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El cuidado en la frontera Este. Misiones después de Andresito

- La hora de los caudillos santotomeños: Pantaleón Sotelo y Francisco Javier Sití

“... convoco al pueblo a la Misa de honras ... por nuestros finados hermanos quienes, en defensa nuestra y esforzándose hasta lo último, tuvieron la gloria de morir con honor en el campo de batalla” (Cabildo de Corrientes al pueblo, en homenaje a Pantaleón Sotelo, muerto en combate, 15 de Febrero de 1820).

La sucesión de Andresito fue un tema que debió resolver el mismo José Gervasio Artigas. Para tal fin, ante el apresamiento de aquél por los portugueses, convocó a los principales lugartenientes del ex Comandante de las fuerzas misioneras a una reunión en la improvisada capital de las misiones, el campamento de Asunción del Cambay(1).

(1) Citado por Ernesto J. A. Maeder y Alfredo J. E. Poenitz. “Corrientes Jesuítica (Historia de las Misiones de Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé y San Carlos en la Etapa Jesuítica y en el Período Posterior, hasta su Disolución)” (2006).

La principal decisión fue el reconocimiento de Artigas de la imposibilidad de la continuación de las luchas contra el Imperio del Brasil. Las ciudades destruidas, los campos arrasados y baldíos, la sociedad guaraní casi totalmente disuelta, la amenaza constante de los Estados limítrofes, eran razones más que suficientes como para no continuar con utopías militares.

Al mismo tiempo se decidió el nombramiento de Pantaleón Sotelo, un indio guaraní, con su apellido españolizado, nacido en Santo Tomé, como nuevo Comandante General de Misiones.

Casado con una yapeyuana, María Victoria Mbaré, había acompañado a José Artigas en el primer sitio de Montevideo de 1811; en el segundo sitio, de 1813; en el Exodo Oriental hacia el Salto Chico, designándolo Artigas -siendo Teniente de Gobernador de Misiones- como Instructor de milicias del Departamento de Yapeyú. Fue segundo Jefe del Ejército de las Misiones Occidentales, después de Andrés Guacurarí.

La primera y trascendente misión de Sotelo fue la de preparar las fuerzas misioneras que habían sobrevivido al desastre contra Chagas, para acompañar a Artigas en su intento de desalojo de los portugueses de la Banda Oriental.

Una vez más, los valientes guaraníes eran trasladados -como en toda esta triste época y como se seguirá repitiendo en varias décadas posteriores- a defender intereses que no siempre los afectaban directamente, como en este caso. Pero allá fueron, tras el líder que habían elegido años atrás, a cuya causa toda la sociedad guaraní-misionera ofrendó su destino.

Después de algunos pequeños triunfos en tierra oriental, el 22 de Enero de 1820 ocurrió la desgraciada batalla de Tacuarembó, en la cual las fuerzas artiguistas -al mando de Andrés Latorre, secundado por los guaraníes Manuel Cayré y Pantaleón Sotelo- fueron destrozadas por el Ejército portugués, muriendo en este combate el mismo comandante misionero.

La derrota en Tacuarembó prácticamente marca el final del liderazgo de Artigas de la Liga de los Pueblos Libres. Pocas semanas después, el segundo del oriental, el entrerriano Francisco Ramírez, rompía relaciones con Artigas, obligándolo a abandonar el escenario misionero.

La mayoría de los jefes guaraníes habían muerto en los graves acontecimientos de esta catastrófica década. Quedaban sólo oficiales de segundo plano, entre los que se encontraba el también santotomeño Francisco Javier Sití quien, en la improvisada capital de las destruidas Misiones -que aún conservaba la categoría de provincia- Asunción del Cambay, fue nombrado nuevo Comandante General de las Misiones Occidentales, el 5 de Marzo de 1820.

