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La toma de la flota

Habiendo elegido hacer la guerra a la Argentina, el mariscal Francisco Solano López se movió rápido para preparar su ataque. Dejó mil hombres en Mato Grosso y redistribuyó al resto, enviando la mayor parte a Humaitá.

Había una febril actividad en la fortaleza a principios de Abril de 1865 y aún más en el puerto de Asunción. Allí, Solano López reunió una flota de cinco vapores -”Tacuarí”, “Ygurey”, “Paraguarí”, “Ypora” y el recientemente capturado “Marqués de Olinda”- una formidable fuerza fluvial bajo cualquier parámetro.

Independientemente de cuál sería la reacción de los correntinos, López tenía buenas razones para suponer que necesitaría este poder de fuego para cubrir su incursión en la provincia vecina. De hecho, la mañana del 12 de Abril de 1865, guardias de frontera paraguayos en Paso de la Patria confirmaron informes anteriores sobre tres buques de guerra argentinos con no menos de cuatrocientos hombres en el puerto de Corrientes(1).

(1) Comandante Miguel Lezcano a Brigadier General [¿Wenceslao Robles?], Paso de la Patria, 12 de Abril de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación, Nro. 786. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Solamente una parte de la historia resultó ser cierta, ya que uno de los tres barcos era un buque de bandera británica, el “Flying Fish”. El contingente de marineros en los otros dos ni se acercaba a los cuatrocientos, pese a lo cual los correntinos evidentemente se sentían seguros con esta guarnición.

Estos barcos habían llegado a instancias del gobernador Manuel Ignacio Lagraña quien le había pedido varias veces asistencia naval a Bartolomé Mitre para defenderse de la amenaza paraguaya. Aunque se mofaba del supuesto peligro, éste finalmente accedió a despachar dos pequeños buques: el “25 de Mayo” (seis cañones) y el “Gualeguay” (dos cañones)(2).

(2) Mitre había accedido en un principio a este requerimiento a finales de Enero de 1865, pero el “Gualeguay” no pudo arribar hasta fines de Febrero de ese año y el “25 de Mayo” hasta mediados de Marzo de 1865. Ver Mitre a Lagraña, Buenos Aires, 31 de Enero de 1865, en el Museo Histórico Militar, Asunción, Colección Zeballos, carpeta 150, Nro. 2. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Al final, este aislado gesto de defensa del puerto no significó diferencia alguna. Como en la campaña de Mato Grosso, los paraguayos habían concebido un detallado plan de ataque. Se planeaba confiscar los barcos argentinos en Corrientes la mañana del 13 de Abril de 1865.

Luego de trasladarla a Humaitá, la flota paraguaya tomaría rumbo al Fuerte de Itapirú en el Alto Paraná y embarcaría a los elementos de avanzada de la fuerza de invasión. Al día siguiente, estas tropas desembarcarían en Corrientes para conquistar la ciudad en combinación con dos regimientos de caballería cabalgando a toda marcha desde Paso de la Patria.

Cuando toda resistencia hubiera cesado, el cuerpo principal de la división Sur del Paraguay arribaría desde Humaitá y comenzaría los preparativos para avanzar a lo largo del Paraná hacia Bella Vista y Goya.

El ataque resultó mejor de lo esperado. Una hora después del amanecer, los vigías correntinos vieron el escuadrón paraguayo dirigirse derecho hacia ellos. La aparición de tantos buques juntos y los estruendosos ruidos de sus motores causaron conmoción en la costa.

Hombres, mujeres y niños se acercaron al río a mirar. Se reunieron en pequeños grupos y se preguntaban en voz alta de qué se trataba todo aquéllo. El capitán Pedro Ignacio Meza -al mando de la fuerza de aproximación- pronto se los mostraría.

"Los vapores paraguayos se colocaron en paralelo al puerto como si tuvieran intenciones de continuar hacia Buenos Aires pero, unos pocos kilómetros al sur, volvieron sobre sí mismos y se acercaron viento a favor (para facilitar el abordaje de los dos barcos enemigos)", señala el historiador estadounidense Thomas Whigham.

Los marineros del “25 de Mayo” -quienes estaban tan sorprendidos como la gente del pueblo- izaron sus colores en señal de saludo. Algunos sospechaban de las intenciones de los paraguayos pero el capitán, que acababa de regresar a bordo, les aseguró que estaba todo bien, que Lagraña en persona le había dicho recientemente que los paraguayos no tenían problemas con la Armada Argentina(3).

