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Camino al abismo

- La neutralidad argentina desafiada

La capitulación blanca en Montevideo era la señal que Mitre esperaba para un nuevo acercamiento al conflicto Brasil-Paraguay. El presidente argentino llevaba un largo tiempo acostumbrado a ver a su país en el centro del escenario de la política del Plata, pero los acontecimientos recientes en la Banda Oriental lo habían dejado perplejo. No obstante, su asistencia a Flores y sus maquinaciones con el Imperio podrían generar algunas recompensas para Buenos Aires ahora que las fuerzas blancas se habían desintegrado.

Mitre era demasiado astuto como político, sin embargo, como para consentir abiertamente que Uruguay se convirtiera en un satélite de Río de Janeiro. Como a Urquiza, le causaba molestia y recelo tener tropas brasileñas tan cerca y, por mucho que respetara a Paranhos y a otros funcionarios del Gobierno Imperial, no tenía el más mínimo deseo de verlos dictando términos en una esfera que tradicionalmente le había pertenecido a él.

Mitre había siempre dejado abiertas líneas políticas alternativas para llevarse el crédito de lo que fuera que sucediera. Por lo tanto, cuando la política de Paranhos en el Uruguay comenzó a rendir frutos, él trató de distanciarse del Imperio. Su “neutralidad”, que había sido notoriamente indulgente con Flores, ahora se volvía progresivamente más estricta.

El presidente enfrentaba una situación doméstica complicada. Su gabinete de ministros había sido demasiado procolorado y sus propias inclinaciones favorables hacia el Brasil eran ampliamente conocidas. Muchos en Buenos Aires habían celebrado la caída de Montevideo y urgían a Mitre ir ahora contra los paraguayos. Pero en la Argentina en su conjunto todavía existía mucha simpatía por el ahora difunto Gobierno blanco.

Las victorias brasileñas en la Banda Oriental habían hecho que tales sentimientos se reenfocaran en favor de Solano López, cuyo Ejército todavía aguardaba órdenes en las misiones. Agentes brasileños habían estado tratando de contrarrestar esta tendencia financiando una campaña propagandística anti-López en la prensa porteña(1).

(1) Parte de la propaganda antiparaguaya en la prensa porteña (especialmente en “La Tribuna” de Héctor Varela) antedató el ataque a Mato Grosso. Ver Bergés a Félix Egusquiza, Asunción, 6 de Noviembre de 1864, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-22, 12, 1, n. 190. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Emigrados paraguayos colaboraban con estos esfuerzos lanzando polémicos panfletos y manteniendo mitines públicos donde llamaban al derrocamiento de López y su familia(2).

(2) Una considerable proporción de la comunidad paraguaya en Buenos Aires estaba representada por estos grupos de emigrados, que habían impotentemente castigado al Gobierno de Asunción desde lejos por más de una década. Ver: Luciano Recalde. “Carta primera al presidente López del Paraguay” (1857), Buenos Aires; “¡Hasta el Paraguay!” en el periódico “El Eco Español” (Buenos Aires), 1 de Noviembre de 1862; y, especialmente, Manuel Pedro de Peña. “Cartas del ciudadano Pedro Manuel de Peña a su querido sobrino Francisco Solano López” (1865), Buenos Aires. Imprenta de la Sociedad Tipográfica Bonaerense. Curiosamente, agentes brasileños hicieron pocos contactos con estos grupos, de los cuales pensaban estaban infiltrados por espías de López. Ver: “La prensa de Buenos Aires y los paraguayos rebeldes”, periódico “El Semanario” (Asunción), 1 de Abril de 1865. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Pero había muchas figuras públicas argentinas, no en menor medida el brillante jurista Juan Bautista Alberdi, que sentían que el flirteo de Mitre con el Brasil era peligrosamente necio y que el Gobierno Nacional haría mejor en inclinarse hacia el Paraguay.

Mitre no tenía intenciones de hacer algo así, pero sí quería ejercitar la mayor precaución en lidiar con otros argentinos en ese momento; las agudas críticas de Alberdi, después de todo, eran un vívido recordatorio de que no todos los ciudadanos argentinos compartían sus mismas metas.

Todos los observadores de los asuntos del Plata estaban conscientes de que un capítulo había concluido y otro estaba a punto de comenzar. La guerra entre el Paraguay y el Brasil podría adquirir un desarrollo pequeño o grande, todo dependiendo del rol de la Argentina.

La continuada neutralidad del país hacía que una invasión brasileña al Paraguay fuera prácticamente imposible, pero también ponía un límite a cualquier ambición que Solano López pudiera soñar en la región. Este hecho ponía gran presión sobre Mitre, quien aguardaba ansioso por información sobre los siguientes pasos de sus vecinos.

La misma ansiedad por información sentía Solano López en Asunción. A diferencia de Mitre, quien siempre escondía sus preocupaciones, al presidente paraguayo se lo notaba nervioso y fuera de sí. Las noticias de Mato Grosso habían sido buenas y habían estimulado el apetito por nuevas acciones. Los brasileños, sin embargo, estaban muy lejos y perturbaba todos sus agresivos instintos el hecho de que no pudiera alcanzarlos.

Visitando la capital paraguaya a principios de 1865 estaba Anacarsis Lanús, un comerciante de armas argentino de considerables medios. Había llegado a Asunción para obtener concesiones comerciales para su firma del Gobierno paraguayo. Solano López, con quien había tenido varias conversaciones, vio en Lanús un posible conducto hacia Mitre; por lo tanto, habló libremente con él acerca de las relaciones paraguayo-argentinas y la guerra con Brasil.

Como era de esperar, Lanús reportó sus discusiones a Mitre, quien alentó al mercader a proseguir en su rol de intermediario. El mensaje de Mitre a López, expresado en una carta a Lanús el 11 de Enero, reiteró en los términos más claros posibles el compromiso de la Argentina con la neutralidad(3).

(3) Mitre a Lanús, Buenos Aires, 11 de Enero de 1865, en Bartolomé Mitre. “Archivo del General Mitre” (1911), tomo 2, pp. 61-62, Buenos Aires. Archivo del diario “La Nación” (veintiocho volúmenes). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Para mostrar su buena fe, Mitre acababa de dejar pasar sin inspección un importante cargamento de armas al Paraguay. Este acto por sí solo no era suficiente para reasegurar al siempre suspicaz López, pero el inquebrantable optimismo de Lanús sí sugería que Mitre mantendría su palabra.

