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DESCRIPCION NATURAL DE CORRIENTES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX

El territorio de la provincia de Corrientes forma parte de la llamada Mesopotamia Argentina. Es una llanura situada entre los ríos Paraná y Uruguay, de muy escasa elevación sobre el nivel de las aguas y consiste, en gran parte, en una planicie herbácea con lomadas que se extienden entre esteros y lagunas.

Las tierras aledañas a los ríos mayores son más elevadas y en ellas se asentaron, dentro de la mitad occidental de la provincia, las ciudades principales. Ubicada entre los paralelos 27º y 30’, aproximadamente, Corrientes posee clima subtropical, con precipitaciones abundantes, sobre todo en Otoño e Invierno (1.000 a 1.500 milímetros anuales).

Los inviernos son benignos -como para permitir el tradicional cultivo de los cítricos- con temperaturas mínimas no menores de 0° C y los veranos con máximas que pueden llegar a 36° C, son lo suficientemente cálidos como para favorecer el cultivo del algodón. Más aún:

Dicen en Corrientes -comenta Mackinnon- que, debido a la gran distancia del mar en que se encuentra esta ciudad, su clima puede equipararse al del trópico en la orilla del océano y que casi todos los productos tropicales crecen muy bien allí lo mismo que los de Europa.
En confirmación de lo afirmado, pude observar varias plantas de la familia de los cactos que yo había considerado hasta entonces como propias de las regiones tropicales(1).

(1) L. B. Mackinnon. “La Escuadra Anglo-Francesa en el Paraná. 1846” (1957), p. 101. Ed. Hachette, Buenos Aires. Para la geografía de la provincia de Corrientes hemos consultado: Federico A. Daus. “Fisonomía Regional de la República Argentina” (1959), Ed. Nova, Buenos Aires; Enrique D. Bruniard. “Bases Fisiogeográficas para una División Regional de la Provincia de Corrientes” (1966), en revista “Nordeste”, Nro. 8, Resistencia, (Chaco); Horacio Diffrieri. “Argentina, Suma de Geografía” (1958), volumen I, capítulo IV. Ed. Peuser, Buenos Aires. Pero la mejor descripción -natural, social y económica- de Corrientes, en el período que nos interesa, es la del naturalista francés Alcides d’Orbigny. “Viajes por la América Meridional” (1946), tomo 1. Ed. Futuro, Buenos Aires. Informaciones valiosas son proporcionadas también por J. P. y G. P. Robertson. “Cartas de Sud-América”, primera serie: “Andanzas por el Litoral Argentino. 1815-1816” (1946), Ed. Emecé, Buenos Aires. // Todo citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

En el conjunto hidrográfico de la provincia se destacan -además de los ríos Paraná y Uruguay- el complejo palustre del Iberá y el río Corriente, que cortan al sesgo el territorio desde el nordeste hasta el sudoeste. Separan así, el triángulo Noroeste, la región de los esteros y lomadas -cerrada al norte y al oeste por el Paraná- de la zona sur, asimilable al paisaje de llanura y cuchillas característico de la vecina provincia de Entre Ríos.

Pero están lejos de agotar el recuento de la profusa hidrografía correntina, compuesta -resume Mantilla- por

...diez grandes ríos navegables, sesenta y cuatro tributarios principales de ellos, más de mil corrientes secundarias de agua dulce, diecinueve lagos extensos, el vasto receptáculo de agua llamado Iberá y multitud de esteros, bañados, cañadas y lagunas(2).

(2) Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1972), tomo II, p. 243. Reedición del Banco de la Provincia de Corrientes, Buenos Aires. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

Entre esos ríos, el Batel -afluente del Corriente- que nace en los esteros del mismo nombre, y el Santa Lucía, también proveniente de esteros homónimos, sobresalían por la actividad humana que facilitaban -entre otras razones- por su utilidad como vías internas de comunicación y transporte en esa parte de la provincia.

Así, si bien alternando a veces con terrenos arcillosos cubiertos de espinillos o acacias espinosas, el pasaje de lomadas, lagunas e “islas” boscosas era frecuente y capaz de deleitar constantemente al naturalista francés Alcides d’Orbigny. En campiñas muy pintorescas, tres leguas al nordeste de la Ciudad de Corrientes, se veían por todas partes

... tierras arenosas y levemente onduladas, entrecortadas por lindas lagunas redondas, de agua límpida y, a los bordes de algunas, se alzaban grupos de árboles verdeantes, coronando el cuadro de manera insuperable”.

Bastante más al nordeste, después de San Cosme, atraviesa tierras parecidas a las recién evocadas “... elevaciones arenosas, cortadas por lindas lagunas y separados grupos de árboles ...”.

Y a lo largo de sus viajes a caballo por el Interior de la provincia, tierra y agua se alternan continuamente, ya fuese en paisajes como ésos, ya en otros de suelos cenagosos y menos alegre vegetación. Por su parte, el marino inglés Mackinnon, en viaje a caballo desde Goya hacia Corrientes, realiza observaciones similares:

La mayor parte de mi jornada en este día fue cumplida sobre una loma poco elevada cubierta de altas hierbas que el calor del verano había secado mucho en algunos trechos; en donde el suelo se mostraba ondulado o cerca de los ríos, veíanse siempre árboles en profusión y en las llanuras bajas el suelo parecía fértil.
Con frecuencia entre los campos de hierbas secas recreaban la vista las verbenas rojas y casi no había estancia que no tuviera su huerta de naranjos cubiertos entonces de frutos que maduraban(3).

