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La Guerra de los Farrapos

- La monarquía brasileña. Pedro I

Los primeros años de la independencia de Brasil fueron complicados. Pedro I asumió el título de Emperador en lugar de rey, tanto para remarcar la diversidad entre las diferentes provincias brasileñas como para emular a Napoleón que unió la idea del Imperio con la revolución francesa y la modernidad.

Sin embargo, Pedro I se encontraba entre la sociedad relativamente cosmopolita de Río de Janeiro y el resto del país, mucho más conservador y patriarcal. Pedro dejó a un lado pronto sus ideales liberales con una Constitución (proclamada el 24 de Febrero de 1824) que le proporcionaba un destacado poder, algo que se consideraba necesario para mantener el control en las zonas interiores, particularmente en el Norte del país.

En numerosas provincias, especialmente en las del Norte, empezó a crecer el sentimiento republicano. En 1825 surgió una insurrección independentista en la platense Provincia Oriental (hoy Uruguay), que había sido anexada por Portugal y unida a Brasil desde 1821 bajo el nombre de Provincia Cisplatina.

La provincia proclamó no sólo su independencia de Brasil, sino también su intención de unirse a las demás provincias platenses. Esto desencadenó -en Diciembre de ese año- la guerra contra las Provincias Unidas del Río de la Plata, donde las fuerzas brasileñas sufrieron una serie de derrotas navales y terrestres a mano de las fuerzas aliadas de las Provincias Unidas y la Provincia Oriental, conducidas por oficiales con gran experiencia militar durante las guerras de independencia.

A todo esto, Pedro se vio envuelto en una serie de negocios ilícitos para obtener dinero, haciendo además pública la relación con su amante Domitila de Castro Canto y Melo, a la cual concedió el título de marquesa de Santos, hechos que le restaron popularidad.

Esto se agravó con su indecisión personal entre defender los intereses de Brasil y su lealtad familiar hacia Portugal, donde aún reinaba su padre y sobre cuyo trono mantenía derechos sucesorios.

Al conocer la muerte de su padre Juan VI -el 10 de Marzo de 1826- Pedro decidió sucederle en el trono como rey de Portugal, ignorando las restricciones de su propia Constitución; acudió de inmediato a Portugal y allí promulgó la Constitución liberal portuguesa, el 26 de Abril de 1826 pero, ante la amenaza de los seguidores de su hermano Miguel, se vio forzado a hacer un Acta de Abdicación el 2 de Mayo en favor de su hija María de Braganza, condicionado hasta que fuera aceptada la Carta Constitucional de 1826 y su hija casara con su hermano Miguel, ya que la pequeña reina tenía sólo siete años, tras lo cual retornó a Brasil.

Pedro, actuando ahora como el rey Pedro IV de Portugal, declaró que la abdicación ya estaba cumplida el 3 de Marzo de 1828. Mientras tanto, su aparente indecisión entre Portugal y Brasil siguió dañando su ya maltrecha popularidad entre sus súbditos sudamericanos, el que se agudizó en su retorno al Brasil.

Ese mismo año murió su aún joven esposa, la emperatriz Leopoldina de Austria, todavía popular entre las masas. El 17 de Octubre de 1829 Pedro se casó con su segunda esposa, Amelia de Beauharnais, princesa de Leuchtenberg. Amelia era la hija de Eugenio de Beauharnais y nieta de la emperatriz Josefina de Beauharnais; también hermana de Augusto Carlos Eugenio Napoleón de Beauharnais, que se casó con la hija de Pedro, María II.

- Regreso a Portugal

Tras su viaje a Portugal de 1826, el autoritarismo de Pedro fue aumentando, creyendo el monarca que el otorgamiento de libertades políticas a sus súbditos de Brasil causaría el riesgo de desintegración del país, por lo cual persiguió toda oposición al extremo de enviar al exilio a José Bonifacio, el científico y prócer que lo había estimulado a proclamar la independencia en 1822.

La agitación popular en Río de Janeiro de 1831, que mostraba a los brasileños disgustados con la participación de portugueses en el Gobierno, obligará a Pedro I a abdicar y huir a Portugal definitivamente.

