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Debate sobre la forma de organización del Estado

El diputado Lucio Norberto Mansilla fue el primero en plantear concretamente la cuestión relativa a la forma de gobierno. Al respecto instó a los diputados de cada provincia a que manifestaran clara y terminantemente cuál era la clase de gobierno que deseaban sus provincias.

El planteamiento de este problema recuerda la situación similar vivida por el Congreso de Tucumán. Pero las circunstancias del país habían variado sustancialmente con respecto a 1816. En este momento todos apoyaban la forma representativa y republicana. La idea monárquica estaba absolutamente descartada pero subsistía la duda sobre si habría de adoptarse la forma unitaria o federal. Alrededor de esta cuestión giraría todo el debate.

A principios del año 1825, el partido unitario había querido demorar la sanción de una Constitución y logró que el Congreso, cuyo control tenía -pese a ser numéricamente minoritario- consultara sobre el tema a las provincias. El Congreso resolvió consultar a aquéllas a los efectos de que hiciesen llegar su opinión "sobre la forma de gobierno que era más conveniente para afianzar el orden, la libertad y la prosperidad nacional...".

Nadie ignoraba que el asunto encerraba en sí mismo una cuestión vital para la futura labor del Congreso. Se inició el debate dentro y fuera del recinto.

Pese al progreso que había hecho en los últimos años la causa federal, la cosa no estaba definida como se vio en los pronunciamientos previos de las provincias. Pesaban a favor de la unidad razones prácticas, apoyadas en la falta de conveniente desarrollo de las provincias.

- Antecedentes

Ya en 1816, cuando por primera vez se suscitó la cuestión del régimen de organización del Estado, José de San Martín había apuntado a esas razones prácticas:

Me muero cada vez que oigo hablar de federación. ¿No sería más conveniente trasladar la capital a otro punto, cortando por este medio las justas quejas de las provincias? ¡Pero Federación! ¿Y puede verificarse?
Si en un Gobierno constituido y en un país ilustrado, poblado, artista, agricultor y comerciante, que se han tocado en la última guerra con los ingleses (hablo de los americanos del Norte), y donde se hicieron claras las dificultades de una federación, qué será de nosotros que carecemos de aquellas ventajas(1).

(1) Citado por Ricardo Piccirilli en “San Martín y la Política de los Pueblos”, p. 254, Buenos Aires. Ed. Gure. / Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

Y en su Proclama de 1820 insistió:

El genio del mal os ha inspirado el delirio de la federación; esta palabra está llena de muerte y no significa sino ruina y desolación. Yo apelo sobre esto a vuestra propia experiencia y os ruego que escuchéis con franqueza de ánimo la opinión de un general que os ama y que nada espera de vosotros...
Pensar establecer el Gobierno federativo en un país casi desierto, lleno de celos y de antipatías locales, escaso de saber y de experiencia en los negocios públicos, desprovisto de rentas para hacer frente a los gastos del Gobierno General, fuera de los que demande la lista civil de cada Estado, es un plan cuyos peligros no permiten infatuarse, ni aún con el placer efímero que causan siempre las ilusiones de la novedad...(2).

(2) Citado por Ricardo Piccirilli en “San Martín y la Política de los Pueblos”, p. 257, Buenos Aires. Ed. Gure. / Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

Concuerdan con las expresiones del Libertador las del general Juan Bautista Bustos, el mismo año 20 cuando, alarmado por la continua segregación de las ciudades, respondía al Teniente de Gobernador de Catamarca:

Un territorio o distrito, sea cuál fuere su extensión y población, para considerarse libre e independiente respecto de otro distrito, debe contar en su seno con todo aquéllo que haya de necesitar para constituirse civil, eclesiástica, militarmente: de lo contrario, por cualquiera de estos tres aspectos tendría que depender de otro país y, por lo mismo, dejaría de ser libre.
En lo civil debería contar, cuando no fuese con liberatos, al menos con funcionarios que supiesen llenar sus deberes; en lo eclesiástico, cuando no con mitrado, al menos con abad y párroco de buena doctrina; en lo militar, con aquella fuerza dotada que, en toda circunstancia le acarrease una respetabilidad al país, que no osasen los otros invadirlo.
A más de esto, debería contar con fondos públicos suficientes para la dotación de otras instituciones inevitables, que están en el orden del adelantamiento que, en ciencias y artes, debemos dar a nuestros pueblos.
Fuera de estos deberes, que aún no salen del Interior del país independiente, debe asimismo contar con las cargas de la federación, que tal vez excedan en sus erogaciones a los fondos invertidos con aquéllas”.

Y tras enumerar los Gastos de un Congreso General, de los diplomáticos de la Nación, de sus Fuerzas Armadas, a los que deberían concurrir, preguntaba:

Bajo estos supuestos, dígame Vd. si Catamarca se halla en aptitud de ser un país independiente. No me traiga Vd. por ejemplo La Rioja y Santiago. Yo estoy muy persuadido de que estos pueblos en nada menos han calculado que en las cargas que les esperan”.

Y terminaba sentenciando: En este supuesto, la libertad de los pequeños distritos me parece una farsa(3).

