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LA NACION UNIFICADA. DERQUI, PRIMER PRESIDENTE

... Celebro que tenga usted al doctor Derqui enjaulado como me indica: es uno de los unitarios perros y malos que merecen ejemplar castigo”, le escribía Rosas a Estanislao López,el caudillo de Santa Fe, en carta datada desde Buenos Aires(1).

(1) La carta tiene fecha 4 de Enero de 1836 e integra el volumen “Correspondencia entre Rosas, Quiroga y López” (1958). Recopilación, Notas y Estudio Preliminar de Enrique M. Barba. Editorial Hachette, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Les tres adjetivos del dictador porteño, si correspondían a la prosa conceptual del remitente, no afectarían la biografía histórica del calumniado... Pues Santiago Derqui fue un federal, un hombre y una bondad hechos conducta. Sólo que para serlo era entonces frecuente, en los tiempos de don Juan Manuel, pagar, con la prisión, la voluntad de realizarse...(2).

(2) Santiago Derqui nació en Córdoba el 19 de junio de 1809. Ejerció la presidencia de la República desde el 5 de Septiembre de 1860 hasta el 5 de Noviembre de 1861. Falleció en Corrientes, el 5 de Septiembre de 1867. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires. Es el 1er. Presidente Constitucional de la Nación Argentina en el hecho y en el título, ya que promulgó la reforma de 1860 y gobernó de acuerdo a ella. En él recae la gloria de unir Buenos Aires con el resto de la República. Desempeñó el cargo con el título de Presidente de la Confederación Argentina ya con el país unificado -sobre catorce provincias- que abarcaban cerca de la mitad del territorio actual.

Hijo de don Manuel Derqui y de doña Ramona Rodríguez, cursó en la Córdoba natal estudios de Derecho y a los veintidós años era ya profesor de la Universidad.

Pronto se vio que lo tentaban más los problemas públicos que la docencia y esa inclinación lo llevó al periodismo. Se denominaba “El Amigo del Orden” la hoja que redactó en 1834; en 1835, editó “El Cordobés”, que apareció hasta 1836(3).

(3) C. Galván Moreno. ‘‘El Periodismo Argentino” (1944). Ed. Claridad, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

¿Es preciso aclarar que en la Argentina de aquella época era muy borrosa la frontera capaz de delimitar el periodismo de la política..?

Derqui ocupó una banca en la Legislatura de la provincia y en sus arengas encontró el joven diputado múltiples oportunidades para proyectar su decidida defensa del federalismo y generosos reclamos en favor de la libertad.

Esas banderas doctrinarias agrandaban su mediana estatura, sus ojos oscuros y la elocuencia de su voz. Soñaba con ese recuerdo perdurable de la posteridad que se llama la gloria y no lo ocultaba: “... Si mis esfuerzos fueran vanos y por ellos fuera conducido al sacrificio, tendré la alegría de haber hablado siempre en el lenguaje de los cuidadanos libres”, afirmaba en cierta oportunidad.

Situada en el centro del país, y paso obligado para los caminos que vinculaban Buenos Aires con Cuyo y con el Norte de la República, luego del asesinato de Quiroga en Barranco Yaco (Febrero de 1835), Córdoba experimentó las consiguientes presiones del dictador porteño.

El gobernador elegido por la Legislatura cordobesa, presidida para el caso por el propio Derqui, no fue reconocido por Rosas y debió renunciar. Derqui ocupó por breve tiempo la gobernación con carácter interino hasta que, elegido un gobernador totalmente identificado con Rosas, los antecedentes políticos de Derqui explican su destierro y prisión en Santa Fe. Cuando abandonó la provincia de Estanislao López se marchó a Corrientes.

En Corrientes no buscaba reposar de las fatigas soportadas sino que calculaba incorporarse al único escenario para luchar por sus ideales que entonces mostraba la República.

La palabra lúcida del gobernador don Pedro Ferré ya había enfrentado en 1832 (cuando las provincias del Litoral se reunieron en Santa Fe) a la hegemonía porteña, demostrando cuánta mentirosa declamación ocultaba el federalismo de Rosas...

Este no había aceptado las concretas proposiciones de Ferré, en el sentido de quitar a Buenos Aires la exclusividad fiscal de su Aduana y de encarar una política proteccionista para las industrias provinciales...

No conforme con el planteo doctrinario de su federalismo desoído por Rosas, Corrientes había empuñado las armas resuelta a conquistar con el coraje de sus lanzas y de sus fusiles lo que se le negaba a sus razones ...

Derqui tomó parte activa en la política de Corrientes donde se vinculó con las figuras más descollantes en la vida social y política quienes hallaron en él a un hombre nada vulgar(4).

(4) Mariano de Vedia y Mitre. Capítulo IX del Volumen VIII, de la “Historia de la Nación Argentina” (1962), tercera edición Editorial El Ateneo, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Aunque la declaración de guerra a Rosas verificada por el gobernador Berón de Astrada concluyó -en 1839- con la derrota y muerte del mismo en la batalla de Pago Largo, Pedro Ferré, elegido gobernador, no solamente reiteró la declaración de guerra a Rosas sino que, ampliando el horizonte de la lucha antirosista, tomó contacto solidario con las provincias que integraban la Liga del Norte, constituidas por provincias que en esa región de la República también desafiaban el poder dictatorial del mandatario porteño.

Las fuerzas de Ferré comandadas al principio por Lavalle y luego por Paz, obtuvieron bajo el mando de este último la resonante victoria de Caá Guazú; en las vísperas de la misma, Paz había designado a Derqui su secretario. Luego, al invadir Paz con fuerzas triunfantes la provincia de Entre Ríos y ser elegido gobernador de ella, Derqui pasó a desempeñarse como ministro.