Tras una crisis política que terminó con la dimisión de los ministros y en medio de una fuerte crisis económica por las Deudas del Imperio y el crónico déficit de la Corona, Pedro abdicó al trono de Brasil en favor de su hijo de seis años, el príncipe Pedro de Alcántara, el 7 de Abril de 1831, dejando Instrucciones para establecer una regencia, la que durará hasta 1840.

Fueron años dificiles para Brasil, ya que en estos años se desencadenarán revueltas en diversas provincias del país. La más sangrienta de ellas, la Cabanagem, en el ahora Estado de Pará, que duró de 1835 a 1840 y habría causado la muerte de 30 mil personas, más de un tercio de su población. En esta revuelta se llegó a decretar la independencia de la provincia.

En la entonces provincia de Maranhão, la Balaiada, de 1838 a 1841, fue una revuelta de las clases pobres contra las desigualdades sociales y las injusticias de la esclavitud.

La Sabinada, en Bahía, entre los años de 1837 y 1838, tuvo su origen en la revuelta de 1835, de la misma provincia. De corta duración, fue reprimida con gran violencia por el Poder Central que abusó de la inexperiencia militar de sus jefes.

La Praieira (1847-1849), fue una rebelión de carácter liberal y separatista que estalló en Pernambuco entre 1848 y 1850. Esta insurrección formó parte de las muchas que se dieron en Europa a mediados del siglo XIX siguiendo ideologías socialistas y nacionalistas que buscaban -entre otras cosas- el fin del absolutismo. Se luchó contra las familias oligárquicas que detentaban el poder y las tierras y contra los portugueses que todavía tenían el mando del comercio.

La Revolução liberal de 1842 fueron dos movimientos liberales registrados en São Paulo y Minas Gerais, respectivamente, encabezada por el Padre Diogo Antõnio Feijó -ex regente del Imperio- y por el brigadier Rafael Tobias da Silva. En 1844, el emperador Pedro II dio la amnistía a los antiguos rebeldes involucrados y permitió ese mismo año el ingreso de liberales en su Consejo de Ministros.

La economía brasileña de la época se basaba en el azúcar, vendido a bajo precio, mientras que el algodón, el tabaco, el cacao, el arroz y el cuero sufrían mucha competencia del extranjero.

El río Uruguay -fácilmente navegable- era el límite natural entre Río Grande del Sur y las provincias rioplatenses de Corrientes y Santa Fe, lo que implicaba el intercambio de un gran flujo de personas y mercaderías entre éstas.

- La República de Río Grande

La República Riograndense o República de Río Grande -también conocida como República de Piratini- resultó del conflicto separatista -Revolución Farroupilha - ocurrido entre 1835 y 1845 en la entonces provincia de Río Grande del Sur, en el sur del Brasil.

Los principales líderes riograndenses eran estancieros gaúchos, que habían aprendido el arte de la guerra en las guerras platinas, más precisamente en la Guerra del Brasil, como Bento Gonçalves.

- Perennidad de la República Riograndense. Aspectos históricos

Muchos historiadores, en su mayor parte gaúchos, han estudiado la disolución de la República Riograndense. Se basan especialmente en el hecho de que el documento que formaliza el Tratado de Poncho Verde nunca fue encontrado, apenas algunos restos, y que los términos allí descritos fueron desacreditados parcial o totalmente por el Imperio.

La República fue inviable formalmente porque su emancipación nunca fue reconocida por parte del Imperio ni por ninguna otra nación, habiéndose mantenido su territorio en los límites del Brasil, incluso después de la proclamación de la República brasileña, la cual se compone actualmente de 27 unidades federativas, sin dejar fuera a Río Grande del Sur.

Además, la República carecía de soberanía, pues no disponía -por ejemplo- del monopolio de la fuerza, ya que no poseía Ejército y policía propios, ni su Administración era independiente de la del Brasil, no habiendo noticias de posterior indicación o elección de otro presidente nacional piratinense sin ser Bento Gonçalves.

