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El brigadier general Benjamín Virasoro en la batalla de Caseros

1.- Preliminares de la batalla

A fines de Enero de 1852, el llamado “Ejército Grande”, a las órdenes del general Urquiza continuó el avance en la provincia de Buenos Aires. Desde el Arroyo del Medio, alejándose del río Paraná, alcanzó la zona de Pergamino y Luján(1).

(1) Material publicado por el coronel (R) doctor José Luis Picciuolo. Oficial de Estado Mayor, egresado de la Escuela Superior de Guerra del Ejército Argentino. Licenciado en Relaciones Internacionales, egresado de la Universidad del Salvador, Buenos Aires. Doctor en Ciencias Políticas, Doctorado en la Universidad “John Fiztgerald Kennedy”, Buenos Aires. Académico, integrante de la Academia Sanmartiniana. Instituto Nacional Sanmartiniano, Buenos Aires.
Secretario General de la Comisión Internacional de Historia Militar (Comisión Argentina) y presidente del Comité Argentino de Archivos Militares. Secretario General de la Sociedad Argentina de Historiadores. Profesor de la Escuela de Graduados, Doctorado en Ciencias Políticas y Sociología, Universidad “John Fiztgerald Kennedy”.
Ex profesor de Historia Militar y Estrategia en la Escuela Superior de Guerra, Ejército Argentino. Ex profesor titular de Historia Militar, en el Colegio Militar de la Nación, del Ejército Argentino. Ex profesor de Táctica de Blindados, Escuela de Guerra Naval, Armada de la República Argentina. Ex profesor de Historia Militar, Escuela de Caballería.
Caballero Comendador de San Silvestre Papa, distinción otorgada por el Papa Juan Pablo II (1981).

El 31 de Enero, en los campos de Alvarez (unos 10 kilómetros al oeste del Puente Márquez, sobre el río Reconquista), parte de la vanguardia -a las órdenes de Juan Pablo López- derrotó a la caballería rosista de Lagos que se retiró después de tener más de 200 muertos, además de prisioneros.

Urquiza, en Parte firmado en “el Cuartel General en los campos de Alvarez” le informó del episodio al Mayor General del Ejército Aliado, Dn. Benjamín Virasoro(2).

(2) Leandro Ruiz Moreno. “Centenario del Pronunciamiento y de Monte Caseros” (1952), tomo II, p. 149, Paraná. // Citado por el coronel (R) doctor José Luis Picciuolo en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

En esos días, Virasoro tenía bajo su responsabilidad la conducción de la masa de un Ejército que superaba los 28.000 hombres. Su misión no dejaba de ser complicada, pues debía coordinar el avance de más de 10.000 entrerrianos, 5.000 correntinos, otros tantos de Buenos Aires, 2.000 del Uruguay, 4.000 del Brasil y varios miles de otras procedencias.

Los problemas de los servicios, abastecimiento, provisión de ganado para artillería, el parque y el consumo de tan elevados efectivos eran de su ámbito. Virasoro, un hombre de experiencia y de la confianza de Urquiza, desempeñó en esa campaña un cargo tan importante como el de Jefe de Estado Mayor(3).

(3) En ese tiempo, el Mayor General era un cargo, no un grado. Tenía la responsabilidad en aspectos administrativos y en la práctica constituyó la autoridad siguiente al de “General en Jefe”, que era Urquiza. Su misión puede asimilarse a la de un Jefe de Estado Mayor. No fue tarea fácil la conducción de tan numerosos efectivos de distinto origen y procedencia. // Citado por el coronel (R) doctor José Luis Picciuolo en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

2.- Planes de Rosas para la batalla. Junta de Guerra del 2 de Febrero de 1852

El Ejército de Buenos Aires que, según diversas fuentes, podía aproximarse a los 23.000 hombres, no disponía de una capacidad de combate homogénea. Varios de sus excelentes comandos -tal el caso de los generales Mansilla y Pacheco- no participaron de la inminente batalla. Muchos de sus efectivos eran de dudosa confiabilidad, porque habían sido reclutados recientemente y su período de instrucción estaba incompleto.

