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JUAN JOSE FERNANDEZ BLANCO GOBERNADOR (1821-1824)

El 5 de Diciembre de 1821 fue nombrado primer gobernador constitucional -por el período de tres años- el Sargento Mayor de Cívicos, promovido a Teniente Coronel, Juan José Fernández Blanco, “patricio distinguido por su familia, sus antecedentes y condiciones personales, sus servicios públicos y su no vulgar preparación”, dirá de él Manuel Florencio Mantilla.

fernndez blanco
Juan José Fernández Blanco

Nacido en Corrientes(1), se educó en Buenos Aires donde hizo sus primeras armas, batiéndose contra los ingleses en las filas reconquistadoras de Santiago de Liniers; después comandó -en clase de Capitán- los Cazadores Correntinos.

(1) Fernández Blanco nació el 29 de Marzo de 1778. Fueron sus padres: José Fernández Blanco y Catalina Aguirre y Avendaño, vecinos de Corrientes; abuelos paternos: Juan Fernández y Josefa Blanco, de Ormillos, España; abuelos maternos: Juan Bautista de Aguirre y Antonia Avendaño, de Buenos Aires. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, capítulo VII: “Organización Provincial. 1821-1830”, parágrafo 124. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Regresó a su pueblo para dedicarse al comercio, pero los servicios públicos absorbieron todo su tiempo, conquistando en ellos “reputación de integridad, competencia y patriotismo”, subraya el ya citado Mantilla, para agregar: “Pasó en la oscuridad los días sombríos(2), refiriéndose al período en que Corrientes estuvo bajo el protectorado de José Gervasio Artigas.

(2) Durante los últimos meses del período de Juan Bautista Méndez, cuando éste salió a campaña y Pedro Campbell viajaba de continuo entre la Capital y Goya -para alistar nueva escuadrilla y perseguir a los abipones invasores del territorio- Fernández Blanco y Pedro Ferré aceptaron, obligados, la Comandancia de la Ciudad y la de Marina, respectivamente; en clase de interinos. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, capítulo VII: “Organización Provincial. 1821-1830”, parágrafo 124. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Su antigua amistad con el sargento mayor Lucio Norberto Mansilla -al servicio de Ramírez- lo puso nuevamente en actuación pública importante -cuando sucumbió el “artiguismo”- y él la aprovechó en bien de la libertad de su provincia.

Electo gobernador por el Congreso, renunció el honorífico destino(3)que siempre es carga pesada para quien tiene conciencia y entonces era verdadero petardo” -señala Mantilla-; fue sin embargo instado y obligado a aceptarlo.

(3) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, capítulo VII: “Organización Provincial. 1821-1830”, parágrafo 124. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

El nombramiento fue por elección canónica. Al renunciar, decía Fernández Blanco:

Disponga V. E. de mi persona, haga el sacrificio que estime conveniente de ella, pero no me imponga el cargo con que me honra.
Mis ningunos conocimientos militares y mi insignificancia son poderosas razones para que V. E. conceda mi exoneramiento. En ningún vacío de mi alma cabe un rasgo de ambición al mando, pues si alguna parte se me reconoce en la libertad de la provincia, no crean por un momento los habitantes de ella haya sido otro mi interés que el verla en poder de V. E. y en ningún tiempo en el mío”.

El Congreso rechazó la renuncia por unanimidad de votos; en la sesión del 6 de Diciembre de 1821, sus miembros y los principales de la ciudad se empeñaron particularmente con Fernández Blanco y le obligaron a desistir(4).

(4) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, capítulo VII: “Organización Provincial. 1821-1830”, parágrafo 124. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Al día siguiente, el Congreso correntino designaba diputados para el ajuste de la paz en Santa Fe(5) al Comandante General interino, Nicolás Ramón de Atienza, y al cura, doctor Juan Nepomuceno de Goytia.

(5) 7 de Diciembre de 1821. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929), capítulo XXIII: “Organización Política de Corrientes”. Edición del Estado, Corrientes.

