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La opinión pública en Corrientes. Sublevación de Mansilla

Basta la lectura de las condiciones de paz establecidas en San Nicolás entre los gobernadores de Santa Fe y Buenos Aires para comprender el júbilo que debieron inspirar al pueblo correntino, como la ardiente esperanza de una próxima liberación.

Su situación geográfica, con el Chaco impenetrable al occidente y el centro de los recursos de López Jordán en La Bajada -sobre el Paraná- cerraba el camino a un movimiento armado que cooperase en la empresa, movimiento que, sin la garantía de comunicaciones abiertas con Santa Fe, resultaría inocuo, reduciéndose en la hipótesis del más amplio éxito a un pronunciamiento local.

Corrientes estaba, asímismo, desarmada; su juventud, nervio de la acción libertaria, había sido enrolada en las unidades del Ejército de Ramírez, pero si bien las circunstancias la impedían a seguir sufriendo el yugo impuesto, no cerraron las puertas a la obra de la oposición, a la de no hacer o prolongar el cumplimiento de órdenes expresas y urgentes, dando tiempo a que el proceso militar le brindase la oportunidad de definir el movimiento armado.

A toda clase de recursos se apeló para restar al Organismo político de la República Entrerriana la cooperación de la provincia. De sus representantes electos al Congreso de Paraná, sólo se puso en camino Araujo.

El presbítero Cabral se negó a ponerse en marcha; su actitud insistente contaba -sin duda- con la complicidad del propio comandante interino Fernández Blanco, que el 7 de Septiembre de 1821 hacía al titular, Carriego, siempre en Goya, una curiosa pregunta:

“En la votación que hizo la Junta de Electores -le decía(1)- salió agraciado con tres votos el del pueblo de San Roque, don Pedro Díaz Colodrero, quien después de los representantes electos fue el que más votos tuvo”. Y terminaba solicitando su opinión de si debía hacer marchar a éste en reemplazo del presbítero Cabral...

(1) Oficio del 7 de Septiembre. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929), capítulo XXII. Edición del Estado.

En tanto, Estanislao López no sólo hizo llegar a Corrientes lo estipulado en San Nicolás. Días antes de firmar el Tratado de San Nicolás, el santafesino procuró estimular la reacción correntina al hacer llegar la noticia de la libertad de Lima, capital del Perú, que O’Higgins desde Chile comunicaba al gobernador de Santa Fe, en cuyo oficio se incitaba a la reunión de los pueblos enfrentados y que el destinatario pasó a Corrientes, como un llamado al patriotismo(2). Dice esta interesante pieza:

“El gran suceso de la libertad de la capital de Perú, que tengo la honra de comunicar a V. S. por los adjuntos dccumentos que lo comprueban, debe causar en el ánimo de V. S. la misma emoción que en el mío.
“El es de tal influencia a la suerte de la América Meridional que no ceso de mirarlo como muy superior a cuánto podíamos esperar, sin embargo, de que por las últimas noticias que habíamos recibido, de las acertadas operaciones del Ejército Libertador y de la bella disposición de los pueblos, lo creíamos infalible.
“Yo congratulo a V. S. por él y me anticipo a experimentar el placer en que ha de rebosar su alma generosa. Al mismo tiempo, me lisonjeo de que su prudencia sabrá aprovechar la proposición que ofrece ese feliz acontecimiento para reducir los pueblos a un centro de unión, que restablezca el orden y renueve su natural energía y ese espíritu público con que supo arrostrar las arduas empresas.
“Dios guarde a V. S. - Palacio Directorial de Santiago de Chile. Agosto 16 de 1821. -Bernardo O’Higgins. - Al Sr. Gob. de Santa Fe”.

(2) El oficio de O’Higgins obra en el Archivo de Corrientes. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929), capítulo XXII. Edición del Estado.

En tanto, ni Ricardo López Jordán ni Carriego cesaron en sus pretensiones de legalizar el régimen político de la República Entrerriana con una elección -más o menos regular en las formas- de Jefe Supremo y es así cómo, abandonando el procedimiento del Congreso de Representantes, fracasado, se dispone -en Bando del 22 de Septiembre- que el día 29 el pueblo de Corrientes elija sustituto al general Ramírez(3).

(3) El Bando lo firma Fernández Blanco, por disposición del titular Carriegos. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929), capítulo XXII. Edición del Estado.

- Sublevación de Mansilla

Los esfuerzos de Ricardo López Jordán por evitar la disgregación de la República de Entre Ríos resultaron inútiles. Nada ni nadie podía evitar ya la caída del edificio político levantado por Ramírez. Las fuerzas que se oponían eran muchas y poderosas: los Gobiernos de Buenos Aires y Santa Fe -desde fuera de la “República”- y Lucio Mansilla -su personero- dentro de ella.

El hermanastro de Ramírez -en carácter de Supremo interino- intentó una política de paz con los Gobiernos de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, pero sus propuestas pacifistas no fueron aceptadas. Al mismo tiempo dispuso la convocatoria de un Congreso el que por comicios de terecr grado, debía proceder a la elección del nuevo titular de la República de Entre Ríos.

Era decisión de los poderdantes elegir a Ricardo López Jordán como Jefe Supremo titular, ya que hasta entonces se venía desempeñando en caracter de interino. Con la conducción de este otro hijo de Concepción del Uruguay, se pretendía dar continuidad al proceso. Hermano materno de Ramírez y adherido a su ideario desde hora temprana, se estimaba que sabría defender con valor y altura el edificio político construido por Ramírez.

Pero el destino quiso otra cosa. El Congreso proyectado no alcanzó a realizarse porque los acontecimientos se precipitaron de tal manera que no habría de lograrse ninguno de los objetivos citados: ni la elección de López Jordán ni la perduración de la República de Entre Ríos.

