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San Juan bajo el Gobierno de Gómez Rufino

El período de la historia de San Juan que se inició con Gómez Rufino teminó trágicamente. La muerte del general Benavídez, columna de la federación en el Oeste, añadió un componente más al enfrentamiento entre la Confederación y Buenos Aires. Otra vez se presentaba la guerra civil.

- Facciones políticas

La Intervención de Nicanor Molinas dio paso al primer Gobierno constitucional en San Juan. Con el gobernador Manuel José Gómez Rufino llegaba al poder el partido unitario y a través de los lazos que lo ligaban a los políticos de ese signo, Buenos Aires contaba con una punta de lanza en Cuyo.

Poco a poco se perfilaron los grupos y facciones que ocupaban la escena política en la provincia donde existía una figura clave: el general Benavídez.

El espectro político de San Juan en ese momento mostraba la existencia de cuatro partidos o grupos:

“... el partido de los federales, amigos del general Benavídez (éste es el que comprende a las masas); el partido de los unitarios, amigos del general Benavidez (“pocos aunque distinguidos, Doval, Yanci, Rojo, Videla, etc.”); el partido de los federales disidentes del general Benavídez (Díaz, los Durán, etc.); y el partido de unitarios adversarios de Benavídez (Tello, D. Rodríguez, los Quiroga, Gómez, Laspiur, etc.)”(1).

(1) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VI, folios 568-570; 576-577; 583-584; 590-592; 613-614; 633-640; 615-617; 629-630; 648; 652-653; 660-661; 671-673; 662-664. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Sin embargo, por la nutrida correspondencia remitida a Urquiza desde Cuyo, se advertía que los dos últimos grupos marchaban unidos contra aquéllos que tenían en Benavídez su jefe indiscutido.

- Gómez Rufino y Benavídez

No se presentaba fácil la convivencia entre el nuevo gobernador y el general Benavídez. El primero, vinculado al círculo liberal, pronto chocaría con el prestigioso caudillo que durante tantos años estuvo al frente de la provincia.

Los roces entre ambas autoridades por cuestiones de carácter militar comenzaron a elevar la tensión en sus recíprocas relaciones. A un mes escaso de haber asumido el Gobierno, ya una carta de Manuel A. Durán a Urquiza contenía una crítica a la Guarnición Nacional existente en San Juan.

Por su parte, el general Benavídez denunciaba a Urquiza que apenas marchado el interventor Molinas, Gómez se había encargado de llenar la Administración con sujetos señalados por “su exaltación, sus pasiones y por sus pocos apegos al actual orden de la Confederación”(2).

(2) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VI, fs. 704-707. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Poco después, las tensiones se agudizaban, al reclamar el Gobierno Provincial por la disciplina de la Guarnición. Benavídez en su respuesta puso en evidencia la deficiente actuación de la Administración Provincial que había entorpecido la correcta utilización de los fondos destinados a sostener la tropa de línea.

Rechazaba también la actitud del gobernador de inmiscuirse en las órdenes que tenía recibidas del comisionado Molinas, sobre una tropa que respondía directamente al Gobierno Nacional.

Una carta sin firma, que tal vez pueda atribuirse a Benavídez, anunciaba a Urquiza los riesgos que corría la autoridad nacional en San Juan y aún la propia persona del jefe militar. Esta carta, fechada el 12 de Noviembre de 1857, anticipaba los acontecimientos que luego tendrían lugar(3).

(3) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VI, fs. 821-822. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Benavídez envió a su secretario, el mayor Quiroga, con el objeto de poner en conocimiento del Gobierno de Paraná las actividades del grupo liberal de Mendoza y San Juan. Por su parte, el gobernador Gómez no desperdiciaba oportunidad para tratar de afirmar ante las autoridades nacionales su desacuerdo con los “prohombres de la oposición a que él pertenecía” por su ambición y egoísmo.

En ese clima de desconfianzas y recelos se inició el año 1858. Benavídez se quejaba a Urquiza de los informes acerca de su persona difundidos por el comisionado Molinas, quien le atribuía ambición de mando.

