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La política coercitiva de Urquiza

La abrogación de los Tratados que garantizaban el statu quo en Marzo de 1856, renovó esas fricciones que habían existido desde la insurrección de Septiembre de 1852 entre la Confederación y la provincia de Buenos Aires. Pero ahora se sentía en el aire una nueva urgencia.

El Gobierno de Paraná había denunciado los Tratados sobre la base de que habían dado meramente mayor solidez a la separación artificial de la Argentina en dos campos antagónicos. Detrás de este razonamiento se advertía el temor de que Buenos Aires se volviera cada día más fuerte.

La Confederación -entretanto- no había logrado ni verdadero poder ni verdadera autoridad en su papel de Gobierno Nacional. Por eso recurrió a una política vigorosa y agresiva para unir a la Nación antes que la brecha que existía entre sus fuerzas relativas se agrandase.

Aunque la guerra no era la solución que deseaba Urquiza, no se la descontaba completamente, ya que era un medio que permitiría alcanzar la consolidación de la nacionalidad. Era preferible emplear un método que pudiera asegurar el éxito de las provincias sin someter el país a la guerra civil.

Los esfuerzos que hicieron Urquiza y sus seguidores en el correr de 1856 y de 1857 para hacer entrar a la provincia de Buenos Aires en la Confederación, siguieron tres direcciones principales.

Si bien estos proyectos se llevaron a cabo al mismo tiempo y a menudo estaban relacionados unos con otros, los discutiremos separadamente por razones de claridad y para destacarlos mejor.

El que fue menos estudiado por los historiadores argentinos es el que contó con el apoyo que las potencias europeas -especialmente Gran Bretaña- concedieron a la Confederación y a la unidad argentina.

Un segundo proyecto recurrió a una política experimentada anteriormente -lograr el control de la escena porteña con el apoyo de elementos disidentes- y culminó en las elecciones de la provincia de Buenos Aires de 1857.

El proyecto final se basaba en la continua búsqueda de aliados en el Río de la Plata para intimidar así a Buenos Aires y forzarla a unirse a la Confederación.

a.- Los poderes europeos

Poner de manifiesto dónde residía la autoridad soberana argentina en relaciones exteriores planteaba un problema muy crítico al Gobierno de Paraná. Aunque Buenos Aires había adoptado su propia Constitución en 1854 y se daba a sí misma el nombre de Estado, no había ni declarado su independencia ni afirmado su derecho a establecer una política exterior oficial e independiente.

Al mismo tiempo, la mayor parte de la población y de las inversiones y propiedades extranjeras se radicaba en Buenos Aires, evidentemente fuera de la autoridad efectiva y de la hegemonía del Gobierno de Paraná.

Por lo tanto, si bien Urquiza ostentaba la supremacía de la Confederación en relaciones exteriores y Buenos Aires no la negaba expresamente, el resultado efectivo era muy distinto.

Como hemos visto, los representantes extranjeros en la Argentina -al principio- tuvieron que hacer frente a ese problema dejando agentes consulares en Buenos Aires y llevando agentes diplomáticos a Paraná.

Cuando las nuevas de esa división en la situación política llegaron a Estados Unidos y Europa, los Gobiernos de esos países dieron credenciales dobles a los nuevos representantes en esa zona, es decir, ante los Gobiernos de Paraná y de Buenos Aires. Dejóse a la voluntad de los representantes resolver ante quién o cómo presentarían sus credenciales.

De ahí que esos agentes se sintieran inevitablemente desconcertados tanto porque la Confederación afirmaba tener prioridad en el manejo de las relaciones exteriores cuanto por la aplastante importancia que tenía Buenos Aires respecto de sus intereses nacionales.

La solución a que llegaron los nuevos ministros de Francia y Estados Unidos no era nada favorable a la pretensión mantenida por Paraná al derecho de monopolio de las relaciones extranjeras en la Argentina. Estos ministros presentaron sus credenciales a los dos Gobiernos y luego establecieron su residencia en Buenos Aires.

Por una parte, para contrarrestar la amenaza que entrañaba para la soberanía del Gobierno de Paraná y, por otra parte, para levantar el prestigio de la Confederación en el extranjero, Urquiza, en Mayo de 1854, confió al conocido publicista argentino Alberdi una misión diplomática especial en Inglaterra y Francia. Alberdi representaría la Confederación ante la Corte de esos países e intentaría aclarar la confusión existente sobre las pretensiones de Buenos Aires a la autonomía.

Alberdi no partió para Chile en esta difícil misión sino a principios de 1855 y, luego, a fin de facilitar su tarea en Europa, se dirigió primero a los Estados Unidos. Gracias a una amistad entablada en Chile con William Wheelwright y su presentación por éste, pudo hacer importantes progresos en Washington(1).

(1) Mientras estaba en Chile, Alberdi había entablado una buena amistad con el contratista, constructor de ferrocarriles y a veces diplomático yanqui William Wheelwright y había defendido la compañía de navegación de Wheelwright en varios asuntos legales. Wheelwright, por consiguiente, había entregado a Alberdi una cálida carta personal de recomendación e introducción para su amigo de su ciudad natal, el secretario de Estado Caleb Cushing. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

En sus conversaciones con el secretario de Estado Cushing y el presidente Franklin Pierce, expuso con amplitud el poder de la Confederación Argentina y refirmó su interés en el comercio y la navegación libres, ya establecidos en un Tratado con los Estados Unidos en 1853.

Presentó la posición de la Confederación con tanta eficacia y pintó la de Buenos Aires con tan sombríos colores, que recibió seguridades oficiales de que los Estados Unidos nunca reconocerían la independencia de esa provincia.

También le dijeron que sólo acreditarían un ministro de Estados Unidos ante el Gobierno de Paraná. Como apoyo adicional, se dieron Instrucciones al ministro de Estados Unidos ante la Corte de St. James de prestar ayuda a Alberdi en Inglaterra con todos los medios posibles.

La muerte repentina de Gore en Montevideo -en Agosto de 1854- dejó a Gran Bretaña sin representación diplomática en la Argentina. La llegada de Alberdi a Londres en Julio de 1855, por lo tanto, cayó justo a tiempo, porque el nuevo representante no había aún partido para el Río de la Plata.

“En el mes que llevo de Londres, he informado extensa y detenidamente al gabinete inglés del estado de los asuntos políticos de la República Argentina en sus relaciones con los intereses británicos de navegación y comercio; de las contrariedades que se desarrollan contra el nuevo régimen de navegación fluvial y contra el Gobierno General argentino, creado al favor de ese régimen y de su mejor garantía de estabilidad.
“Las simpatías inglesas por el nuevo orden de cosas representado por V. E. son evidentes; y en Europa esto es decisivo”(2).

(2) Alberdi a Urquiza, 31 de Julio de 1855. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza; Ramón J. Cárcano. “Urquiza y Alberdi (Intimidades de una Política)” (1938), p. 44, Buenos Aires. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Siguió a esto la seguridad dada por Lord Clarendon, secretario británico de Relaciones Exteriores, de “... que la política del gabinete británico en el Río de la Plata será la misma que hasta aquí en orden de no reconocer más Gobierno Nacional argentino que el ejercido hoy por V. E. en nombre de la Confederación”(3).

(3) Alberdi a Urquiza, 7 de Septiembre de 1855. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza; Ramón J. Cárcano. “Urquiza y Alberdi (Intimidades de una Política)” (1938), p. 48, Buenos Aires. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El impulso inicial que había recibido en Washington seguía actuando: el Gobierno británico prometió dar su apoyo a las negociaciones que Alberdi iba a entablar con Francia y tratar de que la política británica y francesa en el Río de la Plata coincidiera.

El Gobierno francés no recibió con la misma simpatía los argumentos de Alberdi en favor de la Confederación. Buenos Aires ya tenía un agente no oficial trabajando en París en la persona de Mariano Balcarce, antiguo representante de Rosas y yerno de San Martín. Un gran número de residentes franceses en Buenos Aires y considerables inversiones en la provincia hacían que Francia deseara mantener relaciones diplomáticas con el Gobierno porteño.

Pero la presión de Londres y la necesidad de presentar un frente unido con su antigua aliada de la Guerra de Crimea -Gran Bretaña- fueron causa de un reajuste en la política francesa en el Río de la Plata. En Febrero de 1856 se dieron órdenes de llamar a Le Moyne de Buenos Aires y de acreditar a un nuevo ministro, Charles Lefebvre de Bécour, ante el Gobierno de Paraná.

Alberdi había triunfado en los objetivos iniciales de su misión. Había obtenido la retirada de todo diplomático reconocido por el Gobierno de Buenos Aires y se aseguraba el consentimiento de los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia para reconocer a la Confederación como el único Gobierno soberano de la Argentina.

Iba a permanecer en Europa como ministro de la Confederación ante Iglaterra y Francia hasta 1860. Durante esos años se ocupó en negociar Tratados con España y el Vaticano, pero su mayor preocupación fue la de contrarrestar las crecientes pretensiones de Buenos Aires a desempeñar un papel predominante en relaciones exteriores. Especialmente en 1857 trató de conseguir un apoyo aún más fuerte de la Confederación que el mero reconocimiento diplomático.

Con tal idea presentó un Memorándum a Lord Clarendon en el cual se invitaba virtualmente a Francia e Inglaterra a intervenir en el Río de la Plata para restaurar la unidad argentina(4).

