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La campaña de Mato Grosso

La decisión paraguaya de invadir Mato Grosso en Diciembre de 1864 parecía contraponerse con los objetivos de guerra de Asunción. ¿Cómo podría Uruguay, un país situado lejos de la frontera al sudeste, ser defendido a través de un ataque concertado en el norte? Varias explicaciones surgen.

Una es que Solano López tenía noticias de los depósitos de armamentos que los brasileños supuestamente habían construido en sus asentamientos del Mato Grosso. También sabía que la provincia poseía miles de cabezas de ganado que él podría utilizar para apoyar a su Ejército. Necesitaba tanto municiones como alimentos y estaba claramente determinado a lanzar un rápido ataque para obtenerlos.

Solano López consideró que tal campaña duraría sólo unas pocas semanas, después de las cuales podría redireccionar sus fuerzas hacia Uruguay. Al mismo tiempo, sabía que si el Paraguay ignoraba el Mato Grosso le podría costar caro más tarde. En una guerra general con el Brasil, el Imperio podría encontrar la forma de transferir tropas desde Goiás o São Paulo para reforzar las guarniciones de esa zona. Ello obligaría a los paraguayos a pelear en dos frentes.

Si Solano López atacaba Mato Grosso ahora, podría evitar ese movimiento enemigo hasta cuando ya no importara. Estaba también la larga disputa territorial con el Brasil. Un golpe audaz contra el Norte podía asegurar la frontera, dado que los brasileños no podrían reforzar Mato Grosso en forma oportuna, salvo a través el río Paraguay.

Solano López podría lograr una soberanía de facto en el área en litigio y así cumplir la vieja ambición de su padre de un límite definitivo. Una incursión en Mato Grosso podría, no obstante, tomar tiempo, algo que López no podía desperdiciar si quería salvar al régimen blanco de Montevideo.

- El plan de invasión

Aunque una de las provincias más grandes en el Imperio, Mato Grosso todavía tenía una pequeña población a mediados de los 1860, menos de sesenta y cinco mil habitantes, de los cuales veinticuatro mil eran indios y otros seis mil, esclavos. La mayoría vivía en pequeñas y aisladas comunidades, tan aisladas, de hecho, que pocos brasileños en Mato Grosso percibían un peligro inmediato desde el Paraguay.

Y sólo unos pocos en el Gobierno provincial eran conscientes de cuán poco preparados estaban para enfrentar tal peligro. En los papeles, la provincia mantenía alrededor de cuatro mil hombres bajo armas como Guardias Nacionales, pero la verdadera cifra, incluyendo los auxiliares indígenas, era casi con seguridad menos de un tercio de ese número(1).

(1) En 1863, las autoridades provinciales aseguraban tener una Fuerza pública de 4.600 hombres en servicio activo en Mato Grosso. Esta cifra estaba claramente exagerada y, en cualquier caso, para mediados de 1864 muchas tropas regulares habían sido retiradas para apoyar la intervención brasileña en Uruguay. Ver: Herculano Ferreira Penna. “Relatório Apresentado a Assembleia Legislativa Provincial de Mato Grosso” (1864), pp. 11-14, Cuiabá. Otra fuente, muy posterior, anotó una Fuerza defensiva total de solamente 871 hombres (aunque tal vez esto se refiera sólo a los regulares). Ver: Genserico de Vasconcellos. “A Guerra do Paraguay no Theatro de Mato-Grosso” [¿1921?]), p. 19, Rio de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Muchos de ellos estaban río arriba de Cuiabá, lejos de los potenciales sitios de invasión en el Sur. Estos soldados tenían poco o ningún entrenamiento en el sentido convencional del término. Tenían que procurarse sus propios uniformes y monturas y, aunque estaban comandados por oficiales del Ejército regular, generalmente actuaban más como salteadores independientes que como tropas organizadas.

En las incursiones contra los indios, vivían de la tierra como los antiguos bandeirantes. Esa independencia de movimientos frecuentemente los llevaba lejos de las áreas pobladas y los mantenía separados de otras unidades. Por lo tanto, no podían responder fácilmente a un asalto a gran escala.

La única obra defensiva de importancia en la provincia era el pequeño fortín en Nova Coimbra. Las minúsculas colonias militares en Dourados, Nioaque y Miranda funcionaban bastante bien como puestos de observación, pero no podían ofrecer ninguna resistencia seria a un ataque determinado. Juntas, tenían una fuerza efectiva de sólo ochenta y cuatro hombres, la mayoría de los cuales -oficiales incluidos- eran considerados como la escoria del Ejército Imperial(2).

