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La batalla de Yatay

Determinar precisas prioridades militares no era sólo un problema naval. En el Este, a medida que Estigarribia se internaba en Rio Grande do Sul, los brasileños presionaban a Mitre para liberar las tropas de Concordia con el fin de ayudar a enviar al enemigo de nuevo a las misiones.

El presidente reticentemente apartó a Flores y le ordenó ir al Norte en respuesta. Mitre prometió que esas mismas unidades pronto rotarían y golpearían también a Estigarribia. Esto parecía creíble. La unidad de Flores, designada como Ejército de Vanguardia, tenía suficiente fortaleza como para perseguir ambas metas, especialmente si era reforzada en el camino. Flores comandaba unos cuatro mil hombres y veinticuatro cañones(1).

(1) De nuevo, considerables discrepancias existen sobre la temprana composición del Ejército de Vanguardia, pero la estimación de Beverina de cuatro mil parece la cifra más creíble. Juan Beverina. “La Guerra del Paraguay (las Operaciones de la Guerra en territorio argentino y brasileño)” (1921), p. 121, Buenos Aires (siete volúmenes). Ed. Ferrari Hnos.; Tasso Fragoso proporciona la cifra del número de cañones, en Augusto Tasso Fragoso. “História da Guerra entre a Tríplice Aliança e o Paraguay” (1957), tomo 2, p. 197, Río de Janeiro. Ed. Biblioteca do Exército. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Por donde se lo mirase, el Ejército de Vanguardia tenía una dura prueba enfrente. La Fuerza Aliada cruzó una docena de arroyos y ríos, una tarea agotadora que exigía descargar los carromatos y reempacar su contenido en balsas, que luego eran llevadas con caballos y bueyes a la orilla opuesta donde los soldados cargaban los carros de nuevo(2).

(2) “Notas de Cándido López” (¿1887?) en Franco María Ricci. “Cándido López: imágenes de la Guerra del Paraguay” (1984), p. 114, Milán. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La lluvia helada era casi constante y los hombres estaban empapados de principio a fin. No podían encender hogueras. La mayoría de las noches se sentaban apiñados unos con otros en el suelo mojado a comer raciones frías de carne grasienta, sin pan o galletas. Consecuentemente, había mucha enfermedad, algunas muertes y un número apreciable de deserciones(3).

(3) León de Palleja. “Diario de la Campaña de las Fuerzas Aliadas contra el Paraguay” (1960), tomo 1, pp. 61-63, Montevideo (dos volúmenes). Biblioteca Artigas. Notas inéditas de ediciones anteriores de Pallejá pueden ser halladas como parte de los documentos del Archivo del Centro de Guerreros del Paraguay (1914-1915), en el Museo Histórico Nacional de Montevideo, tomo 87. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Pero, gracias a las constantes arengas de Flores y su inquebrantable optimismo, la columna avanzaba. Refuerzos de varios comandos se unieron al Ejército antes de que se alejara demasiado. Los irregulares montados de los coroneles Payba y Reguera (ahora comandados por un general correntino, Juan Madariaga) estuvieron entre los primeros en llegar. Esta era la única Fuerza que había mantenido algún contacto con las tropas del mayor Duarte desde su partida de Santo Tomé(4).

(4) Como reveló Duarte en una de sus últimas cartas a Asunción, estaba muy al corriente tanto del tamaño como del potencial de esta Fuerza (y también de las de Flores y Paunero). Ver Duarte al ministro de Guerra, Restauración, 9 de Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 3.269. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Los correntinos habían observado a los tres mil paraguayos acampando arriba de Restauración y juzgaron que no retomarían su marcha inmediatamente. Con esa información, se movieron rápidamente para ligarse a Flores. Más o menos al mismo momento, el Alto Comando aliado instruyó a la Fuerza del general Paunero en el Paraná a unirse con el Ejército de Vanguardia mientras se dirigía al Norte.

Paunero había estado mayormente inactivo desde el asalto del 25 de Mayo, aunque más de una vez había tratado de alcanzar a Urquiza hasta que quedó descorazonado por el desbande en el campamento de este último. Ahora, las tropas de Paunero -incluyendo al elegante Charlone- marcharon a paso redoblado a través de los pantanos de Corrientes central hasta que las primeras unidades alcanzaron a Flores el 13 de Agosto(5).