Frente a las recomendaciones del presidente de apoyar la autoridad del Gobierno, el viejo caudillo declaraba la manifiesta hostilidad del mandatario sanjuanino hacia la Guarnición Militar que encabezaba, motivo por el cual las deserciones y faltas de disciplina se la atribuían por el ascendiente que podía tener sobre los soldados.

El mayor Quiroga fue considerado desertor y dado de baja cuando había concurrido a Paraná a cumplir la misión que se le confió. Procedió además el Gobierno a disolver el batallón de Guardias Nacionales y organizar en cambio un regimiento de caballería, que provocó resistencias, desertores y presos.

Solicitaba que -por la vía del Ministerio de Guerra- fuesen deslindadas las atribuciones de los funcionarios nacionales y provinciales en el plano militar.

En cuanto a la recomendación de Del Carril de tolerar los errores y apoyar la autoridad provincial, Benavídez manifestaba estar siempre

“... dispuesto a todo lo justo y racional, pero no a mendigar con mengua de mi mísero, una conciliación que tal vez no desea, pues de parte del Gobierno no hay más que hostilidad ostensible a todo lo que tiene relación con mi persona”(4).

(4) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VII, fs. 699-704. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Estos hechos fueron ratificados por el mayor Quiroga, quien afirmaba la neta filiación unitaria de Gómez y el descontento de Benavídez por cuanto nada resolvía oficialmente sobre las atribuciones del Gobierno y de la Comandancia del Oeste, con el agravante de que al intentar cumplir órdenes de la Nación -movilizando a la Guarnición de Línea- el Poder Ejecutivo de San Juan hizo caso omiso de esas directivas(5).

(5) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VII, fs. 706-707. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Nuevos problemas con fuerzas de la Guarnición que desertaron cuando el gobernador se dispuso a engrosar con ellos el contingente, para enviar al Gobierno Nacional, hicieron que Gómez siguiera atribuyendo a influencias de Benavídez el hecho y en carta a Durán, explayándose sobre la posibilidad de que los desertores sublevaran al contingente, preveía la necesidad de defenderse y producir “una de San Quintín o de Quintero”. La carta respiraba sospechas a los allegados de Benavídez y al gobernador de Mendoza, mientras acusaba al clan de los Rojo de influir sobre Benavídez(6).

(6) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VII, fs. 727-729. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Hacia mediados de Marzo, una carta de Gómez a Durán ponía de manifiesto la hostilidad rayana en desprecio hacia el General. Criticaba las medidas del Gobierno Nacional con respecto a las funciones del Comandante Militar y consideraba que no podía haber Ejército disciplinado sin pena de azotes -pese a la Constitución- y terminaba con frases que presagiaban los hechos futuros:

“... no quiere el país a este hombre; él es un estorbo hoy, pero un estorbo funesto. Ya me ha mostrado que me quiere de un modo pérfido, no lo he podido ganar con atenciones ¿y quién lo ha ganado? Nadie. El lo que quiere es el mando de la provincia, ¡y eso es imposible ya!”(7).

(7) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VII, f. 747. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Una carta -que desde Mendoza envió Laureano Pizarro a Urquiza- daba cuenta de la grave situación de San Juan:

“La división de su sociedad en partidos; las subdivisiones que notaba en éstos; la ninguna confianza y consecuencia que había aún entre los mismos de cada fracción; y la marcha arbitraria y anticonstitucional de aquel Gobierno, al parecer contrario o por lo menos indiferente a nuestra organización por sus procedimientos en disconformidad con los del Supremo Gobierno de V. E., me hicieron dolerme y aún tomar parte en la situación de aquel país”.

Pizarro le manifestó al ministro Laspiur las quejas de los ciudadanos y varias observaciones acerca de la política del Gobierno con respecto a la Guardia Nacional. A todos los planteos, el ministro había respondido que el malestar era transitorio. El tratamiento de la cuestión de la Confederación con Buenos Aires había exasperado los ánimos hasta el extremo de pensar en acudirse al Gobierno.

Ante esa posibilidad, Benavídez había evitado que se realizara un cambio de Gobierno, que comprometería al Gobierno Nacional y a su propia persona. Según Pizarro, pese a oponerse al Gobierno sanjuanino, los ciudadanos lo aceptaban para no escandalizar a Urquiza con una insurrección(8).