El optimismo que esta etapa de la contienda llegó a suscitar se vio pronto malogrado por desinteligencias de Paz con el gobernador Ferré y la renuncia que el primero hizo a la Jefatura del Ejército lleva también la firma de Derqui como ministro de Paz.

Esta solidaridad seguiría vinculándolos en Montevideo, en donde las grandes condiciones de organizador del general Paz explican que el Gobierno del general Rivera -presidente de la República Oriental del Uruguay, en lucha con el general Oribe, lugarteniente de Rosas- le encargara la defensa de la mencionada ciudad.

Aceptando la difícil tarea, el general Paz decía en una Nota: “No se ha engañado el Gobierno al considerarme dispuesto a defender la libertad de esta República, por cuya independencia tuve la gloria de combatir...(5).

(5) El general Paz recordaba así su participación en la guerra con el Brasil en 1826-1828. Véase “Memorias Póstumas del general José María Paz” (1892), segunda edición, tomo tercero, La Plata. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Pero cumplida la etapa más difícil de lo encomendado a Paz, las discrepancias entre el jefe argentino y el presidente Rivera determinaron el alejamiento de Paz, quien en sus “Memorias...” anotaría: “El día 3 de Junio de 1844, cerca de la noche me embarqué en el muelle de Montevideo en compañía del doctor don Santiago Derqui”.

Este, en efecto, siguiendo los altibajos del destino de su comprovinciano, continuaría acompañándolo en un itinerario en el cual los imponderables de la situación del país le restaban previsiones a sus planes de luchador.

La etapa de Montevideo dejaría sin embargo en las alforjas trashumantes de Derqui, el recuerdo perdurable de una amistad valiosa anudada dentro de los muros de la ciudad que abandonaban: allí conoció y trató a un joven capitán de artillería que se llamaba Bartolomé Mitre.

Mientras tanto, la situación de Corrientes había registrado cambios importantes. Derrotado Ferré y dominada la provincia por personajes adictos a Rosas, un grupo de emigrados correntinos, ciento ocho jefes, oficiales y soldados, al mando de los hermanos Joaquín y Juan Madariaga, cruzaron el río Uruguay y penetraron en su tierra, reiterando su obstinada voluntad de lucha contra Rosas(6).

(6) El cruce del río verificado el 31 de Marzo de 1843, corresponde a la actual Ciudad de Paso de las Libres, nombre evocativo del suceso. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Con la adhesión de fuertes grupos de correntinos que se plegaron a Joaquín y Juan Madariaga, triunfantes éstos, un Congreso de diputados eligió, al primero, gobernador de Corrientes(7).

(7) La elección verificada el 21 de Septiembre de 1843, era para completar un período que concluía el 20 de Diciembre de 1845. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

El general Paz ya había mantenido con los hermanos Madariaga, cuando su permanencia en Montevideo, contactos epistolares; pareció lógico que se pensara nuevamente en Corrientes para hacer de ella y de su devoción antirosista, el escenario donde reanudar la guerra.

Paz y Derqui, después de una breve permanencia en Río de Janeiro, de una “cuarentena” política en la isla de Santa Catalina, arribaron a Río Grande. Dos emisarios de Paz enviados ante el gobernador Madariaga fracasaron al querer obtener que su convenida designación de Supremo Jefe Militar fuera acordada por una ley de la Legislatura correntina y no por un simple decreto del gobernador. De ahí que Paz enviara al doctor Derqui para tratar esta gestión, que Derqui concluyó exitosamente logrando la resolución tal y como Paz la deseaba.

La confianza en Derqui explica también que Paz le confiara una delicada misión en el Paraguay, gobernado entonces por Carlos Antonio López, cuya alianza en la lucha contra Rosas parecía ventajosa.

El presidente paraguayo estaba en conflicto con Rosas porque el dictador porteño se negaba a reconocer la independencia del Paraguay y había decretado la clausura del río Paraguay.

En el curso de las negociaciones que se cumplían con el Gobierno de Corrientes, el mandatario paraguayo “acompañó a una de sus cartas, un papel sin firma en que proponía la Alianza, ‘siempre que se abriese su horizonte y se le hiciese ver la posibilidad de que Corrientes se constituyese, así como el Paraguay, en Estado independiente(8).
Debo decir, que nadie manifestó el deseo de adherirse a la indicación del presidente paraguayo, pero sí de aprovechar la ocasión de estrechar las relaciones existentes y obtener la Alianza(9).

(8) Lo que está en bastardilla figura subrayado en el texto del general Paz.
(9) José María Paz. “Memorias Póstumas del general José María Paz” (1892), segunda edición, tomo tercero, La Plata. // Todo citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Recibido no en su carácter diplomático, sino de modo confidencial, la misión de Derqui, acaso por no aceptar las esperanzas de segregación de Corrientes anónimamente planteadas por Carlos Antonio López, no arribó a ninguna decisión concreta(10).

(10) Decimos anónimamente empleando la misma adjetivación con que la calificara el general Paz, puesto que ella había llegado formulada en un papel sin firma. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Mientras se lucha por la libertad, el corazón tiene también sus reclamos ... y sus luchas... En Corrientes, Derqui se ha enamorado de Modesta Cossio, una joven cuyo hogar visita asiduamente; no ha expresado muy claro sus deseos de matrimonio a la espera de que mejore la situación política... Pero en momentos en que Derqui se ausenta en la breve misión diplomática al Paraguay -más arriba aludida- otro pretendiente se aparece: don Juan Madariaga, hermano del gobernador y miembro del clan de los Madariaga que señorea la provincia... Se trata de un aspirante peligroso; tiene dicho, desde siempre, que no concibe pueda haber una muchacha que lo rechace para marido...