(5) Flores a Mitre, San Joaquín, 15 de Agosto de 1865, en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 149, Nro. 10. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El Ejército de Vanguardia ahora contaba con cuatro batallones uruguayos de infantería (uno de ellos compuesto enteramente por tropas de negros de Montevideo) y tres regimientos de caballería; la brigada 12 de infantería brasileña; y el primer Cuerpo de Paunero de tres divisiones argentinas, para una Fuerza total de más de ocho mil hombres. Madariaga suministró un poco más de dos mil jinetes adicionales(6).

(6) “Detalles de la batalla del 17”, en Antonio H. Conte. “Gobierno Provisorio del brigadier general Venancio Flores y la Guerra del Paraguay. Recopilación” (1887), pp. 195-197, Montevideo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Aunque los aliados superaban en número a las Fuerzas de Duarte por más de tres a uno, Flores no se podía sentir seguro de la victoria. En combate exhibía la beligerancia de un gladiador pero todavía tenía escaso conocimiento de su enemigo. Nunca se había enfrentado a los paraguayos en batalla y sabía poco de su valor y destreza, excepto por lo que le habían dicho los brasileños y los relatos de éstos estaban lejos de ser tranquilizadores.

El coronel Estigarribia, además, permanecía en las inmediaciones y podía de alguna manera cruzar el Uruguay para rescatar a sus camaradas, independientemente de lo que pudiera hacer la flotilla de Floriano. Solamente en un punto Flores podía sentirse más calmado: tenía con él veinticuatro piezas de artillería contra ninguna de Duarte.

No obstante, como los acontecimientos iban a demostrar, el general uruguayo no usó su superior poder de fuego y dependió en cambio de la infantería. Informes de simpatizantes correntinos y entrerrianos le dieron a Duarte algún conocimiento del objetivo de Flores a pocos días de su partida de Concordia(7).

(7) Estigarribia al ministro de Guerra, Uruguayana, 7 de Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 3.269. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Dándose cuenta del peligro, Duarte pasó la información a Estigarribia con un llamado urgente de auxilio. El coronel, sin embargo, no creyó que los reportes reflejaran algo más que nerviosismo. Ordenó a Duarte continuar con su patrullaje agresivo y le dijo que enviaría refuerzos en canoas si la necesidad lo requería(8). Hay evidencias de que Estigarribia trató de hacerle llegar dos pequeños cañones, pero desaparecieron sin rastro(9).

(8) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 88, Londres, menciona que Estigarribia puso en duda el coraje de su subordinado en esta ocasión, diciéndole que “si tenía miedo, otro debería ser enviado a comandar en su lugar”. Juan Beverina. “La Guerra del Paraguay (las Operaciones de la Guerra en territorio argentino y brasileño)” (1921), p. 123, Buenos Aires (siete volúmenes). Ed. Ferrari Hnos., duda de que este intercambio haya ocurrido, argumentando en cambio que las duras palabras del coronel fueron inventadas por los propagandistas del mariscal después de la batalla como una manera de explicar la derrota de Duarte, quien peleó como un león, y para desacreditar a Estigarribia, que se rindió sin pelear.
(9) Un año más tarde, el cónsul francés, Auguste Parmentier, estaba en un viaje de caza en el desbordado Yataí y descubrió dos cañones perdidos enterrados en el lodo. Funcionarios locales hicieron sacar las dos piezas y las enviaron a Buenos Aires. Ver: “Declaración de Jean-Baptiste Verdier”, p. 6. Por su parte, el mariscal expresó asombro y furia por lo poco que había hecho Estigarribia para ayudar a su camarada. Ver Solano López a Francisco Isidoro Resquín, Humaitá, 26 de Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 343. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Persuadido de que no le llegarían refuerzos, el mayor Duarte ya había ordenado a sus unidades parapetarse en una baja colina cinco kilómetros al norte de Restauración. La loma estaba parcialmente cubierta por naranjos, que proporcionaban cierta protección mínima. El mayor tomó posesión de una cabaña que pertenecía a un inmigrante francés. Este edificio sirvió como puesto de comando por los días siguientes.

