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Los hermanos Virasoro en Cuyo. Asesinato de José Antonio y Pedro Virasoro

- El contexto nacional y regional

Desde Caseros hasta Pavón la vida nacional estuvo signada por la división. La insurrección porteña del 11 de Septiembre de 1852 inició la etapa de la escisión nacional. Durante los nueve años siguientes la oposición de los dos regímenes que representaban a la Confederación y a Buenos Aires, llevó a los contendientes a resolver sus diferencias en el campo de batalla.

En ese marco conflictivo, las provincias iniciaron la serie de Gobiernos constitucionales, cuya suerte estuvo ligada en ocasiones a las influencias que se manejaban desde los dos centros de poder.

En Cuyo, entre los años 1854 y 1856 se dictaron las Constituciones de las tres provincias, dando lugar a los primeros Gobiernos constitucionales: Manuel José Gómez Rufino, en San Juan; Mauricio Daract, en San Luis; Juan Cornelio Moyano, en Mendoza.

Los trágicos sucesos ocurridos entre los años 1858 y 1860 en San Juan, alterarían las relaciones entre las tres provincias y sumarían un ingrediente decisivo en el enfrentamiento de los dos Estados en que se dividía la Nación.

- La Confederación Argentina y Buenos Aires

Luego de promulgada la Constitución comenzaron a correr los días de la presidencia de Urquiza, acompañado en la fórmula por Salvador María del Carril. Desde la separación de Buenos Aires, se suscitaron episodios que ahondaron la brecha entre ambas entidades. El Tratado de Convivencia de Enero de 1855 puso una frágil barrera de contención a los enconos de una y otra parte.

Pero no iba a durar demasiado tiempo la paz. En Octubre de ese mismo año, el general José María Flores invadió Buenos Aires, cuyo Gobierno envió tropas para contenerlo. Tras el enfrentamiento en Laguna del Cardoso, la montonera se retiró hacia el norte, perseguida por las fuerzas porteñas que entraron a territorio santafesino.

Inmediatamente, Costa desembarcó en Zárate, donde se le unieron algunos militares. Cercado por Mitre y Conesa, el 31 de Enero de 1856, la matanza de Villamayor puso un nuevo hito en la lucha entre la “civilización” y la “barbarie”. De los 140, 15 lograron escabullirse y salvar sus vidas; los demás fueron ultimados con Costa a la cabeza.

A la enérgica protesta del Gobierno de Paraná, Buenos Aires respondió acusándolo de connivencia con los invasores. Se denunció la Convención del año anterior, pero por el momento no hubo guerra.

Mientras la Confederación avanzaba difícilmente en el aspecto financiero, “chupandinos” y “pandilleros” disputaban la supremacía en Buenos Aires. El 3 de Mayo de 1857, Adolfo Alsina aseguraba el triunfo de los segundos en una elección a la que la oposición no concurrió, por el terror desplegado por el otro bando.

Tras el escenario donde se movían los dos Gobiernos, la diplomacia del patacón del gabinete imperial buscaba la alianza de Urquiza contra el Paraguay, en caso de que López no quisiera modificar la reglamentación fluvial que molestaba al Brasil.

En Noviembre de 1857 se firmaban los Tratados de Navegación, Extradición y Límites, rápidamente ratificados por Urquiza y el emperador, aunque el Congreso recién lo haría un año después.

Trece días más tarde, Paranhos firmaba el protocolo por un empréstito de 300.000 patacones al Gobierno de Paraná. Con este alivio financiero otra podía ser la postura frente a Buenos Aires. La situación, mientras tanto, se complicaba cada vez más. Tras la hecatombe de Quinteros, Paraná envió el ultimátum a Buenos Aires para que examinara la Constitución.

El rechazo del Gobierno porteño puso las cosas al borde de la guerra. Urquiza confiaba en la supuesta alianza brasileña, cuya vaga promesa sólo sirvió para que el Congreso aprobara los Tratados de Límites y de Extradición .

Cuando se negociaba la frustrada Alianza (Octubre de 1858), el asesinato de Benavídez en San Juan atizó los enfrentamientos entre los dos Gobiernos, y en medio de mutuos recelos corrió también el ajetreo político de la campaña electoral, con dos nombres: Del Carril y Derqui.

Detrás del primero se embanderaron los gobernadores de tendencia liberal: Gómez Rufino, Fragueiro, Paz, Taboada; tras el ministro del Interior, los que recelaban de los porteños: López, Cáceres.

