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Pavón y sus consecuencias

No es aquí el tema hacer un análisis de lo ocurrido en la batalla de Pavón, pero tampoco se puede dejar de hacer algunos comentarios.

Es bien sabido lo que sucedió en el campo de batalla: cuando aún la lucha no había concluido y las fuerzas de Saá luchaban denodadamente, el general Urquiza se retiró con su caballería intacta, lo que facilitó el triunfo porteño.

La amargura y confusión de los federales sólo puede comprenderse si nos detenemos ante la lectura de la correspondencia intercambiada entre sus protagonistas y que reflejan el estado de ánimo de esos hombres que no podían entender lo que había ocurrido. Así, Simón de Santa Cruz, en Octubre, le escribe a Urquiza desde Rosario:

“... En la penosa y desesperante situación en que he quedado por no haber recibido casi ninguna de V. E. he pasado y pasé los días más crueles.
“Mil veces he pensado abandonarlo todo, pero la idea de dejar solos oficiales que son leales a Vuestra Excelencia y los cañones que tanto trabajo me costaron sacarlos del campo de batalla, donde tantos me dejaron, hasta que recibí auxilio del restante del 6to. Comando me ha detenido en el puesto que V. E. me confió.
“Una palabra, señor, y saldré con mis cañones opóngase quien se oponga”(1).

(1) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta XI, 2da. parte, fs. 1.594-1.595. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Por su parte, Benjamín Virasoro le escribe desde Corrientes, el 2 del mismo mes, acusando recibo de la Circular enviada por Urquiza explicando las causas que lo obligaron a dejar el campo de batalla.

“... Por otro lado, la orden de V. E. a este Gobierno para que envíe al Ejército las fuerzas que el Gobierno Nacional le había pedido, ha dado lugar a muchas conjeturas, que en su mayor parte son poco favorables al crédito de V. E., pues nadie puede dar una explicación satisfactoria en favor de esa disposición que pone en inminente peligro la nacionalidad argentina.
“Me permitiré decir a V. E. que es mucho a mi juicio lo que falta para que se satisfagan sus amigos de la política que ha adoptado, que a juicio de ellos está en diametral oposición con la que esperaban ver desenvolver a V. E. en esas circunstancias”(2).

(2) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta XI, 2da. parte, fs. 1.596-1.597. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Y Alejandro Azula, también desde Corrientes, le dice el 26:

“... Hay un misterio y los que le pertenecemos no podemos explicarnos cuál es ese triunfo que nos anuncia y que quiere que nos congratulemos de ello, y a pesar de todo el Gobierno Nacional con repetición pide fuerzas para defender las leyes, y V. E., por otra parte previene a este Gobierno que no las remita, resultando de este choque de ideas versiones que nada favorecen a V. E. ...
“Lo peor es que los verdaderos amigos no sabemos qué hacer ni qué decir privados del conocimiento o sendero donde se dirigen las cosas...”(3).

(3) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta XI, 2da. parte, fs. 1.596-1.597. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Y Virasoro insiste el 2 de Noviembre:

“... nuestros amigos, los comandantes Vargas, Ruyces y otros muchos Jefes de la campaña, así como los comandantes Martínez, Azula y otros de la capital han recurrido a mí a buscar una solución respecto de la conducta de V. E. y puedo asegurarle que me he encontrado sin poder darles una satisfacción que les bastara y con la Guardia Nacional que se compone de antiguos soldados míos y que puede considerarse el ser del pueblo me sucede otro tanto...
“No hay otra esperanza para la Nación que la que se funda en la completa destrucción de la rebelión. No hay solución para la patria ni para V. E. mismo, sino en la reunión sobre la marcha del Ejército y para buscar a esos miserables que profanaron el suelo de la Nación para concluirlos como han hecho siempre.
“Este es el modo de ver de mis amigos, de los de V. E. y de toda esta provincia. Los que digan lo contrario, no son sus amigos ni lo son de la patria”(4).

(4) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta XI, 2da. parte, fs. 1.616-1.617. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

- ¿Arreglos entre Urquiza y Mitre?

Los auténticos federales y fieles a Urquiza no podían entender la actitud de su jefe. Pero éste nada contestó y se mantuvo quieto en su Palacio de San José, dando el silencio por toda respuesta.