Una vez disuelta la República Riograndense, tras la derrota con el Ejército del Brasil, y su eventual anexión a este último, se conformó lo que actualmente se conoce como el Estado de Río Grande do Sul.

No obstante, y en vista del gran vínculo histórico, cultural y social que mantuvo con la antigua Provincia Cisplatina (hoy, la República Oriental del Uruguay), muchos riograndenses expresan un sentimiento de solidaridad hacia el país vecino, sintiéndose a menudo más identificados con el estilo de vida gaucho que con el brasileño.

Este hecho se debe en mayor medida a que ambos territorios -Río Grande do Sul y Uruguay- fueron en su momento parte de la Banda Oriental, una división administrativa que dependía de la Gobernación-Intendencia de Buenos Aires y éste -a su vez- del Virreinato del Río de la Plata

En época colonial, la Banda Oriental representó un auténtico campo de batalla entre tropas españolas y portuguesas, que combatían por la tenencia de esas tierras.

Cuando la Banda Oriental obtuvo un Gobierno local propio dentro de las Provincias Unidas, adquiriendo la condición de Provincia, una serie de derrotas en la franja oriental, sumado al repentino debilitamiento de las autoridades rioplatenses sobre la región, dio paso a que las tropas luso-brasileñas invadieran el territorio y se hicieran con el poder en 1816.

Desde esta fecha hasta la revolución de los Treinta y Tres Orientales en 1825, la entonces Provincia Cisplatina respondía a las órdenes y a la voluntad del Imperio del Brasil, ya independizado de Portugal desde 1822.

En 1828, durante la Convención Preliminar de Paz de Río de Janeiro, en la que participaron las Provincias Unidas del Río de la Plata, Inglaterra y el anfitrión Brasil, se reconoció de forma definitiva y unánime la independencia de los territorios que formaban parte de la mitad centro-sur de la Provincia Cisplatina, dando origen al soberano Estado Oriental del Uruguay.

En cuanto a las tierras contenidas en la mitad septentrional -mayor en superficie- nacería el Estado brasileño de Río Grande do Sul. Esta maniobra ha sido estudiada por muchos historiadores que ven en la misma un intento de satisfacer los intereses de las partes negociantes, principalmente los de Brasil e Inglaterra.

Esta última tendría libre acceso a las aguas regionales sin pagar aranceles ni impuestos, como tampoco deberían abonar una tasa al Gobierno uruguayo los buques procedentes de las Provincias Unidas o de Brasil.

En 1839, la República Riograndense formó una Confederación conjunta con la República Juliana, la cual fuera proclamada ese mismo año, en Santa Catarina, y cuya capital era la Ciudad de Laguna.

La República Riograndense fue disuelta el 1 de Marzo de 1845, por el Tratado de Poncho Verde, que mantuvo en vigor algunas leyes derivadas de la Constitución riograndense.

Tuvo ante todo cinco capitales durante sus nueve años de existencia: Piratini, en 1836; Caçapava do Sul, en 1839; y Alegrete desde 1840(1) hasta principios de 1845 -siendo las tres sucesivas capitales oficiales- además de Bagé que solamente lo fue por dos semanas en este último año y São Borja hasta el 1 de Mayo.

(1) Roberto Fonseca. “História do Rio Grande do Sul para Jovens” (2002), p. 145. Ed. AGE, Porto Alegre.

- Las causas de la guerra

La Guerra de los Farrapos o la Revolución Farroupilha son los nombres por los cuales se conoció el conflicto republicano y posteriormente separatista ocurrido entre el 20 de Septiembre de 1835 y el 1 de Marzo de 1845 en la entonces provincia de Río Grande del Sur, alcanzando la región de Santa Catarina (República Juliana) al sur del Brasil.

Durante este período, Río Grande se constituyó en una República independiente (República Riograndense) cuyos presidentes fueran Bento Gonçalves da Silva y Gomes Jardim.