(4) Alberdi a Urquiza, Agosto 4-8 de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza; Ramón J. Cárcano. “Urquiza y Alberdi (Intimidades de una Política)” (1938), pp. 238-240, Buenos Aires. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Hacia fines de ese año, la marea se volvió en contra de los éxitos iniciales de Alberdi. El Gobierno de Napoleón III le hizo saber que iba a extender una vez más el reconocimiento diplomático a Buenos Aires a causa de los cuantiosos intereses franceses en la ciudad porteña. Al año siguiente, reemplazó a Lord Clarendon un nuevo secretario de Relaciones Exteriores y la actitud británica hacia la Confederación se enfrió.

Las actividades de los representantes diplomáticos extranjeros en la Argentina tuvieron un efecto más inmediato en el conflicto que dividía a los porteños y las provincias que las decisiones tomadas en lejanas cancillerías. Quizá lo más sorprendente a este respecto, aunque no tuvo mayor influencia, fue la posición adoptada por el ministro de Estados Unidos, James Peden, en contradicción directa con la política anunciada a Alberdi en Washington en 1855.

La demora de más de un año que tardaron sus Instrucciones en venir de Washington, era sólo una explicación parcial del constante reconocimiento y apoyo al Gobierno de Buenos Aires por parte de Estados Unidos.

Luego de su viaje inicial a Paraná -en Diciembre de 1854- para presentar sus credenciales y hacer el intercambio de los Tratados de Comercio y Navegación con la Confederación, volvió a Buenos Aires y estableció allí su residencia permanente.

También presentó sus credenciales al Gobierno porteño. Antes del término de las Sesiones del Congreso de Paraná, correspondientes a 1855, Peden volvió para quedarse un mes en la capital de la Confederación ya que “... se espera de los agentes extranjeros acreditados ante ambos Gobiernos, que residan un tiempo en cada ciudad”(5).

(5) Peden a Marcy, 9 de Octubre de 1855. Archivos Nacionales, Departamento de Estado, Ministros de Estados Unidos en Argentina, Despachos, Microfilm Nro. 69, Rollo Nro. 10, Nro. 24. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Si se juzga el tiempo que pasaba en cada capital, es evidente la importancia del papel que desempeñaban Paraná y la Confederación en el análisis efectuado por Peden de la escena argentina. Luego, en Agosto de 1856, Peden entró en negociaciones con el Gobierno de Buenos Aires y no tardó en concluir Tratados de Comercio y Navegación, basados en las Instrucciones recibidas en 1854 del Departamento de Estado y en sus opiniones personales de que

“... hay pocos fundamentos para dudar de que este Estado mantendrá su actual posición independiente respecto de la Confederación durante todo el tiempo que prefiera hacerlo así”(6).

(6) Peden a Marcy, 4 de Octubre de 1856. Archivos Nacionales, Departamento de Estado, Ministros de Estados Unidos en Argentina, Despachos, Microfilm Nro. 69, Rollo Nro. 12, Nro. 55; William R. Manning. “Diplomatic Correspondence of the United States (Inter-American Affairs. 1831-1860)” (1932-1939), tomo I, p. 609, (doce volúmenes). Ed. en Washington, D. C. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Las nuevas Instrucciones del Departamento de Estado llegaron con retraso y Peden sólo las recibió en 1856. Peden, no obstante, tenía la seguridad de que Washington aprobaría sus Tratados con el “Estado” de Buenos Aires:

“Desde que recibí el despacho para Mr. Buchanan (dando seguridades al ministro de Estados Unidos en Londres sobre el cambio de la política del Departamento de Estado en apoyo de la Confederación), no veo razón alguna para que cambie mis opiniones.
“Por consiguiente, no partiré de Buenos Aires hasta que usted no me mande nuevas Instrucciones sobre este particular ya que, según mi parecer, las distintas circunstancias inducirán al presidente a continuar manteniendo relaciones diplomáticas con ambos Gobiernos, ya sea por medio de los mismos agentes o por medio de otros”(7).

(7) Peden a Marcy, 27 de Octubre de 1856. Archivos Nacionales, Departamento de Estado, Ministros de Estados Unidos en Argentina, Despachos, Microfilm Nro. 69, Rollo Nro. 12, Nro. 58; William R. Manning. “Diplomatic Correspondence of the United States (Inter-American Affairs. 1831-1860)” (1932-1939), tomo I, p. 614, (doce volúmenes). Ed. en Washington, D. C. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

En este despacho y en los que le siguieron, Peden se explicó ampliamente sobre la importancia de Buenos Aires: “Se puede decir con seguridad que casi todos los intereses mercantiles de los Estados Unidos están aquí”.

Mientras tanto, el ministro británico informaba confidencialmente al Foreign Office:

“Entablé relaciones con Mr. Peden y hablé con él sobre el tema de su residencia permanente aquí, tanto antes como después de haber recibido el despacho de Su Señoría (despacho del 25 de Noviembre de 1856, en el que Lord Clarendon informaba a Christie que Washington había enviado credenciales a Peden sólo para la Confederación); y tengo el deber de informar a Su Señoría que Mr. Peden sigue siempre acreditado ante el Gobierno de Buenos Aires y que no tiene ninguna intención de fijar su residencia en Paraná.
“Si el Gobierno de Estados Unidos está determinado a identificar su acción con la de Inglaterra y Francia, debido a las ideas presentes de Mr. Peden, será necesario enviarle Instrucciones imperativas y prepararse a enviar otra persona para reemplazarlo en el caso no muy improbable de que se niegue a obedecerlas”(8).

(8) Christie a Clarendon, 31 de Enero de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 199, Nro. 12, confidencial. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Finalmente, en Mayo de 1857, Peden hizo un viaje a Paraná para esperar las Instrucciones finales de Washington. Sólo en Septiembre de ese mismo año, Peden recibió las fuertes censuras del Departamento de Estado:

“Que usted haya vacilado en cumplir esta orden (trasladarse a Paraná) y, para peor, se niegue a obedecerla hasta no recibir otras Instrucciones, es un asunto sorprendente y penoso. Las razones que usted da sobre esta conducta son muy insatisfactorias”(9).

(9) Marcy a Peden, 10 de Febrero de 1857. Archivos Nacionales, Departamento de Estado, Ministros de Estados Unidos en Argentina, Despachos, Microfilm Nro. 69, Rollo Nro. 12, Nro. 26; William R. Manning. “Diplomatic Correspondence of the United States (Inter-American Affairs. 1831-1860)” (1932-1939), tomo I, pp. 52-53, (doce volúmenes). Ed. en Washington, D. C. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Un cambio en la Administración política en Washington, como también la conducta insatisfactoria de Peden en la Argentina, dieron como resultado que lo volvieran a llamar y lo reemplazasen en 1858. Sin embargo, quedaba en pie el hecho de que su efecto en la política de Estados Unidos en la Argentina durante los años 1856 y 1857, no era en forma alguna lo que había pensado hacer el Departamento de Estado.

Peden había dado considerable apoyo moral al Gobierno de Buenos Aires en un momento en que Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia unificaban su política de reconocimiento y apoyo a la Confederación.

Las actividades del ministro francés y, particularmente, del británico en Argentina, se relacionaban más con el conflicto de Buenos Aires con las provincias que las de Peden. El estudio de estas actividades hará más amplia nuestra comprensión de los esfuerzos de Urquiza por obligar a Buenos Aires a integrar la Nación en los años 1856 y 1857.

William Dougal Christie, nuevo ministro de Su Majestad británica ante la Confederación Argentina, llegó al Río de la Plata en Mayo de 1856 y se dirigió directamente a Paraná sin detenerse siquiera en Buenos Aires.

Muy poco después de él arribó el nuevo ministro francés, Charles Lefebvre de Bécour, hombre que conocía muy bien la escena argentina debido a los servicios que había prestado anteriormente como secretario y encargado de la legación francesa en Buenos Aires y a su casamiento con una chilena, la cuñada del general Tomás Guido.

En Octubre, Christie pudo informar al Foreign Office que había iniciado tratativas para unificar la Argentina:

“Luego de haber estado aquí algunos meses y haber llegado a la conclusión de que la principal justificación y objeto de mi misión, si no el único verdadero, era tratar por todos los medios que estaban en mi poder, de lograr la reconciliación entre Buenos Aires y el Gobierno Nacional, sugerí a mi colega francés que antes de la partida de Paraná del general Urquiza, deberíamos solicitarle una audiencia e intentar obtener de él una franca explicación de sus opiniones, intenciones y deseos sobre este particular”(10).

(10) Christie a Clarendon, 29 de Octubre de 1856. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 195, Nro. 37. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Los resultados de esta entrevista complicaron profundamente a Christie en otros aspectos del empeño de Urquiza por obligar a Buenos Aires a entrar en la Confederación por cualquier medio disponible. En el frente diplomático, tenemos la visita que Christie realizó a Buenos Aires en Diciembre de 1856.

El ministro británico evitó cuidadosamente cualquier contacto oficial con el Gobierno de Buenos Aires, pero aceptó de buen grado conversaciones informales con los principales políticos porteños, tales como Norberto de la Riestra y Dalmacio Vélez Sársfield(11).