Cuando Derqui regresa se decide a hablar y proceder... Aprovechando la ausencia temporaria del rival apura la boda que el sacerdote, temeroso de represalias, vacilaba en consagrar; pues don Juan, que fracasado como tal, ha recibido sin abrir los obsequios de telas y onzas de oro remitidas a Modesta, no ha callado sus amenazas...

Estas reducen las visitas amigas a los recién casados; es peligroso malquistarse con el clan... La política se mete con el amor... Y recíprocamente: Juan Madariaga sacó al asunto del lógico nivel doméstico para asegurar “que el casamiento de Modesta era un insulto hecho a la patria, y que la causa de la libertad sentiría los efectos del insulto sufrido...(11).

(11) José María Paz. “Memorias Póstumas del general José María Paz” (1892), segunda edición, tomo tercero, La Plata. // Todo citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Y la verdad es que el episodio agravó las disidencias entre el general Paz y los Madariaga; éstos no perdonaron a Paz el que Derqui después de triunfar en el amor siguiera colaborando con él...

Los recaudos planteados por Paz antes de aceptar la Jefatura Militar de los correntinos para dirigir la lucha contra don Juan Manuel, resultarían inoperantes. Sus amplias atribuciones en el Comando castrense suscitaron celos políticos y fueron retaceadas.

Las divergencias, tan comunes en el bando opositor de Rosas, reaparecieron cuando se trató de adoptar un plan de lucha frente a la vecina provincia de Entre Ríos y el desacuerdo de Paz y de los Madariaga epilogó con su alejamiento, del cargo primero y del país después. Solidario con él, Derqui tomó también el camino de la expatriación.

Paz y Derqui no volverían a coincidir; el pronunciamiento de Urquiza contra Rosas, fechada el 1 de Mayo de 1851, los vería en actitud distinta. Paz, aunque espiritualmente adherido al pronunciamiento, creyó que su presencia, dados sus antecedentes de unitario, podría perturbar el movimiento:

... Preciso es tener presente que la revolución actual es de federales, sin que por eso deje de ser muy justa y muy benéfica al país...”, decíale a un amigo en carta particular escrita desde Río de Janeiro(12).

(12) La carta de Paz está dirigida a don Domingo Oro y tiene fecha 23 de Septiembre de 1851. Figura en José María Paz. “Memorias Póstumas del general José María Paz” (1892), segunda edición, tomo tercero, La Plata. // Todo citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Derqui, en cambio, reapareció en la vida pública argentina entre las figuras de primer plano. Su capacidad intelectual largamente probada y su patriotismo sin tacha fueron solicitados por el vencedor de Caseros, erigido en el Pacto de San Nicolás, suscripto por todas las provincias excepto la de Buenos Aires, “Director Provisorio de la Confederación(13).

(13) Trabajo de Mariano de Vedia y Mitre. Capítulo IX del Volumen VIII, de la “Historia de la Nación Argentina” (1962), tercera edición Editorial El Ateneo, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La Córdoba natal, que quince años atrás viera a Santiago Derqui partir de ella desterrado y preso, lo elegía diputado al Congreso Constituyente de Santa Fe y el Congreso lo designaría a poco, para presidir las trascendentes deliberaciones de las cuales resultó aprobada la Constitución Nacional(14).

(14) Inclusive Derqui participó de la Comisión Redactora de la Constitución a la cual se incorporó en la Sesión del 23 de Febrero de 1853 cuando el Congreso consideró conveniente aumentar el número de miembros de la misma. (Véase: Emilio Ravignani. “Asambleas Constituyentes Argentinas”, tomo IV, p. 464). // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En esas altas horas de las cosechas merecidas, Derqui debió sentir que sus luchas no habían sido vanas y que “su haber y su consejo”, presente en las resoluciones del Congreso, no se habían esterilizado en rutas extraviadas...

Desde Caseros, Urquiza era -sin disputa- la estrella polar en la política argentina. En concreta escala personal, ella dio el rumbo a la vida de Derqui, quien mereció desde el comienzo la confianza del libertador.

Este le confió, antes de la elección de Derqui como diputado por Córdoba, y “... constándole las aptitudes y recomendables circunstancias que en él concurren” una misión diplomática ante el Gobierno de Carlos Antonio López, el mandatario de Asunción.

Como Encargado de Negocios(15), suscribió el reconocimiento argentino de la independencia del Paraguay y un Tratado de Comercio, de Navegación y de Límites.

(15) La designación de Derqui tiene fecha 24 de Abril de 1852. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Sobre este último aspecto, “el presidente paraguayo impuso su tesis a la inexperiencia de nuestro plenipotenciario, pues si bien reconoció el derecho argentino sobre Misiones, adjudicóse el territorio del Chaco. Triunfo momentáneo, pues el primer Congreso legislativo rechaza la cesión(16).

(16) Beatriz Bosch. “Urquiza y su Tiempo” (Octubre de 1971). Ed. Eudeba, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En el seno del Congreso Constituyente de Santa Fe, Derqui perfiló su participación en los debates, apoyando con sistemático fervor al pensamiento y la orientación de Urquiza.

Así por ejemplo, cuando al discutirse los Tratados con Estados Unidos, Francia e Inglaterra sobre libre navegación de los ríos, debieron considerarse las objeciones de la provincia de Buenos Aires que no integraba la Confederación y negaba a Urquiza el derecho de comprometer en esos Tratados la fe de la Nación.

