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GOBIERNO DE PEDRO JUAN FERRE. AÑO 1825

Pedro Juan Ferré administrará la provincia de Corrientes desde el 27 de Diciembre de 1824 hasta el mes de Diciembre de 1828. Su Ministro General -en todos los ramos- será Eusebio Antonio Villagra(1).

(1) Citado por Federico Palma. “Cronología de Gobernantes Correntinos. 1588-1963” (1964). Corrientes.

Este mandato durará cuatro años porque entre el 7 y 11 de Diciembre de 1827, el Honorable Congreso General correntino resolverá reelegir a Pedro Ferré -previa reforma de la Constitución- para el trienio 1827-1830, atento a las graves circunstancias por las cuales atravesaba el país en esos momentos con motivo de la sublevación de los uruguayos que deseaban su independencia del Imperio brasileño y de la guerra declarada entre Argentina y Brasil.

Al cumplir su primer año de este segundo período, Ferré renunciará, sucediéndolo Pedro Dionisio Cabral.

- Sus colaboradores

El 27 de Diciembre de 1824, Ferré entró en posesión del P. E., proponiendo de inmediato los magistrados que debían acompañarlo en su gestión; el 30 de Diciembre, las listas fueron aprobadas por el Congreso General.

Acompañarán a Ferré:

- Tomás S. de Cavia, como Alcalde Mayor;
- J. J. N. de la Fuente y José Ignacio Benítez, como Alcaldes de 1ra. instancia;
- J. Ignacio Acosta, como Alcalde de la Santa Hermandad, al otro lado del río Santa Lucía; y Juan Andrés Sánchez, en igual cargo y en esta banda.

* En los Departamentos se nombraron como Comandantes Militares y Jueces Comisionados, respectivamente, a:

- J. Antonio Güerí y Pedro José Acosta, en Itatí;
- M. Antonio Vallejos y J. Bautista Portal, en Caá Catí;
- J. Manuel Sánchez y José Ignacio Avendaño, en Empedrado;
- J. María Romero y Lorenzo Rolón, en Curuzú Cuatiá;
- M. Antonio Corrales y Felipe Corrales, en Ensenadas;
- Claudio Fernández y M. José Fernández, en Yaguareté Corá;
- Manuel José Benítez y Pedro N. Moreno, en Saladas;
- Pedro Ignacio Salinas y Pedro Soto, en Goya;
- José López y Ambrosio Quiroz, en Esquina;
- José Antonio Romero y Juan Gregorio Fernández, en San Roque; y, luego,
- Lorenzo Lezcano y José Pascual Barberán, en Empedrado(2).

(2) Todo citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929). Edición del Estado.

Será sede del Gobierno Provincial el antiguo edificio de la Compañía de Jesús, el que se había ocupado en 1824. Se erigía en Tucumán y Quintana, predio en el que hoy se levanta el Colegio Nacional “Gral. José Francisco de San Martín”, institución que, desde 1869, compartirá las antiguas instalaciones.

La edificación principal y sede del Gobierno se encontraba en el sitio exacto que hoy ocupa el Salón de Actos de este establecimiento educativo.

- Situación de la provincia

"La provincia gozaba de paz, tenía organizadas sus milicias, producía con abundancia para los consumos, exportaba e importaba con progreso; todas las ramas de la Administración constitucional funcionaban regularmente", dirá Manuel Florencio Mantilla(3)..

