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La armazón política de Buenos Aires. El Estado

Mientras Urquiza y los políticos luchaban en Paraná en los años 1853 y 1854 para dar existencia a una Confederación de las provincias, los jefes políticos porteños se enfrentaban con problemas diferentes -aunque del momento- en Buenos Aires.

Los que habían participado en la revolución de Septiembre seguían conservando el control del escenario político. Sin embargo, en aquel momento la política era muy distinta del papel de dominación nacional que buscaban las misiones Paz y Méndez.

El Gobierno porteño ya no trataba de imponer su control al resto de las provincias; antes bien trataba de fortalecer y consolidar la provincia de Buenos Aires en un Estado virtualmente independiente.

Si bien no se había producido una ruptura franca entre los numerosos elementos que habían participado en la revolución de Septiembre, era claro que la dirección política había pasado a manos de un elemento porteño localista.

La muerte del general Pinto, permanente gobernador provisional de Buenos Aires, acaecida a fines de Junio de 1853, hizo que la Legislatura tuviera que ocuparse de la elección de su sucesor. Nicolás Anchorena se negó a aceptar el puesto cuando lo eligieron. Un veredicto posterior colocó a Pastor Obligado en el Gobierno.

Si se comparan los votos de estas elecciones con la que dio el nombramiento a Alsina en Octubre de 1852, es visible una división potencial de la Cámara entre representantes que favorecían el Gobierno Nacional para Buenos Aires y otros que favorecían la autonomía local. Por el momento, al menos, la mayoría estaba con los autonomistas(1).

(1) Esas elecciones gubernamentales mostraban una definida reacción contra los propósitos nacionalistas de la Administración de Alsina de 1852. Anchorena obtuvo 22 de los 35 votos emitidos; Obligado logró 25 de los 34 votos emitidos. Es posible ver una división entre los nacionalistas y los localistas en los Registros Electorales de los diputados presentes para las elecciones de 1852 y de 1853. Los que habían votado por Pinto en Octubre de 1852 transfirieron sus votos -casi en conjunto- a Anchorena y luego a Obligado en 1853. Los alsinistas de la elección de 1852 tendieron a desparramar sus votos en favor de los candidatos opositores a Anchorena y Obligado. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Los votantes de Septiembre no se habían visto frente a tal división al renovarse la mitad de la Legislatura. Los dos clubes políticos que participaron en esas elecciones presentaron listas idénticas, salvo por un nombre. Reconstituidas así las Cámaras, confirmaron una vez más a Pastor Obligado como gobernador de la provincia.

En 1853 preocupaba verdaderamente a los jefes porteños el dictado de una Constitución para la provincia. El Congreso Constituyente de Santa Fe había ideado una Constitución para la Confederación durante los primeros meses de ese año, pero Buenos Aires -por su insistencia- quedó fuera del cuadro de ese Gobierno.

Después de la promulgación de ese documento nacional, las otras trece provincias no perdieron tiempo en redactar sus propias Constituciones provinciales, locales por su carácter y sujetas a la revisión del Congreso Nacional. Buenos Aires no quería quedarse atrás en esa carrera en pos de una Constitución.

Aún antes de los debates de Junio de 1852 se habían oído en la Legislatura declaraciones en favor de una Constitución Provincial. Los planes para redactar tal documento habían sido presentados en Diciembre de 1852, pero la contrarrevolución de Lagos demoró su consideración.

Luego del sitio de Buenos Aires -concluido a mediados de 1853- estas proposiciones fueron nuevamente presentadas. En su Mensaje de apertura a las Cámaras, el gobernador Obligado aconsejó la adopción de una Constitución para la provincia. Cuatro días después, Anchorena mocionó para que se eligiese una Comisión que debía proponer una Constitución.

La Legislatura fundamentaba las facultades que le permitían actuar como una Asamblea Constituyente sobre el precedente de la Legislatura de 1821; en consecuencia, se eligió una Comisión de siete miembros para que redactase una Constitución antes de terminar el año.

Esta decisión dio lugar a vivos debates en la prensa porteña. “La Tribuna”, órgano reputado por sus intereses localistas, demandó la soberanía para la provincia de Buenos Aires. Una Constitución que garantizara esta soberanía -según este periódico- no implicaba el aislamiento permanente de Buenos Aires de las demás provincias de la Confederación.