Atienza no podía ponerse en viaje; dispuso entonces el Congreso que delegase en Fernández Blanco -ya electo gobernador- la Comandancia General interina, mientras éste reconsideraba su actitud, cuya renuncia de gobernador intendente se rechazaba.

El 7 de Diciembre de 1821, Fernández Blanco -después de lamentar la insistencia en su designación- “aceptaba la Gobernación Intendencia y prestaba el juramento constitucional(6).

(6) Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929), capítulo XXIII. Este autor, en una obra anterior señaló que Fernández Blanco asumió el 25 de Diciembre de 1821. Ver: “Instituciones de la provincia de Corrientes” (1922). J. Lajouane & Cia. Editores - Librería Nacional, Buenos Aires.

No todos los autores coinciden con Hernán F. Gómez en la fecha de posesión del mando por parte de Fernández Blanco. Gómez -como se lee en su obra de 1929- escribió que éste asumió el 7 de Diciembre de 1821, al hacerse cargo de la Comandancia General de Armas recibida de Nicolás Ramón de Atienza, que cesaba. Manuel Florencio Mantilla también indica que Fernández Blanco asumió el P. E. el 7 de Diciembre:

"Gobernador de la provincia, por tres años, a contar desde el 7 de Diciembre de 1821, Juan José Fernandez Blanco"(7).

(7) Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, capítulo VII: “Organización Provincial. 1821-1830”, parágrafo 122, Nota 2. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla, Buenos Aires.

Sin embargo otros historiadores, como Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti afirman que “el 13 de Diciembre (de 1821) asume (Juan José) Fernández Blanco como gobernador constitucional de Corrientes(8).

(8) Citado por Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Estos autores consideran que el gobernador juró su cargo cuando el Estatuto Provisorio Constitucional fue jurado y publicado por Bando, tras ser sancionado dos días antes. En la serie de juramentos individuales del Estatuto -de funcionarios y magistrados- del 13 de Diciembre de 1821, es cuando Fernández Blanco habría tomado -para estos autores- posesión de la Primera Magistratura de la provincia.

Cabe agregar otra hipótesis, la afirmación de Antonio Zinny, quien señala que Fernández Blanco fue “nombrado interino hasta el año 1822, que fue reelecto en propiedad(9). Esta afirmación es repetida por otros autores como, por ejemplo, el capitán de fragata Jacinto Yabén(10).

(9) Antonio Abraham Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas desde 1810 hasta la fecha (Provincias Litorales)” (1879), Ed. C. Casavalle.
(10) Jacinto Yabén. “Biografías Argentinas y Sudamericanas” (1940). Ed. Peuser, Buenos Aires.

Lo cierto es que entre el viernes 7 de Diciembre y el jueves 13 de Diciembre de 1821, Juan José Fernández Blanco, de 43 años, asumía como primer gobernador constitucional de la provincia de Corrientes, en momentos en que múltiples cuestiones -internas y externas- necesitaban su atención y pronta solución.

Desde 1821, el cese y establecimiento regular del Poder Ejecutivo se efectuará en Diciembre. Reunido el Congreso Provincial en Noviembre de 1821 -al ratificar la obra plebiscitaria y echar las bases del orden político- definía el concepto institucional del P. E.

Tanto en la primera Constitución (de 1821), como en la de 1824, en que se conservan con fidelidad los preceptos sancionados en aquélla sobre la materia, no se encuentra un artículo que defina doctrinariamente al Poder Ejecutivo.

Como sobreentendiendo que él es el gobernador, le asigna el mando y dirección de las Fuerzas, la conservación del orden y la tranquilidad, la defensa del territorio, el nombramiento de los empleados civiles y militares, la provisión y presentación de los beneficios eclesiásticos, el pase a los despachos y patentes que expidiese la Iglesia y la gestión de la Hacienda del Estado en su carácter de Intendente de la misma.

Prácticamente ambas Constituciones sumaban en el gobernador las facultades políticas y militares y la gestión financiera, creándose un poder respetable que se fue robusteciendo, ya por la expectabilidad de los gobernadores de Buenos Aires (como el coronel Martín Rodríguez) que objetivaron a las democracias provinciales la dignidad de esta magistratura, ya por el ejercicio del poder militar que era decisivo en el medio de fuerza de aquellos tiempos(11).

