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La Intervención Saá

Las pasiones políticas habían eliminado, una vez más, a una figura de relevancia, hecho que conduciría a ensangrentar el suelo patrio. ¡Cuánta pasión! ¡Cuánta intolerancia! Con la muerte de Virasoro, se había iniciado el camino sin retorno. Ya no era posible la paz.

Otra vez la tragedia se adueñaba del país. Lo ocurrido sólo terminaría cuando uno de los dos bandos eliminara al otro. Quedaba abierto el camino hacia Pavón.

- Liberales en el poder

Volvamos ahora a los sucesos acaecidos en San Juan. Ese mismo día, 16 de Noviembre, en horas de la tarde, una Asamblea de vecinos ofreció el Gobierno a Saturnino de la Presilla, federal de prestigio en la provincia y que se había alejado del Gobierno por discrepancias con el mismo.

Ante la negativa de éste, se designó al mismo implicado seriamente en los hechos, Pedro N. Cobo, quien estuvo al frente del Gobierno por dos días. Al día siguiente se convocó al pueblo para que eligiera un gobernador interino, quien luego convocaría a elecciones de gobernador propietario. Así fue proclamado Francisco Tristán Coll.

Entretanto, los desterrados en Mendoza, a la cabeza de los cuales se hallaba Aberastain, se apresuraron a regresar no bien se enteraron de los acontecimientos que habían tenido lugar en su provincia.

Fueron recibidos por sus partidarios y de inmediato el gobernador Coll nombró a Aberastain Ministro Secretario, junto con Valentín Videla. Cuatro días más tarde, Francisco Díaz, ex gobernador, es designado Comandante de Armas de la plaza.

El día 20, Antonino Aberastain comunica a Manuel Antonio Durán que ha aceptado su nombramiento:

“... porque así me hago solidario del sagrado compromiso, contraido el día 16 por el sufrido y valiente pueblo de San Juan de defender con su sangre su libertad y sus derechos, tanto tiempo hollados por la impunidad y la tiranía más justificable”, (¿”injustificable”?)(1).

(1) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta IX, fs. 1.343-1.344. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Los hombres que habían consumado el levantamiento, ahora temerosos de la reacción del Gobierno Nacional, se apresuraron a tomar una serie de medidas tendientes a darle base legal a todo lo hecho hasta ese momento.

Por ello, el mismo día de la asunción de Coll, se formó una Comisión compuesta por Pedro N. Cobo, José Antonio Durán y Amado Laprida, la que debía redactar un Manifiesto dirigido al Gobierno Nacional y a la opinión de la República, explicando las causas que provocaron la insurrección contra Virasoro.

Hemos dicho que uno de los integrantes de esa Comisión era José Antonio Durán, padre de Manuel Antonio, quien en carta a Urquiza, el 20 de Noviembre, analizaba los errores cometidos por el gobernador asesinado y concluía en una vigorosa defensa de las nuevas autoridades.

“Don Francisco Tristán Coll es uno de los vecinos más respetables y simpáticos por su honradez y mansedumbre. Por estas nobles cualidades todos los partidos tienen confianza en él, muy especialmente el partido de Gómez.
“Reúne también la del partido de Rojo y Rawson. El ministro don Antonino Aberastain, representa al partido de Sarmiento y el coronel Francisco Díaz en la Comandancia General de Armas inspira la confianza de su partido y del antiguo del general Benavídez.
“Organizado el Gobierno de esta manera, la provincía ha quedado completamente tranquila, y adormecidas las pretensiones de los partidos. Queda claramente la ansiedad sobre el modo cómo el Gobierno Nacional valorará estos sucesos”(2).

(2) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta IX, fs. 1.345-1.353. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

A fin de evitar la Intervención del Gobierno de Paraná, el 23 de Noviembre, el Gobierno interino informa al Ministerio de Estado de la Confederación en el Departamento del Interior, sobre los acontecimientos que tuvieron lugar y esgrime los argumentos necesarios para evitar una acción punitiva:

“... cree de su deber el infrascrito hacer presente a V. E. que la conmoción del día 16 no ha puesto en peligro el ejercicio de la Constitución Nacional, ni de las autoridades creadas por ella.
“Por el contrario; tanto los ciudadanos como las autoridades la acatan. Por esta razón el P. E. Nacional no puede hacer uso de las facultades que le confiere el artículo 23 y la atribución 1ra. del artículo 6to., por falta de requisición de autoridad constituida.
“Los sucesos, pues, que dan origen a esta Nota está por la naturaleza y por la Constitución bajo la jurisdicción de la soberanía de la provincia de San Juan. Retirada al Congreso la facultad de enjuiciar a los gobernadores de provincia, ha vuelto a las provincias esa facultad, como poder no delegado por dicha Constitución al Gobierno Federal”(3).

(3) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta IX, fs. 685. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Así el nuevo Gobierno sanjuanino e importantes figuras del ambiente político buscaban justificar lo acaecido aquel fatídico 16 de Noviembre y para ello se amparaban en las disposiciones constitucionales para evitar que el Gobierno Nacional interviniese en la convulsionada provincia cuyana.

En realidad, el Gobierno de Derqui se hallaba ante un grave problema: quería castigar a los culpables, pero no quería que el general Urquiza terciase en el asunto, ya que había surgido el distanciamiento entre ellos. Urquiza no sólo quería que se aplicara el castigo sino que, además, aconsejaba se nombrara interventor a Benjamín Virasoro, hermano de José Antonio.