El presidente paraguayo tenía toda la intención, parecía ahora, de mantener su compromiso con los blancos, quienes todavía no se habían rendido en Montevideo. El consejo de Solano López a las fuerzas sitiadas era en ese sentido irónico, pero inequívoco: “Caigan con la gloria de Paysandú y yo pronto reconquistaré su territorio”(4).

(4) José Bergés hizo una observación similar más tarde ese año, notando que “nunca contamos mucho realmente con el contingente oriental (blanco) y es sólo con el esfuerzo de nuestros propios soldados que podemos llevar adelante la sagrada causa de conservar la autonomía de nuestra República hermana y así sostener el principio del equilibrio del poder (...) que es la base de la tranquilidad y la prosperidad de todos”. Ver José Bergés a Miguel Rojas, Asunción, 15 de Marzo de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-22, 2, n. 59. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El 14 de Enero de1865 Solano López le dio sustancia a su impaciencia en la forma de una Nota oficial de Bergés a Elizalde. Le pidió permiso a la Argentina para que fuerzas paraguayas cruzaran la provincia de Corrientes para atacar al Brasil de manera supuestamente expedita y directa:

“El Gobierno de esta República espera que el Gobierno argentino consentirá sin dificultad este requerimiento y desde ya extiende sus seguridades de que todo el tránsito será efectuado sin daños a la población y con toda la debida consideración a las autoridades argentinas”(5).

(5) Bergés a Elizalde, Asunción, 14 de Enero de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-22, 11, n. 491. Ver también en el Museo Histórico Militar, Asunción, Colección Gil Aguinaga, carpeta 72, n. 1. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

En un período caracterizado por muchos errores de cálculo, esta carta se eleva como uno de los mayores y más trágicos de ellos, del cual nada bueno podía surgir.

Nadie dudaba de que los argentinos protestarían ante una incursión paraguaya en las misiones, pero eso sería todo lo que probablemente harían. Mitre difícilmente albergara sentimientos sobre las misiones, no importa cuán firmemente sostuviera el principio de la soberanía nacional. Nunca abandonaría su política de neutralidad por una infracción tan pequeña.

En cuanto a Urquiza y los entrerrianos, casi con seguridad verían con beneplácito una intervención paraguaya contra el Brasil siempre y cuando ésta procediera al sur de la margen izquierda del río Uruguay y no se metiera en territorio argentino.

Pero un requerimiento de paso a través de Corrientes presentaba una situación enteramente diferente. Corrientes no era un territorio en litigio, sino una parte integral de la Argentina. Urquiza, quien había apoyado tácitamente a los paraguayos en sus discusiones con el Gobierno Nacional, no podría nunca justificar la violación del territorio argentino.

Mitre, quien se había manifestado antes en favor de mantener los Ejércitos beligerantes fuera de las misiones, rechazaría en términos todavía más fuertes cualquier sugerencia de una fuerza paraguaya cruzando Corrientes. Bergés creía -sin embargo- que poseía una respuesta a cualquier objeción argentina.

En su Nota a Elizalde, citó como precedente que tanto Buenos Aires como la Confederación Argentina le habían permitido a una expedición naval brasileña ascender el Paraná en 1855 durante el incidente de Fêcho-dos-Morros.

Debido a las bajas aguas, la flota brasileña se había quedado merodeando encima de Corrientes. Los paraguayos hicieron notar el buen trato que habían recibido los brasileños de las autoridades argentinas y por parte de mercaderes ansiosos de vender alimentos y otros suministros. Con seguridad -argumentó Bergés- no podría haber quejas sobre cualquier “acto de justa reciprocidad”. Delegó a Luis Caminos la tarea de entregar este mensaje a Buenos Aires y retornar lo antes posible con la respuesta argentina.

Bergés era un diplomático muy sazonado como para sentirse esperanzado acerca de cómo Elizalde podría reaccionar. Al igual que Solano López, no tenía fe en la neutralidad proclamada por Mitre. Consideraba la Fuerza de Duarte en las misiones como la mejor garante de la cooperación argentina. La fiebre de guerra asolaba Cerro León y Asunción y Bergés no podía darse el lujo de ser la excepción. Cualquiera que no fuese un amigo sólo podía ser contado como enemigo.

Caminos tenía intenciones de viajar a bordo del barco británico “Ranger”, el cual acababa de arribar desde Corumbá y estaba en ruta a Buenos Aires. El ministro norteamericano Charles Ames Washburn había también reservado un pasaje en el buque y aguardaba ansioso unos meses de franco en casa. Pero Caminos no lo acompañó río abajo debido a que el capitán del “Ranger” decidió no comprometer la seguridad de su embarcación por transportar al enviado paraguayo(6).

(6) López a Cándido Bareiro, Asunción, 1 de Febrero de 1865, citado en Arturo Rebaudi. “La declaración de guerra de la República del Paraguay a la República Argentina” (1924), p. 322, Buenos Aires. Ed. Serantes Hermanos. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Sólo a principios de Febrero Caminos llegó a Buenos Aires. El 6 de ese mes presentó su Nota al ministro de Relaciones Exteriores y se retiró a una posada cercana a esperar. Caminos había ido a la capital argentina no simplemente como mensajero, sino también como agente especial. Poseía la autoridad para negociar un préstamo de hasta quinientas mil libras esterlinas para pagar por la compra de suministros de guerra de Europa.

Su sentido de la oportunidad en esta ocasión -como en tantas otras- fue decididamente pobre. Como relató Félix Egusquiza, el agente comercial paraguayo en Buenos Aires, en una carta a Cándido Bareiro, el representante de su Gobierno en Londres:

“La operación ésta habría sido fácil realizarla ahora 3 ó 4 meses; pero en estos momentos la creo si no imposible, sumamente difícil, no sólo por la crisis monetaria porque pasa esta plaza, cuanto por los acontecimientos políticos que hacen temer una conflagración general en los Estados del Plata (...).
“Como levantar en estos momentos aquí un préstamo o empréstito es casi imposible, no me sería extraño le vaya a Vd. dentro de algún tiempo poder para levantarlo en Londres o Frankfort (...); pero mucho me temo que el señor Presidente deje pasar el tiempo y que cuando quiera hacerlo ya sea tarde, como ha sucedido aquí, o que aún no sea tarde tenga que hacerse en condiciones más desventajosas que aquéllas que hoy se podrían obtener, porque nuestro Presidente tiene el defecto de dejar pasar el tiempo y esperar el último momento y, en ciertas ocasiones, eso suele traer consecuencias funestas...”(7).

