El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Las bases del proyecto unitario

La Revolución de Mayo implantó el libre comercio. Los efectos de esa política económica fue que se beneficiaron los sectores vinculados con el comercio de ultramar y retrocedieron las economías regionales.

Se hizo clásica, entonces, la división entre “provincias pobres y provincias ricas”.

Las primeras pretendían encontrar un medio que las sacara de su situación, hallándolo en las luchas por sus autonomías políticas, como paso previo al desarrollo económico. Como primera medida se opusieron a la primacía de Buenos Aires y a su actitud política, representada por el unitarismo.

Refiriéndose a esta situación, Sarmiento escribió, en su libro “Facundo”, que sólo Buenos Aires,

en la vasta extensión argentina, está en contacto con las naciones europeas; ella sola explota las ventajas del comercio; ella sola tiene el poder y rentas.
En vano le han pedido las provincias que les deje pasar un poco de civilización ... una política estúpida y colonial se hizo sorda a estos clamores”.

Por eso los intereses de Buenos Aires y del Interior son irreconciliables.

La crisis de los años 20 planteada entre unitarios y federales (o porteños y provincianos) “sólo adquiere solidez y significado político cuando refleja intereses económicos”.

La causa de esta tensa rivalidad siempre será la misma: el puerto de Buenos Aires con la burguesía de comerciantes surgida en torno a él y los hacendados beneficiarios de la exportación de cueros, lanas y carnes saladas.

Sin embargo no todos los federales son del Interior ni todos los unitarios son porteños. También se encuentran unitarios provincianos y federales porteños que adhieren -con miras particulares- a los programas de uno u otro.

Como se observa, la oposición entre unitarios y federales es algo más que el enfrentamiento entre dos concepciones políticas. Los intereses de Buenos Aires -usufructuaria de la ciudad puerto- no tardarían en mostrarse opuestos a las exigencias de los sectores del Interior. Esta contradicción, lejos de regularizarse, se fue agudizando, hasta convertirse en antagonismo y, posteriormente, en odio mortal.

- Paz, civilización y progreso

Los unitarios representaban el ideal del progreso. Pero progreso al modo unitario era ligar estrechamente los intereses del país al capital extranjero y copiar sus formas e instituciones políticas y sociales. Estaban resueltos a destruir las formas semifeudales heredadas de la colonia, pero fueron incapaces de dar las bases ciertas y reales del nuevo orden que pretendieron instaurar.

Desde el punto de vista social, los unitarios constituyeron un grupo de intelectuales que integraba una minoría selecta y homogénea con una sólida posición económica.

Solían identificar su programa con las palabras “paz, civilización y progreso”. Confiaban en que sólo la creación de un sistema estatal centralizado -que incluyera a las distintas regiones y sectores del país- sería capaz de darle estabilidad política a la Nación.

Para ello, era necesario constituir un Gobierno Nacional centralizado, revestido de amplios poderes políticos y económicos, que pudiera poner fin a las autonomías provinciales, argumentando que la centralización terminaría con las rivalidades político-regionales.

Para llevar adelante este plan político, era necesario que las grandes potencias reconocieran la independencia argentina: de ahí los Tratados con Portugal y Brasil (1821), con los Estados Unidos (1822) y con Gran Bretaña (1823).

- Idea unitaria y sentir federal

La ideología unitaria era una visión fluctuante entre la realidad y la fantasía propia de un sector integrado por comerciantes, intelectuales y funcionarios. No había en ellos una relación directa con las fuerzas naturales, de ahí que sus vidas estuvieran condicionadas por una visión demasiado idealista.

Su fe inquebrantable en los valores de la civilización europea los llevó a la creencia absoluta en la ley y en la Constitución, convencidos de que el país podía gobernarse por un sistema de ideas generales. En el fondo, muchas de sus creencias eran abstracciones; por eso fueron despiadados con algunas de las tradiciones y las costumbres de los hombres concretos que formaban su pueblo.

Teóricos en un país aislado por la distancia y la soledad, no pudieron comprender que sin la conformidad de los lejanos e incultos pueblos del Interior no podía haber unidad, y no la hubo.

La democracia doctrinaria propiciada por los hombres de Buenos Aires, encontró su respuesta en otra forma política más en consonancia con la realidad de la vida rural argentina. El Estado, tan pacientemente planeado por los unitarios, no era para los federales más que una abstracción creada para servir los privilegios de sus autores.