(8) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VII, fs. 754-756. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

- ¿Insurrección en San Juan?

El 26 de Septiembre de 1858, Indalecio Cortínez envió al vicepresidente una carta en la que analizaba la actuación del Gobierno sanjuanino:

“Una política hostil a los antiguos partidos, desplegada sin ningún disimulo, no podía traer sino las consecuencias actuales. Perdió los seis meses del año pasado en quitar y poner empleados, no teniendo para su elección otro cuidado que escoger de los que lo habían favorecido con su voto. No se hizo el Presupuesto para este año, ni se pensó en la renta como era de deber constitucional”.

Con respecto a la milicia, la carta agregaba que todos, desde los 17 a los 60 años, estuvieron en ella y que no fueron reconocidos los grados que ostentaban(9).

(9) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VII, fs. 786-791. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

A juzgar por los conceptos de Cortínez, no es el de Gómez un Gobierno que cuente con la adhesión de los ciudadanos. A esta situación se agregaba un hecho político importante que relataba la correspondencia remitida a Urquiza:

“El 29 del pasado Agosto tuvieron lugar las elecciones populares que la Cámara Legislativa mandó practicar en virtud de un decreto que dio al efecto y del sorteo que hizo para que saliera medio personal en dicha Cámara y le reemplazara el que iba a elegirse, todo conforme a lo dispuesto en nuestra Carta local.
“No tanto por efecto de los trabajos preparatorios como por el descontento general, el pueblo ... hizo tan marcada oposición a la candidatura ministerial que fue vencida en todos los comicios, a despecho de los manejos y medios que el Poder Ejecutivo tiene en sus manos en semejantes actos.
“El desagrado del Gobierno no tardó en manifestarse por actos de hostilidad contra algunas personas que clasificó de colaboradores ... y destituyó algunos empleados subalternos que calificó de traidores”.

A raíz de esta situación había agitación en el pueblo y cada vez que la Cámara se reunía la gente se agolpaba porque quería que la Cámara se ocupase del resultado de las elecciones. El Gobierno reaccionó haciendo rodear la manzana por partidas armadas y se tomó presos a algunos ciudadanos. Y proseguía:

“Se le culpa al general Benavídez el triunfo obtenido; se dice por los hombres del Gobierno que quiere hacer revolución”(10).

(10) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VII, fs. 783-785. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

La carta enviada desde Mendoza corroboraba la efervescencia producida en San Juan por el asunto electoral:

“Llevadas las Actas de los escrutinios al despacho de Gobierno, éste los detuvo hasta coordinar con los RR el modo de anular la elección. Entonces, los ciudadanos dirigen una petición a la Legislatura solicitando que el asunto elecciones se despachase con preferencia y, como era natural, la curiosidad los atrajo a la barra en gran número y, sin más antecedentes, el Gobierno declaró que había revolución y procedió a capturar a varios ciudadanos, jefes y oficiales que eran amigos del General”(11).

(11) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VII, fs. 821-822. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

A la luz de estos testimonios, corroborados por la esposa de Benavídez en carta de Urquiza, al reclamo por el tratamiento de los resultados de la elección, daba el Gobierno el calificativo de revolución y lo tomaba como pretexto para asegurar que el General encabezaba el figurado movimiento(12).

(12) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VII, fs. 821-822. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El resultado adverso al Gobierno era, indudablemente, una señal del descontento popular. Los roces mantenidos con Benavídez proporcionaban una buena ocasión para acusar al caudillo de promover la efervescencia del pueblo.

- Prisión de Benavídez

“Me apresuro a hacer un propio a V. E. para poner en su conocimiento que el Sr. general don Nazario Benavídez ha sido capturado y puesto a disposición de los Tribunales de Justicia de la provincia, por habérsele sorprendido fraguando una revolución”.

Con estas palabras se iniciaba el Oficio que Gómez dirigía a Urquiza el 21 de Septiembre, comunicándole la detención del General. Afirmaba el gobernador que lo secundaban los soldados que desertaron del contingente pedido por la Nación y que en una pesquisa realizada se había encontrado cajones con armas, reunidas por los insurrectos(13).

