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BERNARDINO RIVADAVIA. PRESIDENTE SOLO EN BUENOS AIRES

La hermana mayor, Tomasa, ciega de nacimiento... La madre, doña Josefa Rivadavia, porteña, falleció cuando Bernardino sólo contaba seis años... En la escuela, siendo alumno, y de acuerdo a la pedagogía de entonces, lo llevaron a contemplar los cuerpos de los condenados por la Justicia, que en la Plaza Mayor se exhibían colgados de la horca...(1)

(1) Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

¿No eran demasiadas sombras para una infancia..? Y sin embargo, si acaso ellas dieron a la hombría de Rivadavia un aire de tristeza, no le torcieron nunca su fe en la razón que es búsqueda de luz...

El padre, el doctor Benito González Rivadavia, primo de doña Josefa, nacido en Galicia, llegó joven al Río de la Plata y estudió leyes en la Universidad de Chuquisaca. Abogado, fue hombre de pro en la sociedad colonial: integró el Cabildo porteño desempeñando el cargo de Regidor y Depositario General, es decir, guardián de los bienes confiados a su custodia mientras los litigantes reñían ante los magistrados...

Vecino adinerado, contagiado del afán de negocios que las condiciones irregulares del comercio internacional habían estimulado, diecisiete negros mulatos expresaron -en oportunidad de un censo- y en el lenguaje de aquella sociedad esclavista, el nivel de su riqueza. La atención de los cinco hijos del primer matrimonio empujaron la cuarentona viudez de don Benito a un nuevo enlace y apenas a dos años de la muerte de doña Josefa casó con doña Ana Otarola...

Tenía Bernardino dieciocho años cuando se inscribe alumno del Colegio de San Carlos. En el régimen del internado severo, que sólo permitía reducidos contactos hogareños, el muchacho mostró un tono de empaque señorial que, si lo ubicaba distante de muchos de sus joviales camaradas, parecía en cambio más de acuerdo con los pujos aristocráticos del establecimiento; el reglamento del San Carlos prohibía, terminantemente “el trato familiar con los criados a fin de que no se rocen con la gente baja...”.

En el plan de estudios, el latín y la gramática acompasaban allí a la teología y ésta reforjaba el ambiente monacal hecho de lecturas piadosas y de misas tempraneras (a las cinco de la mañana en verano y a las siete en invierno) ... Acaso todo esto acentuara en Bernardino facetas de introvertido... No faltaron condiscípulos que años después lo recordarían azotándose con las disciplinas que castigaban la carne buscando así mejorar su santidad...

Interrumpidos un año, los estudios en el San Carlos fueron definitivamente abandonados en 1803; el padre de Bernardino estimó más ventajoso vincular el hijo a sus actividades comerciales.

Sería pues en la bien provista biblioteca del doctor González o en las tertulias en las cuales los jóvenes escuchan a Manuel Belgrano, donde Bernardino va a formar su bagaje intelectual. Diez años mayor que él, Belgrano ha residido ocho en Europa, sabe idiomas, gusta de la música y desde la Secretaría del Consulado ha meditado sobre los problemas del país y sus posibles soluciones. Belgrano será el verdadero maestro en ciudadanía de Bernardino Rivadavia.

Poco después, las desarmonías entre doña Ana y dos de las hijastras, Manuela y Gabriela, encontraron en el doctor González Rivadavia el temperamento de aristas duras que desencadenaría un drama familiar.

Las dos muchachas eran novias de los hermanos, tenientes José y Gabriel Gazcón, y el romance contaba con la plena aceptación de las familias. Solicitada por los oficiales la reglamentaria venia al rey, firmados los esponsales, la boda era ya inminente cuando doña Ana señaló en los novios la desatención de no haberse interesado por su salud, afectada de una jaqueca. Ello bastó para que el doctor González Rivadavia prohibiera a los novios continuar las visitas, diera por concluido el compromiso y anuladas las bodas...

Inútiles los llorosos reclamos de Manuela y Gabriela que reiteraban su amor por los Gazcón; el padre, para asegurar el aislamiento, encerró en un convento a las muchachas... Inútil las airadas protestas de los novios, quienes concluyeron por llevar el asunto a los Tribunales...

Precisamente, contestando a las demandas de los Gazcón, el doctor González Rivadavia documentó el criterio que guiaba su conducta:

... mis hijas me deben estar más sujetas aún que el criado respecto de su amo, por razón de la patria potestad que me compete, y me da facultad para enajenarlas o venderlas en caso de necesidad, por la especie de dominio que ejerzo sobre ellas, como cosa nacida y proveniente de mí mismo...”.

Las influencias de don Benito permitieron que el pleito se multiplicara en morosidades... Ya uno de los novios había fallecido y por ello la novia casi perdido la razón cuando, en 1812, la Justicia falló en contra del doctor González. Este, según la sentencia, debía pagar las costas del proceso y para ello tuvo que vender una quinta en la cual cultivaba, con pretencioso esmero, especies vegetales traídas de remotas regiones...

Más obcecado que nunca, en testamento hecho poco antes de morir -en Junio de 1816- desheredó a Manuela y Gabriela, “excluyéndolas de su linaje y familia, pues que ni el nombre de hijas se merecen...”.

Rivadavia llevó por largo tiempo, cual una herida que tarda en cicatrizar, este drama familiar. Y acaso le ayudaría a buscar, como gobernante, los caminos que superan odios de destructora terquedad...