A toda costa, el vicepresidente intentó impedir la guerra con Bueños Aires. Pero los sucesos de San Juan terminaron sepultando definitivamente su candidatura y la precaria paz. Con la presencia de Virasoro al frente de la provincia cuyana, Derqui tenía abiertas las puertas a la presidencia(1).

(1) José María Rosa. “Historia. Argentina” (1969), tomo 6: “El Cisma (1852-1862)”, pp. 531 y ss. Ed. J. C. Granda, Buenos Aires. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

- Cuyo al promediar la década del ’50

Los años que corrieron entre Caseros y Pavón fueron pródigos en problemas para las tres provincias cuyanas. El enfrentamiento que mantuvo dividida a la Nación se proyectó en la política interna, donde la preeminencia de uno u otro partido era de vital importancia para arrimar aliados al campo de la Confederación o al de Buenos Aires.

Con el fantasma de la guerra a nivel nacional como telón de fondo, se desenvolvieron los acontecimientos que pusieron la nota sangrienta en esta etapa de la historia regional y, como consecuencia de todo ello, actitudes de mutua desconfianza y recelo y de recíprocas acusaciones que dejaron heridas y resentimientos entre los tres pueblos.

a.- Mendoza
El 20 de Abril de 1856, Juan Cornelio Moyano asumió como primer gobernador constitucional de Mendoza. Su gestión ha sido estudiada por los historiadores locales a quienes nos remitimos a fin de no repetir conceptos. Importa aquí destacar sus relaciones con la oposición dentro de la provincia y con los Gobiernos de las otras dos de Cuyo, al mismo tiempo que su actitud frente a la escisión nacional.

Con respecto a la primera, el choque se manifestó cuando la Legislatura dio por terminado su mandato en Febrero de 1859. Elegida la nueva Sala, se acusó al gobernador de influir para que resultaran electos sus partidarios y la oposición solicitó la Intervención Nacional. Moyano falleció en Marzo y, al mes siguiente, Pascual Echagüe asumió la Intervención.

Coincidió el Gobierno de Echagüe con los primeros tiempos de la Intervención del coronel Virasoro en San Juan. Al retirarse Echagüe, el Gobierno recayó en León Correas -que renunció- y, luego, Laureano Nazar. A éste correspondió afrontar las críticas por su actuación en momentos de producirse el terremoto de Mendoza.

En cuanto a las relaciones con San Luis, Moyano protestó por la ley de pasturaje, votada en aquella provincia, y “El Constitucional” también se expresó desfavorablemente.

Más aún, al producirse el asesinato de Benavídez, este periódico no trepidó en suponer connivencia del gobernador Daract con el Gobierno de San Juan. Urquiza, empeñado en mantener la paz, exigió a Moyano la retractación del periodista.

El Gobierno de Mendoza manifestó fundados recelos ante la presencia de Gómez Rufino al frente de San Juan. Trató de salvar la vida del general Benavídez, fracasando en ese intento y, por otra parte, según la correspondencia que más adelante encontramos, sospechó la existencia de una trama entre los grupos unitarios de las tres provincias para tratar de volcarlas a favor de Buenos Aires.

Con respecto a la Confederación, Moyano apoyó la actitud de Paraná frente a la provincia rebelde(2).

(2) P. S. Martínez y otros. “Historia de Mendoza” (1979), pp. 99-101. Ed. Plus Ultra, Buenos Aires; también J. Scalvini. “Historia de Mendoza” (1965), pp. 246-256. Ed. Spadoni, Mendoza. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

b.- San Luis
El 20 de Noviembre de 1855 se promulgó y juró la Constitución Provincial, basada en el proyecto que Alberdi redactó para Mendoza.

Realizadas las elecciones de representantes para doblar la Sala y elegir gobernador, el nombramiento recayó en Justo Daract, quien inició su gestión el 11 de Abril de 1856.

La obra desplegada por este Gobierno, de notable gravitación en la historia de San Luis, ha ocupado la atención de los historiadores puntanos, por lo que nos eximiremos de comentarla. Nos interesa destacar la actitud de Daract frente a los Gobiernos de Cuyo, con los cuales trató de mantener relaciones cordiales.

Con respecto a Mendoza, además del incidente ya señalado, debemos agregar su actitud ante el periódico “La Actualidad”, fundado por Manuel A. Saez. Desde sus columnas, el periodista se dedicó a atacar al Gobierno de Mendoza.

