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Estudio sobre economías comparadas de la Confederación y Buenos Aires

En otro material puede encontrarse sobre de la situación relativa de las economías de Buenos Aires y de las provincias durante la contrarrevolución de Lagos -en 1852 y 1853- y durante el establecimiento inicial de cada Gobierno en 1853 y 1854.

Mientras la Confederación tropezaba desesperadamente en su búsqueda de planes que le permitieran hacer frente a los Gastos de la Administración Nacional, Buenos Aires confiaba en el medio expansivo del papel moneda, que era aceptado por el comercio y tenía el sostén de las firmes rentas producidas por los aranceles.

En Septiembre de 1854, la Confederación tuvo que admitir finalmente el fracaso del sistema de papel moneda que quería instituir y se vio obligada a retirar los billetes de Banco de la circulación. La situación financiera de la Confederación era, por cierto, bastante mala.

Carecía de rentas, no tenía Banco, le faltaba una moneda nacional y sin embargo se esperaba que obrase en la escena internacional, política y económicamente como un Gobierno Nacional. Cuando se nombró a Tomás Guido como enviado al Paraguay y al Brasil -a fines de 1855- el vicepresidente Del Carril escribió a Urquiza:

“Remito a V. E. la cartita que me ha mandado aceptando la misión. Ahora es otro cantar. No tenemos de dónde sacar quatro mil pesos para despacharlo en el primer vapor.
“Vea V. E. de dónde han de salir o como los proporciona el Gobierno, porque humanamente no veo cómo volver los ojos para encontrarlo.
“Las Aduanas del Rosario y Corrientes están sobrecargadas, agotadas. En esta provincia (Entre Ríos) no hay con qué contar, no hay cómo dar un sueldo, sin posibilidad de fomentar esperanzas que entretengan los ánimos”(1).

(1) Del Carril a Urquiza, Septiembre de 1855. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Tuvieron que pagar a los miembros del Congreso con libramientos a cuenta de las distintas aduanas y pagaderos en fecha futura. Hacia fines de 1855, el pago de las tropas de fronteras y de los funcionarios públicos tenía al menos un atraso de nueve meses(2). Lleno de desesperación, Del Carril escribió nuevamente a Urquiza:

“El Paraná es un desierto para toda operación de dinero y el día que no tenga yo que comer -que será muy pronto- me parece que me he de ahorcar”(3).

(2) Del Campillo a Urquiza, 2 de Octubre, 30 de Diciembre de 1855. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza.
(3) Del Carril a Urquiza, 4 de Octubre de 1855. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Un año después las tropas de fronteras seguían teniendo un atraso de más de seis meses en la paga. El ministro de Guerra describió la situación a Urquiza:

“Nuestra situación financiera, señor, es muy grave. Sobre todas las Aduanas de la Confederación y sobre la Tesorería General hay libramientos girados por sumas de consideración que ellos no pueden pagar en dos meses más.
“En el Ministerio de Hacienda hay pagos decretados por cantidad de pesos bastante fuerte que no se giran por no aumentar el número de pandorgas que salgan a volar en descrédito del Gobierno”(4).

(4) Galán a Urquiza, 28 de Noviembre de 1856. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Hacia mediados de 1857 los pagos de los empleados de la Confederación habían sido arreglados en forma de bonos emitidos contra las aduanas que devengaban un interés del 1 por ciento y más tarde del 2 por ciento mensual(5).

(5) “Rejistro Nacional (los primeros tres volúmenes impresos como Registro Oficial) de la República Argentina que comprende los documentos espedidos desde 1810 hasta 1873” (1879-1884), tomo IV, pp. 24, 27, 30, seis volúmenes, Buenos Aires. El 23 de Mayo de 1857 se decretó una tasa de interés del 1 por ciento, pero ésta se aumentó al 2 por ciento el 5 de Junio de 1857. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Los intereses de estos bonos de aduanas pronto llegaron a ser tan grandes que el Gobierno tuvo que establecer nuevos fondos en el Presupuesto Nacional llamados “Gastos en el uso del Crédito Nacional”. Era evidente que no había dinero en Paraná. Así escribía un observador en Mayo de 1857:

“Por ahora lo más apremiante es la Hacienda, porque a pesar del aumento de rentas y disminución de la Deuda exigible, no hay fondos en el Tesoro ni sabemos todavía de dónde sacar”(6).