La revolución -de carácter republicano- influenció movimientos que ocurrieron en otras provincias brasileñas, como la insurrección ya citada que vendría a ocurrir en São Paulo en 1842 y la revuelta denominada “Sabinada” en Bahía en 1837, ambas de ideología liberal.

Se inspiró en la guerra de independencia de la Banda Oriental, manteniendo conexiones con la nueva República del Río de la Plata, además de provincias autónomas como Corrientes y Santa Fe.

Llegó a expandirse a Santa Catarina, con la proclamación de la República Juliana en Laguna, y a la ciudad Lages en el Planalto.

Tuvo como líderes el general Bento Gonçalves, general Antõnio de Sousa Neto, coronel Onofre Pires, coronel Lucas de Olivo, diputado Vicente da Fontoura, Pedro Boticário, general Davi Canabarro, coronel Corte Real, coronel Teixeira Nunes, coronel Domingos de Almeida, mayor Vicente Ferrer de Almeida, coronel Domingos Crescncio de Carvalho, general José Mariano de Mattos, general Gomes Jardim(2) además de recibir inspiración de italianos de la Carbonaria refugiados en la región y la ayuda del republicano Giuseppe Garibaldi.

(2) Ivar Hartmann. "Aspectos de la Guerra de los Farrapos” (2002), p. 148. Ed. Feevale, Novo Hamburgo - edición electrónica.

En la época del período de la regencia en Brasil, el término “farrapo” (harapo) era despectivamente imputado a los liberales por los conservadores (“caramurus”) y con el tiempo adquirió una significación elogiosa, siendo adoptada con orgullo por los revolucionarios, de forma semejante a la que ocurrió con los “sans culottes” en épocas de la revolución francesa.

Muchos esclavos negros participaron en esta guerra buscando la oportunidad de liberación.

Las causas remotas del conflicto se encuentran en el plano económico y político, que la región del Sur -en particular la provincia de San Pedro de Río Grande del Sur- ocupaba durante la regencia.

Parte de la región integró anteriormente la Banda Oriental del Uruguay y tuvo importancia en la defensa de los límites territoriales entre España y Portugal.

A diferencia de las provincias del Sudeste y Nordeste, cuya producción de productos primarios se destinaba al mercado externo, la de Río Grande del Sur producía para el mercado interno, teniendo como principales productos el cuero y charque.

El charque (carne salada), producido en los saladeros, era utilizado en la alimentación de los esclavos africanos, en especial de las minas de oro de la provincia de Minas Gerais y las haciendas de café y azúcar en la región del Sudeste de Brasil.

La región del Sur, de este modo, se encontraba dependiente de un mercado interno y sufría la competencia externa de los vecinos Uruguay y las Provincias Unidas del Río de la Plata.

El Gobierno Imperial brasileño, para acercarse a Uruguay, no le exigía impuestos de importación. Como causa inmediata, el charque riograndense era tributado más fuertemente que el producido en las Provincias Unidas y la Banda Oriental, perdiendo así competitividad en el mercado interno.

- Política exterior. La Banda Oriental independiente

Se debe considerar que Río Grande del Sur, como región fronteriza, estaba militarizada desde el siglo XVIII. Poco antes del levantamiento de 1835, había tenido lugar la guerra con las Provincias Unidas del Río de la Plata por la posesión de la Provincia Cisplatina (hoy Uruguay), donde varios militares y caudillos riograndenses tuvieron una importante actuación militar, Bento Gonçalves da Silva y Bento Manuel Ribeiro entre ellos.

Además, el partido liberal en Brasil estaba íntimamente ligado a las logias masónicas con ideales de igualdad, libertad y fraternidad. La sociedad secreta italiana "Carbonería" y la "Giovane Italia" de Giuseppe Mazzini, a que pertenecía Giuseppe Garibaldi, difundían los ideales republicanos en América del Sur.

- Cronología de la guerra

Iniciada el 20 de Septiembre de 1835 con la entrada de los insurrectos en Porto Alegre derribando el Gobierno legal, terminó el 28 de Febrero de 1845 con la firma de la paz a través del Tratado de Poncho Verde, refrendado por los comandantes y jefes de la República Riograndense y del Imperio, este último representado por el duque de Caxias y oficiales superiores, en los Campos de Carolina, tierras bañadas por el arroyo Poncho Verde, en la fronteras del Estado insurgente.