En tanto, los negocios marchaban... Es verdad que las alternativas de la política europea provocaban altibajos económicos, pero era visible que Buenos Aires se agrandaba. Lo permitía la creciente exportación de cueros y la correlativa y creciente importación de negros, los dos productos más representativos de la balanza comercial...

La burguesía mercantil porteña, causa y efecto de esta actividad, comprende ya a Belgrano, Saavedra, Pueyrredón, Moreno, Castelli, etc., e incluye a Bernardino Rivadavia, asociado siempre a su progenitor.

Es precisamente por motivaciones comerciales que sucede un áspero episodio que enfrenta en disputa a Moreno y Rivadavia, como litigantes. Aludiendo a Rivadavia, Moreno afirmará despectivamente:

... se presenta como un comerciante acaudalado de vastas negociaciones que ni entiende, ni tiene fondos para sostener ... no distingue la Bretaña de Francia de la de Hamburgo; ignora los precios, es incapaz de comparar valores...”.

Moreno -en cambio- ignoraba las premoniciones capaces de advertirle que ese joven Rivadavia sería muy pronto su más talentoso discípulo revolucionario... Cuando las invasiones inglesas de 1806 y 1807 agrietaron, según es sabido, las Instituciones de la dominación española y la movilización popular -luego de la primera invasión- originó el organizar milicias ciudadanas.

Bernardino se alistó en el regimiento de Gallegos, porque de Galicia era su padre. Improvisado teniente, actuará en las jornadas de la segunda invasión, compartiendo un coraje colectivo como jefe de un destacamento que ha avanzado por la calle de Las Torres... Otros avances de él como gobernante explican que esa calle del Buenos Aires de hoy se denomine Rivadavia...

Terminada la contienda con los invasores, cuando dos bandos parecen disputar el predominio; es uno de ellos el encabezado por Liniers y el otro se ha nucleado alrededor de Alzaga; razones de vinculación social y no ideológicas ubican al doctor Benito González y a Bernardino en las filas del jefe francés que simboliza la Reconquista popular de la primera invasión.

Con Liniers, que es como estar con lo más popular, aparecen identificados los criollos a quienes los combates les han traído grados militares y el mando de ciudadanos que no deben al rey, sino a sus vecinos... El formulismo en cambio parece seguir la tradición: Liniers designa, el 30 de Diciembre de 1808, Alférez Real a Bernardino Rivadavia... Es un cargo decorativo; en las ceremonias, el alférez real lleva el estandarte que simboliza al rey y lo exhibe y, claro está, Bernardino podrá exhibirse vanidosamente.

La pugna de los dos bandos señalados se cruza para anular su designación; si figura como partidario de Liniers, los del bando de Alzaga -con mayoría en el Cabildo- recordarán que no reúne los requisitos legales, pues no es vecino con casa puesta, ya que todavía “no ha salido aún del estado de hijo de familia; no tiene carrera; es notoriamente de ninguna facultades...”.

Liniers debió anular el nombramiento ... pero quien parecía “sin carrera”, apuraría la de la historia y mostraría “facultades” suprimiendo, en 1811, desde el Gobierno del primer Triunvirato, “la ceremonia humillante de pasear el Estandarte, por ser incompatible con las prerrogativas de la libertad que ha proclamado y defiende este Gobierno...”.

En 1809, Bernardino se casa con Juana del Pino, hija del ex virrey de Buenos Aires, don Joaquín del Pino, fallecido años antes.

Los sucesos de España siguen conmoviendo el Imperio colonial...

Preso el rey Fernando VII, la invasión napoleónica obliga a organizar Juntas populares para dirigir allá, en la metrópoli, la lucha contra los franceses... Esas Juntas designan los virreyes y puesto que las tierras de América son legalmente del rey y no de España, claro está todo queda trastornado por la ausencia del monarca y, en definitiva, la suerte favorable o adversa de las Juntas que dirigen la resistencia determinará el subsistir o no de esos virreyes...

En Buenos Aires, los planes de los criollos que buscaban la independencia, hallarán en el cabildo abierto del 22 de Mayo de 1810 la oportunidad vergonzante, pero oportunidad al fin, de cuestionar la permanencia de Cisneros como virrey del Río de la Plata. Para esa Asamblea del 22 de Mayo se han repartido cuatrocientos cincuenta invitaciones: Bernardino con la suya, asistirá al debate, mientras el doctor González Rivadavia no acepta concurrir a él...

Presencia y ausencia que acaso simbolicen, en escala personal, el rumbo distinto que frente al porvenir señalan dos generaciones... En el cabildo, Bernardino es sólo un voto más en favor de quienes piensan -de acuerdo con Saavedra- que

consultando la salud del pueblo y en atención a las actuales circunstancias...”, “debía delegarse el mando de Cisneros en el Excelentísimo Cabildo de esta capital, ínterin se forma la Junta que debe ejercerlo”, “y no quede duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando”.

La mayoría de los asistentes al cabildo aprobó esta propuesta, demostración clara de que a partir de entonces era el pueblo quien pasaba a ser el Excelentísimo...

Ese mismo año de 1810, el 31 de Agosto, le nace a Rivadavia el primogénito, a quien bautizó con los nombres de José Joaquín Benito Egidio.