(7) Félix Egusquiza a Bareiro, Buenos Aires, 11 de Febrero de 1865, en Arturo Rebaudi. “La declaración de guerra de la República del Paraguay a la República Argentina” (1924), p. 36, Buenos Aires. Ed. Serantes Hermanos. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Una vez más, como con la cuestión del paso a través del territorio argentino, Solano López llegaba tarde. El 12 de Febrero, Caminos escribió a Bareiro para notificarle que había encontrado financistas para un préstamo de diez mil libras pero, como esta suma era obviamente insuficiente, había decidido desechar la oferta(8).

(8) Pelham Horton Box. “The Origins of the Paraguayan War” (1930), p. 255, New York. Ed. Russel & Russel. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Elizalde, entretanto, ya había respondido al requerimiento paraguayo de cruzar Corrientes; aunque su Nota tenía fecha del 9 de Febrero, parece habérsela entregado a Caminos varios días después. Como Bergés había anticipado, el canciller argentino rechazó el pedido paraguayo.

Observó que desde el momento en que el Paraguay y el Brasil tenían una larga frontera común, los dos países deberían pelear su guerra allí y dejar a los vecinos neutrales en paz. Acceder a la demanda paraguaya, más aún, tornaría a Corrientes en teatro de combate, ya que lo que le fue concedido al Paraguay debía también serle concedido al Imperio.

En cuanto al precedente citado por Bergés, era irrelevante: “No hay reciprocidad entre el inocente paso por aguas navegables para arribar a una negociación pacífica y el paso (por tierra) con un objeto declaradamente hostil”(9).

(9) Ver Elizalde a Bergés, Buenos Aires, 9 de Febrero de 1865, en el Museo Histórico Militar, Asunción, Colección Gil Aguinaga, carpeta 72, n. 9. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

En otra Nota -enviada el 9 de Febrero- Elizalde le pidió a Bergés que explicara la concentración de Fuerzas paraguayas en las misiones(10). Evidentemente buscaba enfatizar el rechazo del Gobierno al requerimiento paraguayo de transitar a través de Corrientes.

(10) Ver Elizalde a Bergés, Buenos Aires, 9 de Febrero de 1865, en “Memoria presentada por el Ministro de Estado en el Departamento de Relaciones Exteriores al Congreso Nacional de 1865” (1865), pp. 173-175, Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El punto era que ni él ni Mitre estaban especialmente preocupados acerca de los hombres de López en las misiones. Una y otra vez habían asegurado a las autoridades correntinas que los movimientos de tropas paraguayas eran poco más que puro alarde(11).

(11) Ver, por ejemplo, Mitre a Manuel I. Lagraña, Buenos Aires, 9 de Enero de 1865, en Arturo Rebaudi. “La declaración de guerra de la República del Paraguay a la República Argentina” (1924), p. 258, Buenos Aires. Ed. Serantes Hermanos; y Mitre a Lagraña, Buenos Aires, 31 de Enero de 1865, citado en el periódico “El Independiente” (Corrientes), 29 de Abril de 1865. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Casi por unanimidad en Buenos Aires pensaban que López se sentiría aliviado por la denegación del permiso de paso y que ello le serviría de excusa para abandonar a sus aliados blancos. Urquiza era la única figura influyente que claramente vio el peligro.

Los paraguayos pensaban que todavía podían contar con su apoyo; Mitre estaba igual de convencido de que Urquiza permanecería leal al Gobierno Nacional siempre que Buenos Aires mantuviera una genuina política neutral. El líder entrerriano aparentemente se inclinaba hacia esto último.

Reconocía, sin embargo, que cualquier confrontación con el Paraguay lanzaría a la Nación Argentina a una alianza con el Imperio brasileño y esto arruinaría todo por lo que había trabajado. Deseaba -por lo tanto- hacer todo lo posible para relajar las tensiones entre Argentina y Paraguay:

“Creo -escribió (con más esperanza que convicción)- que una vez superada esta circunstancia, el Paraguay obtendrá grandes ventajas y pondrá al Brasil en una difícil posición”(12).

(12) Referenciado en Julio Victorica. “Urquiza y Mitre (Contribución al Estudio Histórico de la Organización Nacional)” (1906), p. 481, Buenos Aires. Ed. J. Lajouane y Cia. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Pero nada era seguro, por lo que Urquiza envió a su secretario privado, el joven de veinte años Julio Victorica, a persuadir a López de que la neutralidad argentina ayudaba, antes que dañar, la causa paraguaya.

Cuando el enviado arribó a Asunción el 16 de Febrero, sin embargo, encontró al presidente en un sombrío estado de ánimo. A tono con su mal humor, Solano López vestía un grueso uniforme azul abotonado hasta el cuello a pesar del clima húmedo de perros:

“Tenía todo el aspecto de un general francés”, escribió Victorica, y “revelaba en su conducta una irreprochable cultura y rectitud”(13). Pero no se podía percibir ni una pizca de amigabilidad en el rostro del presidente. Está claro: López acababa de recibir las dos cartas de Elizalde.

(13) Referenciado en Julio Victorica. “Urquiza y Mitre (Contribución al Estudio Histórico de la Organización Nacional)” (1906), p. 481, Buenos Aires. Ed. J. Lajouane y Cia. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

- Rumbo al precipicio

A veces parece casi imposible detener el inicio de una gran guerra; es como el curso del Paraná, cuyo movimiento apenas se distingue, pero que posee una fuerza casi irresistible. Así se sentía López a principios de 1865. Acostumbrado desde su niñez a la sumisa condescendencia, encontró difícil ver en el rechazo argentino otra cosa que no fuera abierta hostilidad.

Le mostró a Victorica recortes de periódicos porteños que representaban su campaña contra el Brasil como payasadas de un bufón en una escarapela de plumas. Declaraciones de neutralidad a nivel oficial, insultos y burlas en la prensa; esto era más de lo que estaba dispuesto a tolerar. Se sentía particularmente molesto por el pedido de “explicaciones” de Elizalde sobre los movimientos militares paraguayos en las misiones.

Su país estaba en guerra -le dijo a Victorica- ¿por qué no habría de mover sus tropas a posiciones de avanzada? Y yendo más al grano, ¿cuándo abandonaría Urquiza su pretendido apoyo a Mitre y se aliaría con los paraguayos?

Victorica posteriormente recordó que “cuando López me dijo que el general Urquiza podía contar con él para ser presidente mediante el derrocamiento de Mitre, le dejé claro que tal oferta no podía ser aceptada por un Libertador de la República y fundador de su Constitución. ‘Entonces -dijo alzando la voz- si me provocan iré al frente con todo’”(14).

