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Particularismo provincial y dominio del capital comercial

La imagen del aislamiento local tiene fuertes asideros en la realidad, por lo menos en las apariencias de esa realidad (entendiendo lo de apariencia como algo no arbitrario ni inesencial), particularmente en la configuración del espacio colonial.

Como se observará mucho más tarde respecto del conjunto de las provincias integrantes de la futura Confederación Argentina, los límites del territorio efectivamente ocupado distaban mucho de los hipotéticos de las jurisdicciones políticas.

Es que, salvo la región cercana a Buenos Aires “hacia la época de su creación, los territorios que abarcaba el Virreinato del Río de la Plata (1776) no eran otra cosa que un extenso desierto, con islas de población diseminadas en torno de diversos centros productivos o defensivos, unidas intermitentemente por las caravanas de carretas que movilizaba el comercio o barridas por los malones indígenas que practicaban aquélla otra forma del mismo basada en el robo de ganado”(1).

(1) José Carlos Chiaramonte. “La Etapa Ilustrada”, en: Tulio Halperín Donghi (dir.). “Historia Argentina (de la Conquista a la Independencia)” (1972), volumen 2, p. 333. Ed. Paidós, Buenos Aires. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

El fundamento de esa configuración lo constituía el dominio del sector mercantil sobre la vida económica colonial. Escalonado en esas ciudades, centros productivos y comercializadores, el capital comercial cumple las funciones de movilizar las producciones requeridas por el tráfico interregional y colocar las mercancías que recibe de otras regiones o de la metrópoli.

Si bien los metales altoperuanos siguen constituyendo el objetivo primordial del orden económico colonial, otras producciones van perfilando su futura importancia, como ocurre con los cueros del Litoral.

Tanto para la movilización de esos productos como de otros necesarios a las economías locales, el sector mercantil desarrolla una función dominante al amparo del sistema de monopolio(2).

(2) Véase Tulio Halperín Donghi. “Revolución y Guerra (Formación de una Elite Dirigente en la Argentina Criolla)” (1972), primera parte, capítulo I: “El Río de la Plata al comenzar el siglo XIX”, passim. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

Esa función consiste tanto en proporcionar la estructura necesaria para la circulación mercantil como el financiamiento de las producciones locales, bajo las formas típicas de la época: créditos, “habilitaciones”, préstamos propiamente dichos.

En el primer caso, el intercambio de productos metropolitanos por la plata altoperuana, al amparo del sistema de monopolio, constituye la principal función -como hemos dicho- del sector mercantil rioplatense.

En el otro aspecto, el capital comercial cumple las funciones de promover y sustentar la expansión de la producción mercantil en las condiciones históricas de inexistencia de un capital industrial independiente.

El centro de esta red de funciones lo constituye la ciudad; mercado para el intercambio de los productos metropolitanos por el metálico o por aquellos productos que poseían demanda fuera del ámbito local; mercado para las producciones rurales indispensables a la subsistencia de la población urbana; mercado de crédito para esos intercambios y -fuera en metálico o, por lo general, en mercancías- para los productores rurales o urbanos.

De tal manera, las habilitaciones de los artesanos urbanos, el trabajo a domicilio para producciones rurales o urbanas, los préstamos en metálico para operaciones mercantiles de diverso tipo y otras formas del crédito, tenían en los grupos mercantiles su fuente por excelencia; eran ellos -fuese por cuenta propia o por la de sus comitentes del centro mayor, en este caso Buenos Aires para el Interior o España para los porteños- quienes disponían de la liquidez o de las mercancías necesarias para tales propósitos(3).