(6) Alvear a M. Taboada, 28 de Mayo de 1857. Gaspar Taboada. “Recuerdos Históricos: los Taboada” (1929-1947), tomo III, p. 263, (cinco volúmenes), Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La situación de los Presupuestos de las provincias era aún más seria. El Gobierno Nacional había examinado todas las eventualidades en su búsqueda de rentas y, por consiguiente, eran escasos los recursos que quedaban a disposición de aquéllas. La queja del gobernador de Santa Fe es típica:

“En el estado en que se encuentra el Erario de la provincia me tiene V. sin recursos para atender a aquellas necesidades más premiosas de la Administración; por consiguiente, me veo a cada momento trabado en mis trabajos por la falta de recursos”(7).

(7) J. P. López a Urquiza, 3 de Diciembre de 1856. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El Gobierno de Paraná ensayó varios planes en sus esfuerzos por pagar el costo diario de la Administración Nacional y crear una economía más viable para la Confederación. Lo que más a menudo se hizo -recurrir a los empréstitos- no era una solución, sino una manera de posponer el problema. Con todo, se trató de vincular estos empréstitos con la creación de un sistema bancario para la Confederación.

El financista montevideano, José de Buschental, que había emitido un empréstito de 225.000 pesos fuertes al 16 por ciento de interés para Urquiza en 1853, obtuvo esta concesión en Abril de 1855. Se le autorizó a buscar capitales en Europa para un proyecto de línea férrea que debía unir Rosario con Córdoba, como también la obtención de un empréstito de cinco millones de pesos fuertes para cubrir los Gastos Generales de la Confederación.

Además, se esperaba que estableciera un Banco en la Confederación con un capital de cuatro millones de pesos fuertes, proporcionando así a la Argentina una moneda nacional en billetes de Banco y monedas acuñadas(8).

(8) “Rejistro Nacional (los primeros tres volúmenes impresos como Registro Oficial) de la República Argentina que comprende los documentos espedidos desde 1810 hasta 1873” (1879-1884), tomo III, pp. 207-209, seis volúmenes, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

En Septiembre, el Congreso otorgó una concesión similar a los banqueros franceses Trouvé-Chauvel y Dubois, en el caso de que Buschental no cumpliese su contrato. Al ver que estas dos concesiones no tenían perspectivas de realizarse, el Gobierno de Paraná -en Mayo de 1856- vendió bonos de aduana por 300.000 pesos fuertes al empresario español Esteban Rams y Rubert, recibiendo en cambio el equivalente a 250.000 en moneda boliviana(9).

(9) “Rejistro Nacional (los primeros tres volúmenes impresos como Registro Oficial) de la República Argentina que comprende los documentos espedidos desde 1810 hasta 1873” (1879-1884), tomo III, p. 350, seis volúmenes, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Estas negociaciones, mientras tanto, se volvían un tanto complicadas. Buschental transfirió su concesión al capitalista brasileño, el barón de Mauá. El ministro de Hacienda de la Confederación, sin embargo, ya había cancelado el contrato con Buschental(10).

(10) Julio Martínez. “Origen de los Bancos en Rosario (el Banco ‘Mauá y Cía’. Contribución al Estudio de su Historia)” (1942), pp. 33 y sigts., Rosario; J. de Buschental a Urquiza, 1 de Abril de 1856. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Según una correspondencia posterior con Trouvé-Chauvel se habían establecido ciertos Convenios con la casa francesa y había venido su agente, De Brath, a Paraná -a mediados de 1857- para firmar el contrato final(11).