(14) Referenciado en Julio Victorica. “Urquiza y Mitre (Contribución al Estudio Histórico de la Organización Nacional)” (1906), p. 483, Buenos Aires. Ed. J. Lajouane y Cia. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Todo en este contexto era una palabra siniestra. Al partir río abajo, Victorica reflexionó sobre esto y las muchas cosas que no se dijeron en su entrevista con el presidente paraguayo. Sabía que no tendría nada positivo que reportar. Cuando Urquiza leyó el mensaje de Solano López, sus esperanzas de desvanecieron, ya que la carta lo acusaba de haber renegado de sus anteriores promesas de apoyarlo en la cuestión del tránsito(15).

(15) Solano López a Urquiza, Asunción, 26 de Febrero de 1865, citado en F. J. McLynn. “General Urquiza and the Politics of Argentina” (1976), p. 187, disertación doctoral, University of London, Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Decididamente pesimista sobre el futuro, ofreció -por última vez- mediar entre Paraguay y Brasil. Su oferta no condujo a sitio alguno. Por su parte, Mitre se aferraba a su optimismo sobre la amenaza paraguaya.

El presidente argentino pensaba que estaba manifiestamente claro que López no haría nada que pusiera en riesgo la relación de Paraguay con Buenos Aires. Cualquier acción en Corrientes resultaría en una alianza Argentina-Brasil que no podía implicar otra cosa que el desastre para el régimen de López.

Siendo esto obvio, Mitre no vislumbraba mayores cambios en el futuro inmediato. Había tiempo para aplacar a los paraguayos como había hecho con los brasileños, ofreciéndoles periódicos premios y concesiones, halagando su sentido del honor, pero nunca permitiéndoles ventajas permanentes en el juego diplomático.

De acuerdo con los cálculos de Mitre, de hecho había llegado el momento de ofrecer al Paraguay una concesión. Él ya había hecho muchos enunciados públicos defendiendo la neutralidad de su Gobierno. A principios de Marzo de 1865, encontró la oportunidad de hacer más que sólo hablar cuando una flotilla de ocho buques de guerra brasileños se preparaba para partir de Buenos Aires.

Tamandaré, habiendo concluido su misión en Uruguay, pretendía remontar el Paraná hasta Tres Bocas, la confluencia del río con el Paraguay, y allí establecer un bloqueo al país de López. Un Tratado de 1856 entre Brasil y Argentina establecía que la navegación de las hidrovías del Plata debería permanecer libre en tiempos de guerra.

De ello derivaba que los puertos, pero no los ríos, podían ser bloqueados. Mitre, que entendía bien las implicancias de la operación de Tres Bocas, podía hacer la vista gorda ante esta obvia contravención del Tratado o demandar a los brasileños que se abstuvieran de tal acción.

Esto los forzaría a un peligroso asalto frontal a Humaitá, ya que la fortaleza no podía ser esquivada si la Armada brasileña quería bloquear los puertos paraguayos. Si Mitre se rehusaba a aceptar el plan de la Armada de un bloqueo fluvial, entonces los brasileños tendrían poco margen de maniobra. Tamandaré tendría que atacar Humaitá o retirarse inmediatamente.

Anacarsis Lanús, que había seguido cuidadosamente los hechos, habló con Mitre sobre este punto. El mercader todavía deseaba hacer negocios en Asunción, pero había recibido información de Félix Egusquiza de que el Gobierno paraguayo estaba acumulando hostilidad y que ahora consideraba una abierta confrontación con Buenos Aires como altamente probable. El presidente argentino estaba más calmado que nunca.

Tomó su entrevista con Lanús como una oportunidad fortuita de enviarle nuevas seguridades a Solano López y lo alentó a partir a Asunción lo antes posible. La neutralidad del Gobierno argentino no había variado, insistía el presidente; en todo caso, se había hecho más concreta.

Cuando Lanús navegó al norte a bordo del “Salto” el 25 de Marzo, llevaba con él una carta a Solano López escrita de puño y letra por Mitre. Revelaba la decisión del presidente argentino de no permitir el bloqueo brasileño en Tres Bocas (una decisión que Mitre inmediatamente puso en práctica negándoles a las cañoneras brasileñas, entonces en Buenos Aires, remontar el Paraná).

El “Salto” también llevaba un cargamento de rifles y sables para el Ejército paraguayo. Cuando supo de esto, Lanús se apresuró en informarle a Mitre. Le advirtió que este embarque podría exacerbar la de por sí difícil situación (lo que le irritaba -en realidad- era que los paraguayos hubieran comprado armas de otro proveedor). Mitre reaccionó tranquilamente; sin vacilaciones, dejó pasar el flete, observando agudamente que “no podemos negar al Paraguay lo que no le negamos al Brasil”(16).

(16) Referenciado en Arturo Rebaudi. “La declaración de guerra de la República del Paraguay a la República Argentina” (1924), pp. 21-22, Buenos Aires. Ed. Serantes Hermanos. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Calculaba que Solano López interpretaría este gesto como una clara señal de que la neutralidad argentina era imparcial. En una Nota separada a Solano López -escrita a principios de Abril- Egusquiza confirmó que Mitre era serio en su intención de mantener esta postura y que los argentinos desestimaban cualquier pensamiento de aliarse con el Imperio(17).

(17) Referenciado en Arturo Rebaudi. “La declaración de guerra de la República del Paraguay a la República Argentina” (1924), pp. 22-23, Buenos Aires. Ed. Serantes Hermanos. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Pero ya era demasiado tarde. El 26 de Febrero, Solano López le había escrito a Cándido Bareiro que el Gobierno de Buenos Aires estaba decididamente inclinado hacia los brasileños y que una alianza entre las dos potencias pronto saldría a luz:

“Es muy probable que ocurra esto y, aunque ya no podemos contar con ningún disidente (en el Litoral argentino) porque el general Urquiza no ha cumplido sus espontáneas promesas, si la guerra con ese país se vuelve inevitable, con la firmeza y entusiasmo de mis compatriotas espero llegar a una buena conclusión”(18).

