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El Pacto de Junio de 1860

El Pacto del 11 de Noviembre de 1859 sólo había preparado el andamiaje de la incorporación gradual de Buenos Aires a la Nación. Como hemos visto, la falta de una clara definición de las responsabilidades y relaciones entre los Gobiernos de Paraná y Buenos Aires dio origen a muchos problemas financieros y políticos durante la primera mitad de 1860.

Por lo tanto, el viaje de Vélez Sársfield a Paraná se verificó no sólo con el intento de hallar una solución al inmediato problema de las enmiendas porteñas a la Constitución, sino con el de resolver también las dificultades fundamentales financieras y políticas.

Mitre, cuando redactó las Instrucciones que debían guiar a Vélez Sársfield en su misión, le indicó que tres puntos principales eran los más apropiados para ser discutidos y negociados:

“1.- Arreglos inmediatos por lo que respecta a la convocación, reunión y composición de la Convención ad hoc (para aceptar las enmiendas porteñas con arreglo al artículo Quinto del Pacto del 11 de Noviembre).
“2.- Arreglos anticipados por lo que respecta al interinato que debe mediar hasta tanto que Buenos Aires se incorpore a la Nación, ya sea aclarando el Convenio del 11 de Noviembre, ya sea estipulando lo que de común acuerdo convenga a ambas partes con arreglo al espíritu del mismo.
“3.- Arreglos anticipados por lo que respecta a la incorporación de Buenos Aires a la Nación y, muy especialmente, en lo relativo a su Aduana y Ejército y garantía de su Presupuesto por cinco años”(1).

(1) Museo Mitre. “Sarmiento-Mitre. Correspondencia, 1846-1868” (1911), “Cartas inéditas del general Bartolomé Mitre”, Nro. 9.534, Buenos Aires; publicado en “El Nacional”, 15 de Junio de 1860. En el texto original, Mitre emplea la palabra “comisionados” -es decir, en plural- en vez de usarla en singular, ya que evidentemente pensaba enviar a Norberto de la Riestra y a José Mármol para acompañar a Vélez Sársfield. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Las Instrucciones de Vélez Sársfield daban una clara indicación de las pretensiones y temores de los porteños que ya hemos estudiado con alguna amplitud en la Convención Constituyente de la provincia. Respecto del asunto de la Convención ad hoc, Mitre no preveía ningún problema importante.

El Pacto del 11 de Noviembre había prescrito que los representantes serían elegidos de acuerdo con el número de habitantes de cada provincia, dando así una considerable voz a Buenos Aires en las deliberaciones.

La falta de todo censo exacto en las provincias hizo que Mitre aconsejara al comisionado porteño que encontrase algún otro medio para el prorrateo de los representantes, tal vez una referencia a los diputados asignados a cada provincia por la Constitución de 1853 en la primera reunión del Congreso.

Mitre, no obstante, destacó deliberadamente una condición que le permitía en cierto modo frenar la elección de enemigos de Buenos Aires a la Convención: los delegados debían residir en las provincias que representaban. Asimismo, se ordenó a Vélez Sársfield que obtuviese la seguridad de que la Convención no se reuniría en Paraná o en la provincia de Entre Ríos, sino preferiblemente en Rosario.

Las Instrucciones de Mitre en lo relativo a la Aduana eran también extensas y subrayaban la poca voluntad que los porteños mostraban por entregar el elemento clave del predominio político y económico de la provincia:

