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La Intervención Virasoro

El 24 de Enero de 1859, el coronel José Antonio Virasoro era designado gobernador provisorio de la provincia de San Juan, culminando así la Misión Derqui, por la muerte del general Benavídez.

El nombramiento de Virasoro fue recibido con beneplácito por los federales sanjuaninos, que veían en él a un hombre probo y libre de los prejuicios de partidos.

- Opiniones sobre Virasoro

Al conocerse su nombramiento fueron varios los que opinaron de diversa manera sobre el gobernante. José María Belomo, en carta a Urquiza, el 27 de Marzo de 1859 decía lo siguiente:

“El valiente y muy recomendado amigo de V. E., nuestro muy amado Exmo. Sr. Gobernador Virasoro, ha consolidado firmemente a todos los federales; tal vez, Exmo. Sr., sin la excepción de uno solo.
“Todos lo idolatran y la perspectiva halagüeña que en ese sentido presenta hoy la provincia de San Juan la constituye invulnerable y compacta, para echar abajo ... las maquinaciones que aquí intentasen poner en juego nuestros enemigos políticos, los demagogos o salvajes unitarios.
“Esos mismos enemigos políticos a quienes me refiero estiman y respetan la nobleza y rectitud del Exmo. Sr. Gobernador Virasoro”(1).

(1) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VIII, fs. 1.082-1.083. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Por su parte, José Olmos, también en carta al general Urquiza manifestaba lo siguiente, el 12 de Marzo del mismo año:

“... la elección que hemos hecho de gobernador de esta provincia en la persona del Sr. coronel Virasoro, ha sido lo más acertado que pudo haberse hecho.
“Puedo asegurar a V. E. que no solamente los federales, sino también los unitarios y partidarios del Exmo. gobernador Gómez, se hallan conformes con esta elección, porque ha sido el sujeto más aparente para las circunstancias en que se hallaba esta provincia.
“Esta acertada elección ... ha encantado mucho a los amigos del general Benavídez, y aun a su misma fiamilia, por cuya indicación nos decidimos ... a fijarnos en el señor coronel Virasoro...”(2).

(2) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VIII, fs. 1.062-1.063. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

¿Era Virasoro el hombre adecuado para pacificar a San Juan, provincia a la que no conocía y que se hallaba muy convulsionada en el plano político?

Así, Juan Rómulo Fernández lo califica como militar “chapado a la antigua”, sumamente autoritario. Horacio Videla lo presenta como militar de carrera, fanático e inflexible y que una vez en el cargo de gobernador se erigió en vengador de Benavídez.

Carlos Páez de la Torre (h) sostiene que “manejó la provincia con mano dura”(3) y Rebollo Paz dice que él era “un militar distinguido, irascible...” dotado de un temperamento vivísimo que no le permitía dominar sus arrebatos.

(3) Carlos Páez de la Torre. “El Derrumbe de la Confederación (1855-1862)” (1977), pp. 208-209. Ed. La Bastilla, Buenos Aires. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Y su contemporáneo y hombre fuerte de la Confederación, Justo José de Urquiza, en carta a Mitre, escrita poco después del asesinato (19 de Diciembre de 1860), decía:

“... que el gobernador Virasoro no había de hacerse querer en ese puesto, por su carácter irascible y violento y ejerciendo autoridad en un pueblo que no era el suyo”(4).

(4) “Archivo del general Mitre” (1911-1913), tomo VII, p. 145, (veintiocho volúmenes), Buenos Aires. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Su nombramiento obedeció a los planes de Derqui para ubicar al frente de los Gobiernos provinciales hombres de su confianza que luego lo apoyarían para arribar a la presidencia de la Nación. Por otro lado, la designación de Virasoro fue un duro revés para los liberales de San Juan que simpatizaban con la causa porteña y quienes desde el primer momento decidieron combatirlo.

De este modo, la tragedia era inevitable ya que el empecinamiento del Gobierno Nacional por asegurarse un triunfo electoral colocaba al frente de la provincia cuyana a un hombre que pronto chocaría con los intereses locales.

- Política de Virasoro

Virasoro llegó a San Juan rodeado de amigos correntinos y extranjeros, a quienes designó en los más importantes cargos gubernamentales.

Pedro Zavalla fue nombrado ministro de Gobierno; Ladislao Mori, a cargo de Presupuesto, Hacienda y Guerra; y Antonio Yanzi, Tesorero de la provincia. Algunos extranjeros ocuparon cargos importantes, tales como los casos de los españoles Manuel Rogelio Tristany, Juez del Crimen; José Amuel, oficial de la Compañía de Serenos; y Gregorio Iturbide, Jefe de Custodia del gobernador. El médico italiano Luis Tamini fue designado médico del Hospital y de la Policía.