Instalada la Primera Junta, es su elenco el que ocupa y rebalsa el escenario... La de Rivadavia es una actitud de simple observador anónimo. Pero, en 1811, la oposición a la Junta Grande presidida por Saavedra cuenta a Rivadavia entre sus simpatizantes. De ahí que el movimiento del 5 y 6 de Abril, de tendencias saavedristas, incluya a Rivadavia en la lista de los obligados al destierro; se lo acusa de “positiva oposición a nuestro sistema de gobierno” y se le hace un cargo del involuntario parentesco de concuñado que él tiene con el marino español Michelena, cuya escuadrilla, reforzada en Montevideo, ha bombardeado a Buenos Aíres el 15 de Julio de 1812.

“Guardia del Salto”, destacamento militar que integra la línea de fronteras con los indios, es el lugar adonde marcha desterrado. Pero regresa pronto; el desastre de Huaqui, en el lejano Alto Perú, repercutiendo en el Gobierno, provoca la destitución de Saavedra. Se crea, como sector Ejecutivo, el Triunvirato; con los diputados del Interior que integraban la Junta Grande se constituye -a la manera de un poder legislativo- la Junta Conservadora.

Con fecha 23 de Septiembre de 1811, Bernardino Rivadavia es nombrado para la Secretaría de Guerra del Triunvirato. Pasa así, en un brusco viraje, del destierro al Gobierno.

Su cargo no tiene la jerarquía de Triunviro y, sin embargo, desde el día siguiente a su designación deviene, de modo inocultable, la figura más recia del nuevo sistema; es bajo su inspiración que se diseñan los medios y los fines de los horizontes revolucionarios.

Necesitado de infundir optimismo, el Triunvirato dirá en su Proclama inicial: “Cualquiera sean los peligros que nos amenazan, nos sobran recursos para salvarnos...”.

Pero, alertando sobre los riesgos de la anarquía, agregará categórico: “... donde no hay subordinación no hay Gobierno y, sin Gobierno, la Nación será como una tabla en medio del océano”.

Como primera medida decidió a sus colegas a dictar un decreto que reducía a la mitad los sueldos de los miembros del Gobierno, porque “... juzga un deber adoptar todos los arbitrios que puedan desahogar en parte los fondos del Erario...(2). Días después, declara amnistía general para los confinados políticos(3).

(2) Decreto fecha 25 de Septiembre de 1811.
(3) Decreto fecha 30 de Septiembre de 1811. // Todo citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Pronto surgió un grave conflicto de poderes: el Triunvirato -por una parte- como Poder Ejecutivo y la Junta Conservadora por la otra, pretendieron, al dictar las normas de la nueva estructura gubernativa, reservarse la mayor suma de poderes. El conflicto concluyó con una resolución del Triunvirato que disolvía la Junta y conminaba a los diputados que la integraban a abandonar la capital y regresar a sus provincias(4).

(4) Decreto del 7 de Noviembre de 1811. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Para justificar su actitud dictatorial, el Triunvirato recordaba los antecedentes de su propia constitución y manifestaba que “si la salvación de la patria fue el grande objeto de su instalación’’ tales propósitos no podrían cumplirse si se le retaceaban “los medios para ejercer su autoridad”.

Acelerando las soluciones constructivas, el Triunvirato promulgaba, el 22 de Noviembre de 1811, un Reglamento, al cual denominó “Estatuto Provisional del Gobierno” anticipando en la Proclama que lo precedía, que el mismo tenía por finalidad inmediata afianzar, “sobre las bases del orden, el imperio de las leyes...”, “... prescribiendo límites a su poder y refrenando la arbitrariedad popular hasta tanto que las provincias reunidas en el Congreso de sus diputados”, establecieran “una Constitución permanente”.

Los nueve artículos del Estatuto configuran -a juicio del historiador Bartolomé Mitre- “la primera Carta constitucional puesta en práctica, en que se delinearon a grandes rasgos los principios fundamentales del Gobierno representativo”.

Pero le tocará a Rivadavia la amarga necesidad de superar el primer motín que maridaba el Ejército de la independencia con las desavenencias de la política interna, pues los miembros de la disuelta Junta Conservadora no se resignaron y buscaron el desquite, organizando una sublevación militar que se conoce con el nombre, tan pintoresco como equívoco, de “el motín de las trenzas...”(5).

(5) Diciembre 7 de 1811. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Complicados en la conjuración, tramada en realidad por los diputados de la antigua tendencia “saavedrista”, un grupo de soldados y sargentos del regimiento de Patricios se rebelaron alegando una resolución de la superioridad que obligaba a cortar las trenzas que tradicionalmente ostentaban los miembros de esa unidad.

Los sublevados exigían, por otra parte, que se rectificara la designación de Manuel Belgrano como jefe de ese regimiento.

La energía de Rivadavia enfrenta, sofoca y castiga a los cabecillas del “motín de las trenzas”, los cuales, encerrados en el Cuartel, desoyeron las intimaciones a deponer su rebeldía; fue necesario cañonearlos y tomar -tras cruento asalto- el regimiento.

La sentencia dictada mandó fueran pasados por las armas, previa degradación, cuatro sargentos, tres cabos y cuatro soldados. Entre los muchos condenados a presidio figuró un alférez, único oficial que apareció complicado. Por otra parte, el regimiento no ostentaría en adelante el nombre de patricios, porque “patricios son todos los cuerpos que componen el Ejército de la patria”.