Se hablaba de que había hecho arreglos con Mitre, lo que se puso de manifiesto no sólo por los acontecimientos que se fueron sucediendo, sino también por la numerosa correspondencia intercambiada entre diferentes personajes de la política nacional de la época. Juan Ocampo, desde Buenos Aires, le escribe a Mardoqueo Navarro, el 22 de Octubre:

“Esa noche la pasó el general Mitre escribiendo al general Urquiza una larga comunicación que me leyó al terminarla.
“En ella inserta ... el programa de la política que piensa seguir y que estoy seguro agradará mucho al General. La base para la reorganización de la República es la Constitución reformada.
“Habiendo sido ésta violada por la autoridad nacional, ésta ha caducado por disposición de la misma Constitución. Los pueblos elegirán nuevo Congreso que se reunirá en Rosario, o donde se crea mejor, no en Paraná.
“Al gobernador Rosas de Santa Fe le ha hecho llamar con repetición el general Mitre, escribiéndole para que siga gobernando su provincia, pues él no viene a quitar ni poner autoridades. Hasta hace tres días no se había aún presentado. Mitre no piensa perseguir sino a uno solo, a Saá, por ladrón y asesino.
“Soy de opinión que el General no dé su manifiesto hasta que yo haya llegado, y entregándole la carta a Mitre, de ese modo, estando conforme con las vistas de éste, podrá basarlo más sólidamente”(5).

(5) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta XI, 2da. parte, fs. 1.587-1.589. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

J. M. Rolón le manifiesta a Urquiza que se halla confundido por las órdenes y contraórdenes que recibe, por un lado de él y por otro de Derqui. Ya no sabe qué pensar y sólo le pide que le hable con toda franqueza para conocer lo que está pasando, “...seguro de que no obraré sino en el sentido de sostener los principios que hemos jurado y el orden y tranquilidad de esta provincia”(6).

(6) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta XI, 2da. parte, fs. 1.603-1.604. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Alejandro Azula le dice a López Jordán que para algunos lo hecho por Urquiza en Pavón es una defección inexplicable y concluye que “... aquí no sabemos a qué carta quedar, porque estamos en el limbo; dígame algo de nuestra situación, y qué es lo que se debe hacer”(7).

(7) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta XI, 2da. parte, f. 1.598. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

El desconcierto era general. Nadie entendía nada de lo que pasaba y aunque la mayoría no creía en una traición, había otros que no sólo murmuraban sino que escribían que el prestigioso vencedor de Caseros se había entregado a la política porteña.

En verdad, Urquiza había pactado con Mitre la pacificación del país, sin tener en cuenta a tantos hombres que se habían jugado por la causa federal. De esta manera dejaba a Derqui, ahora su declarado rival, privado de todo apoyo que le permitiera continuar al frente de los destinos de la Confederación y de la Nación.

Leemos a Juan Ocampo, cuyas palabras son harto significativas:

“Después de oír el general Mitre a cuanto tenía que decirle de parte del general Urquiza, me dijo poco más o menos esto:
“‘La actitud pacífica en que se ha colocado el general Urquiza importa un gran servicio al país; era el único que podía prolongar la guerra y los males consiguientes; su no cooperación en favor del enemigo aceleran el término de ella, en bien de todos.
“‘La gloria del general Urquiza quedará ilesa, y de hoy en más lucirá tranquila la estrella que brilló en Caseros’”(8).

(8) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta XI, 2da. parte, fs. 1.585-1.587. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Eran ya inútiles los aprestos bélicos que realizaban hombres que -como Virasoro, el “Chacho”, los hermanos Saá- aún esperaban que las cosas podrían cambiar. El vencedor de Caseros los había abandonado y se mantenía silencioso y hosco en su reducto entrerriano, conformándose con mantener el dominio de su propia provincia.

El Ejército llamado del Centro, que eran las fuerzas que aún tenían bajo sus órdenes los hermanos Saá, no era suficiente para sostener la causa de la Confederación.

Mitre tenía ahora poder suficiente como para imponer su política a nivel nacional. Pronto comenzará a tomar los recaudos necesarios para ello: al frente de los Gobiernos provinciales irán apareciendo hombres proclives a la política de Buenos Aires.