“Reconociendo que la Aduana, con arreglo a la Constitución y al Pacto del 11 de Noviembre debe ser regida por las leyes del Congreso de la Confederación, desde que Buenos Aires se incorpore a la Nación y envíe sus diputados al Congreso, pero estando afectas a Gastos Provinciales, los comisionados contraerán todos sus esfuerzos a dejar establecido por lo que respecta al régimen interno de la Aduana, que continuará Buenos Aires con la administración de ella, sin perjuicio de la intervención y superintendencia que ejerza el Gobierno Nacional por medio de Comisarías u otro medio que halle por conveniente...
“Es indispensable que Buenos Aires quede en posesión de la administración de la Aduana por cuanto sus Entradas están afectas, además de su Presupuesto garantido, a la Deuda extranjera, al crédito público interior, a las emisiones de papel moneda y a otras obligaciones sagradas que representan una poderosa masa de intereses y que, por lo lauto, si la Aduana de Buenos Aires hubiese de ser solidaria de las obligaciones y gravámenes que pesan sobre otras Aduanas de la Confederación (tales como los bonos de la Aduana del Rosario admisibles en pago de derechos) la garantía sería ilusoria y los intereses vinculados a las rentas de Aduana de Buenos Aires se alarmarían y serían perturbados.
“Pueden agregar también que aún cuando por el momento este arreglo es indispensable, es muy probable y aún casi seguro que, antes de la expiración de los cinco años, Buenos Aires desee desprenderse de la administración de la Aduana como de una atención gravosa para el orden provincial, para lo cual es de absoluta necesidad que previamente se establezca la confianza, lo que no podrá tener lugar sino por esta combinación”.

Estrechamente vinculadas con la insistencia de Mitre de que Buenos Aires retuviera el control estratégico sobre la administración de su Aduana, eran las estipulaciones que se referían a la garantía de cinco años del Presupuesto provincial por la Tesorería Nacional.

Vélez Sársfield recibió órdenes de obtener seguridades de que esta garantía cubría todo el Presupuesto de la provincia, incluso los pagos de los empréstitos locales y extranjeros.

Estas salvedades y aclaraciones financieras del Pacto del 11 de Noviembre implicaban que sólo se lograría la unidad cuando los intereses porteños estuvieran seguros dentro del cuadro de un Gobierno Nacional.

Esencialmente, el período de cinco años en que la Tesorería Nacional sólo recibiría el exceso de las Entradas provenientes de los aranceles de Buenos Aires luego que los Gastos de la provincia hubieran sido pagados, dejaba en pie la coexistencia de dos Gobiernos y poderes separados en la Nación Argentina.

Al mismo tiempo se dieron Instrucciones explícitas a Vélez Sársfield sobre otra cuestión estrechamente vinculada a la incorporación: el Ejército de la provincia.

La superintendencia sobre este Ejército debía quedar en manos porteñas, ya que
“... se halla tan vinculado o más que la Aduana a los intereses provinciales de un orden preferente que no pueden ser sacrificados sin crear la alarma y sin producir resistencias a la misma unión que el Gobierno se empeña en llevar a cabo”.

Las Instrucciones permitieron una sola concesión:

‘‘Además de lo prevenido anteriormente, los comisionados quedan autorizados, para ofrecer al Gobierno de la Confederación a fin de obtener la adquiesencia a otros arreglos, y como una muestra de los sentimientos cordiales que animan a Buenos Aires, hasta la suma de un millón de pesos m/c mensual para Gastos de la Confederación, a cuenta de los excedentes del Presupuesto para cuando se reúna la Nación, empezando a hacer la entrega de esa suma aún antes de verificada la incorporación de Buenos Aires”.

Vélez Sársfield llegó a Paraná a fines de Mayo. Primero, no lo acogieron de muy buena gana. No se envió ningún vehículo para recibirlo en el puerto ni tampoco se presentaron funcionarios del Gobierno para saludarlo. Sin embargo, pronto pudo informar sobre algunos adelantos en sus conversaciones personales con Derqui, cordobés como él:

‘‘Por la mañana del día de ayer (29 de Mayo) le pedí una hora al presidente para hacerle una visita particular y tuvimos los dos solos una tirada de dos horas sobre la materia mostrándole sus conveniencias y la de la Confederación de la unión con Buenos Aires.
“Al concluir ya estaba con otras y mejores ideas ... Anoche Carril -que está con nosotros y que me ha visitado- me ha mandado decir que mi conferencia con el presidente lo ha hecho variar de opinión y que tuvo una reunión de ministros luego que yo salí...
“Yo tengo esperanzas de buen resultado, aunque me costará mucho. Vd. no puede figurarse la mala disposición y la agitación que había a mi llegada”(2).

