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La construcción de un Ejército Nacional y la desmilitarización de la provincia

Hasta 1853 las provincias reunieron atribuciones cuyo ejercicio inhibía la conformación de un Estado Nacional(1).

(1) Sobre la organización institucional provincial de la primera mitad del siglo XIX y su carácter contradictorio con la integración en un Estado Nacional, pueden verse los juicios vertidos por Alberdi en su obra: “Derecho Público Provincial Argentino” (1917). Ed. La Cultura Argentina, Buenos Aires. La obra fue redactada en 1853. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

La posibilidad de sostener fuerzas militares propias constituía un elemento fundamental dentro de las potestades que las convertían en Estados soberanos e independientes.

La discusión en torno al carácter y tipo de atribuciones militares que podían conservar los Estados Provinciales se prolongó durante varias décadas y, de hecho, como ya señalamos, las provincias mantuvieron bajo su jurisdicción fuerzas de carácter militar hasta avanzada la segunda mitad del siglo XIX.

Pero es indudable que la constitución de un Ejército de carácter nacional tuvo como contrapartida ineludible el debilitamiento del poder bélico de las provincias. Una de las preguntas centrales sobre la que queremos indagar aquí se vincula con las características del marco en el que se verificó la delegación de atribuciones militares en el nuevo Estado Central.

De acuerdo con el ordenamiento dispuesto por las nuevas autoridades nacionales, la provincia de Corrientes quedaba incluida dentro de la Circunscripción Militar del Este, cuyo jefe era el propio presidente de la Nación y líder de la provincia de Entre Ríos, Justo José de Urquiza.

Aunque Corrientes había constituido uno de los pilares de la Alianza militar que -conducida por aquél- derrocó a Juan Manuel de Rosas en 1852, durante los primeros tiempos de la primera presidencia constitucional los vínculos entre el Estado Nacional y el Provincial -gobernado por Juan Gregorio Pujol- estuvieron teñidos de un alto grado de conflictividad.

Hasta avanzada la presidencia de Urquiza, Corrientes siguió siendo una provincia fuertemente militarizada, circunstancia que puede advertirse a partir del constante reclutamiento de fuerzas militares y la compra de armamentos.

La alta conflictividad y el elevado grado de militarización de la provincia estuvieron, en gran medida, ligados al enfrentamiento entre el Gobierno Provincial y las ya mencionadas fuerzas del sur provincial. Las rebeliones comandadas por Nicanor Cáceres constituyeron un factor de desequilibrio permanente de la política provincial.

Además del control del Departamento Curuzú Cuatiá y las localidades vecinas, Cáceres parece haber contado con un respaldo relativamente sólido en el norte del territorio entrerriano, hecho asociado a su vínculo con Urquiza. Las quejas de las autoridades correntinas frente al Gobierno Nacional situado en Paraná por el apoyo brindado a Cáceres, se prolongan durante toda la primera mitad de la década del cincuenta.

Esto justificaba todavía en aquellos años, en principio, el mantenimiento de una fuerza militar local de dimensiones considerables que, además, llevaba a la efectivización de fuertes erogaciones presupuestarias.

Sin embargo, desde 1855 puede advertirse un lento proceso de desmilitarización del Estado Provincial. Por ese entonces, los conflictos internos habían desaparecido. En Abril de ese año, el Inspector General de Armas de la provincia elevó su renuncia, sosteniendo que la paz y el orden público estaban restablecidos y garantizados “por el prestigio y poder de la suprema autoridad nacional”(2).

(2) Decreto del P. E. no aceptando la renuncia del Inspector General de Armas, (Corrientes), del 19 de Abril de 1855, en el “Registro Oficial de la Provincia de Corrientes” (1936), tomo VII, p. 289, Corrientes. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Simultáneamente, varios cuerpos del Ejército Provincial comenzaron a disolverse. El reemplazo durante estos años de algunos Comandantes Militares de los Departamentos por figuras de carácter netamente civil, fuertemente resistido como hemos analizado en capítulos anteriores, si bien se encuadra en la disputa permanente entre el Gobierno local y las mismas élites del sur provincial, también debe entenderse en ese contexto.