El 25 de Noviembre se conocía el decreto del Poder Ejecutivo Nacional -con Acuerdo de ministros- por el que se comisionaba al gobernador de San Luis, Juan Saá, para que en representación del Gobierno Nacional restituyera el orden en San Juan, adoptando para ello las medidas que considerase legítimas adoptar.

También se autorizaba a Saá a movilizar las fuerzas de la provincia de su mando, así como las de Mendoza para restaurar la paz en San Juan. Además se nombró secretario de la misión federal a José María Lafuente, oficial mayor del Ministerio de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, y al mando de las fuerzas militares de la Intervención, a los coroneles Wenceslao Paunero y Emilio Conesa. Estos dos militares pertenecían al Ejército de Buenos Aires.

De esta manera, Derqui trataba de congraciarse con Mitre, lo que aumentará aún más su distanciamiento de Urquiza, a quien escribe explicando estas medidas:

“Me pareció que convenía dar a este negocio alguna ingerencia, aunque indirecta, a algunos hombres de los que no han estado de nuestro lado, quitando así hasta el pretexto para que se nos tache de parciales y quitándole a la Intervención todo el colorido de partido político que pudieran hallarle los que quisiesen acusar maliciosamente al Gobierno.
“De esa idea ha nacido el envío de los coroneles Paunero y Conesa, y del Sr. Lafuente, asegurándole a V. E. ... que no he recibido de ellos, del general Mitre ni directa ni indirectamente la más pequeña indicación al respecto...
“Ellos temían que la infamia de ese crimen recayese, en el juicio general, sobre el partido a que pertenecen y, por lo mismo, condenaban sin reserva y sin miramiento a los asesinos, cualquiera que ellos fuesen...
“Ya se explicará V. E. las buenas cualidades de ese jefe, pero no he creído discreto sujetar a la Comisión a la censura que se haría probablemente si se encomendaba a una persona tan inmediatamente tocada por el crimen cuyo castigo procuro”(4).

(4) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta IX, fs. 1.361-1.364. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Las Instrucciones de Derqui al comisionado Saá muestran la falta de coherencia del presidente, que por un lado quiere castigar a los culpables de la muerte de su amigo correntino y por otra parte no se decidía a poner en peligro la amistad recientemente recuperada con las autoridades de Buenos Aires.

“Si encontrase al pueblo de San Juan en plena función y libre ejercicio de sus derechos, apoyará sus deliberaciones, si en ello no tuvieran influencia directa o indirecta la revolución...
“Si los revolucionarlos y anarquistas, como es creíble, estuviesen dominando la provincia de San Juan y sus destinos, la someterá a la manera que estimare más conveniente y asumiendo el mando de la provincia”(5).

(5) Decreto de Intervención Nacional e Instrucciones del 25 de Noviembre de 1860. Citado por Horacio Videla. “Historia de San Juan” (1962-1972), volumen IV, p. 914. Universidad Católica de Cuyo. Ed. Academia de La Plata, Buenos Aires. // Todo referenciado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Emitido el decreto, el Gobierno Nacional envió copia del mismo al gobernador de Mendoza, Laureano Nazar, solicitándole todo el apoyo que fuera necesario al comisionado Saá.

¿Fue un error de Derqui el designar a Juan Saá para semejante trabajo? El historiador Segura nos dice que fue un error, ya que Saá se hallaba muy comprometido con su partido. Sin duda que esto es verdad. Pero ¿podría ser de otra manera en tales circunstancias? Era un federal convencido y estaba dispuesto, como lo demostró en Pavón, a defender la causa de la Confederación hasta sus últimas consecuencias.

Por otro lado, sabía que los sucesos de San Juan formaban parte de una conjura general contra los Gobiernos del Interior y apoyada desde Buenos Aires. No olvidemos tampoco que hacía pocos meses (Julio de ese mismo año) el mismo Saá debió sofocar el motín del coronel José Iseas, a quien acompañaba el coronel Manuel Baigorria, muy cerca del Fuerte Constitucional.

Si los sanjuaninos hubieran acatado su autoridad como interventor, las cosas no hubiesen ido tan lejos. Pero ambos bandos actuaron con una intransigencia sin límites, pues así como Saá recibirá la influencia de los federales como Nazar o el mismo Urquiza, los liberales de San Juan eran permanentemente acicateados y apoyados por los hombres de Buenos Aires. Aun desde el mismo Gobierno hubo personajes como Sarmiento que desplegaron una pasión política desmedida.

Que lo sucedido en San Juan formaba parte de un plan general lo sostiene el mismo general Urquiza, quien en carta a Mitre del 10 de Enero, decía:

“Muchos amigos comunes de Buenos Aires me han visitado después de los sucesos de San Juan y todos pueden afirmarle, que en el violento disgusto que ellos me han causado, y cuando he podido creer que algunos de Buenos Aires y su prensa misma promovían esa exaltación, que está sembrando la alarma por todas partes, excitando las oposiciones locales de algunas provincias hasta producir catástrofes sangrientas, como la de San Juan, contra la cual Ud. se pronunció en los primeros momentos...
“No soy tímido para manifestar la verdad ... o le hubiese manifestado claramente lo que no creía bien, como lo he hecho respecto de muchos asuntos y le citaré entre otros, el envío de los coroneles Conesa y Paunero y el Sr. Lafuente, porque temía lo que ha sucedido, que su presencia inconsiderada e inoportuna en aquella Comisión trajese excitación ... le citaré también el nombramiento de Aberastain, le citaré algunas medidas de que hablé a Ud. en San José, que creía impolíticas en la situación, que iban a traer resistencias, a fomentar reacciones...”(6).