El Ejército de Rosas -ha dicho Mitre- era una masa inerte, sin alma y sin cabeza que ni esperanza de resistir tenía(4).

(4) Coronel Enrique J. Rottjer. “Mitre Militar” (1937), volumen 230. pp. 24 y 25. Biblioteca del Oficial, Círculo Militar, Buenos Aires. // Citado por el coronel (R) doctor José Luis Picciuolo en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Sin embargo, algunos jefes como el coronel Chilavert y los de igual grado, Pedro José Díaz, Lagos, Jerónimo Costa, Bustos y Hernández, en una Junta de Guerra celebrada en la noche del 2 de Febrero con Rosas, intentaron remediar la crítica situación. Chilavert propuso defender la ciudad con la infantería, obligando a Urquiza a atacar una localidad importante, con lo cual la victoria de éste podía ser dudosa, mientras la caballería de 10.000 hombres amenazaba la retaguardia del Ejército Aliado(5).

(5) Varios autores se refieren a esta propuesta de Chilavert, que Rosas terminó no aceptando. Entre otros Félix Best. “Historia de las Guerras Argentinas” (1983), tomo I, pp. 470 y 471. Edición efectuada por la Comisión del Arma de Caballería, Buenos Aires. // Citado por el coronel (R) doctor José Luis Picciuolo en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Pero, al terminar la reunión, el gobernador resolvió combatir en la zona y se preparó para la batalla.

La posición defensiva de Rosas se apoyó en un flanco sobre el Arroyo Morón, la casa y el palomar de Caseros (terreno actualmente situado dentro del Colegio Militar), extendiéndose hacia la zona actual de San Andrés y San Martín.

La derecha del dispositivo incluyó a dos escuadrones de caballería y varios batallones de infantería con artillería defendiendo las proximidades de la casa y el palomar.

En el centro se emplazó la artillería de Chilavert y una brigada de infantería a las órdenes del coronel Pedro José Díaz; ambos agrupamientos fueron los que verdaderamente presentaron resistencia hasta el útimo momento.

El extremo izquierdo lo cubrió la caballería de Lagos; sólo 2.000 jinetes habían quedado del combate del 31 de Enero. Dos divisiones de caballería de Sosa y Bustos, en segunda línea y de reserva próximas al palomar, completaron este dispositivo lineal, que Rosas presentó frente al numeroso contingente de Urquiza(6).

(6) El dispositivo del Ejército de Rosas fue marcado en detalle, entre otros, por Adolfo Saldías. “Historia de la Confederación Argentina” (1968), pp. 349 y ss. Ed. Eudeba, Buenos Aires. // Citado por el coronel (R) doctor José Luis Picciuolo en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

3.- Los planes de Urquiza y la participación de Virasoro en la batalla

Urquiza hizo cruzar a sus tropas el obstáculo del Arroyo Morón sin ninguna interferencia de Rosas y al reconocer la línea defensiva del enemigo, decidió ejecutar una modificación a su plan inicial, cuestión que transmitió a Virasoro, según lo hizo conocer el Mayor General unos días después de la batalla(7).

(7) “Parte del Mayor General del Ejército Aliado (Jefe del Estado Mayor) Benjamín Virasoro, de fecha 6 de Febrero de 1852 al capitán general Justo José de Urquiza”. Leandro Ruiz Moreno. “Centenario del Pronunciamiento y de Monte Caseros” (1952), tomo II, pp. 166 a 169, Paraná. // Citado por el coronel (R) doctor José Luis Picciuolo en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El mismo Virasoro, conforme a las órdenes recibidas del General en Jefe, organizó el ataque de acuerdo a lo siguiente: una numerosa agrupación de caballería en el flanco derecho, (unos 10.000 jinetes, según algunos historiadores), con la intención de atacar el flanco y envolver la posición.

El centro del ataque se integró con la división de Brasil, brigada Rivero, división Galán y la artillería de los teniente coronel Mitre y Bernabé Castro, a las órdenes de Galán. La izquierda formó con la división Oriental y a las inmediatas órdenes del mismo Benjamín Virasoro, la caballería de Urdinarrain y López.

