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Política económica porteña discrimina producción correntina

Las discrepancias que sostuvo oficialmente el Gobierno de Corrientes por la actitud del la Administración de Juan Manuel de Rosas tras el asesinato de Facundo Quigoga, no fue esa la única.

Rafael León de Atienza ensayó algunas quejas por la discriminación que sufrían los productos correntinos en Buenos Aires. En carta del 18 de Junio de 1836 -al gobernador porteño- se lamentaba porque la yerba mate y el tabaco de Corrientes debían pagar -por su introducción a aquella provincia- igual impuesto que el cobrado a similares productos paraguayos. Además, le parecía excesivo el 20 % cobrado a los cigarros fabricados en Corrientes.

Rosas le contestó que la yerba y el tabaco correntinos eran similares en calidad y volúmenes de introducción a los paraguayos, por lo cual se estimularía el contrabando al no poder clasificarlos en la Aduana de Buenos Aires.

También pensaba que podría, al alzarse los gravámenes, disminuir el comercio de la zona del río Uruguay con Buenos Aires, desde donde se traían yerba mate, tabaco, cueros, cebo, etc. desde las misiones brasileñas, Entre Ríos y la Banda Oriental y a donde iba gran cantidad de artículos desde la ciudad porteña.

Con respecto a los cigarros decía:

Por lo que hace a los cigarros, tuve la fuerte consideración de que en esta provincia hay muchas mujeres pobres, que viven de esta clase de industria”.

Y, más adelante, agregaba, refiriéndose a la Ley de Aduana sancionada en Noviembre de 1835 por el Gobierno bonaerense:

Usted habrá notado que por la citada ley quedan prohibidos o recargados de derechos una porción de artículos que se fabrican en las provincias del Litoral y del Interior, y no en Buenos Aires, lo que importa a esta provincia una contribución muy fuerte a favor de las demás, lo cual no sería justo que sufra, si una carga semejante no produce el efecto deseado por medio de la cooperación de todas (...).
Pero siempre he creído que el espíritu de justicia y buena fe que existe entre los Gobiernos confederados y el conocimiento de sus propios intereses los ha de conducir a uniformar su marcha económica, compensándose mutuamente las diferencias que resultasen de sus diversos productos y situaciones.
El Gobierno de Entre Ríos ya ha resuelto la cuestión de un modo conveniente, publicando una Ley de Aduana muy semejante a la de Buenos Aires (...). Así, me parece desde luego que también nosotros podríamos equilibrar las diferencias de nuestra industria y comercio, sin más que reformar las respectivas leyes de Aduana de ésa y de esta provincia.
En la de Buenos Aires se declararían libres de todo derecho el tabaco, la yerba, cigarros y cualquier otra producción de Corrientes debiendo, para evitar el contrabando, venir la guía con el visto bueno del mismo Gobierno y en Corrientes podrían adoptar las prohibiciones puestas en la Ley de Aduana de Buenos Aires, con las modificaciones que sean convenientes a ese Gobierno pagando también menos derechos los frutos y efectos que vayan a Corrientes de las provincias de la República que las que se introduzcan de países extranjeros(1).

(1) Enrique Barba. “Formación de la Tiranía” (1951), en “Historia de la Nación Argentina”, de la Academia Nacional de la Historia, volumen VII, segunda sección, pp. 147-148. Ed. El Ateneo, Buenos Aires. // Citado por Antonio Emilio Castello. “Rafael León de Atienza (Gobernador y Capitán General de Corrientes. 1833-1837. Su Gobierno y su Epoca)” (2001). Impreso en Gráfica Busot S. R. L., Buenos Aires.

En esta respuesta está esbozada -en parte- la política económica de Rosas, que obligaba a las provincias de fuerte comercio, como las litorales, a subordinarla a la de Buenos Aires.

Quería que Corrientes también estableciera altos gravámenes a la importación, así las naves extranjeras no encontrarían un puerto más conveniente que el de Buenos Aires y no sería buen negocio para ellas realizar el largo viaje hasta el puerto litoraleño, teniendo que pagar lo mismo que en el puerto rioplatense, así éste seguiría siendo el único puerto de entrada y salida y su Aduana lo seguiría enriqueciendo, manteniendo de esta manera el predominio sobre sus hermanas pobres.

Esta también era una de las poderosas razones para que el país no se organizara constitucionalmente y las rentas aduaneras, en consecuencia, no se nacionalizaran.

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