(13) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VII, fs.775-776. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Estos hechos ocurrieron el 19 de Septiembre. Benavídez, sin ningún recelo ni ocultamiento extraño para quien está encabezando un movimiento contra las autoridades, asistió a un reñidero de gallos. Una partida de doscientos hombres circundó el lugar, lo detuvo y fue puesto en prisión, para iniciársele proceso.

Los hechos repercutieron inmediatamente y en el ámbito federal se temió que se buscase eliminar a Benavídez, como paso previo para poner a San Juan en alianza con Buenos Aires.

El gobernador Juan C. Moyano decía a Urquiza que consideraba al General incapaz de procederes que favoreciesen expresiones contra su persona. Destacaba la importancia de Benavídez en el plano militar, considerándolo como el brazo más fuerte de la Nación en las provincias del Oeste.

Y además planteaba dos cuestiones que llamaban a reflexión: primero, la prisión se produjo “en vísperas de la partida de la mensajería del Litoral, cuando no había tiempo de que la noticia llegase a Mendoza para comunicarla”; segundo, el General había permanecido tranquilo en medio de la efervescencia popular y se lo aprehendió en medio de un espectáculo público. Terminaba preguntándose:

“¿Sería aventurado suponer que en su prisión interviene un cálculo político demasiado estudiado y encaminado a producir efectos rápidos e imprevistos?”(14).

(14) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VII, fs. 781-782. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Entre las versiones hechas circular por los adictos al Gobierno, quería hacerse creer que el supuesto movimiento encabezado por Benavídez era para poner a San Juan a favor de Buenos Aires. Detrás de estas maniobras los federales advertían que el “... plan es quitar al general Benavídez, porque es el obstáculo que tiene el círculo demagogo para desplegar sus tendencias”(15).

(15) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza. Carpeta VII, fs. 821-888. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Mientras las versiones iban y venían y se apresaban numerosos partidarios del General, en tanto otros conseguían pasar a Mendoza, el viejo caudillo permanecía en la cárcel con una pesada barra de grillos.

- Mendoza y la Misión Ortiz-Marín

San Juan comunicó a los demás Gobiernos la prisión de Benavídez, reproduciendo los conceptos de la Nota al Gobierno Nacional.

El gobernador de Mendoza era un fiel amigo del General. En la respuesta a San Juan, Juan C. Moyano, sin abrir juicio sobre la veracidad de la conspiración denunciada, le recordaba a Gómez los importantes servicios que debía la Nación a Benavídez y el papel que cumplía como Jefe de la circunscripción militar a que pertenecía la provincia de Mendoza.

A fin de lograr una solución al problema planteado, le ofrecía la interposición amistosa y confidencial a través de una misión integrada por Medrado Ortiz, Nicasio Marín, el coronel José M. Gallardo y el teniente coronel José María Belomo(16).

(16) Archivo Histórico y Administrativo de San Juan, volumen 184, fs. 91-91 vta. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

No tuvo éxito la Comisión mendocina y así lo manifestó en el Informe que elevó al Ministro General de Gobierno. Los comisionados expusieron al Gobierno vecino los principios que orientaban su acción, los aspectos en que Mendoza quería hacer hincapié y las propuestas concretas acerca de la persona del General, cuya vida intentaban salvaguardar, sustrayéndolo de algún posible atentado. Mendoza recalcaba algunos conceptos básicos de la cuestión:

“Benavídez tenía una larga trayectoria política. El suceso que lo involucraba comprometía la tranquilidad y estabilidad de las autoridades, al par que la propia persona del General.
“Consideraba el Gobierno mendocino que al extender su jurisdicción militar sobre cuatro provincias, no podía ser suspendido en sus funciones por una de ellas, “en menoscabo de los intereses y derechos de los demás”.

“La Comisión proponía que hasta tanto quedase sustanciado el proceso, el General pasase a vivir a Mendoza, teniendo la provincia como lugar de detención. El Gobierno mendocino garantizaba que no se trasladaría a San Juan, sino ‘por la vía legal y pacífica’.

“Terminaba señalando los derechos que la provincia tenía sobre la persona de Benavídez”(17).

