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Cepeda y el Pacto del 11 de Noviembre de 1859

El Gobierno de Buenos Aires había apremiado repetidamente a Mitre para que tomase la ofensiva en su campaña contra Urquiza. Mitre, sin embargo, comprendía que las únicas ventajas de que gozaba su Ejército más reducido era el aprovechamiento de las fuerzas de artillería e infantería, que siempre dan mejor resultado en las posiciones defensivas.

Urquiza, por otra parte, estaba más acostumbrado a las maniobras y al empleo de la caballería que siempre había dominado las operaciones tácticas en las guerras argentinas. En consecuencia, cuando las patrullas del Ejército porteño descubrieron -el 21 y 22 de Octubre- que las fuerzas de Urquiza estaban avanzando, Mitre colocó sus tropas en posición de defensa a todo lo largo del lecho del Cepeda, al norte del pueblo de Pergamino.

Las fuerzas de caballería de la Confederación lanzaron un ataque frontal a las posiciones de Mitre el 23 de Octubre y barrieron fácilmente la caballería numéricamente inferior de Buenos Aires. Las fuerzas de infantería de Urquiza no llegaron a la línea de batalla hasta las últimas horas de la tarde.

Aunque el flanco izquierdo del Ejército porteño había sido virtualmente barrido, Mitre pudo reorganizar su centro y su flanco derecho y perder contacto con el enemigo a la puesta del sol. La posición táctica de las fuerzas porteñas no era nada atractiva. Varios años después en una polémica política, Mitre recordaba la situación de esa noche:

“Cuando el general Flores me dio parte que no había podido dar con el parque en la oscuridad de la noche; cuando pasando revista de municiones me encontré con cinco cartuchos por plaza y cuatro tiros por pieza; fue entonces que dije: ‘Ahora recién digo que hemos perdido la batalla’. A las once y media de la noche se emprendía la retirada gloriosa que salvando el honor de nuestras armas salvó también una situación”(1).

(1) Mitre a A. Alsina, 6 de Enero de 1868. “Archivo del general Mitre” (1911-1913), tomo I, p. 56, (veintiocho volúmenes), Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Al amparo de la oscuridad, Mitre abandonó la artillería y los pertrechos de su Ejército y dio orden a sus cansadas tropas de marchar hacia San Nicolás. Allí, dos días después, se embarcaron en transportes y fueron llevadas río abajo a Buenos Aires. Aunque las cañoneras de la Confederación tenían orden de impedir esta operación de la flota porteña, sólo se produjo un breve cambio de cañonazos en las últimas horas de la tarde del 25 de Octubre.

La evacuación que siguió a esta maniobra no sufrió ninguna interferencia y esto por una razón muy sencilla: la Confederación tenía una reserva tan escasa de carbón y éste era de tan mala calidad que las cañoneras no pudieron perseguir los transportes río abajo(2).

(2) Cordero a Urquiza, 24 y 27 de Octubre de 1859. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

En esta forma, Mitre había podido salvar la mayor parte de sus fuerzas de infantería y tenerlas prontas para luchar otra vez. Se construyeron fortificaciones y testeras en puntos estratégicos en torno de la ciudad y parecía muy probable que Buenos Aires iba a presenciar escenas que recordarían las de 1853.

El vicecónsul Parish informó que la situación en Buenos Aires era intranquila e incierta:

“El pueblo tiene un deseo casi universal de paz y observa con ansiedad los esfuerzos de los mediadores extranjeros, pero el Gobierno no parece tener ganas de ceder y está resuelto a jugar la partida y a resistir.
“Si esta demora en las operaciones de Urquiza sigue mucho más, tal vez el Gobierno logre reanimar al espíritu público y reunir los medios para defender la ciudad pero, por lo que puedo juzgar, el Gobierno no goza del apoyo popular y ha perdido la confianza del público por la mala Administración a la que se debe la actual situación desastrosa de los asuntos”(3).

(3) Parish a Russell, 30 de Octubre de 1859. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 216, Nro. 44. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

A fines de Octubre el Gobierno porteño ya no mostraba la misma repugnancia a discutir el Armisticio y la mediación que había mostrado antes de la batalla de Cepeda. El 27 de Octubre, López contestó la carta que Urquiza le había escrito la víspera de la batalla de Cepeda y le informaba que Buenos Aires había aceptado la sugerencia que le habían hecho de enviar a sus comisionados a algún lugar cercano al Cuartel General de Urquiza.

El mismo día, los ministros de Gran Bretaña, Francia y Brasil llegaron de Montevideo y presentaron su ofrecimiento de una mediación tripartita ante el Gobierno de Buenos Aires. Entretanto, el Ejército de la Confederación había empezado su marcha de 250 kilómetros hacia la Ciudad de Buenos Aires y había ocupado una gran parte de la provincia.