(6) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta X, fs. 1.327-1.330. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Desde San Luis, el coronel Sáa se comunicó con el gobernador interino, Francisco Coll, para remitirle los documentos que lo acreditaban como Comisionado por el Gobierno Nacional para intervenir en la provincia y restablecer el orden público, ya que:

“S. E. no es la expresión del pueblo sino una fracción política que dominada en esta provincia por ellos no hay allí garantías necesarias para que el pueblo todo exprese libremente su voluntad en los comicios públicos para evitar pues todo reproche...
“Yo no voy allí a imponer al pueblo mi candidato ni a colocar un partido ajeno a todos y sin conocer a nadie. Mi misión la llevaré con altura y con independencia de todo interés personal y de círculo”(7).

(7) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta IX, fs. 1.368-1.370. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Luego de esta misiva del comisionado, el secretario de la Comisión, José María Lafuente, escribió al doctor Aberastain, para informarle que el coronel Saá esperaba la contestación a la Nota oficial y le decía que si esa respuesta era cordial y amistosa, el citado coronel marcharía a San Juan con una pequeña escolta y acompañado de los coroneles Paunero y Conesa.

Esta opinión de Lafuente reflejaba así el ánimo que hasta ese momento tenía el coronel Juan Saá para realizar la misión encomendada. Precisamente, en San Luis había acordado con sus compañeros de misión avanzar pacíficamente sobre San Juan, para lo cual incluso había licenciado parte de sus tropas.

- Actitud sanjuanina

El gobernador Coll convocó a elecciones para gobernador propietario, siendo electo el doctor Antonino Aberastain, quien fue proclamado el día 9. Al día siguiente, Coll escribió a Saá, en tono amistoso, pero insistiendo que la provincia no había delegado su soberanía a las autoridades nacionales, por lo que le solicitaba no hiciera “ostentación de fuerzas” que pudieran afectar las buenas relaciones y tranquilidad del pueblo de San Juan.

Le informaba también que, en prueba de su buena voluntad suspendería, por el momento, la asunción del mando del gobernador propietario.

Como vemos, los sanjuaninos no cedían absolutamente en nada y lo mismo ocurrirá luego con el Comisionado quien, poco a poco, irá endureciendo su postura.

Parece ser que uno de los artífices de ese endurecimiento fue el gobernador mendocino Laureano Nazar a quien disgustó la actitud conciliadora de Saá al licenciar sus tropas en San Luis y quien al llegar a Mendoza adoptó la misma medida para las fuerzas que el Gobierno de Mendoza debía tener listas para acompañarlo a San Juan.

Las relaciones entre Nazar y el grupo liberal sanjuanino fueron siempre malas. El gobernador de Mendoza, federal firme, no olvidaba la muerte del general Benavídez a quien lo ligaba una fuerte amistad.

Desde la llegada de Virasoro, éste contó con la adhesión de Nazar y antes del asesinato circulaban en Mendoza rumores de planes para eliminar no sólo al Gobierno de San Juan sino también a los de San Luis y de la propia provincia mendocina. Por todo ello, no es de extrañar la actitud irreductible de Nazar hacia el grupo político sanjuanino que había eliminado a Virasoro.

Por otro lado, “El Constitucional” de Mendoza llevaba a cabo una campaña de hostilidad hacia el Gobierno recién establecido en San Juan. Así lo manifiesta Coll a Saá, el 16 de Diciembre, cuando envía una misión ante el comisionado:

“Por las Notas de los ministerios del Interior y de Guerra y Marina del Gobierno Nacional, publicadas en el mismo número del Constitucional (Nro. 12.377) ... se ve que la falsa relación de los hechos, transmitida por ese Gobierno (se refiere al de Mendoza), fue la causa única del decreto del 25 de Noviembre del Gobierno Nacional...
“El armamento y reunión de fuerzas y recursos, la incomunicación con esta provincia y otros avances incalificables antes de recibir órdenes, son actos gratuitamente hostiles que prueban el odio y prevenciones que el gobernador Nazar actual de Mendoza tiene a San Juan.
“El infrascrito espera que V. S. S. hagan presentes estas circunstancias al Sr. Comisionado Nacional, pasándole copia de esta Nota, si fuera necesario, a fin de evitar que en el desempeño de su alta misión las malas influencias de un enemigo tan encarnizado como injusto puedan -sin advertirlo- afectar resoluciones que deben llevar el sello de la más estricta justicia e imparcialidad.
“Dios guarde a V. S. S”(8).

(8) Archivo Histórico de Mendoza. Independiente, carpeta 686. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Esta Nota fue enviada por el Gobierno de Coll a través de la Comisión de Buena Voluntad formada en San Juan, que debía entrevistarse con el comisionado Saá en Mendoza. Sin embargo, éste se negó a recibirla ya que exigió como condición previa a todo tratamiento, el que se acatara su autoridad como Interventor.

