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De Rivadavia a Dorrego

El fracaso de la Constitución Nacional de 1826 y la crisis que le siguiera traen la renuncia del presidente Bernardino Rivadavia a principios de Julio de 1827 y el Congreso, que busca demorar su caída, elige como sucesor al doctor Vicente López y Planes, cuyas cualidades personales, de bonhomía y alejamiento de los sucesos lo hacían el hombre aparente para un período de transición.

El coronel Manuel Dorrego, alma del partido federal en los debates del Congreso, pudo ejercer ampliamente su preeminencia política, colocar sus amigos al frente de las funciones públicas y estrechar vínculos con los gobernadores de provincia, especialmente con los de Santa Fe, Santiago del Estero, Entre Ríos, Salta y Córdoba.

El doctor López y Planes conociendo lo violento de su situación, hace presente su voluntad de resignar el mando y el Congreso da la ley del 3 de Julio de 1827 que sometía al Ejecutivo la invitación a las provincias para la reunión de una Convención Constituyente, disponiendo la elección de representantes de la ciudad y territorio de Buenos Aires.

Efectuados los comicios, el Congreso Nacional se disolvió y la Junta de Representantes designa gobernador de la provincia a Dorrego. Las demás provincias lo invisten con las facultades necesarias para el ejercicio de las Relaciones Exteriores y la de Córdoba hace público su pensamiento de concentrar la soberanía de las provincias en un Congreso para dar organización constitucional a la Nación.

Aceptado el propósito, empiezan las provincias a designar diputados que debían reunirse en Santa Fe o en el lugar que la Convención resolviese.

En el teatro de la guerra con el Brasil las novedades también se precipitan. El general Carlos de Alvear, el victorioso de Ituzaingó, presenta la renuncia de su cargo; es reemplazado en el Comando del Ejército de Operaciones por el general Juan Antonio Lavalleja, y se busca producir acontecimientos que llevasen a una paz digna para la República, en reemplazo de aquélla convenida por Manuel José García y repudiada por toda la opinión argentina.

Asegurar la organización del país y dar base firme a la guerra con el Brasil constituyeron los propósitos fundamentales del nuevo gobernante. A ese efecto, despachó enviados a las provincias, acreditando ante los Gobiernos litorales al doctor Pedro Pablo Vidal.

Suficientemente autorizado, el P. E. suscribió con el canónigo doctor Vidal, comisionado del Gobierno de la provincia de Buenos Aires, por intermedio de Eulogio Antonio Villagra, Ministro Secretario en todos los Departamentos del Gobierno de Corrientes, en la capital de esta última, y el 11 de Diciembre de 1827, un Tratado que sintetiza las preocupaciones de la opinión(1).

(1) Véase con el Nro. 60 a 62 el texto del Tratado, de su ratificación por Corrientes, su adición por Buenos Aires, la ley no aceptándola del Gobierno correntino y la Nota acuse recibo del gobernador Dorrego. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Corrientes en la Guerra con el Brasil” (1928). Imprenta del Estado, Corrientes.

El Tratado con Buenos Aires pactaba en fuerza de la igualdad de derechos y prerrogativas de las dos provincias

* sostenerse recíprocamente, proteger sus instituciones y defender sus respectivos territorios contra toda agresión, estableciendo como base de acción el empeño de cooperar al más rápido impulso de la guerra con el emperador del Brasil y de acelerar el momento de reunirse en Nación con las demás provincias;

* determinando las tropas navales y terrestres que Corrientes y Buenos Aires mandarían, además de las que ya tenían enviadas al teatro de guerra;

* obligándose Corrientes a indemnizar a prorrata entre las provincias y en proporción de su población los Gastos de Buenos Aires en dicha guerra; facultando al Gobierno de ésta a los negocios de paz, guerra y relaciones exteriores hasta que se creara un Poder Ejecutivo Nacional;

* y de contraer alianzas ofensivas y defensivas con las Repúblicas americanas para obtener recursos y para poner a cubierto a las provincias contra nuevas tentativas de la antigua metrópoli; comprometiéndose propender a la reunión más bien de una Convención Nacional encargada de proveer a la seguridad del Estado General;

* nombrar un Poder Ejecutivo facultado para la paz, la guerra, las relaciones exteriores y la creación de recursos sobre el crédito nacional;

* de dar las bases para la reunión de un Congreso Constituyente, delinear sus atribuciones precisas, fijar la forma de gobierno que debía ser federal según el voto de casi todas las provincias y de convocar, antes de disolverse, el Congreso Constituyente.

Entre las cláusulas establecíase el cargo, para Corrientes, de contribuir con una columna de quinientos hombres, de caballería, llamada a actuar con la contribución de los efectivos a cargo de Entre Ríos, en la región de Río Grande (Brasil).

Autorizado por el Congreso Provincial, Ferré ratificó el 14 de Diciembre de 1827 el Tratado con el agregado de que esa fuerza correntina saldría del territorio siempre que al tiempo de ser requerida no ocurriera algún embargo y cuyo accidente sería comunicado por el P. E. a la Sala.

El 5 de Enero de 1828, el Gobierno de Buenos Aires ratifica el Tratado con adiciones fundamentales, como la de

* aportar el armamento para la columna a expedicionar en Río Grande por cuenta de Corrientes y en tanto lo permitieran las necesidades de elementos de guerra del Ejército Nacional;

* de que esas fuerzas de Corrientes debían continuar la campaña aún pasado el límite de San Borja cuando lo exigiera el honor de las armas y la voluntad del General que Buenos Aires nombraría;

* que la Alianza se extendía al caso de mediar en los conflictos o disidencias con algunas de las provincias hermanas;

* y de que los compromisos políticos de Buenos Aires respecto a lo que debía resolverse en la Convención Nacional, se limitaban a crear el Ejecutivo y sus funciones, fijar las bases del Congreso Constituyente y deslindar sus atribuciones, determinar la forma federal de gobierno y la seguridad del país.