Era menester, no obstante, afirmar la soberanía hasta que el principal obstáculo a la unidad nacional, la figura de Urquiza, fuera sacada de la escena. En Octubre, el nuevo editorialista de “El Nacional”, Bartolomé Mitre, empezó a dar voz a una opinión sustentada por una minoría en las Cámaras, a saber, el derecho de Buenos Aires de actuar como rectora nacional.

Según Mitre, una Constitución Provincial sólo podía ser el primer paso de la organización nacional bajo la guía porteña. Siguió presionando en pro de la un tanto desacreditada nacionalización de la revolución de Septiembre fundamentándolo en que el elemento “extraño”, Lagos, había sido eliminado de la provincia.

En cuanto a los partidarios de Urquiza, rechazaban ambas opiniones. El único diputado que apoyó el Acuerdo de San Nicolás, Francisco Pico, escribió desde Montevideo:

“Yo no espero de ella (esta discusión) ningún resultado útil al país, porque ni unos ni otros saben lo que quieren: los nacionalistas quieren la nacionalidad de Buenos Aires pero sin el Directorio, sin el Congreso, sin la Constitución, sin deber sujetarse a lo que la mayoría resuelve; quieren la unión y no quieren sus consecuencias. Los otros quieren el aislamiento pero sin dejar de pertenecer a la Nación”(2).

(2) Pico a Urquiza, 13 de Noviembre de 1853. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La Constitución de la provincia estaba pronta para ser presentada a la Legislatura a fines de 1853. En Enero, la Cámara se ocupó de un contrato de vías férreas y en Febrero del Presupuesto de la provincia, por eso la consideración de aquélla se pospuso hasta Marzo de 1854.

Entonces, las vivas discusiones pasaron de los diarios al Parlamento. Mitre apareció otra vez como el principal opositor de la mayoría que se inclinaba por el localismo. Algunas partes de esa Constitución eran muy significativas para las relaciones de los porteños con la Confederación; de ahí que su examen tenga tanto que ver con esta obra.

El primer artículo del proyecto proponía la creación de un Estado soberano en términos que no dejaban duda alguna sobre el aislamiento de Buenos Aires de las demás provincias argentinas. Tal concepto de soberanía provincial era la razón sobre la cual se fundamentaron actos posteriores de independencia realizados por Buenos Aires. Mitre sostuvo:

“Es ridículo que una provincia, en su carácter de tal, y mientras se diga parte de un todo que se llama Nación, pretenda tener el libre ejercicio de su soberanía exterior en desprecio de Pactos anteriores y superiores, en contradicción de sus propias leyes y declaraciones y con menoscabo de la unión a que todos aspiramos, para constituir una Nación libre, rica, fuerte y feliz...”(3).

(3) Sesiones del 4 de Marzo de 1854, periódico “El Nacional”, 7 de Marzo de 1854. Las informaciones sobre los debates publicadas en los periódicos eran mucho más extensas que el resumen presentado en el Diario de Sesiones. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El portavoz de la mayoría localista sostuvo, por otra parte, que aun cuando Buenos Aires pudiera unirse eventualmente a la Confederación, una declaración definida de soberanía provincial era necesaria para impedir que Urquiza y el Gobierno de Paraná se inmiscuyeran en los derechos porteños.

La versión final del primer artículo confirmaba un virtual estado de independencia para Buenos Aires: “Buenos Aires es un Estado con el libre ejercicio de su soberanía interior y exterior, mientras no la delegue expresamente en un Gobierno Federal”(4).

(4) Sesiones del 7 de Marzo de 1854, en el periódico “El Nacional”, 9 de Marzo de 1854. El texto del proyecto que Mitre hubiera querido someter es el siguiente: “La provincia de Buenos Aires es un Estado federal de la Nación Argentina, con el libre uso de su soberanía, salvo las delegaciones que en adelante hiciese en un Congreso General”. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Entre las consideraciones que apoyaban tal declaración era de señalar que el representante de Francia en el Río de la Plata había presentado sus credenciales al Gobierno porteño y empezado a tratar a Buenos Aires como si fuera un Estado independiente(5).

(5) Gore a Clarendon, 29 de Abril de 1854. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 185, Nro. 42. “El primer artículo de esta Constitución declara virtualmente la independencia de la provincia y considero que el hecho de haber presentado M. Le Moyne una Carta Real acreditándolo como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario ante el gobernador de Buenos Aires ha sido la causa de la redacción y compilación de este artículo...”. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El segundo artículo de la Constitución reafirmaba la posición de soberanía asumida por la provincia. Se fijaron los límites de la provincia y se extendieron al sur y al oeste para que incluyeran toda la Patagonia.