Estas fuerzas tenían como misión “acudir adonde las circunstancias lo exigiesen” y constituyeron “las fuerzas flanqueadoras de la izquierda”(8).

(8) “Parte del Mayor General del Ejército Aliado (Jefe del Estado Mayor) Benjamín Virasoro, de fecha 6 de Febrero de 1852 al capitán general Justo José de Urquiza”. Leandro Ruiz Moreno. “Centenario del Pronunciamiento y de Monte Caseros” (1952), tomo II, pp. 166 a 169, Paraná. El dispositivo final del Ejército de Urquiza quedó distribuido entre un fuerte contingente de caballería a sus órdenes, el centro, artillería, la división “Brasil” y la “Oriental” y la izquierda al mando de Virasoro. // Citado por el coronel (R) doctor José Luis Picciuolo en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

La acción de Caseros consistió -fundamentalmente- en una carga masiva de Urquiza sobre la izquierda de Rosas, que éste no pudo resistir, luego de un duelo inicial de las artillerías de Chilavert y de Pirán.

Mientras Virasoro ordenó el avance general de la izquierda sobre la Casa y el Palomar, el centro de Urquiza lo hizo más demorado, porque el ímpetu inicial de la caballería parece haber omitido al General en Jefe la orden para el avance de la infantería del centro.

La orden -según el testimonio de Mitre- fue impartida por el coronel Chenaut; el impetuoso avance de las tropas que Urquiza comandaba, más el esfuerzo de los orientales, la división brasileña y otros efectivos del centro, derrumbaron la posición, menos la artillería de Chilavert y la infantería de Díaz que continuaron el combate y debieron rendirse al agotarse las municiones. Luego de ser prisionero, Chilavert fue fusilado por orden del General en Jefe(9).

(9) Coronel Enrique J. Rottjer. “Mitre Militar” (1937), volumen 230. p. 27. Biblioteca del Oficial, Círculo Militar, Buenos Aires. // Citado por el coronel (R) doctor José Luis Picciuolo en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

En el Parte, Virasoro hizo constar la captura de 56 piezas de artillería, la Comisaría de Guerra, siete mil prisioneros y “el armamento de más de veinte mil hombres”(10).

(10) “Parte del Mayor General del Ejército Aliado (Jefe del Estado Mayor) Benjamín Virasoro, de fecha 6 de Febrero de 1852 al capitán general Justo José de Urquiza”. No incluye este Parte las noticias que dieron Mitre y Sarmiento sobre el hecho de que Urquiza -y quizás Virasoro- por conducir la caballería omitieron ordenar el avance simultáneo del centro. Esta orden la impartió el coronel Chenaut. Tampoco se mencionan las bajas que, según diversas fuentes, pueden haber sido unos 400 muertos en ambos bandos. // Citado por el coronel (R) doctor José Luis Picciuolo en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Rosas, herido en una mano, se retiró del campo de batalla y, horas más tarde, se refugió en la casa del representante diplomático de Gran Bretaña, no sin antes renunciar al Gobierno en un Parte escrito antes de asilarse.

Terminando las acciones bélicas, Virasoro se dedicó a reunir nuevamente los efectivos del Ejército Aliado y el día 20 de Febrero se llevó a cabo la entrada a la ciudad, mediante un recordado desfile de todos los participantes.

Años después, por ley del 29 de Septiembre de 1856, el Senado de la Confederación Argentina le otorgó a Virasoro el grado de Brigadier General, con antigüedad al 3 de Febrero de 1852, día de la batalla de Caseros.

Pero ese año, en el mes de Julio, el Congreso de Corrientes lo depuso como gobernador, retirándole también la plenipotencia por la cual había firmado el Protocolo de San Benito de Palermo. Por el mismo, el 6 de Abril de ese año, Urquiza fue designado “Director Provisorio de la Confederación”(11).

(11) Jacinto Yaben. “Biografías Argentinas y Sudamericanas” (1940), tomo V, p. 1.224, Buenos Aires. // Citado por el coronel (R) doctor José Luis Picciuolo en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

La batalla de Caseros constituyó un verdadero hito en el transcurrir histórico de la Argentina. Dio las bases para encarar la futura organización política del país y su significado es más importante desde este punto de vista.

