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Atienza se acerca a Buenos Aires. La escisión del federalismo correntino

- Atienza en contacto con Buenos Aires. Esta defiende su posición ante los hechos

El gobernador Rafael León de Atienza acató el reiterado pronunciamiento de la Legislatura convencida en el hecho que de no haber el Paraguay pasado una línea del territorio que creía suyo en Misiones -que en más de veinte años estuviera sujeto a una alternativa ocupación- no implicaba -pese a las diversas crisis e insurrecciones- sino “una política, aunque mezquina, profundamente calculada”. En resumen, Corrientes debía volver a una política defensiva en la crisis desatada con la presencia paraguaya en el Nordeste del territorio.

Atienza comunico esta decisión del Congreso a la provincia de Buenos Aires, al día siguiente, el 19 de Abril de 1834, que implicaba el cese de las negociaciones con las provincias litorales pidiendo ayuda en hombres y material bélico, a cuyo efecto adjuntó copia de todo lo producido, avisando se retiraban las fuerzas de la provincia hasta la Tranquera de Loreto(1).

(1) Esta Nota, en el Archivo General de la Nación. Legajo “Corrientes”. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929), Capítulo XVII. Edición del Estado.

Los hombres de Buenos Aires no estaban ajenos al desarrollo de los sucesos, que se comunicaron circunstancialmente a ese Gobierno por Nota del diputado de Corrientes, Juan Mateo Arriola, fechada en Buenos Aires el 8 de Marzo de 1834(2).

(2) La Nota está en el Archivo General de la Nación. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929), Capítulo XVII. Edición del Estado.

Expresábase en ese comunicado que

* el Ejército correntino constaba solamente de 1.300 hombres;
* que los invasores paraguayos se fortificaban en Candelaria;
* que la invasión era una causa nacional;
* que el poder militar de Corrientes era suficiente para defenderse de las fuerzas acantonadas en Itapúa pero que, como el Paraguay sólo parecía buscar una guerra estacionaria, se debía tomar la ofensiva para cortar con esa situación violenta.

Lo que pretende el Paraguay -agregaba- es el territorio de los pueblos de Misiones, del Paraná al Uruguay, más el territorio que hay desde la costa del Paraná hasta Yahapé, con su fondo hasta el Uruguay y con un frente de veinte leguas, aspiraciones territoriales que probaba -en cuanto a lo primero- con la conducta de ese país y, en cuanto a lo otro, con una Nota anónima enviada por el Comandante de Ñeembucú por orden del Dictador Rodríguez de Francia.

Esa Nota anónima -continuaba- fue archivada en Corrientes junto con la declaración del conductor.

Historiando los sucesos hacía mérito de que el ex gobernador Ferré había enviado fuerzas que desalojaron a los paraguayos de Misiones, cortando el comercio por el Ñeembucú, pero que posteriormente Rodríguez de Francia había ocupado Candelaria con 4.000 soldados, dejando constancia que las Fuerzas correntinas componíanse de 4 a 5.000 hombres de caballería de milicia activa y fogueada y de 300 dragones veteranos y que -en último caso- pelearía “toda la provincia en masa”; luego solicitaba una Escuadrilla sutil y fuerzas de infantería por las defensas paraguayas que debían asaltarse.

En último caso, reducía las pretensiones a la escuadrilla, mil fusiles y los 900 hombres prometidos por Entre Ríos y Santa Fe. En caso Buenos Aires se decidiese por la guerra ofensiva, Corrientes ponía a disposición todos sus recursos, anticipando que además de ganarse territorios, se libertarían a miles de argentinos detenidos por el dictador paraguayo.

Cuando el gobernador Atienza dio por concluidas las negociaciones, el Gobierno de Buenos Aires no pudo callar -por dignidad- produciendo una extensa Nota, del 20 de Junio de 1834, en la que al buscar sincerarse incurría en enormes contradicciones:

* hablábase de no desconocimiento del Pacto del Litoral, pero se recordaba que su Legislatura había declarado no haber llegado el caso de la Alianza;
* caracterizábase la preparación de la Escuadrilla de auxilio y se reconocía el carácter terrestre de la contienda;
* se protestaba por el abandono al invasor de una rica zona del territorio de la República y no se había aún movilizado un solo soldado que auxiliase a contener la invasión, ya que no a repelerla; etc.