(11) J. de Brath a Urquiza, 22 de Junio de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Las intrigas de Buschental y los intereses de Mauá y la depresión que en Europa siguió a la Guerra de Crimea, impidieron finalmente los planes de Trouvé-Chauvel. Entonces se iniciaron negociaciones con Bernardo José de Toro, financista chileno, pero se lo dejó de lado sin ceremonia alguna cuando el barón de Mauá hizo un ofrecimiento a fines de 1857 para establecer un Banco en Rosario(12).

(12) Mauá a Urquiza, 11 de Septiembre de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza; Christie a Clarendon, 28 de Octubre de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 201, Nro. 116. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Con la ayuda brasileña se pudieron satisfacer las necesidades más inmediatas de la Confederación en Noviembre de 1857, ayuda que había sido otorgada para asegurarse el apoyo argentino en la eventualidad de un conflicto entre el Paraguay y Brasil. El Gobierno brasileño concedió un empréstito de trescientos mil pesos fuertes a las autoridades de Paraná.

La Confederación también obtuvo su Banco en Rosario, una filial del Banco de Mauá, con un capital inicial de ochocientos mil pesos fuertes. Pero esta ayuda en pequeña escala no proporcionó una cura duradera para los males económicos y financieros de la Confederación.

Asimismo, en aquellos años se intentaron en Paraná otras experiencias económicas. Los Tratados con potencias extranjeras que Urquiza había firmado en 1853 habían abierto las vías fluviales interiores de la Argentina al comercio foráneo, pero a esta medida no siguió un gran aflujo de comercio extranjero a los puertos de la Confederación. Los navíos de ultramar seguían descargando sus mercancías en Buenos Aires, donde grandes casas de comercio se hacían cargo de sus consignaciones.

El incentivo comercial era demasiado pequeño para que los embarcadores europeos o norteamericanos enviaran sus cargas a Rosario. Los comerciantes era escasos y había muy pocas tiendas en esa ciudad de nueve mil habitantes para asegurar la venta del cargamento completo de un barco. Además, los cuatro o cinco días de navegación por el Paraná eran difíciles a causa de la falta de calado y de los movedizos bancos de arena.

Los políticos de Paraná no tardaron en advertir que un arancel diferencial podría proporcionar el suficiente incentivo para aumentar el comercio. Una de las primeras medidas que se presentaron al Congreso -cuando inició sus Sesiones a fines de 1854- fue el proyecto de duplicar el arancel de toda mercancía que entrara en las provincias vía Buenos Aires o Montevideo.

La finalidad era sencilla: la de alentar el comercio directo desde Europa y los Estados Unidos a los puertos de la Confederación y privar a la Aduana porteña de rentas sobre mercancías que luego pasaban por los comerciantes de Buenos Aires antes de llegar a los consumidores de las provincias.

El Tratado del 8 de Enero prohibía específicamente cualquier forma de arancel diferencial e impedía momentáneamente cualquier maniobra que pudiera menoscabar la posición predominante que ocupaba Buenos Aires como principal puerto de la Argentina.

El período de los Tratados y del statu quo ya había terminado cuando el Congreso Nacional se reunió en 1856 e inmediatamente se volvió a presentar el proyecto de los aranceles diferenciales. El nuevo ministro británico ante la Confederación, William Christie, daba cuenta de la ley al Foreign Office al poco tiempo de su promulgación en Julio:

“El objeto de esta medida es lo que se llama ‘comercio directo’ y sirve para traer directamente las mercancías a los puertos del Paraná y del Uruguay, para que arriben los navíos extranjeros a ellos, para que se establezcan establecimientos mercantiles, sacando de Buenos Aires y Montevideo los negocios de importación extensamente conducidos allí para el consumo de las trece provincias y para hacer que esas provincias se independicen comercialmente de Buenos Aires.
“Esta medida puede hacer daño a Buenos Aires y a Montevideo, especialmente a Buenos Aires, ya que se calcula que el sesenta por ciento de las importaciones de Buenos Aires están destinadas al consumo de las trece provincias”(13).