(11) Christie a Clarendon, 31 de Diciembre de 1856. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 195, Nro. 62 y 31 de Enero de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 199, Nro. 15. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

De estas conversaciones surgieron excusas de los porteños por la expulsión de que habían hecho objeto a Gore en Enero de 1853(12).

(12) Christie a Clarendon, 1 de Febrero de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 199, Nro. 16. El Gobierno de Buenos Aires envió sus excusas en una carta en que lamentaba francamente el incidente que hubo con Gore, admitiendo que no había pruebas suficientes para su expulsión, retirando al mismo tiempo la Nota de Torres que enviaba a Gore su pasaporte y saludando con veintiún cañonazos una bandera británica izada en el Fuerte. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Con esta injuria al honor británico reparada, Christie podía entrar en relaciones amistosas aunque no oficiales con el Gobierno de Buenos Aires, un requisito previo a su papel de árbitro de la unidad argentina.

Durante los meses que Christie permaneció en Buenos Aires dio su más fuerte apoyo a los planes de Urquiza tendientes a reincorporar esta provincia a la Confederación. A fines de Marzo, el Gobierno de Buenos Aires logró una victoria definitiva en las elecciones de la provincia.

A principios de Mayo, la tendencia antiurquicista de la insurrección de Septiembre de 1852 fue reafirmada con la elección de Valentín Alsina en el puesto de gobernador para los tres próximos años.

Christie, no obstante, no se dejó desalentar en sus esfuerzos por buscar una reaproximación entre los dos Gobiernos. Escribió inmediatamente a Urquiza que las opiniones del gobernador Alsina eran pacíficas y moderadas. La respuesta de Urquiza -según lo que transmitió al Foreign Office- no era alentadora:

“Las cartas del general Urquiza ... mostrarán a Su Señoría las grandes dificultades que obstaculizan cualquier arreglo entre Buenos Aires y el Gobierno Nacional y la fuerte antipatía que el general Urquiza y sus amigos tienen por el doctor Alsina, la cual desde luego es recíproca”(13).

(13) Christie a Clarendon, 31 de Mayo de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 200, Nro. 53, confidencial. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Sin embargo, Christie se entrevistó con Alsina antes de partir de Buenos Aires y dio algunas esperanzas de que era posible hallar un terreno común donde lograr el entendimiento entre la provincia y la Confederación. Urquiza había determinado los puntos fundamentales para llegar a un arreglo en sus conversaciones con Christie.

El ministro británico -en su despacho al Foreign Office- describía las posibles reacciones del Gobierno porteño ante cada una de estas ideas:

“1.- Examen de la Constitución Nacional por la Legislatura de Buenos Aires. Sobre este particular -probablemente- no se presentarán dificultades.
“2.- Buenos Aires se compromete a enviar diputados al Congreso que va a revisar la Constitución en 1863 (fecha de la primera enmienda permitida) y a aceptar la resolución de ese Congreso. Es probable que Buenos Aires acepte esto con la reserva de que las resoluciones del Congreso sean sometidas para su confirmación a la Legislatura de Buenos Aires; y me inclino a pensar que tal reserva ha de ser razonable.
“3.- Buenos Aires confiará el cargo de ministro de Relaciones Exteriores al presidente de la Confederación. Creo que esto se hará, con la reserva de que Buenos Aires no se considerará comprometida en acuerdos con países extranjeros mientras esta medida no sea ratificada por la Legislatura de Buenos Aires; y mientras Buenos Aires mantenga instituciones separadas y no esté representada en el Congreso Nacional, creo que esta reserva es justa.
“4.- Medidas militares concertadas para la defensa de las fronteras contra los indios, bajo la dirección del presidente de la Confederación. Aquí temo que se presenten dificultades, puesto que Buenos Aires es reacia a colocar su Ejército bajo el mando del general Urquiza o permitirle que entre en su territorio con considerables fuerzas. Éste será el punto más difícil de las negociaciones y, tanto de un lado como del otro, tendrán que hacerse concesiones.
“5.- Amnistía general del Gobierno de Buenos Aires. No creo que Buenos Aires otorgará una amnistía como parte del arreglo con la Confederación, pero probablemente no se presentarán dificultades para que sea concedido en forma independiente... Además, es probable que Buenos Aires esté pronta a contribuir con una buena suma a la renta del Gobierno Nacional, en parte debido a los Gastos para el manejo de las relaciones exteriores, en parte como compensación por los derechos de Aduana recibidos por mercancías destinadas al consumo de las provincias; y se exigirá al Gobierno de Paraná que deje sin efecto la ley de derechos diferenciales”(14).

(14) Christie a Clarendon, 31 de Mayo de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 200, Nro. 54. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Christie llegó a Paraná a mediados de Junio de 1857 con la esperanza de “... que algún arreglo provisional y no muy distinto del que había indicado el general Urquiza, fuera posible”(15).

(15) Christie a Clarendon, 31 de Mayo de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 200, Nro. 54. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

No obstante, se había producido un decidido cambio en la actitud de las autoridades de Paraná. Christie atribuyó este cambio a Santiago Derqui, cuya influencia en el gabinete había sido recientemente reforzada por el nombramiento de Elías Bedoya como ministro de Hacienda.

Por consiguiente, por primera vez aparecía una nueva Nota en los despachos de Christie, un presagio de desastre por el uso que hacía Urquiza del apoyo europeo a la Confederación:

“... si el Gobierno Nacional prosigue con esa política tendiente a perpetuar la desunión o si por una causa cualquiera la separación de Buenos Aires parezca hacerse permanente, el Gobierno de Su Majestad no tardará en verse obligado a considerar la necesidad de una revisión de la política que prosiguió hasta este momento esperando apresurar la unión con el apoyo moral que otorgó al Gobierno Nacional...
“Creo que M. Lefebvre se prepara para hablar en términos idénticos”(16).

(16) Christie a Clarendon, 28 de Junio de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 200, Nro. 76. El fracaso del Gobierno de Paraná en responder favorablemente a dos asuntos que interesaban a los británicos -es decir- la protesta diplomática contra los aranceles diferenciales y las pretensiones financieras de los súbditos británicos contra la Confederación, aumentaron la irritación de Christie. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

A principios de Julio, Christie y Lefebvre de Bécour tuvieron una entrevista con Urquiza y varios de sus ministros acerca de la unidad argentina. A diferencia de una entrevista similar en el pasado mes de Octubre, en esta oportunidad el ministro francés se mantuvo apartado de la discusión.

Christie propuso entonces que él, en su papel de ministro británico, tomara la iniciativa de invitar a Urquiza y a Alsina a negociaciones conjuntas, evitándoles así dar ese siempre molesto primer paso(17).

(17) Christie a Clarendon, 29 de Julio de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 200, Nro. 89. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Los sondeos que se hicieron en Buenos Aires para ver si tal propuesta sería aceptada fueron fríamente recibidos. Alsina se limitó a hacer saber a Christie que se acusaba a Urquiza de estar complicado en las invasiones de indios contra Buenos Aires(18).

(18) Christie a Clarendon, 28 de Agosto de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 200, Nro. 90. Christie investigó esos cargos y llegó a la conclusión de que eran falsos. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

En vista de la falta de respuesta de Buenos Aires, Urquiza anunció entonces su intención de acercarse a las autoridades porteñas con una propuesta de negociaciones directas(19).

(19) Christie a Clarendon, 12 de Septiembre de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 200, Nro. 101. La decisión de Urquiza había sido en gran parte motivada por la presión que había ejercido Christie. El ministro británico, respaldado ahora por el Foreign Office, había opuesto objeciones cada vez mayores a los aranceles diferenciales. Una vez más, Christie había señalado que la mejor manera de resolver estas protestas británicas sería llegar a un modus vivendi con Buenos Aires. La Nota que iban a enviar a Buenos Aires fue sometida a Christie para su aprobación: “Sugerí únicamente una alteración, la omisión de unas pocas palabras que pensé podrían posiblemente irritar a los porteños y mi sugerencia fue adoptada”. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El 9 de Septiembre de 1857, el ministro del Interior Derqui dirigió una Nota oficial al ministro de Gobierno de Buenos Aires. El tono de la Nota era conciliador. Se hacían algunas observaciones sobre las dificultades que habían frenado la unificación argentina.

Luego el Gobierno de Paraná hacía saber su deseo de cooperar con Buenos Aires en la defensa de la frontera contra los indios, cuestión quemante en esta provincia en vista de las recientes depredaciones. El principal objeto de la Nota, sin embargo, era el de invitar a la provincia a considerar la Constitución de 1853:

“El Gobierno Nacional, sin pretender influir en las ideas que tenga el Gobierno de esa provincia respecto de los puntos señalados apenas, no puede hacerse sordo a la inspiración de los deberes que por su parte le corresponden.
“Es por eso que el Gobierno Nacional se limita hoy a recordar al de esa provincia, que tiene razón sobrada y está en el deber imprescindible de pedir a los mandatarios de esa importante fracción argentina, convoquen al pueblo de Buenos Aires, en la forma más solemne, a pronunciarse sobre el código común que ha de salvar la integridad y la gloria del país...”(20).

(20) “Archivo del general Mitre” (1911-1913), tomo XIX, p. 77, (veintiocho volúmenes), Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El gobernador Alsina, antes de contestar la Nota de la Confederación, reunió a los principales miembros de la Legislatura para consultarlos sobre el asunto. Además del fuerte sentimiento antiurquicista que predominaba en este Consejo, había que considerar otros factores.