La Guerra de los Farrapos duró 9 años 5 meses y 11 días. Al inicio de la guerra, la población riiograndense era estimada en 142 mil habitantes, mientras que el Imperio poseía 7 millones. La mayoría de la población habitaba en el Interior y se dedicaba a la cría de ganado, ovejas y caballos, además de producir granos para la subsistencia. Los primeros colonos alemanes llegan hacia 1824.

El verdadero número de muertos y heridos es desconocido, ya que las partes ocultaron sus bajas mientras aumentaban la del enemigo. Un relevamiento efectuado 40 años después por Araripe -que apodaba a los revolucionarios de “anarquistas”- concluía que en las filas de los farrapos tuvieron 1.826 muertos y en las del Imperio, 956.

Al final de la guerra, el Imperio poseía 12.000 soldados en el Sur -entre caballería, artillería, infantería y marina- mientras que en el resto del país había 13.400 hombres. Los republicanos tenían aproximadamente 2.000 soldados -de infantería y caballería- y sólo tuvieron artillería en el inicio del movimiento.

Los liderazgos de los insurgentes en su mayoría estuvieron integrados por propietarios de tierras que, por las características regionales de la época, también tenían instrucción y puestos militares. En las campañas militares que se registraron en el siglo XIX y que caracterizaron a Río Grande del Sur, era común que los soldados y oficiales de menor graduación abandonaran las filas después de los combates -o durante el invierno- para buscar sus hogares, cuidar de sus quehaceres y resolver sus problemas, volviendo después para unirse en el sitio combinado.

El principal producto de la provincia era el charque y los principales saladeros estaban en la región de Pelotas para facilitar la exportación por vía marítima. Los perjuicios sufridos por la no recaudación de impuestos en los nueve años que duró el conflicto, fue igual a un cuarto de todas las rentas del Imperio en el mismo período

El principal factor político que llevó a la insurrección fue la lucha entre liberales (farroupilhas) y conservadores (portugueses y defensores del poder centralizador). La influencia política externa fueron las recientes guerras de independencia contra España, de las cuales resultaron la creación de Estados soberanos en divesas regiones de América del Sur y en particular la política rioplatense, principalmente la acción de Fructuoso Rivera, en la Banda Oriental y de Juan Manuel de Rosas, en Buenos Aires.

- Los sucesos más trascendentes del período 1835-1838

El ambiente en la provincia de San Pedro del Río Grande del Sur era tenso hacia 1835, principalmente en Porto Alegre. Los rumores y las denuncias implicaban a las dos grandes facciones políticas: los “farroupilhas” -liberales y en gran número republicanos- y los “caramurus”, conservadores y monarquistas.

En el plano económico, los primeros tenían sus principales partidarios entre las personas involucradas con el comercio de carne: estancieros, charqueadores, etc., mientras que los “caramurus” eran fuertes entre los comerciantes de Porto Alegre, Río Grande y Pelotas, muchos de ellos portugueses.

Los “farroupilhas” ligados a las actividades pastoriles, eran los que más se resentían con las recientes medidas imperiales que facilitaban la entrada del charque uruguayo a Brasil, que llegaba al centro del país más barato que el riograndense. La idea del Imperio era -incluso a costa de la economía gaúcha- solidificar los lazos con la República Oriental, alejándola de las Provincias Unidas, enemigas potenciales de Brasil.

A esto deben agregarse las buenas relaciones que mantenían personajes influyentes como Bento Gonçalves da Silva, casado con una uruguaya y amigo personal de militares y políticos orientales, compadre del general Juan Antonio Lavalleja, jefe de los 33 Orientales y responsable de la independencia de la Banda Oriental. Incluso, Gonçalves da Silva fue denunciado por mostrarse favorable a la separación del Río Grande del Imperio, proceso en el cual tuvo que defenderse en Río de Janeiro, siendo finalmente absuelto.