(13) Christie a Clarendon, 30 de Julio de 1856. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 194, Nro. 8. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Christie no pensaba que esta medida podía ayudar mucho a las provincias, ya sea en función de la guerra económica, ya sea en función del progreso económico. Juzgaba que las casas comerciales que trataban con la Argentina o bien trasladarían sus sedes y almacenes a Río de Janeiro -para evitar los efectos de la ley- o bien recurrirían al contrabando en gran escala.

Por cierto las opiniones en Paraná estaban muy divididas acerca de los méritos de tal ley. El agente comercial de la Confederación en Buenos Aires escribió a Urquiza antes que la misma se promulgara:

“Que una revolución comercial no se puede hacer con un rasgo de pluma y que el único modo de conseguirlo es ofreciendo facilidades para que, poco a poco, el comercio se vaya acostumbrando”(14).

(14) Gowland a Urquiza, 28 de Junio de 1856. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Una parte de esta carta se publicó en “Historia de la Nación Argentina”, tomo VIII, p. 244. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Hasta el mismo gabinete estaba dividido cuando discutieron la defensa de los aranceles diferenciales y sólo la intervención de Urquiza aseguró el apoyo del Gobierno en pro de esta medida(15). Aún así, fue aceptada únicamente por una mayoría de tres en la Cámara de Diputados y por un solo voto de más en la de Senadores.

(15) Christie a Clarendon, 30 de Julio de 1856. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 194, Nro. 8. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Si bien la finalidad de la ley de aranceles diferenciales era política y se pensaba así presionar a Buenos Aires para obligarla a unirse a la Confederación, se la defendía casi siempre desde el punto de vista económico.

Ejerció una influencia económica, pero ya que esta medida no entró en vigor sino a principios de 1857 y desapareció en 1859 a consecuencia de la batalla de Cepeda, no duró el tiempo necesario para que sus resultados fueran permanentes.

La inactividad del puerto de Rosario antes de la implantación de la ley es visible en una línea extractada de un despacho del ministro británico enviado en Diciembre de 1856:

“Como tal vez le interese saber a Su Señoría lo que sucedió con el viceconsulado de Rosario durante la prolongada ausencia de Mr. Dale de ese lugar, me es preciso establecer que actualmente no tiene en realidad deberes que requieran su presencia allí.
“Los navíos británicos aún no comercian con Rosario y en esa ciudad no hay siquiera media docena de comerciantes británicos”(16).

(16) Christie a Clarendon, 29 de Diciembre de 1856. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 195, Nro. 59. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Una enmienda de la ley, aún antes de que entrase en vigor, evidenciaba su propósito de estimular económicamente el comercio de la Confederación. De acuerdo con esta enmienda, se permitía a los navíos extranjeros declarar como destino algún puerto como, por ejemplo, el de Rosario. Podían hacer escala en Montevideo o en Buenos Aires para descargar mercancías sin incurrir en la obligación de pagar doble arancel sobre las mercancías destinadas a las provincias.

De este modo se eliminaba toda medida discriminatoria contra el comercio porteño. Tal arreglo era de todo punto necesario a causa de la depresión que reinaba en Europa después de la Guerra de Crimea. Las casas de comercio, con el fin de establecer almacenes en Rosario y otros puertos del Litoral, se verían forzadas a hacer considerables desembolsos de capital. La falta de crédito hacía tales gastos impracticables.

Por consiguiente, las facilidades comerciales otorgadas a los puertos de la Confederación eran adecuadas únicamente para hacerse cargo de pequeñas consignaciones de mercancías desde Europa y los Estados Unidos y no para la carga completa de los navíos.