El 23 de Septiembre de 1821, el coronel Lucio Norberto Mansilla - jefe de un regimiento acantonado en Paraná- encabezó un movimiento insurreccional que desconoció la ya bastante maltrecha autoridad de López Jordán. Mansilla no estaba solo; se sabía apoyado por el gobernador de Santa Fe, la escuadrilla porteña al mando de Matías Zapiola y la inconsecuencia característica de Eusebio Hereñú.

Mansilla, a la cabeza de las fuerzas de infantería formada toda de correntinos, fuerte de 700 plazas, se había pronunciado contra López Jordán aceptando las bases estipuladas por los gobernadores de Buenos Aires y Santa Fe en San Nicolás. Mansilla asumió el mando político y militar de Paraná y el 28 de Septiembre de 1821 se hizo elegir gobernador con el título de General en Jefe Libertador y Gobernador Provisorio.

Apoyado luego por fuerzas del gobernador López y por las del coronel Eusebio Hereñú -que también se pronunció- rompe el cerco que López Jordán y el comandante Piriz pusieron a La Bajada (hoy Paraná) y quienes se retiraron hacia Punta Gorda (hoy Diamante).

Para evitar un enfrentamiento que ensangrentaría nuevamente al pueblo entrerriano, se convino un armisticio a fin de buscar una solución conciliatoria. La tregua duraría hasta la reunión de un congreso a celebrarse el 25 de Octubre.

Pero la lucha era inevitable. La ingerencia de Estanislao López en los asuntos de Entre Ríos fue evidente. Tanto es así, que el propio gobernador de Santa Fe y su secretario Juan Francisco Seguí se instalaron en Paraná y sin ningún tipo de tapujos supervisaron las operaciones bélicas.

Poco a poco el éxito se fue inclinando en favor de Mansilla hasta que el 20 de Octubre de 1821 su aliado, Hereñú -al frente de las fuerzas insurrectas, casi todas correntinas- destrozó en el Gená a la vanguardia de Gregorio Piriz.

Ante la derrota, Ricardo López Jordán, Cipriano de Urquiza, Mariano Calveno, Anacleto Medina, Juan Ovando y el propio Piriz -junto con otros oficiales y algunos soldados. cruzaron el río Uruguay, se internan en la Banda Oriental y se refugian en Paysandú.

El 23 de Octubre de 1821 Hereñú ocupó Concepción del Uruguay, saqueada por las tropas santafesinas, previa defección de su Comandante Militar Pedro Barrenechea. La República fue dada por extinguida, Mansilla -aliado con Santa Fe y Buenos Aires- el 16 de Diciembre de 1821 fue electo Gobernador titular. Este fijó su capital en Paraná, donde sus aliados porteños y santafesinos pudieran defenderlo

- Hacia el levantamiento. Las fuerzas correntinas en Paraná se pronuncian con Mansilla

Estaba en el orden de los sucesos que Corrientes no había de efectuar esta elección. El Comandante de Armas titular Carriego, que vuelve de la campaña a la capital a presidir el acto, recibe de López Jordán un extenso Oficio -fechado el 26 de Septiembre- en que le comunicaba graves acontecimientos(4).

(4) Además de los sucesos, advertíale a Carriego la necesidad de hacer pública la traición de Mansilla, para evitar seducciones ... Precisamente, lo que Carriego no hizo. Le agregaba, debía salir a la campaña con las fuerzas. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929), capítulo XXII. Edición del Estado.

Pero ya antes del encuentro de Arroyo Gená, el pronunciamiento de las fuerzas correntinas en La Bajada había tenido toda la trascendencia política que el momento histórico exigía. Instrumentos de la Justicia providencial -que brilla sobre el dolor de las tiranías, el clamor guerrero de los hijos pródigos- había extendido la onda vigorosa de su llamada hacia el subtrópico nativo y desde las enmarañadas orillas del Guayquiraró -al linde del Paraná doblado en ángulo recto sobre el cauce ajustado al meridiano, que dividió los campos guerreros- vibró el corazón del pueblo en el tono de bronce de los momentos decisivos.

Es que sólo se esperaba el punto de apoyo que mantuviese abiertas las comunicaciones para reaccionar de la tiranía, dejando que el lenguaje espontáneo de la libertad modulase el himno de la vida autónoma, fecundada por el tributo generoso de veinte años de vida libre y por el largo período colonial, severo y propicio a la esperanza...

Y así fue. Evaristo Carriego, alarmado por las noticias que le transmitía López Jordán, retuvo toda la correspondencia pública y privada que llegaba por el correo y tomó sus medidas para prevenir los acontecimientos.

El 3 de Octubre, Mansilla escribió a Carriego instándolo a plegarse a sus fuerzas o mantenerse neutral ... él -más que nadie- conocía el pensamiento del pueblo de la capital, como la enorme influencia que sus más destacados ciudadanos ejercían sobre los Comandantes de campaña.

Posesionado perfectamente de la ruda penetración en la masa de los sentimientos libertarios, comprendió que la clave se encontraba en retirarse de la ciudad-cerebro, desligando a las unidades armadas del impulso poderoso de la tradición y, en ese concepto, alistó las fuerzas veteranas y congregó a los Cívicos, tercios organizados para la defensa del solar comunal.

El temor a Francisco Ramírez era el único apoyo de Evaristo Carriego; a más de ser un desconocido, no supo atraer voluntades ni tenía fuerza militar adicta.

Cuando aquél pereció y el comandante Lucio Mansilla se pronunció contra Ricardo López Jordán -pretendiente a la herencia del mando de su hermano- el pueblo de la capital depuso a Carriego -sin disparar un tiro- el 12 de Octubre de 1821.

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