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Proyecto de guerra al Brasil y la actitud de Corrientes

Para entender con claridad en los sucesos que se producen desde el Tratado del Cuadrilátero a la guerra con el Brasil, que liquida un problema secular en el Plata, debemos apreciar en todo su valor el vínculo estrecho que unía a la Banda Oriental con las provincias de Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe.

La dominación que el general José Gervasio Artigas ejerciera en esta zona y los sucesos dolorosos que llenan el período de 1812 a 1820, no pueden ser -dentro de la lógica histórica- fruto exclusivo de la eminencia personal del primero.

Sobre ella, explicándola con respecto a los pueblos argentinos, encuéntrase la articulación económica de estas tres provincias con la Banda Oriental durante el régimen colonial, debido al comercio de contrabando.

Los barcos de la Mesopotamia y del Paraguay eludieron el tránsito por Santa Fe, erigido en puerto preciso del comercio fluvial por cédulas reales, tanto por el recargo de fletes cuanto porque se evitaban los derechos de exportación que se abonaban en Buenos Aires, como los de “propios” que el Cabildo de ese punto creara con fines proteccionistas.

Producido el movimiento de Mayo, el vínculo se fortalece; España, que conserva Montevideo, en vez de atentar a esa articulación la estimula y conquistado este último baluarte hispánico las cosas se prolongan. Santa Fe se incorpora a esta política de la Mesopotamia; con amplia zona fluvial ve -como Corrientes y Entre Ríos- la inconveniencia de sujetarse a los reglamentos de la aduana de Buenos Aires, cuando resultaba tan fácil comerciar sin control y sin impuestos, sobre todo cuando el general Artigas da su conocido Reglamento de Comercio según el cual los productos que abonaban impuestos en una provincia no debían hacerlo en otra.

Era una especie de Liga Aduanera, aunque incompleta, puesto que cada provincia usaba sin dar cuenta de los fondos percibidos; Liga beneficiosa para las tres provincias argentinas desde que Montevideo, que pudo ser en el hecho el único puerto, cae después en poder de Portugal.

La clase comercial, de influencia notoria, estuvo con el pensamiento artiguista, como estuvo el pueblo por el régimen de democracia que se implantó atribuyéndole el poder de elegir sus mandatarios. La derrota y expulsión del general Artigas (1820) no es un mentís a esta forma de explicar los sucesos, porque aquel régimen se sustituye con la República Entrerriana, que también garantiza el comercio, libre de imposiciones dobles.

Liquidada esta “República” con la muerte del general Ramírez, las provincias litorales hacen la paz por el Tratado del Cuadrilátero pero, en esa fórmula, sólo Buenos Aires se beneficia con su Aduana.

Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes no miran con buenos ojos la dominación portuguesa en la Banda Oriental; necesitaban del antiguo puerto libre del período artiguista mientras, debido a los antiguos vínculos, les repugnaba el dominio extranjero en ese pueblo hermano. No en balde lucharon por su independencia, secundando y aliados al general Artigas.

La provincia más interesada en que esa dominación extranjera desapareciese era Santa Fe. Sus recursos militares daban a su política un carácter imperialista definido, habiendo sus hombres -aliados a Buenos Aires- pretendido ejercitar una verdadera hegemonía en la Mesopotamia. Tal vez buscase crear un poder que pudiese contrarrestar al de Buenos Aires o persiguiese, su gobernador, el general Estanislao López, fines de exclusivo beneficio personal, heredando a los generales Artigas y Ramírez.

Pero fuese cual fuere la razón de ese imperialismo, es indudable que el ambiente se cargó de nubes.

El general Lucio Norberto Mansilla, gobernador de Entre Ríos, alarmado, dirigió a los gobernadores de las provincias que suscribieron el Tratado del Cuadrilátero, solicitando una reunión de estos para considerar los problemas urgentes del momento político. El de Corrientes, previsor, solicitó una aclaración sobre los motivos de la reunión (Diciembre de 1822), pero bien pronto hubo de advertir la gravedad del orden de cosas.

El general López, de Santa Fe, deseaba declarar la guerra al Brasil, solicitaba la cooperación de Corrientes y amenazaba, ante la negativa de cooperar de Entre Ríos, con invadir su territorio. Era encender de nuevo la hoguera en el Litoral argentino, como cuestión previa a una guerra ofensiva contra el poderoso vecino del Oriente.

Las horas eran difíciles para la provincia de Corrientes. Verdaderamente despojada de sus recursos de todo género por el general Ramírez (1820-1821), apenas si el último año (1822) le había permitido -entre invasiones de los indios del Chaco y, de Misiones, desalojados por fuerzas paraguayas- restablecer en algo su orden público y la regularidad de su Organismo económico.

Una medida elocuente de sus angustias nos brinda la siguiente circunstancia: el Tratado secreto, del Cuadrilátero, obligábala a entregar como indemnización un mil quinientos pesos fuertes a Entre Ríos y mil cabezas de ganado a Santa Fe. Y bien: su Gobierno, exponiendo no existir ganado en su territorio, ofrecía a Santa Fe llenar la cláusula del Tratado con la remisión de tres mil pesos fuertes en que se apreciaba el valor de la entrega en especie...

Si a estas dificultades de su economía agregamos los nuevos sacrificios que una guerra impone, podemos imaginar la trascendencia de cualquiera de sus actos de gobierno: si estar con Santa Fe era luchar primero en Entre Ríos y luego con el Brasil, y estar con Entre Ríos, enfrentarse a Santa Fe.