Derqui, entretanto, replegado a Rosario, designó General en Jefe del Ejército del Centro, con sede en las cercanías de Córdoba, a Juan Saá, elevado ahora al rango de General, provocando así el disgusto de otros jefes con mayor graduación.

Al fin, él mismo revocó la orden y en lugar del jefe puntano designó al general Benjamín Victorica. Aún esperaba que Urquiza retornara al frente de las fuerzas de la Confederación.

Convencido de la inutilidad de esa esperanza, decidió abandonarlo todo. Renunció a su cargo, delegando el mando en el general Pedernera, y el 5 de Noviembre se embarcó rumbo a Montevideo a bordo del barco inglés “Ardent”. Ya nada podía hacer.

“La autoridad de Derqui toca su fin; seis días más tarde y habrá concluido”, decía Monguillot a Benjamín Victorica, el 5 de Octubre desde Paraná. “Los sucesos de cada día lo van aniquilando, agravando su agonía y acercándolo a la muerte”.

Y, más adelante, dice algo que refleja la esperanza vana de los que aún siguen fieles a Urquiza y que creen que todo lo pasado es sólo pasajero:

“Mi opinión es que el Sr. Derqui se irá a Corrientes a fin de semana o a Montevideo. Se acerca el momento en que el general Urquiza tenga que asumir una actitud para salvar a la República, por la paz o la guerra, invistiendo el poder y la autoridad nacional. Los sucesos van a hacernos llegar a eso felizmente”(9).

(9) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta XI, 2da. parte, fs. 1.579-1.581. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Los consejos que Urquiza recibe de sus amigos y aduladores demuestran que todos están convencidos de que debe abandonar a Derqui y retomar el mando militar para salvar a la Nación. Así se lo dice Evaristo Carriego, pocos días antes de la renuncia de Derqui:

“Acabo de saber que el doctor Derqui solicita de V. E. una entrevista para conferenciar con V. E. , sobre la situación y ver los medios de salvar al país.
“El doctor Derqui -en mi concepto- quiere sorprender a V. E., ya pidiéndole el apoyo de su nombre y la cooperación de su brazo para sostener su autoridad, o ya poniéndolo en el caso de que V. E. le diga con franqueza que renuncie.
“Para mí, señor, interesado como estoy en la gloria de V. E., no debe aceptar la conferencia que se le pide y que por otra parte a nada puede conducir que no sea a la prolongación indefinida de la guerra.
“La autoridad del doctor Derqui se está desmoronando al impulso que causa en todos los corazones la existencia de un poder que ha caducado de hecho en la República Argentina y que no puede levantarse.
“Déjelo, señor, que caiga, porque ese hombre ya no puede gobernar en la tierra argentina y no olvide V. E. el dicho célebre de Maquiavelo: el que contribuye a que otro se eleve labra su propia ruina”(10).

(10) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta XI, 2da. parte, fs. 1.609-1.610. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Durísimas expresiones para referirse al hombre que hasta ese momento ejercía la Primera Magistratura. Desgraciado y triste papel le cupo jugar a Derqui hasta el final: un oscuro segundo plano, o menos, y del cual intentó vanamente escapar. ¡Cuán lejos se hallaba de los días de gloria, cuando gozaba de la confianza de su jefe y mereció que éste lo prefiriera a Del Carril!

Julio Victorica, en su trabajo “Urquiza y Mitre”, sostiene que desde que Derqui se trasladó a Rosario con el fin de continuar la guerra, debió tomar conciencia de que un funcionario de su calibre no debió haber caído jamás víctima de las intrigas que sólo lo exacerbaron para debilitar la influencia de Urquiza y que tantos males le causaría a la República:

“Si el presidente Derqui, en vez de nombrar a Saá y de presentarse en Rosario como Director de Guerra, hubiese renunciado a su puesto, para que el vicepresidente Pedernera quedase en poder con amplias facultades, habría concluido la anarquía que debilitaba a los sostenedores de la autoridad nacional, divididos entre urquicistas y derquicistas.
“El doctor Derqui, como el doctor Juárez más tarde, se quiso improvisar de jefe de partido prematuramente y ni él ni sus amigos estaban en condiciones para ello. No se deben escribir ni se deben olvidar en los bolsillos de un sobretodo cartas como las que se encontraron en el ‘Mernay’”(11).