(18) López a Bareiro, Asunción, 26 de Febrero de 1865, citado en Gregorio Benites. “Anales diplomático y militar de la Guerra del Paraguay” (1906), tomo 1 p. 138, Asunción (dos volúmenes). Ed. Muñoz Hnos. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

- El Congreso Extraordinario

Para darle un fundamento legal a cualquier acción que se pudiera emprender, Solano López ya había decretado la convocatoria de un Congreso Extraordinario para el 5 de Marzo. Paraguayos de todos los sectores entendían la importancia de este decreto, dado que estas reuniones eran raras y siempre precedían cruciales cambios políticos.

Imaginar que Solano López estaba influenciado por la opinión pública o que le afectara algún temor de oposición parlamentaria sería transferir al Paraguay los principios de Gobierno constitucional tal como se practicaban en Estados Unidos. Nada más alejado de la realidad. La Constitución de 1844 creaba una Legislatura que se reunía cada cinco años a placer del Jefe Ejecutivo.

Escritores revisionistas han mostrado estos Cuerpos legislativos como una forma de “democracia orgánica”, pero la membrecía estaba limitada a terratenientes establecidos que eran nombrados por los Comandantes locales de guarnición o Jefes Políticos y aprobados por el presidente(19). Por tanto, cuando Solano López convocó el Congreso de 1865, estaba seguro del total y unánime apoyo a su posición(20).

(19) “Ley que Establece la Administración Política de la República del Paraguay”, 13 de Marzo de 1844, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 266, n. 5. Para un juicio particularmente sarcástico del Poder Legislativo del Paraguay (en el cual el autor anónimo -que seguro es José Falcón- compara a Solano López con el emperador haitiano Soulouque), ver: “Lo que es un Congreso en el Paraguay”, en el periódico “La Tribuna” (Montevideo), 25 de Marzo de 1865.
(20) De hecho, cuando los representantes del Interior arribaron a Asunción corrieron a los distintos ministerios del Gobierno para “tener una idea de lo que iban a decir en el Congreso. Estas pistas les eran proporcionadas para cada asunto”. Ver: George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 42, Londres. Ver también una Memoria anónima de estos eventos, mal catalogada en la biblioteca de la Universidad de Texas como “Correspondencia del Dictador al Delegado de Ytapúa”, Manuel Gondra Collection, Universidad de Texas, Austin, 2.034. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El Congreso se sentó por dos semanas seguidas en los suntuosos salones del nuevo Palacio Legislativo. Durante ese tiempo, los miembros aprobaron una serie de proposiciones que reflejaban la belicosidad del momento y la ascendencia de Solano López al estatus de líder de guerra todopoderoso.

Le confirieron el rango de Mariscal, junto con un salario anual de sesenta mil pesos (su padre nunca había ganado más de cuarenta mil como presidente) y el derecho de crear un nuevo cuerpo de oficiales con seis brigadas y dos mayores generales. En honor de su nuevo rango, los miembros le ofrendaron una espada conmemorativa de oro con incrustaciones de piedras preciosas(21).

(21) Periódico “El Semanario”, Asunción, del 11, 18 y 25 de Marzo de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Solano López también recibió una aprobación parlamentaria para obtener un crédito externo de veinticinco millones de pesos y emitir todo el papel moneda que considerara necesario. López aceptó -con fingida renuencia- todos estos honores y privilegios.

Hizo una particular escena de contrariedad cuando los miembros insistieron en que se abstuviera de exponerse al fuego enemigo si se veía involucrado en un combate. Según el coronel Thompson, “el obispo dijo que era la decisión y la valentía personal de López lo que les causaba una profunda ansiedad en su nombre”(22).

(22) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 43, Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Más allá de la veracidad o no de esta observación, lo cierto es que los funcionarios gubernamentales claramente instruyeron a los congresistas. Siguiendo palabra por palabra las proclamaciones del presidente y utilizando la aguda retórica que se lee en “El Semanario”, los miembros repitieron como loros cada concebible acusación contra Argentina.

Buenos Aires -aseguraron- había virtualmente declarado la guerra al denegar el paso de las tropas paraguayas a través de Corrientes. La hostilidad de Mitre, más aún, estaba demostrada en cada artículo sarcástico que publicaba la prensa porteña(23).

(23) Viniendo de un país donde el control estatal del único periódico era dado por hecho, es posible que los miembros creyeran que toda la prensa argentina siguiera los designios del Gobierno de Mitre. En realidad, algunos de los editoriales más insultantes hacia el Paraguay y el régimen de López estaban escritos por rivales políticos de Mitre. Ver, por ejemplo, “La Tribuna”, (Buenos Aires), 22 de Enero de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Tras escuchar a Bergés solemnemente relatar estos y otros cargos contra Argentina, el Congreso conformó una Comisión especial de dieciséis hombres -encabezados por el canónigo de la Catedral de Asunción- para preparar un Informe integral sobre la política exterior paraguaya.

Ninguno de los comisionados tenía experiencia previa en diplomacia extranjera y la mayoría nunca había salido del Paraguay, pero trabajaron duro en su tarea y elevaron el Informe al Congreso el 17 de Marzo. Bien escrito y cuidadosamente detallado, constituía un resumen formal de la visión del mariscal sobre el mundo y las amenazas que enfrentaba la Nación.

El Informe comenzaba explorando las causas de la guerra con Brasil y clarificando la necesidad de la invasión de Mato Grosso. El Imperio era severamente denunciado por su negativa a tomar en consideración la Nota paraguaya del 30 de Agosto de 1864, en la cual el Gobierno de Asunción exigía a los brasileños retirarse de la Banda Oriental.

Esta exigencia, que la Comisión ahora específicamente endosaba, revelaba al mundo cuán serio era el deseo del Paraguay de mantener el equilibrio de poderes en el Plata; al ignorar la demanda de retiro, el Gobierno Imperial eligió el camino de la guerra y ahora debía pagar el precio.

Con referencia a la Argentina, la Comisión se hacía eco del resentimiento que sintió Solano López en relación con el asunto del tránsito. La única razón posible de la denegación de Mitre a permitir el paso por Corrientes era que buscaba dañar al Paraguay (y así ayudar al Brasil).

La segunda Nota de Elizalde, en la cual el ministro argentino de Relaciones Exteriores pedía una explicación por el movimiento de tropas en las misiones, solamente confirmaba las malas intenciones del Gobierno de Buenos Aires.

El Informe citaba el interés argentino en las misiones como una prueba implícita de que Mitre quería expulsar al Paraguay de la región. En esto, el presidente argentino estaba siguiendo una larga tradición de comportamiento poco amistoso hacia el Paraguay que databa desde la Independencia, una tradición que, si los insultantes artículos en “La Nación Argentina” servían de alguna medida, todavía tenía mucho por evolucionar.