Otro jefe “farroupilha”, Manuel de Lima e Silva, comandante del principal Cuartel de la capital, también había sido procesado años antes bajo los mismos cargos, quien habría actuado con el apoyo de alemanes de la colonia de San Leopoldo; éste también fue absuelto.

A estos se agregan algunos propietarios de pequeños periódicos -de ambas faccions en pugna- sobresaliendo Pedro José de Almeida, apodado “Pedro Boticário”, farroupilha, que lanzaban violentos ataques contra los adversarios y que por su radicalismo impedían una clara y serena discusión de los intereses de la provincia.

Decidieron entonces -los farrapos- alegando persecuciones y afrentas del presidente de la provincia -quien era nombrado por el Emperador y los “caramurus”- derribarlo y colocar en el cargo un correligionario liberal. En este primer momento, la insurrección era una simple revuelta, destinada únicamente a la sustitución del jefe del Ejecutivo Provincial.

Los rebeldes concentraron -en secreto- sus fuerzas en Pedras Brancas (hoy Guaíba) y en la madrugada del 19 de Septiembre de 1835 cruzaron el río comandandos por Onofre Pires y Gomes Jardim y se acercaron a Porto Alegre, yendo a acampar previamente en Ponte da Azenha, situado en un camino de acceso a la capital. Era una fuerza de 200 hombres

El Gobierno -que disponía de 250 soldados para la defensa de la capital- sorprendido y tomando conocimiento de lo que estaba sucediendo, envió en la noche del citado día un destacamento para espiar a los sediciosos. Ya en el Ponte da Azenha se produjo el primer choque armado, con derrota por parte de los legales. El Gobierno entró en pánico. El presidente Fernandes Braga abandonó el Palacio refugiándose en una Escuadra de guerra surta en el puerto, mientras buscaba los medios para defender la ciudad.

El 20 de Septiembre, las tropas “farroupilhas” entran en Porto Alegre, con el regocijo de gran parte del pueblo, y en la noche de ese día, Fernandes Braga -sin medios para la resistencia- parte para la Ciudad de Río Grande. Los "harapos" tomaron el Gobierno, tomando posesión del mismo el vicepresidente, Marciano Ribeiro, en lugar del fugitivo Fernandes Braga.

De inmediato, Ribeiro da cuenta de lo sucedido a las otros municipios. El 22 de Septiembre de 1835 se libra un pequeño combate en Herval y el 23 de Octubre Fernandes Braga se retira a la Corte, en Río de Janeiro.

El 15 de Enero de 1836, el Imperio nombra a un nuevo presidente, Araújo Ribeiro, quien asume el cargo en Río Grande, alegando que la Asamblea Provincial -reunida en Porto Alegre- se negaba a darle posesión. La provincia tiene dos Gobiernos.

A finales del año anterior y principios de 1836, los menos radicalizados de ambas facciones intentaron un consenso para pacificar los ánimos pero, los más exaltados -entre ellos Araújo Ribeiro- por sostener una política inicua llevaron a las partes a los campos de batalla.

Entre las sucesos bélicos registrados en 1836 merece destacarse la recuperación de Porto Alegre por parte de los imperiales -registrada en la noche del 14 al 15 de Junio de 1836- que nació de una revuelta liderada por militares detenidos en el barco “Presiganga”, anclado en Porto Alegre, que hacía las veces de cárcel.

El 10 de Septiembre de 1836, en el Ceibal, al borde de la carretera que une Bagé a Pelotas, el coronel Antõnio de Sousa Neto con 430 hombres, derrota al imperial Silva Tavares -que lideraba 500 combatientes- en una difícil carga de caballería.

Al día siguiente (11 de Septiembre), en las márgenes del río Jaguarão, en el límite con Uruguay, Antõnio de Sousa Neto -general de la primera brigada del Ejército liberal republicano- proclamó, en el Campo de Menezes, la República, separando del Brasil a Río Grande del Sur(3).