Mientras Urquiza se aproximaba a Buenos Aires, el intercambio de mensajes con el mediador paraguayo se aceleró. El 31 de Octubre, Urquiza aseguró a López que recibiría con placer a los comisionados porteños y sugirió como lugar para el encuentro el villorrio de Morón, a unos 24 kilómetros al oeste de Buenos Aires.

Al mismo tiempo pidió a López que enviase una cañonera paraguaya a Montevideo para recoger a Tomás Guido, el principal comisionado de la Confederación.

López encontró ligeras dificultades en Buenos Aires, donde el Gobierno no parecía haber resuelto todavía si le convenía confiar en la mediación de López o en la de los ministros de Francia, Gran Bretaña y Brasil que habían llegado recientemente desde Montevideo. Al comienzo López sólo pudo lograr de las autoridades porteñas la tentadora promesa de que agotarían los esfuerzos del Paraguay antes de recurrir a la mediación tripartita.

Unos pocos días después, empero, Urquiza rechazó los buenos oficios que le ofrecía Brasil junto con Francia y Gran Bretaña y así dejó a López en libertad para encargarse de las negociaciones(4).

(4) F. S. López a Urquiza, 1 de Noviembre de 1859. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza; Thornton a Russell, 20 de Enero de 1860. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 225, Nro. 12. Urquiza estaba muy irritado contra el ministro brasileño, Joaquín T. de Amaral, a causa de las actividades que desplegó en Septiembre y que obligaron a la flota de la Confederación a partir de Montevideo. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

El 5 de Noviembre, dos comisionados de la Confederación, Tomás Guido y Daniel Aráoz, conferenciaron brevemente con Urquiza en su Cuartel General, mientras que su secretario, Benjamín Victorica, efectuó cambios y anotaciones en las proposiciones sugeridas por Guido.

De esta manera, junto con su colega, Juan E. Pedernera, los comisionados se dirigieron a Caseros a caballo donde fueron recibidos por López y los tres comisionados para Buenos Aires, Pastor Obligado, Juan Bautista Peña y Carlos Tejedor. El relato de la reunión -que se celebró al atardecer- proviene del diario de Tomás Guido:

“Los comisionados de una y otra parte agradecieron los buenos oficios del mediador y los de la Confederación preguntaron a los de Buenos Aires si traían formulado algún pensamiento que sirviese de punto de partida para entenderse fraternalmente y, habiendo contestado que ninguno, anuncieles como primeras bases de parte de la República, la declaración solemne de Buenos Aires de considerarse como parte integrante de la Nación y la concesión que ésta hacía de la provincia del libre examen de la Constitución Federal.
“Los comisionados de Buenos Aires quedaron en considerar esta proposición y, después de observaciones generales respecto a las causas y resultados de la guerra, se disolvió la conferencia emplazada para el día siguiente en la Floresta”(5).

(5) "Diario", Tomás Guido, 5 de Noviembre de 1859. Archivo General de la Nación, Archivo Tomás Guido. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Mucho se logró en la conferencia iniciada a mediodía del 6 de Noviembre De sus conversaciones personales con los comisionados, López preparó un borrador en el que presentaba catorce puntos que fueron sometidos a discusión.

Estos puntos se referían a la mayoría de los artículos que se adoptaron más tarde en el Pacto del 11 de Noviembre: un arreglo según el cual la Convención Constitucional debía ser elegida de acuerdo con las leyes de la provincia; la fecha y la forma de introducir enmiendas a la Constitución Nacional; la garantía de que toda la Administración de la provincia -salvo la Aduana- quedaría en manos de la provincia y que tanto sus Gastos como el Presupuesto de 1859, serían asegurados; la abstención de Buenos Aires a desempeñar un papel independiente en las relaciones exteriores; un arreglo según el cual las leyes actuales de aranceles seguirían en vigor mientras un Congreso Nacional no estableciera tasas uniformes; el rehabilitamiento de todos los funcionarios civiles y militares que habían sido desterrados de la provincia desde 1852; y completa amnistía y perdón político.

Los comisionados de ambos bandos convinieron en aceptar en términos generales estas proposiciones, aunque los de Buenos Aires declararon que no habían recibido instrucciones respecto de la rehabilitación de los funcionarios echados.

En la mañana del 7 de Noviembre los principales puntos sugeridos por López se incluyeron en un proyecto final. Tomás Guido escribió en su Diario:

“... tomé entonces la palabra para anunciar a los comisarios de Buenos Aires como condiciones indeclinables, según nuestras Instrucciones, para un arreglo definitivo -el descenso del personal de la Administración actual de la provincia-; el olvido de las causas de la disidencia y consiguiente rehabilitación de los individuos de la lista civil y militar de la provincia desde 1852, por actos arbitrarios de la autoridad; y la conservación de las autoridades civiles que los pueblos de la campaña de la provincia habían reconocido después de la entrada del Ejército Nacional que se hallaba a las puertas de la Ciudad de Buenos Aires.
“El doctor Tejedor ostentó gran sorpresa de escuchar estas proposiciones con el carácter de indeclinables...
“La conferencia terminó cerca de la noche, con la urbanidad mutua que nunca faltó en esta reunión, pero con todos los síntomas de un rompimiento de la negociación”.