Los periódicos y los inevitables rumores habían llevado el sentimiento público contra Urquiza a nuevas alturas al vincularlo con las recientes y costosas incursiones de los indios en la provincia(21).

(21) Christie a Clarendon, 28 de Octubre de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 201, Nro. 113. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Asimismo, parecía una locura que Buenos Aires aceptara una Constitución que por su mismo texto no podía sufrir la menor enmienda en los primeros diez años: hasta 1863. Finalmente, había que tener en cuenta que, si Urquiza respetaba la cláusula constitucional que impedía su reelección, sólo le quedaban dos años más de ejercicio de la presidencia.

Tales sentimientos ejercieron su influencia en la breve, casi escueta, respuesta del Gobierno de Buenos Aires. No se consideró apropiado por el momento someter la Constitución de 1853, sea a la Legislatura, sea a una Asamblea especial. La única concesión que se hizo para continuar las negociaciones fue sugerir que la Confederación enviase un comisionado a Buenos Aires para discutir cualquier dificultad que pudiera presentarse entre los dos Gobiernos(22).

(22) “Estado de Buenos Aires a la Confederación Argentina”, 26 de Septiembre de 1857.“Archivo del general Mitre” (1911-1913), tomo XIX, pp. 82-84, (veintiocho volúmenes), Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Las circunstancias en que se recibió esta respuesta de los porteños y los términos en que estaba redactada, proporcionaron al creciente “partido de la guerra” en Paraná la evidencia de que era necesario imponer inmediatamente la Constitución de 1853 a Buenos Aires. Urquiza hizo saber a Christie que estaba “muy descontento” con la respuesta de Buenos Aires.

Como de costumbre, a la clausura del Congreso, Urquiza había entregado el Gobierno al vicepresidente Del Carril y preparaba su partida para su estancia de San José. Justo antes de su partida, Christie había sugerido como último recurso una entrevista entre Urquiza y Alsina a bordo de un buque de guerra británico(23). Urquiza no contestó a la propuesta del ministro británico pues -presumiblemente- dejaba la decisión a Del Carril.

(23) Christie a Clarendon, 28 de Octubre de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 201, Nro. 123. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Un acontecimiento aún más perturbador que la brusca respuesta porteña había trastornado el delicado arreglo final hecho por Christie. Fue el anuncio hecho por Francia de recibir a un agente diplomático de Buenos Aires, dando de este modo un reconocimiento internacional a la soberanía porteña.

Francia había sido -en el mejor de los casos- un socio silencioso durante el activo apoyo británico a la Confederación a lo largo de 1856 y 1857. Lefebvre de Bécour había dicho a Christie, aún antes de que los dos ministros celebrasen su entrevista inicial con Urquiza en Octubre de 1856, que tenía Instrucciones muy precisas sobre el asunto de la neutralidad estricta entre los dos Gobiernos argentinos.

Posteriormente, el ministro francés recibió más Instrucciones de París en las que se le informaba que, si bien Francia recibiría con agrado un arreglo entre Buenos Aires y la Confederación, “... es asunto al que no dan importancia ni tienen deseos de intervenir en él”(24).

(24) Christie a Clarendon, 24 de Noviembre de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 201, Nro. 131. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Entretanto, el ministro francés de Relaciones Exteriores había expresado a Mariano Balcarce, representante porteño no oficial en París, que si el Gobierno de Buenos Aires deseaba acreditarlo como agente diplomático, sería recibido por Napoleón III(25).

(25) Alberdi a Urquiza, 7 de Enero de 1858. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza; Ramón J. Cárcano. “Urquiza y Alberdi (Intimidades de una Política)” (1938), p. 292, Buenos Aires. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Tan pronto como esta noticia llegó a Buenos Aires, se enviaron los documentos necesarios a Balcarce. Hasta en las palabras circunspectas de Christie, la publicación de esta noticia en la prensa porteña “... hacía daño a las disposiciones que mostraba la Confederación para seguir las negociaciones”(26).

(26) Christie a Clarendon, 28 de Octubre de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 201, Nro. 126. Lefebvre de Bécour al principio no creyó en la noticia de que su Gobierno había reconocido a Balcarce en su capacidad diplomática y declaró que era contrario a las informaciones que obraban en su poder. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El vicepresidente Del Carril, que miraba con simpatía una solución pacífica del problema de Buenos Aires y las provincias, juzgó que tal nombramiento diplomático expedido por una provincia ponía fin a las posibilidades de negociaciones:

“La resolución del Gobierno de Buenos Aires importa decir al mundo que la Nación Argentina está representada por Buenos Aires y qué hará por seducir, conquistar y de cualquier modo absorber los pueblos que la han de completar.
“Es un desafío a muerte o la creación de un Estado independiente, consumada”(27).

(27) Del Carril a Urquiza, 12 de Octubre de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Una ruptura entre los dos Gobiernos parecía ahora inevitable. Urquiza había anunciado reiteradamente, tanto a sus partidarios como a los representantes extranjeros:

“... que, en la eventualidad de que Buenos Aires se declarase independiente o ejecutara cualquier acto equivalente a una declaración de independencia, emplearía inmediatamente la fuerza”(28).

(28) Christie a Clarendon, 28 de Octubre de 1857.Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 201, Nro. 114. Un año antes -en otra oportunidad- Christie había informado sobre esta misma actitud de Urquiza, 29 de Agosto de 1856. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 194, Nro. 19. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El fracaso de los últimos esfuerzos de mediación hechos por Christie, por lo tanto, no fue una sorpresa para nadie. Los detalles interesan únicamente por la relación que tienen con la importante lucha política entablada en el Gobierno de Paraná entre el vicepresidente Del Carril y el ministro de Interior Derqui.

Los dos hombres y sus partidarios rivalizaban por obtener la aprobación de Urquiza y el apoyo que podría colocarlos en la presidencia en 1860. Debido a que Urquiza pasaba gran parte del año en su estancia de San José, la disputa muchas veces se dirimía abiertamente. El “extraño incidente” que puso fin a las tentativas de reconciliación de Christie al parecer se relacionaba con ese asunto.

A despecho de la violenta reacción que se produjo en Paraná a causa del nombramiento diplomático de Balcarce y de la seca respuesta del Gobierno porteño rechazando toda consideración de la Constitución de 1853, Christie seguía favoreciendo la reunión conjunta de Alsina y Urquiza.

Sus consultas en Buenos Aires le hicieron creer que Alsina aceptaría la idea. Aunque Urquiza no había dicho nada sobre el particular, Christie esperaba que el cálido apoyo prestado por Del Carril a su idea sería suficiente para asegurarle la cooperación del Gobierno de Paraná.

Con esta esperanza había dirigido -a principios de Noviembre- una carta a Urquiza en la que lo apuraba para que aceptase la idea y le ofrecía un barco de guerra británico como terreno neutral para la entrevista.

En el ínterin, el Gobierno de Paraná despachó una Nota protestando fuertemente contra el nombramiento de Balcarce. Las autoridades de Buenos Aires se negaron a aceptarla y la devolvieron a Paraná(29).

(29) “La Confederación Argentina al Estado de Buenos Aires”, 27 de Octubre de 1857; y el “Estado de Buenos Aires a la Confederación Argentina”, 31 de Octubre de 1857. “Archivo del general Mitre” (1911-1913), tomo XIX, pp. 78-81, (veintiocho volúmenes), Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La explicación que Christie dio al Foreign Office es como sigue:

“Esto (una carta de De la Riestra) es la primera cosa que supe de tal Nota y fui a ver al vicepresidente para pedirle una explicación. El señor Del Carril recibió mi primera pregunta con sorpresa y con una decidida negativa pero, cuando le leí partes de la carta del señor Riestra, se convenció de que una Nota que había sido estudiada por el Gobierno de Paraná, pero que luego decidió no enviarla, al menos por un tiempo, por algún error había llegado a manos del Gobierno de Buenos Aires; enseguida mandó buscar a los ministros de Relaciones Exteriores y del Interior para hacer investigaciones.
“Se descubrió, como lo suponía, que la Nota que había dejado a un lado para pensarla mejor, había sido enviada debidamente firmada por el ministro del Interior (Derqui) y el ministro de Relaciones Exteriores -al abrir las cartas recibidas de Buenos Aires- encontró la Nota y se la devolvió.
“Se dice que esta Nota fue enviada por una equivocación del Oficial Mayor del ministro del Interior; que luego de la decisión del gabinete de dejar la Nota para estudiarla mejor, fue presentada por el Oficial Mayor a su jefe con cantidad de otros papeles para que los firmase y luego fue despachada en lugar de otra nota que hubiera debido ser enviada, es decir, la Nota que contestaba a la acusación que se hizo al Gobierno de Paraná de estar complicado con los indios”(30).

(30) Christie a Clarendon, 24 de Noviembre de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 201, Nro. 131. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Aunque el ministro británico declaró que estaba dispuesto a creer en esta explicación, agregó: “No tengo dudas de que (la Nota) procedía de la pluma del señor Derqui, el ministro del Interior, que se opone mucho a un arreglo con Buenos Aires”.

Esta desdichada Nota -con la adjunta respuesta porteña- entonces fue devuelta con otra Nota al Gobierno de Buenos Aires(31). Todo el empeño de Christie, por lo tanto, terminó en una verdadera comedia de errores. Hasta Del Carril se ofendió por la insolente devolución de la Nota por Buenos Aires(32).