Es preciso entonces analizar este primer ensayo de desmilitarización de la sociedad en un doble marco: por un lado, en función de los ya analizados proyectos de transformación de la estructura institucional local planteados por sus élites dirigentes tendientes a neutralizar el poder de los Comandantes Departamentales; por otro, debe leerse en relación a sus propios proyectos de expansión y de control territorial que requerían de la integración en una unidad política mayor a los que no eran funcionales -por otra parte- las estructuras militares tradicionales de la provincia.

La contracara de este lento proceso de desmilitarización del Estado Provincial fue el apoyo al fortalecimiento del Ejército Nacional. Varios factores evidencian este proceso. En principio, la cesión de armamentos, hasta entonces en poder de la provincia. En Diciembre de 1856, el Gobierno Provincial donó una porción relevante de su parque militar al Gobierno Confederal.

Esta cesión incluía 500 cartucheras de infantería y 500 bayonetas. En Abril de 1857, el Gobierno subrayaba su contribución por vía de subsidios de este carácter a la importante obra de “nuestra seguridad y defensa común”(3).

(3) Nota del Gobierno de la provincia poniendo a disposición del ministro del Interior en comisión, el armamento dado a la Nación por vía de subsidio, del 10 de Abril de 1857, en el Archivo de Juan Gregorio Pujol, que fue publicado a principios de la década de 1910 bajo el título de: “Corrientes en la Organización Nacional” (1911), tomo VII, pp. 30-51, (diez volúmenes). Editorial Kraft, Buenos Aires. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Aparentemente, la decisión de las autoridades provinciales generó intensas polémicas internas y tuvieron que defenderse de quienes las acusaban de dejar inerme al Estado Provincial frente al Nacional y, sobre todo, ante la poderosa provincia vecina de Entre Ríos.

Nuevamente la principal resistencia se hizo sentir en el sur provincial, en aquellos Departamentos más sensibles a la influencia entrerriana y que más habían sufrido las consecuencias de las guerras civiles de la primera mitad del siglo XIX.

En este marco, las autoridades provinciales comenzaron a disputar la influencia sobre la población de la campaña de aquella región a partir de la distribución de folletos. Uno de ellos es particularmente llamativo, ya que procuraba insistir en la existencia de una única nacionalidad, minimizando las diferencias entre entrerrianos y correntinos. Con vehemencia se enfatizaba, respondiendo a las críticas que venían de esa misma región, que “entre pueblos de una misma Nación no hay fronteras”(4).

(4) Se señalaba en ese documento:
- “Pero querrá decirme -compadre Manuel- ustedes, los curuzucuatieños ¿todavía se figuran que tenemos fronteras que nos dividen del Entre Ríos? ¿No saben ustedes que entre pueblos de una misma Nación no hay fronteras? ¿Ignoran que el territorio de Entre Ríos y el de Corrientes forman un suelo nacional?”
Traducción libre de un diálogo entre el curuzucuateño Manuel Arroyo y el paguero José Galarza, escrito en guaraní y datado en el Palmar Grande, el 7 de Febrero de 1856, en el Archivo de Juan Gregorio Pujol, que fue publicado a principios de la década de 1910 bajo el título de: “Corrientes en la Organización Nacional” (1911), tomo VI, pp. 52-56, (diez volúmenes). Editorial Kraft, Buenos Aires. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

El episodio revelaba por otra parte -una vez más- la inercia de los mecanismos políticos y prácticas institucionales característicos de los Estados rioplatenses de la primera mitad del siglo XIX.

El hecho de que las provincias mantuvieran fuerzas militares durante varias décadas posteriores a la sanción de la Constitución Nacional conformó una de las principales fuentes de conflicto entre el Estado Nacional y el Provincial.

El problema de la militarización local constituye una cuestión sumamente compleja. Reforzar el brazo armado de la Nación y disminuir así el poder de fuego de las fuerzas provinciales, constituía una necesidad clave del Gobierno Central para acentuar su autoridad.

En tanto, la propia definición del Estado Nacional implica el “monopolio de la violencia legítima”, la estructuración del Ejército constituía un elemento esencial en su propio proceso de consolidación a mediano plazo. Se entiende, en este contexto, que el problema de la militarización debe ser analizado tomando en cuenta las variables relativas a la evolución general de la política en la región.

Esta evolución obligaba necesariamente a un replanteo del tipo de fuerzas militares que debía mantener la provincia.

