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MALESTAR MILITAR, LUCHA CONTRA EL INDIO Y POLITICA PORTEÑA INDUCEN CONVOCATORIA AL CONGRESO

Hacia fines de 1823, con dos años cumplidos de mandato, el gobernador Juan José Fernández Blanco iniciará la última etapa de su gestión que se caracterizará por la inestabilidad. En los años 1822 y 1823 había luchado denodadamente por defender las fronteras, mientras profundizaba su política unificadora con Buenos Aires.

Los problemas en la frontera norte con los paraguayos prefirió afrontarlos según las conveniencias de la época mientras que la invasión general abipona proveniente del Chaco la enfrentó con la fuerza o con el diálogo, usando las más de las veces ambos, sin lograr resultados definitivos.

La otra cuestión sobre la que debió tomar decisiones estaba relacionada con la política porteña -que avanzaba en sus ideas- liderada por Bernardino Rivadavia, escenario que empezó a ser resistido por militares y civiles.

Esa política de unificación con Buenos Aires le traerá al gobernador malestar primero y luego una abierta insurgencia militar que lo llevará incluso a renunciar a su cargo, lo que no se materializará porque el Congreso -que pocos meses antes había convocado, haciendo uso de sus facultades- se interpondrá y lo defenderá, justo en el momento cuando la situación más lo ameritaba.

- Los problemas fronterizos de fines de 1823

Desde antes de asumir el P. E., por el lado de las misiones surgieron dificultades que Fernández Blanco afrontará de un modo conservador si se quiere, tratando que los paraguayos se detengan en la Tranquera de Loreto.

La ocupación militar paraguaya -de lo que años después sería el Nordeste actual de la provincia- iniciada en Noviembre de 1821 será efectiva, con un concreto plan de organización comercial de una ruta que revivía antiguos nudos de comunicación comercial de la época jesuítica.

Desde Asunción, los productos eran trasladados hasta el antiguo pueblo jesuítico de Itapúa (Encarnación). Allí, en botes y pequeñas embarcaciones, se acarreaban los mismos hacia un pequeño destacamento militar, convertido en puerto comercial, fundado en la década de 1820, Trinchera de San José o de los Paraguayos -actual Ciudad de Posadas- antigua rinconada de animales durante la época jesuítica, que se refuncionalizó hasta convertirla en importante puesto de embarque y desembarco de los productos que enlazaban el comercio paraguayo-brasileño.

Desde Trinchera de San José las mercaderías se cargaban en carretas que unían esa localidad con el puerto del Hormiguero, en Santo Tomé.

Entre ambos puntos fueron fundadas varias postas, aprovechando viejas estructuras ganaderas -aún existentes- de la época jesuítica, tales como San Borjita, Santa María, San Alonso, Caá Zapá, Vuelta del Ombú o la misma San Carlos, destruida en 1818.

La alianza comercial entre el sur del Brasil y Paraguay se concretó a partir de 1823, comprometiéndose el Paraguay a exportar azúcar, sal, yerba, miel y tabaco “para cambiarlos por otros géneros”. Desde San Borja el comercio tomaba distintos puntos: Montevideo, Porto Alegre, Río de Janeiro.

La necesidad pública del momento, que era el evitar dos frentes simultáneos de conflicto, aconsejó tolerar el hecho, dejando para más tarde la definitiva solución del conflicto.

- La frontera Oeste

Las cosas no iban mejor en la lucha contra los pueblos originarios del Chaco. El enfrentamiento con los naturales del otro lado del Paraná -salvajes y bravíos- no pudo ser evitado. De nada valieron el reforzamiento de las milicias, los sucesivos “tratados de paz” o la entrega de bienes para lograr la paz y tranquilidad del indio. Los éxitos fueron temporarios, aunque algunos de ellos de significación, como lo fue el rescate de cautivos.