El arroyo Yatay(10) -un tributario del río Uruguay- corría justo a la retaguardia paraguaya. El arroyo estaba en ese momento tan desbordado en su confluencia con el río que parecía más un océano que un riacho y estaba infranqueable. Al optar defender esta posición particular, Duarte dejó a sus hombres sin una línea clara de retirada. La victoria para los paraguayos podía solamente venir, por lo tanto, atrayendo a los aliados y enfrentándolos ola tras ola.

(10) Numerosos autores escriben “batalla de Yatay”. El nombre propio se refiere a una variedad de palmera común en el lugar donde se produjo la batalla, que da origen a la denominación del arroyo. Hay otros autores que escriben “Yataí”. Lo más correcto parecería ser el seguir esta última línea porque: 1.- en guaraní no se pronuncia ni se escribe con la vocal central débil “y” sino con la consonante pusó y luego la vocal “i”: “jata’i”; y 2.- al pronunciar la palabra en español se lo hace con la vocal “í” acentuada. Es evidente que lo más correcto es escribir “batalla de Yataí”. Sin embargo se respeta la escritura “yatay” porque la toponimia de arroyos, lagunas, bañados, parajes, esparcidos en el territorio correntino, se escribe así.

Este despliegue selló la suerte de una batalla de aniquilación. Duarte posicionó sus tres batallones de infantería en la bajada reversa de la colina y dejó atrás una compañía de cada uno ubicadas en la cresta. Tomó personalmente el comando de los dos regimientos de caballería que concentró en el flanco izquierdo, dejando el derecho abierto.

La práctica militar común habría colocado el cuerpo principal de la fuerza defensiva en la caída delantera de la colina para mantener una observación de largo alcance y campos de tiro. Pero Duarte no tenía artillería y le servía de poco un campo de tiro libre. Presumió que los aliados lanzarían una lluvia de proyectiles a discreción sobre sus unidades y por ello las puso detrás de la línea de visión para mayor protección.

El mayor tenía una noción errónea de seguridad. La colina, después de todo, era apenas empinada y, habiendo dejado su flanco derecho expuesto, poco podía hacer para evitar que Flores moviera sus cañones cerca de esa posición y los enfilara a la línea paraguaya.

Como no tenía otra forma de compensar su propia falta de poder de fuego, Duarte buscó proteger a sus hombres moviéndolos detrás de la elevación. Esto podía hacerle ganar tiempo, pero no podía afectar el resultado de un enfrentamiento donde los números favorecían tan decididamente al enemigo. En retrospectiva, habría sido mejor para él volver a cruzar el Yatay y luego defenderse detrás de ese obstáculo pero, como el capitán López en Mbutuí, eligió la táctica más peligrosa.

La situación se había vuelto desesperada. Duarte enviaba patrullas diarias con la esperanza de que podría al menos ser capaz de reaccionar rápido si tenía información sobre el acercamiento del enemigo. Y, de hecho, duros choques con los elementos de avanzada del Ejército de Vanguardia tuvieron lugar el 9 y el 16 de Agosto de 1865.

Duarte recibió una pequeña delegación enviada por Estigarribia para evaluar el escenario y volver para reportarse; el mayor expuso las dificultades de su situación una vez más, pero sus palabras impresionaron poco a estos hombres y a su coronel. Partieron en canoa al final de la tarde del 16 de agosto, llevando con ellos la última comunicación de Duarte a su comandante(11).

(11) Pedro Rueda. “Biografía militar del general don Pedro Duarte, ministro de Guerra y Marina de la República del Paraguay” (1890), pp. 14-15, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Los paraguayos cavaron trincheras. El suelo casi congelado hacía el trabajo dificultoso, especialmente debido a la escasez de palas, pero ésta era sólo una de muchas preocupaciones. Un sentimiento de malos presagios invadió a sus rangos cuando Flores tomó Restauración y se aprestó para el asalto. Aún desde la distancia, los Aliados parecían descansados y listos para el combate, lo cual no era el caso de los paraguayos, sobrepasados en número.

Pocos durmieron de noche. La mayoría se mantuvo alerta en el aire frío, conscientes de las palabras de los mayores entre ellos: “Ñande kupy ojoivy vovémante japytu’u” (cuando llegue la muerte, habrá tiempo suficiente para descansar).

Por lo pronto, un hombre ya estaba muerto: un hosco alemán (o francés, las fuentes difieren sobre este punto) enviado por Flores como emisario. Con una sonrisita demandó que los paraguayos se rindieran e incluso le ofreció al mayor veinte mil pesos para arreglar la capitulación.

