El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Revuelta de Hilario Lagos contra el Gobierno de Alsina

“Al llegar (José María Flores) a la Guardia de Luján el 2 de Diciembre (1852), halló a todo el país en armas y clamando ‘abajo el Gobierno’, y una Proclama del coronel, Lagos -Comandante General del Centro de la provincia- incitando al pueblo a levantarse y a echar a Alsina y a proclamar al general Flores como Jefe”(1).

(1) Gore a Malmesbury, 25 de Diciembre de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 170, Nro. 149. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Flores no era ajeno a las intrigas que precedieron la revuelta que lo nombró Comandante. El repudio al Gobierno de Alsina se leía claramente en la Nota que dirigió al general José María Paz:

“Las noticias de guerra por una parte y el haber sido nombrado General del Exto. Vd., ha conmovido las masas de la provincia, hasta el extremo que hoy en su mayor parte se hallan en armas; contrariar yo el presente orden de cosas, sería envolver esta provincia en una guerra civil y yo mismo sería víctima de la exaltación general; en su consecuencia, yo creo conveniente que Vd. delegue el mando en el coronel Laprida para no ser envuelto en la ruina que le amaga.
“Mi amigo, persuádase que mi parecer es fundado en el conocimiento que tengo de la actualidad y que Vd. mismo no desconozca”(2).

(2) Flores a Paz, 2 de Diciembre de 1852. Archivo General de la Nación, Archivo del general José María Paz (1850-1854). // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La revuelta de Lagos, que estalló en la provincia de Buenos Aires a principios de Diciembre de 1852, constituyó el rechazo de la política contraria a Urquiza del intento de dominar el destino político de la Nación. Las zonas rurales de la provincia mostraron su descontento por las perspectivas de nuevas guerras.

El Gobierno de Alsina había quedado desacreditado por el fracaso de su golpe contra Urquiza y contra Entre Ríos. En tales circunstancias, los Comandantes Militares y los caudillos de las zonas rurales de Buenos Aires, hombres como Lagos, Bustos, Laprida y Flores, no apoyarían ciertamente un ataque contra la frontera de Santa Fe.

Mientras la revuelta lograba su mayor apoyo de las partes exteriores a la ciudad -en una reducida versión del conflicto entre Buenos Aires y las provincias- también se buscaba en la ciudad un vuelco político.

Echóse al olvido la reconciliación que, a mediados de Septiembre, se produjo entre opositores como Torres y Alsina; Torres y otros políticos porteños tomaron parte en las primeras etapas de una revuelta y trabajaron para derribar al Gobierno de Alsina(3).

(3) El Encargado de Negocios británico, Robert Gore a Malmesbury, 2 de Enero de 1853. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 175, Nro. 1, Confidencial. “La primera información que tuve de la revolución me fue dada por don Lorenzo Torres, en la actualidad Primer Ministro aquí. Me llamó a su casa de campo y me mostró ejemplares de toda la correspondencia dos días después de haber zarpado el paquete, en el mes de Diciembre próximo pasado. Participaba en la revolución”. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Una vez logrado el derrocamiento de Alsina y de su gabinete, los porteños convinieron milagrosamente en rechazar cualquier nueva intervención del exterior.

No se produjo ningún derramamiento de sangre durante los primeros días de la revolución de Lagos. El 6 de Diciembre de 1852 ya la Ciudad de Buenos Aires estaba sitiada por el enemigo y Alsina presentó su renuncia a la Legislatura. Nuevamente el Cuerpo eligió a su presidente, el general Manuel Guillermo Pinto, como gobernador interino de la provincia.

Uno de los partidarios de Urquiza pinta la escena de completa confusión que reinaba en la ciudad en los siguientes términos:

“Hasta la Plaza de la Concepción, el Molino y la Recoleta, todo es de Lagos. Los guardias nacionales marchan hacia el Parque para ocuparlo. Mitre los manda ... las comisiones van y vienen; Pinto, medio enfermo, repite su antiguo estribillo:
- Mis amiguitos, hagan; yo firmaré.
Cada minuto me viene una nueva noticia. Dicen que Lagos entra con una columna de caballería”(4).