Para ese entonces, Rivadavia había sumado, a su cargo de secretario de Guerra, el de las otras dos Secretarías: la de Gobierno y Relaciones Exteriores(6). No invade pues jurisdicciones cuando promueve las más diversas decisiones en todos los ramos de la Administración Pública.

(6) Decreto fecha 3 de Diciembre de 1811. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Leyendo hoy sus discursos o sus notas o decretos, no es fácil advertir la verdadera dimensión del estadista que Rivadavia fue, sin duda, desde el comienzo de su vida pública.

Ni orador como Castelli, ni escritor político como Moreno. Si al hablar carecía de elocuencia, al escribir, una prosa desvaída -por lo enfática- le desvalorizaba las ideas. Por ello cabe afirmar que la fuerza de Rivadavia procedía tanto del vigor coherente de su pensamiento de vanguardia, como de su voluntad realizadora y de la dignidad de su conducta

Se inspiró en una ética que cargaba su acento preocupado en los grandes problemas de la especie... Tenía apenas treinta y dos años cuando, afligido por el amanecer de las discordias del país aparecidas en las horas iniciales de la guerra por la independencia, estampó esta duda trascendente: “¿De qué nos sirve la libertad si ella no nos hace felices..?

Y como “no hay felicidad pública sin una buena y sencilla Administración de Justicia, ni ésta puede conciliarse sino por medio de magistrados sabios que merezcan la confianza de sus conciudadanos...”, un decreto suprimía la tradicional Real Audiencia de la vida colonial y organizaba, mediante numerosos artículos, la Justicia como debía impartirse en las ciudades y en la campaña(7).

(7) Decreto fecha 23 de Enero de 1812. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Iniciando para nuestro país la abolición de la esclavitud, “en obsequio a los derechos de la humanidad afligida...”, “... y a los principios liberales que han proclamado y defienden las Provincias Unidas”, el 9 de Abril de 1812 se prohibía la introducción de africanos, medida que debía empezar a regir desde el 25 de Mayo de ese año.

En cambio, “siendo la población el principio de la industria” y “... conviniendo promoverla en estos países por todos los medios posibles...”, se ofrecía inmediata protección a los individuos de todas las naciones y a sus familias que quieran fijar su domicilio en el territorio del Estado ... “para lo cual se les proporcionaría -a los extranjeros que se dediquen a la cultura de los campos- terreno suficiente y en el comercio de sus producciones gozarán de los mismos privilegios que los naturales del país...(8).

(8) Decreto fecha 4 de Septiembre de 1812. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Rectificando la tradicional postura xenófoba de la metrópoli el Triunvirato, acordó otorgar Cartas de Ciudadanía a los extranjeros “que han adquirido con sus acciones un derecho a la estimación y reconocimiento de la patria(9).

(9) La primera Carta de Ciudadanía fue acordada el 29 de Noviembre de 1811, al ciudadano inglés Roberto Billinghurst, ayudante mayor de artillería. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

A fin de incluir -en este beneficio- al sector español, mirado con prevención como consecuencia de la guerra por la independencia, se adoptó una fórmula fija que permitía extender a los peninsulares el otorgamiento de la ciudadanía(10).

(10) Decía el texto: “... natural de los reinos de España...”, “... ha protestado reconocer la soberanía del pueblo...”, “... y resistir con las armas cualesquiera agresión que se intente contra el país por los españoles o cualquiera otra nación extranjera...”. Como se ve, la palabra “otra” suponía considerar a España como país extranjero... // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Preocupado por mejorar el nivel de los conocimientos populares, se crearon, en todos los barrios de la ciudad, numerosas escuelas primarias que debían dar instrucción a los “jóvenes que carecen de todo auxilio” en forma que les “permitiría hacerse con ella útiles a la patria...”.

La Biblioteca Nacional, fundada por Moreno, fue abierta al público el 16 de Marzo de 1812, con asistencia al acto “del Superior Gobierno”.

La instalación de un instituto donde “se enseñaría la Economía Política, la Geografía, la Agricultura, la Mineralogía, el Dibujo, Lenguas, etc.(11); ayudaría a triunfar de la ignorancia, “a triunfar de nosotros mismos...”.

(11) La noticia de su creación sería la del 7 de Agosto de 1812. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Y como “nada importaría que nuestro fértil suelo encerrase tesoros inapreciables en los tres reinos, si privados del auxilio de las ciencias naturales ignorásemos lo que poseemos”, corresponde relacionar esta iniciativa con una que directamente la complementa: la formación de un Museo de Historia Natural.

A esta intención alude una Circular datada el 27 de Junio de 1812 invitando a los gobernadores de provincias y comandantes militares del Interior al “acopio de todas las producciones extrañas y privadas de este territorio...” que “... proporcionen en el momento ya cercano de nuestra emancipación, los medios de ascender al rango de los pueblos cultos(12).

(12) La fecha de creación del Museo de Historia Natural de Buenos Aires sería la correspondiente a esa Circular. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En materia de cuestiones económicas merece recordarse la creación de aduanas en Mendoza y Corrientes(13); la supresión de los estancos de tabaco, monopolio secular del régimen colonial; el declarar libres de derechos la introducción del carbón de piedra y a muchos artículos de comercio, mientras por el contrario se manda cobrar derechos de importación a los provenientes de Montevideo y de España.