Es cierto que todavía destacados historiadores hacen recordar que en realidad, frente a tan numerosos efectivos en la lucha, el choque bélico y las bajas fueron muy reducidas, al circunscribirse casi exclusivamente a la pelea por la Casa y el Palomar, además de la resistencia de los artilleros del coronel Chilavert y los infantes del coronel Díaz.

Pero, de todos modos, no fue tan fácil la coordinación previa a la batalla y la conducción dentro de ella, de manera que ése es el mérito principal de Urquiza y de Virasoro -su hombre de confianza- quien ganó el 3 de Febrero los méritos para obtener el grado de Brigadier General.

4.- Parte del Mayor General del Ejército Aliado Benjamín Virasoro

Los directores de la obra transcriben textualmente el Parte del mayor general del Ejército Aliado (Jefe del Estado Mayor) gobernador de Corrientes, Benjamín Virasoro, enviado al General en Jefe del mismo, general Justo José de Urquiza(12).

(12) “Parte del Mayor General del Ejército Aliado (Jefe del Estado Mayor) Benjamín Virasoro, de fecha 6 de Febrero de 1852 al capitán general Justo José de Urquiza”. // Citado por el coronel (R) doctor José Luis Picciuolo en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Dice así:

“Batalla de Caseros
“Parte del Mayor General del Ejército Aliado, gobernador de Corrientes Benjamín Virasoro, al General en Jefe del mismo, general Justo José de Urquiza.
“El día 2-11-1852 se terminó el pasaje del Puente de Márquez por todas las fuerzas, descubriéndose a la distancia al enemigo dispuesto a aceptar batalla. Vivaquearon a este lado de la cañada de Morón y al romper del día 3 en columnas paralelas por divisiones pasaron la referida cañada por dos puentes.
“La batalla se inició de inmediato y el movimiento de ataque fue apoyado por todas las baterías. Envuelta la derecha enemiga y asaltada a la bayoneta, la derrota no tardó en pronunciarse y luego la persecución se hizo general.
“En el trayecto de Monte Caseros a Santos Lugares el enemigo logró incendiar siete almacenes de pertrechos militares. Siete mil prisioneros se tomaron en el campo de batalla.
“Partidas de salteadores del ejército de Rosas organizaron el saqueo de los alrededores de la ciudad, que fue reprimido de manera ejemplar.
“Cuartel General en Palermo de San Benito, 6 de Febrero de 1852”.