(3) Antõnio de Sousa Neto luchó en diversas batallas por los republicanos, dirigiendo el sitio de Porto Alegre durante varios meses y reconquistando Río Pardo, que estaba en manos imperiales. Abolicionista convencido, fue a vivir a Uruguay después de la guerra, con los negros que lo acompañaban libremente y continuó criando ganado. Fue requerido, junto a su Ejército personal -en 1864- para luchar en el asedio de Paysandú y luego en la Guerra del Paraguay. En la batalla de Tuyuti fue herido de bala y enviado a un hospital en Corrientes, donde falleció.

El 12 de Septiembre de 1836, João Manuel de Lima e Silva firma un decreto declarando “... para siempre liberados los negros esclavos que se asientan para los Ejércitos de la República”.

El Poder Legislativo de Jaguarão se adhiere de inmediato a la separación y nombra a Bento Gonçalves da Silva como jefe interino del Gobierno.

El 4 de Octubre de 1836, Bento Gonçalves -que asediaba Porto Alegre- busca regresar al Sur pero es derrotado y atrapado en la Ilha do Fanfa (río Jacuí) junto a 1.100 hombres. En tanto, otro jefe rebelde -Domingos Crescncio- consigue retirarse con 400 soldados.

Sintiendo los jefes del movimiento republicano que la lucha se prolonga, el 1 de Noviembre de 1836 crean cuatro columnas comandadas por Antõnio de Sousa Neto, João Antonio da Silveira, José Mariano de Matos y Domingos Crescncio. João Manuel de Lima e Silva asume como Comandante en Jefe de los Ejércitos de la República.

El 6 de Noviembre, el Poder Legislativo de Piratini elige a Bento Gonçalves -que estaba detenido- como presidente de la República y a Gomes Jardim para sustituirlo en caso de impedimento de aquél.

Ya en 1837, Antonio Neto toma Caçapava, un centro de abastecimiento imperial, incautando materiales bélicos de los cuales los republicanos estaban carentes durante toda la guerra.

Se reinicia el sitio de Porto Alegre -que estaba protegido por fosas y trincheras-. Se suceden ataques esporádicos a diversos sectores de la defensa, sin resultados prácticos y la capital fue bombardeada.

En Septiembre de 1837, Bento Gonçalves -que había sido arrestado en la Ilha do Fanfa y trasladado a Río de Janeiro- es mudado a Salvador (Fortaleza do Mar), siempre con grandes medidas de seguridad. Pero, con el apoyo de la masonería local y en particular del riograndese Irineu Evangelista de Souza -futuro vizconde de Mauá y el mayor industrial del Imperio- aquél puede huir y dirigirse a Río Grande donde asume los cargos de presidente de la República y Comandante en Jefe del Ejército.

Ya en 1838, el Comandante en Jefe del Ejército Imperial informa que dispone de 6.400 soldados, siendo 2.000 de caballería, mientras que los republicanos contaban con 5.200 hombres, siendo sólo 400 de caballería.

En Abril de 1838 se registra una gran victoria farroupilha en Río Pardo, con destrucción de las fuerzas imperiales, que soportaron cientos de muertos y detenidos, incluyendo entre estos al maestro de música Joaquim José Mendanha, que compondrá más tarde el "Himno Riograndense".

En Agosto de 1838 se inicia la guerra de corso en la Laguna de los Patos. Los republicanos cuentan con dos barcos, comandados por el italiano José Garibaldi y otro bajo el mando del estadounidense John Griggs.

- Proclamación de la República

La Constitución de la República Riograndense fue aprobada en 1843, en Alegrete y, entre sus artículos destaca lo siguiente:

Desligado el pueblo riograndense de la comunión brasileña, reasume todos los derechos de la primitiva libertad; hace uso de estos derechos imprescriptibles constituyéndose República independiente; toma en la extensa escala de los Estados soberanos, el lugar que le compete por la suficiencia de sus recursos, civilización y riquezas naturales que le aseguran el ejercicio pleno y entero de su independencia, eminente soberanía y dominio, sin objeción al sacrificio de la más pequeña parte de esta misma independencia o soberanía a otra nación, gobierno o potencia extraña cualquiera”.