(2) Vélez Sársfield a Sarmiento, 30 de Mayo de 1860. Museo Histórico Sarmiento, “Epistolario entre Sarmiento y Posse” (1946-1947), tomo II, p. 214, (dos volúmenes), Buenos Aires. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Derqui había llamado a Benjamín Victorica, ministro de Guerra, para que participase en las discusiones con Vélez Sársfield. Aunque a Victorica y a Daniel Aráoz se los nombró posteriormente para que llevaran a cabo las negociaciones oficiales con el comisionado de Buenos Aires, la mayor parte de los asuntos fundamentales se analizaron en las charlas personales entre Vélez Sársfield y Derqui(3).

(3) Thornton a Russell, 19 de Junio de 1860. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 226, Nro. 55. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

No caben dudas de que el negociador porteño supo aprovechar la rivalidad latente entre Derqui y Urquiza. Si llegara a producirse una desavenencia entre el presidente y el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, cualquiera de ellos tendría que pedir ayuda a Buenos Aires. Por cierto, si Derqui quisiera afirmar su independencia de Urquiza, en cuya provincia él y el Gobierno Nacional eran huéspedes, sólo podría hacerlo aliándose con Buenos Aires.

Al mismo tiempo, desde el Pacto del 11 de Noviembre, Urquiza -al parecer- había intentado hacer las paces con Buenos Aires. Thornton, poco después de su llegada a Paraná, había forjado la teoría de que el principal objetivo de Urquiza en su campaña contra Buenos Aires había sido debilitar a los partidarios de la insurrección de Septiembre y posibilitar el regreso de los habitantes que habían sido expulsados de la provincia desde 1852.

En consecuencia, a despecho de los rumores de guerra, a principios de 1860, Thornton llegaba a la siguiente conclusión:

“Pero una vez logrado su objetivo personal y libre del asunto de los emigrados, dudo mucho que favorezca nuevamente una expedición a Buenos Aires y, si la realizara el partido federal, es probable que prefiera que se las arreglen solos.
“Ejerce también un dominio casi completo sobre los habitantes de su provincia, sin cuyo contingente ningún Ejército puede formarse”(4).

(4) Thornton a Russell, 20 de Enero de 1860. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 225, Nro. 11. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

La compra de varias casas y fincas por Urquiza en Buenos Aires -en Mayo de 1860- daba más fuerza a esta tesis(5).

(5) Thornton a Russell, 19 de Mayo de 1860. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 226, Nro. 48; Parish a Russell, 28 de Mayo de 1860. Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 228, Nro. 10: “La posición de Urquiza es tal que puede lograr con su influencia un arreglo; ambas partes reconocen su influencia y ahora parece que desea retirarse de la vida pública y asegurar su posición y sus bienes contra cualquier contingencia futura. Fue cortejado por el general Mitre y su partido y, por la manera cómo recibió estos agasajos muestra que tiene más confianza en Buenos Aires que en el actual Gobierno Nacional”. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

En vista de que Urquiza aceptó más tarde el Convenio de Junio y de sus calurosos elogios a la participación de Victorica en las negociaciones(6), es necesario analizar un poco más el origen del Convenio, por cuanto en ese documento se hallan las semillas de la discordia entre Derqui y Urquiza que habrían de desempeñar un papel tan importante en los próximos meses de 1860 y 1861.

(6) Urquiza a Victorica, 10 de Junio de 1860. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Una carta -que Benjamín Victorica escribió a Urquiza el 4 de Junio- señala el hondo desacuerdo respecto de las primeras proposiciones de Vélez Sársfield:

“Después de tantas manifestaciones de ardorosos deseos de unión por parte del comisionado, ellas han venido a producirnos el efecto de un balde de agua fría a un acalorado.
“Buenos Aires nos ofrece pagar el viático a los convencionales, en cambio de meternos el papel moneda, administrar todas nuestras rentas, puesto que los efectos introducidos en aquella Aduana serán libres en las nuestras; reformar la Constitución que ellos no respetaron durante cinco años; etc., etc.”(7).