(13) Decreto de fecha 30 de Septiembre de 1812. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En materia agraria, el Triunvirato promovía los cultivos, liberando de derechos la extracción de trigo, harina, etc. Ordena levantar el plano topográfico de la provincia de Buenos Aires para “repartir gratuitamente a los hijos del país suertes de estancias(14) proporcionales y chacras para la siembra de granos, bajo un sistema político que asegure el establecimiento de poblaciones y la felicidad de tantas familias patricias que, siendo víctimas de la codicia de los poderosos, viven en la indigencia y el abatimiento con escándalo de la razón y perjuicio de los verdaderos intereses del Estado”.

(14) Se denominaban suertes de estancia a superficies rurales de aproximadamente 1.800 héctáreas. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Rivadavia alienta otras reformas, entre las cuales merece señalarse la creación del Estado Mayor del Ejército y adhiere al coronel Francisco Javier de Viana cuando, designado éste para ese cargo, Viana propone la apertura en las unidades militares de academias para la instrucción de los oficiales y de escuelas de primeras letras que enseñen a los soldados a leer y escribir...

Y en fin, Rivadavia, que comparte sin duda ese sueño de los mejores, el de sobrevivirse en el recuerdo de la posteridad, inspira el decreto que el 24 de Julio de 1812 determina “se escriba la historia filosófica de nuestra feliz revolución para perpetuar la memoria de los héroes, las virtudes de los hijos de la América del Sud, y la época gloriosa de nuestra independencia civil, proporcionando un nuevo estímulo y la única recompensa que puede llenar las aspiraciones de las almas grandes”.

Estas creaciones del primer Triunvirato permiten desmentir la afirmación, muy difundida, de que el Rivadavia que diez años después, en 1821, iniciará como ministro de la provincia de Buenos Aires una múltiple tarea reformista, habría traído de su larga permanencia en Europa, una utópica política de transplantes progresistas...

El Rivadavia de 1821 ha ampliado, simplemente, su visión de gobernante, pero acabamos de documentar que ya en 1811 y 1812 señalaba rumbos en cuestiones fundamentales: el destino de la tierra pública, el fomento de la inmigración, el actualizar los estudios científicos calculando que éstos debían dar al país un mejor conocimiento para aprovechar sus producciones naturales, etc.

El Rivadavia del primer Triunvirato ha hecho en él una positiva experiencia de las realidades argentinas. Y la hizo en el marco de una situación interna e internacional tanto más difícil cuanto que a las disidencias dentro de la revolución se sumó la más seria tentativa realista para recuperar el Gobierno.

En la hora más grave de las que siguieron al 25 de Mayo de 1810, en la hora de la conspiración de Alzaga, el Rivadavia del primer Triunvirato sumó, a su capacidad para evaluarla, la energía de una ejecutividad desvelada para destruirla...

El primer Triunvirato había heredado una situación militar muy desfavorable. A la derrota sufrida en Huaqui, que permitía al Ejército realista de Goyeneche invadir por el Norte, se agregaban las correrías de la escuadrilla española de Montevideo que señoreaba el Litoral, bombardeaba y hasta amenazaba bloquear a Buenos Aires.

Desde Julio de 1811, se había sumado a ésto la invasión de la Banda Oriental por tropas portuguesas que Elío, designado virrey del Río de la Plata en reemplazo de Cisneros, había solicitado en base a la alianza que España y Portugal cumplían en Europa en su lucha contra Napoleón.

La presencia de estas tropas portuguesas rompía, peligrosamente para el futuro, el marco patriota-realista que hasta entonces exhibía la lucha en la Banda Oriental y el Gobierno anterior al Triunvirato había tranzado con Elío y firmado un Armisticio que obligaba al retiro de los soldados portugueses, pero también suponía entregar la Banda Oriental al dominio español.

La Junta Grande había calculado los peligros de la invasión española por la frontera Norte y pensaba desviar hacia ella los elementos militares que el Armisticio en la Banda Oriental dejaba disponibles. Pero el Triunvirato, bajo la inspiración de Rivadavia, modificó este plan y, puesto que la revolución no podía luchar en dos frentes y los portugueses no cumplían la prometida evacuación, se decidió dar preeminencia al peligro de la Banda Oriental y allí se reforzó a las tropas.

El ministro inglés ante la Corte portuguesa de Río de Janeiro, Lord Strangford, solicitado por Rivadavia para que, como mediador gestionara ante el Gobierno de Portugal el retiro de las fuerzas portuguesas de la Banda Oriental, exigió, para actuar, “que no se hablase de independencia”, es decir, que se mantuviera a la revolución argentina bajo la máscara de subordinación a la soberanía de Fernando VII con la cual se había iniciado el movimiento...

La gravitación de los factores internacionales explica que Belgrano fuera reprobado cuando, sin autorización creó, en las baterías del Rosario, la bandera argentina...

El Triunvirato le ordenaba a Belgrano, “en adelante no prevenir las deliberaciones del Gobierno en materia de tanta importancia...”, “... que cuando menos produce males inevitables, difíciles de reparar con buen suceso(15).

(15) La comunicación del Triunvirato no fue recibida por Belgrano pues éste ya había partido para hacerse cargo del mando del Ejército del Norte. De ahí que, desconociendo la desautorización gubernativa, Belgrano continuará difundiendo en ese Ejército la bandera que él creara el 27 de Febrero de 1812. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

El enviado del Gobierno portugués para tratar en Buenos Aires la evacuación de las tropas lusitanas, el teniente coronel Rademaker, resultó obedeciendo más a los deseos de Lord Strangford que a las instrucciones de su Gobierno; el mismo día de su llegada firmó un Acuerdo que obligaba al inmediato retiro del Ejército portugués...