De ahí surge una tendencia enraizada en la tierra natal, hábilmente explotada por los caudillos para asegurar sus supremacías. El criollaje del Interior tiene su propia valoración de los hechos políticos: el federalismo los resumía. Sólo a través de él, la desdibujada imagen de la Nación cobraba forma.

Para ellos, los cauces institucionales sólo podían conducirse a través del sistema federal. No se equivocaban: el ideal de la federación, en la manera y el sentir del paisano argentino, era mucho más que un recurso institucional, era la expresión del carácter nacional fundido con un modo de ver y sentir el país.

El enfrentamiento entre unitarios y federales encontró -en el Congreso de 1824- el campo propicio para la discusión pública. La incorporación de los teóricos del federalismo: Dorrego, Moreno, Ugarteche, Cavia, no pudo contrarrestar la habilidad y el innegable talento de los representantes unitarios: Agüero, Gómez, Castro, los Varela, Del Carril.

Pero no es en el recinto legislativo donde los federales ganarían sus batallas. Hombres que no eran ni doctores ni militares de alta graduación, se encargarían de hacerlo: López, Bustos, Quiroga, Ibarra, Aldao, Ferré, tenían la ventaja del contacto con el pueblo que representaban. Y aún desconociendo la esencia de las ideas políticas que decían defender, supieron expresar, a veces salvaje y anárquicamente, sus aspiraciones vernáculas.

La idea unitaria y el sentimiento federal conformaron el basamento que dividió al país durante muchas décadas. Sin embargo, unos y otros tenían sus razones. Los dos constituyeron la realidad del país.

- Programa económico

La doctrina económica unitaria se nutría en el pensamiento liberal de los economistas ingleses Adam Smith, James Mill y David Ricardo.

Para ellos, la iniciativa privada constituye el elemento esencial del progreso. El Estado, en consecuencia, debería actuar como “agente ocasional”. El eje de la economía pasaba por el comercio en tanto que las bases de su doctrina económica apuntaban a:

* abrir el país al comercio exterior;
* procurar inversiones extranjeras;
* promover la inmigración y la colonización.

Para los unitarios, sólo era posible consolidar una verdadera integración regional económica si se contaba con:

* capital,
* mano de obra y
* tecnología.

De ahí que se pensara en inversiones extranjeras que aportarían el capital necesario para el desarrollo.

Las inversiones fueron netamente de capitales ingleses, en tanto que la mano de obra y la tecnología se las asociaba a la inmigración y eran concebidas como un instrumento económico.

Sin embargo, la política inmigratoria fracasó y sólo prosperaron dos colonias. Como veremos, tampoco tuvieron éxito los intentos realizados con las industrias de extracción como las llevadas a cabo con las minas de Famatina en la provincia de La Rioja.

- Medidas económicas unitarias

En los meses en que estuvo al frente del Gobierno -Febrero de 1826 a Junio de 1827- el presidente Bernardino Rivadavia desarrolló intensa actividad, a pesar de la oposición interna y de los peligros exteriores.

De inmediato, para atraerse la opinión de las provincias, donde los problemas económicos creaban situaciones irritantes, el Congreso y el P. E. Nacional se lanzan a una fecunda labor legislativa.

Su labor puede agruparse de la siguiente manera:

1.- Medidas económico-financieras:

2.- Medidas administrativas y educacionales
Para agilitar las lentas comunicaciones fue creada la Dirección General de Correos y, en otro orden de cosas, prosiguió la obra de mejoramiento edilicio.
Por iniciativa de Rivadavia, el Congreso trató la creación del Canal de los Andes, proyecto que contemplaba la posibilidad de unir -a través de los ríos- la región cordillerana con el Paraná.
La cultura no fue descuidada. En el Convento de Santo Domingo se instalaron laboratorios de física y química y un museo; también llegaron al país profesores universitarios contratados en el extranjero.
Se construyeron locales destinados a la enseñanza elemental y fue declarada obligatoria la vacunación de los escolares contra la viruela(11).
(11) Leyes del 26 de Abril de 1826, sobre fundación de Escuelas de Niñas en la campaña; del 3 de Mayo de 1826, creando la Facultad de Medicina; del 14 de Junio de 1826, de preparación de Maestros. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929). Edición del Estado.

Información adicional