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El general José María Paz domina en Córdoba

Cuando Juan Galo Lavalle, para afirmar el movimiento sedicioso que encabezara, invadió Santa Fe, una parte del Ejército unitario -a las órdenes del general José María Paz- continuó su marcha hacia el Interior de la República.

Mientras Juan Manuel de Rosas, con el concurso del general Estanislao López, eliminaba a Lavalle y al partido directorial de la escena política porteña, el general Paz obtenía una serie de triunfos resonantes y lograba crear en el Interior del país una organización político-militar que se contraponía a las provincias del Litoral, en particular a Buenos Aires.

El gobernador de Córdoba, general Juan Bautista Bustos, que ya había cumplido dos períodos de mando, daba largas a la elección del sucesor cuando Paz penetra en la Ciudad de Córdoba y luego, conociendo la importancia de la zona rural como factor militar donde se había retirado Bustos, lo persigue, venciéndolo en San Roque.

- El general Paz en Córdoba

En Abril de 1829, el general Paz, con su división veterana, atravesó el sur de Santa Fe y penetró en su provincia natal. El gobernador, general Bustos -su antiguo jefe de 1820- se replegó a las afueras de Córdoba, ciudad que fue ocupada el 12 de Abril por el jefe rebelde.

Inmediatamente entró en tratativas con Bustos tendientes a obtener el control de la provincia, para lo que se manifestó dispuesto a entrar en combinaciones pacíficas con los otros jefes nacionales, primera manifestación de que la visión del general Paz sobre el modo de organizar el país no coincidía con la de su aliado Lavalle, ni con la de los corifeos de éste.

Finalmente, Bustos aceptó delegar en su adversario el Gobierno de Córdoba, para que éste llamara a elecciones, sacrificio que veía compensado con la perspectiva de ganar tiempo para poder incorporar nuevas fuerzas.

- Batalla de San Roque

Paz, previéndolo, ni bien ocupó el Gobierno, le intimó disolver el Ejército. Bustos no aceptó, esperanzado en la incorporación de Quiroga. Paz no le dio tiempo. El 22 de Abril de 1829 avanzó sobre la hacienda de "San Roque", donde Bustos lo esperaba con fuerzas superiores, al otro lado del río Primero.

Paz lo aferró con un ataque frontal, mientras por la derecha atravesaba el río y atacaba el flanco del adversario. Un ataque complementario sobre el flanco izquierdo completó la derrota de Bustos, quien se retiró a La Rioja.

Esta victoria dio a Paz una sólida base de operaciones y la adhesión de las provincias de Tucumán y Salta.

El general Quiroga, cuya influencia se extendía desde Catamarca a Mendoza, salió a batir a quienes calificó despectivamente de “mocosos vencedores de San Roque”. Avanzó en busca de un encuentro por sorpresa, desde el sur de Córdoba, mientra Paz se limitó a observar sus movimientos y mantenerse en los alrededores de la capital, aprovechando su amplio sistema de comunicaciones, que le permitía múltiples maniobras, en tanto dejaba en la ciudad una guarnición.

- Batalla de La Tablada

Quiroga obtuvo la primera ventaja, pues con una sorpresiva maniobra ocupó Córdoba, rindiendo a su guarnición (21 de Junio de 1829) y estableciendo el grueso de sus fuerzas en el campo de La Tablada.

Paz avanzó de noche sobre esa posición, que atacó al mediodía siguiente. Quiroga le doblaba en número, pero sus tropas no tenían ni el armamento ni la disciplina de las del cordobés. La batalla, reñidísima, consistió fundamentalmente en un choque recíproco, donde ambos jefes buscaron la definición por medio de un ataque sobre el extremo libre de la línea -el otro se apoyaba sobre las barrancas del río Primero-.

Dos veces fracasó Quiroga en su intento y Paz logró por fin concentrar allí suficientes tropas para lograr la ruptura y dispersión del ala enemiga, a la que siguió el resto de las fuerzas de Quiroga.

Los vencedores -agotados- no persiguieron. Quiroga, reunido con su infantería que había dejado Córdoba, decidió buscar el desquite. Al amanecer del 23 de Junio de 1829 apareció sorpresivamente sobre la retaguardia de Paz, que se dirigía sobre la ciudad, maniobra que el jefe unitario calificó de “la más audaz” que había visto en su vida.