El efecto inicial de la ley en realidad redujo las entradas de aduanas de la Confederación. Las casas de comercio, anticipando la fecha en que la ley entraría en vigor, habían aumentado sus reservas de mercaderías y, por consiguiente, las rentas en la primera mitad de 1857 fueron virtualmente nulas(17).

(17) J. J. Paso a Urquiza, 13 de Mayo de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza; Christie a Clarendon, 28 de Junio de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 200, Nro. 68. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Aunque los efectos de esta situación pasaron otros, debidos al contrabando, siguieron disminuyendo las rentas de la Confederación. Si bandas armadas podían reunirse secretamente a lo largo del Arroyo del Medio, había pocas posibilidades de impedir el transporte de mercaderías a través de la frontera. A mediados de 1857, todos los caminos que conducían a la frontera -con la excepción de uno- fueron cerrados para el paso de mercaderías, pero llevar a efecto tal medida era harina de otro costal(18).

(18) “Rejistro Nacional (los primeros tres volúmenes impresos como Registro Oficial) de la República Argentina que comprende los documentos espedidos desde 1810 hasta 1873” (1879-1884), tomo IV, pp. 34, 68-69, seis volúmenes, Buenos Aires. El 7 de Julio de 1857 todos los caminos fueron cerrados al transporte de mercaderías, excepto el de Paso del Ombú. Posteriormente, el 7 de Octubre de 1857, se decretaron pesadas multas para quienquiera se dedicara al contrabando. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

No obstante, los aranceles diferenciales tuvieron un efecto beneficioso en el desarrollo de Rosario. El ministro británico escribía en 1857:

“... Me parece justo declarar que las recientes entradas mensuales de la Aduana de Rosario muestran un considerable aumento sobre las entradas de los meses correspondientes del año pasado y un progresivo aumento de las rentas y que en ocasión de mi última visita a Rosario me sorprendió mucho el gran y rápido desarrollo de ese lugar, computado con lo que había visto en Junio de 1856.
“No caben dudas de que Rosario en la actualidad adelanta rápidamente, bajo el sistema de derechos diferenciales...
“En los últimos tiempos han llegado muchos navíos de diferentes países y aunque comprendo que muchos patrones de barcos se quejan de lo prolongada, incierta y riesgosa que es la navegación por el río y de la dificultad que hallan para cargar los barcos para el regreso y declaran que no piensan volver, me inclino a creer que el comercio se adaptará con su acostumbrada elasticidad a la nueva ley y que, en lo que respecta a las importaciones y exportaciones, la Confederación no sufrirá daño alguno”(19).

(19) Christie a Clarendon, 2 de Diciembre de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 201, Nro. 138. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Tal actividad comercial fue confirmada por el ministro de los Estados Unidos al recomendar -a mediados de 1857- que sería conveniente nombrar un cónsul en Rosario:

“La última vez que fui a Rosario se hallaban en ese puerto 9 navíos, de los cuales dos tenían un desplazamiento medio de unas 200 toneladas; el mayor (estadounidense) estaba cargado con maderas y otros artículos.
“Los muebles de los Estados Unidos son de uso universal aquí, y su demanda aumenta cada vez más. Los he visto en el Interior a trescientas millas de la costa...
“Rosario es el centro de las operaciones mercantiles de la Confederación Argentina y por ella deben pasar los 5/6 de las importaciones y exportaciones”(20).

(20) Peden a Cass, 15 de Julio de 1857. Archivos Nacionales, Departamento de Estado, Ministros de Estados Unidos en Argentina, Despachos, Microfilm Nro. 69, Rollo Nro. 12, Nro. 81; Hudson a Cass, 10 de Octubre de 1857. Archivos Nacionales, Departamento de Estado, Ministros de Estados Unidos en Argentina, Despachos, Microfilm Nro. 70, Rollo Nro. 9, Nro. 18. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Pero, a despecho de los aranceles diferenciales, el papel moneda y los empréstitos extranjeros y otras experiencias realizadas con los Bancos, la Confederación estaba lejos de haber logrado un sistema financiero permanente o estable.