(11) Julio Victorica. “Urquiza y Mitre” (1968), p. 194. Eudeba, Buenos Aires. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Victorica, en su afán de defender la figura de Urquiza, no vio que de la misma manera que actuó Derqui, lo hizo el entrerriano; “las ambiciones mezquinas” les caben a los dos, pues lo que estaba en juego era el destino de la Nación y ambos lo pospusieron por sus propias ambiciones políticas.

Esto lo vio con claridad alguien que estaba muy lejos de las pasiones de los argentinos, ya que era sólo un sagaz observador: Mr. Thornton, representante inglés en Buenos Aires, quien así le escribe a Russell, el 23 de Febrero de 1861:

“Durante una visita que hice ayer al presidente de la República, Su Excelencia me habló confidencialmente de los constantes obstáculos que el general Urquiza tiene la costumbre de oponer a la acción de gobierno y de la consiguiente servidumbre y falta de independencia de su posición.
“Me dijo que esta situación seguiría mientras la capital de la República estuviese en la provincia de Entre Ríos y que por lo tanto tenía intención, en cuanto se reuniera el Congreso el próximo Abril, de proponer la aprobación de este Cuerpo, que la capital fuera llevada a Rosario, en la orilla derecha del Paraná en la provincia de Santa Fe.
“Su Excelencia agregó que quería que esto quedase en el mayor secreto hasta el momento de su ejecución”(12).

(12) Thornton a Russell (23 de Febrero de 1861). Oficina Británica de Documentos Públicos, Documentos del Foreign Office, Correspondencia General 6, República Argentina, volumen 232, Nro. 20, Confidencial. Citado por James R. Scobie. “La Lucha por la Consolidación de la Nacionalidad Argentina. 1852-1862” (1964), pp. 349-350. Ed. Librería Hachete S. A., Buenos Aires. // Referenciado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Allí estaba la razón de las desavenencias entre los dos jefes de la Confederación: uno quería ejercer efectivamente el mando supremo de la Nación sin tutelaje alguno y el otro seguir siendo el árbitro de los destinos nacionales.

El 25 de Noviembre, Urquiza declaraba que Entre Ríos reasumía su soberanía que había delegado en manos del Gobierno de la Nación que ya no existía. En Cuyo, las fuerzas de Arredondo derrotaban a Juan Saá quien -junto con su hermano Felipe- huyó a Chile.

En Mendoza, Laureano Nazar renunció, dejando el poder en manos del coronel Juan de Dios Videla, pasando también al país vecino, adonde pronto lo siguió su sucesor al no poder entenderse con las tropas porteñas y sobre todo con el Auditor de Guerra, Domingo Faustino Sarmiento.

Después de la renuncia de Derqui, todavía había quien esperaba que Urquiza retomase el mando de la Confederación. Así, el vicepresidente Pedernera le ofreció la delegación del Poder Nacional para salvar al país. Y al día siguiente de la partida de Derqui, Felipe Saá le escribió a Urquiza desde San Luis:

“Como hasta hoy no he oído nada de V. E. después de los sucesos de Pavón, procedo presuroso a comunicarle que los pueblos del Interior están compactos y decididos por la causa nacional, pero extraño no oir la voz de V. E., asi es que deseo nos ordene lo que crea conveniente, que todo será puntualmente cumplido el deseo de V. E.
“... El Ejército del Centro se organiza con precisión y entusiasmo y creo que debe tener personal, entre todos nombro a dos Jefes del 1ro. y 2do. Cuerpo del Ejército, el coronel Videla y yo, dentro de unos días estaremos cada uno a la cabeza del que le corresponde.
“El Ejército se reúne en la provincia de Córdoba; allí he fijado el Cuartel General”(13).