Esta conducta fue observada por el general Pedernera quien -desde Paraná- hizo saber al gobernador el desagrado de Urquiza ante actitudes que propendían a suscitar divisiones y enfrentamientos entre los pueblos.

Señalamos la exigencia de Urquiza a Moyano. Digamos que Daract, por su parte, rescindió el contrato con el periódico de su provincia, que cerró sus páginas el 30 de Diciembre de 1858.

Ante la división del país, Daract dio su apoyo al Gobierno de la Confederación y lamentó la resistencia del partido gobernante de Buenos Aires a la unión nacional.
A Daract lo sucedió en el Gobierno el general Pedernera, bajo cuyo mandato los vecinos se pronunciaron en contra del Gobierno de Buenos Aires. Su breve gestión coincidió con la Intervención del coronel Virasoro en San Juan y la de Echagüe en Mendoza.

Al frente de tropas de la División del Sud marchó a la campaña contra Buenos Aires que culminó en Cepeda. En Febrero de 1860 su nombre quedó asegurado para integrar la fórmula presidencial acompañando a Derqui. Al mes siguiente, el coronel Juan Sáa asumió la gobernación de San Luis(3).

(3) U. Núñez. “Historia de San Luis” (1980), pp. 406 y ss. Ed. Plus Ultra, Buenos Aires; José María Rosa. “Historia. Argentina” (1969), tomo 6: “El Cisma (1852-1862)”, pp. 258-259. Ed. J. C. Granda, Buenos Aires. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

c.- San Juan
Era la cuna del vicepresidente y de Sarmiento. Allí, la lucha entre unitarios y federales hizo correr sangre. Su papel en el conflicto nacional era importante y así lo entendieron unos y otros, tratando de volcarla a su favor. Durante casi veinte años había sido gobernada por el general Nazario Benavídez que era -en 1855- la garantía del partido federal y el apoyo más firme del Gobierno de Paraná.

En 1855, tras la renuncia de Benavídez, asumió el Gobierno el coronel Francisco Díaz. Dicen de él los historiadores A. de Varese y Arias:

“Representó la transición entre los viejos tiempos y la política de Paraná, no siendo impermeable a las tendencias liberales que se hacían sentir en el ambiente; podemos afirmar que fue conciliador”(4).

(4) C. P. de Varese y H. Arias. “Historia de San Juan” (1966), p. 283. Ed. Spadoni, Mendoza. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Correspondió a su gestión el dictado y sanción de la Constitución de la provincia, en el año 1856. Pero su breve Gobierno quedó marcado por el conflicto suscitado con el provisor, don Timoteo Maradona, quien gobernaba la diócesis en sede vacante por la muerte del obispo Quiroga Sarmiento.

Este prolongado conflicto hizo crecer la agitación contra el gobernador y el 17 de Marzo de 1857 una insurrección encabezada por Benavídez dio por tierra con el Gobierno de Díaz.

Al mes siguiente, el interventor nacional Nicanor Molinas se hizo cargo del Gobierno. El estado de desunión en que se encontraba San Juan quedaba reflejado en la correspondencia, tanto del interventor cuanto de otros personajes que escribían a Urquiza, algunos de ellos acusando a Benavídez de dejarse guiar por malos consejeros.

Molinas explicaba por su parte:

“Los acontecimientos del 17 de Marzo no han sido de un hombre ni de una facción política, sino un resultado necesario de la corrupción y relajamiento que los cohechos repetidos del Ministerio de Gobierno habían producido en todos los ramos de la Administración”.

Las pasiones políticas que agitaban San Juan se comprueban en otras cartas. Durán y Montero coincidían en señalar la nefasta influencia de Rojo sobre Benavídez y lo acusaban de desprestigiar al partido liberal.

Díaz, por su parte, advertía a Urquiza la necesidad de eliminar la posible influencia de Rojo, Sarmiento y Rawson sobre el nuevo gobernador. Benavídez, a su vez, consideraba que el Gobierno no debía pertenecer a los partidos extremos para poder lograr la tranquilidad, pero dudaba del resultado de las elecciones:

“De todos modos, uno de los dos bandos del partido disidente llevará el triunfo y, según eso, variarán también los candidatos al Gobierno constitucional”(5).

(5) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VI, folios 568-570; 576-577; 583-584; 590-592; 613-614; 633-640; 615-617; 629-630; 648; 652-653; 660-661; 671-673; 662-664. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

La situación de San Juan era decisiva para Cuyo y para la Confederación.

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