(17) Archivo Histórico y Administrativo de San Juan, volumen 281, fs. 102-104. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Según V. Videla, la Comisión regresó debido a la forma terca y poco política en que fue tratada. A juzgar por la correspondencia de V. Videla, no sólo llegó de Mendoza la Comisión mencionada, sino que también acudieron de San Juan, Pablo Videla y Arístides Villanueva, llamados por aquel Gobierno para hacerse “cargo de las fuerzas de San Juan y proteger una revolución que estallaría en Mendoza contra el Gobierno”.

Videla, al llegar a San Juan, sin embargo, comprobó en el terreno el rechazo de la mayor parte de la ciudadanía al Gobierno, que sólo se apoyaba en un pequeño círculo.

Quedó en evidencia ante Videla que el objetivo perseguido por la actitud del Gobierno sanjuanino era: “... voltear primero a Benavídez, después al Gobierno de Mendoza y enseguida pronunciarse a favor de Buenos Aíres, contando con los Gobiernos de Córdoba, Tucumán y San Luis”(18).

(18) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 797-800. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Con estas revelaciones parecía entonces existir una vasta maniobra vinculada a la próxima guerra entre Buenos Aires y la Confederación.

- Reacciones ante la prisión de Benavídez

Que el Gobierno de Tucumán miraba con complacencia los actos del de San Juan, lo confirmaba la carta que dirigió Marcos Paz a Gómez Rufino, donde hacía loas al prestigio del Gobierno sanjuanino y lo instaba a estudiar la situación del acusado y sus antecedentes para tratar de descubrir “el objeto propuesto por el general Benavídez”. La carta concluía con una felicitación “por el tino y patriotismo con que ha procedido”(19).

(19) Archivo Histórico y Administrativo de San Juan, volumen 281, fs. 108-111. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Otra era la opinión de Elías Bedoya. Aunque afirmaba no poseer datos suficientes para abrir juicio sobre los acontecimientos, creía “... que la revolución que se le atribuye al general Benavídez es o puede ser una intriga. ¿Para qué necesitaba revolución un hombre que había ganado las elecciones canónicamente?”

El movimiento debía estallar el día 13. Ese día el Gobierno ordenó el acuartelamiento de la Guardia Nacional, al parecer por haber recibido noticias de que en la casa de Benavídez había reunidos 100 hombres. Y agregaba:

“... pero tales hombres nadie los ha visto, y el cuento viene a reducirse a que habiendo mandado una fuerza de la plaza, la noche del 13, a sorprender la reunión que había en casa de Benavídez, encontraron por las inmediaciones 4 ó 5 hombres armados y nada de fuerza en la casa.
“Estos hombres, bien pudo ser que se hubieran armado para concurrir a la citación que el Gobierno hacía de la Guardia Nacional o en motivo de la alarma y bien puede ser que no hayan encontrado tales hombres”(20).

(20) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 794-795. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El supuesto inspirador de la insurrección, por su parte, andaba por la ciudad los días 14, 15, 16, 17 y 18 hasta que el 19 lo detuvieron. Para Bedoya el cuento de la sedición se presentaba “mal condimentado”.

Terminaba su carta preguntándose cómo podía Benavídez pasear solo y desarmado en la ciudad frente al aparato de fuerza desplegado por el Gobierno. “Todo puede ser, mi general, pero yo no creo lo que se dice”, terminaba expresando.

El general Peñaloza conocía la prisión de Benavídez a través de una comunicación pasada por el Gobierno de La Rioja. Al pedido de entregar a todos aquéllos que buscaban refugio en La Rioja, el caudillo respondió que no actuaría sin órdenes del Gobierno Nacional(21).

(21) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 797-800. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

- La situación se agrava

Comenzaba el mes de Octubre. Benavídez en rigurosa incomunicación, “siempre con grillos y amagos de muerte repetidos”. Una carta de R. Coquino a Urquiza pintaba la situación:

“El Gobierno y todas las demás autoridades se han rodeado con el poder y despotizan a los que somos con los principios federales, de una manera horrible de persecución y desprecio”.

Las autoridades apresaron a los partidarios del General y a raíz de esas actitudes “las masas estaban predispuestas a un levantamiento”. Consideraba el informante que si se quitaba del medio a Benavídez, sería fácil que el Gobierno sanjuanino se pronunciase por Buenos Aires, lo cual traería un desquicio general a las provincias del Interior.