- Corrientes no admite modificaciones

El Congreso de Corrientes encontró que estas adiciones implicaban una alteración sustancial del articulado, siendo contrarias al interés de la provincia, por lo cual la ley del 27 de Febrero de 1828 no las admitió.

En el artículo Segundo de esa sanción se estableció que Corrientes estaba siempre dispuesta a cooperar a la guerra sostenida justamente contra el emperador del Brasil, ofrecía sus recursos a tan noble empeño quedando expeditas las tropas para marchar a dónde y a las órdenes de quién lo exigiera el interés nacional. Asesoró al Congreso correntino en la emergencia una comisión interna formada por J. Nepomuceno de Goytía, Tomás Sáenz Cavia y Manuel S. Mantilla.

Comunicada la no aceptación de las reformas al Gobierno de Buenos Aires produce éste la Nota del 21 de Marzo de 1828 en que anticipa su esperanza de que la Legislatura de su provincia, mirando a los intereses generales, accediera a los puntos de vista de la de Corrientes.

Tal aceptación no se produjo nunca; Buenos Aires buscaba la cooperación de Corrientes en la guerra contra el Brasil y en la organización federal del país, enunciados que ésta aceptaba en total y que inspiraban su política.

Contemplarlos en un Tratado era atar su iniciativa, cuando Corrientes, sin exigirle nada ponía el máximo de sus sacrificios. Resultábale más cómodo conservar su libertad y el límite de su ayuda. Para Corrientes la situación era otra; el problema del indio era valla de su aporte militar a la guerra y debía también serlo para su acción política en los Congresos.

Ella no podía cargar con los Gastos de la expedición a Río Grande, ni con el peso de una campaña que podía poner en peligro la paz de sus fronteras y el orden interior. Tampoco podía aceptar que Buenos Aires limitase su programa político en la Convención Nacional, porque era solidarizarse con puntos de vista y personalismos de aquel Estado hermano, cuando ella ya había concluido Pactos más trascendentales para la suerte de la patria.

A Dios gracias estas diferencias de concepto sobre el Tratado Corrientes-Buenos Aires no oscurecieren el horizonte político, porque la crisis de 1826 fue seguida de un hondo anhelo de vida nacional que los hombres de aquella época consignaron en documentos públicos.

Al coronel Dorrego, como a los hombres todos del país, constaba los enormes prestigios personales de Ferré. Su opinión era decisiva y al gobernador de Buenos Aires bastaba esa seguridad para tener la certeza de que Corrientes sabría cumplir con los sacrificios que las circunstancias exigieran.

La eminencia de Ferré estaba consolidada por su fecunda obra de gobernante, en lo político, lo militar y lo administrativo. En lo político, con el acuerdo y alianzas provinciales; en lo militar, con el imperio del orden interno y la pacificación de Misiones; y en lo administrativo, con iniciativas de todo género a cual más eficiente.

El año de 1827 fue de intensa labor constructiva. Se delineó el pueblo de Sauce; se crearon escuelas de niñas en la capital y mixtas en Bella Vista, Empedrado y San Luis del Palmar; se establecen becas para estudios; se regularizan fiestas cívicas; la organización de los Tribunales de Justicia; el régimen de la tierra pública; del derecho de propiedad; de tránsito; del fomento de la religión y su mejor disciplina; de la extinción de las comunidades; se regulariza la renta ordinaria que alcanzó para los Gastos del Estado, normalizándose los impuestos, la renta aduanera y el papel moneda; creando cementerios dependientes del Gobierno; etc.

Toda esta labor inmensa hacía que rodearan al gobernador, en 1827, en los cargos departamentales, los ciudadanos más caracterizados de sus vecindarios y, tal vez por ello, los diputados elegidos fueron elementos selectos de la sociabilidad correntina.

La habilidad con que Ferré había ejercido las facultades de su magistratura, afirmando el orden interior y el progreso, levantando y mejorando los edificios públicos, echando las bases para la ciudad moderna, rectificando calles y construcciones particulares, cuidando de la Hacienda Pública, defendiendo a Corrientes del indígena del Chaco y de Misiones, etc., pero sobre todo los frutos de su gestión política en relación a las demás provincias y a la nacionalidad en definición, llevaron al Congreso Provincial a reelegirlo en el cargo de gobernador con fecha 12 de Diciembre de 1827.

Ferré declinó; graves preocupaciones personales tenían su espíritu caído, pero el Congreso no hizo lugar a la renuncia.

La Sala -le decía- no puede dejar de ser penetrada de las amarguras con que se expresa; más ella para proceder con justicia puso en el fiel de la balanza las lágrimas que presiente de una provincia en su ser naciente, viéndose abandonada del abrigo de los brazos de un padre, en caso de ser admitida la renuncia de su elección, en cuyo ensayo conoció naturalmente inclinado el peso en favor de la provincia y esta demanda en manera alguna puede ser desatendida ni mirada con indiferencia por la Sala”.

Ferré, con fecha 14, puso el cúmplase a la ley de su reelección, prometiendo ejercer el cargo ínterin las circunstancias fuesen difíciles, y es así como después, el 29 de Noviembre de 1828, creyendo tranquilo el porvenir de Corrientes, presentó su renuncia:

La paz se ha celebrado -decía- con el Imperio del Brasil; ya no hay un enemigo extraño; la provincia se halla tranquila en su orden doméstico; la Divina Providencia se ha declarado nuestra protectora y debemos esperar sus dones de los impenetrables abismos del tiempo”.

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