(31) La Confederación Argentina al Estado de Buenos Aires, 11 de Noviembre de 1857. “Archivo del general Mitre” (1911-1913), tomo XIX, p. 82, (veintiocho volúmenes), Buenos Aires; Del Carril a Urquiza, 11 de Noviembre de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza: “Mr. Cristie sabe toda la historia de este negocio y se ha dicho a Riestra de ella, lo que era necesario para justificarse de la increpon qe el otro se hace de qe se hubiere pasado esa Nota sin la noticia y sin la participaon a ellos”.
(32) Del Carril a Urquiza, 11 de Noviembre de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Urquiza, con palabras muy decididas, se negó a negociar o conversar con Alsina. Por consiguiente, Christie puso en conocimiento del Foreign Office el fracaso de sus buenos oficios de mediador:

“Ahora, señor, abandono mis tentativas de unir a los dos Gobiernos... Considero que las dificultades que me opuso el Gobierno de Paraná son por cierto no menores y, tal vez mayores que las que provenían del Gobierno de Buenos Aires...
“Tengo ahora la intención, no sólo de evitar cualquier iniciativa en este asunto, sino también de prevenir toda conversación sobre el tema y rechazar cualquier insinuación que me pudieran hacer”(33).

(33) Christie a Clarendon, 24 de Noviembre de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 201, Nro. 131. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La inevitable conclusión de los intentos de Christie fue confirmada en una significativa carta enviada al Foreign Office en Marzo de 1858:

“... que usted debe concertar sus esfuerzos con los de otros Gobiernos que actúan de acuerdo con el de Su Majestad al acreditar a varios agentes diplomáticos tanto en Buenos Aires como en la Confederación.
“... Su Señoría sabe que he hecho lo posible para seguir la política de mi Señoría de apoyo moral al Gobierno de Paraná y que me hice cargo de mis deberes con la disposición favorable que el Gobierno de Su Majestad tiene hacia el sistema del general Urquiza.
“Dos años de experiencia me han completamente convencido que los dos lados han cometido más o menos las mismas faltas y que el Gobierno de Paraná no puede pretender intrínsecamente un mayor respeto y más favores que el de Buenos Aires.
“En ambos lados es la misma raza; servil y aduladora cuando tiene algo que ganar y altanera cuando lo ha ganado; pronta a pedir o aceptar cualquier cosa, pero demasiado orgullosa para sentir algún reconocimiento; a la que se puede manejar sólo por la vanidad, la esperanza y el temor”(34).

(34) Christie a Clarendon, 31 de Marzo de 1858. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 206, Nro. 21. La recomendación se reiteraba en Christie a Malmesbury, 27 de Octubre de 1858. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 209, Nro. 117. Tenía mucho que ver con tal recomendación la irritación que mostró Gran Bretaña ante la demora de las autoridades de Paraná por las demandas presentadas a la Confederación por súbditos británicos y la intransigencia de la Confederación ante el asunto de los aranceles diferenciales. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Uno de los proyectos de Urquiza para lograr la unión de la Argentina había virtualmente fracasado hacia fines de 1857. El apoyo diplomático que Gran Bretaña y otros países extranjeros habían prestado a la Confederación no pudo conseguir que la unificación de la Argentina fuera más cercana.

Era un hecho que, hacia fines de 1857, las naciones extranjeras ya empezaban a vacilar en su apoyo a la Confederación y presionaron aún más al Gobierno de Paraná para que resolviese el problema de la nacionalidad antes que se otorgara el pleno reconocimiento de Nación soberana a Buenos Aires.

b.- La escena política porteña. La elección de 1857

Todo Gobierno engendra oposición. Los dirigentes políticos que obtuvieron el control de la provincia de Buenos Aires por medio de la insurrección de Septiembre de 1852 no eran ninguna excepción a esta regla. Cualquier clara definición de los programas o partidos políticos, empero, no existía de hecho.

Ya hemos visto cuán heterogéneo había sido el apoyo que el Gobierno de Buenos Aires había recibido en distintos momentos desde 1852. El vínculo común que unía a los que apoyaban al Gobierno porteño durante esos años era su insistencia en que la Ciudad de Buenos Aires conservase su posición dominante en la Argentina y no quedase sometida a un Gobierno dominado por las provincias, especialmente a un Gobierno encabezado por Urquiza.

En cuanto a la oposición, ni siquiera tenía un vago sentido de unidad; su único común denominador era el de no estar en una actitud de mando(35).

(35) Si fuese posible trazar sus orígenes lo bastante lejos, esta oposición derivaría del partido federal, el partido de las provincias, el partido de Dorrego, Rosas y Urquiza. La lealtad política, no obstante, tenía muy poco que ver con los bonitamente arreglados principios de gobierno. Por cuanto las palabras “federal” y “unitario” empezaban a perder su significado original durante esa década, utilizaremos estos términos lo menos posible. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La existencia de grupos opositores en la provincia de Buenos Aires sedujo a Urquiza y a las autoridades de Paraná durante largo tiempo con sueños de domeñar esas energías para poder llevar a la provincia dentro de la Confederación. La contrainsurgencia de Lagos, sin embargo, había sido un fracaso espectacular.

Las subsiguientes invasiones de Buenos Aires por los emigrados no aumentaron las perspectivas de unión. Por consiguiente, después de la abrogación de los Tratados que mantenían el statu quo, el Gobierno de Paraná buscó medios más efectivos para intervenir en la política porteña.

Las elecciones en la Legislatura de la provincia para hallar un sucesor al gobernador Obligado habían sido convocadas para Mayo de 1857. El hombre a quien se eligiera para el futuro término de tres años podría tener una influencia vital en el curso de las relaciones entre los porteños y la Confederación.

Naturalmente, las autoridades de Paraná querían un gobernador deseoso de apoyar la unificación argentina según los términos de la Constitución de 1853.

A principios de Septiembre de 1856, el ministro británico comentaba que se había producido un cambio en el tono agresivo de la actitud de Urquiza hacia Buenos Aires, cosa que había notado a su llegada, tres meses antes. Al parecer Urquiza comprendía que la futura elección para gobernador podía proporcionar la oportunidad de llevar pacíficamente a Buenos Aires dentro de la Confederación(36). Por lo menos, uno de los candidatos posibles, Lorenzo Torres, ya había hecho proposiciones a Urquiza(37).

(36) Christie a Clarendon, 29 de Septiembre de 1856. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 194, Nro. 30. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.
(37) Parish a Clarendon, 30 de Octubre de 1856. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 193, Nro. 47. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El mismo Urquiza había discutido la conveniencia de la candidatura de Torres en una entrevista con los ministros francés y británico en Octubre de 1856. Luego Urquiza habló personalmente a los ministros y declaró que un candidato como Tomás Guido sería mucho más conveniente. Christie inmediatamente ofreció sus buenos oficios para explorar el terreno político en Buenos Aires, ofrecimiento que fue aceptado curiosamente por Urquiza(38).

(38) Christie a Clarendon, 29 de Octubre de 1856. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 195, Nro. 37. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

De resultas de ello Christie se dirigió en Diciembre a Buenos Aires, lo que le permitió tomar el pulso a los sentimientos en favor de una unión con la Confederación y le facilitó volver a establecer relaciones amistosas con el Gobierno porteño, las que estaban interrumpidas desde la expulsión de Gore. La otra finalidad de este viaje, empero, era francamente política:

“Vuestra Señoría sabe que uno de los objetos que tenía en vista cuando visité Buenos Aires era el de descubrir cuáles eran las perspectivas de éxito que tenía el general Guido como candidato a la gobernación y el de prestar cualquier ayuda indirecta que podría facilitar una finalidad tan deseable”(39).

(39) Christie a Clarendon, 1 de Febrero de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 199, Nro. 19, confidencial. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El ministro británico se entregó con mucho entusiasmo a esta delicada misión y llegó hasta el extremo de adelantar fondos para los Gastos de la campaña(40).

(40) Christie a (Urquiza), 1ro. de Enero de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza -muy confidencial- aconsejaba que el Gobierno Nacional estuviera pronto a gastar 2.000 onzas de oro en la elección de Buenos Aires. Christie agregaba que estaba dispuesto a adelantar de su propio peculio 2.000 pesos fuertes (aproximadamente 120 onzas de oro) para los gastos de la elección. Monguillot a Victorica, 12 de Abril de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, le dijo confidencialmente que se debía a Christie una suma de dinero no especificada. Christie no hizo ninguna referencia a estos Gastos en sus despachos al Foreign Office, pero tenía a su disposición fondos del “Servicio Secreto” cuya contabilidad era también secreta. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Al principio hizo todo lo posible para que Guido viniese a Buenos Aires y entrara en negociaciones con Torres -uno de los principales candidatos- quien incidentalmente había decretado la expulsión de Guido de la provincia en 1853. Después de varias conferencias con los dirigentes de la oposición, admitió que se utilizara la candidatura de Torres hasta después de las elecciones legislativas de Marzo(41).

(41) Christie a Clarendon, 1 de Febrero de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 199, Nro. 19, confidencial. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El portavoz de la oposición creía mucho menos en el éxito que el ministro británico. Guido se mostraba poco dispuesto a empeñarse en una campaña infecunda para la gobernación, especialmente desde que tenía que aparecer como candidato de Urquiza(42).

