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Reaparición de Rivadavia alarma a federalistas correntinos

La reaparición de Bernardino Rivadavia en la escena pública alarmaba a Pedro Ferré y a los hombres del nacionalismo correntino que pensaban como él.

Aquél, que era un hombre de visión aguda y sabía que aunque el lobo se disfrace de cordero siempre es lobo(1), presentía que la presencia del ahora ministro del gobernador porteño ponía el alerta sobre el futuro político inmediato en el Río de la Plata.

(1) Justo Díaz de Vivar. “Las Luchas por el Federalismo” (1935), capítulo titulado “1821”, Buenos Aires. Ed. Viau y Zona.

No se engañaba por las nuevas apariencias con que se mostraba ahora el estadista que en la vida política argentina representó el espíritu del mal.

Rivadavia había permanecido largo tiempo en Europa, gestionando en diversas partes y Cortes; era el Lorenzo de Médici con que la burguesía porteña quería obsequiarnos.

Si bien fracasó en su misión, personalmente la estadía en el mundo civilizado le hizo mucho bien. El personaje aldeano semibárbaro de 1811 había tomado contacto con un ambiente pulido, en el que seguramente no respiraba a gusto pero que limó algo sus aristas y le dio una concepción más templada de lo que es la convivencia social.

Como era inteligente, adquirió allí un bagaje de ideas y conceptos avanzados y revolucionarios para lo que era la quietud del ambiente colonial de su tiempo: en lo administrativo, en lo cultural, en lo económico y en lo social.

Ministro del gobernador Martín Rodríguez, las aplicó con vigor y energía en la provincia de Buenos Aires y dio a ésta, y cobró él, un brillo que irradió en las demás.

Este es el gran aporte de Rivadavia al desarrollo de la civilización en la República, en la admiración de lo cual hay unanimidad y que la posteridad reconoce y agradece, y que hace olvidar a muchos sus desaciertos, su violencia y sus atentados.

Pero los hombres de las provincias, sin dejar de estimar estos méritos, desconfiaban -y estaban en lo cierto- de su temperamento dominador y prepotente y temían, como un terrible peligro para sus libertades, el prestigioso resurgimiento del hombre del Triunvirato.

Estaban dispuestos a combatir sus demasías y su tendencia absorbente y tenían su tarea facilitada por el apoyo que les prestaban las masas, la opinión pública -a quien realmente representaban- y cuyo exponente eran; así, el éxito de Ferré y de los que como él pensaban, era fácil, pues la semilla caía en terreno abonado.

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