Ya entonces, la estrella de Artigas había languidecido; su liderazgo estaba en total decadencia y, a pesar de algunos intentos de mantenimiento de la lealtad de aquellos valientes soldados guaraníes que lo acompañaban desde la primera hora, en Julio de 1820, Francisco Javier Sití decide pactar con el entrerriano Francisco Ramírez.

Esto traerá malestar entre los oficiales guaraníes, divididos en sus adhesiones a Artigas o Ramírez. Algunos seguirán con el oriental, lo que provocará desobediencias y deserciones, quizás por primera vez en toda la era artiguista, en el alicaído Ejército guaraní.

En la mitad de 1820, Artigas ya no tenía más que unos pocos aliados misioneros. Había perdido su liderazgo en la Banda Oriental, en Entre Ríos y en gran parte de la oficialidad guaraní.

Sólo le quedaba un camino, a pesar de un último frustrado intento por reponer su autoridad en Asunción del Cambay, defendida férreamente por los segundos de Sity, en Agosto. El único destino posible era el Paraguay, y hacia allí se dirigió el oriental, donde trascurrió el resto de su vida.

El corto tiempo de relaciones entre Ramírez y Sití fue caracterizado por una larga lista de conflictos entre ambos, los que -según Machón- tenían una razón más económica, la explotación de los yerbales, que política.

A fines de 1821 y decidido el entrerriano a poner fin a lo que consideraba una rebeldía de su subordinado, envía fuerzas de su provincia al mando de Gregorio Piris, hacia Misiones, con el objeto de intimidar a Sití e imponer su autoridad en aquella parte de su República.

Dispuesto a dar lucha, el comandante guaraní instala su Cuartel General en su pueblo natal, Santo Tomé, siendo atacado el 13 de Diciembre de 1821 por las fuerzas de Gregorio Piris, y obligado a cruzar el paso del Hormiguero junto a cientos de misioneros occidentales que, finalmente, se instalaron en el pueblo de San Miguel.

Años más tarde Sití, último Comandante General guaraní de las Misiones Occidentales, acompañará a Fructuoso Rivera en la reconquista de las Misiones Orientales, formando parte, como teniente coronel del Estado Mayor del Ejército del Norte, en Bella Unión.

Alejado Sití del territorio mesopotámico, ya no habrá más Comandantes Generales, ni tampoco sobrevivirá la cadavérica provincia de las Misiones.

Como parte de la República Entrerriana de Ramírez, un caudillo criollo, el capitán Nicolás Cabral será el comandante del campamento de Asunción del Cambay y, un mestizo correntino, Félix de Aguirre, administrará la importante población de San Miguel, conformada íntegramente por familias guaraníes emigradas desde los pueblos septentrionales, destruidos por el Paraguay en 1817.

En aquellas ruinas del Alto Paraná quedaría Nicolás Aripí, quien se encargaría de recibir al sabio francés Amado Bonpland a su llegada a las misiones, en Julio de 1821.

- Misiones después de Andresito

Para comprender la relevancia de la figura de Andrés Artigas deberíamos hablar de tres historias: la del propio comandante guaraní, que quedó cerrada con su captura por los portugueses y su posterior desaparición; la del artiguismo; y la de la provincia histórica de Misiones, que tuvieron -ambos- un breve lapso de desarrollo(2).

(2) Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

El apresamiento de Andrés Artigas en el Paso de San Lucas dejó a Misiones sumida en la confusión, sin la guía firme, que había tenido hasta ese momento. Frente a la crisis planteada en Misiones -por la desaparición de Andresito- José Gervasio Artigas intervino personalmente, para buscarle solución y designar a quien le sucediera en la Comandancia General; para ello, se dirigió a fines de Agosto de 1819 a Asunción del Cambay, donde se celebró una reunión con los principales jefes guaraníes y correntinos.

La presencia prolongada de Artigas en Asunción del Cambay es una prueba clara de lo importante que era para él -y para su proyecto- la provincia de Misiones, y lo mucho que le interesaba, por lo tanto, solucionar rápidamente y de manera pacífica, los problemas que ésta tenía pendientes con Corrientes.