El apodado “Tigre de los Llanos”, coronó las barrancas. Paz formó en el bajo y mandó una división que, por la derecha, recuperara las alturas. Logrado esto, dicha fuerza cayó sobre el flanco y la retaguardia de Quiroga, que debió invertir su frente y, pese a todos sus esfuerzos, fue completamente derrotado, perdiendo mil hombres, entre muertos y heridos.

La superioridad de las tropas veteranas y de la capacidad militar de Paz habían quedado establecidas.

La victoria tuvo un epílogo siniestro. El coronel Deheza, Jefe del Estado Mayor de las fuerzas de Paz, quintó los prisioneros -oficiales y soldados- fusilando a más de un centenar de ellos. Este acto bárbaro -contrario al espíritu y a las órdenes de Paz, según él afirmó- abrió las puertas a toda clase de represalias sangrientas.

- Segunda campaña de Quiroga contra Paz. Batalla de Oncativo

Después de la victoria del general José María Paz en La Tablada, llegaron a Córdoba comisionados santafesinos para mediar -amistosamente- en la lucha que libraba el primero contra el caudillo riojano, pero no consiguieron su objetivo.

La tenacidad de Quiroga casi no conocía límites. Mientras sus segundos aplastaban movimientos adversarios en Cuyo, levantó un nuevo Ejército en busca de la revancha. A principios de 1830 invadió nuevamente Córdoba por el sur, con algo menos de 4.000 hombres, mientras Villafañe lo hacía por el norte con más de 1.000.

Quiroga pudo reorganizar sus fuerzas en Mendoza y, al frente de Ejércitos cuyanos invadió nuevamente la provincia de Córdoba. En esas circunstancias llegó una comisión mediadora enviada por el Gobierno de Buenos Aires, la cual -a pesar de haber entrevistado a ambos jefes- no llegó a nada positivo.

Paz tenía por entonces más de 4.000 hombres, perfectamente instruidos. Despreció la amenaza de Villafañe y enfrentó con todas sus tropas a Quiroga. El general Paz se dirigió, con su Ejército, en busca de las tropas de su adversario y ambos chocaron, el 25 de Febrero de 1830, en la llanura de Oncativo, a unas veinte leguas de Córdoba.

Otra vez Paz buscó desequilibrar el dispositivo enemigo, moviendo el centro de gravedad del ataque hacia un flanco. El resultado fue la división en dos de la fuerza federal y su posterior destrucción.

Quiroga fue derrotado y sus fuerzas destruidas luego de una hábil persecución. Privado de su base, el caudillo riojano tomó el camino de Buenos Aires, con algunos sobrevivientes.

Sólo entonces Paz se volvió contra Villafañe, que retrocedió rápidamente y el 5 de Marzo firmó un Pacto obligándose a abandonar el territorio cordobés y renunciar al mando militar.

- Consecuencias de Oncativo

Las consecuencias del triunfo de Oncativo fueron importantísimas. El general Paz, que hasta entonces había procurado asegurar su poderío provincial, pudo trascender esta esfera, transformando a Córdoba en la cabeza de una gran Alianza de poderes provinciales.

Después de su triunfo, el general Paz acrecentó su prestigio y con el objeto de formar una coalición de provincias en el Interior del país envió una serie de expediciones militares para deponer a los gobernadores del momento.

Buenos Aires y Santa Fe adoptaron una actitud expectante; mientras, Paz lanzó a sus segundos sobre otras provincias del Interior. Su aliado, Javier López, ya había ocupado Catamarca y, luego, con Deheza, arrojó a Ibarra de Santiago del Estero; La Madrid se apoderó de San Juan y La Rioja; Videla, de Mendoza y San Luis. El imperio de Quiroga había sido destruido y las espaldas de Paz estaban seguras.

- La Liga del Interior

El 5 de Julio de 1830 cinco de estas provincias pactaron una Alianza con el propósito de constituir el Estado y organizar la República, conforme a la voluntad que expresasen las provincias en el Congreso Nacional.