(4) Angel (...) a Urquiza, 7 de Diciembre de 1852. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El completo cambio de actitud de Torres que, tras la caída de Alsina apoyaba la resistencia porteña contra Lagos, fue imitado por muchos. Se produjeron choques entre los partidarios de ambas tendencias. Así, las negociaciones entre Lagos y la ciudad debieron comenzar en una atmósfera tormentosa en la que ningún partido podía distinguir a sus simpatizantes o conocer sus propias fuerzas.

Esta confusión se extendió más allá de la ciudad. Muchos factores contribuyeron a aumentar la incertidumbre en las zonas rurales de Buenos Aires. Después de sus misteriosas conexiones iniciales con la insurrección, Flores desapareció y se refugió en el Uruguay y, según los rumores, había llevado consigo grandes sumas de dinero que el Gobierno de Buenos Aires le había entregado para reclutar tropas(5).

(5) Graham a Everett, 31 de Diciembre de 1852. Archivos Nacionales, Departamento de Estado, Cónsules de los Estados Unidos en la Argentina, Despachos, microfilm Nro. 70, rollo Nro. 9, Nro. 50. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

En el Sur, la posición de otro caudillo provincial, Pedro Rosas y Belgrano, que gozaba de la lealtad de gran número de indios pampas y de gauchos, era dudosa.

El clima de guerra que imperaba a causa de la resistencia porteña hizo que pronto se vieran envueltos en él los residentes extranjeros; éstos eran propietarios o empleados de casi todas las casas de comercio de la ciudad y tenían considerables intereses en las tierras y ganados vacuno y ovino de las zonas circundantes a Buenos Aires.

El decreto promulgado por el Gobierno de Buenos Aires el 9 de Diciembre, que autorizaba a los ciudadanos extranjeros a organizarse en unidades militares para mantener el orden público y ofrecía proveerlos con armas, puso en acción a los cónsules extranjeros.

Era evidente que el Gobierno porteño, ansioso por obtener cualquier forma de apoyo, deseaba complicar a los residentes extranjeros y -tal vez- a sus Gobiernos en la lucha interna entablada en la provincia. Los cónsules se reunieron y convinieron “... imponer la neutralidad a los súbditos de su nación”(6).

(6) Graham a Everett, 31 de Diciembre de 1852. Archivos Nacionales, Departamento de Estado, Ministros de Estados Unidos en Argentina, Despachos, Microfilm Nro. 70, Rollo Nro. 9, Nro. 50; Gore a Malmesbury, 26 de Diciembre de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 170, Nro. 151, relata los problemas con que tuvo que enfrentarse el “Batallón Unido Germano-Inglés”. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

A pesar de ello resultaba difícil asegurar la neutralidad de los numerosos elementos extranjeros en la ciudad. La posibilidad de que una parte considerable de los bienes de los residentes extranjeros pudieran sufrir daños -en el caso de una prolongada guerra civil- alentaba a los representantes extranjeros a unir sus esfuerzos para mediar en las dificultades entre Lagos y el Gobierno de Buenos Aires.

Las negociaciones siguieron dilatándose de una manera muy incierta. Se había podido llegar a un armisticio temporario el 9 de Diciembre cuando se evidenció el fracaso de la primera acometida de Lagos contra la ciudad.

Las condiciones de paz presentadas al Gobierno de Buenos Aires unos pocos días después eran equivalentes a un abandono completo de la posición porteña: reemplazo de la mitad de la Legislatura; revocación de todos los actos de la Administración de Alsina; elección de los Representantes para asistir al Congreso Constituyente de Santa Fe; amnistía y reconocimiento del grado militar de todos los que participaron en la revuelta de Lagos; y -lo que tal vez era más doloroso- el reconocimiento de los Pactos nacionales existentes y, en particular, del Acuerdo de San Nicolás(7).

(7) Periódico “El Progreso”, 16 de Diciembre de 1852. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

En esta situación, el Gobierno de la provincia aceptó el ofrecimiento que le hicieron los cónsules de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos de conferenciar con Lagos y explorar las posibilidades de nuevas negociaciones.