Caracterizando el plan general de defensa levantado en la costa occidental paranaense en esos dos años de gestión, llevará al gobernador Fernández Blanco, en 1824, a decir en Mensaje al segundo Congreso Provincial(1) lo siguiente:

“A este servicio es que se debe atribuir la remisión con que los bárbaros del Chaco han repetido sus incursiones pasajeras; y es de creerse que abandonarán en lo sucesivo este género de guerra, que no les da el provecho que los estimula a emprenderla.
“No hay que confundir los reveses que se han experimentado en los primeros ensayos; todo establecimiento, cuyo buen efecto se ha de recibir de la fuerza moral de la opinión y del espíritu público del país, está sujeto a resultados que no fueron previstos al concebirlo.
“Las cosas tienen su principio y el talento -que no es superficial- no debe sorprenderse al ver las oscilaciones y complicaciones que sufre un nuevo orden la primera vez que se ponen en movimiento los resortes diferentes que forman su organización”.

Y agregaba:

“Las empresas más benéficas, que hoy acreditan a los países ilustrados, han presentado siempre el aspecto de las aguas que -agitadas y turbias- con la fuerza de los vientos, recobran lentamente su claridad en el estado de aquella quietud a que las llama su propio peso, para precipitar al fondo el lodo y las resacas”.

(1) Mensaje del 8 de Julio de 1824. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929). Edición del Estado.

Las palabras del gobernador muestran a un hombre sereno y decidido, convencido de haber tomado las mejores decisiones en esta lucha -cruel y feroz- que todavía no mostraba sus mejores resultados.

Dos años de gestión había tenido que invertir Fernández Blanco en la lucha contra los indios del Chaco; y estos no habían podido ser detenidos. Puede agregarse que a favor del último Tratado -fielmente cumplido por los indios-, pactado ya a fines de la Administración, se establecerán obrajes de madera en el Chaco, industria productiva y a la vez de conquista segura sobre los bárbaros.

- La política porteña. La Misión Cossio. Enfoque de Rivadavia

La tercera cuestión sobre la que tenía que tomar decisiones Fernández Blanco estaba la referida a la política que debía seguir con las provincias litorales. Ya en 1822, Corrientes había anudado su política con Buenos Aires al presentarse en Santa Fe y firmar el Acuerdo de paz y unión del Cuadrilátero.

El artículo 14to. del Tratado Público del Congreso Cuadrilátero estipulaba que cualquiera de las partes contratantes podía convocar un Congreso General “si creyese ser llegada la oportunidad de instalarse”.

Después del Tratado del Cuadrilátero, Buenos Aires había restablecido su prestigio como provincia y había asumido de hecho la conducción de las Relaciones Exteriores de las Provincias Unidas, celebrando Tratados y designando y recibiendo representantes consulares y diplomáticos(2), actuando como gestora de las otras provincias.

(2) Víctor Tau Anzoátegui. “Formación del Estado Federal Argentino. 1820-1852” (1965), pp. 17 y 29. Ed. Perrot, Buenos Aires. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

Rivadavia, promotor de la acción oficial de esta materia consideró, al iniciarse el año 1823, que había llegado el momento de preparar la futura organización nacional(3).

(3) “Un hábil trabajo diplomático precedió a las comunicaciones oficiales; Buenos Aires envió delegados a los Gobiernos de las demás provincias para conocer sus disposiciones sobre el punto: oportunidad de la convocatoria, promesa de asistencia, etc., etc.
“Era ya significativo el hecho de que la rica señora (Buenos Aires) se dignara invitar con formas corteses a sus parientes pobres; lo hacía seguramente para predisponerlas a su favor, ensayando el procedimiento de captación moral después de haberle fracasado el de la fuerza; pero, de cualquier manera, ello significaba un comienzo de declinación de su dogmatismo.
“Algo había aprendido desde el Año XX: no en balde se ataron los cabestros de los potros de “Pancho” Ramírez en las verjas de la Plaza de la Victoria, adquiriendo el valor de un símbolo.
“Ya no era el lautarianismo prepotente -que hacía elegir con sus ‘capataces’ a los diputados provinciales para la Asamblea del Año XIII- el que inspiraba ahora la invitación. La iniciativa, que venía a satisfacer un íntimo anhelo de las provincias fue aceptada por todas y se procedió al nombramiento de los diputados que las representaran”.
// Citado por Justo Díaz de Vivar. “Las Luchas por el Federalismo (Pedro Ferré, Don Juan Manuel...)” (1935). Ed. Viau y Zona, Buenos Aires.

