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Oposición y oficialismo a principios de la década de 1860.Los orígenes del liberalismo correntino

En un confictivo contexto comenzó a estructurarse el vínculo entre los sectores gobernantes en Buenos Aires y distintas expresiones de la élite correntina. La oposición que, por otra parte, estaba ya bien definida a principios de la década de 1860, se articuló en torno a un fuerte sentimiento antiurquicista, antientrerriano y de rechazo a las medidas del Gobierno de Paraná.

Unos años antes -en 1856- un notable de la ciudad, Juan Eusebio Torrent, había encabezado un movimiento de protesta ante el gobernador a raíz de una serie de incidentes producidos durante el transcurso de un acto electoral en la capital.

Este movimiento, dirigido contra el oficialismo, dio origen a la formación de un club constitucional. Sin embargo, la organización de los círculos liberales correntinos tomó nuevo impulso tiempo más tarde a través de la prensa.

En Junio de 1860, dos figuras muy conocidas de la sociedad local, José Pampín y Manuel Lagraña, fundaron un periódico al que denominaron “La Libertad”. Así se instaló -por primera vez en Corrientes- una imprenta que no estaba destinada a editar un periódico oficial. Pampín había sido secretario de Pedro Ferré y era por entonces vicepresidente primero de la Legislatura.

Lagraña, que provenía de una de las familias más ricas de Corrientes, había sido electo -en 1856- diputado por Curuzú Cuatiá, donde su familia tenía fuertes intereses territoriales.

La postura del grupo liberal concentrado en la capital correntina, que comenzó a conspirar contra el Gobierno local, puede seguirse a través de este periódico que revela cómo empezaba a surgir una rudimentaria vida política en la provincia.

Como en otros lugares del Río de la Plata, la aparición de una prensa no oficial cumplía un rol central en el proceso de conformación y conquista de una opinión pública independiente, proceso que fue más lento y menos extendido aquí que en otras provincias.

“La Libertad” se definió esencialmente como un nuevo tipo de periódico. Se trataba -afirmaban sus redactores- de una entidad independiente, entre otras razones, porque se publicaba en una imprenta que era propiedad de particulares.

Se insistía en el hecho de que se trataba de un emprendimiento ajeno a las Instituciones del Estado y apelaba entonces a la protección de la sociedad. Testimonio de esa independencia era la promesa a sus lectores de no aceptar jamás subvención alguna del poder público ya fuese provincial o nacional(1).

(1) Se señalaba entonces: “Comprendemos también la necesidad de ofrecer al pueblo todas las garantías posibles de una incorruptible independencia, para propiciarnos su confianza y obtener su noble protección, a cuyo efecto declaramos solemnemente que ‘La Libertad’ no recibe hoy ni aceptará jamás subvención alguna de ningún poder público de dentro o fuera de la provincia, evitando con ello el que nuestras publicaciones puedan ser en ningún tiempo contestadas con esos terribles argumentos que suministra siempre la palabra vendida y corruptora de los escritores mercenarios” - Juan Eusebio Torrent, ‘Prospecto’ en “La Libertad” del 10 de Junio de 1860. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Sus redactores señalaban que sus principios estaban inspirados en los de la Constitución Nacional y se proclamaban defensores de las libertades por ella consagradas.

Rápidamente el periódico se erigió como vocero de la oposición e hizo del ataque a varios de los principales funcionarios gubernamentales el eje de su prédica. Se pronunciaba abiertamente contra la arbitrariedad y el despotismo y sobre todo en defensa de la libertad de sufragio amenazada -se advertía- por las prácticas del “partido gubernista”.

La alianza entre los Jefes departamentales y líderes del Sur y Este provinciales con la nueva élite política liberal asentada en la ciudad, puede rastrearse a través del mismo periódico. Es posible advertirlo cuando, en la elección de convencionales nacionales celebrada en Agosto de 1860, el periódico festejó la victoria de la lista opositora al Gobierno provincial en Departamentos como Curuzú Cuatiá y Restauración.

En este último caso, defendía abiertamente al Juez de Paz, Isidoro Fernández Reguera, acusado por el oficialismo de haber manipulado la elección. Varios de los líderes de aquellas regiones eran presentados en la publicación como auténticos paladines de las libertades públicas.