Y como si esto no bastara, Rademaker le hizo a Rivadavia la confidencia de que las tropas portuguesas no se habían marchado porque ellas estaban integradas en un plan: actuarían colaborando con los realistas del Alto Perú y los de Montevideo, en el momento que estallara la conspiración que destacados realistas preparaban en el propio Buenos Aires.

En la capital, el movimiento estaba capitaneado por Martín de Alzaga, el hombre más representativo de la dominación española en el Río de la Plata. Todo pareció marchar bien en una conjuración hecha con tal seguridad de triunfo que, como se comprobaría luego en los sumarios, “de norte a sur y del este al oeste de la ciudad no había un solo español que no estuviese más o menos iniciado en el secreto...”.

Sin embargo, a pesar de los aliados poderosos -la flota española de Montevideo, el Ejército portugués- y de los recelos con que se miraban entre sí dos de los triunviros(16), lo cual facilitó la impunidad inicial de la conspiración, el plan de Alzaga fracasó.

(16) Pueyrredón y Chiclana. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Además de las insinuaciones del teniente coronel Rademaker formuladas a Rivadavia, las denuncias de un esclavo apalabrado para ocultar a algunos de los jefes del movimiento y las de una mujer escuchadas en el confesionario por un sacerdote revolucionario, todos esos caminos recorrió la adversidad de Martín de Alzaga...

Más felices fueron los que anduvo la entereza de Rivadavia: invitó a colaborar contra el enemigo común a la oposición nucleada en una Sociedad Patriótica encabezada por Monteagudo, y encauzó una resuelta movilización popular que volcó en las calles a la juventud revolucionaria; ésta no descansó hasta lograr la detención y fusilamiento de los treinta y ocho conjurados principales(17).

(17) Las sentencias se dictaron el día 4 de Julio. Alzaga estuvo prófugo hasta la madrugada del día 6. “Ni siquiera quienes vestían hábitos religiosos, en ese entonces intocables para el patíbulo, se libran de la horca en la plaza pública”. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Enérgico en el castigo, Rivadavia no vaciló en cambio en señalar, pasado el peligro, la urgencia de no excederse en la represión. Lanzó una Proclama en la que defendió ese equilibrado punto de vista y, consecuente con este criterio, cuando la “comisión de denuncias” consultó si se debía proceder al embargo de los bienes de los ejecutados, expidió el 1 de Septiembre de 1812, un decreto: “Decláranse libres los bienes de todos los reos que tengan hijos, y los que por ley correspondan a las viudas”.

Rivadavia no rebajó nunca la energía de la justicia al nivel inferior de las venganzas...

En Marzo de 1812 había llegado a Buenos Aires un grupo de jefes militares los cuales, nacidos en América, habían servido en Europa en el Ejército español y participado en las luchas contra Napoleón.

Pero además de sus conocimientos militares, los recién llegados trajeron el sistema de las logias. José Francisco de San Martín -a quien el Triunvirato reconoció el grado de Teniente Coronel y encomendó la formación de un regimiento de granaderos a caballo- y Carlos María de Alvear, fundaron una logia militar.

Pronto sería esta logia el organismo inspirador de la política del país; en una primera etapa se vinculó con la Sociedad Patriótica, encabezada por Monteagudo, la más jacobina figura de ese momento. Opositor a Rivadavia, los adversarios de éste le acusaban por la exclusión de las provincias, sin representación en el Triunvirato, en cuanto a la marcha del Gobierno; y a las presiones verificadas en oportunidad de las elecciones realizadas en la capital para la renovación periódica en los cargos de Triunviros.

A estas críticas se agregó el acusar al Triunvirato de haber descuidado atender las perentorias necesidades del Ejército del Norte, mandado por Belgrano.

Unas elecciones en Buenos Aires, en las cuales la candidatura de Monteagudo resultó vencida, suscitó la protesta de la oposición que declaró fraudulentos los comicios. Y una insurrección que agitaba en las calles la Sociedad Patriótica pero tenía en la logia militar sus verdaderas directivas, provocó el 8 de Octubre del 1812 la caída del primer Triunvirato y el alejamiento de la vida pública de Bernardino Rivadavia.

El nuevo Triunvirato convocó enseguida a elecciones para que el país eligiera una Asamblea General Constituyente.

Desde el retiro de su hogar, Rivadavia fue testigo del desarrollo de los acontecimientos... Cuando en algunas oportunidades se pretendió acusarlo de actividades contrarias al nuevo Gobierno, contestó con energía: “... V. E. hágame justicia, y esté cierto que así como he dado ejemplo de sostener la dignidad de esa autoridad, lo daré mucho más en obedecerla sin abatirme...”.

No fue entonces, no lo sería nunca, un conspirador ... A poco de su caída, empezaron a escucharse voces que le reconocían méritos y hasta reclamaban su reintegro a la función pública.

En verdad el país no estaba sobrado de valores como Rivadavia y en las horas difíciles irían a buscarlo... El año 1813 había comenzado bien con la victoria de Salta que afianzaba la de Tucumán, mientras una legislación -aprobada por la Asamblea General Constituyente- mostraba decididos pasos en el sentido de la independencia.