Duarte indignadamente rechazó el soborno y mandó fusilar al intruso sin dilación. Puesto en el paredón de adobe, el alemán escuchó el furioso reproche de Duarte, quien gritó para que todos oyeran que ningún paraguayo se rendía jamás sin órdenes(12).

(12) Irónicamente, ya que en ese momento él no tenía idea de que la batalla ya se había perdido, el mariscal le envió a Duarte su aprobación para ejecutar al hombre. Ver Francisco Bareiro a Duarte, Asunción, 22 de Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 1.702. Ver también “Entrevista con el general Pedro Duarte”, Asunción, 14 de Abril de 1888, en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 129. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La corta, sangrienta y decisiva batalla de Yataí tuvo lugar la mañana del 17 de Agosto de 1865. Cuatro batallones de infantería uruguaya ataviada con pantalones rojos, comandadas por el coronel español León Palleja, se adelantaron a las 10:30 y atacaron las posiciones avanzadas de los paraguayos con bayonetas caladas.

El día era frío y brumoso. Como la visibilidad era mala, los uruguayos tenían dificultades para aproximarse al enemigo. Mitre posteriormente dijo que Palleja atacó prematuramente, ya que lo hizo sin apoyo de artillería y por eso sus hombres fueron rápidamente rechazados por una tormenta de mosquetería(13).

(13) Ver Mitre a Elizalde, Concordia, 2 de Septiembre de 1865, en Bartolomé Mitre. “Correspondencia Mitre-Elizalde. 1860-1868” (1980-1990), tomo 1, p. 180, Buenos Aires (dos volúmenes). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El general Flores soltó una andanada de palabrotas cuando comprobó el resultado. Luego convocó urgente a una reunión de oficiales veteranos para confirmar su plan de batalla. Le ordenó al general Paunero desplegar sus Fuerzas detrás y a la izquierda de Palleja.

La brigada 12 brasileña se movería a la extrema derecha. Extrañamente -ya que ello debilitaba la concentración potencial de poder de fuego aliado- Flores decidió dispersar sus piezas de artillería entre las dos divisiones argentinas y la reserva de caballería. Los paraguayos no tenían artillería y por lo tanto ninguna defensa obvia contra una descarga focalizada; si los aliados hubieran concentrado sus armas pesadas habrían apoyado más eficazmente el asalto.

En cambio, los uruguayos avanzaron al mediodía con sólo esporádica cobertura de artillería. Los paraguayos pelearon con resolución en los puntos de avanzada, matando a muchos de los infantes que se les acercaban y muriendo en gran número por sus esfuerzos. Antes de que pasara una hora, los sobrevivientes paraguayos se retiraron a su principal línea defensiva donde Duarte estaba esperando.

Los Aliados avanzaron, primero en una manera que parecía imparable pero, de repente, se atascaron directamente enfrente de la principal Fuerza paraguaya. Estaba claro que podían lanzarse de nuevo en cualquier momento, por lo que Duarte aprovechó el momento. Todavía tenía caballería a su disposición y le ordenó cargar sobre el flanco derecho del enemigo. Arremetieron con todas sus fuerzas, sacudiendo a un lado y otro sus lanzas y sables y en instantes se encontraron con la caballería aliada.

Los jinetes uruguayos fueron tomados por sorpresa. Esperaban que los paraguayos se mantuvieran agazapados, dispararan desde posiciones protegidas y evitaran un desafío abierto pero, súbitamente, surgían frente a ellos. Primero dudaron, luego comenzaron a quebrarse(14).

(14) Ver: “Declaración de José Luis Madariaga”, (¿Paso de los Libres?), 24 de Abril de 1887, en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 141, Nro. 14, p. 5. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Flores respondió a la crisis como el curtido veterano que era. Instantáneamente ordenó al primer regimiento de caballería argentino de la reserva de Paunero que reforzara a sus camaradas. La marea cambió de inmediato. Los aliados atacaron salvajemente a los jinetes de Duarte con una furia nacida de años de pelear en las pampas. Mataron paraguayos a diestra y siniestra. Unos pocos lograron escabullirse y galopar hacia sus propias líneas, sólo para ser ejecutados en sus sillas por la infantería uruguaya(15).