(3) Vicente D. Constantino. “Vida y servicios militares del guerrero del Paraguay, capitán de fragata Don Vicente Constantino” (1906), p. 10, Buenos Aires. Ed. Thailade y Roselli. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El historiador correntino Pedro Bonastre también da cuenta de lo ocurrido en esa fatídica mañana de Abril:

"Eran las 06:30 a.m. del día 13 de Abril cuando el subteniente Ceferino Ramírez -que se hallaba de servicio- comunicó al comandante del 'Gualeguay' que por boca del Riacho Ancho se avistaban cinco vapores, al parecer de guerra, paraguayos.
"Inmediatamente subió el comandante sobre cubierta, pudiendo apreciar que era cierto lo que le decía y que dichos buques venían aguas abajo"(4).

(4) Deberíamos advertir que el “Gualeguay” estaba en compostura, pero en el agua, teniendo una planchada por medio de la cual los tripulantes bajaban a tierra. // Citado por Pedro Bonastre. “El coronel don Desiderio Sosa” (2002), capítulo 1, p. 15, Corrientes (segunda edición). Ed. Moglia S. R. L.

La noticia de la aparición de los buques cundió rápidamente en la ciudad y muy luego numerosas personas iban al puerto para observar el desfile de las flota paraguaya. "En estos mismos momentos -cuando los buques aparecían por la boca del Riacho Ancho- Sosa (Desiderio)(5) tomaba tranquilamente unos mates sentado en medio de su patio".

(5) El citado libro de Bonastre -a quien seguimos en esta parte- trata de la vida de Desiderio Sosa, quien participó de la guerra del Paraguay desde el primer momento, brindando detalles de esas trágicas horas.

"Ya sea porque la noticia de la aparición de los buques cundió con rapidez o porque todo el río se observaba perfectamente desde la casa de Sosa -que era de alto- y que no distaba más de unas cuatro cuadras de la costa del Paraná, nuestro protagonista tuvo conocimiento de esto, exclamando, cuando le transmitieron lo ocurrido:
“Co anga katu íporá; aúko los paraguay, añama jande re rahá! (Ahora sí que está todo lindo; vienen los paraguayos; ¡el diablo nos lleva!), y rápido ordenó le trajeran el caballo que -dijo- de casa de Vedoya.
"Una vez que le trajeron el caballo, se dirigió al río y por medio de la planchada se embarcó en el 'Gualeguay'”(6).

(6) Este vapor no tenía cañón alguno y sí sólo 25 fusiles, no pasando de 20 individuos los tripulantes. // Citado por Pedro Bonastre. “El coronel don Desiderio Sosa” (2002), capítulo 1, p. 15, Corrientes (segunda edición). Ed. Moglia S. R. L.

"Los buques paraguayos -entretanto- se acercaban, habiendo ya pasado 30 minutos de su aparición en la boca. Estos buques avanzaban a todo vapor, viniendo a la cabeza de la línea el “Tacuarí”, seguido por el “Igurey”; a éste seguía el “Paraguarí” que, a su vez era seguido por el “Marqués de Olinda”, siendo el último el “Ypora”.
"Sosa, que observó esto al subir sobrecubierta, animó al comandante del 'Gualeguay', Lino Neves, a que organizase la resistencia. Neves se rió diciendo que ninguna idea de ofensa podrían traer, puesto que absolutamente nada había entre el Paraguay y la Argentina.
"¡Aquel hombre estaba muy lejos de imaginarse que pronto tendría que librar un combate!
"Sosa se rió a su vez de la inocencia de Neves y con la sonrisa en los labios lo dijo por último: 'Ya verá Ud.; yo conozco de éstos como a la palma de mis manos; son peores que los guaycurúes'"(7).

(7) Referencias del doctor Juan Eusebio Torrent. // Citado por Pedro Bonastre. “El coronel don Desiderio Sosa” (2002), capítulo 1, p. 15, Corrientes (segunda edición). Ed. Moglia S. R. L.