Surgía así la necesidad de estructurar una fuerza militar de características distintas a la que había predominado hasta entonces. En este contexto es preciso tener también en cuenta que la nueva situación financiera del Estado local, resultado de la cesión al Estado Nacional de su principal fuente de recursos, las Aduanas, era un elemento clave a la hora de decidir cuestiones vinculadas con el mantenimiento de la fuerza armada dependiente del poder provincial.

Por otra parte, también a mediados de la década las autoridades asentadas en Paraná -en particular el mismo Urquiza- intervinieron controlando los movimientos de Cáceres contribuyendo así a estabilizar políticamente a Corrientes. En este contexto, el mantenimiento de las fuerzas militares locales se revelaba menos urgente.

Sin embargo, el establecimiento de una suerte de compromiso tácito entre Estado Nacional y provincias que puede inferirse a partir del análisis de la prensa local y de la de Paraná, parece haber constituido el factor decisivo para que las autoridades provinciales aceptaran desprenderse de parte de su armamento.

En este sentido, el compromiso mencionado tenía relación con la asunción -por parte de la Nación- de un conjunto de funciones que el Estado Provincial tenía grandes dificultades para ejercer y que se vinculaban, principalmente, con la vigilancia y control de las fronteras de la provincia.

A la vez, la vigencia de los problemas fronterizos se vincula con los proyectos que la misma élite gobernante en la década de 1850 diseñó para el futuro provincial.

Las élites correntinas siempre habían sido conscientes del carácter fronterizo de su provincia pero, a principios de los cincuenta, la cuestión adquiría una nueva actualidad. La defensa de esta frontera exigía un tipo de organización militar de naturaleza distinta a la que había predominado durante toda la primera mitad del siglo XIX.

Es así que la política local y la articulación de las élites locales en el Estado Confederal no pueden comprenderse sin situar en un primer plano la compleja cuestión de la política fronteriza.

Como puede observarse a partir de la lectura de la prensa de la época, para la clase dirigente correntina de la década de 1850 el futuro de la provincia estaba estrechamente relacionado con la expansión sobre sus fronteras.

El tema debe ser analizado desde una perspectiva que contemple no sólo la orientación concreta de las acciones del Estado al respecto, sino también a partir del imaginario sobre la frontera presente en muchos de los miembros de esa misma élite.

A partir de aquellos años, a través de los cambios en los sistemas de comunicaciones, empezaban a superarse límites a la expansión territorial sobre las fronteras existentes desde muy antiguo. Sobre los territorios fronterizos existían múltiples supuestos, desconociéndose la verdadera potencialidad productiva de aquellas regiones y la real existencia de recursos naturales.

Los lazos entre los proyectos de expansión fronteriza y la política militar de la época son muy estrechos. Por otra parte, desde la perspectiva local correntina, era también claro que la estructura militar vigente hasta entonces no parecía la más adecuada para los proyectos de preservación o avance fronterizo.

La cuestión de la frontera provincial tenía dos flancos en cuyos controles la autoridad local encontraba crecientes dificultades: por un lado, la indígena, con la que chocaba en su intento de expandir su control sobre la región del Chaco.

El Gobierno correntino mantenía -prácticamente desde su constitución como Estado autónomo- permanentes vínculos con las tribus asentadas al otro lado del Paraná, frente a la capital provincial.

Pero durante la década del cincuenta comenzaron a estructurarse fuertes intereses económicos en torno al desenvolvimiento de aquella región. Estos estaban ligados al desarrollo de los obrajes y unidades dedicadas a la explotación de la madera. Dicha actividad constituía un rubro tradicionalmente explotado por parte de la población correntina. La expansión hacia el Chaco reconocía por entonces sus raíces en un progresivo aumento de demanda de la madera y en la crisis simultánea de las reservas forestales locales(5).

(5) Enrique Schaller. “La Distribución de la Tierra y el Poblamiento de la Provincia de Corrientes” (1995), en “Cuadernos de Geohistoria Regional”, Nro. 31, pp. 96 y sigtes., Instituto de Investigaciones Geohistóricas, Resistencia; y Thomas Whigham, “La Industria Maderera en el Alto Plata: Paraguay y Corrientes. 1776-1869”, en “Folia Histórica del Nordeste” (1997), Nro. 13, pp. 55-82, Resistencia. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Así, en Abril de 1857, el ministro del Interior en comisión autorizaba al Gobierno de la provincia a establecer una reducción de indios en el Chaco(6).