(Piratini, 29 de Agosto de 1838)

La Proclamación de la República Riograndense se hizo efectiva el 11 de Septiembre de 1836 tras la victoria del general Antõnio de Sousa Neto sobre las tropas brasileñas en las cercanías de Bagé y ocurrió por no existir más condiciones de unión entre la provincia de Río Grande del Sur y el Imperio del Brasil, siendo considerada injusta por los revolucionarios, la forma cómo el Gobierno Imperial trataba la provincia.

- El gobernador Atienza y su actitud ante secesión de Río Grande

Un aspecto de las relaciones exteriores en las que tuvo que ver Corrientes por su proximidad, fue la separación de Río Grande del Sur del Imperio del Brasil.

El 17 de Diciembre de 1835, el gobernador de Corrientes dirigió una Nota a su colega de Buenos Aires, comunicándole que seguiría la política trazada por el Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina con respecto al movimiento insurgente producido en aquella provincia del sur del Brasil, que culminó con la formación de la República de Río Grande del Sur.

Dicha política estaba regida por las buenas relaciones con el Imperio del Brasil y, en consecuencia, se prohibía a los súbditos de la República toda ingerencia en ella y el suministro de armas y municiones de guerra, a los puertos de dicha provincia.

Y agregaba que

animado el Gobierno de Corrientes de iguales sentimientos amistosos hacia el Imperio del Brasil y, no obstante que desde el momento que llegó a su noticia el movimiento extraordinario que ha tenido lugar en la provincia de Río Grande del Sud, ha mandado reforzar las Guardias que cubren los puntos fronterizos a aquel Estado, por la razón natural, justa y no menos conveniente de prevenir la tendencia que una convulsión semejante pudiera tener sobre el bienestar de un país tan inmediato como éste, estando alerta por lo mismo para evitar que las chispas del desorden salten a su territorio, no por esto ha dejado de guardar -en orden a dichos acontecimientos- la más estricta neutralidad que la política y la prudencia aconsejan a tales casos para con los Estados vecinos amigos...(4).

(4) Provincia de Corrientes, ley Nro. 732. “Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad. 1839 - 31 de Marzo - 1939” (1938). Compilación documental extraida de los archivos argentinos y uruguayos, tomo II, pp. 169-170. Imprenta del Estado, Corrientes. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Rafael León de Atienza (Gobernador y Capitán General de Corrientes. 1833-1837. Su Gobierno y su Epoca)” (2001). Impreso en Gráfica Busot S. R. L., Buenos Aires.

Pero en Julio del año siguiente, el Gobierno de Corrientes, que había tratado por todos los medios de mantener buenas relaciones con las autoridades brasileñas fronterizas, se quejó que de éstas sólo había recibido en reciprocidad una serie de agravios y no correspondencia a sus actos de buena voluntad y de acuerdo a derecho.

Por ello solicitaba al Gobierno Encargado de las Relaciones Exteriores “quiera -en vista de los expuesto- hacer sobre el particular la competente reclamación al Gobierno de dicho Imperio, reservándose en el entretanto el infrascripto poner en ejecución las medidas que el derecho de gentes le permite, caso de no ser atendido en justicia por el Gobierno cuyas autoridades subalternas le infieren tamaños ultrajes(5).

(5) Provincia de Corrientes, ley Nro. 732. “Honrando el Centenario de Pago Largo y la Epopeya por la Libertad y la Constitucionalidad. 1839 - 31 de Marzo - 1939” (1938). Compilación documental extraida de los archivos argentinos y uruguayos, tomo II, p. 172. Imprenta del Estado, Corrientes. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Rafael León de Atienza (Gobernador y Capitán General de Corrientes. 1833-1837. Su Gobierno y su Epoca)” (2001). Impreso en Gráfica Busot S. R. L., Buenos Aires.

Las alternativas de estas relaciones con los territorios vecinos del Brasil no tuvieron solución definitiva durante el Gobierno de Atienza y continuaron de acuerdo a los vaivenes de la política rioplatense en los años siguientes.

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