El extenso Comunicado, sin finalidad práctica pues sólo se deslindaban responsabilidades, fue elevado por el gobernador Atienza a la Sala Permanente para que se instruyera de sus términos y pudiera contestarlo, la que el 11 de Septiembre de 1834 comunicó el fruto de sus debates.

Protestamos -decía- contra las observaciones que se permite el Gobierno de Buenos Aires, “usando de conceptos y expresiones que, si son sensibles, son también poco decorosas” y, abundando en sinceridad, recordaba que la política correntina -a contar de 1821- estuvo inspirada en la consideración de la provincia de Buenos Aires y en una acción solidaria con la Nación.

El gobernador Atienza no dio curso a este Memorial; su espíritu temperante le indujo esperar la próxima reunión del Congreso General para que se arbitrase la última palabra sobre el asunto.

Así lo significó en su Mensaje del 23 de Enero de 1835 a dicho Congreso, a cuya consideración puso la Nota de Buenos Aires y la respuesta de la Sala Permanente, asunto que éste entregó al dictamen de los diputados José N. de Goytía, Justo Díaz de Vivar y Domingo Latorre(3).

(3) El Congreso General reunióse inicialmente el 17 de Diciembre de 1834 con la presidencia de Juan Francisco Cabral y la secretaría del doctor J. García de Cossio. El día 20 de Diciembre, designó vicepresidente a Juan N. de Goytía. Se hace constar que la actividad legislativa en 1834 -a cargo de la Sala Permanente- comprendió algunas iniciativas curiosas como ser:
* el monopolio por cuatro años para extraer aguardiente de la palma jata’i, solicitado por Francisco Meabe y Pedro Costa;
* la ley del 31 de Octubre de 1834, creando un nuevo impuesto de exportación al vacuno;
* la del 10 de Septiembre de 1834, creando el cargo de Defensor General de Pobres y Menores; y
* la consideración del proyecto elevado el 22 de Noviembre de 1834 por el P. E., en el que el súbdito alemán Federico Bover pedía privilegio para introducir la navegación a vapor. Le fue reconocido el privilegio, por 27 meses, por ley del 27 de Enero de 1835. Hay que agregar que, junto a sus deliberaciones sobre la guerra con el Paraguay, el Congreso aprobó (18 de Diciembre de 1834), los nombramientos judiciales propuestos por al P. E. para 1835. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde la Revolución de Mayo hasta el Tratado del Cuadrilátero)” (1929), Capítulo XVII. Edición del Estado.

La Comisión se expidió con fino tacto político, adoptándose su despacho como resolución definitiva. Decía él:

... en vista del orden que goza la provincia, de la quietud y seguridad de sus habitantes, parece que el recuerdo de aquellos tiempos deplorables sólo debe servirnos para apreciar en lo que vale el don inestimable de la paz.
Por ella, pues, se deben hacer y se han hecho muchos sacrificios, pero nunca el honor y la gloria del Estado, y en este sentido es que se deben mirar los conceptos de la Nota de la Sala Permanente y en este mismo sentido también están las resoluciones del Capitán General”.

Pero, como la comisión quiere eludir explicaciones que no juzga oportunas, concluye su dictamen aconsejando a la H. Sala General mande archivar todas las Notas que se citan, prohiba expresamente que

se hable más sobre estos particulares y sólo conteste al P. E. facultándolo para que, a su tiempo, se exprese con el de Buenos Aires de un modo que salve el decoro que se debe a la provincia y a su legítima Representación, manteniendo aquellas relaciones a que somos llamados por la identidad de principios, por el orden de las cosas”.

