El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Mitre en el rol de opositor político. Intromisiones en la provincia de Corrientes

Cuando la Junta de Historia de la provincia de Corrientes, a través de su presidente, doctor Carlos María Vargas Gómez, me encomendó personalmente que refiriese al perfil de Bartolomé Mitre en su rol de opositor político, acepté gustosamente, ya que es una excelente oportunidad para bucear en los mares profundos de la historia política argentina del siglo XIX y reflexionar a la vez sobre los momentos políticos del siglo que formaron institucionalmente al país(1).

(1) Conferencia pronunciada por el doctor Dardo Rodolfo Ramírez Braschi el 6 de Abril de 2006 en el Salón de Extensión Universitaria (UNNE), Corrientes. “Bartolomé Mitre en el rol de opositor político (Intromisiones en la provincia de Corrientes)”, publicado en “Anales de la Junta de Historia de la Provincia de Corrientes”, Año 2007. Moglia Ediciones.

Referirse a Mitre como político puede ser una tarea compleja por las diversas aristas interpretativas que el personaje enmarca. Seguramente saben los que han escuchado mis clases o han leído mis investigaciones que no haré un panegírico de la figura de Bartolomé Mitre; sólo compartiremos aspectos del pensamiento y el accionar político en momentos que fue oposición política, en los tiempos que no tuvo el poder gubernativo pero que luchó por todos los medios para alcanzarlo.

Lo que hoy conocemos como República Argentina en las décadas de 1860 y 1870 era realmente un Estado en formación, donde se iban pergeñando los aspectos principales de identidad institucional. Un país donde sus habitantes se medían por su valor, la hombría, el culto al coraje y una valentía que incluía un casi inexplicable desprecio por la vida, tal como lo demuestran los cientos de batallas de aquel siglo XIX.

Así fue nuestro proceso constructivo y formador. A tal extremo que en lo institucional, uno de los debates mas ásperos de la primera reforma de la Constitución Nacional en 1860 ha sido el artículo 35, aquél que determina la denominación como Estado.

Tan apasionado fue aquel debate -por las connotaciones ideológicas que implicaba el nombre- que no se llegó a un acuerdo sobre la elección del mismo y se aceptaron las tres propuestas en danza: “Provincias Unidas del Río de la Plata”, “Confederación Argentina” y “República Argentina”. Así era el país que se estaba construyendo.

La Argentina se hallaba en la segunda parte del siglo XIX en un proceso de formación político difícil y complejo debido a los diversos proyectos que los hombres públicos querían dar al país. Pero los dos paradigmas fundamentales fueron:

* primero, el que radicaba la focalización de los intereses en un país desde Buenos Aires, donde su puerto sea punto de partida y conclusión de toda actividad general, tanto en los espacios económicos, comerciales y políticos.
* en cambio, la otra perspectiva radicaba en una participación autónoma de las provincias en todos los campos y un tratamiento equitativo con el poder de Buenos Aires.

En este esquema político se enmarcaron los conflictos argentinos.

La figura de Mitre tendrá una gran aureola de influencia y poder en la segunda mitad del siglo XIX. Algunas directas y otras indirectamente, pero su autoridad estará presente como el guía del primero de los proyectos en que el país optaría.

Bartolomé Mitre, a pesar de todo lo que se ha dicho, fue un hombre de Buenos Aires y militó para lograr que el país se refleje en las aguas de aquel puerto. En su extensa militancia sólo ocupó en dos oportunidades el ejercicio pleno del Poder Ejecutivo: primeramente la gobernación de la provincia de Buenos Aires (1860-1862) y luego la presidencia de la Nación (1862-1868); el resto de los años fue -de una manera u otra- referente opositor o, más bien, un opositor que militó para la obtención del poder.

Pero aquí sólo nos abocaremos a los momentos en que se desempeñó como opositor político a distintos Gobiernos y para ello focalizaremos tres momentos o circunstancias puntuales:

1.- Durante la oposición al Gobierno de Juan Manuel de Rosas;
2.- Cuando ejercía el Poder Ejecutivo Nacional, cuando algunas líneas políticas -a través de su impulso- actuaban como opositoras en las provincias; y
3.- Como partícipe en la sublevación a las autoridades constitucionales en 1874.

Tres momentos, tres instancias en donde el proceder de Mitre da muestras del combate por sus ideas. Así, participó luchando en las filas de Ejércitos siendo artillero en el sitio a Montevideo en 1843, o deslizando su pluma de escritor en artículos periodísticos.

Sin duda que su rol de punzante crítico y analista político fue mas fructífero que su extensa carrera militar. La acción política le generó diversos adversarios, pero sólo uno lo confrontó intelectualmente varias décadas: Juan Bautista Alberdi.

Otro intelectual que oportunamente generó fricciones fue Dalmacio Vélez Sársfield el que, desprestigiándolo, llegó a decir que “Mitre fue el mejor poeta entre los militares y es el mejor militar entre los poetas”.

Pero, entre sus principales enemigos políticos debemos buscar entre aquellos provincianos que lucharon, combatieron y se levantaron en armas en las décadas de 1860 y 1870 por los principios federalistas y autonómicos que creían justos.

