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Gran Bretaña y el Río de la Plata en el siglo XIX

El profesor H. S. Ferns (de la Universidad de Birmingham), en su obra “Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX” (1979). Editorial Solar, Buenos Aires, realizada en 1960, sostuvo la tesis de que la realización del nacimiento político del Estado argentino ha sido consecuencia de la rivalidad secular en la historia mantenida entre España e Inglaterra y que asimismo fue determinante para dicho nacimiento político la ayuda inglesa a través de las bases políticas y diplomáticas de las vinculaciones desarrolladas entre Gran Bretaña y las Provincias Unidas del Río de la Plata lideradas por Buenos Aires, en los diferentes períodos del desarrollo económico de esta última.

El centro de atención de esta obra es para el autor inglés -a quien no se le puede imputar el adjetivo de xenófobo- el conjunto de actividades comerciales y financieras.

- Cuando el fracaso exige una explicación. Papel de Inglaterra en el proceso político rioplatense

Comparar en historia puede originar interrogantes, sin saber a ciencia cierta cuál podría ser la respuesta. El objetivo es comprender un proceso histórico a través de una tesis que luego pueda ser probada con datos objetivos.

Aquí la pregunta es: ¿Por qué países como Estados Unidos o Brasil crecieron como mancha de aceite hasta multiplicar varias veces su territorio soberano y países como la Argentina han involucionado, perdiendo hasta el 50 % de su territorio original?

Una respuesta simple, abarcativa pero lejos de ser completa, señala que al nacer Estados Unidos (en 1776/1783) Europa estaba inmersa en una guerra civil de la que recién pudo escapar en 1815 con la derrota definitiva de Napoleón. La paz lograda en ese año durará 100 años, hasta 1914, con el inicio de la Primera Guerra Mundial.

Esto significó que un país, como Estados Unidos, tuvo que sostenerse a sí mismo en esos primeros años sin interferencia extranjera alguna, lo que implicó un crecimiento unificado y sólido tanto en la producción de materias primas como de sus manufacturas e industrialización.

En cambio, las Provincias Unidas del Río de la Plata nacen en 1810, es decir, cuando Europa se fortalece al salir de la guerra civil e ingresa en un proceso de paz que durará cien años; esto la hará mirar a su alrededor, observar otros horizontes y conquistar o colonizar el mundo no europeo, fuente de materias primas y mercado de sus productos industriales.

Si partimos del principio que intelectualmente Washington, Adams, Jefferson o Madison no eran superiores en sapiencia a Belgrano, Moreno, San Martín o Rivadavia, podría concluirse que aquella tesis -general si se quiere- no deja de estar alejada de la verdad histórica.

- Los hechos

Al momento de producirse la separación de la actual República Argentina de los Reinos de Indias estaba vigente, como estructura política, el Virreinato del Río de la Plata, integrado -como es sabido- por ocho Intendencias y cuatro Gobiernos militares; estos últimos correspondían a áreas periféricas, en las que eran constantes las fricciones con las posesiones portuguesas.

La Argentina, por múltiples razones, es la legítima heredera de ese Virreinato.

Una nota distintiva de la historia nacional es el progresivo desmembramiento o desintegración del citado Virreinato y su consecuente disminución territorial, a tal punto que hoy la Argentina sólo tiene 2.800.000 km2 aproximadamente, de una entidad territorial originaria cuya superficie ha sido estimada en algo más de 5.000.000 km2.

Muy diferente fue el proceso de integración territorial de los actuales Estados Unidos y Brasil que, a partir de pequeños territorios situados a la vera del océano Atlántico se expandieron continuamente hacia el Oeste.

Inmediatamente después de los sucesos de Mayo de 1810 subsistieron las estructuras administrativas vigentes durante el Virreinato, pero pronto surgieron deseos de autonomía por parte de algunas ciudades del Interior, descontentas con el giro político y económico de los acontecimientos de entonces; signo de ese descontento fue la creación de las Juntas Provinciales (Abril de 1811).

Las crecientes demandas de los pueblos del Interior debieron ser satisfechas y así, entre 1813 y 1814, las ciudades más importantes -junto con las áreas rurales circundantes- se erigieron en Provincias, en gran parte merced a la acción de sus respectivos Cabildos.