Derqui no sólo sostuvo la posición política de Urquiza, sino que atacó violentamente la de Buenos Aires. En el Congreso, si aplicáramos el lenguaje de nuestros días, diríamos que Derqui integraba, respecto de las divergencias entre Buenos Aires y la Confederación, la “línea dura” de esta última.

En su historial, cabe recordar que a pocos días de Caseros ya había figurado en el grupo de provincianos representativos del Interior que intentó influir ante Urquiza para que se declarara por decreto -como vigente- la Ley de Capitalización de Buenos Aires sancionada por el Congreso del año 1826, base legal de la Administración de Rivadavia, y el proyecto rivadaviano de 1827 de dividir en dos provincias el territorio de la de Buenos Aires(17).

(17) Véase en la obra de Gustavo Gabriel Levene, la referencia a este tema en el capítulo correspondiente a Bernardino Rivadavia. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Sancionada la Constitución y realizadas las correspondientes elecciones, tocóle al doctor Derqui -como presidente del Congreso- tomar el juramento a Justo José de Urquiza y Salvador María del Carril que lo prestaron como presidente y vicepresidente de la Confederación Argentina, respectivamente. En la ceremonia, Derqui manifestó que

... el Congreso Constituyente, con la conciencia de su lealtad y el conocimiento de la voluntad de sus comitentes, cree haber llenado su mandato...”. “...Os agradezco, Señor Presidente, en nombre del Soberano Congreso, las honrosas calificaciones que habéis hecho de sus tareas constituyentes. Vuestra aprobación es una de las recompensas dignas del patriotismo ardiente y puro de sus miembros...”.

Al constituir su gabinete, Urquiza confió a Derqui el ministerio de Justicia e Instrucción Pública.

Salvo el Ministerio de Guerra y Marina, los desempeñó todos como titular o interinamente durante el curso de la presidencia del general Urquiza. Pero fue sobre todo su ministro titular del Interior en los momentos más difíciles de la política del general Urquiza, frente a la provincia de Buenos Aires, segregada del resto del país(18).

(18) Trabajo de Mariano de Vedia y Mitre. Capítulo IX del Volumen VIII, de la “Historia de la Nación Argentina” (1962), tercera edición Editorial El Ateneo, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En Paraná, residencia del Gobierno de la Confederación, el vicepresidente Del Carril asumía interinamente la presidencia en oportunidad de las largas y frecuentes ausencias de Urquiza que alternaba sus permanencias en Paraná con las que cumplía en su estancia de San José.

Derqui compartía con Del Carril los prestigios del poder; su diversificada actuación ministerial agrandaba, sin duda, su figura.

Del Derqui ministro de la Confederación han dejado documentada información biográfica, observadores sagaces que entonces lo frecuentaron regularmente... “una cabeza de ángulo facial abierto, de cuello grueso, como engastado en los hombros, revelando todo el conjunto de los rasgos fisonómicos (que no se descomponían fácilmente, sino ante una seria contrariedad) un espíritu maduro y un carácter varonil, con más firmeza que prudencia y actividad.

Se vestía con sencillez, de negro, y nada externo acusaba en él pretensiones mundanas...”. Y aludiendo -con expresa intención comparativa- a la emulación que las aspiraciones de Del Carril y de Derqui a suceder a Urquiza en la presidencia estaban señaladas, la misma pluma explicaba:

... Ambas casas eran muy visitadas; la de Derqui para todo lo que era hombre de acción o de armas llevar. La casa de Carril era un cenáculo; se murmuraba entre dientes contra el ‘libertador’.
La de Derqui era un club político...”; “... Derqui salía poco. Al contrario de Carril que no despachaba nunca en su casa, Derqui despachaba todo en la suya, donde la hospitalidad era casi constante.
Todo el que algo quería iba a buscar a Derqui: él daba cosas; Carril, palabras y cortesías. Carril recibía en su sala, nadie penetraba en su interior. Derqui recibía en la cama...(19).

(19) Lucio V. Mansilla. “Retratos y Recuerdos”. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Otro contemporáneo de Derqui, aludiendo a más trascendentes características de éste ha escrito:

... Hombre de ingenio claro, de sagacidad profunda, vivía en alternativas constantes de indolencia y de actividad, de inspiraciones ardientes y frecuentes desmayos, de fría languidez y de indiferencia a veces estoica, a veces epicúrea; tan rápido en la acción cuando obraba a impulsos de su ambición cuanto lento y hasta inerte cuando preso de su incurable escepticismo, desconfiaba de todos los éxitos y desesperaba de todos los hombres.
Entonces, su voluntad y acción eran penosamente arrastrados por la iniciativa y caluroso empeño de sus amigos y partidarios, porque los tenía ardorosos y decididos; lo que desde luego muestra que en ese comercio de amistad y recíprocos servicios en que cada uno da de lo suyo, él sabía también desprender algo o mucho de sí, abnegado y afectuosamente en favor de aquéllos...(20).

(20) José M. Zuviria. “Los Constituyentes del 53”. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Colaborador directo de Urquiza, Derqui aparece suscribiendo las Notas que jalonan las cambiantes etapas de ese largo forcejeo que fue la disputa entre la Confederación y Buenos Aíres. Hasta ha podido afirmarse que “fuera de toda duda, y aparte de la tensión de los espíritus, la literatura del señor Derqui era cáustica”.