(6) Nota del Gobierno de la provincia contestando a la del ministro del Interior en comisión, de 15 del actual, (Corrientes), 20 de Abril de 1857, en el Archivo de Juan Gregorio Pujol, que fue publicado a principios de la década de 1910 bajo el título de: “Corrientes en la Organización Nacional” (1911), tomo VII, p. 63, (diez volúmenes). Editorial Kraft, Buenos Aires. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Un año después eran las autoridades provinciales las que reclamaban que el nacional se hiciese cargo de las elevadas sumas que se habían gastado hasta entonces del Erario local para mantener “la paz y la buena amistad” con aquellas comunidades indígenas. Se señalaba así en el periódico oficial que los “argentinos” que poseían en la banda opuesta del río Paraná obrajes de ladrillos y maderas exigían protección.

Como en muchas otras provincias del Interior durante este período, el Estado local mostraba dificultades crecientes para controlar el avance de los grupos indígenas. En este sentido, la coordinación de las fuerzas de las diferentes localidades para hacer frente a este avance se revelaba de una importancia fundamental.

Es preciso recordar aquí que entre las atribuciones que contaban los Comandantes Militares nacionales se encontraba la de actuar sin esperar órdenes previas ante incursiones indígenas, conmoción interior o ataque extranjero repentino.

En este contexto, los reclamos en el año 1858, elevados desde Corrientes, para que las autoridades nacionales se ocupasen de la frontera del Chaco, aparecían ya con carácter de urgencia. Por otro lado, parecen haber tenido finalmente efecto, ya que durante ese mismo año la Confederación creó una línea defensiva sobre la frontera de esta región a cargo de Alfredo Du Graty.

Sin embargo, la línea fronteriza que planteaba las mayores preocupaciones a las clases dirigentes de la provincia era la oriental. Allí confluían los intereses correntinos con los del Estado paraguayo y, sobre todo, con la poderosa provincia brasileña de Río Grande del Sur.

El problema fronterizo de la costa del Uruguay debe ser analizado entonces en función de variables distintas de la del Paraná. Por un lado hay que tener presente el acelerado crecimiento demográfico y económico de aquella región. Por otro, las inmensas expectativas que las élites provinciales gobernantes en la década de 1850 cifraban en torno a su desarrollo.

Las clases dirigentes locales preveían un acelerado crecimiento económico de la región basado en el mejoramiento de la calidad de la yerba mate allí explotada. Con ella, consideraban, Corrientes podría llegar a abastecer todo el mercado de Buenos Aires y Montevideo.

Desde finales de la década del cuarenta hubo una creciente valorización -en el imaginario de las élites provinciales- de los recursos de la zona del río Uruguay. Nuevamente hay que señalar que una de las fuentes más útiles para seguir la evolución de los problemas fronterizos en esta región, es la correspondencia entablada entre Amado Bonpland (que se encontraba radicado en cercanías de la Ciudad de Restauración, actualmente Paso de los Libres) y el gobernador de la provincia, Juan Gregorio Pujol.

Bonpland, ya desde finales de la década del treinta, había sostenido la necesidad de que el Gobierno Provincial colocase en la localidad misionera de San Javier un centro de operaciones para la explotación de la yerba y su exportación, a través del río, a los diferentes mercados litoraleños.

En la década del cincuenta, en sus cartas a Pujol, insistía en la necesidad de prestar una mayor atención a la explotación de los yerbales en aquella zona. Esta -advertía- era ocupada permanentemente por “paraguayos y brasileños” que practicaban una explotación verdaderamente destructiva. Bonpland, además, señalaba alarmado que la presencia brasileña estaba respaldada por fuertes contingentes militares(7).

(7) La correspondencia entre Bonpland y Pujol sobre estos temas puede leerse en el Archivo de Juan Gregorio Pujol, que fue publicado a principios de la década de 1910 bajo el título de: “Corrientes en la Organización Nacional” (1911), especialmente en los tomos IV, V y VI, (diez volúmenes). Editorial Kraft, Buenos Aires. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

El crecimiento y expansión de la región en términos económicos, demográficos y estratégicos -desde finales de la década de 1840- puede seguirse desde la frontera de las provincias rioplatenses pero también desde la riograndense. Los Informes que las autoridades de la provincia de Río Grande del Sur elevaban periódicamente ante el emperador del Brasil, muestran cómo durante los primeros años de la década del cincuenta las cuestiones relativas al desarrollo de la región fronteriza con Corrientes cobraban una importancia cada vez mayor.