(3) Alcides d’Orbigny. “Viajes por la América Meridional” (1946), tomo 1, pp. 118 y 128. Ed. Futuro, Buenos Aires; “La Escuadra Anglo-Francesa en el Paraná. 1846” (1957). Ed. Hachette, Buenos Aires. La descripción del segundo se refiere a las tierras al sur de la capital de la provincia. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

Puesto que la expansión ganadera rioplatense, entonces en una etapa muy lejana de los niveles de la segunda mitad del siglo, no había aún dado una imagen distinta y menos bucólica de la riqueza posible de esas lejanas comarcas, la previsión de estos viajeros europeos es más optimista de lo que el futuro habría de mostrar como posibilidades reales de esta provincia.

Poseen un suelo -comenta el mismo Mackinnon respecto de los correntinos- que producirá casi todo cuando sea cultivado.

Lo mismo, con algo más de entusiasmo, asoma en ciertos párrafos de los Robertson:

Miles y miles de caballos y vacas cubrían las llanuras y colmaban los bosques de la provincia de Corrientes” pero, “sólo a pocas millas de la capital podía uno formarse ligera idea de que el algodón, el tabaco, la caña de azúcar, el maíz, la mandioca, las bananas, las naranjas, las uvas y muchos vegetales comestibles eran los productos naturales del suelo y tenían su valor.
En la parte del territorio correspondiente a Misiones, la yerba es excelente y crece en abundancia, lo mismo que la cochinilla y el índigo en regiones diversas.
También se produce el arroz y podría cultivarse con gran ventaja el café. La miel silvestre se encuentra en gran abundancia. La leche y la crema me parecieron siempre de lo mejor. Es ésta una gran tierra de la que mana leche y miel(4).

(4) Esta descripción también se refiere a las tierras al sur de la capital de la provincia; J. P. y G. P. Robertson. “Cartas de Sud-América”, primera serie: “Andanzas por el Litoral Argentino. 1815-1816” (1946), p. 131. Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

Claro está que los comentarios más favorables se refieren al noroeste de la provincia, su región de mayor importancia económica ya desde tiempos coloniales, ámbito de la ocupación inicial del territorio por parte de españoles y criollos.

Sus lomadas fueron propicias al asentamiento humano pero con la característica dispersión que determinaban las franjas inundadas o inundables que las separan. En ella se cultivaba el algodón, la caña de azúcar, el tabaco, el maíz, la mandioca y diversos frutales. Además de la agricultura comercial era característica la de subsistencia, frecuentemente complementaria de una producción ganadera predominantemente mercantil.

En las zonas boscosas aledañas al Paraná se obtenían maderas de construcción que formaban una parte apreciable del comercio exterior de la provincia. Región la más densamente poblada, es a ella a la que pertenecen los paisajes descriptos por d’Orbigny, de quien añadiremos una nueva referencia -por su calidad- para evocar el ámbito natural en que desarrollaba su vida y sus actividades productivas la mayoría de la población rural correntina:

Pasamos por Guácaras y luego entramos en el lugar llamado Las Ensenadas, sin duda por la gran cantidad de lagunas que caracterizan estas tierras.
En medio de un terreno arenoso, admiraba el contraste existente entre las lagunas grandes y pequeñas, llenas de agua límpida como el cristal o pobladas de juncos siempre verdes.
Gran número de bosquecillos dispersos junto a las lagunas, de lindas casitas cubiertas de troncos de palmera, prestaban animación al paisaje y hacían envidiar a los buenos pastores o los agricultores hechos a la soledad, felices por las riquezas que la naturaleza les ha deparado y la belleza del paraje(5).

(5) Alcides d’Orbigny. “Viajes por la América Meridional” (1946), tomo 1, p. 125. Ed. Futuro, Buenos Aires. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

Distinta era la fisonomía de la región del sur, similar a la del norte de la vecina provincia de Entre Ríos, no sólo por su paisaje -como dijimos- sino también por su tendencia a la monoproducción ganadera.

La calidad de sus tierras -las mejores de la provincia para la cría del ganado mayor- favorecía ese mayor predominio de la ganadería vacuna, aunque también eran aptas para el ovino y algunos cultivos, como el del trigo y los frutales. Una serie de cuchillas se articulan allí de sur a norte -prolongación de la Cuchilla Grande entrerriana- dividiendo las aguas de las cuencas del Paraná y del Uruguay.

Numerosos arroyos parten de ellas y y de otras cuchillas transversales de menor altura y bañan las tierras ricas en pastos naturales.

En cuanto al nordeste correntino, un espacio escasamente poblado en el que se encontraban los restos de las ex misiones jesuíticas, era tierra favorable para diversos cultivos -según Mantilla- pero no para la ganadería.

Zona de difícil control para el Estado correntino, disputada por el Paraguay que ejerció allí su jurisdicción de hecho hasta mediados del siglo XIX, la actividad más destacada que conocía era el tránsito de las tropas de carretas de los comerciantes riograndenses de San Borja en su tráfico con la población paraguaya de Itapúa.

En las condiciones de la economía rioplatense de la época, la mayor generosidad de esa naturaleza correntina para la subsistencia humana condicionó favorablemente la reproducción de sus pobladores, ya fuese en una economía de subsistencia ya participando en mayor o menor medida en las actividades mercantiles impulsadas, sobre todo, por el comercio exterior de la provincia.

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