El artículo 6 iba aún más lejos y confería la ciudadanía independiente a todos los que residían en la provincia. En la prensa y en la Cámara, Mitre estaba a la cabeza de una minoría que se oponía a todas las implicaciones que pudiera tener la transformación de la provincia en nación independiente:

“Le falta (a la Legislatura) derecho porque, una provincia que se reconoce parte integrante de una Nación que preexiste, aunque no se halle incorporada a ella de derecho, no puede legislar sobre esa materia que es de la exclusiva competencia de la soberanía nacional...”(6).

(6) Periódico “El Nacional”, del 11 de Marzo de 1854. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El ministro francés, residente en Buenos Aires, también levantó la voz para objetar a este artículo. En una forma nada diplomática, Le Moyne intentó oponerse públicamente a esta medida mientras se discutía en la Legislatura. Dirigía sus protestas contra aquellos ciudadanos que sugerían que los hijos de extranjeros nacidos en el país deberían someterse al servicio militar en Buenos Aires.

Durante años la pretensión europea de que se aplicara el jus sanguinis a sus nacionales que residían en América Latina había sido tan amigablemente aceptada en la Argentina como en otros lugares. Ahora, con los derechos y deberes de ciudadanía claramente definidos en la Constitución de Buenos Aires, era muy clara la amenaza de que iba a aplicarse el jus solis(7).

(7) Los demás representantes diplomáticos se abstuvieron de proferir similares quejas mientras se discutía al asunto en la Legislatura. A fines de 1854, estando Buenos Aires en peligro de una invasión y pareciendo que iban a reclutar a los hijos de su numerosa población extranjera, tanto los agentes británico como estadounidense anunciaron su intención de elevar una protesta. Este asunto siguió sin alternativas hasta que, en 1857, un nuevo ministro británico llegó finalmente a un acuerdo por el cual los ciudadanos extranjeros podían comprar a sustitutos para el servicio militar. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Los artículos restantes adoptaban las tradicionales tres ramas de Gobierno: una Legislatura bicameral, un gobernador elegido por la Legislatura y un Poder Judicial nombrado por el Gobierno. El 11 de Abril la Constitución fue aprobada por la Legislatura. Con filosofía y notable perspicacia, Mitre escribió en “El Nacional”:

“Pero el mundo es redondo; sea que se ponga la proa al sur o que se ponga al norte, siempre se viene a parar al mismo punto de la tierra, sin poderlo evitar, aunque se siga un camino diametralmente opuesto.
“Así es el punto que hoy ocupamos: cualquier rumbo que tomemos nos ha de conducir a la nacionalidad”(8).

(8) Periódico “El Nacional”, 27 de Marzo de 1854. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Un mes más tarde, el 23 de Mayo, la nueva Constitución fue jurada por la Ciudad de Buenos Aires en una ceremonia que nos describe el cónsul de los Estados Unidos:

“Fuimos a la Casa de Gobierno a las 11:00 y de ahí nos pusimos en camino en una procesión que encabezaba el gobernador y sus ministros, a quienes acompañaban los funcionarios civiles y militares, hacia la Plaza Mayor de la ciudad, la que estaba repleta de soldados y ciudadanos de toda clase y sexo y adornada con muy buen gusto y donde se había levantado un amplio palco o plataforma para comodidad del gobernador y de los que lo acompañaban. “Subimos al palco y luego de haber sido ejecutado el Himno Nacional, el gobernador hizo un breve discurso y manteniendo en alto un ejemplar de la Constitución pidió al pueblo que jurara obedecerla y apoyarla.
“Algunos pocos, los que estaban en la inmediata vecindad del gobernador dijeron: ‘juro’, pero el entusiasmo manifestado por la población fue escaso. Después arrojaron a la muchedumbre gran cantidad de medallas de plata para conmemorar la ocasión lo que, desde luego, provocó gran alboroto...
“Todo esto estaba acompañado por descargas de cañones y cohetes, por el sonido de campanas echadas a vuelo y la música ejecutada por varias bandas, etc. Luego fuimos a la Catedral, donde se celebró un gran Te Deum.
“Todo pasó pacíficamente y la gente parecía feliz con su Constitución, pero temo que pasará mucho tiempo antes que aprendan a tenerle respeto, en vez de tenerlo por sus caudillos, quienes en realidad los gobiernan”(9).