Tradicionalmente, la principal preocupación de las autoridades imperiales brasileñas había estado centrada en temas relativos al desarrollo de la frontera con el llamado Estado Oriental del Uruguay.

Numerosos hacendados riograndenses tenían establecimientos ganaderos allí y los problemas relativos, entre otros aspectos, al comercio y tráfico ilegal de esclavos, a la captura de ciudadanos orientales que eran esclavizados y trasladados a Río Grande, al robo de ganado, fuga de delincuentes y contrabando en general, configuraban los ejes de la agenda de cuestiones fronterizas que debían dirimir permanentemente las autoridades de ambos Estados.

Los problemas fronterizos entre el Estado de Río Grande y las futuras provincias argentinas comenzaron tiempo después a raíz del desarrollo tardío de la región. Tradicionalmente, aquella zona integraba un espacio en el que el control de ambos Estados se ejercía con grandes dificultades.

Era la región más alejada de los principales focos de desarrollo. El río Uruguay, debido a sus características hidrográficas, era de muy difícil navegación, hecho que también influía decisivamente en el lento desarrollo de las poblaciones en sus márgenes lo que explica también la situación de abandono en el que se encontraban las antiguas misiones jesuíticas de dicha región después del período de las Guerras de la Independencia.

Lentamente, a partir de los primeros años de la década del treinta, la situación comenzaba a revertirse. Pero aún entonces, el puerto riograndense de Itaquí, que se convertiría en uno de los principales puntos comerciales de la zona en la década de 1850, era -como lo señalara Arséne Isabelle- no más que “una veintena de ranchos mal construidos ubicados sin ningún orden y cerca unos de otros”(8).

(8) Arséne Isabelle. “Viaje a la Argentina, Uruguay y Brasil, 1830-1834” (2001), p. 195. Emecé Editores, Buenos Aires. La versión original se publicó bajo el título: “Voyage a Buenos-Ayres et a Porto Alegre par la Banda-Oriental, les Missiones d’Uruguay et la Province de Rio Grande do Sul” (1835). Imprimerie de J. Morlent, Place de la Comédie, El Havre (Francia). Otra descripción particularmente interesante sobre la situación en la región del río Uruguay puede verse en “Memoria Histórica acerca de la Decadencia y Ruina de las Misiones Jesuíticas en el seno del Plata (su Estado en 1856 por el Dr. Martín de Moussy)” (1857). Imprenta del Nacional Argentino, Paraná. Reedición facsimilar en “Folia Histórica del Nordeste” (1991), Nro. 10, pp. 275-339, Resistencia. Allí señalaba De Moussy -entre otros aspectos- que la localidad de Restauración contaba con una población de alrededor de mil habitantes dedicados a la cría de ganado que se exportaba -a través de Uruguayana- hacia el Brasil. // Todo citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Sin embargo, a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, la región comenzó a adquirir un lugar cada vez más relevante entre las preocupaciones de las autoridades de los dos Estados, debido a su acelerado crecimiento.

La expansión de las localidades correntinas sobre el Uruguay encontraba sus principales raíces en la exportación de ganado en pie. Ya se ha destacado cómo los problemas para sostener el comercio por el Paraná -a raíz de los permanentes bloqueos durante la década del cuarenta- habían impulsado el intercambio del sur correntino con Río Grande del Sur y con las localidades del Nordeste entrerriano. Así se había incrementado el tráfico de ganado en pie desde Corrientes hacia aquellas regiones donde era explotado en empresas saladeriles.

Este fue un factor esencial en el acelerado crecimiento de las regiones sobre las que se constituirían los Departamentos de Curuzú Cuatiá, Mercedes y, sobre todo, de la Ciudad de Restauración, por donde pasaba la mayor parte del ganado correntino hacia el Brasil. Uruguayana, situada frente a esta última ciudad, se había convertido en el gran centro receptor del ganado en pie de la provincia.

El vicepresidente de la provincia de Río Grande del Sur subrayaba en su Informe del año 1857, el extraordinario auge de las exportaciones de Itaquí, principal centro exportador de yerba mate de la costa brasileña sobre el Uruguay. El poblamiento de Itaquí databa de 1821.