No cuesta aceptar que Derqui mojara su pluma en el tintero del cordobés que, educado en el federalismo, seguía soportando a disgusto la hegemonía porteña. De cualquier manera, cuando el conflicto rebalsó toda solución pacífica, los prolegómenos de la guerra civil coincidían con el final del período gubernativo de Urquiza.

Para suceder al vencedor en Caseros, dos candidaturas se habían insinuado: las de Salvador María del Carril y la de Santiago Derqui. No tardó en desvanecerse la primera, objetada por una cláusula de la Constitución que establecía que el vicepresidente y el presidente no podían ser reelectos si no mediaba un período gubernativo.

De ahí que, a poco de la victoria lograda en Cepeda por el Ejército de la Confederación sobre las tropas de Buenos Aires(21), la convocatoria a elecciones en todo el país, verificadas en Septiembre(22) pudieran ser juzgadas por el Congreso reunido en Paraná el 6 de Febrero de 1860.

(21) Cepeda se libró el 23 de Octubre de 1859.
(22) De estas elecciones no participó la provincia de Buenos Aires. // Todo citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

El escrutinio de ese día señaló el triunfo de Derqui, quien obtuvo 72 votos contra 46 del señor Fragueiro(23).

(23) Mariano Fragueiro, en ese entonces gobernador de Córdoba. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Para el cargo de vicepresidente, al no lograr ninguno de los dos candidatos -ni Marcos Paz ni el general Pedernera- la mayoría de votos requerida por la Constitución, el Congreso, acaso escuchando la opinión de Derqui, eligió al general Pedernera.

En carta particular a Urquiza, escrita luego de su proclamación por el Congreso y cuando todavía Urquiza permanecía en la presidencia, Derqui le expresaba:

Mi querido presidente y amigo:
Recuerdo que cuando comuniqué a usted mi nombramiento de presidente, le envié un abrazo que después le di personalmente. Espero que usted me lo devolverá a su llegada a ésta.
Hay una enorme diferencia de circunstancias, que me complazco en reconocer y es que vuestra excelencia debió su nombramiento a su propio prestigio y a su alta importancia nacional, y yo le debo el prestigio que me ha dado Vuestra Excelencia y a la ilimitada confianza que le he merecido a la que he procurado y procuraré corresponder toda mi vida”.

La gestión presidencial de Santiago Derqui no sería fácil. Urquiza dejaba el Gobierno pero un poder personal intacto seguiría acompañándolo. Desde luego las vinculaciones con la política de Entre Ríos, vinculaciones enraizadas en viejos lazos familiares y amistosos... Su fortuna particular, cuantiosamente invertida en campos, ganados, empresas de transporte, casas de comercio, etcétera, suscitadora por tanto de innumerables fuentes de trabajo, era otra importante dimensión de la personalidad de Urquiza que no podía disimularse...

El mismo día que Derqui asumió el Poder Ejecutivo(24) designaba a Urquiza “General en Jefe de los Ejércitos de la Confederación”. Legalmente tenía pues Urquiza las armas del Gobierno bajo sus órdenes...

(24) El 5 de Marzo de 1860. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Además, concluida la presidencia de Urquiza, el territorio de Entre Ríos dejó de estar federalizado y la provincia, luego de recuperar su autonomía, eligió a Urquiza gobernador de ella...

Legalmente Urquiza era la autoridad en una jurisdicción en donde el Congreso y el Poder Ejecutivo Nacional -residentes en Paraná- sólo resultaban huéspedes y Benjamín Victorica, yerno y confidente político de Urquiza, era nombrado por Derqui, ministro de Guerra y Marina de la Confederación...

Sin embargo, sobre la solidaridad política y los firmes vínculos de la amistad existentes hasta entonces entre estos dos hombres, pronto soplaron su discordia los vientos insidiosos de las desconfianzas y de los recelos...

Lo prueba esta carta particular de Derqui, fechada el 22 de Septiembre de 1860 en la cual, después de llamarlo “mi estimado amigo y compadre(25) y contestando una del vencedor en Caseros, le expresa:

Veo que a usted le molesta la atmósfera de chismes que se ha levantado entre nosotros, como me molesta a mí no porque yo les dé valor ni crea que usted se los dará, y sí por el efecto que ellos causan en personas que no se paran en examinarlos y compararlos con los hechos...
... No me sorprende esta infame maniobra que ya esperaba y que le predije a usted antes y después de mi recepción de presidente. Estaba pues preparado para el lance y ninguna impresión puede hacer en mí aunque la revistan de todas las apariencias de que es capaz la astucia más refinada.
Sería un imbécil a mis propios ojos si creyese en una red que he visto tendida con anticipación. ¿Qué quiere usted que crea de todo lo que se dice y hayan tomado su nombre, cuando todos los días estoy viendo le que se dice y se hace tomando fatalmente el mío..?";... Confieso a usted, mi querido compadre, que me hago una gran violencia para hablar sobre esto, porque creo indigno de nosotros, hasta que nos ocupen un rato esos pobres enredos de bodegón, cuyo origen casi en su totalidad está en Buenos Aires donde me consta hay una pandilla organizada, compuesta de hombres que ven en la paz pública y en la unión de la familia argentina un golpe mortal a sus intereses personales...”.

(25) El término compadre alude al padrinazgo de Derqui para con uno de los hijos de Urquiza. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En la grave cuestión de la segregación de Buenos Aires respecto de la Confederación iba a ser donde Derqui encontraría las mayores dificultades para una amigable coincidencia con Urquiza.

Después de la batalla de Cepeda -victoria lograda por Urquiza- se habían iniciado gestiones que, prolongadas por un Armisticio, parecieron marchar muy resueltamente hacia una solución.