(9) Graham a Marcy, 31 de Mayo de 1854. Archivos Nacionales, Departamento de Estado, Ministros de Estados Unidos en Argentina, Despachos, Microfilm Nro. 70, Rollo Nro. 9, Nro. 73. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Pastor Obligado volvió a ser confirmado en su puesto de gobernador, ahora por un término de tres años, por los votos de los diputados y senadores recién elegidos. No faltaron los problemas en su Gobierno.

Sin embargo, ya que la provincia de Buenos Aires tenía cierta cohesión y unidad y poseía la mayor parte de la riqueza y, en consecuencia, las rentas de la Argentina, Obligado no se vio enfrentado con la tarea de establecer un Gobierno Central donde antes nada existía.

Asimismo, aunque fuese deseable que las potencias extranjeras reconocieran ese Estado semiindependiente, no era un problema crucial como en Paraná. Buenos Aires contaba con la seguridad de que mientras el comercio extranjero siguiera entrando en su puerto y gran parte de su población fuera nacida en el extranjero, su Gobierno lograría, necesariamente, cierto grado de reconocimiento.

En 1854, el Gobierno francés ya había acordado su reconocimiento oficial, medida seguida el año siguiente por el ministro de los Estados Unidos. Entretanto, los agentes consulares, y a menudo los diplomáticos de las otras naciones, fijaban su residencia permanente en la ciudad porteña, por ser más conveniente y cosmopolita.

La posición financiera del Gobierno de Buenos Aires era sólida. A despecho de la enorme cantidad de pesos papel emitidos por el Banco de la provincia durante el sitio de Buenos Aires, esta moneda no perdió un valor apreciable después de Julio de 1853. El valor del peso papel, que se reflejaba exactamente en el valor de la onza de oro en las cotizaciones diarias del mercado de cambios, varió entre 250 y 350 durante los años de 1853, 1854 y 1855.

Las crisis políticas y económicas naturalmente hicieron fluctuar el valor del peso, pero éste no mostraba ninguna tendencia a perder su aceptación en las transacciones comerciales(10).

(10) Como indicación del efecto que estos acontecimientos políticos tuvieron sobre la tasa de intercambio basta mencionar la estabilización que ocurrió a fines de 1854 cuando la guerra entre la Confederación y Buenos Aires pudo evitarse por estrecho margen y se concluyó finalmente un Tratado de Paz. La siguiente tabla se compiló de acuerdo con las cotizaciones del mercado tomadas el 7 y el 22 de cada mes publicadas por “El Nacional”:

Abril 295 306
Mayo 312 322
Junio 320 335
Julio 340 357
Agosto 343 345
Septiembre 344 343
Octubre 353 348
Noviembre 353 344
Diciembre 340 310

// Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La solidez de la posición económica porteña se reflejaba en los despachos que el vicecónsul británico enviaba desde Buenos Aires a fines de 1854. El Gobierno británico presionaba a Buenos Aires para el pago del cuantioso empréstito que Baring Brothers había otorgado a la provincia en 1824 y que, con sus intereses acumulados, alcanzaba la suma de £ 1.500.000.

Observando las saludables señales de la actividad comercial y de su progreso en Buenos Aires y el excelente superávit que las Entradas daban sobre los Gastos, el vicecónsul Parish llegó a la conclusión de que la provincia podía reembolsar el empréstito:

“De ello tengo el pleno convencimiento debido a que los Fondos del Estado están en condiciones de soportar esta carga y que durante el año pasado se votaron constantemente erogaciones para propósitos que de ninguna manera pueden ser calificados como absolutamente necesarios para el país”(11).

(11) Parish a Clarendon, 30 de Enero de 1855. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 189, Nro. 2; despachos anteriores que contenían referencias acerca de la prosperidad de Buenos Aires: 1 de junio de 1854, volumen 187, Nro. 15; 11 de Octubre de 1854, volumen 186, Nro. 10; 27 de Octubre de 1854, volumen 186, Nro. 11. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Las incursiones de los indios, con los daños que causaban a la riqueza ganadera de la provincia, era otro grave problema que debió enfrentar el Gobierno porteño durante 1854 y 1855.

El método fundamental que se seguía para poner coto a las incursiones de los indios en las zonas donde se criaba ganado ovino y bovino, era el de establecer un cordón de pequeños Fuertes en la frontera. Este método se siguió hasta que Julio A. Roca ocupó el Ministerio de Guerra -en 1878- y se empeñó en una campaña de exterminio contra los indios.