Pero, para Rivadavia, organización no era lo mismo que Constitución; consideraba prematura la Constitución -como ya lo había dicho en ocasión del Congreso de Córdoba- y opinaba que -previamente- las provincias debían constituir una base fuerte y estable sobre la cual se organizara el Estado y, luego, cuando estuviese probada la bondad de la organización, podría dictarse una Constitución que de otro modo representaría una traba para aquélla.

Organizar era dotar a las provincias de las instituciones administrativas y culturales necesarias, estructurar las rentas, la educación, la milicia, la economía, etc.; en suma, Rivadavia quería ver repetirse en todo el país la experiencia que venía realizando en Buenos Aires bajo la condescendiente dirección de Martín Rodríguez.

Por otra parte, no es aventurado suponer que Rivadavia comprendía que una Constitución dictada en ese momento no podía ser otra que la federal y que tal cosa sería contraria a lo que él entendía por una buena organización.

Bajo este enfoque nació la misión del doctor Diego Estanislao Zavaleta a las provincias interiores, a la que luego se sumó -con otros objetivos, pero involucrando también el de aquélla- las de Juan García de Cossío al Litoral y del general Juan Gregorio de Las Heras al Norte.

La propuesta rivadaviana puesta en manos de los enviados consistía básicamente en invitar a todas las provincias a reunirse en “Cuerpo de Nación” bajo el régimen representativo. Se sugería -además- que cada provincia realizara los progresos propios que asegurarían su paz y desarrollo y, por fin, para aventar toda sospecha, se dejaba constancia de que las personas que mejor podían servir a la organización del Cuerpo Nacional eran aquéllas que hoy gobernaban a los diferentes pueblos.

Varias provincias, interesadas en la organización nacional, prestaron su conformidad a la propuesta, pero no sucedió lo mismo con Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, La Rioja y Catamarca que se mostraron suspicaces frente a la idea. En particular, Juan Bautista Bustos, que acababa de ver rechazada su propuesta de un Congreso Nacional, no podía explicarse este cambio de frente sino suponiendo que se pretendía -a través de la nueva sugerencia- establecer un régimen unitario.

Pese a lo heterogéneo de las respuestas, Rivadavia, que veía avecinarse el fin del Gobierno de Rodríguez, no quiso terminar su función ministerial sin concretar su idea de un Poder Nacional.

El 27 de Febrero de 1824 se dictó la ley que invitaba a todas las provincias a enviar sus diputados a un Congreso General. Este no era convocado como constituyente, conforme a la óptica de su creador, pero era obvio que su obra iba a desembocar en una Constitución, como lo revela la decisión de la Legislatura porteña de reservarse el derecho de aceptar “la Constitución que presente el Congreso Nacional”.

Fernández Blanco aceptará la propuesta de Buenos Aires pero no todos en Corrientes lo seguirán. De las conversaciones con Cossio saldrá la convocatoria al Congreso Provincial, pero también de ellas se derivará la revuelta militar, sector cuyos integrantes estaban divididos en el debate que originó la visita de García de Cossio.

La rivalidad de elementos militares utilizados -sin distinción de opiniones- en reprimir los avances de los indígenas del Chaco, originará un golpe militar que sólo el Congreso podrá neutralizar.

Institucionalmente, 1824 será el año más dinámico, intenso y complejo del proceso histórico insurreccional de la provincia de Corrientes, que debe enfrentar varios acontecimientos cruciales:

* el Congreso General Constituyente;
* la sublevación de los dragones;
* la convocatoria a la nueva Legislatura (Congreso General); y
* la elección del nuevo gobernador.

Como se sabe, el Congreso General es una de las derivaciones del Tratado del Cuadrilátero, por la cual Buenos Aires cursa invitación a las provincias “para reunir lo más pronto posible la Representación Nacional”.

El enviado a Corrientes es Juan García de Cossio y, aunque la ley porteña de convocatoria es del 27 de Febrero de 1824, ya el 12 del mismo mes un decreto de Fernández Blanco convoca a un Congreso Provincial y el 15 de Marzo se reúnen los diputados.

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