Una vez asumido el mando él, como enviado del Gobierno Nacional, convocaría a elecciones para proveer el cargo de gobernador propietario. Sin embargo, el grupo de Aberastain estaba lejos de aceptar esta condición. Así lo prueba la carta que Aberastain dirigía a Sarmiento, el 27 de Noviembre:

“... el Gobierno interino y los patriotas han creído necesario dirigirse a Uds. en busca de protección, y es preciso que Uds. nos la den amplia y pronto.
“El Gobierno y el pueblo de Buenos Aires, como cabeza del gran partido de las instituciones, deben su apoyo a San Juan, firme partidario, pero débil por su escasa población y pobreza...
“Es preciso que por todos los medios que puedan combinar cooperen Uds. a que el triunfo de la libertad y derechos de San Juan sean definitivos. Estamos decididos a sostener lo hecho a todo trance...
“El movimiento del 16 no ha tenido otro objeto que derrocar a un tirano. La sangre derramada ha sido necesaria para conseguir tan lícito fin y no ha podido excusarse por la obstinada resistencia de sus sostenedores en un combate de veinte minutos, en que tenían preparadas gentes y armas de las que hicieron un uso horrible, vendiendo caras sus vidas y matando a varios patriotas”(9).

(9) Domingo Faustino Sarmiento. “Obras Completas”, tomo 45, pp. 93-94. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Luego de firmar la carta, agregaba:

“Este es un país pobre, con plata haremos prodigios, sin ella no se hará nunca sino un 16 de Noviembre. Necesitamos plata”.

Esta carta de una de las principales figuras liberales de San Juan nos muestra que no sólo estaban dispuestos a resistir a todo trance, sino que también justificaban ampliamente la matanza del día 16 de Noviembre, con el pretexto de la resistencia de los atacados.

Las pasiones políticas habían entrado a un camino sin retorno.

- Discrepancias

Las discrepancias entre el Comisionado Nacional y sus acompañantes porteños aumentaron a medida que se complicaban los acontecimientos. La negativa de Saá de recibir a la Comisión enviada por Coll y la decisión de marchar con tropas a San Juan -ya que su Gobierno se negaba a acatar las disposiciones tomadas por él, como enviado del Gobierno Nacional- motivaron las renuncias de Conesa, Paunero y Lafuente.

Saá de inmediato los reemplazó por el ministro de Gobierno de Mendoza, Nicasio Martín, y por el Juez de Letras de San Luis, José Elías Rodríguez.

El ministro británico en Buenos Aires informaba a su Gobierno lo siguiente:

“Pero los comisionados de Buenos Aires fueron muy mal recibidos por el gobernador de Mendoza, coronel Nazar, y pronto observaron que el coronel Saá cambiaba rápidamente sus opiniones respecto de la línea de conducta que era conveniente seguir; en suma, terminó por anunciarles que se dirigirá a San Juan con fuerzas suficientes.
“Al oir esta decisión, los miembros de Buenos Aires decidieron separarse de su colega. Es de suponer que este cambio en la conducta del coronel Saá se debió en parte a la influencia ejercida sobre él por el coronel Nazar, a quien lo unen lazos familiares, pero aún a consecuencia de las cartas que le escribió el general Urquiza”(10).

(10) Thornton a Russell (21 de Enero de 1861). Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 232, Nro. 3. Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964), p. 231. Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires. // Referenciado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

En efecto, Urquiza mantenía correspondencia con Saá, en su carácter de Jefe Militar de la Confederación. Precisamente, el 7 de Diciembre Saá le decía:

“Yo no conozco a nadie en San Juan, ni los circulos políticos; dígame quién quiere que sea el gobernador para trabajar en su elección, como también qué debo hacer con los asesinos, una vez que los tome”(11).

(11) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta IX, fs. 1.372-1.373. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Estas dos Notas nos muestran hasta qué grado se hallaba presionado el gobernador de San Luis para actuar en la provincia donde se habían producido tan graves hechos. Si a esto se agrega la actitud poco clara de Derqui, se entiende perfectamente el cambio de “conducta” de Saá, amén de la dura postura de los sanjuaninos.

Sin embargo, por carta del 18 de Diciembre al Gobierno Nacional, Saá informaba que no creía necesario emplear la fuerza, pues por la correspondencia con el gobernador interino Coll se desprendía una buena disposición para acatar su autoridad.

Poco después de estas opiniones, el Comisionado cambia de actitud. Sin duda, presionado por hombres como Nazar, así como por las cartas que recibe de los hombres del Gobierno Nacional, pero también por la conducta del grupo liberal sanjuanino y, sobre todo, por las intrigas que tenían lugar en ambos bandos.

Precisamente, hacia fines de Octubre (31 de Octubre de 1860), habían llegado a Buenos Aires -procedentes de San Juan- un minero propietario de seis minas de plata, Benjamín Aguilar, Gelón Martínez y un técnico francés de nombre Jean Gaillard, los tres comisionados por el partido liberal con el fin de gestionar apoyo para la insurrección que se preparaba en San Juan(12).