La tolerancia oficial que Mitre había mostrado a un comité de revolucionarios antilopistas en Buenos Aires proporcionaba evidencia adicional de enemistad. Él había usado estas tácticas contra los blancos uruguayos y ahora deseaba que el Paraguay compartiera su destino(24).

(24) Periódico “El Semanario”, Asunción, del 25 de Marzo de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El Informe de la Comisión luego entró al corazón del argumento de López al explicar la defensa paraguaya del equilibrio de poderes en la Cuenca del Plata. En este punto, el Informe observaba que Mitre había concebido una línea errónea:

“Arreglándose estrictamente á los principios del Derecho Internacional, el Gobierno argentino debía ayudarnos en la guerra que nos hace el Brasil, rompiendo el equilibrio de los Estados del Plata; por qué cuando hay una Nación inquieta y maligna, dispuesta siempre a dañar á las demás, poniéndoles estorbo y suscitándoles disensiones intestinas, todas las otras tienen derecho de reunirse para reprimirla y reducirla en la imposibilidad de hacer el mal (...).
“Es también principio del Derecho que cuando un Estado se vea acometido injustamente por un vecino poderoso que intenta oprimirlo, si el inmediato puede, tiene el deber de defenderlo”(25).

(25) Periódico “El Semanario”, Asunción, del 25 de Marzo de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Habiendo subrayado este punto, los miembros de la Comisión optaron por envolverlo en un poncho de precedentes históricos y legales. Extrañamente citando la “Histoire de la Turquie”, de Alphonse Lamartine, describieron un paralelo exacto entre los acontecimientos en la Cuenca del Plata en 1864-1865 y la Guerra de Crimea una década antes. Lamartine había criticado la neutralidad de Austria y Prusia en ese conflicto, notando que su política en esencia constituyó una apenas disimulada hostilidad hacia Gran Bretaña y Francia.

Estos dos últimos habían ido a la guerra con Rusia para defender el concepto del balance del poder en Europa, lo mismo que el Paraguay había hecho ahora en el Plata. La analogía entre ambos casos no era particularmente apta. Lamartine no había nunca recomendado que las potencias occidentales atacaran Prusia y Austria por su alegada hostilidad (y así empujarlas a una alianza activa con Rusia).

Pero fue precisamente éso lo que los miembros de la Comisión recomendaron al Gobierno paraguayo hacer en relación con la Argentina, cuyos líderes ya habían demostrado su falsa neutralidad al conspirar con un Imperio que era -hasta en lo más mínimo- tan expansionista como el del zar:

“Si el silencio y la inamovilidad del Austria y de la Prusia en una cuestión de interés continental son considerados como agresiones encubiertas ¿qué calificación se le dará a la política argentina que, proclamando neutralidad, protege abiertamente una rebelión, favorece la acción de un Imperio contra una débil República hermana, promueve la discordia en otra que, con generosa abnegación, sale en defensa de la primera, y de la paz de los Estados del Plata?
“¿De qué modo se puede calificar la conducta del Gobierno argentino, concediendo un paso que no se le pide, y denegando el que se demanda como necesario o útil para la conservación del equilibrio de los Estados del Plata?
“La Comisión piensa entonces que si una guerra sobreviniese con la República Argentina con motivo del tránsito de nuestros Ejércitos por nuestro territorio de las misiones o por el suyo, no es la guerra, sino simplemente la defensa de la paz y de nuestra propia conservación”(26).

(26) Periódico “El Semanario”, Asunción, del 25 de Marzo de 1865. Nadie en el Comité preguntó nunca si Lamartine -un historiador popular, poeta y novelista- tenía las credenciales como experto en Derecho Internacional. Pero, de nuevo, los paraguayos tenían claramente menos interés en el Derecho Internacional que en cuestiones ideológicas ampliamente consideradas. Las desfavorables alusiones a Rusia, por ejemplo (y las inevitables comparaciones con Brasil), caracterizaban la retórica política de muchos “liberales” latinoamericanos de ese tiempo, más notablemente en Chile. Ver, por ejemplo, Benjamín Vicuña Mackenna a Mitre, Santiago, 1ro. de Enero de 1865, en Bartolomé Mitre. “Archivo del General Mitre” (1911), tomo 21, pp. 36-41, Buenos Aires. Archivo del diario “La Nación” (veintiocho volúmenes). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Con esto, la Comisión recomendaba que el Congreso emitiera un “decisivo pronunciamiento” expresando amplia condena de la política “antinacional” del Gobierno argentino. Para que la medida fuera aún más categórica, la Comisión también redactó un “proyecto de ley” que el Congreso aprobó sin debate el 18 de Marzo de 1865. Su adopción formalmente indicaba que el Paraguay había declarado la guerra a la Argentina.

- Los paraguayos se preparan para atacar

Aunque la decisión de ir a la guerra había recibido aprobación unánime, muchos en el Congreso paraguayo temían las consecuencias de sus acciones. Juan Crisóstomo Centurión, quien había estado presente en el Palacio Legislativo todo este tiempo, se sintió estupefacto y molesto:

“Después de la votación, me quedé pálido con el corazón oprimido de una gran tristeza, a tal extremo que no pude resistir de decir, en voz baja, a mi compañero y amigo D. Natalicio Talavera, que se encontraba parado a mi lado en una de las puertas interiores: ‘¡Malo, amigo. El Paraguay podría tal vez haberse con una nación; pero con dos, que necesariamente han de hacer causa común, me parece muy aventurado. Es una gran imprudencia, y ... ¡el que mucho abarca poco aprieta!
“‘El (Talavera) me contestó, con un aspecto igualmente triste: ‘Qué quiere, amigo, veremos lo que resulta’”(27).

(27) Juan Crisóstomo Centurión. “Memorias o reminiscencias históricas sobre la Guerra del Paraguay” (1987), tomo 1, p. 235, Asunción (cuatro volúmenes). Ed. El Lector. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La reacción más común en Asunción era de desinhibido fervor patriótico. “El Semanario” anunció la declaración de guerra el 25 de Marzo, pero incluso antes de eso las plazas se habían llenado de exaltadas multitudes aclamando al mariscal López y al Ejército. Una atmósfera festiva, alentada oficialmente, pronto invadió la capital paraguaya. Hubo fiestas por todos lados y mucha bebida(28).