Urquiza había establecido en aquel momento su Cuartel General en San José de Flores, sólo a unos cinco kilómetros del centro de Buenos Aires. En la mañana del 8 de Noviembre, López llegó al Cuartel General de Urquiza con la noticia de que el gobernador Alsina se negaba a renunciar a su puesto de gobernador y que, por consiguiente, los comisionados porteños no pensaban salir de la ciudad para celebrar nuevas conferencias.

Siguió a esto un día lleno de afiebrada actividad. Se dieron órdenes al Ejército de Urquiza para que estuviera pronto para atacar la ciudad. La zozobra y los temores de los comerciantes extranjeros se apaciguaron por el desembarco -con permiso de las autoridades porteñas- de infantería de marina británica, francesa y estadounidense para vigilar la Aduana(6).

(6) Hudson a Cass, 12 de Noviembre de 1859. Archivos Nacionales, Departamento de Estado, Ministros de Estados Unidos en Argentina, Despachos, Microfilm Nro. 70, Rollo Nro. 10, Nro. 71. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

A las once de la mañana, los ministros de Francia y Gran Bretaña, Lefebvre de Bécour y Thornton, se presentaron en San José de Flores para ofrecer sus buenos oficios. Urquiza les aseguró que lo que deseaba más era la paz, pero que si no le ofrecían otra alternativa, se vería obligado a atacar la ciudad.

Mientras tanto, en una reunión tumultuosa en la Asamblea de la provincia, habían convenido considerar la solicitud de Alsina de pedir autorización a la Legislatura para rechazar los términos incondicionales que Guido había sometido la víspera a los comisionados porteños.

Los ministros de Francia y Gran Bretaña regresaron a la ciudad para usar toda su influencia en aconsejar a Alsina que renunciase y un grupo de legisladores fue a visitar al gobernador para solicitarle su abandono del puesto.

Finalmente, a las siete de la tarde, López llegó al Cuartel General de Urquiza con el anuncio de que Alsina había renunciado, que el presidente del Senado, Felipe Llavallol, se había hecho cargo del Gobierno de la provincia y que un gabinete formado por Carlos Tejedor, Juan Bautista Peña y Emilio Conesa (después reemplazado por Juan A. Gelly y Obes) había sido nombrado. Tomás Guido nos dejó el relato del dramático final de los acontecimientos de ese día:

“... el general no veía en este cambio la garantía que deseaba para la reconciliación de los ánimos y para el afianzamiento de la paz. Lo consideraba más bien una celada a su buena fe y un medio calculado para frustrar sus miras, inutilizando los sacrificios de una larga campaña; llamó a su secretario y, en presencia del señor López, ordenó se rompiesen las hostilidades.
“Esta medida causó al general López profunda sensación y se cruzaron palabras inspiradas por hondo descontento de una y otra parte, que hubo de degenerar en una seria desavenencia.
“El doctor Dn. Delfín Huergo, que presenciaba esta escena, salió a buscarme y me halló cerca de la sala del general; me pidió encarecidamente entrase a cortar -si me era posible- el progreso de aquel disgusto y tuvo la fortuna de que, aclarados los puntos de la disidencia, los ánimos se calmaran; se dio contraorden a la línea; se envió un propio a la Escuadra argentina para que suspendiese el ataque a Martín García, ordenado de antemano para apoderarse de aquella posición con fuerza de desembarco; y se convino en que la comisión de Buenos Aires saldría en el día siguiente a continuar la negociación pacífica iniciada días antes en Flores.
“El presidente y el general López se despidieron con cordialidad”(7).

(7) “Diario”, Guido, 8 de Noviembre de 1859. En el Archivo General de la Nación, Archivo Tomás Guido. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Obligado había renunciado a su puesto en la Comisión porteña, pero los dos otros miembros llegaron a Floresta el 9 de Noviembre para seguir las discusiones.

Los negociadores continuaron las conversaciones desde el punto en que las habían dejado dos días antes. Se añadió un artículo para admitir la participación porteña en las elecciones presidenciales en caso de que la provincia aceptase la Constitución de 1853 sin enmienda alguna.

Otro artículo estipulaba la rehabilitación de los funcionarios civiles y militares que habían perdido sus puestos desde 1852 debido a razones políticas. Se prescribió un límite de tiempo para la fecha en que debía convocarse una Asamblea Constituyente provincial y para la evacuación de la provincia por el Ejército de Urquiza.

El 10 de Noviembre, López aceptó una disposición que estipulaba que el Paraguay debía garantizar la ejecución de las condiciones del Tratado por ambos bandos.

El Tratado fue inmediatamente ratificado por Urquiza y el Gobierno porteño. Así, el Pacto del 11 de Noviembre de 1859 o de San José de Flores cimentó el primer paso decisivo hacia el logro de la unidad argentina.

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