(12) Domingo Faustino Sarmiento. “Obras Completas”, volumen XLV, p. 102. Citado por Cravioto. “Mitre y la Minería”, en el “Boletín de la Academia Nacional de la Historia” (1963), tomo XXXTV, 1ra. Sección, pp. 268-275. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Después del asesinato de Virasoro, la prensa de oposición acusó de esto a Sarmiento, como lo prueba la carta que Luis de Souza escribe a Urquiza, desde Buenos Aires, el 10 de Enero de 1861:

“Respecto al dinero que le habían asegurado a V. E. que había dado Sarmiento para la revolución de San Juan, casualmente ha podido Dn. Luis obtener una prueba más de la falsedad de este aserto.
“A nuestra llegada, fue don Luis a entregar a Sarmiento la carta de V. E. y, al entregársela, le dijo:
“‘Antes de abrir esa carta dígame con la franqueza que le caracteriza si es cierto que Ud. ha dado cien onzas a uno de los individuos que habían venido a Buenos Aires, entre otras cosas para buscar recursos para la revolución de San Juan’.
“Entonces ... contestó: ‘Efectivamente; he dado cien onzas, no para la revolución, sino para un negocio de explotación de minas, en la cual han entrado varias personas que le nombró y entre ellos a Dn. Nicolás Vega’”(13).

(13) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta X, fs. 1.335-1.336. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Lógicamente, esta aseveración de Sarmiento no fue aceptada, las dudas existieron y siguen existiendo. La prensa de Buenos Aires, opositora al Gobierno, acusó al ministro de Hacienda del Gobierno de Mitre, Rufino de Elizalde, de haber facilitado a Sarmiento -ministro de Gobierno- un millón y medio de pesos papel para derrocar a las autoridades de San Juan(14).

(14) Julio Victorica. “Urquiza y Mitre” (1968), p. 183. Eudeba, Buenos Aires. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Coincidiendo con esta acusación, conocemos la carta de Antonio Martínez a Urquiza, fechada el 21 de Enero de ese año y que reza así:

“A fines del próximo pasado marcharon para la provincia de San Juan más de un millón de pesos, cambiados en onzas de oro, para que los asesinos de los desgraciados Virasoro se resistiesen y pudiesen evadirse del castigo tremendo y ejemplar que la Justicia ha fulminado sobre sus cabezas.
“Después de estas remesas, tan exhaustas quedaron las Arcas Públicas que el Ejército de la Frontera está impago de tres meses y recién ayer han podido pagar a algunos de los empleados de la repartición que debieron haber sido despedidos, según un decreto anterior, desde el 12 del corriente”(15).

(15) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta X, fs. 1.362-1.363. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Cuando en San Juan tomaron conocimiento que el Comisionado Nacional había decidido avanzar con tropas sobre la provincia, el gobernador interino Coll decidió dejar sin efecto la suspensión de la toma de posesión del mando de gobernador propietario y, por ello, el 29 de Diciembre Aberastain se hizo cargo del Gobierno.

Al día siguiente nombró ministros a dos destacados individuos del grupo liberal: Valentín Videla y Santiago Cortínez. A continuación comenzó a prepararse para resistir la Intervención. Declaró a la provincia en estado de asamblea; ordenó se formase un regimiento de infantería y doce de caballería rural en los Departamentos, designando Jefe de Estado Mayor al coronel Santiago Albarracín.

- Rinconada del Pocito

Ya no era posible detener los acontecimientos: el 7 de Enero, las fuerzas sanjuaninas con Aberastain a la cabeza iniciaron su trágica marcha hacia el sur. Dos días después, el coronel Saá -desde Huanacache- expidió el decreto por el que asumía el mando de la provincia como Comisionado Nacional, al mismo tiempo que enviaba una Nota a Aberastain ordenándole deponer las armas y dándole un plazo de 30 horas para cumplir con esa orden.

Todo era inútil: Aberastain respondió altivamente, desconociéndole toda autoridad.

Y llegó Rinconada del Pocito; el día 11 de Enero se libró la batalla. Fueron totalmente vencidas las fuerzas sanjuaninas, cayendo prisionero -entre otros- Antonino Aberastain. Al día siguiente, por orden del comandante Clavero, era pasado por las armas, acusado de intentar una rebelión con los demás prisioneros.

Su muerte provocó nuevas ansias de desquite, acusaciones mutuas y al fin otra vez la guerra. “Crimen inútil” lo calificó Urquiza. “La muerte de Virasoro -decía Mitre- calificada de antemano de asesinato, ha sido vengada asesinando a todo un pueblo”; y Derqui escribía a Saá el 31 de Enero: “La fusilación de Aberastain ... es una locura que nos compromete muy seriamente por haberse hecho sin previo juicio ni sentencia legal, cualquiera que fuese el crimen que hubiera cometido”(16).

(16) Carta de Derqui a Saá (31 de Enero de 1861). Citada por Horacio Videla. “Historia de San Juan” (1962-1972), volumen IV, p. 663. Universidad Católica de Cuyo. Ed. Academia de La Plata, Buenos Aires. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Olvidaba Derqui que él era uno de los causantes de esta situación por las órdenes ambiguas que dio, queriendo quedar bien con uno y otro lado y así había instruido a Saá el 17 de Diciembre:

“Debe usted exigir una sumisión perentoria de grado o por fuerza; creo que el uso de esta última se hará indispensable ... Tenga usted precaución, fíjese que Aberastain y Sarmiento encuentran muy natural y legítimo matar lo que estorba, que para ellos no hay más que enterrar a los muertos y negocio concluido”(17).

