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El Tratado del 9 de Marzo de 1853 y la actitud de Urquiza

Los episodios militares entre los dos contrincantes no presentaban perspectivas de una victoria decisiva o de una paz negociada. De resultas de ello, Justo José de Urquiza decidió apoyar a Hilario Lagos en forma más eficaz. En Enero de 1853, el Congreso Constituyente de Santa Fe tomó la iniciativa al autorizar

“... al Director Provisorio de la Confederación para que, empleando todas las medidas que su prudencia y acendrado patriotismo le sugieran, haga cesar la guerra civil en la provincia de Buenos Aires y obtenga el libre asentimiento de ésta al Pacto Nacional de 31 de Mayo de 1852”(1).

(1) “Rejistro Nacional (los primeros tres volúmenes impresos como Registro Oficial) de la República Argentina que comprende los documentos espedidos desde 1810 hasta 1873” (1879-1884), tomo III, p. 61, (seis volúmenes), Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Por cierto no se excluía la posibilidad de usar la fuerza en las deliberaciones del Congreso(2).

(2) El proyecto de ley presentado por Juan Francisco Seguí había sido discutido en la Sesión del 21 de Enero y había sido rechazado debido a su estilo. Habría dado autoridad al Director Provisional “... para que, empleando todos los medios que su patriotismo y prudencia le sugieran, sin excluir los de la fuerza armada, restablecer la paz pública en la provincia de Buenos Aires”. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Cuando a mediados de Febrero de 1853 el Encargado de Negocios británico visitó a Urquiza en Diamante, pudo informar al Foreign Office acerca de las medidas que Urquiza pensaba tomar a fin de poner en ejecución lo autorizado por el Congreso. Se haría un esfuerzo final para mediar en el conflicto con el inmediato envío de una comisión a Buenos Aires.

El ministro de Relaciones Exteriores, Luis José de la Peña, contaría con la ayuda de dos diputados del Congreso de Santa Fe: Pedro Ferré y Facundo Zuviría. Aunque Urquiza dio Instrucciones a esta comisión de hacer “la paz a todo trance’’(3), puso en conocimiento de Robert Gore que si los arreglos para lograr la paz fracasaran, prestaría inmediato apoyo militar a Lagos.

(3) L. J. de la Peña. “El Tratado de Paz entre el Director Provisorio de la Confederación Argentina y el Gobierno de Buenos Aires el 9 de Marzo de 1853” (1853), pp. 9 y sigts., Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El 27 de Febrero de 1853, Urquiza se trasladó a San Nicolás, en la parte norte de la provincia de Buenos Aires, para esperar los resultados de esta mediación.

El clima no era propicio para un arreglo. El almirante francés de Suin no había podido conseguir el apoyo de los Cuerpos diplomáticos al proyecto dado a conocer a principios de Febrero de 1853, a saber, el de presionar al Gobierno de Buenos Aires para que capitulara, porque la vida y los bienes de los extranjeros estarían en constante peligro en caso de continua resistencia.

El almirante, después de presentar su proyecto, pasó una semana viajando infructuosamente entre la ciudad y el Cuartel General de Lagos, sin que surgieran siquiera los términos de un armisticio. Cuando a fines de mes el francés presentó nuevamente sus buenos oficios a ambas partes, el Gobierno de Buenos Aires declinó cortésmente su ofrecimiento.

En un Informe del cónsul de los Estados Unidos, Graham, al Departamento de Estado, se daba cuenta de este problema fundamental:

“Los sitiadores están muy ansiosos por llegar a un compromiso pero, como el Gobierno tiene un Banco y el poder de emitir ad libitum, confía en llevarlos a un sometimiento incondicional. I.os sitiadores están matando el ganado del país y vendiendo los cueros para pagar sus Gastos, mientras que el Gobierno está inundando la ciudad con papel moneda espurio que ahora sólo vale cinco centavos de dólar y se está depreciando diariamente”(4).