Estos nombramientos cayeron mal, no sólo entre los círculos liberales de la provincia sino también entre el pueblo sanjuanino en general, que no veía con buenos ojos que los destinos provinciales fuesen manejados por personas ajenas al medio. Así, poco a poco -nos dice Horacio Videla- se incubó “un mezquino y disfrazado sentimiento xenófobo de campanario, propio de la envidia y de un pueblo chico”(5).

(5) Horacio Videla. “Historia de San Juan” (1962-1972), volumen IV, p. 593. Universidad Católica de Cuyo. Ed. Academia de La Plata, Buenos Aires. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Recordemos, por otra parte, que el grupo liberal sanjuanino contaba con figuras respetadas, como Antonino Aberastain, muy ligado al Gobierno porteño, manteniendo una permanente correspondencia con Sarmiento. Precisamente esa fuerte unión con Buenos Aires y sus hombres influyentes, hacía de ellos una oposición muy poderosa.

Virasoro, lejos de tomar conciencia de esta realidad, siguió una política que poco a poco lo llevaría a quedar aislado en medio de una sociedad a la que necesitaba para poder llevar a cabo una buena obra de gobierno, como era la que había anunciado al hacerse cargo de la provincia. Sólo lo rodearían sus amigos, los que desde los periódicos adictos atacaban a la oposición. Tal el caso del “Iris”, de González y Lloveras; y el “Orden” de Tristany.

Al hacerse cargo del Gobierno, Virasoro anunció un vasto plan de obras públicas que le permitiría hacer de San Juan una de las ciudades más prósperas y bellas del país. Pero, ¿contaba con los medios necesarios para ejecutar esos planes? ¿De dónde obtendría los recursos? Naturalmente, debía recurrir a mayores impuestos y éste será uno de los elementos con que contó la oposición para combatirlo.

Los contribuyentes de San Juan adeudaban impuestos desde varios años atrás. El Gobierno de Gómez Rufino había anunciado el cobro de la contribución directa para el año 1859, cosa que nunca llegó a efectivizarse.

El nuevo gobernador logró que la Sala de Representantes aprobara la Ley de Contribución Directa (13 de Abril de 1859). Ella establecía un canon de seis pesos por cuadra de tierra fuera de las cuatro calles anchas y, dentro de éstas, de tres reales los sitios de media cuadra; de cuatro reales, los mayores de media cuadra; y de un real y medio los menores de media cuadra.

Otra ley, del 7 de Noviembre de 1859, establecía la contribución por capitales: todos los capitales de la provincia quedaban sujetos a un impuesto del 4 por ciento, a excepción de los patrimonios inferiores a 400 pesos y los formados por propiedades incultas no ocupadas por sus dueños.

También se estableció una tasa por retribución de servicios, como el alumbrado público, y que se debía pagar de la siguiente forma: tiendas, pulperías y casas de negocios en general, cuatro reales por cada puerta a la calle; casa habitación, con dos reales por puerta y una por fondo.

Pese a estas medidas, lo recaudado no alcanzaba para solventar los Gastos de la Administración, ya que eran muchos los que eludían el pago. Por ello, el Gobierno debió recurrir a la emisión de bonos de la Deuda Pública por ochenta y cinco mil pesos para atender los Gastos administrativos.

Esta medida -necesaria pero impopular- sólo sirvió para que se acusara a Virasoro de abuso de autoridad y de querer hipotecar la provincia. Esto se ve reflejado en la carta que Ramón Coquino envía a José Antonio Durán, el 12 de Agosto de 1859:

“Este mundo sanjuanino está hecho al diablo, ya nos ahorcan por plata ... así es que han impuesto la contribución directa sobre el cuatro por mil pesos. Los fondos son tocados por tres o cuatro más de lo que valen y sin reclamo...”(6).

(6) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VIII, fs. 1.243-1.244. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Todas estas medidas impositivas enardecieron los ánimos, azuzados por los grupos liberales que encontraban en las acciones del Gobierno elementos que les eran relativamente fáciles de explotar en su contra. Se criticaba a Virasoro acusándolo de haberse transformado en un afincado por arrendamiento y de que hacía trabajar a los hombres movilizados en la Guardia Nacional como si fuesen peones particulares.

Debido a que arreciaban las críticas, el 27 de Julio de 1859 se dictó una ley que autorizaba el nombramiento de una Comisión compuesta por tres vecinos idóneos para revisar los avalúos fiscales confiscatorios por las dificultades que acarreaba la recaudación de la contribución territorial y la de los capitales.

Creemos necesario recordar que el plan de obras públicas fue bueno y dentro de las dificultades existentes, se pudieron llevar a cabo algunas obras importantes. Entre ellas podemos enunciar las siguientes:

1.- Se pavimentaron las calles de la ciudad, mediante el uso del canto rodado o piedra bola. Para llevar a cabo las tareas se emplearon a los presos de la cárcel y a peones a razón de dos pesos por semana.