(3) Algunas obras recientes con información de conjunto sobre el tema: Tulio Halperín Donghi. “Revolución y Guerra (Formación de una Elite Dirigente en la Argentina Criolla)” (1972), primera parte, capítulo I: “El Río de la Plata al comenzar el siglo XIX”, passim. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires; Susan Magden Socolow. “The Merchants of Buenos Aires. 1778-1810 (Family and Commerce)” (1978), especialmente el capítulo 3. Cambridge University Press, Cambridge; “Commerce and Investment” (la autora, atraída por el caso de los “aviadores” en la minería mexicana -que no encuentra repetido en Buenos Aires- parece descuidar el papel de las “habilitaciones” de artesanos urbanos o productores agrícolas). Otra fuente posible de crédito, sin la envergadura que tuvo en otras regiones americanas, era la Iglesia -préstamos a un interés aparente del 5 % anual-. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

En unos casos, grupos de mercaderes urbanos ejercían su hegemonía sobre una economía de pequeños productores (pequeña producción campesina y artesanal). Tal es el caso de los labradores, que cultivan trigo en zona cercana a Buenos Aires; de los pequeños ganadero-curtidores de Tucumán y de Corrientes; de las tejedoras de lana de Santiago del Estero y Córdoba; de los productores de tabaco correntinos.

Las informaciones disponibles corresponden -en unos casos- a años anteriores a la Independencia y, en otros, al período posterior. Pero la existencia del fenómeno en ambas etapas, como en el caso de Corrientes, Córdoba, Santiago del Estero o Tucumán, que muestran los datos disponibles, indica que esta forma de relaciones de producción persiste por lo menos a lo largo de la primera mitad del siglo(4).

(4) Datos relativos a Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba y Buenos Aires, en: Tulio Halperín Donghi. “Revolución y Guerra (Formación de una Elite Dirigente en la Argentina Criolla)” (1972), pp. 19, 20 y 32. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires. Respecto de Corrientes, además de lo contenido en este trabajo, Archivo General de la Nación. “Consulado de Buenos Aires, Actas, Documentos” (1937), tomo II, años 1796 a 1797, pp. 520 a 525, Buenos Aires; Alcides d’Orbigny. “Viajes por la América Meridional” (1946), p. 232. Ed. Futuro, Buenos Aires. Respecto de Córdoba: Carlos Sempat Assadourian. “El Sector Exportador de una Economía Regional del Interior Argentino. Córdoba, 1800-1860” (Esquema Cuantitativo y Formas de Producción)” (1978), pp. 79 y sigts. Ed. por Nova Americana I. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

En otros casos, el dominio comercial opera a través de la propiedad de la unidad productiva, como en las manufacturas de curtido con mano de obra esclava de Corrientes entre -aproximadamente- 1815 y 1840.

Asimismo, los grupos mercantiles locales controlaban el negocio de la exportación de ganado en pie a Chile y la vitivinicultura mendocina o el tráfico de mulas de Salta, sólo que aquí, donde existía una tradición de gran propiedad señorial que dominaba a la población indígena en condiciones serviles, el grupo dominante se había transformado, a través de los vínculos de parentesco, en un grupo a la vez mercantil y rural que dominaba el comercio y la producción ganadera y agrícola, fusión que -con rasgos distintos- también se dará en Buenos Aires luego de la Independencia y será característica de la burguesía mendocina comprobada, por lo menos, en las primeras décadas de la segunda mitad de la centuria(5).

(5) Tulio Halperín Donghi. “Revolución y Guerra (Formación de una Elite Dirigente en la Argentina Criolla)” (1972), pp. 18 y 25. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires; William James Fleming Jr.. “Regional development and transportation in Argentina (Mendoza and the Gran Oeste Argentino Railroad. 1885-1914)” (1976), Indiana University, Ph. D., Xerox University Microfilms, capítulo II: “Mendoza before the railroad. 1862 - 1885”. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

Ese dominio del capital comercial sobre la producción generará pautas características en las sociedades provinciales, uno de cuyos rasgos más sobresalientes y más significativos para la historia rioplatense será el particularismo regional.