(4) Graham a Marcy, 14 de Febrero de 1853. Archivos Nacionales, Departamento de Estado, Ministros de Estados Unidos en Argentina, Despachos, Microfilm Nro. 70, Rollo Nro. 9, Nro. 52. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La Comisión del Congreso llegó al Cuartel General de Lagos el 24 de Febrero de 1853. El Gobierno de Buenos Aires aceptó inmediatamente el ofrecimiento de mediación y nombró representantes al general José María Paz, Lorenzo Torres, Dalmacio Vélez Sársfield y Nicolás Anchorena.

Un Armisticio dio fin a las hostilidades en la madrugada del 4 de Marzo de 1853. Cinco días más tarde, un proyecto de Tratado fue firmado por los comisionados. La violenta reacción que se produjo a causa de este Tratado, de la cual no es la menor la franca negativa de Urquiza a ratificarlo y el anuncio de su propósito de marchar sobre Buenos Aires, merece algunas explicaciones.

Durante todo el tiempo de la negociación, Luis J. de la Peña -el enviado de Urquiza- declaró que Lagos le había opuesto toda clase de dificultades y no había hecho nada para ayudarlo(5).

(5) De la Peña a Urquiza, 8 de Marzo de 1853. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Lagos y sus oficiales no juzgaron favorablemente las negociaciones, considerándose excluidos de los arreglos. Esto fue particularmente cierto después del 5 de Marzo de 1853, cuando las conferencias se celebraron en la Ciudad de Buenos Aires y a Lagos no lo informaron sobre las tratativas(6).

(6) R. Bustos a Costa, 10 de Marzo de 1853. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Al poco tiempo de convenido el Armisticio, Lagos escribió a Urquiza en estos términos:

“No quiero presentar por mi parte ninguna dificultad para la paz, porque ella es la primera necesidad de nuestro país; y a pesar de mi deferencia en admitir la suspensión de hostilidades, en los términos que se ha hecho, temo mucho que al entrar a las cuestiones principales con los comisionados de la ciudad, toque la Comisión mediadora grandes dificultades y no puedan arribar a un resultado feliz”(7).

(7) Lagos a Urquiza, 3 de Marzo de 1853. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Las informaciones que Lagos recibía de hombres próximos a Urquiza indudablemente alentaban sus poco conciliadores gestos. Es típico un comentario que le envió a Bustos desde San Nicolás, uno de los altos oficiales de Lagos:

“Puede V. estar persuadido que el Dn. Grl. (Urquiza) está decididamente resuelto a hacer la guerra a esos bandidos, pero de modo que la sentirán, si esta vez no aprovechan la tabla de salvación que se les ha presentado tan inesperadamente en la Comisión mediadora”(8).

(8) (Alejandro Baldés) a R. Bustos, 5 de Marzo de 1853. Archivo General de la Nación, Colección del Museo Histórico Nacional, Buenos Aires, Nro. 3.067; Dn. J. de Urquiza a Lagos, 23 de Febrero de 1853, y B. García a Lagos, 26 de Febrero de 1853. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Los distintos incidentes que ocurrieron durante las negociaciones, incluso el caso de dos jóvenes oficiales porteños a quienes se degolló cuando fueron a los aledaños de la ciudad para visitar a unos amigos eran -por una parte- el resultado del relajamiento de la disciplina y, por la otra, debido a una verdadera resistencia contra las negociaciones.

Era difícil esperar que el Tratado pusiera un límite a las aspiraciones de los porteños y proporcionase unas pocas garantías a los sitiadores. La apresurada ratificación de las condiciones del Tratado por el Gobierno de Buenos Aires y la posterior pretensión de Vélez Sársfield de haber sido autor del mismo(9), provocaron serias dudas respecto de la justicia de estas mismas condiciones.

(9) Vélez Sársfield a E. Carriego, Mayo de 1860, publicado en: “Dalmacio Vélez Sársfield, Político y Jurista (Escritos y Discursos Precedidos de Estudios por E. Martínez Paz y E. Ruiz Guiñazú)” (1927), p. 153, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Esencialmente, no sufrieron cambio alguno la autoridad y la posición de un Gobierno que había llegado al poder por la sedición de Septiembre de 1852. Las fuerzas militares iban a ser desmovilizadas, mientras que los grados existentes antes del 1 de Diciembre de 1852 serían respetados. La mitad de la Legislatura iba a ser renovada y se elegiría lo antes posible a un gobernador legal.