(28) El coronel Thompson registró:
“López hizo organizar bailes todas las noches en ‘improvisados salones’ en las plazas públicas. Estos eran divididos en tres compartimentos para tres clases de personas -los notables, las peinetas doradas (kygua vera) y la gente común.
“Las ‘peinetas doradas’ era un nombre dado a una clase inventada al principio de la moda de los bailes, y consistía en muchachas de tercera categoría que pretendían ser muy bellas y eran tolerablemente relajadas en sus costumbres morales. Todas usaban grandes peinetas en sus negras cabelleras.
“Eran traídas por el Gobierno para provocar a las damas, la mayoría de las cuales se negaba a bailar en esos lugares, aun bajo peligro de muerte. Eran, sin embargo, obligadas a asistir por lo menos para observar brevemente”.
George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), pp. 43-44, Londres. Ver también “Testimonio del Sr. Serafino” (vapor “Salto”, Marzo de 1865), en “La Nación Argentina”, 17 de Octubre de 1865. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Los enfervorizados celebrantes pedían las cabezas de Mitre, Elizalde y los otros chanchos (kure) argentinos. Por su parte, aquéllos que eran objeto de esta burla permanecían extrañamente ajenos al hecho de que sus vecinos les habían tirado el guante.

Su ignorancia en este punto es más notable todavía teniendo en cuenta que el propio periódico de Mitre, “La Nación Argentina”, ya había informado in extenso sobre las sesiones del Congreso paraguayo del 5 al 14 de Marzo. Durante estas sesiones, varios delegados habían expresado la opinión de que el Paraguay ya estaba en guerra con la Argentina(29).

(29) Periódico “La Nación Argentina”, Buenos Aires, del 20-21 de Marzo de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Estos pronunciamientos deberían haber significado una clara advertencia de que algo drástico estaba por ocurrir, pero la postura oficial en Buenos Aires era que “el déspota paraguayo había inventado una táctica tan ridícula como original”. Las amenazas del mariscal estaban claramente diseñadas para montar un teatro, parte de un plan para obtener préstamos internacionales, y Argentina haría mejor en desconocerlas.

El costo de la guerra del Paraguay con Brasil había excedido los fondos disponibles en el Tesoro nacional; seguramente ahora Solano López estaba sin los “medios para lanzar las quijotescas expediciones con las que amenaza a sus vecinos”(30).

(30) Periódico “La Nación Argentina”, Buenos Aires, del 20-21 de Marzo de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Historiadores revisionistas han afirmado que la actitud confiada de la Argentina era a su vez un tipo de teatro. Sus argumentos se asemejan mucho a los de los historiadores norteamericanos que aseguran que Franklin Roosevelt sabía de antemano que Japón atacaría Pearl Harbor en Diciembre de 1941.

En este caso, Mitre supuestamente sabía que los paraguayos se lanzarían contra Argentina. Deseaba que lo hicieran, para entonces mostrar su propia agresividad -y su amistad con Brasil- como una respuesta de legítima defensa, y esto convertiría en una lucha justificada lo que de otro modo con seguridad hubiera sido una guerra impopular.

El argumento revisionista le otorga a Mitre más crédito en su capacidad de maquinación del que merece. Como Paranhos y Saraiva (quienes tuvieron razones para lamentar su actitud), él siempre había considerado las amenazas paraguayas como plática vacía y no creía que los acontecimientos de 1865 fueran diferentes. Los revisionistas también yerran al asumir que Mitre les prestaba mucha atención a sus informantes.

El gobernador de Corrientes le había advertido en muchas ocasiones de la imprevisibilidad de los paraguayos y estos mismos sentimientos habían sido manifestados por sus ministros en Asunción y otras personas.

El presidente argentino les había siempre asegurado que Solano López era ruidoso, pero no realmente peligroso, y que en todo caso siempre podía ser calmado con pequeñas concesiones y promesas.

La actitud indiferente de Mitre hacia Solano López parece ingenua vista en retrospectiva, pero en ese tiempo estaba lejos de sorprender. Ninguna inteligencia diplomática o militar puede ser mejor que el juicio de su intérprete. Mitre exhibía el típico desdén porteño hacia los “patanes campesinos” vestidos en extravagantes uniformes -que era exactamente como veía a Solano López (pensaba más o menos lo mismo acerca de la mayoría de los líderes del Interior y el Litoral).

Tales hombres -creía- no le hacen la guerra a la República Argentina. Esta quizás podía ser una expresión de deseos, quizás ignorancia, pero no conspiración. Mitre albergaba grandes ambiciones para él y su país.

Los revisionistas acertadamente suponen que deseaba forjar un nuevo orden hegemónico en el Plata con una Buenos Aires dominante sobre todas las otras provincias del viejo Virreinato, incluyendo el Paraguay y la Banda Oriental. Sus planes, sin embargo, nunca incluyeron provocar a los paraguayos hasta empujarlos a una guerra genuina con la Argentina(31).

(31) José María Rosa. “¿Cómo se complicó la Argentina en la Triple Alianza?” (Marzo de 1970), en “Cuadernos de Marcha”, Nro. 35, pp. 5-29, Montevideo. En su intento de absolver al mariscal de responsabilidad por la impetuosidad de su declaración de guerra a la Argentina, algunos escritores paraguayos han sostenido lo mismo por mucho tiempo. Ver: Juan E. O’Leary. “El Centauro de Ybycuí” (1929), pp. 87-91, París. Ed. Le Livre. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El ataque, cuando ocurrió, lo tomó a Mitre en gran medida por sorpresa. El 29 de Marzo, Bergés dirigió todavía otra Nota a Elizalde para comunicarle la declaración de guerra del Paraguay.

Con considerable detalle explicó por qué el Gobierno de Asunción había tomado tal medida y no omitió mencionar la cuestión del tránsito, las referencias insultantes hacia el Paraguay en la prensa porteña, la supuesta ayuda dada a revolucionarios antilopistas y el favoritismo que le habían mostrado los argentinos al Brasil.

También ofreció una nueva interpretación cuando argumentó que una estricta neutralidad exigía o bien la concesión del derecho a un “inocente paso” a través de Corrientes o bien el cierre del Paraná al Brasil(32).

(32) Bergés a Elizalde, Asunción, 19 de Marzo de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-22, 11, 1, n. 510. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El Gobierno argentino sólo acusó recibo de esta misiva el 3 de Mayo de 1865(33). Los revisionistas ven en este retraso de un mes una prueba de que Mitre manipuló los hechos para servir a sus intereses políticos a expensas de su país(34). Y probablemente hay algo de verdad en esta afirmación.