Facilitó ésta el general Mitre, quien luego de su designación como gobernador de Buenos Aires inició con Derqui una correspondencia particular en la cual evocaba “las amistosas relaciones que habían mediado entre ambos en época en que defendieron bajo una misma bandera la causa de la libertad del Río de la Plata(26).

(26) Mitre aludía a la amistad cultivada con Derqui en 1844, cuando el sitio de Montevideo por Oribe, el lugarteniente de Rosas. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En su respuesta, Derqui menciona cordialmente “el tan grato recuerdo de una antigua amistad...”.

En verdad cada uno de estos dos hombres representativos de los bandos en conflicto tenía, dentro de sus respectivas filas, partidarios de actitudes intransigentes que dificultaban el arreglo(27).

(27) El lector debe recordar que dada la índole del presente material, no corresponde ahondar aquí la explicación de los hechos históricos, limitándose las referencias correspondientes al obligado aspecto tangencial que ellos tienen con el carácter biográfico del protagonista. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Había pues que superar muchos obsesivos partidismos y muchos viejos odios anteriores, pero la buena voluntad de los grupos más conscientes, acaso por ser los más sensibles, terminaron por hallar los caminos de la convivencia y los puentes para unir las dos orillas.

Una prueba concreta de la unificación del país y de la mutua confianza establecida entre Derqui y Mitre es la comunicación del primero en que le manifestaba al gobernador de Buenos Aires:

Deseo dar a ustedes(28) participación en el gabinete nacional. Tengo vacante la cartera de Hacienda, que el doctor Alberdi no aceptara, y nombraré para desempeñarla a alguna persona popular en ésa que usted me indique(29).

(28) Uds., en el sentido de los hombres de la provincia de Buenos Aires.
(29) “Aunque es sorprendente la invitación de Mitre a Derqui, no mencionaba el hecho de que Urquiza también había sido invitado. Derqui, por lo tanto, escribió a Urquiza que proyectaba visitar Buenos Aires y declaraba que Victorica y él luego informarían de los resultados a Urquiza”. Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires. // Todo referenciado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Aceptado el ofrecimiento, el doctor Norberto de la Riestra -indicado por Mitre- fue nombrado ministro de Hacienda del Gobierno de la Confederación.

Derqui es el primer Presidente de la Nación Argentina en el hecho y en el título, ya que promulgó la reforma de 1860 y gobernó de acuerdo a ella. En él recae la gloria de unir Buenos Aires con el resto de la República. Desempeñó el cargo con el título de Presidente de la Confederación Argentina ya con el país unificado -sobre catorce provincias- que abarcaban cerca de la mitad del territorio actual(30).

(30) Antes de Derqui blandieron el título de "Presidente" Rivadavia y López y Planes, que sólo gobernaron Buenos Aires, y Urquiza, que gobernó sin Buenos Aires. Santiago Derqui fue el primer presidente de la República Argentina al gobernar sobre las 14 provincias (Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Jujuy, La Rioja, Mendoza, Salta, San Juan, San Luis, Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán) unificando la Nación.

Ensanchando los puentes, Derqui acude con su esposa, como Urquiza con la suya, a Buenos Aires, aceptando así la invitación del gobernador Mitre para festejar, reunidos, el 9 de Julio de 1860, el aniversario de la Declaración de la Independencia argentina. Y en Buenos Aires, Derqui comparte la alegría de los agasajos oficiales y el banquete de la masonería que el 21 de Julio otorga a Derqui el grado 33, es decir el de máxima jerarquía(31).

(31) Se trata de la misma ceremonia masónica que otorgó idéntica jerarquía a Mitre, Urquiza, Sarmiento y Gelly y Obes, estos últimos ministros de Gobierno y Guerra y Marina, respectivamente de la provincia de Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Y sin embargo, sería precisamente a raíz de esta visita “conjunta de Derqui y Urquiza a Buenos Aires, que se multiplicarían los celos y recelos entre estos dos hombres tan solidarios hasta entonces en la vida pública y privada.

Mr. Thornton, el Encargado de Negocios de Gran Bretaña ante el Gobierno de la Confederación, informaba a su Gobierno:

El general Urquiza fue visitado por miles de personas de todas las clases y partidos...”; “... ha hecho lo posible para conquistarse el favor de los porteños; su manera de hablar sigue siendo la del dirigente principal de los concilios de la Confederación y, por hablar más de lo que acostumbra, pone en aprietos al presidente...”; “... el señor Derqui, por otra parte, recibe mucho menos visitas, pero pienso que aunque Su Excelencia distaba de ser popular en Buenos Aires antes de su llegada o aún en los primeros momentos, sus maneras tranquilas, el buen sentido y la inteligencia han inspirado sentimientos favorables hacia él...”; “... y que ha ganado muchos partidarios(32).

(32) El Informe tiene fecha 25 de Julio de 1860 y está citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires. // Referenciado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Y el Informe del diplomático británico concluía con esta penetrante observación:

Pero desde hace un tiempo los celos han surgido entre Su Excelencia y el general Urquiza, que no se convence que ya no es más presidente de la Confederación; mucho debe este sentimiento a las circunstancias de esta visita y se necesitará mucho tacto por parte del señor Derqui para prevenir que se convierta en una brecha, en cuyo caso el general Urquiza buscará el apoyo de Buenos Aires(33).

(33) James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La desconfianza que reinaba entre los dos dirigentes de la Confederación o, por lo menos, entre sus partidarios, había colocado a Derqui y a Urquiza en la extraña posición de rivalizar por los favores de Buenos Aires(34).