Pero ese 1813 comenzado bajo tan buenos augurios, concluía desdibujando las esperanzas optimistas: el Ejército de Belgrano sufría las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma; la Asamblea rechazaba los diplomas de los diputados de la Banda Oriental enviados por Artigas, iniciando serias desavenencias con el jefe del federalismo; y, más que nada, Napoleón, vencido, abdicaba, dando así paso al triunfo absolutista.

Fernando VII, vuelto a España, quitaba a la revolución argentina el pretexto formal de su ausencia del trono, ausencia invocada para justificar la creación de una Junta en el Río de la Plata.

Tan grave se juzgó la situación que se creyó indispensable modificar la forma de gobierno; para acelerar la consideración y resolución de los problemas, el Poder Ejecutivo, formado por tres Triunviros, pasó a ser unipersonal, creándose el cargo de Director Supremo.

No tardaría en comprobarse que la adversidad restaba anteriores apoyos: el ministro inglés en Río de Janeiro, Lord Strangford, señaló al Director Supremo “la conveniencia de suspender las hostilidades con España” y sugirió “el envío a Madrid de representantes diplomáticos para negociar con la metrópoli...”.

Se decidió el envío de diputados que ¡después de felicitar a Fernando VII por su regreso al trono..!, le informarían acerca de la situación de las Provincias Unidas, señalando los abusos cometidos por las autoridades españolas e insistiendo en los impresionantes actos de crueldad en que ellas habían incurrido...

Se aceptaba la posibilidad de coronar en Buenos Aires un “príncipe de la Casa Real de España que mande bajo formas constitucionales que establezcan las Provincias Unidas”, porque el triunfo de la tendencia absolutista en Europa obligaba a renunciar a la organización republicana del país...

En verdad se deseaba ganar tiempo para, entre otros objetivos, diferir el envío por Fernando VII de fuerzas expedicionarias destinadas a sofocar las revoluciones americanas y negociar la protección que pudiera prestar alguna de las grandes potencias del Viejo Mundo...

La nada fácil ni grata negociación en Europa se encomendó a Belgrano y a Rivadavia, que partieron a fines de 1814.

A los pocos días de arribar ellos a Europa, el continente se convulsionaba: Napoleón, abandonando su retiro de Elba, reaparecía en Francia, llegaba hasta París y recuperaba el trono. Los soberanos enemigos de Napoleón no aceptaron negociar con él y se coaligaron para una nueva guerra.

¡Qué difícil era hacer proyectos y defender las revoluciones americanas en una Europa donde lo inesperado modificaba a cada momento el curso de los sucesos! Los comisionados argentinos, convencidos de la necesidad de hacer algo y hacerlo pronto, aceptaron un plan ya elaborado por Manuel Sarratea -otro comisionado argentino- radicado desde hacía un tiempo en Londres.

El plan de Sarratea era asegurar la independencia argentina coronando en Buenos Aires a un hijo de Carlos IV. Este, destronado por Fernando en el motín de Aranjuez, vivía pobremente en Roma, en compañía de la reina María Luisa y de Godoy.

Como los soberanos coligados no habían reconocido la validez de la abdicación de Carlos IV -impuesta por Napoleón en 1808- se trataba de aprovechar la ficción de que Carlos IV era el soberano legítimo de España y de América.

Se contaba obtener de él que, mediante una declaración espontánea, formara en América monarquías completamente independientes de España, pero con tronos en los cuales reinarían los hijos de Carlos IV.

Según el plan, en el reparto de tierras americanas para esos príncipes, a las Provincias Unidas les iba a corresponder el tercer hijo de Carlos IV, el infante Francisco de Paula, aquel del “indecente parecido” con Godoy(18).

(18) Del “indecente parecido con Godoy”, porque éste era amante de la reina María Luisa. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Un personaje de novela, el conde de Cabarrús, intermediario de las negociaciones entre Sarratea y Carlos IV, llevaba realizados varios viajes entre Londres y Roma. El tal conde era un bribón de categoría; bordeando el Código Penal, vivía normalmente del juego, de “coimas” y de intrigas.

Crédulamente, Rivadavia y Belgrano prepararon con minuciosidad la documentación correspondiente: las “instrucciones” que el conde de Cabarrús debía llevar a Roma, el proyecto de Constitución liberal que se adoptaría en el reino a establecerse en las Provincias Unidas, los beneficios acordados a Carlos IV y a Godoy (a este último como recompensa por el apoyo que había prestado a la iniciativa).

Y llenos los bolsillos de ducados, Cabarrús partió para conquistar en Roma la independencia argentina; llegó tarde: Napoleón había sido vencido en Waterloo (18 de Junio de 1815) y Carlos IV, temeroso ante la situación internacional que se avecinaba, se echó atrás en sus promesas y renunció al proyecto.

Fracasada la gestión con Carlos IV, los comisionados argentinos debieron considerar una negociación con Fernando VII. El Gobierno de España, por su parte, mediante agentes oficiosos, había buscado contacto con los enviados de Buenos Aires. Como Belgrano emprendió el regreso (fines de 1815), Rivadavia continuó solo la misión.

Toda la negociación se hizo en forma reservada; se planteó la posibilidad de un viaje de Rivadavia a la capital de España, y el secreto de la gestión convirtió a Rivadavia en un número, el 38, bajo el cual se ocultaba su identidad. El número adoptado para aludir a Rivadavia en esta negociación secreta se originó del que correspondía al domicilio de éste en Londres: S. James Nro. 38.