2.- Allá por el año 1849, el general Benavídez había proyectado el alumbrado público, pero no había podido llevarlo a cabo. Virasoro hizo colocar lámparas de aceite en las calles, cuya atención quedó en manos del cuerpo de serenos de la Inspección de la Policía.

3.- El río San Juan provocaba frecuentes dificultades, por desbordamientos en épocas de lluvia. La Sala de Representantes sancionó una ley el 17 de Agosto de 1859, otorgando la concesión para construir un puente sobre dicho río, en el paraje Los Tapones, al ciudadano chileno Feliciano Cortez. De esta forma, el Gobierno encaró la búsqueda de una solución a un problema realmente preocupante.

4.- Por iniciativa del coronel Virasoro, el Gobierno Nacional designó al ingeniero Carlos María Rivarola para que trabajase en la apertura de un camino recto hacia San Luis, desde Los Cerrillos hasta el Desaguadero.

En síntesis, la obra pública fue realmente importante, si tenemos en cuenta el corto tiempo que gobernó José A. Virasoro. Pero eran épocas muy difíciles para que tal labor mitigara la creciente oposición que despertaba en la provincia de San Juan la presencia de un gobernante extraño a la misma.

- La oposición

La política seguida por Virasoro y la enorme influencia que sobre él y la provincia ejercían los correntinos y extranjeros que habían llegado con él, fueron creando un clima de hostilidad, exacerbado sin duda por los enemigos políticos. Esto llevaría a un camino sin retorno.

Desde el comienzo de su gestión, el grupo liberal, encabezado por el doctor Antonino Aberastain, Saturnino Laspiur, Francisco Coll, Amado Laprida y otros, trabajaban en combinación con importantes figuras de Buenos Aires, para terminar con la Administración Virasoro.

También los federales disidentes, que se habían alineado en torno de la figura del ex gobernador Francisco Díaz, se oponían a la Administración Virasoro. Entre ellos podemos mencionar a José Antonio Durán, padre de uno de los implicados en el posterior asesinato (Manuel A. Durán); coronel Melchor Ríos; Santiago Quiroga; algunos de los cuales habían sido expulsados de la Cámara de Representantes por oponerse a los proyectos del Poder Ejecutivo.

Por otro lado, los antiguos seguidores y amigos del coronel Benavídez y que al principio recibieron complacidos la designación de Virasoro, se hallaban ahora divididos entre los que apoyaban al Gobierno y los que lo criticaban sin ambages. Desgraciadamente, la actitud del Gobierno de perseguir o desterrar a los que consideraba sus enemigos, contribuyó a aumentar su impopularidad.

Este fue el caso de José Antonio Durán, quien había sido Juez de primera instancia, desterrado por orden del comandante Hayes, pariente político y colaborador de Virasoro. Precisamente, Durán -en carta a Urquiza- explica lo que considera eran las causas de su destierro:

“Acabo de recibir cartas de San Juan del Sr. Cura don José Olmos, del coronel Díaz, teniente coronel Ríos, de don Ramón Coquino y del comandante de la Guarnición de la plaza ... todos a la vez me llaman con insistencia asegurándome que han visto al Sr. gobernador Virasoro y les ha dicho que no hay el menor inconveniente en que yo regrese a San Juan, que la causa de mi expulsión ha sido porque le habían asegurado que yo iba a trabajar en las elecciones de electores contra la candidatura de Derqui, pero que está convencido de lo contrario ... San Luis, 22/9/1859”(7).

(7) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta VIII, fs. 1.262-1.264. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Contribuían a aumentar este clima de tensión las disensiones entre los mismos hombres de la Confederación, que luchaban por la sucesión presidencial. Tal el caso de la sorda puja entre Salvador María del Carril -vicepresidente- y Santiago Derqui, ministro del Interior, por lograr el apoyo de Urquiza que les permitiera ocupar el sillón presidencial.

Precisamente, el 11 de Septiembre de 1859 se eligieron los electores sanjuaninos para presidente y vicepresidente de la Nación. El partido federal triunfó holgadamente, pero los electores de San Juan sólo votaron por Derqui, y no por el vicepresidente, ya que Virasoro se hallaba disgustado con Urquiza por el apoyo que éste le brindara al general Pedernera para la vicepresidencia, en detrimento de las aspiraciones del general Benjamín Virasoro.

La oposición aumentó a partir de mediados de 1860, a causa de que la Cámara de Representantes sancionó una ley que prohibía la designación de extranjeros en la Administración Pública (13 de Julio de 1860). Esto estaba dirigido contra Manuel Rogelio Tristany, de origen español y que había sido designado Juez del Crimen, así como otros extranjeros que hemos mencionado anteriormente.