(42) Del Carril a Urquiza, 4 de Febrero de 1857; y Guido a Urquiza, 19 de Enero de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El hecho de que los elementos opositores en Buenos Aires inmediatamente solicitaran la ayuda de Paraná causó una penosa impresión. Del Carril escribió:

“¿Qué idea puede concebirse de un partido numeroso y rico que convidando al general Guido para ponerse a su cabeza empieza por mendigar un poco de oro de afuera?”(43).

(43) Del Carril a Urquiza, 30 de Enero de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

No obstante, Christie visitó a Urquiza en San José a principios de Febrero para informarle de lo que había averiguado:

“Los dirigentes del partido federal en Buenos Aires, con quienes el general Guido me puso en comunicación, me hicieron ver la falta completa de organización que hay aquí en pro de los intereses del Gobierno del general Urquiza; la necesidad de proporcionar fondos para promover la elección de un gobernador que defienda sus intereses; la importancia de establecer un diario en Buenos Aires en el interés del Gobierno Nacional; y la ayuda que pueda prestarse al partido federal de esta ciudad en el momento de las elecciones con una fuerza militar colocada por el general Urquiza -con algún pretexto- cerca de la frontera Norte de la provincia, no para actuar, sino para alarmar al Gobierno de Buenos Aires y obligarlo a mandar tropas a la frontera que podrían ser utilizadas como intimidación en las próximas elecciones”(44).

(44) Christie a Clarendon, 27 de Febrero de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 199, Nro. 22. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Sorpresivamente, Urquiza convino en apoyar la campaña considerando todos estos puntos. Guido partió de mala gana para Montevideo, acercándose de este modo a la escena de acción. Su candidatura, no obstante, parecía imprevisible, por cuanto los cabecillas opositores no daban señales de querer apoyarlo. Tampoco se ponían de acuerdo sobre la candidatura de Torres(45).

(45) Guido a Urquiza, 20 de Febrero de 1857; E. Lahitte a Urquiza, 28 de Febrero de 1857; B. de Irigoyen a Urquiza, 27 de Febrero de 1857, todos en el Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Hasta la formación de una lista de candidatos, que todos los elementos de la oposición pudieran apoyar en las elecciones legislativas, presentaba dificultades. La única cosa sobre la cual todos estaban de acuerdo era que el partido del Gobierno emplearía la fuerza para asegurar el triunfo de sus candidatos.

Por lo tanto, se hicieron algunos esfuerzos por reunir todos los elementos contrarios en un movimiento insurreccional o, más bien, una contrainsurgencia que debía tener lugar a fines de Marzo, es decir en la fecha fijada para las elecciones legislativas. Urquiza convino en apoyar tal movimiento desde la frontera de Santa Fe en el caso en que la ayuda exterior fuera necesaria(46).

(46) Christie a Urquiza, 9 de Marzo de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El grupo político porteño, que había subido al poder por medio de la insurrección de Septiembre de 1852, no estaba menos dividido que la oposición. Conocido a veces como partido unitario y otras como liberal, se resentía por sus divisiones y simpatías.

En las elecciones de Marzo de 1856 para la Legislatura se evidenció una brecha entre los elementos conservadores y progresistas. Aunque ambos grupos eran contrarios a Urquiza, los conservadores favorecían la continuación del statu quo, mientras que los progresistas apoyaban un programa claramente agresivo hacia la Confederación. Los conservadores triunfaron en estos comicios(47).

(47) Alberto Armando Mignanego. “La Elección de Marzo de 1856 en Buenos Aires” (1936), en “Labor del Centro de Estudios Históricos de la Universidad de La Plata”, La Plata. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La actividad de los opositores provocó por fuerza cierta unidad entre los conservadores y progresistas en las elecciones de 1857. La campaña de Torres, las implicaciones de la visita de Christie, la fuerza de los grupos opositores en las zonas rurales de la provincia y el evidente interés de Urquiza, todo sirvió para alertar y unir las filas del partido gubernamental(48).

(48) Saavedra a Mitre, 1ro. de Enero de 1857. “Archivo del general Mitre” (1911-1913), tomo XV, p. 278, (veintiocho volúmenes), Buenos Aires. Un plan esquemático -aunque demasiado simplificado de las divisiones partidistas- presenta Alberto Armando Mignanego en “El Segundo Gobernador Constitucional de Buenos Aires y el Proceso Electoral de 1856/7” (1938), p. 7, Buenos Aires. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La agitada atmósfera de las elecciones de Marzo de 1857 para la Legislatura porteña no tuvo paralelo ni siquiera en esta década de golpes de estado y sediciones. El vicecónsul británico informó a su Gobierno:

“Durante algún tiempo antes de las elecciones, la excitación que prevalecía por toda la ciudad respecto del resultado de estas elecciones, era muy grande; y, aunque se sabía que cada partido hacía preparaciones para utilizar la fuerza en las elecciones, en caso necesario, se temía mucho que la ciudad sufriera una revolución ese día.
“La prensa pública, que mantiene considerable influencia sobre las ideas del público, no obstante su desenfreno, describía una situación a la que no podía dársele otro nombre que el de evolución”(49).

(49) Parish a Clarendon, 2 de Abril de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 202, Nro. 6. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El temor de posibles disturbios llegó a ser tan grande que los agentes extranjeros solicitaron al Gobierno porteño el permiso de desembarcar tropas en el caso de que ocurrieran choques violentos el día de las elecciones.

Aunque el Gobierno aseguró a los agentes que el orden se mantendría, una considerable fuerza naval, británica, francesa, brasileña y española, se reunió en el puerto de Buenos Aires, estando pronta a desembarcar la infantería de marina.
Después de esperar lo peor, nada ocurrió.

El 29 de Marzo se celebraron las elecciones sin que se produjeran más que las acostumbradas pendencias en algunas partes de la ciudad para apoderarse de las mesas electorales. El partido del Gobierno conquistó una sorprendente e indiscutible victoria. La explicación de tal paradoja era relativamente sencilla:

“Cada partido temía al contrario. El Gobierno temía las preparaciones que para una resistencia armada habían sido hechas extensivamente por la oposición y, por último, temía la responsabilidad de un coup d’état (golpe de estado).
“La oposición -que numéricamente era más fuerte- persuadida de que el Gobierno intervendría con la fuerza para impedir que ganaran las elecciones y que un conflicto armado era inevitable: muchos temían salir y votar y creían que si ese día las armas iban a decidir todo, su voto era inútil.
“Así los temores de la oposición, su atención centrada sobre los preparativos de resistencia a un esperado ataque armado y las groseras irregularidades que cometían los agentes del Gobierno en los lugares electorales, permitieron al Gobierno asegurarse la mayoría en hora temprana.
“El Gobierno no tuvo necesidad de atacar y la oposición, que había hecho sus planes para defenderse, tampoco tuvo que defenderse”(50).

(50) Christie a Clarendon, 3 de Abril de 1856 (sic, 1857). Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 199, Nro. 38. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El centro de interés se desplazó entonces hacia la elección de gobernador por la Legislatura. Christie estaba tan complicado como siempre en las maniobras entretelones. A despecho de la victoria del partido del Gobierno en las elecciones de la Legislatura, la división entre los elementos progresistas y conservadores dentro del partido no había desaparecido.

La oposición, que aún no había logrado coordinarse, esperaba que un candidato gubernamental moderado sería elegido y le permitiera así llegar a un arreglo entre Buenos Aires y la Confederación. Juan B. Peña y Manuel Escalada fueron mencionados como posibles figuras para llegar a una componenda(51).

(51) B. de Irigoyen a Victorica, 13 de Abril de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El ministro británico, mientras tanto, entró en una intriga que apoyaba la elección de Norberto de la Riestra, hombre muy favorable a los intereses británicos y que era aceptable para la Confederación(52).

(52) Christie a Clarendon, 2 de Mayo de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 200, Nro. 50. Christie fue entrevistado a fines de Abril por el senador Bosch -de la Legislatura de Buenos Aires- solicitándole que indicase las preferencias británicas por cualquiera de los dos: De la Riestra o Llavallol. Si bien Christie aconsejó que no se dejase sin efecto la candidatura de Peña, agregó que creía que De la Riestra sería considerado un compromiso satisfactorio en todo lo que concernía a Gran Bretaña. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El partido gubernamental al principio había vacilado en nombrar un candidato por temor a abrir una brecha en sus propias filas. Alsina surgió gradualmente como el individuo que gozaba del mayor apoyo legislativo. A mediados de Abril, “El Nacional”, órgano de los conservadores, y “La Tribuna”, el diario de los progresistas, dieron su apoyo a Alsina, indicando así que lo consideraban un candidato transigente dentro del partido del Gobierno.

Alsina, naturalmente, no era querido por la oposición, fuera ésta federalista, rosista o urquicista. Christie se atuvo a los Informes que le dio De la Riestra, según los cuales, en caso de ser elegido, Alsina tendría que renunciar y permitir la elección de un candidato más moderado. Alsina renunció al día siguiente de su elección; pero fue inmediatamente reelecto por una mayoría aún más grande y por consiguiente tuvo que aceptar el cargo(53).