(2) En Octubre de 1861, el comandante de distrito de Nioaque expresó una opinión que fue repetida por muchos entonces y después: “¿Qué podemos hacer con estos soldados inútiles? Emplean más tiempo en quejarse que en cumplir su servicio”, citado en David Wood. “An Artificial Frontier: Brazilian Military Colonies in Southern Mato Grosso. 1850-1867 (Proceedings of the Pacific Coast Council on Latin American Studies 3)” (1974), p.104. Ed. Carson. Para ser justos, estar destacado en una colonia militar implicaba arduo trabajo y el Gobierno imperial hacía casi nada por aliviar el sufrimiento de los soldados coloniales. Ver: Robert Wilton Wilcox. “Cattle Ranching on the Brazilian Frontier (Tradition and Innovation in Mato Grosso. 1870-1940)” (1992), pp. 93-94, disertación doctoral, New York University. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

En cuanto a las defensas navales, los brasileños tenían seis pequeños barcos a vela disponibles bajo el comando de un capitán. Pero sólo el buque insignia, el “Anhambaí”, portaba algunas armas -dos pequeños cañones de ánima lisa montados en la cubierta-.

Los otros barcos servían primordialmente para el transporte de suministros y no tenían capacidades militares. Todo esto dicho, los brasileños en Mato Grosso no estaban en condiciones de repeler ningún ataque desde el Sur. Y en Cuiabá, si bien no en la frontera, pocos sospechaban que este peligro siquiera existía(3).

(3) Una larga carta escrita desde Cuiabá el 30 de Septiembre de 1864, no hace mención en absoluto a una amenaza paraguaya, aunque su anónimo autor hace extensas referencias a las depredaciones de los indios kayapó y coroado (bororó), “actos horribles” contra los cuales pedía intervención militar. Periódico “Jornal do Commercio” (Rio de Janeiro), suplemento, 9 de Noviembre de 1864; “Imprensa de Cuyabá” (Cuiabá), 27 de Octubre de 1864, sí reportó en detalle acerca del involucramiento del Paraguay en la crisis del Uruguay, pero no ofreció pista alguna de una amenaza a Mato Grosso. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Por su parte, los paraguayos sí estaban preparados. Solano López exigía Informes completos y regulares de sus propios puestos de frontera sobre el río Apa(4).

(4) Para ejemplos de tales Informes, ver Solano López a Resquín, Asunción, 4 de Septiembre de 1862, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 2.834; Elías Giménez al coronel superior de la Plaza de Asunción (¿Venancio López?), Estrella del Apa, 31 de Mayo de 1864, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 360, n. 3; y José Zacarías Mendoza al comandante de Concepción, Puesto de Eyúa (sobre el río Aquidabán), 15 de Agosto de 1864, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 3.069. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

En 1863 envió dos agentes secretos al territorio disputado en misiones de espionaje. Uno de estos hombres, el teniente naval Andrés Herreros, exploró los ríos Alto Paraguay, São Lourenço y Cuiabá como parte de una abierta visita semioficial para mejorar las relaciones comerciales. Su verdadera tarea era evaluar las defensas ribereñas brasileñas. Su viaje a Nova Coimbra, Alburquerque y Dourados resultó crucial para lo que habría de ocurrir después, aunque debido a las aguas bajas no pudo visitar Cuiabá.

El otro agente, quien se presentó como un rico empresario buscando comprar tierras ganaderas, era en realidad el teniente coronel Francisco Isidoro Resquín, del Ejército paraguayo. Había recibido órdenes de completar un reconocimiento por tierra justo al norte del área en litigio(5).

(5) Jorge Maia de Oliveira Guimarães. “A Invasão de Mato Grosso” (1964), p. 54, Rio de Janeiro. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Las actividades de inteligencia de Resquín y Herreros les dieron a los paraguayos alguna ventaja en la comprensión tanto del terreno de Mato Grosso como de las debilidades de las tropas brasileñas en general(6).