Sin embargo, las transformaciones derivadas de la Independencia proponen el problema de hasta qué punto tales rasgos de la vida económica colonial perduran en la primera mitad del siglo porque, si bien es cierto que el particularismo provincial seguirá caracterizando la vida económica y política rioplatense -con mayor vitalidad aún que en tiempos anteriores- también es cierto que, de acuerdo con los datos disponibles y con las más recientes interpretaciones, el proceso de la Independencia habría sido acompañado por una crisis de los viejos sectores mercantiles y un reemplazo de ellos en su función dirigente, en la economía y en la política, por los productores rurales, cuyo ascenso se habría expresado políticamente en la figura del caudillo(6).

(6) Véase Tulio Halperín Donghi. “Revolución y Guerra (Formación de una Elite Dirigente en la Argentina Criolla)” (1972). Ed. Siglo XXI, Buenos Aires. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

Pero antes de abordar este problema, concluyamos con el análisis que habíamos emprendido. En la medida en que el papel dominante del capital comercial pueda haberse prolongado a lo largo de la primera etapa de vida independiente, podemos preguntarnos por sus efectos sobre la conformación regional del posible nuevo país.

Entre esos efectos se destacan, por su trascendencia en el proceso histórico estudiado, la preeminencia económica y social de las burguesías mercantiles características de aquellos centros urbanos frente a los productores -rurales o urbanos- y su tendencia a la autonomía política local.

Respecto del primero de ellos, conviene observar en el núcleo de esa relación “mercader-productor” la incidencia del intercambio no equivalente. En efecto; el dominio del capital comercial sobre la producción se funda en el intercambio no equivalente, característico de las transacciones en las que, sobre la base de no existencia de un mercado interior, unificado en los límites de un espacio dado -en nuestro caso la proyectada Nación Argentina o de los espacios regionales que se esbozan a fines del período- de inexistencia, entonces, de un mercado en el que prevalecerían precios equivalentes, el comerciante funda una parte sustancial de su ganancia en el efecto de su posición monopolista, monopolista de hecho en el mercado de este período (posición monopolista que deriva de su exclusividad en el acceso al mercado, en el conocimiento de las condiciones mercantiles de su localidad y de las localidades lejanas y de otros factores emergentes, muchos de ellos, de su posición en la estructura social).

Para tomar un ejemplo, por su expresividad, de una situación que se repite con frecuencia a lo largo del Río de la Plata, veamos cómo refleja esto un viajero francés en la tercera década del siglo. Dice Alcides d’Orbigny refiriéndose a la producción de tabaco correntino:

“Logré presenciar las convenciones singulares a que da lugar la recolección del tabaco. Multitud de pequeños comerciantes recorren el campo cuando se aproxima la temporada, ofreciendo sus mercaderías a los agricultores.
“Como cuentan sobre el tabaco para sus compras del año, estos les efectúan adquisiciones a crédito, que luego tienen que pagar con tabaco. Los vendedores ponen su mercadería a un precio mínimo que les asegura un beneficio del ciento por ciento; así la van adelantando a los compradores, en razón del mayor o menor rendimiento de las cosechas vistas, porque con cualquier pretexto nunca omiten pedir que se les muestre el tabacal o campo de tabaco.
“Varias veces asistí a tales transacciones sin moneda, en las cuales todo está convenido por adelantado entre comerciante y comprador. El primero empieza por doblar el precio de su mercadería y conviene recibir, antes de que se haya establecido el precio de la cosecha del año, por ejemplo, cada mazo de venta, es decir de un calibre conocido en el país a razón de un peso -o sea de cinco francos- seguro de ganar bastante sobre el precio, pues vi comerciantes de esos que vendían tabaco a doce reales, vale decir siete francos y medio el mazo, en el momento más favorable del mercado”(7).

(7) Alcides d’Orbigny. “Viajes por la América Meridional” (1946), p. 230. Ed. Futuro, Buenos Aires. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

Similar situación se repite en la producción industrial en la que, bajo variadas formas de trabajo a domicilio, el comerciante habilitaba la producción artesanal, fenómeno mejor conocido que el referente a la producción rural.