Poco después, llegaba una nota del rey, que el Número 38 recibió en París, adonde se había trasladado. El Gobierno lo esperaba y el embajador español en Francia daría los pasaportes, pero el Número 38 no tenía prisa. Esperaba noticias de su país e instrucciones más precisas, se demoraba por el cambio de gabinete español, y sólo a fines de Mayo arribó a Madrid...

Más la demora en llegar, la vaguedad de las contestaciones, las deficiencias que a juicio del Gobierno español tenían las credenciales presentadas y el haber aparecido, justamente en esos días -frente al puerto de Cádiz- barcos corsarios que, obedeciendo a Buenos Aires amenazaban el comercio español, hicieron desconfiar a Cevallos, el ministro español de Relaciones Exteriores.

Este, después de dos entrevistas, advirtió en la comunicación que le entregó a Rivadavia “que los propósitos de Buenos Aires no eran otros que los de ganar tiempo” y dando por concluidas las tratativas, le notificó, en forma terminante, que “el decoro del rey no permite que se prolongue por más tiempo la permanencia de usted en la Península”.

El Nro. 38 debía irse de España y sin demora. Mientras el fracasado diplomático buscaba carruajes para volver a Francia, pasando por Valencia y Barcelona, ciudades que deseaba conocer, un Congreso argentino reunido en Tucumán proclamaba la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata (Julio de 1816).

Al prolongar su permanencia en Europa, donde residió casi siempre en París, Rivadavia fue atesorando una amplia información sobre la política de esos países. Preocupado por la orientación del Gobierno inglés de aquel momento, Rivadavia le escribía al Director Supremo de las Provincias Unidas (Marzo de 1817), previniéndole:

La política que ejerce el gabinete de Londres es la única causa que retarda el reconocimiento de la independencia de América y amenaza su libertad.
El consiente que el Brasil invada nuestro territorio; él se aprovecha de nuestro comercio sin aceptar reciprocidad; él, por la ultrajante vía de hecho, pretende mantener un influjo exclusivo en ese país y en todos nuestros asuntos...”.

Advierte que, a pesar de lo señalado, “no se debe herir de ningún modo a la nación inglesa; es preciso hacer una formal distinción entre ella y su Gobierno”, y terminaba aconsejando:

Lo que debe manifestarse es una disposición igualmente cordial y amigable para con todos los Gobiernos y todas las naciones, y un justo discernimiento y vivo celo por nuestros intereses y conveniencias donde quiera las encontremos...
Esto es lo que nos corresponde si hemos de ser verdaderamente independientes; lo contrario sería servir a intereses ajenos subordinando a ellos los nuestros”.

El Rivadavia diplomático frecuentaba, como tal, esa sociabilidad que congrega en los llamados “salones” de París, relevantes figuras de todos los sectores de la cultura y del Gobierno. Es una tácita cita semanal que permite el diálogo entre escritores, sabios, filósofos, ministros y banqueros... y en donde la presencia de mujeres hermosas y elegantes da a la tertulia el encanto de sonrisas que estimulan el ingenio...

Esto último suscita en Buenos Aires la malicia lugareña de que fascinado por las damas europeas, Rivadavia pueda sucumbir a tentaciones y olvidar la patria y el hogar lejano... ¿Acaso no se ha ido hace años, dejando en el Plata a Juanita y a sus hijos..?

Falsa preocupación, pues Rivadavia no es indiferente a los lazos de familia; en 1818, Rivadavia la ha invitado a Juanita a reunirsele con él allá, en el Viejo Mundo, y ella ha aceptado con entusiasmo... Pero el viaje no se efectuará, porque el Estado considera inconveniente incurrir en ese gasto, calculando que muy pronto Rivadavia estaría de regreso... Cálculo equivocado, pues Rivadavia sólo estuvo de vuelta en Mayo de 1821.

Las penurias financieras del país provocaron las de Rivadavia... Reducida a la mitad la suma fijada cuando su nombramiento, llegó a suprimírsele la asignada a su esposa... Las remesas del dinero le llegaban a Europa con igual tardanza que las Instrucciones solicitadas para orientar sus gestiones o las informaciones de lo que ocurría en el país.

Milagro de honrada voluntad el patriotismo de este negociador que, sin recursos ni noticias siguió, solo y como olvidado, sirviendo a miles de leguas de distancia los intereses argentinos y sobrellevando con paciente astucia el espionaje que agentes del Gobierno de Fernando VII efectuaban en su correspondencia o en visitas que espías realistas -simulando ser simples curiosos- cumplían en su casa pretendiendo sorprender la buena fe de Rivadavia y sonsacarle novedades...

De su vinculación con la intelectualidad europea trajo Rivadavia una mayor coherencia para sus ideas, ventaja fundamental si una insurrección de verdad acompaña el nacimiento de un país(19).

(19) Véase: Alberto Palcos. “Rivadavia, Ejecutor del Pensamiento de Mayo” (1960), en la Biblioteca de la Facultad de Humanidades de Buenos Aires, tomo XXXIII, volumen 1, La Plata. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Y trajo también un renovado entusiasmo para realizar en la tierra natal las mejoras que la burguesía, vanguardia en la organización social de entonces, señalaba en esas horas de la historia universal.

Es probable que asimismo allá, en el Viejo Mundo, se hubiera afiliado a la Masonería(20).

(20) A. Lappas. “La Masonería Argentina a través de sus Hombres” (1958). Ed. Establecimiento Gráfico, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

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