El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Elección de San Juan

Durante el breve Gobierno de (Zacarías) Yanzi, alzado contra Benavídez en ausencia de éste, habían sido elegidos Domingo F. Sarmiento y Antonino Aberastain. Yanzi creía interpretar la voluntad de Urquiza, pues el Libertador -en los días inmediatos a Caseros- apoyó la elección de su boletinero en el Ejército Grande(1). Pero la actitud opositora de Sarmiento obligó a excluirlo de funciones tan delicadas.

(1) Urquiza creía contar con Sarmiento para su política en San Juan; éste le había escrito a poco del Pronunciamiento una elocuente carta donde, al tiempo de pedirle el alta en el Ejército Grande, le ofrecía magnánimamente el “voto de San Juan para la presidencia de la República”. La referencia la trae un testigo intachable, el doctor Nicanor Molinas, en su folleto “Apuntes y Documentos Históricos de la Confederación Argentina” (1894), Buenos Aires. Molinas dice: “Esto me consta, porque yo redactaba la correspondencia oficial y confidencial del general Urquiza en aquella época” (p. 2). // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Apenas Benavídez recuperó el Gobierno, anuló los comicios por haberse realizado “sin concurrencia de pueblo” y “no ser los elegidos vecinos de la provincia” como lo exigía la legislación vigente(2).

(2) Tadeo Rojo cuenta así esta primera elección: “Los muchachos dependientes de comercio habían realizado la traviesa idea de acercarse a la última Mesa Electoral -abandonada y desierta- y habían elegido diputados al Congreso”, en el “Archivo del general Mitre” (1911-1913), tomo XIV, p. 126, (veintiocho volúmenes), Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Es de esta elección que se enorgullecía Sarmiento y ponía al pie de su firma, en la carta de Yungay:

“Diputado al Congreso Constituyente. Electo a unanimidad de votos por la provincia de San Juan, su patria. No obstante hallarse en tierra extraña, no obstante de haber protestado contra la violencia de la política del general vencedor, elección que en vano intentó invalidar Benavídez, falsificando la firma de un ciudadano para expedir un decreto, no encontrando ministro que quisiese autorizarlo”(3).

(3) Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Del Carril, al llegar a Santa Fe a bordo del “Countess of Londsdale”, se enteró -con el imaginable disgusto- que había dejado de ser diputado porteño porque los insurgentes del 11 de Septiembre (de 1852) habían anulado el Acta que lo acreditaba como tal.

Se acordó entonces que era nacido en San Juan y no había diputados por su provincia natal: escribió a Benavídez una larga carta -el 4 de Octubre (de 1852)- aconsejándole que empleara su legítima influencia en nombrar constituyentes con experiencia en las cosas públicas y terminaba con un sugestivo tengo el gusto de ofrecerme(4).

(4) Publicada en el folleto “Serie de Cartas Particulares, Notas Oficiales y Otros Documentos cambiados entre S. E., el Gobernador de San Juan, y los Diputados al Congreso General Constituyente”. Imprenta del Gobierno, sin año, San Juan. He publicado en 1942 algunos párrafos de esta correspondencia en la Revista del Instituto Juan Manuel de Rosas, Nro. 10. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

El viejo patriarca cuyano no iba a desoír al antiguo unitario, que ahora era uno de los hombres más cercanos a Urquiza y, por supuesto, dispuso las cosas para reemplazar al díscolo Sarmiento por el complaciente contertulio de Palermo; elegiría así a uno de los hijos “más preclaros” de la provincia, quedaba bien con Urquiza y desconcertaba de paso a los liberales cuyanos presentándoles a su antiguo ídolo con cintillo punzó.

Había un inconveniente. Del Carril, como Aberastain y como Sarmiento, tampoco era “ciudadano de la provincia”, ya que faltaba desde 1825. No sería un obstáculo: por ley del 24 de Noviembre quedó suspendida -por esta única vez- la calidad de ciudadano sanjuanino exigida por la ley de elecciones(5).