Conformó la denominada Generación del 37, grupo de intelectuales coincidentes en principios y proyecto en común para el país que se formaba. Con respecto a Sarmiento -integrante también de aquella generación- Mitre apoyó decididamente al afamado libro “Facundo”, tal vez porque en los años de la década de 1840 ambos hombres compartían la misma visión ideológica y del proyecto histórico de colocar a las provincias del Interior bajo la autoridad tutelar de Buenos Aires.

Aquel proyecto histórico que, según el historiador norteamericano William H Katra, “proponía un modelo centralizado, urbano y europeo, para garantizar el progreso del país en el futuro”(2).

(2) William H Katra. “La Generación de 1837” (2000), p. 121. Emecé, Buenos Aires. // Citado por el doctor Dardo Rodolfo Ramírez Braschi en la conferencia pronunciada el 6 de Abril de 2006 en el Salón de Extensión Universitaria (UNNE), Corrientes.

La consolidación de Rosas en el poder y una oposición interna muy débil lo llevaron de muy joven a su primer exilio en Montevideo para luego pasar a Bolivia, en 1847, con la firme esperanza de que Rosas pronto sea derrocado.

Deslizó su pluma en el periódico “La Época” y militarmente participó en cuestiones civiles bolivianas donde su bando es derrotado y obligatoriamente debe ir a Perú, destino éste de muy corta duración.

Su próximo país de exilio será Chile, en 1848, poniéndose en contacto con otros exiliados como Domingo Faustino Sarmiento, Juan María Gutiérrez, Juan Bautista Alberdi (cuando aún lo consideraba amigo). Inmediatamente se incorporó a la redacción de “El Comercio”, de Valparaíso, escribiendo una amplia gama de artículos de carácter histórico y cultural, pero sobre todo políticos. En 1849 se hace cargo de la redacción de “El Progreso”, continuando con su actividad periodística e intelectual.

En 1851, otros amigos en Montevideo pintan un panorama más claro en la vida rioplatense, presagiando corta vida al Gobierno rosista, por lo que se embarca a costas uruguayas.

El enfrentamiento a Rosas generó un frente opositor del más variado origen y alimentado de diversos pensamientos, aglutinando bajo la misma bandera a las tropas de Justo José de Urquiza, figuras provincianas, la más rancia raíz porteña, generando como consecuencia una antinatural metamorfosis entre gauchos del Litoral con hombres de levita de Buenos Aires. Una ficción de figuras entremezcladas de Sarmiento, Mitre, Virasoro, López Jordán. Todos juntos contra Rosas.

Y Rosas cayó. Pero al poco tiempo aquella alianza de opositores rosistas, como era lógico, se disuelve casi instantáneamente ya que los proyectos distintos y enfrentados al que ya hicimos referencia no podían subsistir conjuntamente. Así fue que Buenos Aires se separa de la Confederación y Mitre es el mentor de la lucha porteña.

Además no podía ser de otra manera, ya que Bartolomé Mitre era un hombre de la ciudad-puerto. Buenos Aires alegó su defensa en sus derechos de autonomía, que nunca fueron considerados de la misma manera cuando las provincias del Interior alzaban sus gritos de federalismo.

Mitre, durante la Administración del “Estado rebelde” ocupó los cargos de legislador y ministro, pero sin dejar de escribir en “Los Debates” y luego en “El Nacional”.

Después de la batalla de Pavón, Buenos Aires intentó por todos los medios ubicar en el poder de las provincias del Interior a líderes políticos que coincidían con la política porteña.

Su influencia política se proyectó indistintamente por todo el país, penetró y se consolidó en las provincias y, en ese esquema, la influencia directa en la provincia de Corrientes fue fundamental y determinante a través de las agrupaciones liberales, a tal punto que estas incipientes agrupaciones políticas de entonces latían y palpitaban a la sombra influyente de Mitre.

En el marco histórico de la provincia de Corrientes esta cuestión originaria del liberalismo partidario y la figura de Bartolomé Mitre merecen un análisis puntual. En Corrientes los partidarios de Mitre emergen principalmente como oposición al Gobierno de Juan Gregorio Pujol y al urquicismo ya consolidado en las provincias del Litoral.

Las articulaciones ideológicas en la provincia se organizaron concretamente en 1861 ayudadas por el triunfo mitrista en Pavón. Puntualmente, en los últimos meses de 1861 la oposición liberal correntina acude a Mitre para destituir al gobernador José María Rolón.

Este derrocamiento tuvo algunas motivaciones locales y otras emergidas desde Buenos Aires. Luego de los sucesos que sustituyeron a las autoridades constitucionalmente electas, el propio Bartolomé Mitre avala la insurrección liberal correntina, expresando que “... manifiesto en nombre mío, felicitándole a nombre del pueblo de Buenos Aires por la gloriosa revolución que ha devuelto sus derechos al benemérito pueblo de Corrientes...”(3).