*******

“¡VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA!
“El Mayor General del Ejército Aliado, Gobernador y Capitán General de la provincia de Corrientes.
“Cuartel General en Palermo de San Benito.
“Febrero 6 de 1852.
“Al Excelentísimo Señor General en Jefe del Ejército Aliado etc. Gobernador y Capitán General de la provincia de Entre Ríos.
“Tengo el honor de poner en manos de V. E. el Parte detallado de la memorable jornada del 3 del presente, en que las armas aliadas se han cubierto de gloria.
“En conformidad de las órdenes de V. E. el día dos del corriente mes, terminado el pasaje del puente de Márquez por el Ejército Grande Aliado, y descubriéndose a la distancia disposiciones del enemigo para aceptar una batalla, dispuse la colocación de las fuerzas en una línea paralela a la cañada de Morón que teníamos a nuestro frente en orden oblicuo con respecto al del enemigo, en la forma siguiente: tres grandes masas de las tres armas con fuertes reservas de caballería, calculadas las dos extremas en su composición para obrar activamente sobre los flancos del enemigo, formaban la línea de batalla de este día.
“El ala derecha compuesta de la columna de caballería del señor brigadier general Dn. Anacleto Medina con los batallones Urquiza y Entrerriano, mandados por el coronel Basabilbaso; y dos de correntinos por el teniente coronel Dn. Cayetano Virasoro; y el batallón Constitución mandado por el de igual clase, Dn. José Toledo y todos ellos a las órdenes del coronel Dn. José Miguel Galan que, apoyándose en dos baterías dirigidas por el teniente coronel Dn. Marcelino Martínez, dejaba a su izquierda también, las divisiones de caballería de los coroneles Oroño y Susviela a las inmediatas órdenes del general Dn. Juan Madariaga, mandado el todo por el brigadier general Dn. Anacleto Medina.
“Las fuerzas flanqueadoras y de reserva del ala derecha, que eran en su totalidad de caballería, se componían de la columna a las inmediatas órdenes del general Dn. Gregorio Aráoz de la Madrid, de la división del coronel Dn. Miguel Galarza, los regimientos de escolta de V. E. al mando de los coroneles Salazar y Gorordo, todas ellas a las inmediatas órdenes de V. E. que reservaba aquella masa bajo su mano para decidir de la suerte de la batalla con un golpe audaz que premeditaba de antemano y que más tarde tuvo su cumplimiento.
“El centro medio de nuestra línea, dispuesto para una resistencia tenaz, era mandado por el brigadier del Imperio, Jefe de la división brasileña, Dn. Manuel Márquez de Souza. Componíanlo seis batallones de infantería, doce piezas de artillería y cuatro cohetes a la Congreve de la columna brasileña; los batallones San Martín, Buenos Aires y Federación mandados por los coroneles Tejerina, Echenagucía y el mayor Rodríguez, a las órdenes del coronel Dn. Matías Rivera, mediando entre éstos dos mazos dos divisiones de artillería compuesta de veintiún piezas de distintos calibres mandadas por los coroneles Bartolomé Mitre y Dn. Bernabé Castro, y dirigidas por el coronel Dn. José María Pirán.
“Se apoyaban sobre el centro formando nuestra izquierda la columna oriental con seis piezas de artillería, a las órdenes de su jefe, coronel Dn. César Díaz, y su Jefe de Estado Mayor el de igual clase, Dn. Julián Martínez; seguían los regimientos del general Avalos con la división del coronel Burgos a las órdenes de dicho general, y cerraba la línea por esta parte la división del coronel Dn. Manuel Antonio Urdinarrain, ocupando la extremidad las fuerzas del comandante Páez. Esta línea obedecía las órdenes del brigadier general Dn. Pablo López.
“Los cuatro regimientos que manda el coronel Dn. José Antonio Virasoro, las divisiones de los coroneles Palavecino, Almada, Salazar y ambos González a mis inmediatas órdenes, autorizado por V. E. para acudir adonde las circunstancias lo exigiesen, constituían las fuerzas flanqueadoras de la extrema izquierda.
“El Ejército vivaqueó en estas posiciones hasta que, al romper el día 3 en este mismo orden, en columnas paralelas por divisiones, se adelantó a atravesar la cañada de Morón por dos puentes, situados a vanguardia de su extrema derecha, al mismo tiempo que el coronel Dn. José Antonio Virasoro con sus regimientos se conservaba en posiciones, llamando la atención del enemigo al lado opuesto y sobre su flanco derecho.