(53) Christie a Clarendon, 3 y 31 de Mayo de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 200, Nro. 51, Confidencial y Nro. 52. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La elección de Alsina, portaestandarte de los debates de Junio y de la insurrección de Septiembre de 1852, fue el indicio del completo fracaso del empeño de Urquiza en lograr la unidad argentina.

c.- Las potencias de Río de la Plata

“En la larga lucha de la Confederación y Buenos Aires, el Gobierno de Paraná procuró siempre afianzar su posición política por el ejercicio de la soberanía exterior. Cuando mayores son las dificultades internas, mayor es el empeño de suscribir pactos internacionales que consagren la independencia y soberanía de la Nación, el reconocimiento de su personalidad constituida ante el derecho de gentes”(54).

(54) Ramón José Cárcano. “Del Sitio de Buenos Aires al Campo de Cepeda”, pp. 411-412, Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Estas palabras de un notable historiador de esta década, nos aclaran la importancia que tenían para la Confederación las relaciones exteriores. Hemos ya examinado los éxitos iniciales y el eventual fracaso de los esfuerzos de Urquiza por lograr la unificación de la Argentina con el auxilio de Europa.

Había, sin embargo, fuentes locales a las que hubiera podido recurrir en busca de ayuda, presión y apoyo contra Buenos Aires. Urquiza siempre había tenido en cuenta estas posibilidades. Al fin y al cabo, había logrado el derrocamiento de Rosas con ayuda del Brasil y, por lo menos, de una facción uruguaya. Por lo tanto, después de la abrogación de los Tratados del statu quo, preocupó mucho al Gobierno de Paraná su posición entre las naciones del Río de la Plata.

El Río de la Plata había sido siempre una peligrosa ciénaga para las ambiciones políticas. Desde 1810, los entrelazados y antagónicos intereses del Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay presentaban posibilidades continuas y explosivas de luchas civiles internas o de guerras internacionales. No faltaban las alianzas políticas o las simpatías que podían explotarse en los distintos países.

Por eso, después de 1856, mientras los roces aumentaban entre Buenos Aires y la Confederación, las dos trataron de despertar simpatías y de obtener alianzas oportunas entre sus vecinas.

La Confederación intentó promover sus intereses en dos de los más profundamente arraigados conflictos del Río de la Plata: la tensión paraguayo-brasileña sobre límites y navegación fluvial y las luchas civiles del Uruguay entre los dos partidos tradicionales.

Buenos Aires ante tales movimientos, reaccionó buscando el medio de proteger sus intereses en las mismas zonas. Al mismo tiempo, los vecinos de la Argentina trataron de obtener ventajas de la división existente entre Paraná y Buenos Aires.

Durante los primeros meses de 1856, en forma simultánea con la ruptura entre Paraná y Buenos Aires, se sucedían importantes acontecimientos en el Río de la Plata. Los roces entre el Paraguay y la Confederación habían alcanzado nuevas alturas a fines de 1855 cuando el Tratado Derqui fue rechazado por el Congreso argentino y la guerra parecía inminente(55).

(55) M. Paz a Urquiza, 21 de Diciembre de 1855. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza; Parish a Clarendon, 2 de Enero de 1856. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 189, Nro. 51. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Es cierto, Tomás Guido llegó a Asunción en Marzo de 1856 para entablar largas conversaciones con el presidente López, pero las buenas relaciones necesitaron varios meses para reanudarse y la firma de un Tratado argentino-paraguayo se postergó hasta Julio de 1856.

El Brasil, mientras tanto, no había podido obtener un Tratado de Límites y Navegación satisfactorio del Paraguay, aun cuando había enviado una flota imperial por el río hasta Asunción en 1855; el Tratado entre los dos países no se suscribió hasta Abril de 1856 en Río de Janeiro.

Por consiguiente, cuando en Febrero de 1856 llegó a Paraná un enviado especial del Brasil, los problemas comunes que los dos países tenían con el Paraguay unieron a los dos Gobiernos; de resultas de ello se firmó un Tratado el 7 de Marzo de 1856. Este Tratado no era una alianza; meramente intentaba estabilizar las relaciones entre la Argentina y el Brasil.

Se garantizaba la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay, y la isla de Martín García, a corta distancia de la costa de Buenos Aires, se declaraba neutral. La independencia del Paraguay fue reconocida y la independencia uruguaya quedó asegurada contra cualquier intervención extranjera.

El artículo segundo, muy significativo, estipulaba que ni el Brasil ni la Confederación apoyarían cualquier enajenación del territorio de la otra o la creación de soberanías independientes dentro de sus respectivos países.

Como se mencionó anteriormente, Christie había notado la actitud agresiva hacia Buenos Aires por parte del Gobierno de Urquiza a su llegada a Paraná en Julio de 1856. Atribuyó esta actitud al reconocimiento de la Confederación por Francia e Inglaterra y al reciente Tratado con el Brasil.

Los sondeos hechos cerca del encargado de negocios brasileño en Paraná le hicieron ver que el Brasil no consideraba que el Tratado con la Confederación implicaba cualquier ayuda contra Buenos Aires o le obligaba a retirar a su agente diplomático de Buenos Aires(56).

(56) Christie a Clarendon, 30 de Julio de 1856. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 194, Nro. 7. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El importante cambio que se produjo en la política franco-británica en el Río de la Plata causó una pronta reconsideración por el Brasil de su actitud en esta cuestión y entonces designó un ministro ante Paraná. Urquiza, sin embargo, en el Tratado del 7 de Marzo de 1856 veía definidas implicaciones de alianza, es decir,
“... que el Gobierno brasileño se había comprometido a cooperar con él para obligar a Buenos Aires a someterse, en la eventualidad de que se proclamase independiente”

El vicepresidente Del Carril explicó a Christie que tal

“... compromiso descansaba probablemente en seguridades verbales hechas al general Urquiza por el vizconde Abacté durante su misión especial a Paraná para negociar el Tratado”(57).

(57) Christie a Clarendon, 31 de Diciembre de 1856. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 195, Nro. 61, Confidencial. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Tales seguridades habrían sido muy lógicas en vista de que el Brasil en aquel tiempo deseaba asegurarse la amistad de la Confederación en el caso de un conflicto con el Paraguay.

La tensión existente entre el Gobierno paraguayo, por una parte, y el Brasil y la Confederación, por la otra, se relajó momentáneamente después de los respectivos Tratados de Abril y Julio de 1856. No obstante, pronto se produjeron dificultades entre el Brasil y el Paraguay sobre el empleo de las vías fluviales interiores.

Con estos nuevos roces, Paraguay se sentía en cierto modo más seguro, porque el Tratado con la Argentina obligaba a la Confederación a permanecer neutral en el caso de un conflicto paraguayo con un tercer poder.

Lo que más interesaba a Urquiza era lograr la ayuda del Brasil contra Buenos Aires. De acuerdo con ello, la idea de cooperar con el Brasil contra el Paraguay a cambio de la presión brasileña contra Buenos Aires, no era de descartar, aun existiendo un Tratado argentino-paraguayo. Christie informó confidencialmente al Foreign Office:

“El vicepresidente me explicó que la Confederación tenía muchas quejas contra el Gobierno del Paraguay por cosas que no habían recibido satisfacción que, no obstante el Tratado, no había hallado ninguna actitud amistosa en el Gobierno del Paraguay, que se había quejado tanto como el Brasil por las estipulaciones sobre la navegación en el río Paraguay y que si el Brasil estaba determinado a declarar la guerra al Paraguay, no faltarían buenas razones para que la Confederación hiciera causa común con el Brasil”(58).

(58) Christie a Clarendon, 31 de Diciembre de 1856. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 195, Nro. 61, Confidencial. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Por lo tanto, Urquiza siguió presionando a los representantes brasileños para conseguir una decidida declaración de ayuda contra Buenos Aires. Comprendía que la flota brasileña sería de inestimable valor en un conflicto con Buenos Aires(59).

(59) Christie a Clarendon, 6 de Marzo de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 199, Nro. 28. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Si bien el conflicto que el Brasil tenía con el Paraguay empeoró progresivamente a todo lo largo de 1857, el Imperio no tenia prisa en apoyar a la Confederación en un choque contra Buenos Aires. Una Argentina dividida convenía a la tradicional política brasileña que siempre había apuntado a la dominación del Río de la Plata.

Entretanto, las extremas dificultades pecuniarias de la Confederación hicieron que el Brasil comprendiese que si necesitaba repentinamente la ayuda de la Confederación contra el Paraguay, podría comprar esa misma ayuda con un empréstito(60).

(60) Christie a Clarendon, 28 de Junio de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 200, Nro. 74. La actitud brasileña fue transmitida a Christie por el ministro brasileño en Paraná durante una conversación privada. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El sagaz diplomático brasileño, José María da Silva Paranhos, fue enviado finalmente al Río de la Plata con varias miras: dar seguridades a Buenos Aires, conseguir el apoyo de la Confederación y negociar con el Paraguay.

El arreglo que Paranhos concluyó con la Confederación era por cierto muy leonino. Brasil ya había indicado a uno de los agentes de Urquiza su voluntad de prestar una pequeña suma a la Confederación(61).