(5) “¡Viva la Confederación Argentina!
“San Juan, Noviembre 24 de 1852.
“La Honorable Junta de Representantes de la provincia, usando de las facultades ordinarias y extraordinarias que inviste, ha sancionado con todo el rigor y fuerza de ley lo que sigue:
“Art. 1.- En la elección mandada practicar con esa fecha, de diputados para el Congreso General Constituyente, haráse la excepción por única vez de la calidad de vecino de la provincia y bienes conocidos, que establece el artículo 14 de la ley del 2 de Abril de 1832. “Art. 2.- Comuniqúese, etc.
“Domingo Iribarne, Vicepresidente Primero - José Ignacio Flores, Secretario”
En el “Archivo del general Mitre” (1911-1913), tomo XIV, p. 120, (veintiocho volúmenes), Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Por lo tanto, el 11 de Diciembre (de 1852) -después de anularse algunos comicios que no respondieron exactamente a la legítima influencia- fueron elegidos diputados por San Juan, por la unanimidad de los 306 sufragios registrados, Del Carril y Aberastain como titulares y Ruperto Godoy y Pedro Nolasco Ortiz, como suplentes:

“Y quedaron desde entonces fabricados nuevos Representantes al Congreso de la República”, escribía indignado Tadeo Rojo al coronel Mitre las minucias de la elección, para que éste las publicara (como lo hizo) en “Los Debates” de Buenos Aires(6).

(6) “Era preciso acudir al Directorio con este don de los diputados para hacerse pasar el vandalaje de los últimos días...
“La elección ha recaido en los señores Carril, Aberastain y don Pedro N. Ortiz, suplente.
“Los dos primeros habían sido indicados por el Director” (Tadeo Rojo a Mitre, en el “Archivo del general Mitre” (1911-1913), tomo XIV, p. 126, (veintiocho volúmenes), Buenos Aires. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

“¿El señor Carril -sigue la carta de Rojo, disimulada con el seudónimo ‘Un Sanjuanino’- el liberal de 1824, el autor de la Carta de Mayo, el sanjuanino ilustrado, soportará paciente esta injuria que se hace a sus antecedentes patrióticos..?
“Al tomar asiento en el Congreso y presentar sus diplomas, ¿no se percibirá de que van manchados con las lágrimas y la sangre de los suyos, con su propia sangre?
“¡Las lágrimas y la sangre de los Rufino, de los Carril, de los Godoy han salpicado esos diplomas!”

Exageraba don Tadeo; Salvador María no había perdido sangre ni lágrimas en las guerras civiles y el unitario Laureano Rufino vivía en Buenos Aires tan entusiasmado con el régimen rosista que había sido diputado nada menos que en la Legislatura de Rosas. Tal vez Ruperto Godoy mantenía su fervor unitario, pero lo hacía tan silenciosamente que acababan de elegirlo (Rojo lo ignoraba) diputado suplente al Congreso.

La carta de Rojo, expresión de lo que pensaban los amigos sanjuaninos de Del Carril, puso al ex ministro de Rivadavia ante un problema difícil. Por un lado, le convenía quedarse en Santa Fe cerca de Urquiza y, decorosamente, no podía hacerlo sin un cargo que justificase su presencia; por el otro, su elección por Benavídez quebraría el culto de la oligarquía sanjuanina, que había hecho de su persona algo así como el Mesías cuyano de las restauraciones liberales.

Resolvió quedarse con el pan y con la torta: aceptaría el diploma de Benavídez, pero repudiaría a Benavídez.

El 20 de Enero (de 1853) acusa recibo del diploma al caudillo federal, asombrado de que:

“... en San Juan haya habido elecciones más o menos irrisorias, en las cuales he visto con amargo sentimiento mezclado mi nombre... usted debe renunciar al Gobierno ... la situación de San Juan mortifica y alarma; y, un Imperio no vale una gota de sangre, una lágrima, ni un remordimiento”.

Aunque él, venciendo su amargo sentimiento, se quedaba por patriotismo con el Acta conseguida en esas elecciones más o menos irrisorias, donde estaba mezclado su nombre.

Desde 1828 se había dulcificado el carácter del prócer unitario; antes pedía a Lavalle la fusilación de Dorrego, porque “las revoluciones son un juego donde se gana la vida de los vencidos”; ahora aconsejaba la renuncia de Benavídez, porque “un Imperio no vale una gota de sangre”.