(3) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, capítulo VII: “Organización Provincial. 1821-1830”, parágrafo 128. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Esta pintura de Mantilla no coincide con lo que manifiesta Ferré:

"La miseria se dejaba ver por toda la extensión de la provincia; el robo y asesinato parecían autorizados; la inercia de la campaña y sus milicias eran tales que las hacía despreciar hasta de los indios del Chaco que, pasando el río Paraná, hacían sus incursiones hasta llegar a entrar al pueblo de San Roque; la distancia que hay desde el Santa Lucía hasta las inmediaciones de la capital era un yermo que les facilitaba el tránsito sin ser sentidos.
"La capital carecía de Casa de Gobierno, de aduana, de cárceles, de casilla de resguardo, de administración de correos, de escuelas públicas, en fin, de todo aquéllo que da decoro a una ciudad, de manera que -en cierto modo, con razón- los viajeros y algunos escritores dieron de Corrientes una idea tan desfavorable, como podrían haberlo hecho de la más triste aldea.
"En este estado se hallaba Corrientes el año 1824 cuando por primera vez fui llamado a la silla del Gobierno"(4).

(4) Pedro Ferré. “Memoria del Brigadier General Pedro Ferré (Octubre de 1821 a Diciembre de 1842)” (1921). Ed. Imprenta y Casa Editora Coni, Buenos Aires.

- Perfil de la gestión de gobierno

La nueva situación política de la provincia -a fines de 1824- buscaba ser sólida y estaba llamada a caracterizar la personalidad estadual de Corrientes. Pedro Ferré, vinculado a la clase militar desde los cargos que cumplió en la Marina -antes y durante la República Entrerriana- pero apartado de sus encontradas ambiciones -por no revistar en los cuadros del Ejército de tierra, único regular- fue como una transacción entre los jefes militares y el elemento civil, conformado por la clase de propietarios latifundistas y poderosos, .

El nuevo gobernador estaba estrechamente vinculado a los Comandantes Militares de los Departamentos, cuyas necesidades conocía y buscó satisfacer.

Ferré era un hombre de honorables antecedentes; formado en Corrientes, autodidacta, dedicado a la construcción naval ("formado en Corrientes bajo la dirección del constructor Silvestre Mayol", según Mantilla) de vastas relaciones, era un profundo conocedor de su pueblo y de gran sentido práctico en la política. El manejo de los negocios públicos hizo de él -con el tiempo- un estadista provincial de mérito.

Desde el primer momento vióse asistido del auspicio general, el que hizo valer habitualmente, incluso ante las autoridades de zonas vecinas a la provincia(1), buscando lograr espectabilidad, que ejercitaba luego para dominar a los elementos anárquicos del medio.

(1) Ver: Carta al gobernador de São Borja. La documentación fundamental de este período fue publicada en el libro del doctor Hernán Félix Gómez: “Corrientes en la Guerra con el Brasil”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde el Tratado del Cuadrilátero a Pago Largo)” (1929), capítulo III: “Organización Militar del Litoral”. Edición del Estado.

Y como esta represión debía ser inteligente y disimularse, se ejercitó destinando al servicio militar -en las tropas veteranas de Buenos Aires- a ese elemento de desorden, sin hábitos regulares, tan propio de un pueblo exclusivamente ganadero, de prácticas primarias, pena suave si se quiere ante las leyes severas que se dictarán en su Gobierno en nombre del orden y el trabajo(2).

(2) El teniente de Cazadores José M. Berutti vino de Buenos Aires con un buque y tropas de custodia de los destinados, sacados del elemento vago y sin hábitos de orden. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde el Tratado del Cuadrilátero a Pago Largo)” (1929), capítulo III: “Organización Militar del Litoral”. Edición del Estado.

Durante su Gobierno propició la colaboración de los Comandantes Militares con los vecinos de sus respectivos Partidos con el propósito de que éstos pudiesen tener la suficiente tranquilidad para desarrollar sus ocupaciones e industrias; se perseguirá en todo el territorio provincial la vagancia, la ebriedad, la mendicidad y el juego; se legislará sobre el abandono de trabajo y horario nocturno; se obligará a realizar contratos escritos entre patrones y peones en las estancias con el propósito de acabar con los vagabundos en las zonas rurales; y se realizarán censos con el objeto de determinar la cantidad de familias sin recursos, sin ganado y sin tierras, con el fin de arbitrar medios para su subsistencia.