(6) La verdadera amplitud del conocimiento paraguayo de la preparación brasileña se reveló luego en una carta de Venancio López -el ministro de Guerra- a su cuñado, coronel Vicente Barrios, Asunción, 20 de Diciembre de 1864, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 21, 96-101, n. 6. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Ahora López se sentía listo. Hizo que su hermano, el ministro de Guerra, emitiera un detallado plan de invasión. En la usanza típica, el plan del presidente López tenía muchas páginas de largo, abordaba cada contingencia posible y se aseguraba de que los comandantes de campo siguieran las órdenes al pie de la letra(7).

(7) Ver: “Instrucciones al coronel Francisco Resquín, comandante de la columna Miranda y el río Mbotety”, Asunción 13 de Diciembre de 1864, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-29, 25, 25; “Instrucciones al capitán Martín Urbieta, comandante de la expedición contra Dourados y (los puestos sobre) el río Brilhante”, Asunción, 13 de Diciembre de 1864, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-29, 25, 26; e “Instrucciones al coronel Vicente Barrios, comandante de la división en operaciones sobre el río Alto Paraguay”, Asunción, 13 de Diciembre de 1864, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco, I-29, 25, 27. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

López vislumbró un ataque de tres frentes, con dos columnas cruzando al Brasil por tierra y una tercera por el río Alto Paraguay. La fuerza fluvial desembarcaría en Nova Coimbra y tomaría el fortín, luego reembarcaría y se movería al norte para tomar los pueblos de Alburquerque y Corumbá.

Las dos fuerzas de tierra, conformadas mayormente por caballería, partirían simultáneamente desde Concepción en columnas paralelas. Luego de cruzar el Apa, capturarían Dourados y los poblados brasileños a lo largo del río Mbotety (o Miranda). Harían luego contacto con la fuerza fluvial y juntas consolidarían las posiciones paraguayas estableciendo guarniciones en las comunidades capturadas.

El plan de López establecía el estricto (y nada realista) cronograma de una semana para cumplir todos estos objetivos. Las condiciones del río en Diciembre hacían imposible ir más allá de Corumbá, por lo cual el presidente no contempló provisiones específicas en relación con algún movimiento sobre Cuiabá u otros puntos del norte.

En esto, López parecía reconocer que aunque el sur de Mato Grosso podía ser fácil de tomar, no era fácil de retener.

- La partida

López había permanecido en su Cuartel Central en Cerro León por alrededor de un mes, conferenciando con sus oficiales acerca de la ofensiva propuesta contra el Brasil. Desde la confiscación del “Marqués de Olinda”, la capital paraguaya había estado enardecida por una fiebre de guerra la cual -aunque artificial en carácter- estaba ahora teniendo el efecto deseado de movilizar a la población para el combate.

El 7 de Diciembre de 1864, el presidente retornó a Asunción para amplificar y focalizar ese sentimiento en apoyo específico a su expedición a Mato Grosso. Rápidamente reunió a su Ejército.

Las tropas convocadas incluían a sus preferidos batallones 6 y 7 de infantería, los batallones 27 y 30, también de infantería, y dos baterías de campaña equipadas con doce cañones de 24 con cohetes Congreve, totalizando 3.800 hombres(8).

(8) Hay algún desacuerdo en cuanto al número de tropas paraguayas en la fuerza fluvial; el coronel Thompson, quien fue un testigo presencial, anotó tres mil hombres y dos baterías de campaña. George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 32, Londres; Oliveira Guimarães, un Guardia Nacional brasileño durante la guerra, enfáticamente sostuvo que la fuerza tenía más de cinco mil. Jorge Maia de Oliveira Guimarães. “A Invasão de Mato Grosso” (1964), p. 67, Rio de Janeiro. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Hacía tiempo que Asunción no veía tantos soldados. Sus túnicas escarlata y sus brillantes bayonetas contrastaban con sus pies desnudos, rudos y callosos, pero mantenían una actitud enérgica y alegre y causaron una impresión favorable.

El 12 de Diciembre López designó a sus comandantes para la expedición de Mato Grosso. Como era de esperar, puso a Resquín y Herreros en posiciones claves: el primero, para liderar la columna principal contra Miranda y los pequeños puestos sobre el Mbotety; el segundo para comandar el vapor “Ypora”, que tomó la vanguardia de la flotilla paraguaya. Solano López asignó todas las fuerzas fluviales al capitán Pedro Ignacio Meza, luego el oficial principal en la Armada del Paraguay.