Los cónsules fueron a visitar a Lagos el 14 de Diciembre de 1852, en su Cuartel General móvil, un carruaje en campo abierto a algunos kilómetros de la ciudad:

“Dijo que él y sus asociados no tenían otro objetivo al principio que el de impedir una guerra civil con las provincias hermanas; que esperaban que la renuncia del gobernador Alsina lograría este objeto, pero que ahora deseaban una garantía para sus gastos y su seguridad personal.
“En suma, comprendimos que condiciones más moderadas que las que había pedido a los comisionados que habían sido enviados, lo satisfarían”(8).

(8) Graham a Everett, 31 de Diciembre de 1852. Archivos Nacionales, Departamento de Estado, Ministros de Estados Unidos en Argentina, Despachos, Microfilm Nro. 70, Rollo Nro. 9, Nro. 50. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

En consecuencia, otra comisión enviada desde la ciudad intentó llegar a un entendimiento con el partido de Lagos pero, una vez más, no se pudo hallar una solución que fuera satisfactoria para ambas partes, pese al hecho de que “...la Aduana está cerrada, todo el comercio detenido, los labradores y artesanos se han quedado sin trabajo, las provisiones son exorbitantemente caras y hay gran descontento en la ciudad...”(9).

(9) Gore a Malmesbury, 25 de Diciembre de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 170, Nro. 149. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El Gobierno de Buenos Aires comprendía que su posición se fortalecía a medida que transcurría el tiempo. Las agresivas ambiciones del Gobierno de Alsina habían provocado la revuelta de Lagos. Una vez desaparecido Alsina, desaparecían los motivos de la contrarrevolución.

La posición financiera de los sitiadores era la más débil; en el campo no existían recursos, salvo el ganado que vagaba en las pampas. Se hicieron confiscaciones; se embarcaron cueros a Montevideo para su venta; pero esto no proporcionaba una base económica satisfactoria a un ejército que operaba en su propio territorio.

Ni siquiera pudieron asegurar un apoyo conjunto de las zonas rurales, por cuanto Rosas y Belgrano en el sur había finalmente comprometido su apoyo al Gobierno de Buenos Aires.

En la ciudad, la Legislatura y el Gobierno de Pinto consiguieron que las distintas facciones políticas tuvieran cierta unidad de propósito. El mismo hecho de estar rodeados por fuerzas enemigas y correr el riesgo de un ataque, hizo más profundo este sentido de unidad.

La riqueza de la ciudad, si bien momentáneamente amenazada por el sitio, confería una fuerza financiera ajena a la posición del Gobierno. Tal vez más significativo en el sentido financiero fue permitir que el Banco de la provincia emitiese papel moneda.

Esta emisión, autorizada por la Legislatura, fue prontamente aceptada por el comercio sobre un valor oro determinado diariamente por la compra y venta de esta moneda en el mercado de cambios.

Naturalmente, este papel moneda se depreció a medida que la emisión aumentaba, pero no tan rápidamente como para impedir que el Gobierno recurriera a esta flexible fuente de fondos en cualquier emergencia. En última instancia, la confianza que se tenía en ese papel moneda no sólo derivaba del largo tiempo que estuvo en uso y de su aceptación general en la ciudad, sino también de que se suponía que Buenos Aires seguiría siendo el principal puerto de la Argentina y la aduana de la Nación. Por consiguiente, siempre tendría los fondos necesarios para sostener este papel moneda y mantener la confianza extranjera en el comercio argentino.

Al fracasar Lagos en su intento de tomar a la Ciudad de Buenos Aires por asalto en los primeros días de la revolución de Diciembre, las posibilidades de una triunfante resistencia porteña aumentaron. En tal situación, el Gobierno de Buenos Aires siguió buscando la ayuda de los residentes extranjeros y trató de complicar a los representantes foráneos en la guerra civil.

