de la disposición obligó a Derqui, cuatro días después, a anular su contenido y designar a Benjamín Virasoro para dicho cargo, con el claro propósito de ganar la confianza de Urquiza, dados los estrechos vínculos entre éste y el jefe correntino.

Estas medidas incongruentes de Derqui dieron pábulo a los rumores que achacaban a las discrepancias entre ambos jefes, el triste resultado de Pavón, y aumentaron el desquicio existente, al decir de Urquiza.

Derqui intentó detener la invasión de Mitre en la línea del Carcarañá, pero el general porteño ocupó Rosario el 11 de Octubre con la intención de alcanzar la Ciudad de Córdoba, “la llave del Interior”, con el Cuerpo de Ejército al mando del general Paunero.

Los últimos regimientos de Virasoro y López Jordán traspusieron Arroyo del Medio el 5 de Octubre, acampando en las proximidades de Cañada de Gómez con la intención de unirse al grueso de la tropa, pero fueron sorpresivamente atacadas el 22 de Noviembre por las fuerzas de Buenos Aires comandadas por el general Flores, impaciente por vengar la deshonra infligida a sus hombres en Pavón.

“Al grito de “Viva Buenos Aires” - “¡A degüello!”, la legión militar se lanza sobre los dormidos federales; algunos consiguen montar y tratar de resistir al grito de “¡Viva Urquiza!” Muy pocos escapan a la luz del amanecer. Los demás son degollados”(21).

(21) José María Rosa. “Historia Argentina” (1974), tomo VI: “El Cisma (1852-1862)”, p. 407. Ed. Oriente, Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El doctor Isidoro Ruiz Moreno, amigo de Urquiza y diputado nacional, en “El Litoral”, después de Pavón, describe la dura acción de Cañada de Gómez, en la que la derrota de las fuerzas confederadas fue total, calificando al combate como una cruel matanza, que tuvo honda proyección tanto en las provincias como en la misma Buenos Aires, en la que voces airadas seguían bregando por vengarse y deseos separatistas.

El brigadier Virasoro, al influjo de estos acontecimientos y con el definido propósito de contribuir a la superación de la endémica crisis que dividía al país, trató de encontrar sosiego en su hogar correntino, accediendo a la solicitud de su hermano Cayetano (1863).

Pero el complejo entramado de ambiciones e intereses opuestos y contradictorios le impidió concretar esa aspiración. Los disensos que llevaron a Cepeda y Pavón no se habían apagado, subsistían remanentes de luchas y desencuentros que escindían a la población en sectores adversos, y el gobernador Lagraña consideró inconveniente su presencia en la provincia, por considerar que la misma generaría problemas a la política planeada por el presidente Mitre.

En resguardo de los objetivos generales por sobre los particulares y consecuente con la difícil misión de lograr la pacificación del país, Virasoro acató sin condicionamientos esa solicitud y se retiró a Montevideo.

Su honesto empeño de alcanzar la paz, la tranquilidad, no fue comprendido; se temía que su influencia pudiera generar movimientos antigubernalistas en la provincia, desechando su valiosa aportación en un momento difícil para la Nación, por el latente conflicto con el Paraguay.

El presidente Mitre, ante la gravedad de la situación y el reconocido ascendiente militar de Virasoro, levantó la medida coercitiva, pero

“Virasoro no volvió más; y cuando por negocios de familia quería hablar con los suyos, iba al Paraguay y a bordo de un buque en el puerto de Corrientes conferenciaba con su hermano y parientes.
“Su último viaje había sido en Enero o Febrero de 1865 y sus enemigos ya hicieron correr las voces de ser agente confidencial del general Urquiza y del presidente López.
“Y sin embargo, éste hizo apresar a Dn. Cayetano Virasoro, lo sacrificó en el Paraguay, y las fuerzas paraguayas saquearon su casa y llevaron todo el archivo particular del general Virasoro”(22).

(22) Ramón Contreras. “El Teniente General Don Benjamín Virasoro (Apuntes Biográficos)” (1925), p. 162. Ed. La Tipográfica, Rosario. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El luchador incansable de la causa federal, de la unión de los argentinos, que no tenía ya ambiciones personales de poder, no guardó resentimientos por la ingratitud de sus comprovincianos ni por la incomprensión de las autoridades nacionales.

- Virasoro y la Guerra del Paraguay

En 1865, nuevos planteos agitaron a un pueblo acostumbrado a los movimientos contradictorios. A los reclamos de caudillos localistas que enfrentaban la vigorosa y persistente política impuesta por Mitre, se sumó el conflicto con el Paraguay.

Aunque alejado de los centros de poder político, Benjamín Virasoro seguía con atención las disposiciones tomadas por Mitre para detener la invasión a Corrientes por el río Paraná, como, asimismo, las del gobernador Lagraña, quien debía unir sus milicias a la tropa del general Paunero para lograr aquel objetivo.
La movilización de las fuerzas entrerrianas requirió la enérgica presencia de Virasoro, el viejo luchador que apoyó la gran actividad mostrada por Urquiza.

