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Duplicación del número de congresales: ¿una maniobra unitaria?

Paulatinamente, el Interior fue haciendo llegar al Congreso su opinión sobre la forma de gobierno que debía establecerse en el país, en respuesta a la solicitud de la misma Asamblea que había resuelto consultar a las provincias a los efectos de que hiciesen llegar su opinión "sobre la forma de gobierno que crean más conveniente para afianzar el orden, la libertad y la prosperidad nacional...".

Al repasar las respuestas -ya en 1826- los diputados del Congreso observaron que seis provincias se habían pronunciado por el sistema federal, cuatro por la unidad de régimen y seis se remitían a la decisión del Congreso:

* Se pronunciaron por la federación: Entre Ríos, Santa Fe, Santiago del Estero, San Juan, Mendoza y Córdoba, si bien esta última rectificó un primer dictamen a favor del sistema unitario;
* Por la unidad de régimen se manifestaron: Tucumán, Salta, Jujuy y La Rioja;
* Quienes dejaron el asunto en manos del Congreso fueron: Corrientes, Catamarca, San Luis, Montevideo y Tarija(1).

(1) Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

* Mientras que Buenos Aires y Misiones se abstuvieron de opinar.

La respuesta no era concluyente y hacía del Congreso el árbitro de la cuestión. Luego, Bernardino Rivadavia vio posible consagrar el sistema unitario y, olvidándose de su anterior exigencia de que la Constitución fuese precedida por una sólida organización provincial, dejó que el Congreso se aplicase a su estudio, según el deseo de la mayoría de los diputados.

- Duplicación del número de congresales

En un Mensaje elevado al Congreso, el Poder Ejecutivo propuso constituir “una base más extensa para la representación nacional”. A tal fin planteó la necesidad de elevar al doble el número de diputados.

En la sesión del 19 de Noviembre de 1825, el Congreso votó afirmativamente la sugerencia del Poder Ejecutivo.

Esta iniciativa no deja de tener un matiz partidista. En efecto; puede ser considerada como una maniobra unitaria tendiente a dominar la opinión del Congreso, pues la provincia más beneficiada por esta resolución era Buenos Aires ya que, de nueve diputados pasaría a tener dieciocho.

De esta manera, la representación porteña podría impedir en cualquier momento que prosperaran asuntos desfavorables a sus intereses, pues sus dieciocho diputados constituirían un bloque sólido y unido.

Los del Interior, en cambio, verían menguadas sus posibilidades, pues estaban obligados a encarar viajes y estadías y, en algunos casos, designar representantes indirectos que residieran en Buenos Aires.

En Julio de 1826 se dio a conocer el dictamen de la Comisión del Congreso que propugnaba la forma republicana “consolidada en unidad de régimen”.

Pero si los congresistas eran sensibles a la lógica de los argumentos, no lo eran los pueblos interiores que aquéllos representaban y que estaban sensibilizados por las pretensiones de absorción del Poder Nacional.

Antes de que se concretara el articulado constitucional, la reacción estaba en marcha y en armas. Cuando la Constitución se dictó el 24 de Diciembre de 1826, ya había fracasado, no tanto por su contenido como por la situación política en que aparecía.

- La situación exterior de las Provincias Unidas

Al comenzar el año 1826, los sucesos políticos están unidos estrechamente a la situación exterior, es decir, a la guerra con el Brasil. El conflicto se convirtió en un problema nacional, tal como lo habían sostenido desde tiempo atrás los hombres dirigentes de Buenos Aires, quienes argumentaban que el peso de la lucha no debía soportarlo una sola provincia, sino que correspondía a toda la Nación.

Es que una de las causas por las cuales se reunió el Congreso fue la unidad del país frente al peligro exterior.

Aunque por razones nacionales todo el país debía colaborar en la guerra contra el Brasil, las provincias del Litoral -cuyas fronteras limitaban con el enemigo- y la propia Buenos Aires, sentían la imperiosa necesidad de expulsar a los brasileños de la Banda Oriental.

Para el resto de las Provincias Unidas, que nunca habían sentido la peligrosa proximidad del enemigo, la cuestión no era tan importante ni urgente.

De tal manera, a comienzos de 1826 debían resolverse tres problemas de importancia: la unión de todas las provincias para la lucha exterior; concentrar la autoridad del Gobierno en una sola persona; y mejorar la situación financiera a fin de abastecer el Ejército y crear una Escuadra.

Los problemas exteriores favorecieron a los hombres del partido unitario, quienes eran mayoría dentro del Congreso, pero no en el país. Cultos e ilustrados, los unitarios se oponían desde tiempo atrás a las autonomías provinciales y bregaban por el predominio porteño.

La guerra contra el Brasil y la necesidad de concentrar el poder favorecieron sus aspiraciones por el mando. En las filas de este partido -que apoyaba a Rivadavia- militaban, entre otros, Julián Segundo de Agüero, Manuel Castro y Valentín Gómez.

El partido federal, opositor del anterior, contaba con la adhesión de los caudillos y los pueblos del Interior; sus integrantes defendían sus propias instituciones y luchaban contra la tendencia centralizadora de Buenos Aires. Entre sus principales representantes pueden citarse a Manuel Moreno y Manuel Dorrego.

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