La respuesta gubernamental fue un planteo de índole constitucional, apoyándose en el artículo 16 de la Constitución Nacional que dice “todos los ciudadanos son iguales ante la ley y admisibles en los empleos, sin otra condición que la idoneidad” y, como conclusión, Virasoro dictó un decreto que confirmaba a todo el personal de la Administración Pública, excepto a los de la Cámara Suprema de Justicia con la que se hallaba en conflicto.

El 1 de Agosto, Virasoro fue elegido gobernador propietario por una Sala de Representantes que le era totalmente adicta, pues la oposición había sido expulsada de la misma. Por ello, un grupo de ciudadanos se reunió y labró un Acta de protesta que -entre otras cosas- decía lo siguiente:

“... todos los derechos políticos del pueblo sanjuanino han desaparecido bajo la presión férrea del coronel Virasoro, hasta el punto de no haber tenido la menor parte en ninguna de las diversas elecciones que se han verificado bajo su Gobierno, ya en la de legisladores provinciales, ya en la de convencionales, ya en la de electores de gobernador de la provincia para el segundo período constitucional, pues que todas esas elecciones se han verificado por escuadrones de milicias bajo la coacción más descarada, sin la concurrencia de un solo ciudadano, transformándose en acto meramente gubernativo o militar, la más preciosa y sagrada de las prerrogativas populares de nuestra organización política”(8).

(8) “Documentos Históricos sobre la Revolución de San Juan consumada el 16 de Noviembre de 1860”, en el “Boletín de la Junta de Historia de la Provincia de San Juan” (1943), Nro. 5. pp. 86-88, San Juan. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El clima político de San Juan se fue enrareciendo cada vez más. Pese a todo se procedió a elegir convencionales, que debían concurrir a Santa Fe para la reforma de la Constitución, de acuerdo con lo establecido en el Pacto de San José de Flores. Fueron electos dos hombres allegados a Virasoro, Pedro Zavalla y Federico de la Barra.

La oposición sanjuanina elevó una protesta a la Convención Reformadora, sosteniendo que los representantes electos habían sido impuestos por Virasoro y que no eran sanjuaninos. Lógicamente, la representación porteña aceptó la protesta e impugnó a la representación de San Juan. Finalmente, la Convención Reformadora rechazó a los representantes sanjuaninos en la sesión del 22 de Septiembre de 1860.

Conocida la decisión de la Convención, en San Juan se festejó ruidosamente. Los políticos opositores redactaron un Acta de agradecimiento a los convencionales de Santa Fe por la actitud asumida. Esta Acta llevaba la firma de ochocientas personas, entre las que se encontraban la de políticos de la oposición, como Antonino Aberastain, Manuel José Lima y Saturnino Laspiur, entre otros.

Por su parte, el Gobierno elevó -junto con la Legislatura- una enérgica protesta al Gobierno Nacional de Paraná y a la Convención de Santa Fe. Además de ello, intensificó la persecución a la oposición, algunos de cuyos miembros fueron a parar a la cárcel y otros desterrados. Antonino Aberastain y Manuel José Lima fueron encarcelados el 23 de Octubre y el primero de ellos recusó al magistrado judicial, Rogelio Tristany, por parcialidad e indigno de su investidura.

Finalmente, fueron condenados a destierro por tres años. En la protesta que los condenados elevaron y protocolizaron en Mendoza, el 13 de Noviembre, sostienen que a

“... ninguno de estos tres (se refieren a Lima, Dojorti y Aguilar) se les tomó confesión; ninguno de ellos fue acusado de delito alguno; y a ninguno de ellos se le dio un minuto de tiempo para defenderse, ninguno de ellos fue citado para sentencia”(9).

(9) Juan Faustino Llorente. “Aberastain y el Heroísmo de la Historia de Nuestras Instituciones Republicanas y Democráticas”, en el “Boletín de la Junta de Historia de la Provincia de San Juan” (1945), p. 26, San Juan. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

A Aberastain, que sí fue interrogado, se lo condenaba

“... como redactor del papel circulado para firmar por delitos de injurias contra el gobernador de la provincia, a la pena de tres años de destierro de dicha provincia y pago de costas”(10).

(10) Juan Faustino Llorente. “Aberastain y el Heroismo de la Historia de Nuestras Instituciones Republicanas y Democráticas”, en el “Boletín de la Junta de Historia de la Provincia de San Juan” (1945), p. 26, San Juan. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Ante estas medidas, figuras de relevancia que hasta entonces colaboraban con el Gobierno, presentaron sus renuncias, tal el caso de Saturnino de la Presilla y Salvador Quiroga, quienes renunciaron a sus cargos de ministros de la Cámara de Justicia. También se alejaron Santiago Lloveras, Guillermo Reyna y Valentín Videla, así como el ministro Estanislao Rodríguez, quien fundamentó la suya de la siguiente manera:

“1.- La sentencia contra Aberastain, Lima y otros fue dictada por el Juez del Crimen, Manuel Tristany, sin conocimiento del Supremo Tribunal de Justicia.
“2.- El desconocimiento de su carácter de presidente del Supremo Tribunal que, según el Art. 16 del Reglamento de Justicia, le correspondía ejercer durante un cuatrimestre: 7 de Agosto al 7 de Diciembre”(11).