(3) Carta de Bartolomé Mitre al gobernador correntino José Pampín del 2 de Enero de 1862, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Fondo Mantilla, Archivo Pampín, Legajo 17, Carpeta 16. // Citado por el doctor Dardo Rodolfo Ramírez Braschi en la conferencia pronunciada el 6 de Abril de 2006 en el Salón de Extensión Universitaria (UNNE), Corrientes.

Pero, analizando las palabras de Mitre, ¿donde estaba la gloria de una insurrección que derrocaba a un gobernador constitucional? La gloria constituía en destituir a un gobernador urquicista.

Reafirmando la idea de la colaboración abierta que Mitre brinda a las opositores de provincias, en otra carta -datada el 17 de Febrero de 1862- expresa el envío a los liberales correntinos de mil onzas de oro para solventar la citada la sedición(4).

(4) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Fondo Mantilla, Archivo Pampín, Legajo 17, Carpeta 16. // Citado por el doctor Dardo Rodolfo Ramírez Braschi en la conferencia pronunciada el 6 de Abril de 2006 en el Salón de Extensión Universitaria (UNNE), Corrientes.

El rol de Mitre como opositor de algunos Gobiernos provinciales se manifestó notablemente durante su presidencia.

El tercer punto referencial que consideramos a Mitre como opositor político es la rebelión por él ejecutada en el año 1874. Expiraba la presidencia de Domingo F. Sarmiento y los candidatos a la sucesión presidencial se definían.

En Febrero de 1873 los partidarios de Mitre impulsaban -desde el Teatro Odeón- su candidatura a presidente y, por otro lado se consolidaba la figura de Nicolás Avellaneda con el apoyo de Adolfo Alsina.

Las elecciones le fueron esquivas y la derrota política una realidad. Con la excusa del fraude y la ilegalidad, se alza en armas colocando nuevamente al país en los nubarrones de la guerra civil.

El historiador norteamericano Nicolas Subway sostiene que Mitre “era un hombre cuyas ambiciones una y otra vez interrumpieron el desarrollo nacional y siguen distorsionando la comprensión del pasado argentino.
“Cuando las ambiciones personales de Mitre coincidieron con el bien de su país, fue un servidor público imaginativo y celoso; cuando no, fue una peligrosa fuente de perturbación y distorsión histórica”(5).

(5) Nicolás Subway. “La Invención de la Argentina” (1993), p. 233. Emecé, Buenos Aires. // Citado por el doctor Dardo Rodolfo Ramírez Braschi en la conferencia pronunciada el 6 de Abril de 2006 en el Salón de Extensión Universitaria (UNNE), Corrientes.

Los mitristas, para entrar en acción y enfrentar a las autoridades nacionales constituidas, conformaron el denominado “Comité Revolucionario”, bastión organizativo que llegó a recaudar entre los potentados porteños más de 90.000 pesos con los que se compraron 3.000 fusiles y 3.000 carabinas Remington.

Los sediciosos lograron la adhesión de militares mitristas como la división del sur de Buenos Aires, al mando del general Ignacio Rivas y los regimientos I de caballería y 3 de infantería, reunidos en San Luis al mando de José Miguel Arredondo.

Con la derrota, Mitre huyó al Uruguay y, el 12 de Octubre asumió Nicolás Avellaneda como presidente de la República. La insurrección adquiría mayor fuerza y las filas mitristas estaban compuestas por una amplia gama de hombres: veteranos jefes como los generales Rivas y Borges; oficiales ambiciosos que exigían dos niveles de graduación antes de su incorporación; guardias nacionales; y más de un millar de indios del cacique Catriel.

Las fuerzas constitucionales derrotaron a las sediciosas en La Verde y en Santa Rosa, consolidando al presidente Nicolás Avellaneda.

La figura de Bartolomé Mitre a través de la historia genera controversias. Aquéllos que dedicamos gran parte de nuestro tiempo a leer y pensar la historia nacional y regional, la figura de Mitre es ineludible ya que fue artífice del proyecto que decidió el destino de la Argentina actual.

Muchos provincianos que no simpatizaron ideológicamente con Mitre o con su proyecto de país, visualizan en él la genuina representación del poder porteño.

En síntesis, el proyecto triunfador ha generado la creación de un país federal en las formalidades, pero centralizado hasta en lo quehaceres más ínfimos, consecuencia que lo seguimos padeciendo los provincianos hasta nuestros días, y factor determinante del empobrecimiento de las provincias.

¿Pero donde radica la importancia de no olvidar los hombres que forjaron el pasado argentino?

La necesidad de repensar la historia, de debatir el pretérito, volver a ver los proyectos que se impusieron desde la “ciudad tentacular” y necesariamente generar aspectos innovativos para una Argentina del siglo XXI, que soporta aún hoy pesadamente sobre sus espaldas los mismos intereses centralistas vetustos, que protegen proyectos desnutridos y fragmentados, consecuentes al Puerto que continuamente emergió robustecido, en franca oposición a los proyectos nacionales de integración regional que fueron vientos de esperanza en el período independentista.

La Argentina del siglo XXI aún no corrigió cuestiones del siglo XIX. Debe estar preparada para solucionarlos porque de lo contrario el presente será sólo un acto más de un proceso histórico nacional que quiere y no puede ser.

Información adicional