(34) James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

No mejoraría la situación la concurrencia de Derqui y Mitre al Palacio San José -residencia de Urquiza- para celebrar juntos el aniversario de los Pactos de 11 de Noviembre de 1859, que después de Cepeda habían prolongado -dijimos- el Acuerdo de la Confederación y Buenos Aires.

En San José, la conferencia, según confidencias de uno de los participantes, “se ha reducido a ‘comer, pasear y bailar’, palabras de nuestro amigo, el doctor Del Carril. El Capitán General ha hecho los honores de la Casa, sin preocuparse de la política (sin mostrarlo al menos).

El presidente Dormilón ha dormido en efecto, y para hacerlo más completamente se ha llamado a enfermo. El general Mitre ha tomado campo...
Si desaliento había antes de la conferencia; si todos temían de la situación, esos temores se han aumentado considerablemente(35).

(35) Carta de Luis José de la Peña a Juan María Gutiérrez, del 16 de Noviembre de 1860, en la obra de James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires. El subrayado lo está en el original. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La inferioridad económica de la Confederación con respecto a Buenos Aires ya se había manifestado patente durante la presidencia de Urquiza y, reducido consiguientemente, la jerarquía política de ella.

Claro está que las disidencias entre Urquiza y Derqui no harían sino aumentar esa pérdida de jerarquía y beneficiar a Buenos Aires. Las desavenencias entre los mismos federales seguirían siendo un factor importante en la hegemonía porteña.

En efecto, ellas facilitaron a Mitre hallar aliados en algunas provincias del Interior (Corrientes y Córdoba entre otras) y robustecer así su influencia en el plano nacional.

Una grave crisis se produjo cuando episodios de violencia ocurridos en San Juan desbordaron el marco de esa provincia y resultaron encarados con criterio distinto por los hombres de Buenos Aires y los de la Confederación y, aún dentro de ésta, con marcadas divergencias entre Derqui y Urquiza.

La situación se tornó beligerante cuando los diputados elegidos por Buenos Aires para incorporarse al Congreso Nacional fueron electos de acuerdo a la ley provincial y no a la ley nacional, circunstancia que originó el rechazo de sus diplomas -verificado por el Congreso- y la resolución de exigir una nueva elección.

La provincia se consideró agraviada por el rechazo y como se negara a convocar a nuevas elecciones, el Congreso Nacional reunido en Paraná declaró a Buenos Aires en estado de sedición y autorizó al Poder Ejecutivo a intervenir en ella...

Otra vez la unidad argentina, tan laboriosamente obtenida, desembocaba en la discordia y ésta en el enfrentamiento armado; Cepeda no había resultado ser la última batalla entre la Confederación y Buenos Aires. En las proximidades del arroyo Pavón chocan los Ejércitos de la Confederación -mandados por Urquiza- y el de Buenos Aires, comandado por Mitre(36).

(36) La batalla de Pavón se realiza el 17 de Septiembre de 1861. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

La victoria obtenida por Mitre con increible prontitud, fue facilitada en sus consecuencias por Urquiza quien, sin intentar reorganizar las tropas, emprendió -al frente de las fuerzas entrerrianas que directamente le estaban subordinadas- una inmediata retirada.

Atravesó con ellas el Paraná y esperó por poco tiempo los acontecimientos. Luego, en una marcha melancólica -camino de su Palacio en San José- evidenciaría que por propia decisión se consideraba excluido de la dirección de la guerra.

A ella había concurrido sin ilusiones y sin esperanzas... La poca salud que decía experimentar en esa época habría contribuido a desalentarlo para perseverar en una contienda en la que sólo veía acrecentarse los obstáculos para la unidad de la Nación.

Aunque abandonado por Urquiza, el presidente Derqui intentó continuar la lucha. Nombró Jefe del Ejército de la Confederación al general Virasoro; delegó en el vicepresidente Pedernera el Poder Ejecutivo; y marchó hacia Rosario. Luego, con el apoyo del gobernador de Santa Fe, don Pascual Rosas, intentó organizar tropas que se opusieran a Mitre.

Pero la derrota de Juan Benjamín Virasoro coincidiendo con gestiones de avenimiento entre Buenos Aires y Urquiza iniciadas por éste con emisarios enviados ante Mitre, convenció a Derqui de la inutilidad de proseguir la guerra.

El 5 de Noviembre de 1861 se embarcó en el navío de guerra inglés “Ardent” después de una Nota dirigida al general Pedernera, en la que le manifestaba su “separación de hecho” del cargo de presidente, por considerar que su permanencia en él podía ser un obstáculo para solucionar la situación de la República.

Anunciaba que enviaría al Congreso de la Confederación la renuncia correspondiente y que marchaba al exterior, en voluntaria expatriación. Se asiló en efecto en Montevideo, cual si hubiera aceptado alejarse definitivamente de la vida pública, aunque la renuncia prometida no llegó a concretarla nunca.

Casi dos años después, Derqui reaparece sorpresivamente en Corrientes, donde residían su esposa y su hijos. “Busca reconstruir su casa y el consuelo de su familia. Apenas se conoce su arribo, el gobernador Lagraña le notifica que debe constituirse en prisión para ser juzgado. Vuelve a emprender el camino del destierro...(37).