(11) Archivo Histórico y Administrativo de San Juan, Año 1860, volumen 289, fs. 369 y vuelta. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

A los cuatro desterrados se les intimó salir para Mendoza y como Aberastain se hallaba enfermo, se le autorizó a salir en carruaje. “Parece que Virasoro se ha vuelto loco. Ya no conoce freno”, escribía Aberastain a Sarmiento el 3 de Noviembre, con el propósito de agudizar la violenta reacción de Buenos Aires.

- Muerte de Virasoro

La situación de San Juan preocupaba mucho a los políticos de todo el país. El mismo presidente Derqui llegó a pensar en viajar a San Juan a fin de ejercer su influencia sobre Virasoro. Se temía un grave desenlace.

Por ello, cuando Mitre y Derqui concurrieron al Palacio San José, invitados por Urquiza para celebrar el primer aniversario del Pacto de San José, decidieron enviar una carta conjunta a José Antonio Virasoro aconsejándole renunciar al cargo de gobernador de San Juan (16 de Noviembre de 1860).

Apelaban al patriotismo que siempre había demostrado y que le permitiría prestar sus servicios militares allí donde la Nación lo necesitara. Aclaraban además que daban este paso para evitar que las agitaciones de San Juan se extendieran a las provincias, provocando así luchas en todo el país.

Terminaban expresando que no dudaban que el coronel Virasoro renunciaría, ofreciendo así un nuevo servicio a la Nación, pero que si no lo entendía así, ellos, Derqui, Mitre y Urquiza, dejaban a salvo sus responsabilidades por lo que pudiera ocurrir en el futuro.

Desgraciadamente la carta salía demasiado tarde. Ese mismo día 16 de Noviembre caía asesinado el gobernador Virasoro, junto a su hermano Pedro y otros allegados. ¿Cómo ocurrió la tragedia?

Son numerosos los relatos de lo acaecido aquella fatídica mañana, en la casa ubicada en la calle Tucumán (hoy Mitre), entre Rivadavia y Buenos Aires. Por ello sólo nos limitaremos a narrar una apretada síntesis de cómo sucedieron los hechos, basándonos en documentos de la época:

Según parece hacía días que circulaban rumores de insurrección. Por ello, el Jefe de Policía, Filomeno Valenzuela, federal y leal al Gobierno, hacía patrullar las calles y caminos a toda hora. Al mismo tiempo, el cuerpo de vigilantes fue reforzado. Sin embargo, todas estas medidas no pudieron impedir el trágico fin del gobernador.

Esa misma fatídica mañana (16 de Noviembre) un vecino del gobernador, José Amiel, advirtió a éste sobre un posible atentado para quitarlo del cargo. N. Lacrain nos cuenta que Virasoro, “porfiado y decidido, salió inmediatamente de su casa, impartió órdenes, hizo redoblar la vigilancia en las calles”, incluso fue a los cuarteles, pero nada extraño comprobó.

Regresó a su casa, sin advertir que las calles se hallaban desiertas y totalmente silenciosas, cosa que a otro hubiera llamado la atención.

Los complotados, bajo la dirección de un ciudadano chileno, Pedro Nolasco Cobo, y secundado por los comandantes de milicias Marcelino Quiroga y David Agüero, se hallaban escondidos desde la noche anterior en una casa vecina.

A eso de las ocho de la mañana un grupo de alrededor de cincuenta personas asaltaron la casa del gobernador. Pese a la tenaz y bravía resistencia, en poco tiempo todo había terminado: el gobernador, su hermano Pedro, el comandante Hayes, un joven oficial enviado por el general Peñaloza en misión oficial -de apellido Rolin- y dos o tres personas más, yacían muertas. Sólo se salvaron la esposa de Virasoro y sus pequeños hijos, así como otras mujeres que se hallaban en la casa.

Al mismo tiempo se producía el ataque al Cuartel de San Clemente -que se hallaba a unas tres cuadras de allí- y al Cabildo, el que fue asaltado por los comandantes José Núñez y Domingo Domínguez.