(17) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta IX, fs. 1.376-1.379. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El Gobierno de Buenos Aires -con Mitre a la cabeza- levanta verdadero clamor con lo sucedido en San Juan. Pide se dé un castigo ejemplar a los asesinos de Aberastain y luego emite una declaración condenatoria, invitando al resto de las provincias a pronunciarse de igual manera. Por eso Urquiza le reprocha a Mitre, en carta del 30 de Enero:

“Yo no he enviado la Comisión guerrera a San Juan que combatiese a los revolucionarios encabezados por Burgoa y que luego resultaron serlo por Cobo, y que cambiando de nombres cambia la moralidad del hecho.
“Yo no he hecho más que condenar, lo que he creído con casi todo el país un crimen horrible. No sé si ese hecho ha podido corregirse de otro modo pero no ha debido armarse resistencia rebelde nacional, ni excitarla.
“Las víctimas son deploradas por mi igualmente. Cuando tanto he hecho para que no corra más sangre argentina, me enfurece que se vierta así por miserables pasiones, provocada la lucha.
“Y la lucha civil empezará si se quiere fundarla en lo que ha pasado en San Juan, si hay quién se interese en fomentarla.
“Virasoro no ha sido asesinado, dice Ud.; ¡y ahora lo ha sido todo el pueblo de San Juan!
"Dejemos la frase; pero cúlpese a los que sublevan al pueblo para matar y lo empujan a resistir a la autoridad, cuando todo podía haberse conseguido en la calma y prudencia que siempre aconsejo a los que obran en justicia(18).

(18) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta X, fs. 1.379-1.381. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

En cambio, el Gobierno de Mendoza emitió un decreto, el 26 de Febrero, por el que se daba un voto de gracias al comisionado Juan Saá por haber “destruido a la anarquía”.

Urquiza tenía razón en ese momento; las pasiones políticas presagiaban de nuevo la lucha civil.

Entretanto, Saá entró a San Juan sin encontrar resistencia. De inmediato se hizo cargo del Gobierno. Mitre denunció robos y saqueos por parte de las tropas del Comisionado, versión que es totalmente descalificada por parte del historiador sanjuanino Horacio Videla.

Por decreto del 15 de Enero repuso a la Legislatura que había acompañado al gobernador Virasoro y ordenó la reposición en sus empleos de los ciudadanos que hasta entonces se habían desempeñado en la Administración Provincial.

La repuesta Legislatura sanjuanina declaró nulos todos los actos de gobierno ejercidos por la Administración de Coll y de Aberastain. El 12 de Febrero fue sancionada la convocatoria a elecciones de electores o doblantes y para cubrir las vacantes de diputados. A los tres días se dejó sin efecto el estado de sitio impuesto por Saá al entrar a la ciudad.

Cumplidas las elecciones, el 17 fue elegido gobernador Filomeno Valenzuela, ex Jefe de Policía de Virasoro, el que había salvado su vida aquel fatídico 16 de Noviembre al huir por los fondos de la casa.

Una vez que Valenzuela asumió el cargo, el coronel Saá dejó San Juan rumbo a su provincia, siendo homenajeado por el Gobierno de Nazar, al pasar por Mendoza. El Gobierno de Valenzuela sólo duró ocho días, pues el 1 de Marzo fue depuesto y designado en su lugar Francisco Díaz, quien había sido gobernador en tiempos de Benavídez.

- Urquiza y Derqui

Derqui llegó a la presidencia de la mano de Urquiza, quien lo antepuso al otro candidato, Salvador María del Carril. Pese a eso, pronto comenzó entre los dos hombres de Paraná a levantarse un muro de desconfianza, atizada sin dudas, por Buenos Aires. Derqui, atraído por las intrigas porteñas, comenzó a recelar del papel preponderante que Urquiza desempeñaba a lo largo y ancho de todo el Interior.

No olvidemos que el Gobierno Nacional residía en Paraná y que Urquiza seguía siendo el Comandante de las Fuerzas Armadas de la Confederación. Era lógico que Derqui se sintiera menoscabado frente al entrerríano y de cuya tutela quería escapar.

Para ello buscó la alianza de los hombres de Buenos Aires, pues estaba convencido de que en el resto del país no le sería fácil encontrar quién lo apoyara, en desmedro de Urquiza.

Pero no sólo Derqui se había acercado demasiado a los hombres de Buenos Aires. También Urquiza había decidido hacerlo, en especial con Mitre. Esto lo refleja agudamente el ministro británico en su Informe:

“... desde hace un tiempo los celos han surgido entre Su Excelencia y el general Urquiza, que no se convence que ya no es más presidente de la Confederación; en mucho debe este sentimiento a las circunstancias de esta visita (se refiere a la visita que Derqui y Urquiza hicieron a Buenos Aires, invitados por Mitre para celebrar el 9 de Julio), y se necesitará mucho tacto por parte del señor Derqui para prevenir que se convierta en una brecha, en cuyo caso el general Urquiza buscará el apoyo de Buenos Aires”(19).