“La revolución es hecha por este Gobierno para este fin, y para disfrazarla se la imputan al señor general Benavídez, lo que no podrán comprobarlo jamás”.

Terminaba denunciando los abusos cometidos contra los amigos del General(22).

(22) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 792-793. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El provisor don Timoteo Maradona manifestaba también su preocupación por el cariz que tomaban los acontecimientos. Después de aclarar que la situación seguía muy mal, afirmaba no haberse producido una explosión pública en consideración a la vida del General que “quedaría expuesta en la prisión e incomunicación” que sufría.

Las peticiones hechas por el clero, los ciudadanos y los señores no habían logrado respuesta del Gobierno. La sola esperanza radicaba en la resolución del Gobierno Nacional, a quien se decía que el de San Juan resistiría(23).

(23) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, f. 796. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Flotaba en el espíritu de los partidarios y amigos de Benavídez, la sospecha fundada de que el Gobierno de San Juan había decidido eliminar al General para volcarse hacia Buenos Aires. De allí la impaciencia con que aguardaban las medidas del Gobierno Nacional que pudiesen impedir la catástrofe.

- Designación de comisionados

Con el fin de poner remedio a la situación de San Juan, Urquiza decidió el envío de una Comisión integrada por el ministro de Justicia, Pedro L. Funes, y el Inspector General de Armas, coronel Cesáreo Domínguez. Pero, desde el primer momento se plantearon dificultades insalvables entre los miembros.

Según Bedoya, Funes temía que Domínguez defendiera los procedimientos del Gobierno de San Juan, sin poder evitarlo. Domínguez, por su parte, se negaba adelantar opinión frente a las noticias procedentes de Cuyo(24).

(24) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 804-805. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Las objeciones de los designados llevaron al vicepresidente Salvador María del Carril, a designar nuevos comisionados. Era ya el 14 de Octubre y urgía la marcha de la Comisión, pues se presumía una guerra civil. Pidió al ministro de Guerra, general Galán, y al juez de la Corte Suprema, doctor Baldomero García, tomar a su cargo la responsabilidad y -sin consultar a Urquiza- los designó.

“Sobre esta elección no he estado conforme, porque Dn. Baldomero sostiene con calor que el Gobierno de San Juan tiene buen derecho para juzgar al general Benavídez, y éste ya es un grave inconveniente...
“Así lo manifesté al vicepresidente, más él me dijo le había prometido ceñirse a sus Instrucciones ... Yo, por mi parte, me he abstenido de servir de obstáculo al pronto envío de la Comisión ... aunque (francamente) no espero mucho de esta Comisión”.

El ministro Derqui dudaba de la eficacia de la medida dictada por el vicepresidente y afirmaba estar fuera de duda que no había habido conato de insurrección. Los unitarios festejaban la prisión de Benavídez en tanto los federales se sentían heridos. Si la Comisión no tenía fuerza suficiente “la situación de aquellas provincias empeorará en vez de mejorar”(25).

(25) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 810-814. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Las Instrucciones de los comisionados les ordenaban solicitar la persona de Benavídez con el sumario levantado para su prisión. Si se comprobase la veracidad de la acusación contra el militar:

“... lo separará de allí, ordenándole presentarse al Gobierno Nacional para lo que hubiere lugar, tomando las providencias para que su persona sea respetada y garantida de todo insulto y falta a su decoro personal”.

Preveían las Instrucciones que, comprobada la inocencia del acusado, éste debía ser repuesto en su función con los honores debidos. Debían también hacer una indagación sobre la legalidad de las elecciones practicadas para recabar que se aprobasen o se repitiesen.

El artículo 8vo. declaraba crimen cualquier conexión que pudieran tener los sucesos de San Juan con “el Gobierno o partido de Buenos Aires”. La Comisión debía proceder con toda energía contra los implicados. También debía trabajar para asegurar la unión de los partidarios y la paz en la provincia.