Esta forma de “habilitar” al productor, muy excepcionalmente realizada en metálico, funda el intercambio no equivalente tanto en el momento del anticipo de mercancías, acentuado por el precio abultado de las mercancías rioplatenses y europeas que entrega el comerciante, como en el momento de la recepción del producto (cuyo precio fijado en el momento anterior no proviene tampoco de una hipotética comparación del conjunto de las mercancías que circulan en el espacio considerado, según el “tiempo de trabajo socialmente necesario” que contendrían).

La operación refleja la ventajosa posición del comerciante, que conoce las condiciones del mercado y que al mismo tiempo posee la capacidad de habilitar al productor. Tal habilitación es una forma, en definitiva, de financiamiento de esa producción, que el productor no está en condiciones de buscar en otra fuente, dada la situación de relativo aislamiento a que lo condena el sistema de comunicaciones de la época.

Aún más; si quisiéramos ahondar en la significación de este tipo de relaciones de producción, las que se establecen entre el comerciante habilitador y el productor directo, relaciones de producción que corresponden a un proceso de ampliación de la producción mercantil pero no a una producción capitalista, podríamos afirmar también que revela en todas sus condiciones -forma de la transacción, tipo de precios, posibilidades de acceso al mercado por el productor directo...- la no existencia de un mercado interior en el que se elaborasen los precios correlativos al supuesto intercambio equivalente, en el que las mercancías se cambiasen por su valor proporcional, estimado en el “tiempo de trabajo necesario”, concepto que remite -a su vez- a otro elemento del mercado interior capitalista no existente en el Río de la Plata: el mercado de trabajo.

En las condiciones de iliquidez generalizada, característica de la economía rioplatense de la época, las variadas formas del crédito mercantil sirven de vehículo al dominio del comerciante sobre el productor y formalizan el intercambio no equivalente, fundamento de la ganancia comercial característica de esa forma de capital “precapitalista”.

Sería por demás extenso dar cuenta aquí de esa variedad de formas, en las que se incluye el crédito en mercancías o el préstamo o interés que practicaban las más fuertes casas comerciales de la época.

Observa Sereni que la relación ciudad-campo, propia del corporativismo comercial, la característica histórico-económica del tipo de intercambios comerciales que “condicionan sus límites particulares y cosmopolitas”, es ese intercambio no equivalente, “secreto de la existencia misma del capital comercial”(8).

(8) Emilio Sereni. “Capitalismo y Mercado Nacional” (1980), pp. 30 y sigts. Ed. Crítica-Grijalbo, Barcelona. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

Cuando el intercambio no equivalente se generaliza como forma decisiva de los intercambios -añade- se orienta necesariamente hacia el ámbito municipal, dentro del cual el poder político puede intervenir para imponer este tipo de intercambio y hacia los tráficos más lejanos en los que la diversidad de precios locales es máxima y en los que -por lo tanto- se prevé como máxima la ganancia.

Estas observaciones de Sereni, efectuadas para un tiempo y lugar distintos de los que consideramos, tienen sustancial validez para la situación de la economía y sociedad rioplatense en el período que nos ocupa.

Sin embargo, como ya apuntáramos, si la expansión de la producción pecuaria para el mercado exterior, que comienza y continuará desarrollándose vinculada al papel del capital comercial, propone el problema de estimar en qué medida y en qué momentos los caracteres peculiares de esa expansión pueden ir generando otras condiciones, podemos señalar -por lo pronto- que un factor característico del período continuará siendo, pese a los efectos sociales que la ruralización de las bases del poder lleven consigo en muchos espacios provinciales -incluso en Buenos Aires- la posición privilegiada del capital comercial en el comercio de exportación e importación realizado a través del puerto.