Para el Comando General de la fuerza expedicionaria, López eligió a su propio cuñado, Vicente Barrios. Como miembro favorecido de la familia del presidente, Barrios gozaba de una autoridad mucho más alta que la conferida por su rango militar. Conocía a López desde que eran niños y, de acuerdo con una fuente, “había sido su instrumento para provocar a otras personas” e incluso actuado como su proveedor de mujeres en Asunción durante los 1850(9).

(9) Charles Ames Washburn. “History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), tomo 2, pp. 393. Ed. en Nueva York y Boston. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Como sea, Barrios había recibido el comando y, en el servicio paraguayo, esto por sí mismo le aseguraba una obediencia incuestionable. Sus oficiales subordinados eran también altamente respetados por sus soldados, aunque no tanto por sus conexiones políticas como por sus habilidades militares.

El robusto Resquín, quien en vez de la lustrosa barba de Barrios lucía la faz cuidadosamente afeitada, era un caso típico. Era un diestro luchador que había aprendido muchas lecciones de los guaycurúes a través de los años; era constante, leal e inmune al sufrimiento personal (de hecho, logró sobrevivir a la guerra).

Meza y Herreros, los dos hombres navales, decididamente tenían distintos antecedentes y personalidades. Meza ya era un anciano, había peleado en las luchas de la independencia (aunque nunca había comandado un buque de guerra en combate). Tenía el rostro triste y arrugado de un hombre de negocios cuyos años y éxito material habían sido pagados con una serie de úlceras pépticas.

Herreros, por su parte, era joven, atractivo y locuaz -un auténtico dandi en uniforme naval y muy querido por los oficiales y hombres que lo rodeaban-. Su cálida afabilidad contrastaba agudamente con las maneras saturninas de Meza. Si hubiera vivido más tiempo, su efusividad bien le habría podido traer problemas cuando el Gobierno paraguayo comenzó a tornarse contra sí mismo(10). En cambio, se convirtió en el primer mártir del Paraguay.

(10) Su amigo Juan Crisóstomo Centurión recordó una conversación privada con Herreros en 1863 durante la cual el teniente naval llamó a madame Lynch “la gran puta” y advirtió que el Paraguay se había vuelto sofocantemente militarizado bajo Solano López. Si hubiera hecho estas consideraciones más tarde en la guerra, ello podría haber fácilmente resultado en su ejecución pese a sus buenas conexiones familiares. Juan Crisóstomo Centurión. “Memorias o reminiscencias históricas sobre la Guerra del Paraguay” (1987), tomo 4, pp. 153-155, Asunción (cuatro volúmenes). Ed. El Lector. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El embarque comenzó el 14 de Diciembre con la citación de tres mil soldados a bordo de cinco vapores y tres barcazas en Asunción. Inmediatamente antes de partir, un oficial sobre una tarima en el Campo del Hospital les leyó una triunfante Proclama:

“Soldados: mis esfuerzos para el mantenimiento de la paz han sido estériles. El Imperio del Brasil -poco conocedor de vuestro valor y entusiasmo- os provoca a la guerra; la honra, la dignidad nacional y la conservación de los más caros derechos, nos mandan aceptarla.
“En recompensa de vuestra lealtad y largos servicios, he fijado mi atención sobre vosotros, eligiéndolos entre las numerosas Legiones que forman los Ejércitos de la República para que seáis los primeros en dar una prueba de la pujanza de nuestras armas, recogiendo el primer laurel que debemos añadir á aquellos que nuestros mayores pusieron en la Corona de la Patria, en las memorables jornadas de Paraguarí y Tacuarí.
“Vuestra subordinación y disciplina y vuestra constancia en las fatigas me responden de vuestra bravura y del lustre de las armas, que á vuestro valor confío.
“Soldados y Marinos: llevad este mismo voto de confianza á vuestros compañeros, que de nuestras fronteras del Norte han de unirse á vosotros y marchad serenos al Campo del honor, y recogiendo gloria para la patria y honra para vosotros y vuestros compañeros de armas; mostrad al mundo entero cuánto vale el soldado paraguayo. Francisco Solano López”(11).

(11) Proclama de Solano López, Asunción, 15 de Diciembre de 1864, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 339, n. 32. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Lo que pensaban las tropas reunidas sobre estas vehementes y de algún modo sensibleras palabras no ha quedado registrado. El floreo de varias frases les era reconocible; su propio idioma guaraní tenía un amplio vocabulario de esos términos expansivos y la tradición de cultura oral tenía una larga historia en su país.