Hacia fines de 1857, las autoridades de Paraná habían obtenido un pequeño empréstito del Brasil y el establecimiento de una filial en Rosario del consorcio bancario Mauá y las entradas de los aranceles y la actividad comercial habían aumentado ligeramente debido a estos medios legislativos artificiales.

Estas medidas seguían siendo todavía inadecuadas para sostener una Administración Nacional. Los comentarios escritos sobre esta situación por el vicepresidente Del Carril en los últimos días de 1857 no muestran un cambio apreciable en las penosas quejas de los años anteriores:

“Nuestras rentas no alcanzan para todas las necesidades. Hemos atendido a algunas con los 100.000 pesos y ahora vamos a recibir cuarenta mil (referencia al préstamo brasileño), que he destinado para invertirlos todos al pago de algunos meses a las guarniciones de San Luis, Córdoba, Santiago y Santa Fe. La Aduana del Rosario está agotada. Resulta del último estado de Nove que apenas le quedaban en letras ¡4.000 mil (sic) pesos..!”(21).

(21) Del Carril a Urquiza, 26 de Diciembre de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

En comparación, la situación financiera de Buenos Aires seguía siendo relativamente estable. Los disturbios políticos provocaron una fluctuación del valor del billete de Banco de trescientos a cuatrocientos pesos en relación con la onza de oro. De resultas de ello, las especulaciones eran considerables, pero el valor del peso en Buenos Aires no se vino al suelo.

Eran igualmente significativas las actividades financieras del Gobierno. Las autoridades porteñas habían dilatado el pago del empréstito hecho en 1824 por Baring Brothers.

A todo lo largo de los años 1855 y 1856 se quejaban de su pobreza y dieron mil otras excusas. Sin embargo, sorprendía al vicecónsul británico la facilidad con que el Gobierno hallaba fondos cuando los necesitaba:

“El Gobierno, pese a haber dicho que carecía de medios, pudo obtener -con la sanción de las Cámaras- la emisión de diez millones de los Fondos Públicos, los que consiguieron del Banco a razón del 75 por ciento y devengando un interés del 6 por ciento, lo que le permitirá hacer frente a los Gastos corrientes de fin de año.
“La emisión de este empréstito no presentó ninguna dificultad y hasta se ofrecieron capitales privados para tomarlo a un interés más favorable que el del Banco...
“Una ley, sancionada por las dos Cámaras sin discusión alguna, que autoriza a la Municipalidad a vender todas las tierras públicas dentro del distrito de la Ciudad de Buenos Aires, con la excepción de las que están frente al río, es otro de los medios que han encontrado para obtener fondos.
“Ha de ser muy difícil estimar el valor de la propiedad, pero éste debe ser considerable”(22).

(22) Parish a Clarendon, 2 de Octubre de 1856. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 193, Nro. 44. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El vicecónsul británico agregaba también unas líneas sobre la prosperidad general:

“En cuanto a la Ciudad de Buenos Aires, tienen lugar grandes mejoras en todo respecto. El estilo de las casas embellece, se pavimentaron las calles hasta las afueras de la ciudad y una gran parte de la ciudad está alumbrada ahora con gas...”.

La unión de un Banco, que emitía billetes aceptados por el comercio local y de una Aduana que recogía una buena renta nacional, proporcionaba a Buenos Aires un sistema financiero insuperable.

El apremiante problema de lograr fondos para los Gastos del mes, que afligía de tal manera a la Confederación, no existía en Buenos Aires. Las incursiones de los indios tal vez preocupaban a los terratenientes que tenían propiedades en la frontera; los rumores de guerra con la Confederación podían causar cierta pérdida en el valor del peso papel, pero el Gobierno de la provincia nunca tuvo que hacer frente a ese día temido por Del Carril, “... que no tengo yo qué comer...”.

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