(15) Ver: “Rectificación: lo que dijo el general Duarte”, Casa de la Independencia, Asunción, Colección Carlos Pusineri Scala. Ver también: “Descripción del combate por un testigo ocular (Leopoldo Pellegrini)”, en Juan Beverina. “La Guerra del Paraguay (las Operaciones de la Guerra en territorio argentino y brasileño)” (1921), tomo 3, pp. 545-546, Buenos Aires (siete volúmenes). Ed. Ferrari Hnos. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

A la par que se desintegraba la caballería paraguaya, el primer Cuerpo avanzó por el flanco expuesto de Duarte. Este ataque, dirigido por Paunero, fue concentrado y abrumador. Las tropas aliadas se abrieron paso a través de la posición enemiga en varios sitios. Pronto la línea de Duarte cesó de existir.

Unos cien paraguayos saltaron al Yatay e intentaron nadar hacia algún sitio seguro al otro lado, pero fueron capturados antes de que pudieran llegar lejos. Otras dos o tres secciones intentaron retirarse hacia el cementerio local, siempre disparando contra los aliados a medida que se movían. Poco después, estos también murieron.

Aunque rodeados y enfrentados con un fuego infernal, el resto de los hombres de Duarte se negó a deponer sus armas. El coronel Thompson observó que “ningún humano pudo hacer que los paraguayos se rindieran (en el Yatay) (…) incluso individuos aislados preferían seguir peleando, con la muerte segura frente a ellos”(16).

(16) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 88, Londres. En un relato del 18 de Agosto, Venancio Flores usó casi exactamente las mismas palabras para describir la ferocidad de sus oponentes paraguayos. Ver Flores a Mitre, Paso de los Libres, 18 de Agosto de 1865, en “Battle of the Yatay”, recorte, en el National Archives and Records Administration, Washington, D.C., FM69, Nro. 16; reportes adicionales sobre la acción se encuentran en el Museo Histórico Nacional de Montevideo, tomo 105. Mientras los gauchos de Flores de mala gana respetaban a sus enemigos, para el sofisticado Mitre su conducta reflejaba la total “abdicación de la razón” inculcada en los paraguayos desde los tiempos de los jesuitas y refinada en un grado terrible por el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia y los dos López. Ver periódico “La Nación Argentina” del 24 de Agosto de 1865. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Charles Ames Washburn, pese a no ser un amigo del Ejército del mariscal, coincidió con la estimación de Thompson:

“En esta batalla, como en muchas otras, no sería infrecuente que ocurriera que un paraguayo fuera rodeado por una docena de enemigos, todos instándolo a que se rindiera, a lo cual él no respondería, sino que pelearía hasta caer muerto; o, si por casualidad fuera desarmado durante la desigual pelea y hecho prisionero a la fuerza, aprovecharía la primera oportunidad para tomar un mosquete o cualquier garrote y matar a todos los que pudiera, hasta él mismo ser derribado inconsciente”(17).

(17) Charles Ames Washburn. “History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), tomo 2, pp. 81-82. Ed. en Nueva York y Boston. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La terquedad y autosacrificio de los paraguayos desconcertaba a los oficiales aliados, quienes habrían preferido tomar más prisioneros. Los soldados comunes, sin embargo, no tenían tiempo para tales finezas. Para ellos, exterminar a los paraguayos era la respuesta lógica y necesaria a su fanatismo(18).

(18) Paunero a Marcos Paz, Yatay, 18 de Agosto de 1865, en Ricardo Levene. “Archivo del coronel Dr. Marcos Paz” (1959-1966), tomo 4, pp. 104-105, La Plata (siete volúmenes). Universidad Nacional. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Las tropas Aliadas, por lo tanto, no se contuvieron de llevar adelante una masacre que duró dos horas. Los historiadores podrían verse tentados a interpretar la sangrienta carnicería que siguió a la batalla de Yatay como alguna variante de manía homicida. Pero los soldados uruguayos no eran unos lunáticos frenéticos en medio de un ataque de ira acuchillando indiscriminadamente con sus sables.

Como en Quinteros, su matanza era deliberada y mecánica, como las habituales carneadas de ganado en las pampas. El temor en los rostros de los prisioneros paraguayos no les causaba impresión ni sus nerviosos gritos de piedad. Una y otra vez los uruguayos pasaban sus facones por las gargantas de sus enemigos, desgarrando carne, tendones y huesos hasta rebanar limpiamente las cabezas. En todas las direcciones los campos estaban mojados de sangre(19).