La Proclama -sin embargo- fue en español, un idioma cuyos matices usualmente se le escapaban al soldado medio paraguayo. Lo que importaba era de quién provenía: la Autoridad Suprema había dado la orden de atacar a los brasileños, expulsar a los “macacos”, llevar la bandera hacia el norte ¡Opáma! Era suficiente.

Para Solano López, la Proclama tenía un significado más profundo, más personal. La había comenzado de manera característica, con una referencia a sí mismo, diciendo que había tratado de prevenir un estallido de las hostilidades, pero ahora que los brasileños habían arrojado la guerra sobre el Paraguay esperaba que cada hombre cumpliera su obligación, para “mostrar al mundo” el valor del soldado paraguayo.

Una pista de inseguridad y duda se adivina detrás de este último punto, incluso tal vez un breve recuerdo de un momento, una década atrás cuando, en la Corte de Luis Napoleón nadie había siquiera oído hablar de su país. Nunca más toleraría semejante ignorancia.

Quizás estos pensamientos se cruzaban por la mente de López allí montado sobre su caballo blanco Mandyju, observando a sus tropas embarcarse bajo el abrasador sol de Diciembre. El obispo Manuel Antonio Palacios ya había dado su bendición y las hurras habían comenzado a menguar. La flotilla, todavía al alcance de la vista de la multitud, viró al norte en el canal del Paraguay y enfiló hacia Mato Grosso.

- El ataque a Nova Coimbra

La travesía río arriba se desarrolló sin novedades. Los soldados se reunían en las cubiertas de los barcos y sudaban en sus túnicas rojas. Con poco espacio para moverse, la mayoría de los hombres pulía y repulía sus bayonetas, chismoseaba y bebía prodigiosas cantidades de tereré (mate frío).

Las regulaciones navales les prohibían escupir al agua y no les permitían oficialmente golpear sus recipientes de cuerno o guampas contra las barandas para descargar la yerba usada. Los ingenieros británicos que habían modernizado la Armada paraguaya habían insistido en estas prohibiciones como necesidades higiénicas(12).

(12) Sobre el consumo de tereré en los barcos de guerra, ver George Francis Morice a Francisco Solano López, a bordo del vapor “Río Blanco”, 21 de Julio de 1856, en el Archivo Nacional de Asunción I-29, 30, 37, n. 8. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El verano de 1864, sin embargo, no era momento para tales delicadezas y los oficiales (quienes también bebían tereré todo el tiempo) preferían hacer la vista gorda. El 16 de Diciembre, la fuerza expedicionaria se detuvo momentáneamente en el pequeño puerto de Concepción.

Allí Barrios se reunió con Resquín, quien estaba esperando con varios miles de soldados adicionales, mayormente de caballería, como de costumbre. Algunos se unieron a la fuerza anfibia, que prosiguió río arriba después de dos días. En cumplimiento del plan preestablecido, las unidades restantes (unos tres a cinco mil hombres) partieron por tierra desde Concepción al mismo tiempo.

Después de cruzar el Ypané, esta fuerza se dividió en dos: el grupo principal bajo Resquín marchó hacia Miranda y una fuerza más pequeña bajo el mayor Martín Urbieta se movilizó hacia Dourados(13).

(13) Un autor reporta como un hecho el rumor de que dos regimientos de caballería adicionales de quinientos hombres cada uno fueron por tierra a través del Apa hasta ayudar a la fuerza fluvial de Barrios. Si es cierto, casi con seguridad estas unidades no pudieron llegar al objetivo debido a las intermitentes inundaciones o bien regresaron a Concepción o se unieron a las fuerzas montadas de Resquín más al Este. Ver: Jorge Maia de Oliveira Guimarães. “A Invasão de Mato Grosso” (1964), p. 59, Rio de Janeiro. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Cuando despuntó la mañana el 27 de Diciembre, las unidades fluviales bajo Barrios alcanzaron su objetivo. El fuerte de Nova Coimbra estaba enclavado en un barranco bajo y boscoso, a unos cincuenta metros arriba en la margen derecha del río. Irregular en su forma, sus paredes y parapetos estaban construidos de piedra y pesadas argamasas, suficientemente gruesas como para soportar sólidos disparos de cañones de ánima lisa.