(33) Juan Crisóstomo Centurión afirma que la Nota del 29 de Marzo fue escrita por el mismo López. También asegura haber sido “informado por personas que tenían buenas razones para (saber)” que Mitre supo de esta Nota en tiempo oportuno, pero tardó en hacerla pública para levantar sentimientos patrióticos contra los paraguayos (a quienes podía describir como vándalos que habían atacado sin declaración previa de guerra). Juan Crisóstomo Centurión. “Memorias o reminiscencias históricas sobre la Guerra del Paraguay” (1987), tomo 1, pp. 241-242, Asunción (cuatro volúmenes). Ed. El Lector. Uno podría del mismo modo pensar que la larga demora fue maquinada por Solano López para ganar más tiempo para negociar préstamos extranjeros, asegurar el arribo de suministro militar y, sobre todo, mantener el factor sorpresa antes del ataque.
(34) José María Rosa señala que uno “tendría que aceptar que el Gobierno argentino era el peor informado del mundo” para dar crédito a la palabra de Mitre en este asunto. José María Rosa. “¿Cómo se complicó la Argentina en la Triple Alianza?” (Marzo de 1970), en “Cuadernos de Marcha”, Nro. 35, p. 29, Montevideo. Pero persiste el hecho de que todavía el 10 de Abril Mitre seguía sosteniendo que su Gobierno necesitaba mantener “buena vecindad” tanto con Brasil como con Paraguay. Mitre a Hilario Ascasubi, Buenos Aires, 10 de Abril de 1865, en el Museo Histórico Nacional, Buenos Aires, documento 2.648. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Mitre había construido cuidadosamente para sí una reputación de sagaz pensador y estadista, y siempre había sido hábil en torcer la verdad en su beneficio. Si pudo mentir acerca del grado de su tempranero apoyo a Flores, también podía hacerlo en cuanto a la amenaza de Asunción y sobre cuándo él se había enterado de ella. Después de todo, Mitre constantemente circunvalaba a sus rivales en su propio Partido de la Libertad.

Adolfo Alsina, por ejemplo, quería que el presidente abiertamente se alineara al Imperio brasileño, mejor aún si ello llevaba a Urquiza a una final e inevitable confrontación con Buenos Aires. Para neutralizar esa eventualidad, la cual implicaba muchas incertidumbres, era crucial para Mitre retrasar el anuncio de guerra con Paraguay para hacer que la lucha pareciera menos una maniobra política interesada y más una expresión de la voluntad popular.

Cualquiera que sea la verdad, el peligro desde el Paraguay era real. Un mes antes, un joven teniente paraguayo llamado Cipriano Ayala se había vestido con ropa civil y rápidamente salido de Humaitá en el vapor de guerra “Jejuí”. Luego de reportarse ante agentes paraguayos en Corrientes y Paraná y cambiar de embarcación en Rosario, finalmente llegó a Buenos Aires el 8 de Abril.

Sin demora, se presentó en la puerta de Félix Egusquiza. El teniente extrajo de su equipaje varios despachos sellados que informaban al agente comercial que el Paraguay había declarado la guerra a la Argentina. Egusquiza no perdió tiempo. Inmediatamente se puso a trabajar en la destrucción de su correspondencia, la conversión de su papel moneda en especies y la transferencia de los títulos de sus propiedades a personas locales de confianza.

La rapidez con que ejecutó estas tareas no pasó desapercibida por sus vecinos, quienes hicieron correr la voz de sus acciones en todos los barrios de la ciudad. La capital pronto se llenó de rumores de la guerra inminente. Thornton y otros representantes extranjeros escucharon estos rumores y le dieron amplio crédito. Mitre los escuchó también, pero les prestó poca atención al principio.

El teniente Ayala permaneció en Buenos Aires menos de un día antes de abordar otro vapor de regreso al norte. Una vez más cambió de embarcación en Rosario, esta vez al “Esmeralda”, un ligero buque mercante que, no por casualidad, llevaba un sustancial cargamento de armas y municiones para el Ejército del mariscal en Humaitá.

Ayala, al parecer, había completado la mayoría de sus cometidos. Había advertido a varios agentes paraguayos del estallido que estaba a punto de ocurrir y ahora se encontraba escoltando la última carga militar que su país podía esperar por un largo período de ahí en adelante.

De vuelta en Buenos Aires, los círculos dirigentes finalmente comenzaban a convencerse de que los rumores acerca del Paraguay poseían considerable credibilidad(35). Alguna evidencia indirecta sugería que las noticias de la declaración de guerra del Paraguay se había filtrado debido a una indiscreta carta privada que las autoridades habían interceptado en Córdoba.

(35) El 12 de Abril, Thornton escribió a Lord Russell para decirle que había hablado “acerca del rumor con el general Mitre y el señor Elizalde quienes al principio no lo creyeron, pero que ahora le dan crédito, y el último me dijo ayer que un amigo suyo había visto una copia de una Nota del Gobierno paraguayo conteniendo la declaración de guerra. Su Excelencia aguarda recibir esta Nota con la llegada del vapor argentino “Salto”, que es esperado en un día o dos desde Asunción”. Ver: Public Records Office, London-Foreign Office 6.255, despacho n. 23. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Guillermo Rawson, el ministro argentino de Finanzas, quien casualmente se encontraba allí de visita en ese momento, vio la carta y avisó a Mitre el 17 de Abril(36). El gobernador correntino, Manuel Ignacio Lagraña, también informó a Buenos Aires de la declaración de guerra, pero una vez más las noticias llegaron demasiado tarde(37).

(36) Guillermo Rawson a Mitre, Córdoba, 17 de Abril de 1865, en Bartolomé Mitre. “Archivo del General Mitre” (1911), tomo 1, p. 129, Buenos Aires. Archivo del diario “La Nación” (veintiocho volúmenes).
(37) Lagraña envió al Gobierno Nacional una copia del periódico correntino “El Independiente”, que publicó la declaración de guerra en su edición del 21 de Abril; para entonces, Corrientes ya estaba bajo ocupación paraguaya. Ver: Trinidad Delia Chianelli. “El Gobierno del Puerto” (1975), Buenos Aires. Ediciones La Bastilla. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Si el presidente argentino estaba furioso contra sí mismo por haber sido tomado desprevenido o si encontró conveniente aparecer más sorprendido por las noticias de lo que de hecho estaba, tenía poca importancia en el momento en que recibió estas notas.

Ya no había lugar para la especulación. Desde el norte llegó la información de que una fuerza de invasión paraguaya había desembarcado en Corrientes.

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