Un testigo anónimo, sin lugar a dudas alguien que también penetró en la casa, sostiene que después de la masacre, el silenció cayó como una pesada carga y que nadie se atrevía a mirarse a los ojos. Y la viuda de Virasoro, dos semanas más tarde escribía a su cuñado, el general Benjamín Virasoro:

“Mendoza, Noviembre 19 de 1860.
“Hermano querido:
“Haciendo un esfuerzo sobrenatural, puedo decirte que hoy hacen doce días que tu hermano y mi esposo querido fueron cobardemente asesinados por una parte de los hombres más decentes de San Juan, siendo víctimas con él nuestro hermano Pedro, Hayes, Cano, Quirós y Acosta y también un tal Rolin que ese día antes había llegado y a quien no conocía.
“Estos eran los hombres que se encontraban en casa en aquellos momentos, seguros de esto los asaltantes se lanzaron a las 8 de la mañana del día 16, tomando todas las salidas que pudieran tener los atacados, y trayendo 10 ó 15 hombres por cada uno de los que estaban allí; así es que no tuvieron tiempo de huir ni para defenderse y en pocos minutos todos los que he nombrado eran cadáveres.
“Como tú sabes, mí desgraciado José no tenía ni gustaba más goces que los que le proporcionaba su familia, así es que en aquellos momentos lo encontraron rodeado de algunos de sus hijos, pues los otros aún dormían. Alejandro era el que se hallaba en sus brazos, al que sólo la Providencia ha podido salvar, pues José cayó acribillado de balazos y el niño, que lo sacaron de abajo de su cadáver, no tuvo más que la contusión producida por el golpe.
“Yo, que estaba algo indispuesta, guardaba cama y dormía en aquel momento; el estrépito de un diluvio de balas dentro de casa me hizo salir despavorida de la cama, sin poder hacer más que echarme una bata; descalza y media desnuda me lancé entre aquella turba de forajidos buscando mi marido y mis hijos; desgraciadamente, ninguno de los tiros que sobre mí descargaron fue certero, y cuando se dirigían a mí con una bayoneta calada sentí un brazo superior al mío que, arrastrándome con fuerza a un rincón, me presentaba a uno de mis hijos bañado en la sangre de su padre; éste era el pobrecito Alejandro y el brazo era el del hombre cruel que, salvándome de la muerte (mi única dicha en aquel momento), me hacía ver con toda sangre fría un deber que yo había olvidado en aquel instante, y era el de conservarme para el único hijo que me quedaba, pues ésta era la creencia de él.
“Tal anuncio trajo a mi auxilio un ímpetu que me arrancara de los que me oprimían y, desesperada, corrí dirigiéndome donde un grupo de bandidos que manchaban sus manos con la sangre de un cadáver, llenándolo de injurias; por sus palabras conocí que ese cadáver era el del mejor de todos los hombres, el de mi marido José. Penetrando entre ellos me eché sobre él diciendo: que lo habían asesinado, pero que no conseguirían ajarlo, a no ser sobre mi cadáver.
“Felizmente, mi desesperación aterró a los bárbaros y se retiraron, dejándome un cuadro que sólo a la Madre de Dios ha podido presentársele. En igual caso se hallaba la desgraciada Máxima, que en vano procuraba tener alientos para arrastrar los despojos de su marido que, hecho pedazos, se hallaba en el segundo patio de la casa.
“En estos momentos llegaron las caritativas señora Gertrudis Y. de C., doña Elena B. de C., doña Gertrudis J. de M. Casi al mismo tiempo llegó el señor cónsul chileno, a quien recurrí en aquellos momentos; entonces, viendo una mano amiga que me ayudase, me puse en la amarga tarea de sacar el cadáver de José del lago de sangre en que se encontraba, lavando yo misma su cuerpo y cara, que en aquellos momentos era desconocida, después de haberlo levantado del suelo y puesto en el lugar que debía estar.
“Concluido esto, le ordenaron al cónsul que nos dejase y, a pesar de haberse resistido, no consiguió que lo respetasen; tuvo que salir y otro tanto hicieron con las señoras, dejándonos por toda compañía los cadáveres que nos rodeaban.
“En tal estado teníamos que ahogar nuestro dolor y ocuparnos de reunir todas las fuerzas posibles para la custodia fiel de aquellos restos queridos. Al fin, con algún trabajo, consiguió el señor cónsul volver y también las señoras que después de los primeros momentos fue creciendo el número de las que me prodigaban cuidado y me ofrecían sus casas y todo cuanto pudiera necesitar.
“Aunque entre éstas se hallaban algunas vecinas que por varios días habían ocultado a los asesinos, no te las nombro porque ya las he perdonado, pero te diré que entre ellas hay viudas, otras que con su marido y sus hijos son más desgraciadas aún, pues que está visto no saben comprender un sentimiento noble. Después de vencer las dificultades que te he dicho para volver, el señor cónsul se ocupó de hacer las diligencias necesarias para dar sepultura a los mártires.
“Eran las seis de la tarde y aún no había cajones para todos, y tuve que resolverme, aunque con muchísimo pesar, a ver que Cano, Quirós y Acosta, sus compañeros más leales y generosos, fueran llevados en un carro y echados en la zanja común. Para que José, Hayes, Pedro y demás fueran llevados con dignidad, tuve que recurrir al Convento de Santo Domingo y asentar los nombres de los muertos en la cofradía, de este modo quedaban los cofrades en la obligación de acompañar los cadáveres.
“A las seis y media de la tarde fue sacado el de José que fue puesto en el féretro y llevado a pulso por algunos cofrades y acompañado por un religioso del mismo Convento, hasta la mitad del patio pude ser custodiada, y aunque casi fuera de mí pude mezclar mis oraciones y plegarias a las del religioso que los encomendaba; ya entonces convencida que me separaba para siempre de lo más querido que tenía en la vida, quedé sin sentido y a merced de las personas que me rodeaban.
“Cuando me fue posible comprender lo que oía tuve que abandonar aunque a mi pesar las ruinas que me rodeaban, pues, a todas direcciones no se veían más que charcos de sangre, puertas rotas, baúles vacíos y destrozados, pues mientras unos mataban otros saqueaban, a no dejarme ni el anillo que tenía en el dedo.
“Ya era la oración y me encontraba amenazada por el populacho que obstruía la salida; tuve que pedir a los caballeros (que después del asesinato y demás horrores se pusieron de guardia) que se demorasen un momento más y, apoyada en el brazo del muy respetable señor Borgoño, cónsul chileno, me dirigí a la casa de la señora doña Gertrudis P. de Coll, donde he permanecido con Máxima y demás familia hasta el 22, que me puse en viaje para ésta, conducida por el señor Daniel González y acompañada por algunos buenos amigos chilenos, de la emigración; éstos, asociados a González, han hecho cuanto han podido para sacarme de aquel teatro de horrores y hasta ahora no dejan de hacer cuanto un amigo consecuente cree necesario.
“Entretanto estoy en casa de don Carlos González, recibiendo favores sin límites de toda su familia y estaré aquí hasta que pueda arreglar algunos asuntos que conviene los atienda de aquí, recomendándote los consuelos para mi pobre mamá. No tengo aliento para poner en limpio estos borrones, tómate el trabajo de leerlos así y también de mostrarlos a todos los amigos, ya no puedo más. Un abrazo a Leonor y tú el cariño de la más desgraciada de tus hermanas.
“Elena.1841”(12).