En el caso de tener que recurrir a la fuerza, se solicitarían las del mando del general Pedernera o del coronel Videla, previa consulta al Gobierno Nacional. Terminaban las Instrucciones expresando un temor que se haría realidad:

“No se ha derramado hasta hoy una sola gota de sangre por causas políticas y aunque se cree muy distante el caso de que en San Juan llegase a correr la primera, el Gobierno Nacional no puede dejar de consignar en este lugar la desagradable preocupación que queda por la alarma de que parece poseída la familia del señor general Benavídez.
“El Gobierno espera que los señores comisionados garantizarán por los medios más eficaces la vida del benemérito”
“Brigadier General Benavídez”(26).

(26) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, f. 101. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El 24 de Septiembre, Salvador M. del Carril justificaba ante Urquiza la decisión de nombrar nuevos comisionados. La necesidad del envío ante la posibilidad de una guerra civil, lo habían urgido a designarlos. Añadía que eran federales y simpatizantes de Benavídez(27).

(27) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 823-825. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

- Asesinato de Benavídez

23 de Octubre de 1858. A las dos de la mañana un grupo de partidarios de Benavídez -según el Gobierno de San Juan, 150 hombres- asaltó la Guardia del principal con el intento de sacar al General de la prisión. Se trabó la lucha entre los dos bandos, hasta que penetró al lugar de la prisión.

“El coronel improvisado Dn. Domingo Rodríguez, y acompañado del oficial de guardia alevosa y cobardemente le descargaron dos tiros en su propia cama y así consumaron el asesinato más bárbaro que pueda explicarse.
“Acto continuo arrojaron el cadáver desnudo a los portales del mismo Cabildo y, después de haberlo puesto en un banquillo a la expectación pública, en donde los oficiales le daban hachazos con sus sables y le escupían, le llevaron al Cuartel de San Clemente con el mismo objeto”(28).

(28) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 831-833. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Por pedido de la viuda de Benavídez, José M. Fernández y al provisor don Timoteo Maradona, el cadáver del infortunado General fue entregado al primero para llevarlo a la familia. Al día siguiente se conducía al panteón acompañado de un pequeño grupo, al que luego se unieron tropas del 2do. batallón de la Guardia Nacional que le rindieron honores militares(29).

(29) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 826-828. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Los temores del partido federal quedaban confirmados con este asesinato que abría una trágica época en la historia de San Juan ¿Pudo evitarse este desenlace por parte de los partidarios de Benavídez? Santiago Quiroga afirmaba haber quedado solo en San Juan debido

“... a la persecución y fuga de los jefes y oficiales de línea” y a la falta de armas. Por ese motivo no le había sido posible lograr una reacción que salvara la vida del General”(30).

(30) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 864-865. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

- Repercusiones e interpretaciones

Fuera del frío relato del hecho producido en San Juan, que sirvió para exacerbar la oposición de partidos, de uno y otro lado, se trató de encontrar los móviles del asesinato.

Para la viuda del General su delito consistía en su firme adhesión a las autoridades nacionales, mientras que el Gobierno de San Juan tenía como objetivo su eliminación, para lo cual mantenía en “... rigurosa disciplina a la Guardia Nacional y militarizaba la provincia utilizando la disciplina para castigar a los vecinos que no aprobaban su marcha gubernativa”(31).

(31) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 841-843. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El gobernador de Mendoza fue tajante en sus juicios: “... lo bárbaro del atentado sólo se iguala al cinismo de sus perpetradores”.

El crimen había convencido al funcionario de que se asistía a la ejecución de un plan perfectamente trazado. Sus sospechas se dirigían a la persona de Rawson, llegado a San Juan dos días antes, luego de arribar a Mendoza con Zapata. Los rumores que circulaban en Mendoza fueron confirmados por los hechos de San Juan. Moyano presumía la existencia de una coalición entre los bandos “demagogos” de San Juan y San Luis(32).

(32) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 834-838. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Con respecto a los ejecutores del asesinato, decía Moyano en carta a Díaz Vélez que:

“El Gobierno dio orden escrita a Rodríguez para asesinarlo como a otros presos, cuya orden ha sido últimamente rescatada por Gómez en cincuenta onzas ... el Gobierno mismo fue quien, haciendo circular la voz de que se trataba de asesinar al prisionero, hizo indirectamente que los parciales de éste cayesen en el lazo y atropellasen la guardia”(33).

