El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

URQUIZA, PRESIDENTE DE LA CONFEDERACION ARGENTINA

A fines de Agosto de 1853 se dispuso la elección del Ejecutivo Nacional. Urquiza convocó al pueblo de todo el país con el propósito de elegir el primer presidente constitucional.

La candidatura del general Justo José de Urquiza era absolutamente lógica. Nadie igualaba su prestigio político en toda la Confederación; nadie había bregado, con igual tesón y desinterés, por llevar a buen término el Congreso Constituyente. Este había testimoniado, al terminar la Constitución, el respeto que el Director Provisorio había tenido hacia sus deliberaciones:

“Vuestra es, Señor, la obra de la Constitución, porque la habéis dejado formar sin vuestra influencia ni concurso; y es por ésto que podéis, libremente, sacudir las hojas de su libro para calmar todas las pasiones y levantarla en alto como enseña de la concordia y fraternidad alrededor de la cual se reunirán los patriotas de todas las opiniones”(1).

(1) Citado por Beatriz Bosch, en el capítulo 40, “Presidencia Urquiza” (1968), de la “Historia Argentina”, tomo IV, p. 2.733, dirigida por Roberto Levillier, Buenos Aires. Ed. Plaza y James, Barcelona. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

Los comicios para designar electores se efectuaron el 20 de Noviembre de 1853 y luego los votos fueron enviados al Congreso de Santa Fe -que practicó el escrutinio definitivo- el 20 de Febrero de 1854, triunfando -por amplia mayoría- Urquiza por 94 votos sobre un total de 106.

La vicepresidencia fue obtenida por el sanjuanino Salvador María del Carril, federal liberal, en elección mucho más reñida(2).

(2) Contra los 94 votos de Urquiza, Mariano Fragueiro obtuvo 7 y Zuviría, Virasoro, López, José M. Paz y Ferré, un voto cada uno. Para vicepresidente, Del Carril obtuvo 35 votos, Zuviría 22, Fragueiro 20, Alvarado 13, Virasoro 8, Alberdi 7 y Ferré 1. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

Los electos prestaron juramento el 5 de Marzo de 1854 ante el Congreso Constituyente, que al instante clausuró sus Sesiones. Inmediatamente de asumir el cargo, el 1 de Mayo de 1854 Urquiza constituyó su ministerio:

* Interior: José Benjamín Gorostiaga -redactor de la Constitución-;
* Justicia, Culto e Instrucción Pública: Juan María Gutiérrez -el otro redactor-;
* Relaciones Exteriores: Facundo Zuviría(3);
* Hacienda: Mariano Fragueiro;
* Guerra y Marina: Rudecindo Alvarado.

(3) Zuviría renunció y fue reemplazado por Santiago Derqui. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

Los tres últimos habían sido candidatos a presidente o vicepresidente en la reciente elección. Urquiza reunía así, en su torno, no sólo a los hombres más capaces y más fieles a la Constitución -según dijo- sino también a los que mejor representaban las aspiraciones políticas del país.

Con este equipo debía afrontar no sólo el conflicto con Buenos Aires, sino que debía encarar todos los problemas derivados de intentar materializar en obras el Gobierno Nacional.

Urquiza y sus ministros se trasladaron a la ciudad entrerriana de Paraná, donde quedó establecida provisionalmente la capital de la Confederación Argentina.

Luego de asumir el mando, Urquiza convocó a elecciones para formar el Congreso, de acuerdo con lo dispuesto por la Constitución. Elegidos los miembros, ambas Cámaras iniciaron sus sesiones en la capital provisional el 22 de Octubre de 1854.

Al frente del país, Urquiza debió vencer numerosas dificultades, debido a la precaria situación económica y al problema político que significaba la separación de Buenos Aires, actitud precursora de una nueva guerra fratricida.