(11) Desde Fernández Blanco los gobernadores fueron electos por los Congresos Provinciales y Legislaturas.

- Luces y sombras de la gestión

En el orden político e institucional, la provincia de Corrientes cerraba el año 1821 con toda su energía polarizada en el propósito constructivo. Fernández Blanco inició su mandato con luces y sombras.

1.- Su llegada al poder se produce cuando el Congreso sanciona la primera Constitución de la provincia, con el título de “Estatuto Provisorio Constitucional”. Aprobado el 11 de Diciembre de 1821, fue jurado y publicado por Bando el día 13 del mencionado mes.

Fue confiada la redacción de la obra al doctor José Simón García de Cossio y, conforme ella saliera de sus manos, quedó aprobada en lo fundamental. La precipitación con que fue elaborado el Estatuto, la falta de preparación constitucional en los diputados, el hecho de no ofrecer ninguna provincia -ni la Nación- ejemplos que sirvieran de norma para componer un trabajo bien combinado, se reflejaron en la estructura deficiente de la Carta, pero ella contenía sustancialmente los principios fundamentales del Gobierno democrático, contrapesado dentro del sistema federo-nacional:

* contra el caos de la época, proclamó la unidad nacional federativa, salvando expresamente las facultades que habrían de corresponder al Gobierno General, cuando la República se constituyese definitivamente;

* contra la omnipotencia y la arbitrariedad de los mandatarios, levantó el Organismo estable y combinado de los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judiciario, independientes en el ejercicio de sus funciones propias y limitados en su acción por los principios y garantías acordados a los habitantes de la provincia;

* el Poder Municipal fue también establecido, conforme habían sido los Cabildos del período colonial y de los primeros años de la emancipación nacional;

* la fuente originaria de todo poder era el pueblo, cuya soberanía investía de facultades al Congreso Legislativo y al Gobernador -jefe del Poder Ejecutivo- siendo ambos los encargados de nombrar los miembros del Poder Judicial;

* los ciudadanos gozaban del voto electoral activo y pasivo -desde la edad de 25 años o desde la emancipación- y eran tales todos los nacidos en territorio argentino o que hubiesen obtenido Carta de Naturalización. Los extranjeros mayores de 25 años -con residencia de cuatro y ánimo de permanecer en la provincia, poseedores de bienes por valor de cuatro mil pesos o que tuviesen alguna profesión o arte y supiesen leer y escribir- ejercían también el derecho electoral, pero no gozaban del voto pasivo para los puestos públicos electivos (menos el de gobernador), sino después de diez años de residencia(12).

(12) Los españoles europeos fueron privados absolutamente del voto, hasta que España reconociese la Independencia Nacional, menos los que por sus servicios a la revolución y al Estado se hicieron y se hicieran dignos de la Carta de Ciudadanía y la obtuviesen. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, capítulo VII: “Organización Provincial. 1821-1830”, parágrafo 121. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

La observancia leal del Estatuto aseguraba un Gobierno democrático regular, de libertad, de justicia y de administración.

2.- La política externa dio hechos satisfactorios. Representantes de las cuatro provincias del Litoral se reunieron en Santa Fe -previo acuerdo de los Gobiernos- y firmaron el 25 de Enero de 1822 el primer “Tratado Cuadrilátero Federativo”, que restableció la paz y la unión entre ellas y fue la base de los trabajos para la reorganización nacional de 1825(13).

(13) Los representantes fueron: doctor Juan Nepomuceno de Goytía, de Corrientes; general Francisco de la Cruz, de Buenos Aires; doctor Juan Francisco Seguí, de Santa Fe; Casiano Calderón, de Entre Ríos. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, capítulo VII: “Organización Provincial. 1821-1830”, parágrafo 125. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Santa Fe hostilizó a Corrientes en las discusiones que precedieron a dicho Tratado, pretendiendo derechos a una parte del territorio correntino y negándose a reconocerle propiedad y jurisdicción sobre Misiones.