Sólo el genio político del ministro de Gobierno, doctor José Simón García de Cossio encontró el norte en tan difíciles circunstancias. Y lo notable no es la habilidad con que se sortean los escollos, sino la clara visión de las cosas, después comprobadas en 1825 a 1828.

La síntesis de los puntos de vista de la política correntina obran en documentos de 21 de Marzo, 22 de Abril y 3 de Mayo de 1823: los dos primeros están dirigidos al Gobierno de la provincia de Santa Fe. El de 21 de Marzo, donde es amplia la respuesta del gobernante correntino a las razones que -según el de Santa Fe- justificarían la guerra contra el Imperio. Contestando a ese comunicado expresa el gobernador Fernández Blanco que en la resolución a tomarse no debía

decidir el partido que ha podido inspirar el amor a la libertad nacional y la funesta idea de una futura opresión; no ha debido obrar, ni la razón ni la justicia que nos asiste, ni el odio con que todos los momentos puede ser mirado el poder de un conquistador sin otros títulos que su ambición y fuerza”.

Y agrega:

el miramiento a la humanidad y los consejos de prudencia van de acuerdo para no dar principio a derramamiento de sangre sin esperanza probable de arrancar el territorio usurpado”.

Luego, ampliando su tesis, exponía que, apurados todos los recursos de las tres provincias (Corrientes, Santa Fe y Entre Ríos) no podrían pasar a la Banda Oriental 1.500 hombres, según datos seguros que tenía a la vista, a lo que debía agregarse que la guerra no sería corta.

El Gobierno de Santa Fe insistió, motivando el segundo documento correntino del 22 de Abril en que se exponen los argumentos con carácter definitivo. Esa guerra -le decía- va a ser larga, demandando sacrificios prolongados, para lo que las tres provincias unidas no tienen recursos suficientes.

Supongamos -se agregaba- que el heroismo de nuestros ejércitos triunfe en la primera parte de la campaña; en tal hipótesis, sin los recursos, que no podemos arbitrar, aún en el caso de esa victoria, se tendría que abandonar el campo al enemigo.

Continúa el documento su análisis de la situación, partiendo de estas premisas, pero expresando que Corrientes ajustaría su conducta a lo que se resolviese en el Congreso Provincial que convocaría.

En cuanto al propósito de invadir a Entre Ríos para obligarla a luchar, el gobernante correntino hacía un llamado a la paz, de alta elocuencia.

El otro documento, del 3 de Mayo, dirígese al gobernador de Entre Ríos, contestando el oficio en que esta provincia daba cuenta de la actitud de Santa Fe explorando la opinión correntina. Significábasele que Corrientes la auxiliaría “sin ser un mero espectador” de los sucesos cumpliendo así lo pactado en los Tratados del Cuadrilátero.

La actitud del Gobierno de Santa Fe está explicada por el pedido de auxilio que, para su liberación, formulara ante esa provincia y la de Buenos Aires, el Cabildo de Montevideo. Mientras la última enviaba a Dn. Valentín Gómez a Río de Janeiro reclamado la devolución de la Banda Oriental a las Provincias Unidas, Santa Fe, más ejecutiva, inicia la acción política y militar de que dimos cuenta.

Entendía su gobernante que, además de la popularidad de un movimiento de independencia, habría de favorecer a la campaña militar las luchas entre las fuerzas de Portugal y las del Brasil, que declarara su separación de la metrópoli bajo las formas imperiales.

La actitud de Corrientes contrariaba estos planes que la historia prueba fueron realmente inoportunos. La Banda Oriental había declarado -por un Congreso de Representantes- su voluntad de incorporarse al Imperio del Brasil, y aunque era presumible la presión del invasor, el acto estaba en pie y sugería dudas sobre la actitud del pueblo.

Entre Ríos, no satisfecha con la neutralidad amistosa que Corrientes le prometía para el caso de guerra con Santa Fe, concluye por dejarse influir por los planes del general López y se suscribe -por las dos provincias- el 4 de Agosto de 1823, un Convenio para ayudar a Montevideo a expulsar a los portugueses en el que, además de arreglar sus diferencias, resolvían invitar a las provincias de Corrientes y Buenos Aires para cooperar en la lucha.

Por su parte, el Cabildo de Montevideo, para precipitar los sucesos y convencer a la opinión pública argentina, declaraba el 29 de Octubre del mismo año nulas las Actas de incorporación al Imperio, manifestando la libre voluntad del pueblo oriental de pertenecer a la comunidad argentina.

El Tratado entre Santa Fe y Entre Ríos para invadir la Banda Oriental, declarando la guerra al Imperio, alarmó a los hombres de Buenos Aires. El abrir una lucha sin garantías de triunfo, por dos de las provincias argentinas, contra un Estado poderoso, importaba comprometer a la nacionalidad.

Si el Brasil triunfaba, era difícil calcular el límite de sus exigencias, no con respecto a las dos provincias decididas a la lucha, sino con el resto de la argentinidad. Corrientes reiteró sus puntos de vista; aún en caso de triunfo, los recursos eran tan pequeños que el esfuerzo debía limitarse y la obra resultar incompleta.

El primer paso lógico debía ver sumar voluntades. La tesis correntina que obtiene su comprobación después de la victoria de Ituzaingó, es aceptada por Buenos Aires, dando pie a una labor política de memorable recuerdo(1).

(1) Véanse los documentos citados en el Anexo de la obra de Hernán Félix Gómez. “Corrientes en la Guerra con el Brasil” (1928). Imprenta del Estado, Corrientes.

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