(13) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta XI, 2da. parte, f. 1.628. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Todo era inútil, pues Urquiza y Mitre ya habían llevado a cabo sus arreglos. Algunos autores sostienen que ellos se habían puesto de acuerdo aun bastante tiempo antes de la batalla de Pavón. ¿Labor de la masonería, a la que pertenecían Sarmiento, Urquiza, Mitre y Derqui, entre otros? ¿Los celos de Derqui que provocaron la reacción de Urquiza? ¿Influyeron las cartas de Luque encontradas en el sobretodo olvidado por Derqui?

Creemos que todos estos elementos jugaron un papel decisivo en las acciones que tuvieron lugar en aquel momento.

Son muchos los historiadores que sostienen que la retirada de Urquiza en Pavón fue algo inexplicable, pese a que otros como Vedia y Mitre y J. Scobie consideran que Urquiza se retiró para salvar su caballería porque el triunfo de Buenos Aires era ya un hecho.

Sin embargo, nosotros nos inclinamos a creer que hubo arreglos previos, aunque no podamos afirmar fehacientemente cuáles fueron las verdaderas causas. Los propios contemporáneos así lo manifestaron, como la carta de Nicasio Oroño a Benjamín Victorica del 8 de Noviembre de 1861, desde Paraná:

“... todos aseguran están ya ajustadas las bases de un arreglo entre el general Urquiza y Mitre. La separación de Derqui de los negocios públicos parece confirmar este hecho.
“La cuestión sería pues, saber qué clase de arreglo es éste ... Comprometidos como estamos, por haber aventurado nuestro capital y nuestro crédito al resultado de la batalla, nos interesa sobremanera qué es lo que hay en realidad, qué es lo que puede esperarse. ¿Podrá Ud. decírmelo?
“Al Capitán General es excusado preguntarle. Sé que nadie dice su pensamiento. Yo me he abstenido por esto de escribirle.
“Entretanto se habla de bases que no importarían otra cosa que la disolución del país y la pérdida del general Urquiza. Hasta en ésta, creen que Mitre las proponga al pueblo argentino”(14).

(14) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta XI, 2da. parte, fs. 1.633-1.634. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

Todo esto nos ha llevado a intercalar acá la carta de una persona, gran admiradora de Urquiza, doña Nieves S. de Castro quien, desde Rosario, le escribió el 4 de Noviembre y que resume el estado de ánimo de todos los que habían creído en la causa que había defendido el vencedor de Rosas. Aunque larga, es sumamente interesante y patética:

“... Pero hoy se halla traspasado mi corazón del dolor más profundo que jamás he experimentado.
“Desde las doce de la noche del 17 de Septiembre, que se supo todos los detalles de la batalla, todo el mundo quedó absorto de que Ud. hubiera pasado tres horas antes por la orilla de esa ciudad haciendo desbandar tan numeroso Ejército sin ordenar un punto de reunión, para que toda esa soldadesca se disemine por donde le dé la gana arrasando todo cuanto encontrase por delante como a bandido en toda esta desgraciada provincia...
“Entretanto, la opinión pública ha dirigido y dirige ataques terribles contra Ud.
“Remontándose enseguida a las causas que motivaron un hecho tan terrible, todos sin discrepancia convienen en que sólo ha sido por perder al presidente que ha cometido Ud. tal decepción ... y algo que se dice también de haber escrito cartas a algunos jefes que habían cumplido con su deber manteniéndose en el campo de batalla después de la victoria, para que se disuelva la fuerza santafesina, la cordobesa que había quedado y la del mismo general Saá, como en efecto así sucedió, para que contramarchara Mitre después de su derrota, y fuga y venga a tomar posesión del Rosario.
“El señor Derqui lo acompañó a Ud. en todas las peripecias de su Administración con lealtad y patriotismo y como ministro y como presidente ha sido un amigo leal a Ud., y no creo que sea acreedor a ser tratado con tanta ingratitud...
“¿Pero a quién le queda ahora señor? ¿Las provincias que según voz general todas ya le son desafectas? ¿Los porteños mismos que en el momento que puedan lo han de colgar a Ud. y le han de quitar su fortuna colosal...?
“¡Ah! Yo misma ... les he oído murmurar contra Ud. que les ha vendido a los porteños ... ya se sabe ... que entre Ud. y Mitre están arreglados, declarando en acefalía al Gobierno Nacional, que el Rosario queda anexado a Buenos Aires, que se declara a las provincias en estado de soberanía...
“Vuelva sobre sus pasos, señor, por Dios; no dé el triunfo que es de las provincias a los porteños porque hace la ruina de aquéllas, y éstos sólo aguardarán la oportunidad de quitarle a Ud. la vida y la fortuna, y extinguir a toda su familia”(15).