- Sombras

Las dificultades que deberá sortear Fernández Blanco en su gestión serán internas y externas.

Internamente se puede decir que su posición no era firme y que la oposición a su Administración fue consolidándose a medida que transcurrió el tiempo del mandato.

1.- Fernández Blanco tenía plena conciencia dónde se gestaba la oposición a su gestión: el grupo liderado por Ferré, al que hasta el destino parece haber ayudado ya que al serle adversa la suerte a Nicolás Ramón de Atienza -el hombre que acompañó al gobernador en el proceso político iniciado el 12 de Octubre de 1821- quien será muerto por los indios a los poco días de haber Fernández Blanco comenzada su Administración.

A partir de entonces ocuparían el lugar de poder de Nicolás, su hermano -Rafael- y el hermano de su cuñado, Pedro Ferré, ya que Manuel Antonio Ferré estaba casado con Margarita de Atienza.

Llevado por ideas de fortalecer al naciente Estado, asegurar la paz, la tranquilidad y un mínimo de libertad política, Pedro Ferré y quienes lo secundaban -seguramente- aceptaron la candidatura de Juan José Fernández Blanco para el puesto de gobernador -creado por el Estatuto Provisorio Constitucional que el Congreso Provincial acababa de sancionar- eliminando la suya propia y la de su amigo, el coronel León Esquivel, cuya condición de Jefe de milicias lo inhabilitaba para ello en el concepto que sobre la fuerza no se funda nada estable.

“Pudimos, el coronel Esquivel o yo, ocupar el lugar que ocupó el señor Blanco, pues estuvo en nuestras manos, pero nuestra ambición quedó satisfecha por haber puesto a la provincia en posesión de sus derechos”, dice Ferre en su “Memoria”(17).

(17) Pedro Ferré. “Memorias del Brigadier General Pedro Ferré” (1921), (dos volúmenes). Ed. Coni Hnos., Buenos Aires. // Citado por Justo Díaz de Vivar. “Las Luchas por el Federalismo” (1935), capítulo: “1821”. Ed. por Viau y Zona, Buenos Aires.

Es probable que el primer gobernador no haya sido “persona grata” para él, no porque lo creyera carente de cualidades personales, sino por otras razones, que despertaban en él fundados recelos.

Ferré juzga en su “Memoria” -con evidente injusticia- la obra administrativa del Gobierno de Fernández Blanco; éste, a su vez, no le confió ninguna función importante, como pudo hacerlo, pero no es esta posible desafección recíproca lo que le hacía suspicaz con respecto a Fernández Blanco; eran razones de previsión política, con vistas al futuro en el orden nacional, lo que le hacían temerlo.

En Buenos Aires volvía a resurgir Bernardino Rivadavia quien, si se promovía -de acuerdo con lo pactado en el Pilar- un Congreso Nacional para tratar de los intereses comunes de las Provincias Unidas, podía aparecer de nuevo con su famoso “Estatuto” de tribu africana bajo el brazo y sus palúdicos golpes de estado.

Y en tal circunstancia, los hombres que -como Ferré- tenían la firme convicción de la inexcusable necesidad de arraigar la naciente unidad provincial, sabían con qué enemigo tenían que habérselas, qué antecedentes ofrecía el hombre cuya influencia volvía a recrudecer, cuál era la violencia de su temperamento, cuál su falta de escrúpulos y cuál su incomprensión.

Era necesario estar preparado para la resistencia, para que se pudiera evitar sucesos como los del año XI en que Rivadavia -con su policía y su populacho- sin ningún pudor y con la mayor insolencia, arrasó la inerme Junta Grande, confiada y cándida Corporación, hija todavía de la ingenuidad de los tiempos coloniales, que creía que para su acatamiento y respeto bastaban la autoridad moral que emanaba de la representación que investía como auténtica expresión de todos los pueblos del Virreinato, así como bastó antes la autoridad moral del rey, que no necesitó ejércitos en qué apoyarse en los tiempos de su dominación.