(12) Julio Victorica. “Urquiza y Mitre” (1918), capítulo XVI, p. 231. Ed. La Cultura Argentina, Buenos Aires. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Jorge I. Segura nos dice:

“El asesinato de Virasoro, crimen alevoso premeditado por hombres espectables de Buenos Aires, San Juan y Mendoza, fue una anacrónica expresión de una época de barbarie que parecía haber terminado en los campos de Caseros.
“Este crimen pudo ser evitado, pero la fatalidad hizo que los acontecimientos se precipitaran y ya nada pudo contener el desenlace. Si los conspiradores hubieran esperado unos días la ejecución de su plan, Virasoro habría salido de San Juan, renunciando al mando, evitándose el crimen que preparó la guerra civil de 1861”(13).

(13) Jorge Y. Segura. “Los Sucesos de San Juan. 1860” (1962), p. 19. Separata de la Revista de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, 2da. época. Mendoza. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El gobernador de Mendoza, coronel Nazar, al dar cuenta de los sucesos decía:

“El movimiento y el hecho de los asesinatos ha sido llevado a cabo por unas treinta o cuarenta personas del comercio que han derramado el oro a manos llenas para comprarse al populacho”(14).

(14) Archivo Histórico de Mendoza. Independiente, Copiador Nro. 7, Año 1860. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Y Santiago Quiroga escribe a Urquiza, el 27 de Noviembre:

“El chileno Cobo, autor y jefe de la asonada, reunió al pueblo y se eligió un Gobierno interino en la persona de don Francisco T. Coll, ciudadano honrado y pacífico, cuñado del coronel Díaz.
“Nombró dos ministros secretarios en el doctor Aberastain y Dn. Valentín Videla. Solicitó a Díaz y le pidió el apoyo de todos los amigos.
“De este modo es como el dicho Díaz está ejerciendo la Comandancia General de Armas, yo en la Comandancia de Justicia, pero en el asunto del motín no tenemos la más leve participación.
“A mí me tomó el suceso en mi chacra a siete leguas de la ciudad. Díaz había venido de la suya a la ciudad el día anterior. Durán hijo, está comprometido bastante, lo siento; es casado en mi familia”(15).

(15) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta IX, fs. 1.354 y 1.356. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Conocida la noticia del asesinato, provocó una repercusión enorme en el resto del país. De inmediato comenzaron a cruzarse mutuas acusaciones entre los hombres de Buenos Aires y los de la Confederación. En Paraná acusaban a Buenos Aires de haber propiciado y financiado el crimen. ¿Cómo no pensar en la complicidad de Buenos Aires, si sus hombres más encumbrados habían venido incitando a la violencia?