Para complementar el sistema de los Fuertes, la Confederación y el Gobierno de Buenos Aires concluían con frecuencia alianzas o tratados con algunas tribus indias. En vista de las malas relaciones entre las provincias y Buenos Aires, la presencia de tales aliados era otro motivo de conflicto en el escenario argentino.

No lograban mucho éxito ni los Fuertes de frontera ni las alianzas para mantener a los indios apartados de las feraces pampas de Buenos Aires. En Abril de 1855, Bartolomé Mitre, recientemente nombrado ministro de Guerra, partió para inspeccionar la situación en la frontera.

En una carta personal al gobernador Obligado le representaba claramente la extensión de las incursiones indias hechas con el fin de vender el ganado en Chile y la incapacidad de los militares para hacer frente a ese móvil sistema de guerrillas:

“Para ocultar la vergüenza de nuestras armas he debido decir que la fuerza de Calfucurá ascendía a 600, aun cuando toda ella no alcanzase a 500, así como he dicho que la división del Centro no pasaba de 600, aun cuando tuviese más de 900 hombres, dos piezas de artillería y 30 infantes, el día qe tuvo lugar su encuentro, en que Calfucurá debió quedar destruido...
“He dicho también que por falta de caballos, pero debo declararle a Vd. confidencialmente que ese día los tenía regulares... Hasta ahora sabíamos que era buen partido un cristiano contra dos indios, pero he aquí que ha habido quien haya encontrado desventajoso entre dos cristianos contra un indio”(12).

(12) Mitre a Obligado, 12 de Junio de 1855. Archivos privados de Justa D. de Zemborain, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Este tipo de conflicto causaría profundos daños en la riqueza rural de la provincia de Buenos Aires durante toda la década de 1850 y, por desdicha, se complicó con la guerra existente entre Buenos Aires y las provincias. No pudieron hallarse medios adecuados para contener las incursiones de los indios, las que a veces penetraban hasta ochenta kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires.

A despecho de la orientación localista que la nueva Constitución de la provincia había dado al Gobierno de Buenos Aires por medio del gobernador Obligado y de la composición de las Cámaras provinciales, el problema de mayor importancia -tanto en Buenos Aires como en Paraná- seguía siendo las relaciones entre los dos segmentos de una Argentina dividida.

Los acontecimientos que llevaron al 13 de Julio de 1853 habían separado momentáneamente a los dos antagonistas. Los dos lados tuvieron ocasión de consolidar su posición política y económica.

Los intereses que vinculaban estas dos partes de la Argentina eran demasiado grandes, no obstante, para impedir que los contactos se renovasen. El intercambio comercial entre las provincias y Buenos Aires era también continuo.

Las demandas de productos extranjeros por parte de las provincias no eran aún lo suficientemente grandes para asegurar su envío directo desde Europa y Norteamérica; por consiguiente, las mercaderías eran enviadas a comerciantes de Buenos Aires que, a su vez, despachaban pequeñas cantidades a sus colegas de las provincias.

El comercio de exportación desde la Argentina se efectuaba de la misma manera; cargamentos de cueros, lana, carnes saladas para Europa, los Estados Unidos y Brasil se cargaban en Buenos Aires o en Montevideo.

Al mismo tiempo, los intereses políticos iban a proporcionar un tipo de contactos explosivos que harían peligrar la tranquilidad de la región del Río de la Plata. En ambas orillas del Arroyo del Medio había individuos interesados en dominar a sus antagonistas.

En Buenos Aires, los nacionalistas, cuyo matiz político viraba desde los rosistas a los emigrados del régimen de Rosas, seguían favoreciendo la dominación porteña y el control por éstos de la Argentina.

Mientras tanto en Santa Fe, los que habían sido expulsados de Buenos Aires -de resultas del fracaso de la contrarrevolución de Lagos- ansiaban regresar a su provincia. Alimentaban sus ambiciones muchos de los políticos de Paraná, quienes se daban cuenta que sin el dominio de la ciudad y puerto de Buenos Aires, la Confederación nunca sería capaz de asegurarse una existencia independiente.

Por estas mismas razones, la tregua que se produjo en el conflicto después del 13 de Julio fue breve. La lucha entre Buenos aires y las provincias pronto volvió a desencadenarse en la escena política argentina con renovados bríos.

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