En Diciembre de 1852, al llegar un nuevo almirante francés al Río de la Plata y tener una entrevista oficial con el gobernador provisional, inmediatamente circularon rumores de que los franceses iban a desembarcar quinientos hombres de las fuerzas de marinería con artillería en defensa de la ciudad(10)

(10) Gore a Malmesbury, 26 de Diciembre de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 170, Nro. 154. Aunque el almirante francés negó rotundamente tal declaración, este rumor llegó a oídos del cónsul de los Estados Unidos quien vio en él la razón de la intransigencia porteña en las negociaciones del 18 de Diciembre y en la subsiguiente ruptura de las tentativas de paz. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El Encargado británico, entretanto, elevó una protesta directa ante el Gobierno de la provincia por la distribución de armas y municiones a sus connacionales, a lo que se respondió con el desconocimiento de su condición de cónsul y diplomático(11).

(11) Gore a Malmesbury, 26 de Diciembre de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 170, Nro. 153. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El Gobierno de la provincia había autorizado a los poderes extranjeros a desembarcar fuerzas de marinería para proteger a sus ciudadanos y sus bienes pero, como los días pasaban sin que se produjese ninguna acción, las autoridades porteñas se impacientaron. En la reunión de los diplomáticos extranjeros celebrada el 23 de Diciembre,

“... el almirante francés ... leyó una carta del gobernador, recibida el 22 del corriente, en la que se declaraba que había llegado el momento en que el Gobierno ya no podía garantizar más esa protección a que tenían derecho los extranjeros y que, en consecuencia, solicitaba que el almirante francés desembarcase tropas en defensa de sus compatriotas”(12).

(12) Gore a Malmesbury, 26 de Diciembre de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 170, Nro. 155. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

De resultas de ello, al día siguiente desembarcaron pequeñas unidades de fuerzas de marinería de los navíos de guerra británicos, franceses, españoles y brasileños; el representante de los Estados Unidos fue el único que protestó diciendo que aún no había llegado el momento de tomar tal providencia(13).

(13) Graham a Everett, 31 de Diciembre de 1852. Archivos Nacionales, Departamento de Estado, Ministros de Estados Unidos en Argentina, Despachos, Microfilm Nro. 70, Rollo Nro. 9, Nro. 50. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El equilibrio existente entre sitiadores y defensores cambiaba rápidamente y a fines de Diciembre lo acentuó aún más la formación de un nuevo Gobierno. El 27 de Diciembre de 1852, Lorenzo Torres ocupó el ministerio de Gobierno, poniendo fin al período de negociaciones entre Lagos y el Gobierno de Buenos Aires. En este momento, el ofrecimiento hecho por el almirante francés de Suin de prestar sus buenos oficios, fue completamente rechazado por el Ejecutivo porteño(14).

(14) Gore a Malmesbury, 28 de Diciembre de 1852. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 170, Nro. 156. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El Gobierno se orientaba ahora hacia la derrota de la revolución de Lagos. Los elementos que disentían con el Gobierno fueron advertidos del nuevo estado de cosas por la expulsión de la ciudad de Francisco Pico, único defensor en los debates de Junio del Acuerdo, y del general Tomás Guido, franco simpatizante de Urquiza.

También recibió su pasaporte el Encargado británico, Robert Gore, a quien las autoridades de la ciudad ponían reparos por sus repetidas protestas contra la inclusión de los ciudadanos extranjeros en las luchas civiles(15).

(15) Era también lógico el deseo de Torres de alejar a un hombre de quien sabía que estaba implicado en los primeros momentos de la revuelta de Lagos; Gore a Malmesbury, 4 de Enero de 1853. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 175, Nro. 3: “Este caballero, que es ahora Primer Ministro del Gobierno, se opone a la revolución y, naturalmente, no mira con buenos ojos al agente extranjero que le ha comunicado las nuevas de la revolución en cuyo comienzo tomó una parte tan activa”. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La situación de la ciudad sitiada mejoró desde el punto de vista militar con el aumento de reclutas en la Guardia Nacional y en los batallones extranjeros. Se esperaba de un momento a otro la llegada de Rosas y Belgrano -del sur- con unos seis mil hombres, para dar el golpe de gracia a la revolución de Lagos. Varias emisiones de papel moneda por el Banco de la provincia prometían cubrir los indispensables Gastos militares.