Recordemos que “El Nacional” de Buenos Aires, donde colaboraba Sarmiento, publicó un ataque durísimo contra Virasoro, varios días antes de que se conociera allí el crimen perpetrado. Decía así:

“Que el pueblo de San Juan desde que están violadas, confesas, públicamente las garantías del proceso, la defensa y las fórmulas del juicio, está en el derecho de deshacerse de su tirano a todo trance.
“Que el Gobierno Nacional debe hacer efectiva la garantía de las declaraciones previas a la Constitución, o no hay Constitución”(16).

(16) Periódico “El Nacional” del 23 de Noviembre de 1860. Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964), p. 308. Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires. // Referenciado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Y el 18 de Noviembre, dos días después del crimen, en Buenos Aires se publicaba un suelto de Sarmiento en el que -entre otras cosas- decía:

“Virasoro no tiene un partido en San Juan. A los adictos a Benavídez, los ha dispersado, desterrado y ajado. A los desafectos a Gómez, del partido liberal, los ha vilipendiado como a Rojo, Durán, etc. El pueblo le opone la resistencia de su desprecio...
“La situación de San Juan compromete la gloriosa obra de la unión nacional y si se perpetuara un año más, destruiría la confianza, que era hasta hoy profunda en la paz...
“Intereses tan grandes como la paz de la República, la realidad de las Instituciones en lo que más cerca toca a los hombres como es la seguridad personal, las formas judiciales que aseguran la propia defensa y el desarrollo de la riqueza sofocada en el instante en que la Providencia parecía querer premiar la constancia y amor al trabajo del pueblo de San Juan, exigen medidas enérgicas y superiores al cúmulo de males que es preciso cortar de raiz”(17).

(17) Archivo Histórico y Administrativo de San Juan, Libro Hacienda y Obras Públicas, Nro. 149, Año 1861, fs. 33-52; Libro 287, fs. 287-337, 345 y 346. Citado por Horacio Videla. “Historia de San Juan” (1962-1972), volumen IV, p. 599. Universidad Católica de Cuyo. Ed. Academia de La Plata, Buenos Aires. // Todo referenciado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Rufino de Ellzalde, ministro de Hacienda de Buenos Aires, escribía a Mitre:

“Por aquí todo va muy bien. El solo asunto que hemos tenido es lo relativo a San Juan de lo que escribe Sarmiento...
“Quitándole a las relaciones que nos vienen toda la exageración natural en estos casos es fuera de toda duda que el Gobierno de San Juan está en condiciones fuera de la Constitución. La revolución es ya un derecho y el pueblo de San Juan indudablemente va a usar de él.
“Parece que les falta recursos y nos piden una bagatela. ¿Qué hacemos? Hemos creido que sin el asentimiento del Gobierno Nacional nada podemos acordar. Ud. nos dirá si después de hablar con Derqui, podemos proceder a esta medida.
“Pero en mi opinión esto solo no basta. La cuestión de San Juan va a venir a enredarnos en el Congreso y es preciso con tiempo evitarlo. El Gobierno Nacional se va a encontrar envuelto en estas dificultades.
“Yo creo que Derqui puede hacer mucho más. Escribirle a Virasoro que renuncie. Hacer que se nombre un gobernador provisorio que convoque a elecciones y constituir los poderes públicos.
“En fin, cualquier otro arbitrio. Pero nosotros no podemos pasar en silencio los escándalos que allí pasan”(18).

(18) Elizalde a Mitre. Carta del 11 de Noviembre de 1860. Correspondencia Mitre-Elizalde, p. 53. Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964), p. 310. Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires. // Referenciado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Si los liberales de San Juan solicitaban recursos a los hombres de Buenos Aires, como lo revelan las cartas, parece lógico pensar que allí se estaba al tanto de los planes contra el Gobierno de Virasoro. ¿Hasta dónde estuvieron comprometidos?
Recordemos que la prensa de oposición en Buenos Aires acusó al Gobierno de esa provincia de estar complotado con los sediciosos de San Juan a quienes el ministro de Hacienda había otorgado una ayuda de millón y medio de pesos para terminar con el Gobierno de Virasoro.

Mariano Pelliza, en una obra ya clásica sobre estos años, nos dice:

“El ministro de Hacienda quiso defenderse del cargo, pero se confundió dejando subsistente la denuncia que bien pronto quedó confirmada por una circunstancia verdaderamente singular: ¡El órgano oficial del ministro de Gobierno anunció con una anticipación de seis días la muerte del gobernador Virasoro!”(19).

(19) Mariano Pelliza. “La Organización Nacional” (1951), pp. 176-177. Ed. Suelo Argentino, Buenos Aires. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

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