- Más que un acto de fe, un hecho político. La Proclama por el 25 de Mayo

“La nacionalidad 'argentina' era esencialmente una ciudad -Buenos Aires- con una cultura política típicamente urbana y una élite supuestamente 'liberal' y modernizadora que buscaba proyectar su imagen de la Nación al atrasado y recalcitrante Interior.
“La gente en el campo tenía poco apego por los porteños -como llamaban a los habitantes de Buenos Aires- y ciertamente ningún interés en vivir bajo su sombra.
“Para que los provincianos aceptaran una Argentina unida bajo reglas porteñas, necesitaban concebirse a sí mismos como 'argentinos' antes que correntinos, riojanos, entrerrianos o salteños. No tenían preparación histórica para esta perspectiva y les resultaba difícil adoptarla, así como los venecianos o los bávaros encontraban difícil pensarse a sí mismos como italianos o alemanes.
“Los argentinos necesitaban que la identidad nacional fuera creada para ellos. Este era un proceso muy desigual, puesto que si las provincias rechazaban algún aspecto del libreto, los porteños estaban listos para imponérselo por la fuerza(4).

(4) Citado por Thomas Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e Inicios del Mayor Conflicto Bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Estos conceptos del historiador estadounidense echan luz sobre la significación del viraje político que el gobernador Atienza registró en 1834 y que implicó la escisión de los federalistas correntinos.

Uno de los actos que testimonia ese giro en sus ideas y sus actos fue la Proclama que expidió el 24 de Mayo -con motivo del aniversario de la revolución de Mayo- de 1834:

Viva la Patria

Compatriotas:
Hay ciertas épocas que se presentan a la faz del mundo, marcadas por grandes sucesos o por su carácter peculiar que las hace espectables en el inmenso cuadro de los tiempos pasados.
No hay que temer que jamás las cubra el velo del olvido. La historia se apodera de ellas y las perpetúa para bien de la posteridad. Tal es el grado eminente, la época memorable que tengo el honor de anunciaros.
Ciudadanos:
La aurora del día de mañana es la destinada a poner el sello al año vigésimocuarto de nuestra regeneración política. Ella va a abrir el paso majestuoso que debe conducirnos al complemento del 5to. lustro de la era de nuestra libertad.
¡Oh! Qué ideas tan sublimes se agolpan a la imaginación, al recuerdo de aquel venturoso día consagrado al feliz nacimiento de la patria, el fausto y glorioso 25 de Mayo de 1810.
Compatriotas:
Hoy más que nunca nos llama el deber de uniformar nuestros votos, sacrificando nuestros resentimientos ante el ara de la común concordia y, postrados en el templo del Eterno, rendirle en homenaje los más puros y sinceros afectos por los inmensos beneficios de que en igual día nos ha colmado con singular munificencia.
El Gobierno os invita pues a concurrir mañana al sacrificio solemne con sermón y tedéum que debe celebrarse en la Iglesia principal de esta ciudad.
Ciudadanos:
Mientras el Gobierno vela por la seguridad interior del pueblo, vosotros, contribuyendo al regocijo público con la luminaria acostumbrada, en la noche de este día y la siguiente y entregados a honestos placeres, tributad al sagrado y augusto día que celebramos los encomios más dignos de nuestro patriotismo.
Haced que se repitan con entusiasmo las vivas y lauros que el hogar le abona.
Que resuene, en fin, por todas partes con incesante júbilo: loor eterno al 25 de Mayo, entre glorias y laureles inmarcesibles".

Corrientes, Mayo 24 de 1834

"Quizá podamos compartir que la elocuencia no era el fuerte de Atienza, pero a esto lo suplía con su fervor patriótico por su provincia y su nación", dice el historiador Antonio Emilio Castello.

Pero la realidad es de más profundidad. Expresar "fervor patriótico" -en 1834- por el 25 de Mayo de 1810 era un acto político más que demostrativo de la nacionalidad. Ya para fines de Mayo de 1834, y tras los desaires de la oposición, el gobernador operó sus ideas y actos de tal manera que lo alejarían definitivamente de sus eventuales adversarios quienes también ya se encontraban del otro lado de la grieta política que en definitiva desembocará en la lucha armada que Corrientes sostendrá contra Buenos Aires. 

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