En una lucha prolongada en la provincia de Buenos Aires, la posición y la actitud de Urquiza cobrarían inevitablemente mayor significación. Desde el estallido de la revolución de Lagos, los agentes de Urquiza estaban en continuo contacto con las fuerzas sitiadoras, no sólo para ofrecer su ayuda sino para asegurarse la aceptación por Buenos Aires del concepto de Organización Nacional de Urquiza(16).

(16) C. Calvo a Mitre, 6 de Diciembre de 1852. “Archivo del general Mitre” (1911-1913), tomo XIV, p. 117, (veintiocho volúmenes), Buenos Aires; Angel ( ... ) a Urquiza, 7 de Diciembre de 1852. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La cuestión de las fuerzas navales era particularmente importante para los sitiadores, ya que Lagos carecía de barcos para establecer el bloqueo del Puerto de Buenos Aires. La fuerza naval de Urquiza -bajo el mando del aventurero yanqui, John Halsted Coe, que había servido durante el régimen de Rosas- era reducida, pero podía hacer inclinar el fiel de la balanza en un bloqueo. La correspondencia de los agentes de Urquiza indicaba que esta fuerza naval estaba a disposición de Lagos en caso de que éste lo deseara.

Urquiza prestó su ayuda en pequeña escala en Diciembre, principalmente en hombres y pertrechos que -esperaba- serían suficientes para que el conflicto favoreciera a los sitiadores(17).

(17) Benjamín Virasoro a Urquiza, 6 de Enero de 1853. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza; Urquiza a Lagos, 23 de Diciembre de 1852, periódico “El Comercio del Plata”, 14 de Enero de 1853. Citado en Abel Chaneton. “Historia de Vélez Sársfield” (1937), tomo I, p. 253, (dos volúmenes), Buenos Aires; Lagos a Urquiza, 23 de Enero de 1853. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza: “Con la más grata complacencia me he impuesto de su apreciable del 11 del presente y doy a V. repetidos agradecimientos por los auxilios que me ha enviado para el Ejército con el sargento mayor, don Máximo Muños en el vapor ‘Correo’”. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La posibilidad de que el Gobierno porteño pudiera establecer el bloqueo de los puertos ribereños usados por Lagos, fuera del peligro de una acción conjunta entre las fuerzas porteñas y el ejército de Rosas y Belgrano -que se aproximaba cada vez más- forzaron finalmente a Urquiza a amenazar el Puerto de Buenos Aires con los navíos de Coe:

“En la mañana del 19 del corriente (Enero) el vapor de guerra nacional ‘Correo’ llegó a las inmediaciones de este Puerto desde Paraná, luego de haber tomado posesión de la Isla de Martín García y dejado allí una guarnición por orden del Director Provisional de la Confederación Argentina.
“El ‘Correo’ se apoderó del schooner de guerra ‘Maipú’, de 4 cañones y de una cañonera que estaban navegando cerca de la isla y nadie ofreció resistencia. El navío de guardia ‘25 de Mayo’ -anclado en la rada- fue igualmente tomado”(18).

(18) Gore a Malmesbury, 20 de Enero de 1853. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 175, Nro. 11. Gore, que paraba entonces a bordo de un buque de guerra británico en el puerto de Buenos Aires, pudo seguir los sucesos navales de cerca. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Aunque no se declaró formalmente el bloqueo, esta operación era suficiente para impedir el paso de una embarcación con fuerzas de infantería de la ciudad y su transporte hacia el sur para unirse a la caballería del ejército de Rosas y Belgrano.

Pocos días más tarde, el 22 de Enero de 1853, en un choque con elementos del Ejército de Lagos, las fuerzas de Rosas y Belgrano se dispersaron y su comandante fue capturado. Estos eventos de orden militar no desalentaron completamente a los porteños; el 2 de Febrero de 1853, un ataque nocturno ordenado por Lagos para celebrar el primer aniversario de Caseros en la ciudad, fue enérgicamente rechazado.

Información adicional