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La enfiteusis: la búsqueda de una fuente fiscal

Ley de Enfiteusis:

* del 20 de Mayo de 1826, sobre enfiteusis;
* del 27 de Junio de 1826, reglamentando la enfiteusis.

En 1822, la provincia de Buenos Aires contrató un empréstito en Londres y para garantizar el pago de intereses y amortizar la deuda, fue necesario hipotecar las tierras públicas bajo el sistema de enfiteusis(1).

(1) La enfiteusis se practicó en la Edad Media con el fin de delimitar los derechos entre el señor -o dueño de la tierra- y el vasallo, o enfiteuta. Hasta la aplicación de la enfiteusis en el país, las tierras públicas se vendían a precios muy bajos y con el sistema se pretendió valorizarlas. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929). Edición del Estado.

La ley de enfiteusis tuvo como uno de sus objetivos iniciales, posibilitar que las tierras públicas de la provincia de Buenos Aires se constituyeran en garantía del empréstito contraído con la Casa Baring.

Más que un deseo de transformación social, esta medida buscaba obtener recursos fiscales ya que al otorgar las tierras del Estado a la explotación privada, se pensaba obtener importantes rentas por ellas.

- El diputado Agüero aboga por la sanción de la ley de enfiteusis

(...) que aún cuando (la tierra) pudiera enajenarse sin compromiso del crédito del país y con una utilidad y estimación que no es de esperarse en las circunstancias actuales, este paso sería un golpe funesto a la agricultura y retardaría por muchos años su progreso; y con falta de capitales sucedería que los compradores serían una o dos compañías de calculistas, que sucederían al Estado como propietarios, creando así el sistema de feudos y mayorazgos"(2).

(2) Sesión del Congreso Nro. 131. Citado por Andrés Lamas. “La Legislación Agraria de Bernardino Rivadavia”.

(...) respecto de las tierras no sucede lo que con los demás géneros, cuya cantidad aumenta siempre en razón de la demanda; y como la demanda de la tierra crecerá inmensamente mientras que su cantidad no podrá pasar de cierto número, siempre se verificará que la ambición, la vanidad y acaso también el capricho de los grandes propietarios será la única ley en materia de arrendamiento.
Ellos podrán hacerlo subir a tanto que pueden en su favor no sólo el producto del servicio de las tierras sino también el del capital invertido y el salario de la industria que exclusivamente corresponde al arrendatario; de aquí la languidez de la industrial rural y el aniquilamiento natural de una Nación.
Este cuadro cuya perspectiva es capaz de conmover a todo hombre sensible, muda enteramente de faz cuando el Estado es el propietario y arrendador de los terrenos; entonces, como que los intereses del Estado están de perfecto acuerdo con los del arrendatario, y su producto consiste precisamente en crear grandes contribuyentes, haciendo grandes propietarios, aun de las clases ínfimas y más miserables de la sociedad, arreglará su arrendamiento siempre equitativo en favor del enfiteuta o arrendatario, y siempre se verificará en este contrato que la balanza se inclina en alivio del arrendatario”.

Durante la presidencia de Rivadavia se aprobó, el 20 de Mayo de 1826, la llamada Ley de Enfiteusis. Las tierras públicas -que no podían ser vendidas- fueron entregadas por el Gobierno a los particulares, en una especie de arrendamiento a largo plazo(3).

(3) Las tierras eran entregadas por un término mínimo de 20 años y tasadas por un jurado de cinco propietarios. El enfiteuta se obligaba a pagar en los diez primeros años la renta de un 8 % anual sobre el valor del lote, cuando esa tierra fuese de pastoreo; se reducía a un 4 % si eran agrícolas o “de pan llevar”. Concluida la primera década, el Congreso debía renovar la tasación. // Citado por José Cosmelli Ibáñez en “Historia Argentina”, Buenos Aires. Editorial Troquel.

Como la Ley de Eufiteusis no determinaba la extensión de las tierras ni tampoco obligaba a que se poblaran, los más adinerados no tardaron en acapararlas y formar latifundios. A este inconveniente debieron sumarse las ínfimas tasaciones y la gran demora en el pago de las rentas.

La enfiteusis fue resistida por las provincias y sólo se aplicó en Buenos Aires. En el Gobierno de Dorrego la citada ley fue mejorada y, más tarde, Rosas -para evitar los abusos- exigió el estricto cumplimiento de las cláusulas.

Es probable que entre los inspiradores de esta ley no estuviera ausente la idea de combatir el latifundio y beneficiar al pequeño productor. Sin embargo, esto no se cumplió; por el contrario, sólo logró aumentar más el acaparamiento de tierras en pocas manos de terratenientes inscriptos como enfiteutas.

Además, esta ley tuvo otra falla: no se delimitaba el número de leguas a otorgar y nada se decía acerca de poblarlas. Por otra parte, el canon estipulado (4 y 8 por ciento) no se pagó y la provincia no obtuvo los beneficios esperados.

Una falla de la ley de enfiteusis fue la enorme extensión de tierras entregadas a algunos enfiteutas. Es que la ley de enfiteusis no fijaba límites a la entrega de tierras.

Entre el 27 de Septiembre de 1824 y el 1 de Mayo de 1827 se concedieron:

* a 86 enfiteutas: 85 leguas de tierras de pan llevar;
* a 85 enfiteutas: 919 leguas de tierras de pastoreo.

Total: 171 enfiteutas. 1.004 leguas (2.510.000 hectáreas).

Algunos enfiteuas favorecidos con tierras de pastoreo:

- Hermanos Anchorena:154 leguas (385.000 hectáreas)
- Sociedad Rural Argentina: más de 100 leguas (250.000 hectáreas)
- Aguirre, Rojas y Cía.: 100 leguas (250.000 hectáreas)
- Frías, Iramain y Cía.: 63 leguas (157.500 hectáreas)
- Prudencio Rosas: 30 leguas (75.000 hectáreas)
- Manuel Dorrego: 9 leguas (22.500 hectáreas)(4)

(4) Citado por Emilio Coni. “La Verdad sobre la Enfiteusis de Rivadavia”. En esta lista se lee "Sociedad Rural Argentina" (1826), entidad que gestionó ante el Gobierno el otorgamiento de inmensas extensiones de tierras en la provincia de Buenos Aires bajo el régimen enfiteutico. Esta asociación no está vinculada a la Sociedad Rural actual.

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