Las paredes tenían una altura de dos a cinco metros y exhibían tanto cañones como puestos de tiro para rifles. Pero ninguna de estas posiciones estaba cubierta por arriba y, en general, el Fuerte era vulnerable al fuego desde las colinas que estaban justo encima, donde bosques de ingá oscurecían la vista(14).

(14) Loren Scott Patterson. “The War of the Triple Alliance: Paraguayan Offensive Phase. A Military History” (1975), pp. 61-67, disertación doctoral, Georgetown University, Washington, D.C. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Aun así, un efectivo ataque desde esa posición parecía poco probable por las limitaciones de rango de los mosquetes y rifles. La guarnición brasileña que defendía Nova Coimbra consistía en 115 hombres de artillería, sin contar cuarenta varones indios, civiles y convictos, y siete mujeres dependientes. Además de la guarnición del Ejército, dos buques navales, el de construcción británica “Anhambaí” y el más pequeño vapor “Jaurú”, estaban anclados en las inmediaciones.

El comandante imperial del Fuerte, quien también controlaba estos barcos de guerra, era el teniente coronel Hermenegildo de Alburquerque Portocarreiro quien, una década atrás, había sido instructor de artillería de Solano López. El coronel no tenía idea de que las relaciones del Imperio con el Gobierno de su ex estudiante se hubieran tornado tan violentas. Portocarreiro recién se había levantado de tomar el desayuno cuando divisó el humo de las chimeneas de los vapores paraguayos aproximándose.

A las 08:30, una canoa paraguaya avanzó con bandera blanca hasta un punto justo debajo del Fuerte. Un oficial paraguayo se bajó a la costa con una carta de Barrios en la que le demandaba rendición a Portocarreiro. El comandante brasileño, todavía tratando de recuperarse de la sorpresa, acremente escribió una respuesta negativa. En ella trató de ganar tiempo diciéndole a Barrios que había enviado la demanda paraguaya con un correo a sus autoridades superiores en la capital provincial(15).

(15) “El Semanario”, 7 de Enero de 1865. Aunque el periódico oficial paraguayo corrigió el error de Portocarreiro, de hecho él dirigió la Nota de respuesta no a Vicente Barrios, sino a Vicente “Dappy”. Si este error es el resultado de la mala letra manuscrita de Barrios o del nerviosismo de Portocarreiro no queda claro, pero los brasileños tercamente continuaron en sus Informes refiriéndose a “Dappy” por algún tiempo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Evidentemente no era consciente de que bajo la cobertura de la noche precedente, los paraguayos habían desembarcado en la orilla opuesta del río, asentándose en las partes altas, y que ahora tenían varios cañones apuntando al Fuerte.

Tras recibir la Nota de Portocarreiro, estos cañones comenzaron a abrir fuego sobre la posición brasileña. Pronto fueron seguidos por otros desde los buques de guerra paraguayos y por tiros de mosquetes de unidades de infantería que llenaban los puntos de desembarco en la costa del río.

Los brasileños del Fuerte respondieron el fuego con gusto y mantuvieron la cañoneada hasta el anochecer, cuando el fuego se volvió ineficaz. El crepúsculo en Mato Grosso venía normalmente acompañado por una rítmica bulla de sonidos de animales e insectos que iba creciendo y haciéndose más ruidosa e hipnótica a medida que la oscuridad se llevaba el último rayo de luz diurna.

Esa noche había poco de ese murmullo. Los monos carayá habían huido, lo mismo que los pájaros. Los únicos sonidos fuertes que quebraban el silencio provenían del bramido ocasional de algún mosquete o rifle y de los gritos de insultos en guaraní desde las líneas paraguayas.

Alrededor de las 8 de la noche, en un movimiento que permanece sin explicación, Barrios reembarcó a sus tropas en los buques paraguayos. Allí, al fin, sus hombres encontraron un momento para limpiarse el lodo de sus manos y rostros. Sus túnicas escarlata, sucias de barro y pólvora, ya no lucían portentosas, pero entonces ya no había nadie para ser impresionado más que los demás soldados.

Entre los paraguayos la moral estaba alta. Un sentimiento de efervescencia había reemplazado la nerviosa excitación y la tensión que había acompañado sus primeros enfrentamientos. Habían sobrevivido al primer día de batalla y ahora podían casi saborear la victoria. Barrios y Meza abrieron botellas de vino y hubo muchos brindis por la gloria de Solano López.