La conducta de los gobernantes asentados en la capital era caracterizada -en cambio- como despótica y arbitraria. Esta forma de proceder, se sostenía, le había posibilitado al oficialismo alzarse con el triunfo en los comicios celebrados en la misma capital o en partidos como Empedrado o Bella Vista.

Varios de los hombres que se expresaban a través del periódico fundaron -a mediados de 1860- en la capital provincial el “Club Libertad”. Lo presidía Manuel Ferré y Pedro Igarzábal era su vicepresidente. En Octubre de 1860 se publicó en el periódico la adhesión al “Club” de Nicanor Cáceres(2).

(2) Afirmaba Cáceres: “Declaro a la faz de la provincia de Corrientes y mi patria, que tengo el honor de ser miembro del Club Libertad a cuyos principios e ideas me he adherido de todo corazón, porque comprendo que ellas tienden directamente al bienestar y engrandecimiento de este querido y desgraciado pueblo” - Nicanor Cáceres al Sr. Director de “La Libertad”, Paraíso, Curuzú Cuatiá, Septiembre 20 de 1860, en “La Libertad” del 4 de Octubre de 1860. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

La organización se extendió luego a otros puntos de la provincia, como Goya, de donde surgieron posteriormente algunos de sus líderes más destacados, como Santiago Baibiene.

Por entonces el periódico comenzó a atacar abiertamente la política a favor del Gobierno de Paraná -asumida por la provincia- y apeló en forma explícita a los hombres de Buenos Aires. Así comenzó a articularse la alianza que derrocaría tiempo más tarde al Gobierno Provincial.

El liberalismo correntino surgió como un grupo esencialmente urbano y ligado a la capital de la provincia. Sin embargo, su ascenso al poder se explica en gran medida por la habilidad de sus miembros para articular sus reclamos -eminentemente políticos- con los de los grupos dirigentes del sur provincial donde muchos de ellos -como los mencionados Torrent y Lagraña- además, habían construido fuertes intereses vinculados a la propiedad de extensas porciones de tierra.

El discurso de los liberales, predominantemente político, contemplaba muchos de los reclamos que provenían de aquella región y que derivaban de los efectos causados por la política del Gobierno Nacional.

El periódico fue asumiendo un tono claramente antiurquicista y antientrerriano. El antientrerrianismo contenía aquí diferentes dimensiones pero, en la prédica de la publicación se advierte, entre otros aspectos, una fuerte crítica hacia el control monopólico que los hombres de la provincia vecina hacían del comercio del sur de Corrientes.

En este contexto, se denunciaba el modo en que la política económica implementada desde el Gobierno Nacional había beneficiado a los sectores dirigentes entrerrianos.

Podría señalarse además aquí que, en cierta medida, el propio proceso de diversificación de la élite de la Ciudad de Corrientes había provocado que en algunos de sus miembros surgiese una nueva sensibilidad ante los procesos políticos y económicos que se sucedían en la región situada del otro lado del río Corriente.

La élite gobernante provincial de fines de la década de 1850 procuraba todavía mantener su autonomía con respecto a gran parte de los grupos propietarios locales, reconstruir la base del poder político asentado en la ciudad, e intentaba -además- poner en marcha un proyecto que, en gran medida, prescindía de muchos de los nuevos actores y de las fuerzas económicas y sociales en ascenso en vastas regiones de la provincia durante los últimos años de la primera mitad del siglo XIX.

Estas fuerzas lograron articular su oposición a esa política a partir de la constitución de una agrupación inorgánica que se autodenominó “liberal” y que contó con el apoyo de los sectores gobernantes en Buenos Aires. El de la élite gobernante durante la década de 1850 era, en gran medida, el proyecto de un pequeño grupo, capacitado y habilitado para el ejercicio de la política e involucrado en un proyecto de expansión predominantemente mercantil y que procuraba fortalecer el desarrollo de las poblaciones agrícolas y los centros urbanos.

Este proyecto requería también de una articulación con fuerzas supraprovinciales y exigía la constitución de un marco estatal que superaba el de la provincia. Los esfuerzos de la élite de Corrientes por articular su propio proyecto en ese nuevo marco -ahora nacional- conformaron una variable central de su estrategia política y constituyen también una de las claves para explicar su fracaso.

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