(19) Un veterano correntino que visitó el sitio de la batalla unas décadas después remarcó que la gente que cruzaba el campo todavía se tropezaba con cráneos y tibias humanos. Ver Benjamín Serrano. “Guía General de la provincia de Corrientes, correspondiente al Año 1910” (1910), pp. 593-595, Corrientes. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Aún así, Duarte y unos mil doscientos de sus hombres fueron tomados prisioneros. La mayoría fue finalmente enviada a Buenos Aires, donde la población reaccionó atónitamente boquiabierta al ver pasar a estos paraguayos. Los porteños nunca se habían planteado pensar en estas figuras abatidas como seres humanos y las trataron en consecuencia.

Cuando fue capturado, el herido Duarte fue llevado ante el general Flores, quien lo insultó con palabras vulgares y le gritó que recibiría “cuatro balas” por haber fusilado a su enviado. El mayor paraguayo en voz queda replicó: “Las recibiré (a las balas) como si vinieran de sus propias manos”.

Este comentario desató otra andanada de invectivas por parte de Flores, quien continuó con sus amenazas hasta que el general Panuero sutilmente intercedió en favor del derrotado comandante(20). Duarte fue llevado a Concordia, donde Mitre se negó a recibirlo, y luego a Buenos Aires. En cada pueblo y aldea fue objeto de calladas muestras de respeto por parte tanto de militares como de funcionarios civiles(21).

(20) “Entrevista con Pedro Duarte”, Asunción, 14 de Abril de 1888, en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 129. ; y Juan E. O’Leary. “Recuerdos de Gloria: 17 de Agosto de 1865. Yataí”, en el periódico “La Patria”, 18 de Agosto de 1902.
(21) “Diário do Rio de Janeiro”, 14 de Septiembre de 1865; y, especialmente, Duarte al Editor, Buenos Aires, 29 de Agosto de 1865, en el periódico “La Tribuna” (Montevideo), 30 de Agosto de 1865 (en la que el propio mayor reconoce el buen trato que recibió). En la misma edición, el editor comenta que las acciones del hombre fueron poco mejores que las de un asesino y que claramente no merecía consideración especial. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Luego de unos meses en la capital argentina, fue transferido al Sur, a la pequeña localidad de Dolores, donde pasó los años de la guerra como administrador de un gran establecimiento ganadero. Ahorró lo suficiente como para asociarse con un estanciero local. Tras retornar al Paraguay como un hombre rico a principios de los 1870, posteriormente sirvió como ministro de Guerra y Comandante del Ejército paraguayo. A diferencia de muchos otros de su generación, Duarte murió en su lecho(22).

(22) Pedro Rueda. “Biografía militar del general don Pedro Duarte, ministro de Guerra y Marina de la República del Paraguay” (1890), pp. 17-19, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Pocos de sus mil doscientos compatriotas sobrevivientes experimentaron alguna clemencia. En una decisión controversial, los Aliados enrolaron a varios cientos de ellos directamente a unidades de sus ejércitos(23). La mayoría, sin embargo, fue en última instancia distribuida en forma más o menos equitativa entre brasileños, argentinos y uruguayos y pasaron el resto de sus días como virtuales esclavos en distantes estancias. Contados de ellos pudieron regresar a su patria(24).