El alba del nuevo día encontró a los paraguayos todavía con alto espíritu, listos para renovar su ataque sobre Nova Coimbra. Aparentemente habían puesto a sus enemigos en una posición insostenible y se sentían excesivamente optimistas.

La mañana del 28 de Diciembre, sin embargo, trajo buenas razones para cuestionar esa apresurada evaluación. Sólidos cañonazos habían golpeado el Fuerte, pero todavía se mantenía en pie y no mostraba ningún signo externo de rápida capitulación.

Barrios decidió montar un ataque terrestre, si no un asalto al todo o nada, al menos un reconocimiento de fuerzas. La topografía del terreno circundante del Fuerte evitaba cualquier ataque directo salvo por uno de los lados y allí los brasileños habían plantado grandes cantidades de espinosos cactus. Para realizar un simple amague, los paraguayos tuvieron que abrirse paso entre estos cactus bajo fuego constante de rifles.

Aun con suerte avanzaron sólo con gran dificultad. El calor del mediodía también jugó su papel y muchos soldados sintieron el principio de una insolación. Al final, el reconocimiento paraguayo (si merece ese nombre) tuvo un carácter bastante irregular.

Algunas unidades se retiraron precipitosamente a la línea protectora del bosque luego de disparar sólo unos pocos tiros. Otras siguieron adelante como pudieron en un asalto obstinado, pero a la vez desorganizado y desorientado. Lograron algún avance, aunque a un alto precio.

El coronel Thompson, quien tenía muchos amigos entre los participantes de la batalla, describió lo que pasó después:

“Aunque expuestos a un terrible fuego de bombas y mosquetería (los paraguayos finalmente) alcanzaron las murallas; pero no pudieron treparlas, ya que no llevaron escaleras con ellos. También perdieron muchos hombres por las granadas de mano que la guarnición arrojó sobre ellos. Siete hombres, sin embargo, lograron escalar el muro e ingresar, pero fueron rápidamente superados y los restantes se retiraron”(16).

(16) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), pp. 34-35, Londres; Ver también “Imprensa de Cuyabá” (Cuiabá), 12 de Enero de 1865. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Tras haber visto a sus hombres rechazados, Barrios y Meza continuaron coordinando su bombardeo a Nova Coimbra hasta bien entrada la tarde. Pese a su excelente posición de fuego, no podían saber qué efecto estaban causando. De hecho, mientras los paraguayos mismos contabilizaban 164 heridos y 42 muertos, los brasileños dentro del Fuerte no habían tenido todavía una sola baja(17).

(17) Louis Schneider. “A Guerra da Triplice Aliança contra o governo da República do Paraguai” (1945), tomo 1, pp. 175-184, São Paulo (dos volúmenes). En un gesto inusualmente generoso, Solano López posteriormente asignó pensiones mensuales a las familias de dos subtenientes que murieron valientemente en el asalto del Fuerte. Ver Decreto de Solano López, Asunción, 6 de Enero de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 3, 17. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Las municiones eran otro asunto. Los hombres de Portocarreiro habían gastado más de tres cuartos de las rondas disponibles para sus rifles para rechazar a los paraguayos. Las mujeres en el Fuerte ya habían sido puestas a trabajar en la elaboración de más cartuchos.

Lideradas por la esposa del comandante, moldeaban balas de 17 milímetros con pesadas piedras para afinarlas y alargarlas para que pudieran entrar en los caños más pequeños de los rifles de fabricación francesa. Aunque lejos de ser perfecto, el resultado sirvió, tal como los paraguayos lo comprobaron para su desgracia durante el asalto. Ahora, incluso estos proyectiles adaptados se estaban acabando.

La situación de Portocarreiro era desesperante. La mañana siguiente las tropas de Barrios avanzaron una vez más a lo largo de la orilla occidental del río. Los hombres rápidamente se camuflaron en el bosque adyacente, ubicándose en buenas posiciones de fuego alrededor del Fuerte.

Habían construido escaleras durante la noche y esperaban usarlas en el curso de otro asalto. Luego, uno de los vigías de vanguardia de la artillería paraguaya corrió a la orilla del río para gritarle un mensaje a Barrios: la bandera imperial brasileña -claramente visible el día anterior- ya no flameaba en el mástil de Nova Coimbra.