(15) Archivo General de la Nación, Archivo del general Justo José de Urquiza, carpeta XI, 2da. parte, fs. 1.621-1.627. // Citado por la profesora Ramona del Valle Herrera en el libro de Roberto Gustavo Pisarello Virasoro y Emilia Edda Menotti. “Los Virasoro en la Organización Nacional” (Septiembre de 1997). Ed. Talleres Gráficos Gráfica Integral, Buenos Aires.

- Conclusión

Como dijimos anteriormente, los hermanos Saá derrotados por las tropas que comandaba el coronel Rivas y a quien acompañaba en calidad de Auditor de Guerra, Domingo F. Sarmiento, partieron rumbo a Chile.

Juan Saá sabía positivamente que ésa era la única forma de salvar su vida, pues era el número uno en la lista de los que el grupo porteño quería eliminar; Laureano Nazar y Juan de Dios Videla siguieron el mismo camino, pese a los intentos de éste último por convencer a Sarmiento y a Rivas que las cosas en Mendoza habían cambiado, pues Nazar había sido derrocado por los mismos mendocinos.

Pero el encono de Sarmiento y de los porteños que con él venían no podía permitir que siguiera al frente de la provincia cuyana alguien que no perteneciese al partido liberal. Y así fue “elegido” Luis Molina, cuyo primer acto de gobierno fue declarar a Mendoza desvinculada de la Confederación.

En San Luis, después de la salida de los Saá, fue designado interinamente Justo Daract, pero sólo gobernó hasta Abril, cuando fue elegido el coronel Juan Barbeito. Pocos días después, también San Luis aceptó el nuevo orden de cosas y dispuso el retiro de sus representantes ante el Congreso Nacional.

En San Juan, después que renunció Francisco Díaz, quien también cruzó la cordillera rumbo al exilio, fue electo interinamente Ruperto Godoy, quien ya había detentado el mando en las mismas condiciones a raíz de la partida de Aberastain para enfrentar a Saá en la Rinconada del Pocito.

También había integrado la Comisión que el Gobierno de San Juan (el de Aberastain y Coll) había enviado para entrevistarse con Saá antes de la ruptura final. Godoy siguió al frente del Gobierno sanjuanino hasta la llegada de Sarmiento.

De esta manera terminaba el predominio federal en el Interior del país, aunque la lucha armada siguió un tiempo más por obra de caudillos como el general Ángel V. Peñaloza quien, finalmente, después de mantener en vilo a las tropas del Gobierno Nacional por dos años, cayó bárbaramente en Olta, cuando ya se había retirado de la actividad bélica (28 de Junio de 1863).

En Cuyo y el Noroeste del país hubo otro rebrote, durante la guerra con el Paraguay, al producirse el levantamiento de Los Colorados de Mendoza, a la que siguió el regreso de los hermanos Saá y de Juan de Dios Videla.

Recordemos que esta insurrección, que al principio tuvo éxito, tenía connotaciones tan amplias, pues abarcaba a todo el país, y su aglutinador era el catamarqueño Felipe Varela que, con la bandera de la Unión americana, aspiraba a derrotar a las fuerzas liberales y hacer la paz con Paraguay, ya que nunca había considerado a este país enemigo del nuestro. Todos estos hombres apelaron a Urquiza, a quien creían todavía capaz de ponerse al frente de la causa federal para acabar con la política de Buenos Aires.

Pero las fuerzas de Arredondo derrotaron a Saá junto al Río Quinto, en San Ignacio, y las de los hermanos Taboada vencían a las de Felipe Varela en Pozo de Vargas. Triunfaba así definitivamente la política de Mitre y Buenos Aires, como consecuencia de los arreglos de Pavón.

La era de los caudillos como Benavídez, Urquiza, Peñaloza, llegaba a su fin y a partir de entonces la fisonomía del país ya no sería la misma.

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