La labor desarrollada en los distintos aspectos gubernativos, puede agruparse en los siguientes puntos:

a) Política interior

* De acuerdo con lo dispuesto por el Artículo 5 de la Constitución Nacional, dispuso que las provincias dictaran sus propias Constituciones y entregaran los textos para su análisis por el Congreso.
* Organizó la Justicia Federal. Fueron designados los miembros de la Corte Suprema de Justicia y se sancionó la Ley Orgánica de la Justicia Federal.
* Buenos Aires se mantuvo en posición hostil con el resto de la Nación, aunque por un Tratado del mes de Enero de 1855, se comprometió a mantener relaciones políticas y comerciales en un clima de cordialidad.
* Urquiza mejoró el sistema de postas, a fin de agilizar el transporte de pasajeros y el envío de la correspondencia; adoptó las estampillas para el franqueo; estableció nuevas rutas interprovinciales; reglamentó la navegación de los ríos; e inició estudios para el trazado de futuras líneas férreas.
* Firmó el Tratado de Libre Navegación con Brasil, siguiendo los lineamientos del concluido en 1853 con Gran Bretaña; dispuso la exploración de territorios y ríos; reconoció la independencia del Paraguay (Junio de 1856); y llegó a un primer Tratado de Límites con el Brasil (Diciembre de 1857).

b) Economía

* Durante su Gobierno se produjo la llamada “crisis rentística de la Confederación”, a causa de la separación de Buenos Aires, cuya Aduana era la principal fuente de recursos.
* En Febrero de 1854 se estableció el Banco Nacional, pero debió ser clausurado al cabo de seis meses. Urquiza se vio forzado a contratar empréstitos a fin de resolver, en parte, los crecientes déficit anuales.
* El presidente dio gran importancia a la obra colonizadora y creó establecimientos agrícolas con inmigrantes europeos(4). Urquiza compartía las ideas alberdianas sobre población y fomentó la inmigración -suizos, franceses, saboyanos- e impulsó la creación de varias colonias, de las que Esperanza (Santa Fe) y San José (Entre Ríos) dieron excelentes frutos, totalizando 4.000 habitantes, ya en la presidencia de Sarmiento.

(4) En Enero de 1853 el médico francés Augusto Brougnes se comprometió, con el Gobierno de Corrientes, a traer compatriotas europeos, los cuales recibirían 35 hectáreas, semillas, animales e instrumentos de labranza. En Septiembre de 1856, Aarón Castellanos fundó, en Santa Fe, la colonia Esperanza, con pobladores suizos y franceses. Inmigrantes llegados a las órdenes de Juan Lelong se instalaron en la provincia de Entre Ríos, en la Calera de Spiro. Allí se estableció la colonia San José que, tras duros comienzos, alcanzó luego rápida prosperidad y sobre la cual se erigió la Ciudad de Colón. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

c) Instrucción Pública

* Urquiza dedicó preferente atención a las tareas educativas. Fueron nacionalizados la Universidad de Córdoba y los Colegios de Montserrat y Concepción del Uruguay, y levantó nuevos establecimientos secundarios en otras capitales de provincia. Se decretaron subvenciones escolares a las provincias y fue creada, en Entre Ríos, la Junta Directiva de la Enseñanza Primaria(5).

(5) En esas épocas llegaron al país destacados científicos europeos, entre los que podemos citar al alemán Germán Burmeister, quien fue un erudito en Ciencias Naturales; Augusto Bravard, eminente geólogo francés, y su compatriota, Martín de Moussy, autor de una descripción geográfica de nuestro territorio que fue impresa por orden del Gobierno. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

* Ordenó levantar una cartografía y geografía de la Confederación -obra confiada a Martín de Moussy-; se estudió un ferrocarril de Rosario a Córdoba, que diese vida a aquel puerto; y ordenó la publicación de las obras de Alberdi sobre la Constitución.

d) Relaciones Exteriores

En este aspecto de la Administración, Urquiza siguió una política de cordialidad hacia los países extranjeros. Se celebraron Tratados de paz, comercio y amistad entre la Confederación Argentina y los Gobiernos de Estados Unidos, Paraguay, Uruguay, Brasil y Chile.

Tampoco fueron descuidadas las relaciones con las potencias europeas, particularmente Inglaterra y Francia. Merece destacarse la labor diplomática de Juan Bautista Alberdi, que culminó con el reconocimiento de nuestra Independencia por España(6).