Portocarreiro y sus hombres se habían retirado la noche previa a bordo del “Anhambaí” y el “Jaurú”. Los paraguayos no detectaron la evacuación, que había tenido lugar rápida y silenciosamente. El comandante brasileño y sus hombres estaban ahora lejos, rumbo a Corumbá.

En cuanto a Nova Coimbra, los hombres de Barrios subieron sus muros cubiertos por una lluvia de disparos desde abajo. Luego escalaron sus parapetos y tomaron inmediato control. Adentro encontraron a dieciocho paraguayos que los brasileños habían tomado prisioneros el día anterior y que Portocarreiro había dejado atrás en una habitación cerrada. También encontraron intactos treinta y un cañones con sustanciales reservas de municiones y pólvora(18).

(18) Un preciso relato de los armamentos tomados en Coimbra puede ser encontrado en Juan Crisóstomo Centurión. (1987). “Memorias o reminiscencias históricas sobre la Guerra del Paraguay”, tomo 1, pp. 52-54, Asunción (cuatro volúmenes). Ed. El Lector. Considerable propiedad privada fue también abandonada en Coimbra por los brasileños, incluyendo “el más costoso set de instrumentos quirúrgicos” que el farmacólogo británico Masterman había visto jamás. George Frederick Masterman. “Seven Eventful Years in Paraguay” (1869), pp. 92-93, Londres. Ed. S. Low, son and Marston. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Historiadores militares han criticado tanto a Barrios como a Portocarreiro por su conducta en la batalla. De acuerdo con una fuente, este último fue arrestado y acusado por ineptitud luego de su llegada a Corumbá(19).

(19) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 35, Londres. Portocarreiro fue finalmente absuelto -al parecer- por un Tribunal militar de Rio de Janeiro (antes que admitir una gruesa falta de preparación por la cual ellos mismos podrían tener la última responsabilidad, los generales prefirieron olvidar todo el asunto). Otro testigo de la guerra, quien más tarde se convirtió en una importante figura del movimiento abolicionista brasileño, aseguró que Portocarreiro -de hecho- nunca fue arrestado, a pesar de las informaciones contrarias de Thompson. Ver: Antonio de Sena Madureira. “Guerra do Paraguai: Resposta ao Sr. Jorge Thompson, autor da ‘Guerra del Paraguay’ e aos anotadores argentinos D. Lewis e A. Estrada” (1982), p. 11, Brasilia. Ed. Universidad Nacional de Brasilia. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Al dejar su pólvora seca y no dañar sus cañones, permitió que valiosos suministros cayeran en manos del enemigo. En cuanto a Barrios, sus críticos se han concentrado en su pobre trabajo táctico (como quedó visto, por ejemplo, en la falta inicial de escaleras y en los descuidados esfuerzos de espionaje) y, más generalmente, en la timidez del ataque paraguayo.

Después de todo, tenía abrumadora ventaja tanto en hombres como en poder de fuego, pero no usó ni a unos ni a otro en forma efectiva. Tampoco empleó su poder naval apropiadamente. Al mantener a Meza y sus barcos atrás gran parte del tiempo, evitó su efectiva participación en la pelea, lo cual a su vez probablemente costó vidas paraguayas.

Peor de todo, no atinó a capturar el “Anhambaí” y el “Jaurú”, dejándoles a Portocarreiro y a su guarnición los medios para huir y advertir a Cuiabá. Si hubiera colocado al menos uno de sus cinco vapores media legua río arriba, los brasileños nunca habrían escapado(20).

(20) Masterman afirmó que Barrios y sus hombres estaban tan borrachos cuando comenzó la batalla que no podían emitir órdenes inteligibles, virtualmente asegurando un asalto desorganizado. El británico estuvo ausente en la campaña de Mato Grosso y otras fuentes no confirman la historia, pero esto bien podría haber pasado. George Frederick Masterman. “Seven Eventful Years in Paraguay” (1869), p. 93, Londres. Ed. S. Low, son and Marston. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Más allá de estas críticas, los historiadores han juzgado correctamente el ataque a Nova Coimbra como una importante victoria paraguaya y en todo el país los soldados y la gente común la celebraron como tal. Cualquiera que haya sido el plan original, los defensores brasileños eran una amenaza menor afuera del Fuerte que dentro de él. Era mejor que hubieran huido al norte, bien lejos de los límites con Paraguay, que tenerlos allí presionando sobre las posiciones paraguayas e impidiendo la realización del designio de Solano López.

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