(23) Los Aliados rutinariamente negaban el hecho de que los prisioneros paraguayos enlistados en sus Ejércitos eran obligados al servicio. Aunque la mayoría de tales hombres estaba o demasiado aterrorizada o era demasiado prudente como para desertar inmediatamente hacia las Fuerzas de López, un buen número de ellos lo hizo meses más tarde, para gran consternación de sus patrocinadores aliados. La foja de combate de los que permanecieron con los Aliados fue conspicuamente poco distinguida, especialmente en comparación con aquéllos que pelearon del lado de López. Mitre pensaba que la idea de incorporar a paraguayos directamente en las filas aliadas estaba mal concebida y él se abstuvo de ejecutarla. Mitre a Paz, Capihiquisé, 4 de Octubre de 1865, en Bartolomé Mitre. “Archivo del General Mitre” (1911), tomo 5, pp. 330-331, Buenos Aires (veintiocho volúmenes). Archivo del diario “La Nación”.
(24) Prisioneros de Yatay y Uruguayana, muchos con heridas abiertas, todavía pasaban por Buenos Aires en Octubre de 1865. Ver; periódico “El Pueblo” (Buenos Aires), 2 de Octubre de 1865. Ver también: León Palleja. “Diario de la Campaña de las Fuerzas Aliadas contra el Paraguay” (1960), tomo 2, pp. 87-88, Montevideo (dos volúmenes). Biblioteca Artigas. Unos pocos paraguayos lograron escapar hacia las forestas del Norte y de allí a Humaitá donde, de acuerdo con una fuente uruguaya menos que confiable, recibieron cuatro balazos cada uno por no haber muerto en el campo de batalla. Ver Manuel Martínez a José Luis Gómez, Montevideo, 26 de Marzo de 1916. Archivo del Centro de Guerreros del Paraguay, en el Museo Histórico Nacional de Montevideo, tomo 88. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La batalla de Yatay había terminado. Cuando los encargados funerarios de los Aliados y la gente local contaron los muertos, descubrieron mil setecientos cuerpos paraguayos, muchos de ellos decapitados. Otros trescientos estaban heridos. Un soldado argentino, que luego pintó una representación panorámica de la escena, notó que el hospital para los paraguayos en Restauración “estaba instalado en una casa de adobe con dos grandes piezas sin blanquear y sin muebles o signos de que hubieran sido alguna vez habitadas.

Una puerta había sido desmontada para servir como mesa (y en todos lados había paraguayos heridos) (...) tirados en el piso sin ninguna cosa que los cubriera más que sus propias ropas que, por suerte, todavía traían, aunque en harapos. Aquellos viejos y niños tenían sus heridas vendadas y mantenían un profundo silencio”(25). Por su parte, los Aliados oficialmente admitieron 83 muertos y 257 heridos, aunque el número fue probablemente mucho mayor(26).

(25) “Notas de Cándido López” (¿1887?), en Franco María Ricci. “Cándido López: imágenes de la Guerra del Paraguay” (1984), p. 116, Milán. Para ser justos con los Aliados, ellos habían preparado hospitales modernos y bien equipados, pero se vieron sobrepasados por el número de soldados enfermos y heridos. En relación con el hospital de Concordia, por ejemplo, ver el periódico “La Nación Argentina” del 4 de Agosto de 1865.
(26) Augusto Tasso Fragoso ofrece un conteo oficial de bajas en “História da Guerra entre a Tríplice Aliança e o Paraguay” (1957), tomo 2, p. 216, Río de Janeiro. Ed. Biblioteca do Exército; Enrique D. Mosquera. “De Yatay a Uruguayana” (1945), p. 25, Buenos Aires. Ed. Círculo Militar, cuenta una más creíble pérdida aliada de 390 muertos y 246 heridos, mientras George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 88, Londres, afirma llanamente -y en forma poco convincente- que los aliados tuvieron 2.500 bajas. En una carta escrita justo después de la batalla, Flores rogaba que le enviaran un vapor para evacuar a muchas bajas. Flores a Mitre, (¿Paso de los Libres?), 20 de Agosto de 1865, en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 150, Nro. 12. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Además de los prisioneros, capturaron cuatro banderas, una cantidad de armas y municiones, ocho carromatos y algunos caballos, pobres premios para tantas vidas perdidas. La real significación de la victoria era estratégica. Con la Fuerza del mayor Duarte destruida, Estigarribia quedaba completamente aislado, sin esperanza de recibir ayuda del Paraguay.

Yatay demostró a un incrédulo público en Argentina que los Ejércitos Aliados podían trabajar juntos para destruir a los paraguayos y que más victorias estaban por venir. La Alianza con el Imperio brasileño así se volvió más digerible en las provincias del Litoral y más allá. Mitre y el Gobierno Nacional tenían toda la razón de sentirse satisfechos.

El profesionalismo de Duarte y su bravura frente a obstáculos insuperables le valieron admiración en muchos Cuarteles, incluso en el campamento enemigo. Al final, sin embargo, la organización Aliada y el poder de los números probaron ser demasiados incluso para el coraje paraguayo. Solano López, todavía trabajando con información mínima en Humaitá, debió haber aprendido la lección de esta batalla y suspender las operaciones de “ofensiva”.

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