(7) Victorica a Urquiza, 4 de Junio de 1860. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza; Ricardo Levene. “Historia de la Nación Argentina; desde los orígenes hasta la organización definitiva en 1862” (1936-1950), tomo VIII, p. 379. // Todo citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

En San José, Urquiza reaccionó en forma parecida ante esas proposiciones:

“Pero cuando leí los dos proyectos de convenio, presentados como bases para nuestros arreglos, le confieso que no pude menos de exclamar: ¡Escándalo! ¡Maldad inconcebible!”(8).

(8) Urquiza a Victorica, 3 de Junio de 1860. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

Durante el 4 y 5 de Junio, Vélez Sársfield, Victorica y Derqui mantuvieron repetidas conferencias y se efectuaron arreglos en los proyectos que el comisionado porteño había sometido al comienzo(9).

(9) Victorica a Urquiza, 4 de Junio de 1860. Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

De estas conversaciones surgió el Convenio de Junio, firmado el 6 de Junio y que, por lo menos superficialmente, satisfacía a todos. Los primeros artículos estipulaban la elección de delegados y la convocatoria de la Convención ad hoc en Santa Fe en Septiembre de ese mismo año.

Sobre este particular, las Instrucciones de Mitre habían sido ejecutadas al pie de la letra: los convencionales tenían que residir en las provincias que representaban, aunque Santa Fe sólo estaba separada de Paraná por el río, por lo menos la Convención no se celebraría en la provincia de Entre Ríos; y se usó como base para la Convención la misma proporción de diputados para cada provincia que en la Constitución de 1853.

Por lo que respecta a la incorporación de Buenos Aires, se le permitió administrar las rentas de sus Aduanas y su Ejército como un Estado independiente hasta que sus representantes se unieran oficialmente al Congreso y este Cuerpo promulgase nuevas disposiciones.

Representaba esto cierta desviación de las Instrucciones que había dado Mitre y se debía a la mala impresión que había causado a Victorica y a Urquiza la moratoria de cinco años. El comisionado porteño convino asimismo elevar el subsidio a un millón y medio de pesos papel por mes, reembolsable tan pronto como el Convenio fuera ratificado por ambas partes.

Como compensación parcial, el papel moneda porteño podría circular libremente en la Confederación y sería aceptado en pago de aranceles en cualquier lugar de la Nación.

Era visible el hecho de que Buenos Aires no había aún entregado ningún elemento importante de su soberanía o poder al Gobierno Nacional. Aun en el terreno de las Relaciones Exteriores -que Buenos Aires había confiado teóricamente a Paraná en Noviembre- el Gobierno porteño seguía ejerciendo su soberanía: el cargo diplomático de Balcarce llegaba a su fin el 1 de Julio, pero siguió ejerciendo sus funciones como agente privado porteño.

El gobernador de Buenos Aires y el gobernador de Entre Ríos seguían manteniendo su poder en asuntos financieros y militares, a la par de las autoridades nacionales.

El Convenio de Junio quizá llevara implícita la promesa de llegar -con el tiempo- a la unidad, pero por el momento sólo reconocía y consolidaba la autonomía porteña. Urquiza y Derqui, cada cual por su lado, se sintieron tentados a fortalecerse cortejando a Buenos Aires.

Los indicios de esta división futura ya eran visibles en la ratificación del Convenio por la Legislatura de Buenos Aires. Uno de los representantes, que había formado parte de la minoría en la Convención Constitucional porteña, escribió a Juan M. Gutiérrez:

“El Convenio del doctor Vélez hubiera encontrado fuertes resistencias en estas Cámaras si no hubieran sido las maniobras del peón sanjuanino (Sarmiento, ministro de Gobierno); dijo que tenía seguridades de la buena fe con que el doctor Derqui se prepara a contrariar la influencia del general Urquiza de cuyo despotismo es necesario emanciparse. Con esto la oposición quedó reducida”(10).

(10) L. Domínguez a Gutiérrez, 15 de Junio de 1860, en Biblioteca del Congreso de la Nación Argentina, tomo III, pp. 9, 20. // Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964). Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires.

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