En dicha reunión se acordaron varias cuestiones: primeramente, fue designado como Comandante General interino de Misiones, quien había sido segundo de Andresito, el santotomeño Pantaleón Sotelo. Además, se decidió el retiro definitivo de las tropas misioneras de Corrientes, y se aclararon ciertos problemas jurisdiccionales.

Con la reunión de Asunción del Cambay, José Artigas cumplió también otro objetivo: concentrar los contingentes guaraníes, a fin de iniciar una nueva campaña contra los portugueses.

Poco después, el nuevo Comandante General de Misiones, Sotelo, marchó hacia la Banda Oriental con más de 1.600 soldados guaraníes, para integrarse a las fuerzas comandadas por Latorre. Tras algunos triunfos parciales, sobrevino la derrota de Quebrada de Belarmino(3) y, finalmente, el desastre definitivo, la trágica batalla de Tacuarembó (22 de Enero de 1820), en la que el comandante Sotelo perdió la vida mientras intentaba reordenar las tropas misioneras al lado de más de 800 hombres.

(3) En este combate perdió la vida Lorenzo Artigas, quien aparentemente sería el hermano de Andresito, Lorenzo Guacurarí, a quien ya nos referimos. // Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

La victoria obtenida en Tacuarembó -sumada a la incorporación de Fructuoso Rivera- significó para los portugueses el triunfo definitivo frente a José Artigas, que debió abandonar la Banda Oriental, pero la batalla fue también una gigantesca matanza de guaraníes, no sólo de los soldados, sino también de las familias que los acompañaban.

El 5 de Marzo de 1820 las tropas guaraníes, congregadas a orillas del Miriñay, en las cercanías de la entonces Capital misionera, Asunción del Cambay, eligieron como nuevo Comandante General a Francisco Javier Sití, quien había tenido una destacada actuación en la campaña a Santa Fe, meses antes.

Sití era uno de los pocos comandantes guaraníes que seguía activo, ya que los demás (Andresito, Tiraparé, Sotelo, Cayré, etc.) estaban muertos o habían sido capturados por el enemigo.

La elección del nuevo Comandante General se realizó en una Asamblea de oficiales y soldados, y constituyó una muestra de la democracia popular respetuosa de las antiguas tradiciones guaraníes y del principio de autodeterminación de los pueblos; Sití fue reconocido, poco después, por José Artigas en el cargo.

Al tiempo que la derrota frente a los portugueses parecía definitiva, el panorama del enfrentamiento con el Directorio era más favorable que nunca para las fuerzas federales, ya que los caudillos de Santa Fe y Entre Ríos, Estanislao López y Francisco Ramírez, lograron derrotar, de forma decisiva, a las fuerzas centralistas, en la batalla de Cepeda (1 de Febrero de 1820). Tanto el Directorio como el Congreso, se disolvieron inmediatamente.

Cepeda constituyó el triunfo de los ideales federales, pero no del artiguismo; como gobernador de Buenos Aires fue elegido Manuel de Sarratea, el mismo que había declarado traidor a la patria a Artigas años antes -cuando integraba el Triunvirato-; con él suscribieron, Ramírez y López, el Tratado de Pilar, sin la participación de la Banda Oriental, Corrientes ni Misiones, en el que se comprometían a llamar a un futuro Congreso federal en Santa Fe, pero nada se decía de atacar en forma conjunta a los portugueses, que era lo que más le interesaba a Artigas, a quien no se reconocía como Protector de la Liga Federal sino sólo como Jefe de la Provincia Oriental.

El nuevo hombre fuerte pasó a ser Francisco “Pancho” Ramírez quien, influenciado por los porteños, abrigaba la ambición de gobernar la futura Confederación; su enfrentamiento con el Protector se volvió inevitable.