La tremenda prueba porque era de temer pasase la provincia recién reconstruida, requería otro hombre que Fernández Blanco, cuyos antecedentes del tiempo de las “capatacías” no le abonaban mucho que digamos.

Era éste hermano de Angel que, en unión con Genaro Perugorría, se había sublevado contra José Gervasio Artigas para restablecer la obediencia de la comarca a los directoriales monarquizantes de Buenos Aires. Aunque no tenía el dinamismo, la capacidad de persistencia ni el espíritu de abnegación de su hermano, era solidario con él en sus ideas políticas, y éstas constituían -en la hora- un peligro para la consolidación de la autonomía de Corrientes.

La candidatura de Juan José Fernández Blanco tenía prestigio en el ambiente ciudadano, a pesar de las ideas que se le suponían -con bastante fundamento- por la simpatía que irradiaba su hermano Angel, hombre abnegado y generoso, que casi consumió su considerable fortuna -la más grande de su tiempo en Corrientes- en ayudas pecuniarias a la expedición de Manuel Belgrano, y creando y equipando a su costa regimientos y compañías de milicias que puso a las órdenes del mismo.

Angel Fernández Blanco no tenía ambiciones de figuración personal; no las tuvo ni antes ni después del 25 de Mayo. Servía con toda abnegación y desinterés a lo que él creía justo y conveniente al bien general, pero siempre desde la penumbra.

Rechazó constantemente posiciones políticas o militares que pudo tener a su alcance y su paso por la vida pública sólo se señaló por sus sacrificios pecuniarios y los de su tranquilidad personal.

Siendo prisionero de las fuerzas artiguistas, cuando la aventura de Perugorría -que él ayudó y sirvió- no tuvo con qué pagar el rescate de 4.000 pesos fuertes que le impuso su aprehensor, el indio Blasito; ¡tanto se había quebrantado su fortuna, puesta al servicio de su país y de lo que él estimaba ser el bien público!

El desinterés, cuando es positivo y sincero, y lo era el de Angel Fernández Blanco, es una de las cualidades que más impresionan al alma humana, que más simpatías crea, homenaje inconsciente que rendimos a esos seres de excepción, los que por nuestro natural egoísmo somos incapaces de imitarlos.

De la aureola que, sin proponérselo, creó Angel alrededor de su apellido, aprovechó indirectamente su hermano Juan José, y de ahí seguramente el prestigio que rodeó a su candidatura a gobernador.

Fernández Blanco había sido jefe de Ferré en las primeras compañías de milicias que, con toda generosidad, reclutó y equipó Angel, en 1810; era de suponérsele de gran capacidad administrativa, dado el alto grado económico a que elevó su industria privada; también se lo sabía muy honesto, pero el recelo de Ferré nacía de la conducta de los Fernández Blanco cuando la lucha por las “capatacías”.

Estaban demasiado vinculados a Buenos Aires, y eso era seguramente -a su juicio- un peligro en los momentos en que era necesario afirmar a todo trance la individualidad de la provincia, si alguna enseñanza provechosa quería sacarse del doloroso pasado; pero él estaba allí, vigilante, para acudir a la defensa del principio en caso necesario.

Era ya fuerte por su influencia, no sólo en la opinión de la capital, sino en la de la campaña. Su prédica era eficaz porque se basaba en la verdad, en un interés positivo asequible a todas las mentes; estaba fundada no en una suspicacia vaga, sino en el temor de una realidad próxima a aparecer, porque en el orden nacional se preparaban acontecimientos que iban a poner a prueba la solidez de la obra realizada.

A pesar de sus recelos, Ferré no podía combatir la candidatura de Fernández Blanco, ni era prudente que lo hiciera, no sólo por las circunstancias antedichas, sino porque la primera condición de respetabilidad para esta nueva faz de la existencia de Corrientes era que el reciente Estado no naciera bajo el signo de la discordia; y por esto había que resignarse a soportarla, aunque siempre alerta y preparando a la opinión pública para resistir victoriosamente el choque que fatalmente tenía que venir.