Con la anarquía política registrada en Buenos Aires en 1820, el proceso se completó y a su término estaban conformadas las trece provincias iniciales. Hacia 1822, lo que será Argentina, estaba dividida en trece provincias (Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, La Rioja, Mendoza, Salta, San Juan, San Luis, Santa Fe, Santiago del Estero y Tucumán), que se transformaron en catorce cuando -en 1834- Jujuy -que también adquirirá el carácter de Provincia- se separó de Salta.

A estas trece provincias raigales deben adicionarse -esporádica y discontinuamente- el Paraguay (separada desde 1811), la Provincia Oriental del Río de la Plata (actual Uruguay) y las provincias del Alto Perú (actual Bolivia). Por ello el país se denominaba Provincias Unidas del Río de la Plata.

Ellas son las que organizaron el país en sucesivas instancias, son las que aparecen aludidas en el Preámbulo de la Constitución de 1853 y son las que -sin mayores variantes- aparecen en los mapas del país durante casi un siglo.

- La presencia británica

La potencia que se hace presente en el Río de la Plata es Inglaterra; luego lo será Francia. La primera intentará asentarse por la fuerza en un primer momento, pero esta actitud será rechazada.

Para Ferns, el 8 de Junio de 1806 supone el inicio de la historia de las relaciones anglo-rioplatenses. En esa fecha una flota británica -comandada por el comodoro sir Home Popham- apareció en el Río de la Plata, pretendiendo atacar el Virreinato.

De aquel conflicto armado se siguió la caída de la autoridad de la Corona española y el nacimiento de las Provincias Unidas.

La monarquía española en América comenzó a agonizar cuando el virrey Sobremonte huyó ante las tropas británicas; cuando las tropas mandadas por Santiago de Liniers y Juan Martín de Puyrredón obligaron a la rendición a los invasores ingleses, ya estaba concebida la revolución como institución viva.

A pesar de su fracaso, sir Home Popham pensó que la comunidad de Buenos Aires estaba madura para un cambio. El golpe que él asestó al Virreinato terminó con el poder de España y el monopolio comercial -que era una de las consecuencias distintivas de aquél-.

Si se juzga a la luz de la historia posterior la serie de acontecimientos que Popham puso en movimiento, abrió para Gran Bretaña una cantidad de crecientes oportunidades económicas y comerciales.

Cuando, en la semana de Mayo de 1810, el cabildo abierto de Buenos Aires depuso al virrey y designó una Junta para que gobernara en nombre de Fernando VII, se afirmó de la misma manera una doctrina política conservadora y una política económica radical cuya finalidad consistía en deshacerse de uno de los elementos de la economía que ponía límite a las relaciones del Río de la Plata con el mercado mundial.

Las consecuencias económicas subsiguientes al acto político del 25 de Mayo fueron una señal del poder creciente de los diversos intereses locales. Así, por ejemplo, al cabo de tres días se levantó la prohibición que pesaba sobre el comercio con extranjeros.

Pero el establecimiento de intereses británicos en el Río de la Plata data de los años 1806-1807; de hecho, sobre la base del tráfico clandestino (contrabando) comenzó a desarrollarse en Buenos Aires una comunidad británica.

No obstante, una vez que la revolución contra España -y la monarquía española- comenzó a desarrollarse, fueron eliminándose en forma gradual las limitaciones en la penetración de la empresa británica.

La década 1810-1820 mostrará el intento fallido de Buenos Aires por imponerse en todo el territorio. Fracasará. Las Provincias se consolidan en su autonomía quedando como eventual ligazón nacional, el flujo comercial.

Pero también en esos quince años que transcurren entre 1810 y 1825 se consolidará la presencia británica en Buenos Aires. Es que después de la derrota en Norteamérica y si se quiere en el Río de la Plata, Gran Bretaña optará por una política colonial básica: la asociación, apoyándose en las autoridades y en las jerarquías locales para ejercer su control.

Esta forma de ejercer el poder recibió el nombre de “Gobierno indirecto”, que suponía reconocer el lugar de poder de los soberanos locales sobre un territorio determinando, fijarle límites e imponer condiciones de convivencia.

En el Río de la Plata, el acuerdo Ingalaterra lo cierra con las autoridades de Buenos Aires. Básicamente, el inglés solicitaba a sus socios vender barato y comprar barato, dejando a los lugareños el tener el control del territorio. La búsqueda británica en esos años era que sus intereses se fundieran con el de la provincia bonaerense, una entidad estatal que podía comercializar con el Imperio.