José Artigas convocó a las provincias que aún le eran fieles, Corrientes y Misiones, al que sería el último Congreso artiguista, celebrado en la Costa de Abalos, a fines de Abril de 1820; asistieron, entre otros, el gobernador Méndez, y el nuevo Comandante General de Misiones, Francisco Javier Sití.

Las provincias firmantes conformaron allí una alianza ofensiva y defensiva, destinada a garantizar la independencia, la libertad y el federalismo; se confirmó a Artigas como Protector, dándole plenos poderes para decidir “de la guerra y la paz, contra los enemigos exteriores e interiores”.

El enfrentamiento entre Ramírez y Artigas fue breve pero sangriento, jalonado por una serie de batallas que llevaron al progresivo debilitamiento del Protector, quien tenía cada vez menos aliados, mientras el entrerriano contaba con una importante ayuda en dinero y armas de Buenos Aires, cuyo interés ante la guerra entre los caudillos federales era evidente. Finalmente, el propio Comandante General de Misiones, Sití, terminó aliándose a Ramírez, con quien suscribió al acuerdo de Mocoretá.

El Acta de este acuerdo no se ha podido encontrar hasta la fecha pero, por la correspondencia posterior de quienes lo firmaron, se sabe que se pactó lo siguiente: por un lado, Misiones se subordinaba a la autoridad de Ramírez, abandonando por tanto la causa de Artigas, a quien se comprometía a ayudar a combatir; a cambio, el caudillo entrerriano debía defender a Misiones, fomentar la reconstrucción de los pueblos abandonados y prometía no requerir servicios militares a los guaraníes misioneros por diez años.

Aunque Sití había abandonado a Artigas, no lo hicieron las masas populares guaraníes, que permanecieron fieles a su lado hasta el final, junto a numerosos comandantes, como Pablo Aramimbí, Perú Cutí y, fundamentalmente, el apostoleño Matías Abucú. Las deserciones y la desobediencia entre las, hasta hacía poco, disciplinadas tropas guaraníes de Sity, se hicieron comunes.

Artigas pasó a la ofensiva, obteniendo inicialmente algunas victorias pero, en Las Tunas, sufrió una derrota decisiva, tras la cual inició su retirada hacia el Norte. Intentó sitiar la capital misionera de Asunción del Cambay, donde contaba con un firme apoyo de la población local, pero debió retirarse, ante el avance conjunto de Sití y el comandante ramirista, Gregorio Piris.

Derrotado, el Protector emprendió el camino del exilio, seguido por un puñado de sus soldados, muchos de los cuales eran guaraníes. Artigas recorrió los abandonados pueblos misioneros y estableció su último campamento en las faldas del Cerro Santa Ana. Desde allí obtuvo permiso del dictador Gaspar Rodríguez de Francia para internarse en el Paraguay, hacia donde cruzó por el Paso de Candelaria, el 5 de Septiembre de 1820, acompañado por 200 leales, entre ellos Matías Abucú.

Así, las antiguas misiones guaraníes, que presenciaron el surgimiento del artiguismo en el ya lejano 1811, y lo habían acompañado fielmente por tantos años, ahora contemplaban su ocaso definitivo. José Artigas nunca volvería del Paraguay, donde murió el 23 de Septiembre de 1850, a los 86 años.

Las relaciones entre Sití y Ramírez se fueron enfriando rápidamente. El triunfador de Cepeda había acumulado mucho poder; tras derrotar a Artigas, pasó a dominar todo el Litoral, al que unificó en lo que llamó, la República Entrerriana. A diferencia de Artigas, el nuevo líder no se mostraba dispuesto a respetar la autonomía de los pueblos, y pretendía, por un lado, que los guaraníes engrosaran sus contingentes y, por otro, participar de la explotación de los yerbales, medidas ambas que fueron resistidas por Sití, quien tenía graves dificultades para mantener su autoridad frente a la creciente anarquía reinante en los sobrevivientes pueblos misioneros.