Poco después, consolidado el movimiento, todas las provincias argentinas -excepto las del Litoral- firmaban un nuevo Pacto, el 31 de Agosto de 1830, por el cual concedían al gobernador de Córdoba el Supremo Poder Militar, con plenas facultades para dirigir el esfuerzo bélico al que afectaban la cuarta parte de sus rentas.

Las provincias de Córdoba, Catamarca, Santiago del Estero, Salta, Tucumán, La Rioja, Mendoza, San Luis y San Juan adhirieron, en una Alianza Defensiva y Ofensiva, denominada Liga del Interior, cuyos Convenios fueron firmados en la Ciudad de Córdoba ese 31 de Agosto.

Las nueve provincias citadas expresaron sus deseos de organizarse políticamente “bajo el sistema constitucional que adoptase la mayoría de las provincias reunidas en Congreso”, a fin de terminar con las luchas internas.

El Acuerdo dispuso la creación de un Supremo Poder Militar provisional y designó, en ese alto cargo, al general José María Paz(1).

(1) El Supremo Poder Militar permanecería ocho meses en sus funciones y, cumplido ese lapso, debía reunirse un Congreso de carácter nacional. El general Paz estaba obligado a convocar dicha Asamblea, a defender la integridad de las provincias firmantes del Tratado y a mantener el orden interno en cada una de ellas. Podía disponer de los fondos monetarios de una Caja Militar, para cuya formación las provincias debían aportar la cuarta parte de sus rentas ordinarias. El dinero sería destinado a la formación de tropas y a otorgar grados militares. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”. Editorial Troquel, Buenos Aires.

De esta manera, Paz había reunido bajo un mismo poder todos los territorios del antiguo Tucumán, que enfrentaban ahora al primitivo Río de la Plata. Había constituido una unidad geopolítica que, militarmente, estaba en condiciones de medir fuerzas con la otra entidad, formada por las provincias del Litoral y, políticamente, se presentaba como una Alianza de las provincias interiores, en procura de una organización constitucional.

La bandera "unitaria", levantada por Paz al comienzo de su campaña, no era meneada ahora. Las provincias aliadas conservaban sus gobernadores y Legislaturas y la estructura federal se mantenía bajo la supervisión suprema del Ejército.

El Pacto de Agosto obligaba a sus firmantes a aceptar la Constitución que resultase de la opinión prevaleciente del Congreso. Y aunque en su mente, Paz haya supuesto que esta opinión sería unitaria, él y sus segundos eran provincianos y tenían el orgullo de sus respectivas patrias.

Paz se sentía y actuaba, preferentemente, como el líder de una gran Alianza provinciana contra Buenos Aires y el Litoral.

- El general Paz y la lucha por la dominación nacional

Ya invistiendo el P. E. de Córdoba, Paz se dirigió a los gobernadores de las otras provincias,

Algunas provincias no contestaron; otra, como La Rioja, gobernada por el general Facundo Quiroga, se preparó para la guerra y concluyó por penetrar en Córdoba, ocupar su capital y retirarse luego al lugar de La Tablada, donde su caballería fue atacada y vencida los días 22 y 23 de Junio de 1829 por el general Paz.

El 2 de Noviembre de 1829, el general José María Paz -ya posesionado del Gobierno de Córdoba- comunicó este hecho a las otras provincias significándoles su apartamiento de las cuestiones domésticas de cada una y su deseo de estrechar y conservar buenos lazos de amistad, haciéndolo -en esa fecha- con Corrientes.

Esta comunicación fue casi simultánea con la que dirigiera, en igual sentido, el Gobierno de Buenos Aires, luego del Acuerdo alcanzado por Juan Manuel de Rosas y Juan Galo Lavalle.

El gobernador correntino, Pedro Dionisio Cabral, pasó estas comunicaciones al Congreso Permanente, el que se congratuló por ellas y autorizó al mandatario para que las cultivase.

Meses después, y ya establecida la Liga del Interior y sin tardanza, se enviaron comunicaciones a los Gobiernos del Litoral para que adhirieran al Convenio firmado el 31 de Agosto de 1830 y mandasen diputados a Córdoba, pero la invitación fue considerada una amenaza por Buenos Aires por cuanto su Gobierno consideró que no habían sido consultado y que no deseaba someterse a la suprema autoridad del general cordobés.

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