Al respecto, es necesario aclarar una curiosa confusión que deriva de los avances de la historiografía reciente, unidos a un inconsciente efecto ideológico. Se sabe que la Independencia hace entrar en crisis al sector mercantil porteño -y también al del Interior- y que en gran parte la presencia de españoles y criollos en ese sector es sustituida por la de los comerciantes ingleses, afincados en Buenos Aires y con operaciones que se extendían al Interior del Río de la Plata(9) (aunque también es cierto que algún trabajo reciente corrige con razón un juicio demasiado rotundo sobre ese fenómeno)(10).

(9) La mejor exposición del problema está en los citados trabajos de Tulio Halperín. Sobre las operaciones del sector mercantil británico véase -además- la información de Vera Blinn Reber. “British mercantile houses in Buenos Aires. 1810-1880” (1979), especialmente capítulo 4 y sigts. Harvard University Press, Cambridge (Massachusetts).
(10) Jonathan C. Brown. “A socioeconomic history of Argentina. 1776-1880” (1979), passim, especialmente pp. 625 y sigts. Cambridge University Press, Cambridge. Pese a la débil argumentación polémica del autor, en la que confunde la discusión del problema de la dependencia por una arbitraria selección de los blancos de su crítica y de los términos de la discusión y pese a la escasa atención prestada a los cambios de coyuntura a lo largo del período considerado, contiene información valiosa para reevaluar la historia del sector mercantil de la primera mitad del siglo. // Todo citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

Aún así, considerando que los ingleses desplazan a los nativos de la mayoría de las posiciones en el comercio exterior rioplatense, lo cierto es que no por eso dejan de integrar el sector mercantil de esa economía que controla el comercio exterior.

Si se considera que la presencia de los mercaderes ingleses es uno de los más importantes factores de la crisis del sector mercantil rioplatense, se está ante un equívoco; crisis, sí, de los mercaderes tradicionales hispanos o criollos, pero no tanto crisis del sector mercantil, en la medida en que ese sector se integra con esos más afortunados competidores de sus colegas hispanoparlantes.

Por consiguiente, del hecho de que resulta problemático -por ejemplo, incluirlos dentro del concepto de “clase dirigente de Buenos Aires”, por su condición extranjera y su relativo distanciamiento de la sociedad criolla no se sigue que haya que olvidarlos en el análisis del sector dominante de la economía.

Si se consideran las cosas, entonces, desde la perspectiva del análisis de los grupos sociales, se comprueba que el principal de ellos en aquella provincia es un conjunto de fuertes mercaderes y propietarios de tierra, criollos o ingleses.

De manera que, si nos ubicamos en el plano del funcionamiento de esa economía, se encuentra todavía el predominio del capital comercial, entre otros motivos, por la persistencia de una situación en la que el crédito mercantil es resorte vital del sistema, dada la inexistencia de un sector bancario moderno como el que surgirá en la segunda mitad del siglo XIX(11).

(11) El arcaismo del sector financiero y monetario ya había sido analizado en la todavía indispensable obra de Mirón Burgin. “Aspectos Económicos del Federalismo Argentino” (1960). Ed. Solar/Hachette, Buenos Aires. Véase también datos sobre la persistencia de estas características en Luis Ossona. “Cuando el Tren Llegó (el Impacto del Ferrocarril en las Economías Regionales” (Junio de 1981), en: “Todo es Historia”, Nro. 169, pp. 21 y sigts. // Citado por José Carlos Chiaramonte. “Mercaderes del Litoral (Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes en la primera mitad del siglo XIX)” (1990). Ed. Fondo de Cultura Económica, México/Buenos Aires.

Aunque, por otro lado, el peso creciente de la gran propiedad pecuaria en los patrimonios familiares genere condiciones para la transformación de esa situación, cosa que ocurrirá con el pleno acoplamiento al mercado mundial capitalista que comenzará a cumplirse con el cambio de coyuntura, externa e interna, de la segunda mitad del siglo.

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