(37) Ramón J. Cárcano. “La Guerra del Paraguay (Acción y Reacción de la Triple Alianza)” (1941), tomo I, (dos volúmenes). Ed. Domingo Viau, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Cuando en viaje de Paraná a Rosario se encuentra con un viejo amigo, el cónsul paraguayo don José Rufos Caminos, en la hora de las confidencias suscitadoras de esperanzas, Derqui le confía a su interlocutor lo que proyecta:

... Dígale a mi compadre (alude a Urquiza) que estoy resuelto a cooperar y ayudarlo en la obra de la reorganización, ofreciéndole hasta mi persona por si quiere tenerla como bandera del movimiento. Delegaré en él mi autoridad como presidente de la Confederación y haré en este sentido todo cuanto a él le fuese conveniente...
Residiré en Concepción del Urugauy o al punto que designe en la provincia de Entre Ríos para cooperar a su obra...”.

¡Cooperar a su obra! ¿Pero es que Derqui no comprende que es precisamente la meditada actitud de Urquiza lo que hizo de Pavón algo irreversible..?

¿Pero es que Derqui ignora que hace ya un año, desde Octubre de 1862, el Congreso Nacional funciona en Buenos Aires y ya por ese entonces Mitre es el segundo presidente de la Argentina unificada? ¿Es que Derqui sueña pueda reiniciarse el enfrentamiento de la Confederación y Buenos Aires..?

La lógica respuesta de Urquiza baja el telón sobre semejante pesadilla:

... Yo tendría la mayor satisfacción de ofrecer a mi compadre para su residencia la provincia de mi mando, si no considerase que en esta provincia y en la de Corrientes, el Gobierno Nacional tendrá sus motivos para proceder contra el doctor Derqui...(38).

(38) La contestación de Urquiza a José Rufos Caminos es de fecha 19 de Octubre de 1863. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Respuesta que por otra parte impone el preguntarse: ¿Por qué ha dado Derqui este absurdo paso en falso?

¿Qué drama alucinante pertubaba a este hombre a quien parecían no haber aplomado ni las alturas del poder ni esa elemental sabiduría que traen los años densos en psicología humana que atesora la política?

¿Lo desubicaban acaso los sinsabores de las cárceles y destierros o las nostalgias del hogar del que estuvo ausente tanto tiempo o los agobios de la pobreza que habían hallado en Derqui un vencido irremediable..?

Tal vez lo más lógico sea no parcializar la indagación.. . Y suponer que en el recodo final de esta existencia tales factores se sumaron, explosivamente, hasta provocar el estallido de una de esas crisis oscuras que le quitan -a quienes las sufren- voluntad de lucidez...

Lo cierto es que sin comprender el misterio de Pavón, Derqui se había ido a Montevideo. Pudo haberse llegado a Buenos Aires a congratular a Mitre como lo hicieron Del Carril, Gutiérrez, Seguí, Huergo, Zavalía, Ferré, Gorostiaga, Godoy, Llerena, en fin, todos sus compañeros sobrevivientes del Congreso de Santa Fe.

Pudo hacerle llegar (Mitre al fin y al cabo le debía su ascenso a Brigadier) algún chisme de confianza como lo hizo Urquiza. No quiso. Cargó con la responsabilidad de todos.

Fue chivo emisario por su propia inercia. Los vencedores eran sus amigos y le hubiera sido fácil gestionar su benevolencia o cantarles la palinodia; pero aceptó su destino con indolencia. Tal vez con satisfacción.

Lo que sí está documentado es que cuando se fue de este mundo, Santiago Derqui seguía cabalgando en la miseria: la familia careció de los recursos para enterrar, en modesta sepultura, al ex presidente de la Confederación...

Vivió humildemente en Montevideo hasta 1864; las estrecheces que pasó indujeron al canciller del Gobierno de Mitre, Rufino de Elizalde, a ayudarlo a regresar a Corrientes.

A fines de ese año, Derqui puede volver a Corrientes, junto a su esposa y sus hijos. Mejora su fortuna. Empieza a ejercer la abogacía y atiende su pequeña chacra “Santa Catalina”. Cuando estalla la Guerra del Paraguay, su correspondencia demuestra la atención y la angustia con que seguía esas peripecias. Isidoro J. Ruiz Moreno transcribe párrafos que lo muestran como “un minucioso cronista de la guerra”.

Cuando el mariscal Francisco Solano López invadió por sorpresa la ciudad en Abril de 1865, Derqui se negó a prestarle apoyo, lo que lo llevó a la cárcel brevemente.

Cuando la ciudad fue reconquistada por las tropas argentinas, volvió a la cárcel por sospechoso de haber colaborado con la invasión. Al salir, se encerró en su casa para siempre.

Antes de que concluyera la sangrienta contienda, murió en Corrientes el doctor Santiago Derqui, el 5 de Septiembre de 1867, "en la pobreza más extrema”, según algunos historiadores.

Sus restos demoraron un par de días en inhumarse, a causa de aquella excomunión que le había impuesto el obispo Benito Lascano más de tres décadas atrás. Sea por enemistad personal con el obispo de la diócesis -el mismo Lascano a quien había expulsado de Córdoba 37 años antes-; o por ser masón; o por la imposibilidad de sufragar los gastos del funeral, sus restos permanecieron varios días insepultos hasta que una moción popular logró que se le enterrase en el cementerio de Corrientes.

Levantada la sanción por gestiones del doctor José Roque Funes, pudo ser enterrado en el hoy Santuario de la Santísima Cruz de los Milagros, en la Ciudad de Corrientes. Allí yacen hasta hoy los restos del “presidente olvidado”, como lo llama León Rebollo Paz, en “una urna de rica madera con el escudo argentino tallado”.

Su nombre bautiza calles y escuelas pero -estudiosos aparte- la inmensa mayoría del público ignora quién fue y qué hizo.

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