2.- De estas dificultades con los ferreristas, surgirán otros dos: el problema militar o de seguridad -que el gobernador tratará de neutralizar con el nombramiento de hombres afines a sus ideas- y el económico-financiero, al que Fernández Blanco responderá poniendo los cimientos del sistema rentístico y aduanero de la provincia.

3.- Finalmente, hay que recrear uno de los mayores problemas de la Administración cuál fue la protección de las fronteras y el problema del poblador originario.

Los indios chaqueños dieron mucho trabajo; se mantuvieron firmes en el territorio hasta el 5 de Junio de 1822, fecha en que los caciques invasores se comprometieron -por pacto- a evacuarlo(18); pero, desde sus toldos, continuaron después asaltos frecuentes que terminaron por arreglos de paz, celebrados en Octubre de 1824(19), casi al final de la gestión.

(18) Fray Francisco Arellano sirvió de intermediario para atraer a los caciques. El pacto fue celebrado en Santa Lucía entre los caciques Patricio Ríos, Raimundo y José Benavides y los representantes del Gobierno: Arellano, Vicente Ojeda y Domingo Gómez.
(19) Los indios vendieron su quietud a buen precio en géneros, dinero, vacas, ovejas y caballos negociando, además, el rescate de los cautivos. El sacrificio de la provincia fue, sin embargo, insignificante en relación al bien de su tranquilidad; no era vida la que pasaban los habitantes de Goya, Santa Lucía, San Roque y Las Saladas. La Guardia permanente establecida en La Crucecita (hoy Bella Vista), las partidas volantes, dos lanchones armados en guerra que recorrían la costa del Bajo Paraná, no contenían a los indios. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, capítulo VII: “Organización Provincial. 1821-1830”, parágrafo 124. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

A favor del último Tratado -fielmente cumplido por los indios- se establecieron obrajes de madera en el Chaco, industria productiva y a la vez de conquista segura sobre los bárbaros.

- Misiones

Del lado de Misiones surgieron dificultades que Fernández Blanco afrontó según las conveniencias de la época. Los indios sometidos a Sití sacudieron la obediencia, mataron a sus jefes y se entregaron a toda clase de escándalos y crímenes. El Gobierno de Corrientes los dominó con energía.

El pueblo San Roquito -perteneciente a la Comandancia General establecida por Artigas para Andresito- se anexó a Corrientes por acto popular espontáneo(20).

(20) “En este pueblo de San Roquito, a seis de Febrero de 1822, yo, el comandante don Juan Francisco Tabacayú; el Alcalde Primero, don Francisco Solano Aripí; el Alcalde Provincial Manuel Tacuabé; el comandante José Guaricuyé; el administrador Mariano Tacacá; y demás vecinos y habitantes que componen este pueblo, juntos en reunión general, para tratar sobre nuestra suerte venidera en virtud de hallarnos sin protección alguna por no haber autoridad ni jefe reconocido en Misiones, de donde hemos dependido, por lo que nos consideramos huérfanos y libres de obligaciones; y debiendo unirnos y vivir en sociedad con otros pueblos para poder subsistir y ser útiles a nuestra adorada patria y, al mismo tiempo, ponernos al amparo y protección de un Gobierno legítimo; después de haber tratado con el más maduro examen que a nuestro interés conviene, hemos resuelto todos decididamente por un convenio general unirnos a la provincia de Corrientes, sujetándonos a su Gobierno con entera sumisión y obedecer a su Gobierno Superior y estar obedientes a las leyes que dicte; vivir en unión con nuestros hermanos -los correntinos- y componer una sola familia, uniéndonos como desde luego con ellos nos unimos con toda nuestra voluntad, reconociendo por ahora como gobernador al señor teniente coronel don Juan José Fernández Blanco y a los sucesores, reconocer y obedecer las Constituciones y leyes de los Congresos Provinciales que por tiempos sucedan.
“Y acordamos que esta Acta original se remita al Superior Gobierno para que, enterado de nuestra libre voluntad se sirva -como encarecidamente le suplicamos- nos admita bajo su protección, reconociéndonos como verdaderos ciudadanos dependientes de la provincia de Corrientes y súbditos de ella.
“Y para que sirva esta Acta de público testimonio, lo firmamos en dicho día, mes y año por:
“Juan Francisco Cabacayú; Miguel Chaú; por Manuel Tacuabé, Damacio Ybarabé, Francisco Solá Aripí; por José Bariuyé, Damacio Ybarabé, Mariano Tacacá, Sebastián Cabral, Miguel Chaú, Calixto Mbayá, Damacio Ybarabé; por Andrés Nongoy, Mariano Tacaiá; por José Abororí y Pedro Tapirayú, Miguel Chaú; por treinta y seis vecinos, casados y solteros, Mariano Tacaiá. Damacio Ybarabé, Notario Eclesiástico”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, capítulo VII: “Organización Provincial. 1821-1830”, parágrafo 124. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Cuando en el mismo sentido trataban de proceder los demás caciques misioneros del resto de la expresada Comandancia, cansados de sufrir y anhelosos de amparo, un antiguo Comandante Militar de Yaguareté Corá, Félix de Aguirre, se puso a la obra de recoger la herencia de Andresito y Sití, pretendiendo restablecer el anterior cacicazgo general de Misiones, cuyo asiento principal puso -con insolencia- en el pueblo correntino de San Miguel(21).