No se había incluido en ninguna parte del Tratado estipulaciones definidas en salvaguardia de la posición de los que habían participado en la revuelta de Diciembre. Las relaciones de Buenos Aires con el Gobierno Provisional Nacional eran aún menos satisfactorias, porque el Acuerdo de San Nicolás había sufrido drásticas enmiendas.

El número de Representantes al Congreso Constituyente se asignó de acuerdo con la población y pudiendo enviar Buenos Aires hasta diez diputados en lugar de los dos fijados por el Acuerdo. A Urquiza se le otorgaba una autoridad limitada en todo lo concerniente a las Relaciones Exteriores.

En consecuencia, fueron rechazados los poderes que el Acuerdo otorgaba al Director Provisional, acuerdo que antes había dado lugar a los debates de Junio de 1852.

El Encargado británico, que navegaba río abajo para dirigirse a su molesto puesto de observación a bordo de un buque de guerra inglés, en el Puerto de Buenos Aires, se detuvo el 11 de Marzo de 1853 en San Nicolás para presentar sus respetos a Urquiza. Esta circunstancia proporcionó al Foreign Office un relato fidedigno de la reacción de Urquiza ante el Tratado del 9 de Marzo de 1853.

Una carta, que no incluía un ejemplar del Tratado, acababa de recibir Luis J. de la Peña(10).

(10) (A. Baldés) a R. Bustos, 11 de Marzo de 1853. Archivo General de la Nación, Colección del Museo Histórico Nacional, Buenos Aires, Nro. 3.071. “Ayer a la tarde llegó el chasque que condujo su carta del 9 y, en el momento nos hizo llamar S. E. a García y a mi para mostrarnos algunos artículos de carta del doctor Peña. Pareció desagradado de lo hecho por la Comisión. Hoy volví a verlo y manifestó más descontento que ayer, hablando con acritud de los malvados de adentro, por lo que esperamos no aprobará nada que pueda perjudicarnos”. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Poco después llegó un ejemplar

“... que fue recibido de muy mala manera por el Director y sus Jefes puesto que no había ninguna mención del partido de Lagos, y se lo consideró como una rendición incondicional, y la emoción fue muy grande.
“Rogué a Su Excelencia cuando me mandó buscar que me leyera el documento y que aplazara su opinión hasta la llegada de la Comisión; repetía continuamente: ‘no lo creo, no puede ser’.
“Preferiría perder mi mano izquierda antes que ratificar un Tratado que traicionará a mis amigos’”(11).

(11) Gore a Russell, 22 de Marzo de 1853. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 175, Nro. 30. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Varios días después, Gore tuvo “oportunidad de prestar el servicio de transportar a San Nicolás la comisión que había arreglado las condiciones. El buque de guerra británico, que debía llevar río arriba a la Comisión, había quedado varado cerca de Martín García; Gore, que a bordo de otro barco de guerra británico se dirigía río abajo hacia Buenos Aires, se ofreció para llevar la Comisión hasta San Nicolás:

“... lo que se hizo efectivamente, y llegamos allí a las 15:00 del 17 del corriente ... A la mañana siguiente supe, antes de desembarcar, que se había dado órdenes de marchar y, al llegar a la Casa de Gobierno vi a una división que se alejaba.
“El Director envió inmediatamente buscar el Tratado, que era el mismo ejemplar que yo había visto y luego me preguntó qué opinaba respecto de él, a lo que repliqué que si el partido del Interior actuaba de buena fe, pensaba que era posible hacer modificaciones que serían aceptables para ambas partes.
“Entonces me dijo que no ratificaría un Tratado que traicionaba a sus amigos; se expresó así: ‘Señor Ministro; soy un hombre de bien y no quiero que nunca se me considere como traidor’. Luego me dijo que se pondría en marcha inmediatamente...”(12).

(12) Gore a Russell, 22 de Marzo de 1853. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 175, Nro. 30. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

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