De hecho, en 1825 se concretó un Tratado anglo-bonaerense de Amistad, Comercio y Navegación cuyo objetivo -según la política de Canning- era establecer una completa igualdad legal y política entre los Estados británico y rioplatense; asimismo representaba un esfuerzo para crear una relación comercial libre entre una comunidad industrial y una comunidad productora de materias primas.

En el conflicto argentino-brasileño de los años 20 a causa de la llamada “Banda Oriental” -en el futuro Uruguay- que culminó el 20 de Febrero de 1827 en Ituzaingó al ser derrotadas las tropas brasileñas, la labor de Gran Bretaña fue clave en su representante Lord Ponsomby, sobre todo en las cláusulas de las condiciones de paz: Buenos Aires hubo de someterse, muy a su pesar, a la exigencia de dejar que la Banda Oriental constituyese un Estado independiente (25 de Agosto de 1828); dicha labor se hizo para defensa de los intereses económicos británicos y, más aún, porque se estaba perfilando el posible dominio de la esfera económica de los Estados Unidos.

Era el sistema colonial de asociación de Gobierno indirecto que pactó Inglaterra con Buenos Aires.

La independencia del Paraguay fue consecuencia de la negativa de Buenos Aires a acordarle los derechos exigidos por aquel pueblo. A ello siguió la clausura de los ríos, que impidió al Paraguay cosechar beneficios de la misma.

Dice Alberdi: “El Paraguay quiso abrir comercio directo con Inglaterra en 1814. Buenos Aires lo estorbó. Lo intentó otra vez en 1825; lo estorbó otra vez Buenos Aires. Otro tanto pasó en 1842”(1).

(1) Enrique Rivera. “José Hernández y la Guerra del Paraguay” (1954), p. 33, Buenos Aires. // Citado por Roberto Zalazar. “Pedro Ferré y el Federalismo” (1964), Corrientes.

Y si se quiere, la presencia británica es la que decide en última instancia la independencia de las provincias del Alto Perú de las Provincias Unidas.

En Noviembre de 1824 el general Antonio José de Sucre venció a los realistas en Ayacucho y aseguró la independencia de la América Meridional. El Ejército enemigo se disolvió a causa de una sublevación -en la que pereció el general Pedro Antonio Olañeta- y el vencedor ocupó militarmente el Alto Perú.

En Julio de 1825 Sucre convocó una Asamblea General en Chuquisaca, la cual proclamó -el 6 de Agosto de 1825- la independencia del Alto Perú, no sólo de España, sino también de las Provincias Unidas del Río de la Plata, a las que había pertenecido.

El nuevo Estado se denominó República de Bolívar -como homenaje al prócer- más tarde transformado en Bolivia.

Enterado de los acontecimientos, el Gobierno de Buenos Aires envió al general Carlos María de Alvear y al doctor José Díaz Vélez hacia Potosí, donde consiguieron entrevistarse con Simón Bolívar.

El objetivo diplomático de los comisionados argentinos era obtener la ayuda de Bolívar para hacer frente al Imperio del Brasil que había ocupado la Banda Oriental. Los comisionados pretendieron formar una Liga ofensiva de cuatro Repúblicas sudamericanas (Colombia, Perú, Provincias Unidas y Chile) para contener la peligrosa expansión brasileña.

Aunque al principio Bolívar se interesó, no se llegó a ningún resultado positivo por cuanto el primero temía la reacción de Inglaterra si Perú y Colombia intervenían en la cuestión.

Pocos años después, el régimen iniciado por Juan Manuel de Rosas será la continuidad de la política rivadaviana: la defensa a ultranza en sostener el monopolio de la asociación anglo-bonaerense. De esa asociación se deriva la muerte de muchos correntinos y la destrucción de su economía en la guerra civil que le insumirá prácticamente todas sus fuerzas.

Por eso, para comprender más acabadamente ls historia de Corrientes de la primera mitad del siglo XIX y sus relaciones con las provincias que se fueron y las que se quedaron en la comnidad argentina, se hace imprescindible interpretar y estudiar la presencia de ese Imperio gigante que fue Inglaterra que no sólo destruyó el Imperio español en América sino que cinceló el nacimiento y desarrollo de los países de esta parte del mundo.

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