(3) Juan B. Bustos a Pío Cisneros, Mayo 1 de 1820; citado por Vicente Dionisio Sierra. “Historia de la Argentina” (en 12 tomos, publicados entre 1956 y 1972), tomo VII, pp. 170 y 171. / Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

Si tales limitaciones y reticencias emanaban de uno de los campeones de la causa federal, era obvio que su triunfo en el Congreso fuera dudoso. Los partidarios de la “unidad de régimen” no sólo resultaron mejores teóricos en el debate constitucional, sino que acumularon a su favor estos detalles prácticos.

Como un eco actualizado de la opinión del gobernador de Córdoba, dijo Lucio Mansilla en el Congreso al responder a uno de los defensores del federalismo:

¡Se dice que las provincias están preparadas para la federación! Se quiere crear en ellas autoridades propias; y desafío al señor diputado a que me diga si en Santa Fe hay siquiera un letrado para componer el Poder Judicial...
No lo tiene; ni lo tiene Entre Ríos donde tan sólo un fraile franciscano hacía de letrado; ni lo tiene Misiones, ni Corrientes, que no tiene más que al doctor Cossio.
¡Cerca de 150.000 habitantes, señor, donde no hay un solo letrado para componer uno de los poderes públicos! Y lo que sucede con el Poder Judicial sucedería con el Legislativo; el cual no se ha podido implantar hasta ahora sino en tres o cuatro provincias, que son precisamente las que se han pronunciado por el régimen de la unidad(4).

(4) Adolfo Saldías. “Historia de Rosas”, luego retitulada “Historia de la Confederación Argentina” (1881/1883), tomo I, p. 195. / Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

Frente a esto, ¿qué argüían los federalistas? Los derechos de las provincias a gobernarse a sí mismas, las desgraciadas experiencias anteriores de centralización, los sentimientos de los pueblos, etc. No debe pues extrañar que cuando se llegó a la votación, se impusiera el principio unitario por 42 votos contra 11.

- Opiniones sustentadas en el Congreso

* del diputado Elías Bedoya:
Soy pues de sentir que el Congreso debe acordar que para saber la opinión de las provincias acerca de la forma de gobierno se formen Juntas especiales a este solo objeto, que éstas sean numerosas para que en ellas se oiga la expresión del pueblo y no sólo la del interés particular de una facción; de este modo, la Constitución tendría un firme apoyo, muy distinto del que hallaría si su base sólo se colocase sobre la opinión de las Administraciones, que mañana desaparecen, y con ellas sus ideas y principios.
Por lo tanto recomiendo a esta indicación a los señores de la comisión, que han de presentar en forma este proyecto para que hagan mérito de ella si no llegan a presentar algunos inconvenientes(5).

(5) Tenía 26 años cuando en 1824 fue electo diputado por Córdoba al Congreso General que se reunió en Buenos Aires. A pesar que su provincia se había pronunciado completamente a favor del federalismo, sostuvo el Gobierno unitario de Bernardino Rivadavia: votó la elección de éste como presidente y fue uno de sus más destacados apoyos. También votó la Constitución unitaria de 1826, que terminaría rechazada por la mayor parte de las provincias. La Legislatura que lo había elegido le revocó el mandato, porque no había cumplido con las Instrucciones expresas con las que había sido enviado; pero el Congreso decidió que los mandatos de los diputados sólo podían ser revocados por el mismo Congreso, y autorizó a Bedoya a continuar su mandato.

* del diputado Lucio Norberto Mansilla:
¿Las provincias tienen hoy la misma confianza en el Congreso que cuando se formó?
Creo que no. La razón es porque ha dictado leyes o porque ha hecho algo que no está en sus intereses o en su conveniencia; y en eso hallo la diferencia de hoy a cuando se reunió el Congreso.
Razón, señores, bastante para que no decida el Congreso de esta cuestión, y se consulte a las provincias, como acertadamente se solicita por los Señores Representantes, que opinan de este modo”.

* del diputado Juan José Paso:
¿Nos hallamos en el caso de poder determinar esa forma, sobre cuya base podamos hoy mismo proceder, como oigo decir a algunos, a establecer la Constitución? ¿La formaremos por un sistema de unidad o por el de federación?
Ya la vez pasada se formó por el primero y sabemos qué acogida y qué resultado tuvo. Yo creo que si hoy reprodujéramos aquélla o formáramos otra para el mismo, esto sólo sería un toque de alarma entre las provincias, cuyas disposiciones las resisten, aun cuando sus formas se atemperasen por condiciones que modificasen el poder absoluto; si adoptamos el de federación, el desacuerdo en que se hallan las provincias acabaría de obrar la disolución de los débiles vínculos que nos ligan.
Ved hoy el cuerpo de dificultades realmente invencibles, que todos conocemos y sentimos, y que nos retraen en resolvernos a formar en el día la Constitución”.

* del diputado Julián Segundo de Agüero:
La federación entre nosotros es una quimera, porque no hay elementos que faciliten todos los principios para una federación bien establecida; pero los peublos dicen federación.
Yo, en este caso, sacrificaré mi opinión y mi juicio a la voluntad de los pueblos; diré federación, con la esperanza de que mañana los pueblos mismos sentirán los inconvenientes de esa forma que han elegido y volverán a adoptar la única que conviene a sus intereses, y la única que puede hacer su felicidad y llevarlos al engrandecimiento(6).

(6) Todos estos testimonios en Emilio Ravignani: “Desde el Congreso General Constituyente de 1824 hasta Rosas”, en “Historia de la Nación Argentina”, tomo VII, primera sección.

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