(21) Los pueblos de indios -San Miguel y Loreto- fueron establecidos por los jesuitas en el territorio que ellos mismos reconocían como de indisputable propiedad de Corrientes; el primero en 1632, por el P. Cristóbal Mendoza; el segundo -trasladado de Pirapó- en 1631, por el P. Cataldino. En Loreto trabajó algún tiempo la “imprenta guaranítica”; existen libros editados allí. Después de la expulsión de los jesuitas ambos pueblos, completamente de indios, continuaron regidos -como los de Itatí y Santa Lucía- dependientes directamente de Corrientes; de hecho, se independizaron durante la dominación paraguaya en Misiones y la posterior de Andresito. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo I, capítulo VII: “Organización Provincial. 1821-1830”, parágrafo 124. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Era Aguirre, en la empresa, instrumento de que se valía Estanislao López -consentido por Mansilla- para debilitar la importancia política de Corrientes y crearse, a la vez, elementos dóciles que aumentasen su influencia y le permitiesen pesar a voluntad sobre los destinos de aquélla, pues vio claro que el espíritu y la tendencia del orden de cosas -presidido por Fernández Blanco- no correspondían a sus planes personales.

Atienza intentó incorporar los territorios misioneros a su jurisdicción, obteniendo respuesta favorable del comandante Félix de Aguirre, quien le respondió “tendré el placer de ejecutar al pie de la letra todas las partes indicadas para el ministerio del electo diputado”.

Al notificarse de la situación -el 9 de Noviembre de 1821- Nicolás Arepí se negó a incorporarse a Corrientes, respondiéndole a Atienza “aún sigo guardando el sello perpetuo al Entre Ríos, en la cual estoy en que rendiré la bandera de mi provincia”.

La desintegración de la República de Entre Ríos será aprovechada por el Paraguay que envió 500 soldados -al mando del comandante de Itapúa, Norberto Ortellado- el 7 de Diciembre de 1821, a ocupar el territorio misionero, con órdenes de pasar a cuchillo a “todo aquel indio que se resista (...) que se apoderen de cuanto animal se pueda y de las familias (...) destruyendo los ranchos, chacras y cuanto hayan hecho”.

En esa ocasión será capturado el botánico Amado Bonpland, trasladado al Paraguay y retenido hasta 1831, siendo arrasados y despoblados los cinco pueblos existentes y el territorio vaciado y ocupado hasta la guerra de la Triple Alianza.

El gobernador de Corrientes defendió los derechos jurisdiccionales y territoriales históricos de la provincia usurpados por Aguirre, pero no consiguió que fuesen reconocidos y respetados por el instigador y sostenedor altanero y descarado del indio alzado.

La necesidad pública del momento, que era la paz y concordia entre los Gobiernos del Litoral, aconsejó tolerar el hecho, dejando para más tarde la definitiva solución del conflicto.

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