(61) Christie a Clarendon, 8 de Septiembre de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 200, Nro. 95, Confidencial. Con relación a esas negociaciones para un empréstito, Christie añadió: “Mr. Amaral me ha mostrado una carta personal de un amigo que tiene un puesto confidencial en el Ministerio de Relaciones Exteriores en Río, en la que se afirma que el Gobierno brasileño desea y cuenta sobre la cooperación de la Confederación Argentina si Brasil entabla la guerra con Paraguay”. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Paranhos se detuvo primero en Buenos Aires para asegurar al Gobierno porteño que el Brasil conservaría su neutralidad respecto de las dificultades internas argentinas. Luego, unas pocas semanas después en Paraná, concluyó Tratados de Navegación, Límites y Extradición de criminales y esclavos con la Confederación. La primera entrega del empréstito llegó un día después de la firma del Tratado de Navegación(62).

(62) “Rejistro Nacional (los primeros tres volúmenes impresos como Registro Oficial) de la República Argentina que comprende los documentos espedidos desde 1810 hasta 1873” (1879-1884), tomo IV, pp. 130-135, 155, 163-164, seis volúmenes, Buenos Aires. Unicamente la Convención sobre navegación fue ratificada e intercambiada entre los dos Gobiernos. La aceptación de esas Convenciones, no obstante, era la condición obvia del empréstito: Du Graty a Pujol, 9 de Noviembre de 1857. Archivo de Juan Gregorio Pujol, que fue publicado a principios de la década de 1910 bajo el título de: “Corrientes en la Organización Nacional” (1911), tomo VII, p. 151, (diez volúmenes). Editorial Kraft, Buenos Aires; Del Carril a Urquiza, 16 de Noviembre de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Estrechamente relacionado con esta compra de la ayuda de la Confederación en caso de conflicto con el Paraguay era el arreglo paralelo para el establecimiento de una filial del Banco Mauá en Rosario. Antes que Paranhos dejase Paraná para seguir su viaje a Asunción, había la casi completa seguridad de que las dificultades brasileño-paraguayas lograrían una solución amistosa. Por consiguiente, el Brasil ya no tuvo más interés en una alianza con la Confederación(63).

(63) Christie a Clarendon, 4 de Diciembre de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 201, Nro. 140. La pena que experimentó la Argentina por su fracaso en concluir un Tratado era evidente en la carta de Del Carril a Urquiza, 1 (8) de Diciembre de 1857. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza: “Recibí la interesante correspondencia de V. E. fha 11 de Dize y contestando a ella me es satisfactorio decirle que el juicio que V. E. se ha formado de la negociación con el señor consejero Paranhos es aportado y exacto.
“Hemos quedado cortos en la negociación, porque el mismo no ha querido ser más decisivo. Pero está satisfecho de nuestras buenas disposiciones y llegado el caso aceptará la Alianza para todas las cuestiones generales y disidentes.
“No le hemos negado nuestro apoyo moral para ayudarlo a salir del paso por medios pacíficos pero, si llegan a la guerra, están en nuestras manos; si Dios le conserva la vida y el buen humor a V. E.”.
// Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Los rumores de una posible cooperación entre la Confederación y el Brasil, mientras tanto, tendían a acercar el Paraguay y Buenos Aires. Se entablaron conversaciones en Asunción y en la ciudad porteña pero, a medida que la amenaza brasileña disminuía, también lo hacía el interés en una Alianza porteño- paraguaya(64).

(64) Christie a Clarendon, 31 de Diciembre de 1857. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 201, Nro. 142. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Urquiza había pescado en las aguas revueltas entre el Brasil y el Paraguay en 1856 y 1857 y sólo había sacado un empréstito y un Banco. La astuta diplomacia brasileña no tenía intención de prestar su ayuda a la unificación de la Argentina o de pagar un precio más alto que el necesario en salvaguardia de sus intereses en el Río de la Plata.

A medida que se hacía más grave la amenaza de conflicto con Buenos Aires, Urquiza no se arredró ante los primeros fracasos. En 1858 y 1859, la Confederación redoblaría sus esfuerzos no sólo para conquistarse la ayuda brasileña, sino hasta para lograr una Alianza con Paraguay.

Uruguay era otra de las zonas en el Río de la Plata donde Urquiza buscaba ayuda y aliados. Los partidos políticos tradicionales -los blancos, conservadores, y los colorados, liberales- hacía tiempo que habían recurrido a los aliados extranjeros en busca de apoyo en sus luchas internas. La participación de Rosas en el sitio de doce años de Montevideo en favor de los blancos había sido únicamente uno de estos casos llevado al extremo.

Después de Caseros, la alineación de los grupos políticos no estaba más definida en el Uruguay que en la Argentina. La lucha continuaba, sin embargo, a lo largo de líneas partidistas, siempre groseramente divididas entre blancos y colorados.

Cuando la insurrección de Septiembre de 1852 dividió a la Argentina, los colorados simpatizaban con Buenos Aires mientras los blancos obtenían el apoyo de Paraná. Mientras tanto, los cuantiosos intereses económicos del Brasil en Uruguay favorecían al grupo o partido que más prometía la paz y la estabilidad.

Esta situación de guerra civil endémica forzó finalmente al Brasil a trasladar considerables fuerzas militares a Montevideo en 1854 y a establecer un virtual protectorado sobre el país. Sólo en 1856 la elección de Gabriel Antonio J. Pereira Villagrán, candidato de coalición, hizo que hubiera alguna posibilidad de paz interna en el Uruguay.

Un grupo tenaz dentro del partido colorado, encabezado por Juan Carlos Gómez y César Díaz, se negó a someterse al Gobierno de Pereira. Produjéronse revueltas y, después de su fracaso, los cabecillas buscaron asilo en Buenos Aires. En Diciembre de 1857 estalló otra revuelta contra el Gobierno de Pereira, esta vez con el apoyo de uruguayos que habían regresado de Buenos Aires.

El Gobierno de Pereira acusó a las autoridades porteñas de cooperar con César Díaz y de instigar la sedición. En consecuencia, en Enero de 1858, el cónsul de Buenos Aires fue expulsado de Montevideo y se prohibió cualquier comunicación entre las dos ciudades.

Las anteriores invasiones a Buenos Aires desde Santa Fe o desde suelo uruguayo habían demostrado con cuánta facilidad se podía lanzar una invasión desde zonas donde las autoridades simpatizaban con la causa rebelde. Francisco Pico, que por cierto no tenía ningún interés en defender el Gobierno de Alsina, calculó la amplitud de la complicidad porteña desde su posición ventajosa en Montevideo:

“Este Gobierno y todos sus amigos creen que Díaz ha recibido auxilios del doctor Alsina y ha entrado en compromisos con él. Me he procurado sobre esto datos muy seguros y puedo afirmar que no es cierto.
“Lo que hay en el Gobierno de Buenos Aires es una tolerancia culpable de haber dejado embarcar hombres y armamento que sabía venían a hostilizar a este Gobierno; una falta de atención en no contestar a sus reclamaciones; una parcialidad manifiesta descubierta diariamente por su prensa; y una verdadera injuria en estar retardando sin razón el recibir un cónsul oriental que presentó su patente hace dos meses”(65).

(65) Pico a Urquiza, 28 de Enero de 1858. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Entretanto, el Gobierno de Pereira se preocupaba por el éxito inicial de la insurrección y había apelado al Brasil y a la Confederación para que defendieran la independencia uruguaya según las cláusulas del Tratado del 7 de Marzo de 1856. Los transportes de tropas brasileñas inmediatamente entraron en el puerto de Montevideo, mientras Urquiza tenía a sus tropas listas en la otra orilla del Uruguay.

Antes que pudiera tener lugar una intervención conjunta, sin embargo, las fuerzas de Pereira lograron una victoria completa sobre César Díaz en Quinteros. Para disuadir a la gente de seguir haciendo levantamientos, César Díaz y sus oficiales fueron ejecutados en el campo de batalla(66).

(66) Urquiza y el Cuerpo diplomático habían apremiado al Gobierno uruguayo para que perdonara las vidas de los prisioneros, pero sus ruegos llegaron demasiado tarde. Pico a Urquiza, 18 de Febrero de 1858. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Tal desenlace no era el más indicado para llegar a una solución pacífica en el conflicto argentino. Brasil y la Confederación se unieron contra el peligro, emanado de Buenos Aires, que había amenazado la estabilidad uruguaya. Urquiza, luego habría de basar sus renovados esfuerzos para obtener la ayuda brasileña y uruguaya contra Buenos Aires en este acontecimiento.

Mientras tanto, Buenos Aires se sentía herido por la matanza de sus amigos colorados. La determinación porteña de no sucumbir a un Gobierno dominado por las provincias y por un caudillo como Urquiza, fue considerablemente reforzada.

El examen de las tres facetas de la política coercitiva de Urquiza hacia el Gobierno porteño en 1856 y 1857 no puede naturalmente abarcar todos los detalles de las relaciones entre la Confederación y Buenos Aires durante esos años, no obstante, un significativo desplazamiento hacia un conflicto franco era evidente.

La confianza de Urquiza en la política diplomática europea, sus esfuerzos por poner un gobernador afín en Buenos Aires, su búsqueda de alianzas en el Río de la Plata, todo esto demuestra que Paraná estaba determinado a lograr en la Argentina una unidad favorable a las provincias.

El fracaso de estos esfuerzos hacia fines de 1857 hizo que el empleo de la fuerza fuera considerado la única forma de lograr la nacionalidad argentina. El tiempo que le quedaba de presidencia a Urquiza pasaba rápidamente. También pasaba para las provincias. La Confederación tendría que hacer pronto su última puja para dominar a Buenos Aires.

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