(19) Thornton a Russell (25 de Julio de 1860). Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 226, Nro. 69, Confidencial. Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964), p. 287. Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires. // Referenciado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Derqui, buscando una vez más el acercamiento con Buenos Aires, pidió a Mitre que le propusiera a un hombre porteño para que ocupara la cartera de Hacienda, que se hallaba vacante. El general porteño le dio el nombre de Norberto de la Riestra, a quien nombró inmediatamente después de su regreso a Paraná. Como es de imaginar, esto no le cayó nada bien a Urquiza.

Otro elemento de irritación se presentó a raíz de la elección de diputados para la Convención de Santa Fe, pues si bien -por Circular del Ministerio del Interior- se estipulaba que los electos debían residir en la provincia a la que representarían, los Gobiernos provinciales habían recibido Instrucciones para que se eligiera libremente a los candidatos. Como vimos anteriormente, esto fue lo que motivó el rechazo de los convencionales por San Juan, que eran ajenos a la provincia cuyana, hecho que contribuyó a la lucha entre los sanjuaninos que terminó en tragedia.

El intento de Urquiza por provocar un acercamiento a través de la invitación que hizo a Derqui y Mitre para que visitaran el Palacio de San José, fue un fracaso. Así lo muestra uno de los que en ella participó, y que escribe así a Pujol:

“La Conferencia de San José no nos ha dejado contentos. Parece indudable que el Capitán General ha tenido serias y muy desagradables palabras con el presidente.
“No han quedado mejor entendidos que antes. Al contrario; se ha reconocido por el amigo Mitre, y por el presidente, que el Capitán General no puede durarles.
“Firma: Lucero”(20).

(20) Pujol-Lucero (29 de Noviembre de 1860). Archivo de Juan Gregorio Pujol, que fue publicado a principios de la década de 1910 bajo el título de: “Corrientes en la Organización Nacional” (1911), tomo X, pp. 244-245, (diez volúmenes). Editorial Kraft, Buenos Aires. Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964), p. 305. Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires. // Referenciado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El 28 de Enero, Urquiza escribía a Derqui:

“Soy su amigo de veras...
“No oiga las intrigas de los que quieren distanciarnos con intento de perdernos en detalle. No haga nada en recelo de mi buena fe, porque se equivocará en perjuicio suyo y del país.
“Lo digo sin modestia, sin herir susceptibilidad más delicada del hombre que tiene la autoridad.
“Su carta del 19 ... concluye diciéndome que me dice menos que lo (que) quisiera y debiera, y es esa reticencia la que reprocho al amigo”(21).

(21) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta X, fs. 1.374-1.376. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Recordemos que bajo la influencia de Mitre, Derqui nombró a Conesa, Paunero y Lafuente para que acompañaran a Saá a San Juan, causando el disgusto de Urquiza, a quien ni siquiera consultó. El general protestó ante Derqui por la inclusión de los hombres de Buenos Aires en la misión a San Juan, cuando “todo hace creer que los promotores de eso estaban en Buenos Aires”(22).

(22) “Archivo del general Mitre” (1911-1913), tomo VII, (veintiocho volúmenes), Buenos Aires. Citado por José María Rosa. “Historia. Argentina” (1969), tomo 6: “El Cisma (1852-1862)”, p. 320. Ed. J. C. Granda, Buenos Aires. // Referenciado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Por otra parte, el presidente, desconfiado y dubitativo, carecía de los quilates de un estadista. Era bastante sinuoso y de esa manera actuó ante los sucesos de San Juan:

1.- dándole Instrucciones al coronel Saá para que actuara sin miramientos; y
2.- cuando ya era tarde, recomendándole prudencia. Parece -como sostiene José María Rosa- que el presidente jugaba a dos puntas, hasta que llegase el momento de tomar su decisión:

“Aunque ha mandado a Saá las Instrucciones del 17 para no romper con Urquiza antes de tiempo, espera que los adjuntos porteños sepan comprenderlo y manejen con habilidad al titular puntano”(23).

(23) Citado por José María Rosa. “Historia. Argentina” (1969), tomo 6: “El Cisma (1852-1862)”, p. 325. Ed. J. C. Granda, Buenos Aires. // Referenciado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El 19 de Enero, en respuesta a las críticas de Urquiza, le escribe que en adelante está dispuesto a “... mantener mi completa independencia ... el principio de autoridad legal es la base del orden publico”(24).

(24) “Archivo del general Mitre” (1911-1913), tomo VII, (veintiocho volúmenes), Buenos Aires. Citado por José María Rosa. “Historia. Argentina” (1969), tomo 6: “El Cisma (1852-1862)”, p. 330. Ed. J. C. Granda, Buenos Aires. // Referenciado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Estas palabras provocaron la ira de Urquiza, sólo calmado por influencia del general Francia, quien por todos los medios trataba de que existiese el entendimiento entre los dos hombres.

Un hombre que mucho influía en ese momento sobre Derqui, opinaba de la siguiente manera:

“Su posición (la de Derqui) es falsa; tiene que ceder a fuerzas que lo trabajan, pero su corazón nos pertenece, por las pasiones que son inherentes al hombre; porque en nuestra alianza encuentra únicamente las garantías, la dignidad y la conveniencia que no ve, ni puede ver en otra parte.
“Será nuestro aliado en algunas cuestiones transcendentales, que ya se inicia. Así, pues, nuestro propósito es sostenerlo, no con la cordialidad que antes de los sucesos de San Juan, pero sí con el mismo convencimiento...”(25).