El Gobierno Nacional, por decreto del 23 de Abril de 1865, lo reincorporó al Ejército como Brigadier General, revistando en la P. M. A.

Junto a Urquiza, como en Vences, en Caseros, en Cepeda y en Pavón, organizó las milicias entrerrianas que, concentradas junto a las márgenes del arroyo Basualdo, se sublevaron el 4 de Julio de 1865 porque no querían luchar como aliados de un imperio esclavócrata, contra los paraguayos.

Esta “Sublevación de Basualdo” y más tarde la de Toledo, fueron comprendidas por Virasoro y Urquiza, quien insinuó la inconveniencia de no perseguir ni castigar a la tropa insurrecta porque su sentir era coincidente con el de la mayoría de los paisanos del Interior de la República. Pero comprensión no significaba aprobación, porque, si bien no coincidían con esa guerra en general impopular, acataban las decisiones del Gobierno Nacional.

Mitre no desconocía esta situación peculiarmente compleja y días después se refería a la misma con estos términos:

“El general Urquiza es un factor inerte que de buena fe está dispuesto al bien, pero que no está a la altura de la situación ni comprende más cosas que las viejas que pasaron de moda hace muchos años.
“Pero es conveniente que concurra moralmente para bien del país y confianza de los aliados, pero no ha de tirar un tiro en esta ocasión y cuento, pues, con lo que tengo, que es bastante, para triunfar”(23).

(23) Carta de Bartolomé Mitre. “Archivo del general Mitre”, tomo III, p. 47, en José Luis Busaniche. “Historia Argentina” (1965), p.752. Ed. Solar-Hachette, Buenos Aires. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

La muerte de su hermano Cayetano, vilmente fusilado en las cárceles del mariscal López, tras sufrir todo tipo de penurias(24); los cambios políticos operados en Corrientes; y la lucha por las candidaturas en el plano nacional al terminar el mandato presidencial de Mitre, constituyeron un complejo mecanismo de tensiones internas que influyeron para que Virasoro abandonara su larga trayectoria pública, más no la militar.

(24) “... lleno de harapos, de canas y con las yemas dilaceradas de los dedos de las manos como comidas o desgarradas con los dientes”, en Ramón Contreras. “El Teniente General Don Benjamín Virasoro (Apuntes Biográficos)” (1925), p. 162. Ed. La Tipográfica, Rosario. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Los acontecimientos que tuvieron lugar en ese lapso singular y conflictivo de las últimas décadas del siglo XIX, revistieron una profunda significación, resaltando entre ellos -por su proyección y trascendencia- la capitalización de Buenos Aires; la campaña al desierto que integró territorialmente a la Nación los vastos espacios patagónicos; y el nacimiento de fuerzas políticas como la Unión Cívica Radical y el Partido Socialista, cuya impronta impuso nuevos realineamientos en las contiendas electorales y en el poder.

El país adquirió una nueva fisonomía articulada dentro de una concepción más amplia y moderna de la función del Estado. El presidente Julio A. Roca, decidido a restructurar los cuadros militares para adecuarlos al proceso peculiar de la vida institucional argentina, promovió a Virasoro al grado de Teniente General, en reconocimiento a los méritos que acompañaron su trayectoria y, desde el 1ro. de Enero de 1886 pasó a revistar en la lista de Oficiales Superiores.

Con fecha 22 de Octubre de 1892, recién electo el doctor Luis Sáenz Peña, el Departamento de Guerra dispuso que Benjamín Virasoro, así como

“D. Bartolomé Mitre, D. Julio A. Roca, D. Juan Ayala, D. Nicolás Levalle y D. Donato Álvarez, que no tienen actualmente comisión de mando, indiquen un Jefe u Oficial para que preste servicio a sus órdenes en calidad de ayudante; debiendo revistar como agregados al Estado Mayor General, dando cuenta a este Ministerio enseguida de ser designados, para impartir las órdenes para su ajuste.
“Dios Guarde a V. S.
“B.Victorica”(25).

(25) Foja personal. // Citado por la profesora Emilia Edda Menotti en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Y el 15 de Noviembre del mismo año, con la firma también del presidente de la República, doctor Luis Sáenz Peña, se aprobó

“... que los Jefes y Oficiales que han sido nombrados Ayudantes de los señores Tenientes Generales revistarán en la lista de agregados al Estado Mayor General en igualdad de condiciones de los señores Jefes y Oficiales que forman la Comisión Inspectora del Instituto de Enseñanza Militar y los que prestan servicios de Jefe de División”.

Desde el 1ro. de Enero de 1893, el nombre de Virasoro figuró en la lista de Oficiales Generales.

Retirado de toda actividad y consecuente con los logros obtenidos, Benjamín Virasoro se radicó en Buenos Aires donde, junto a sus hijos, cumplió con su aspiración de alcanzar el merecido reposo y esperar el justo fallo de la historia.

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