En 1846 sus habitantes libres ascendían a mil setecientos(9). Una década más tarde sumaban cuatro mil y dos años más tarde superaban los seis mil.

(9) “Relatorio de Presidente da Provincia de San Pedro do Rio Grande do Sul Angelo Moniz da Silva Ferraz Apresentado a Assemblea Legislativa Provincial na I Sessao da 8va. Legislatura” (1858), Porto Alegre. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

En ese Informe se destacaba que anualmente llegaban a la localidad más de cuatro mil carretas que descargaban yerba mate y la trasladaban a pequeñas embarcaciones que surcaban el río. Mientras se calculaba que en 1853 se habían exportado casi ochenta mil arrobas, las cifras se duplicaban en 1857.

El gran desarrollo de Itaquí llevó a que se reorganizara su Mesa de Rentas en 1855 (hasta ese entonces dependía de Uruguayana) y a que fuera declarado Municipio en 1858 en el marco de una reorganización general de todas las localidades riograndenses de la región del Uruguay.

Sus autoridades subrayaban permanentemente la aceptación que encontraba la yerba mate brasileña en los mercados “extranjeros” y reclamaban a los funcionarios imperiales que impulsaran el desarrollo de la navegación a vapor sobre el Uruguay.

Simultáneamente, insistían -aparentemente con éxito- en la necesidad de fortalecer el control militar de su frontera fluvial. En 1858, la Guarnición Militar de Uruguayana fue reforzada a raíz del temor a una posible invasión paraguaya.

Pero es preciso recordar además que Uruguayana estaba situada frente al puerto correntino más importante de la costa del Uruguay, Restauración (luego Paso de los Libres) y era, por otra parte, uno de los principales receptores de las importaciones que venían desde la provincia. La militarización de la frontera brasileña no era, por otro lado, un factor que pasase desapercibido para la élite gobernante en Corrientes.

El trasfondo del crecimiento y militarización de la región limítrofe estaba conformado por un conjunto de episodios y conflictos menores que se extendían a lo largo de la extensa frontera fluvial que compartía la provincia de Corrientes con el Estado de Río Grande del Sur y que se multiplicaban desde fines de la década del cuarenta y toda la primera mitad de la del cincuenta.

Así, los problemas fronterizos que, desde tiempo atrás se suscitaban entre las autoridades del Estado del Uruguay y de Río Grande del Sur, se reproducían en la zona limítrofe con las provincias argentinas. En Diciembre de 1857 -por ejemplo- se suscitaron diferentes tipos de enfrentamientos por los asaltos de hacendados brasileños a varios poblados de la costa correntina en busca de esclavos fugitivos(10).

(10) “Restauración” (de nuestro corresponsal), en “La Opinión”, (Corrientes), del 6 de Enero de 1858. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

El tema de la fuga de esclavos dio lugar a una serie de tratativas entre autoridades brasileñas y de la Confederación, que se prolongó durante varios meses de 1857. Un año después, el conflicto se planteó también en la zona de Restauración por el enrolamiento de ciudadanos argentinos en el Ejército brasileño.

En Itaquí, durante el año 1856, tuvieron lugar distintos tipos de conflictos originados en quejas por fraudes y arbitrariedades cometidos contra comerciantes de las provincias de la Confederación.

Los habitantes de los Municipios correntinos sobre el Uruguay denunciaban además, en forma insistente, las incursiones de “forajidos brasileños” en sus poblaciones; la detención arbitraria de comerciantes locales del lado brasileño del río; el enrolamiento forzoso de “argentinos” en el Ejército riograndense; y el contrabando permanente. Esa creciente presencia militar en la frontera fluvial se convertía en una preocupación para todos aquellos sectores involucrados en actividades económicas en la zona.

Es posible conjeturar así que la necesidad de resguardar y asegurar el control de su frontera fuese uno de los factores que llevaba a la élite correntina a impulsar la formación de un Estado suprarregional y su integración en él. En este sentido, la ya sucintamente analizada expansión brasileña y el problema indígena, constituían cuestiones cuya resolución el Estado Provincial no podía afrontar con sus propios recursos.

En la región oriental, el encuentro con un Estado con una mayor tradición militarista y presencia en la zona, planteaba agudas dificultades(11).