(25) Carlos Páez de la Torre. “El Derrumbe de la Confederación (1855-1862)” (1977), p. 231 (Mitre a Posse, 4 de Marzo de1861). Ed. La Bastilla, Buenos Aires. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Esa carta la escribe Mitre a José Posse el 4 de Marzo de 1861 y refleja claramente cuáles eran los planes de los hombres de Buenos Aires y cuál la impresión que tenían sobre el presidente.

Urquiza, por su parte, recibía continuas denuncias que hablaban de la doblez de Derqui, las que sólo servían para aumentar el resquemor entre los dos hombres, en momentos que hubiera sido imprescindible que ambos mantuvieran una política de total acuerdo. Antonio Martínez, hombre de Buenos Aires, pero de la oposición, decía a Urquiza el 31 de Enero:

“Como dice muy bien Calvo, en sus escritos, el coronel Saá, mediante la influencia de V. E. ha salvado la República de la guerra civil que la amenazaba y sólo dejaba en transparencia el foco de conspiradores que están pensando en aumentar el catálogo de sus infamias con nuevos hechos criminales, como los de San Juan.
“Para ello cuentan con Derqui, ese infame desagradecido que está traicionando a su bienhechor como lo es V. E. que elevó con su influencia al poder”(26).

(26) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta X, f. 1.382. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Pese a lo dicho en esa carta, la acción de Saá no salvó a la República de la guerra civil. Las mutuas acusaciones por los sucesos de San Juan; el rechazo de los diputados de Buenos Aires ante el Congreso de la Nación, así como la virulencia de la prensa, prepararon el camino hacia la lucha final.

El Gobierno de Buenos Aires hacía aprestos bélicos y se empeñaba en provocar revueltas en las provincias, cosas denunciadas y comprobadas por las cartas de los funcionarios provinciales.

También el Gobierno Nacional comenzó a prepararse para la lucha. Era inminente la guerra; Urquiza fue designado General en Jefe del Ejército de la Confederación, aumentando así los recelos de Derqui. Precisamente, cuando el Ejército de la Confederación se hallaba acampado en la localidad de Gorondona, a orillas del Paraná, ocurrió un episodio de terribles consecuencias:

Derqui visitó a Urquiza, alojándose en el vapor “Menay” de la Armada Nacional. Allí se produjo lo que se ha dado en llamar el incidente de la “carta olvidada”: el presidente olvidó un sobretodo. Un sirviente de Urquiza, buscando en los bolsillos algo que identificara al dueño de la prenda, encontró varios papeles que entregó a un empleado de la Secretaría General.

Este empleado comprobó que se trataba de varias cartas dirigidas a Derqui, una de las cuales provenía del doctor Mateo Luque, íntimo amigo del primer magistrado. En ella se hablaba de un plan existente para

“... encumbrar la figura militar del coronel Saá y de asegurar a Derqui, de un modo exclusivo, la influencia sobre las situaciones o Gobiernos de las provincias del Interior, a fin de hacer posible o fácil la traslación de la capital de la República a Córdoba y, como consecuencia de todo eso, menoscabar o reducir la influencia política del general Urquiza en la República, etc.”(27).

(27) Julio Victorica. “Urquiza y Mitre” (1968), p. 189. Eudeba, Buenos Aires. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Después de leer la carta, Urquiza le escribió a su secretario, doctor Victorica, quien se hallaba en Paraná:

“Véngase inmediatamente: estoy traicionado”.

Dejó copia de la carta en su archivo y el original se lo envió a Derqui, diciéndole que conocía el contenido. Sin embargo, éste no hizo mención alguna al tema, aumentando así la desconfianza de Urquiza. Nos preguntamos ¿cuánto de esto influyó en el ánimo del enterriano para actuar como lo hizo en Pavón?

Ya después de Pavón, Derqui escribía así a Urquiza:

“Veo que a Ud. le molesta con razón la atmósfera de chismes que se ha levantado entre nosotros, como me molesta a mi, no porque yo les dé valor alguno ni crea que Ud. se los da y sí por el efecto que causan en personas poco cautas que no se paran a examinarlos y compararlos con los hechos .
“No me sorprende esta infame maniobra que yo esperaba, y que le predije a Ud. antes y después de mi recepción al presidente.
“Tengo por otra parte la más ilimitada confianza en su patriotismo, en su amor a las instituciones que tanta gloria han fundado ... para creer que Ud. trata directa ni indirectamente de minar la autoridad que ellas han creado, y que es su salvaguardia.
“Conozco también demasiado su carácter personal y caballerosidad para no confiar en la amistad personal que siempre me ha dispensado...
“Confieso a Ud. mi querido compadre que me hago una gran violencia para hablar de esto, porque creo indigno de nosotros, hasta que nos ocupen un rato esos pobres sonidos de badajos, cuyo origen cuasi en su totalidad, está en Buenos Aires, donde me consta hay una pandilla organizada al efecto...”(28).

(28) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta XI, 2da. parte, fs. 1.590-1.591. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Esta era la situación existente en los tiempos previos a Pavón. Las desinteligencias entre los dos hombres más importantes de la Confederación, sin duda jugaron un papel muy importante en los sucesos que vendrían y que tan grande repercusión tuvieron para el país.

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