El enfrentamiento rápidamente se convirtió en lucha armada, y Francisco Sití terminó siendo derrotado por los entrerrianos en Santo Tomé, desde donde cruzó el Uruguay, siendo asilado por el antiguo enemigo de Andresito, Francisco das Chagas Santos, con quien mantenía correspondencia desde hacía varios meses.

Con la salida de Sití del escenario misionero desapareció el cargo de Comandante General de Misiones; la provincia quedó totalmente subordinada a la República Entrerriana, siendo gobernada, en lo sucesivo, por Comandantes Militares. Entre ellos estaba Nicolás Aripí, quien ejercía el Gobierno de los antiguos pueblos del Paraná, que contaban con algunas familias dispersas con las que pretendía impulsar la explotación de los yerbales silvestres, en especial los de Ñu Guasu (Campo Grande).

Tras la caída de Ramírez y la disolución de la República Entrerriana, Aripí llegó a considerarse Comandante de la Provincia de Misiones, pero sus planes se vieron frustrados cuando, el 8 de Diciembre de 1821 una partida de 500 paraguayos -enviados por Rodríguez de Francia- atacó los pueblos, tras derrotar a Aripí en las cercanías de Santa Ana; el ganado y los escasos bienes de los indígenas se trasladaron al otro lado del Paraná e, incluso, el sabio francés, Amado Bonpland, fue llevado al Paraguay por la fuerza, siendo retenido allí hasta 1831(4).

(4) Amado Bonpland llegó a Misiones en 1821, instalándose en las cercanías de Santa Ana, donde se dedicó a realizar investigaciones referidas al cultivo de la yerba mate. // Citado por Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero. “Andrés Guacurarí y Artigas”.

La destrucción llegó hasta el Uruguay, y el territorio de Misiones se despobló una vez más; Aripí, al igual que Sití, buscó refugio entre los portugueses. A partir de entonces, y hasta el final de la Guerra de la Triple Alianza, los territorios del antiguo Departamento Candelaria, que habían sido recuperados por Andresito en 1815, fueron ocupados nuevamente por Paraguay, que no repobló las antiguas reducciones, al Este del Paraná.

La oportuna concurrencia del comandante de San Miguel, Félix de Aguirre, al Congreso del Cuadrilátero, y la protección brindada por Santa Fe, posibilitaron que Misiones siguiera existiendo como provincia, aunque muy debilitada, con Aguirre convertido en gobernador.

Si bien gracias a las oportunas intervenciones del gobernador santafesino Estanislao López, los misioneros pudieron resistir ante el expansionismo correntino, no pudieron contener una nueva invasión de los paraguayos.

Ante la actitud de Corrientes, de no involucrarse, y sin poder contar con la ayuda santafesina, Aguirre buscó la protección de Entre Ríos y, de ahí en más, Misiones quedó comprometida con la política unitaria de Buenos Aires.

Si bien hubo interés de que sus naturales participaran de la guerra contra el Brasil, y de que se enviaran diputados a los Congresos de 1824 y 1826, poco y nada se hizo por ella. El Tratado del Cuadrilátero, el Protectorado santafesino y los posteriores acuerdos, únicamente sirvieron para prolongar la agonía del pueblo misionero.

En 1827, San Miguel y Loreto se incorporaron a Corrientes; otro tanto hizo el resto de la población guaraní en La Cruz, tras la firma del Tratado del 19 de Abril de 1830. Este pacto marcó la disolución definitiva de la Provincia histórica de Misiones.

Durante medio siglo Misiones fue un sector casi despoblado de la provincia de Corrientes, hasta que -en 1881- durante la presidencia de Julio Argentino Roca, se convirtió en un Territorio Nacional, pero sufriendo una nueva pérdida territorial, ya que parte de su antigua jurisdicción quedó en manos correntinas.

La condición de provincia recién será recuperada en 1953.

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