Corrientes estaba gobernada por una oligarquía, es decir, por un sistema de gobierno en el que el poder estaba en manos de unas pocas personas pertenecientes a una clase social privilegiada.

La economía de Corrientes estaba emparentada con esta pequeña pero sofisticada élite de la capital provincial. Si bien el grupo incluía a algunos unitarios refugiados (y a unos cuantos fugados del Paraguay del doctor Rodríguez de Francia), todos bien leídos en las teorías políticas de su tiempo, los más talentosos individuos de la élite local eran nativos hombres prácticos, idóneos en agricultura, comercio y artes mecánicas.

Y Ferré era el jefe de esa oligarquía; la principal, aunque de ninguna manera única, figura de ese grupo. No era el señor feudal a lo Estanislao López o Francisco Ramírez, sino el preboste entre sus iguales, los demás señores de la Sala Legislativa. Y eso que no era de familia con abolengo enraizado en la fundación de la ciudad -como los Lagraña o los Cossio- pues sus padres habían sido inmigrantes catalanes modestos e industriosos.

Pero en el medio debilitado por la comodidad de los hijos de familia que se quedaban en la ciudad, y la rudeza de aquéllos que vivían en el campo, Pedro Ferré, dueño de un astillero y con inteligencia y hábitos de trabajo, debía necesariamente imponerse.

Ferré rechazó el camino normal hacia el poder a través de las armas y creció en cambio en la industria local de construcción de buques; se casó en 1810 y diez años después era propietario del mayor astillero de Corrientes.

Su posición le dio ascendencia entre los comerciantes de la ciudad, quienes reconocían en él a un vocero potencial, y el Congreso Provincial, que recreó la composición elitista del Cabildo colonial, se vio igualmente persuadido que Ferré era el hombre que debía dirigir los destinos de Corrientes.

La clase aristocrática correntina encontró en la honestidad del armador la mejor conducción para la defensa de sus intereses.

Los historiadores resaltarán las bondades de este primer mandato de Ferré. Manuel F. Mantilla, por ejemplo, dirá que el gobernante

continuó y perfeccionó la obra reparadora de su antecesor, tendiendo siempre al adelanto material, moral y político de la provincia.
El período gubernativo de Ferré dejó rastros imborrables, debido al conjunto de ciudadanos que en la Legislatura y en la Administración prestaron al gobernador el concurso de sus luces, de su experiencia y de sus afanes.
La teoría industrial y mercantil dominante era proteccionista, conforme sucede en todo pueblo nuevo, que desea formar elementos de prosperidad; ella caracterizó la legislación y la acción oficial que impulsaron con estímulos todas las industrias, ampararon el establecimientos de nuevas, prestaron ayuda a la mejor y mayor colocación de los productos provinciales”.

Hernán F. Gómez también realza la gestión de Ferré al señalar que

los cultivos regionales, la ganadería, los trabajos y el comercio, propios de la zona correntina, adquirieron vigor satisfactorio, en relación a la ruina sobre la que Fernández Blanco principió la nueva vida industriosa; habiéndose mantenido la importación alrededor de 385.400 pesos fuertes anuales, durante los (primeros) tres años del Gobierno de Ferré, y aumentado a 286.900 pesos la exportación, que fue de 172.238 pesos en 1825.
El sistema rentístico era prudente, bien combinado y mejor atendido; la tasa de los impuestos, moderada; los caudales públicos tenían aplicación insospechable, según Presupuestos prolijamente estudiados por el Cuerpo Legislativo.
Los impuestos consistían en los derechos de aduana, papel sellado, diezmos, patentes, derechos de puerto, de correo, de encomienda siendo, además, fuente de recursos, la venta de la tierra pública, que daba poco.
El promedio del rendimiento de ellos, en el segundo período constitucional del primer mandato, fue de 84.000 pesos plata, suma suficiente para los Gastos Públicos, por la moderación y economía de ellos”.

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