Después que la masa del Ejército Grande hubo salvado el obstáculo y habiendo V. E. dispuesto cambiar súbitamente el plan de ataque, en vista de la posición y línea de batalla que ocupaba el enemigo, reforzado para ello con los regimientos del coronel Virasoro, que estaban a la izquierda, las fuerzas de reserva y flanqueadoras de la derecha, a las inmediatas órdenes de V. E. para maniobrar en persona sobre la izquierda y centro del enemigo; y mientras que todas las fuerzas acumuladas del Ejército Grande se echarían sobre las posiciones fortificadas que aquél ocupaba a su derecha, ordené a las baterías del centro sostener un fuego nutrido sobre las posiciones enemigas hasta que, sirviendo de gloriosa señal las polvaredas de la división de reserva y flanqueadoras que mandaba V. E., la cual arrollaba la caballería del ala izquierda del enemigo, dejando rota su línea por un tercio de ella, dispuse el ataque general ordenando a la división de caballería del coronel Urdinarrain se corriese al frente de nuestra izquierda a desbordar la derecha del enemigo, al mismo tiempo que la división Oriental -apoyada por dos batallones del Ejército brasileño y descabezando un obstáculo- atravesaba los pantanos del centro de la cañada intermediaria entre ambas líneas, bajo el amparo de los fuegos de las baterías del centro que adelantaban para atraer sobre sí la atención de las baterías enemigas a fin de tomar posiciones en columnas de ataque, formando ángulo recto sobre la derecha del enemigo, amenazando su retaguardia y dando frente a las fortificaciones de carretas que la defendían.
“Durante el progreso de esta evolución, efectuada con poca pérdida y con una limpieza de ejecución que hace honor a la disciplina e instrucción militar de los veteranos que componían la izquierda, el centro se avanzaba en columna de ataque sobre las posiciones de su frente, sostenido en este movimiento por todas las baterías de este Ejército, que en aquel momento decisivo respondían con viveza al fuego nutrido de los enemigos.
“Envuelta la derecha enemiga y asaltada a la bayoneta por las fuerzas orientales y brasileñas, al mismo tiempo que nuestro centro se aproximaba a sus líneas, la derrota no tardó en pronunciarse, no obstante la resistencia tenaz de la batería y batallones atrincherados en la casa de Monte Caseros y el incendio del campo por ese lado y, en el frente que tenía que recorrer nuestro centro, en su avance sobre el enemigo.
“Tomadas a la bayoneta las posiciones fuertes de la derecha el enemigo operó todavía un cambio de frente sobre su izquierda y apoyándose en dos baterías de lo que antes había sido su izquierda y centro hizo frente a cinco batallones de nuestra derecha, intentando sino disputarnos la victoria, demorar al menos su derrota final. Apagados los fuegos de estos últimos atrincheramientos, la derrota del enemigo se hizo general y el teatro de la persecusión abrazó una área en todas direcciones de algunas leguas en cuadro.
“Cincuenta y seis piezas de artillería, la Comisaría e inmensos parques y trenes militares cubrían con sus despojos toda la extensión del trayecto desde Monte Caseros a Santos Lugares, donde el enemigo logró incendiar siete almacenes de pertrechos militares.
“Siete mil prisioneros quedaron en el campo de batalla y en él y en los adyacentes el armamento de más de veinte mil hombres, debiéndose deplorar, mas bien que hacer alarde de ello, el número de víctimas sacrificadas a la dura necesidad de derrocar la más espantosa y duradera tiranía que ha pesado jamás sobre Nación alguna.
“Todos los Cuerpos del Ejército como las divisiones de caballería han cumplido con su deber en esta célebre jornada, no permitiendo la naturaleza de este Parte especificar los actos con que se han distinguido la mayor parte de los jefes y oficiales del Grande Ejército Aliado, limitándome a recomendar a V. E. la humanidad con que jefes, oficiales e individuos de tropa han ennoblecido tan espléndida victoria, economizando la sangre de los vencidos, al grito universal de no maten, no maten, que se oía por todas partes.
“Habiendo el enemigo, deseoso aún en su descalabro de mancillar la gloria del Ejército Grande, organizando fríamente partidas de salteadores que saqueasen los alrededores de Buenos Aires, el infrascrito ha hecho cumplir las órdenes de V. E. para reprimir de una manera ejemplar tales desórdenes y dejar satisfecha la vindicta pública e incólume el honor del Ejército Grande Aliado Libertador.
“El infrascrito felicita a V. E. por el glorioso triunfo obtenido en los campos de Monte Caseros, debido a las hábiles disposiciones de V. E., a la disciplina y valor del Ejército Grande y a la decisión de los cuerpos del Ejército, como a la exactitud y bizarría con que todos han llenado sus deberes.
“Dios guarde a V. E. muchos años.
“Benjamín Virasoro”.

Fuentes:

* Antonio Díaz. “Historia Política y Militar de las Repúblicas del Plata” (1878), tomo IX, pp. 35 y ss., Montevideo.
* Academia Nacional de la Historia. “Partes de Batalla de las Guerras Civiles. 1840-1852” (1977), tomo III, pp. 593 y ss. Imprenta del Congreso de la Nación.

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