(33) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 940-980. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Para Moyano, el alma de la conspiración unitaria residía en Mendoza y habiendo fracasado en el intento de apoderarse del Gobierno de esta provincia, se asociaron al de San Luis, con quien hicieron causa común contra Mendoza:

“Hecha esta conquista, sólo faltaba la de San Juan, con quien también debían contar. Pero en San Juan estaba el general Benavídez, la columna más fuerte, más respetable y temible por su inmenso prestigio para frustrar sus planes.
“Se concibió la idea de derribarla y el general Benavídez fue derribado a balazos, creyéndose desarmar con ello el primer baluarte del sistema federal en esta parte del territorio, trastornar fácilmente este Gobierno y completar entonces la Liga de Cuyo para proclamar enseguida sin rebozo su política del desquiciamiento y del exterminio”.

Luego de señalar la complicidad del Gobierno de San Luis, expresaba:

“Diré a Ud. que inmediatamente de haberse sabido en Mendoza el asesinato, los unitarios destacaron una Comisión que felicitase al Gobierno de San Juan por tan bárbaro atentado y le ofreciesen para sostenerlo con todas sus consecuencias, la cooperación de recursos de todo género de sus correligionarios de Mendoza”.

No conformes con esta actitud, los unitarios preparaban un conflicto mayor, pues

“... hicieron venir armas del Rosario y las remitieron en parte prometiendo que, si alguna fuerza de esta provincia llegaba a salir para San Juan a las órdenes de la Comisión Nacional, se sublevarían ellos a su espalda y agigantarían el conflicto”(34).

(34) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 944-948. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Otras dos misivas se enviaron al Gobierno Nacional a poco del suceso. José A. Durán cargaba las culpas sobre los que

“... empujaron a Benavídez a la revolución de Marzo (1857) y que ahora al pretender sacarlo de la prisión, desencadenaron con su imprudencia los sucesos que pusieron fin a su vida”(35).

(35) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 839-840. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Por su parte, un amigo del difunto general, Ramón Coquino, denunciaba a Derqui la persecución de que eran objeto en esos momentos los amigos y partidarios de Benavídez(36).

(36) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, f. 844. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Desde el bando partidario de Gómez Rufino menudeaban las denuncias contra el Gobierno de Mendoza y la Comisión enviada a San Juan. Manuel Durán hablaba de los “gérmenes de conspiración” dejados por los comisionados para hacer estallar una nueva insurrección.

Llegaba a la conclusión de que Benavídez había querido reincidir en la actitud de Marzo de 1857, empujado por los mismos hombres. Y añadía que esos instigadores (Rojo, etc.) habían utilizado su candidez “en obsequio de la política de Buenos Aires”. Agregaba que el general Peñaloza había ido a San Juan por llamado del gobernador de Mendoza(37).

(37) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 858-860. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Desde el bando opuesto, Bartolomé Bossi veía en el asesinato el resultado de las maquinaciones del Club de Mendoza, en connivencia con San Juan y Tucumán. Sospechaba que el plan consistía en deshacerse de Benavídez y Videla y anunciaba que si Urquiza no ponía remedio, estaba expuesto al mismo fin. El peligro sólo desaparecería cuando Buenos Aires “entre en su puesto”(38).

(38) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 867-868. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Tomás Guido, por su parte, lamentaba que el espíritu de partido fuera cada día ‘“más inclemente y ciego” y que en el país hubiera hombres para quienes “la piedad, la gratitud y hasta el honor ... son palabras de burla”(39).

(39) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 869-870. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

No faltaba entre los caciques de la pampa la incertidumbre acerca de las verdaderas intenciones del Gobierno de Buenos Aires. Baigorria le comunicaba a Culfucurá la marcha de una fuerza hacia el sur, aunque no se sabía si para atacar al jefe ranquel o en protección de los delincuentes que habían asesinado a Benavídez. Le recomendaba estar prevenido y le advertía que Buenos Aires hacía lo posible por dividirlos. En consecuencia, opinaba que era necesario sostenerse mutuamente y no dejarse engañar(40).

(40) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VII, fs. 879-880. // Citado por la profesora Ana Edelmira Castro en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

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