(11) Recurriendo nuevamente aquí al testimonio de Arséne Isabelle, puede advertirse cómo eran ya visibles en la década de 1830 las diferencias en la región del río Uruguay entre las costas brasileña y argentina:
“Los brasileños no son más industriosos ni trabajadores que los orientales y los argentinos, pero las estancias se han multiplicado mucho en esas tierras durante y después de la guerra de ocupación; una gran parte del ganado robado por gauchos durante las guerras de partido han venido a poblar los campos brasileños de pastoreo”.
Arséne Isabelle. “Viaje a la Argentina, Uruguay y Brasil, 1830-1834” (2001), p. 191. Emecé Editores, Buenos Aires. La versión original se publicó bajo el título: “Voyage a Buenos-Ayres et a Porto Alegre par la Banda-Oriental, les Missiones d’Uruguay et la Province de Rio Grande do Sul” (1835). Imprimerie de J. Morlent, Place de la Comédie, El Havre (Francia). // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Por eso se puede conjeturar también que la incorporación a la nueva entidad nacional en formación no afectaba, en principio, al equilibrio regional interno de la provincia, sino que era funcional a la estabilidad y al desarrollo del mismo Estado Provincial.

Las expectativas puestas en el crecimiento de esta región y en la explotación de sus yerbales “que pueden considerarse más ricos que las ricas minas de oro del Potosí”(12), explica entonces la funcionalidad de la subordinación de las fuerzas militares correntinas a una organización suprarregional como la conformada por el Estado de la Confederación.

(12) “El Nuevo Año”, en “La Opinión”, (Corrientes), del 1ro. de Enero de 1858. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Esta decisión coincidía así, objetivamente, con los intereses de una élite local animada por un antiguo proyecto de expansión sobre la zona misionera y la costa del río Uruguay(13).

(13) Un análisis del proceso de expansión del litoral entrerriano sobre el río Uruguay, en Roberto Schmit. “Fronteras Rioplatenses (Ocupación del Espacio y Estructura socio-ocupacional en el Oriente Entrerriano- 1829-1850)”; en Jorge Gelman, Juan Carlos Garavaglia y Blanca Zeberio. “Expansión Capitalista y Transformaciones Regionales (Relaciones Sociales y Empresas Agrarias en la Argentina del Siglo XIX)” (1999), pp. 45-73. Editorial La Colmena, Buenos Aires. // Citado por Pablo Buchbinder. “Caudillos de Pluma y Hombres de Acción (Estado y Política en Corrientes en Tiempos de la Organización Nacional)” (2004), Ed. Prometeo Libros, Buenos Aires.

Pero en este sentido cabe también preguntarse en qué medida el Estado Nacional en construcción cumplió con éxito la misión de garantizar la seguridad de las fronteras y, consecuentemente, cómo respondió a las expectativas puestas en su construcción por parte de la élite local.

La correspondencia que el diputado por la provincia, Díaz Colodrero, mantenía con el gobernador a finales de la década del cincuenta, permite esbozar una respuesta negativa a estos interrogantes. Díaz Colodrero se quejaba permanentemente por la falta de apoyo de las autoridades nacionales en el mantenimiento de la seguridad en ambas regiones fronterizas.

En relación a la del río Uruguay, a finales de la década reclamaba en forma insistente los fondos para el mantenimiento de los piquetes nacionales en las localidades de La Cruz, Restauración, Santo Tomé y Paso de los Higos.

Otro de los diputados de la provincia, Emilio de Alvear, requería además -en los mismos meses- una interpelación al ministro de Relaciones Exteriores por la presencia paraguaya en los yerbales misioneros.

Estos reclamos se prolongarían durante todo el año 1859. Tres años antes, las autoridades federales habían creado una Jefatura en el área de Misiones y, en Abril de 1857, el Ejército Nacional colocó -al servicio de la provincia- un piquete de soldados en la disputada región de San Javier pero, aparentemente, estas medidas no cubrieron las necesidades de las autoridades provinciales.

En muchos casos las fuerzas de frontera parecen haberse preocupado más por vigilar a los comerciantes locales y reprimir sobre todo las actividades de contrabando realizadas por los mismos, que por controlar el avance brasileño.

Las denuncias por los abusos de los oficiales del Ejército Nacional se multiplican a lo largo de los últimos años de la década. Para gran parte de las comunidades de comerciantes y ganaderos de la región oriental y sur de la provincia, las autoridades nacionales parecían no estar en condiciones de cumplir con las funciones que le habían sido asignadas.

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