(6) El Tratado disponía que España aceptaba reconocer la Independencia argentina siempre que los hijos de españoles nacidos en el territorio de la Confederación continuaran con la nacionalidad de sus padres (jus sanguis). Urquiza lo rechazó por considerarlo contrario a la Constitución. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

Urquiza envió comisionados al Vaticano y finalmente obtuvo del Pontífice -en 1859- la creación de la Diócesis del Litoral, instalada en la Ciudad de Paraná.

Toda esta tarea la realizó dejando gran iniciativa a sus ministros y casi sin residir en la capital, pues permaneció en San José casi todo el tiempo. Pero su presencia imponderable se materializaba a través de la correspondencia y los mensajes verbales.

Conviene recordar que el territorio de la Confederación tenía -por entonces- unos 740.000 habitantes y Córdoba, con 110.000 almas, era la provincia más poblada, en tanto que la segregada Buenos Aires tenía cerca de 400.000 habitantes, de los cuales unos 150.000 residían en la ciudad.

La obra de gobierno debió realizarse en medio de las mayores dificultades financieras derivadas de la secesión de Buenos Aires. En efecto, el conflicto entre los dos Estados no se dirimía solamente por las armas ni por los arrebatos periodísticos.

Una sorda competencia económica se desarrolló en Buenos Aires y la Confederación, con ventaja para la primera. Por entonces, los hechos económicos se manejaban políticamente.

Si Buenos Aires luchaba por conservar su predominio comercial no lo hacía sólo, ni principalmente por la presión de sus fuerzas económicas, sino porque aquél era un elemento básico para la conquista del poder político. No en vano Mitre había escrito, en su “Profesión de Fe”, que debajo de cada problema económico o social se encontraba un problema político.

La habilitación de los ríos a la navegación internacional demostró, a su vez, que respondía más a una aspiración ideológica interna y externa que a una realidad económica. Rosario y los puertos entrerrianos carecían de una producción suficientemente abundante como para atraer a los buques extranjeros y -lo que era igualmente malo- carecían de dinero suficiente para importar mercancías.

El grueso de los productos importados seguía desembarcando en Buenos Aires y pagando allí sus derechos aduaneros, para ser transferido a la Confederación, que no podía gravarlos nuevamente por temor a ahuyentar el comercio y promover el contrabando.

Buenos Aires, a su vez, era un gran centro consumidor de productos de las provincias y cualquier medida contra la Aduana porteña creaba el temor de que Buenos Aires cerrara la introducción de esos productos provocando la pobreza y la desocupación de aquellas provincias.

Pero llegó un momento en que la situación hizo crisis. En Diciembre de 1854 se había convenido un Tratado de Paz entre las dos partes. Incursiones de jefes federales, que procuraban derribar al Gobierno Provincial -Flores y Costa- dieron lugar a que las fuerzas de Buenos Aires los persiguieran hasta territorio confederado.

El 31 de Enero de 1856, en Villamayor, las fuerzas rebeldes fueron derrotadas y sus jefes y oficiales fusilados inmediatamente por orden del gobernador Obligado, reeditándose así episodios de épocas que se creían superadas. Urquiza denunció, entonces, los Tratados de Paz y se preparó a reducir nuevamente a la provincia segregada.

Juan Bautista Alberdi había fomentado una política pacífica:

“Aprenda la Confederación a ser egoísta en el presente, para poder ejercer la grandeza en el futuro. Pelear cuando no hay medios es hacer pisar sus banderas”(7).

(7) Juan Bautista Alberdi. “Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853”, tomo II, p. 820. Jacquin Besançon. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

Entonces sugirió un nuevo medio de presión económica, que doblegará a Buenos Aires sin usar la fuerza militar: los derechos diferenciales de Aduana. La ley propuesta fue largamente debatida y, al fin, aprobada por sólo dos votos de ventaja. Se temió que sus resultados fueran negativos.

En realidad, sus efectos fueron pobres, aunque favorables. Rosario incrementó su movimiento comercial y portuario en forma discreta, mientras en Buenos Aires se alzaba la grita de que Urquiza quería arruinar a la ciudad en beneficio de Rosario.

Información adicional