Tal vez aquélla fue una revolución unitaria y el de Benavídez un imperio federal.
La contestación del gobernante sanjuanino -el 9 de Abril (de 1853)- resultó demoledora:

“Un acíbar experimento al no poder excusarlo y al tener que someter al fallo de la opinión pública los cargos que usted me dirige por hechos supuestos inventados por la capciosidad de la demagogia...
“Se acabó la época en que el pueblo de San Juan, con mengua de su integridad, derechos y soberanía, tenía que humillarse al capricho de los ambiciosos y a la influencia de la aristocracia.
“San Juan es hoy un pueblo fuerte, unido y compacto. El Gobierno, estudiando los deseos del pueblo, uniforma sus actos a su voluntad. El gobernador se pasea a cualquier hora del día o de la noche por la ciudad y suburbios sin un solo ordenanza -alusión a los años del Gobierno de Del Carril- porque entre él y sus compatriotas hay una confianza recíproca”.

Hizo publicar esta correspondencia en un folleto “Serie de Cartas Particulares, Notas Oficiales y otros Documentos cambiados entre S. E. el gobernador de San Juan y los diputados al Congreso General Constituyente”, entre ellas, la carta en que Del Carril se ofrecía; más, el austero ex ministro de Rivadavia no se inmutó para cumplir con gravedad su misión histórica.

- La voluntad de los pueblos...

Es de suponer que la legítima influencia se empleó de igual manera en las otras provincias. La omnipotencia del gobernador de Entre Ríos y Director de la Confederación, Jefe de todos los Ejércitos Provinciales y dueño de todas sus Aduanas, señaló la mitad por lo menos de los diputados:

Gutiérrez, Ruperto Pérez, Leiva, Seguí, Derqui, Gondra, Huergo, Elías, Regis Martínez, Delgado, Del Carril, Gorostiaga y Zavalía, y dio visto bueno a la otra mitad: Alvarado, Zuviría, fray Pérez, Centeno, Lavaisse, Zapata, Campillo, Torrent, Díaz Colodrero, Ferré, Padilla y De la Quintana.

- “¿A quién va a engañar con esas bromas del Congreso?” -bramaba Sarmiento en la áspera carta de Yungay-.
- “¿Cómo cree que mañana, que dentro de seis años, hombres que se estimen tengan respeto por la obra soplada de Huerguito, Gondra, Leiva, Gorostiaga, Elías, que usted hace morder con el perro Purvis?
- “¡Elías, don Angel, constituidor de la República..! No sea niño... Y todos los demás, aun las pocas figuras esclarecidas que se sientan en el Congreso, no son más que los ocho o nueve de la baraja...”.

Hablaba en Sarmiento su despecho de candidato vetado, pese al mérito que atribuía a su campaña de prensa en el Ejército Grande. Pero también había, como luego en los hombres del 11 de Septiembre (de 1852), el encono de quien creyó manejar el Congreso y por su medio desprenderse de los caudillos y del Libertador.

La habilidad de Urquiza -Congreso pequeño, elección cuidadosamente controlada, pago de dietas a su cargo, lugar donde nadie facilitaría crédito al disidente- hizo imposible la maniobra que no era una novedad entre los hombres “de las luces”. Ya había ocurrido en 1824.

El Congreso era soberano y su elección libremente efectuada, a lo menos para los de afuera. Por eso sus integrantes asintieron la excesiva afirmación de Urquiza en el discurso inaugural (pronunciado a su nombre por el ministro De la Peña) del 20 de Noviembre (de 1852):

“Yo he dejado libre de toda influencia la voluntad de los pueblos que representáis...”(7).

(7) Emilio Ravignani. "Asambleas Constituyentes Argentinas", tomo IV, p. 592. // Citado por José María Rosa. “Nos los Representantes del Pueblo” (1963), segunda edición. Ed. Huemul, Buenos Aires.

Más tarde, con entusiasta optimismo hablaron -en el preámbulo- de la voluntad y elección de las provincias y se calificaron a sí mismos de representantes del pueblo.

Información adicional