"Los buques paraguayos, que avanzaban siempre sin alterar el orden de la marcha, fueron saludados por los nuestros que izaron las insignias de la patria cuando aquéllos pasaron por sus costados, sin que este acto de cortesía tuviese contestación.
"La flota del tirano siguió camino hasta llegar a la Punta San Sebastián mientras los mirones de la playa y los tripulantes de nuestros buques miraban asombrados, tratando de adivinar el objeto de esta operación. De este punto regresaron. Eran las 07:30 a.m. Su organización era la siguiente:
"Formáronse en dos grupos:
* El primero lo componían el “Tacuarí”, el “Paraguarí” y el “Igurey”, teniendo como reserva al “Tacuarí”;
* el segundo, el “Marqués de Olinda” y el “Ypora”, sirviendo este último de reserva.
"Puestas proa aguas arriba, avanzaron en línea escalonada, dirigiéndose los del primer grupo al '25 de Mayo' y los del segundo al 'Gualeguay'".

El primero de éstos fue flanqueado por el “Igurey” y el “Paraguarí” que habían avanzado, mientras el “Tacuarí” se detenía cerca de los recientemente citados, dirigiendo los fuegos de su artillería sobre la ciudad.

La primera víctima del “25 de Mayo” fue el centinela quien, en cumplimiento de su deber, intimó el ¡Alto! haciendo fuego con un disparo, a lo que contestaron los asaltantes con 1.000 tiros de fusil.

"Aquí la lucha duró poco tiempo, pues eran mil los paraguayos, quienes mataron de la manera más bárbara a los tripulantes que caían a sus manos, logrando algunos de éstos salvar a nado, aunque todos ellos heridos", señala Bonastre.

El oficial se abstuvo de tomar cualquier medida extraordinaria y sus hombres, para su desgracia, se mantuvieron lejos de sus principales cañones. Esto les permitió al “Ygurey” y al “Ypora” deslizarse sin oposición entre el puerto y estribor. El fuego comenzó inmediatamente. Los fusileros paraguayos dispararon una rápida ráfaga que roció el “25 de Mayo” con balas Minié.

En respuesta, los pasmados marineros argentinos desenvainaron sus machetes e intentaron responder con sus propios rifles, pero las cuadrillas de abordaje pronto los redujeron. El capitán, el primer oficial y cuarenta y siete tripulantes cayeron prisioneros, mientras a otros que trataron de escapar saltando por la borda se les disparó mientras nadaban. Veintiocho hombres murieron(8).

(8) Enrique Roibón. “13 de Abril de 1865 (Narración dedicada al historiador de Corrientes, doctor don Manuel F. Mantilla” (11-13 de Abril de 1899), en el periódico “La Reacción” (Corrientes); revisión anónima, “La Verdad” (Saladas), 22 de Julio de 1905. Dos de los marineros detenidos del “25 de Mayo” eran norteamericanos; sólo uno sobrevivió al cautiverio paraguayo para ser rescatado un año y medio después por el ministro de Estados Unidos, Charles Ames Washburn. Ver: Washburn a Solano López, Paso Pucú, 26 de Diciembre de 1866; y Washburn a Bergés, Asunción, 17 de Octubre de 1867, ambos en Washburn-Norlands Library, Livermore Falls, Maine, Estados Unidos. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El “Gualeguay” probó ser más difícil de capturar, si bien solamente porque estaba amarrado cerca de la costa, lo que implicaba que los paraguayos podían abordarlo únicamente desde el lado que daba al río. El “Marqués de Olinda” lanzó el fuego de cobertura mientras tropas del “Paraguarí” se acercaron para proceder al abordaje. El capitán y la tripulación del “Gualeguay” no intentaron pelear y saltaron a la orilla de inmediato(9).

(9) Ver: Lino A. Neves, capitán del vapor “Gualeguay”, a Gelly y Obes, Buenos Aires, 21 de Abril de 1865, citado en Luis D. Cabral. “Anales de la Marina de Guerra de la República Argentina” (1904), tomo 1, pp. 598-600, Buenos Aires (dos volúmenes). Ed. Juan A. Alsina. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Pero donde la lucha adquirió mayor encarnizamiento fue en el “Gualeguay”. El “Marqués de Olinda” se había colocado paralelamente al “Gualeguay” y, como estaba atracado y no le era tan fácil abordarlo se sostuvo sobre sus ruedas a distancia de un cuarto de cable desde donde hizo un recio fuego de artillería y fusilería sobre los escasos tripulantes del vapor argentino, quienes no esperaban semejante cortesía.

El mayor Desiderio Sosa -que nunca perdió su entereza- el hombre de acción que en su vida se arredró ante el peligro, fue el primero que inició la resistencia, sacando con soltura un revólver y animando a los tripulantes -en tan críticos momentos- con su palabra entusiasta. Hizo algunos tiros como débil pero sublime protesta contra tan bárbara agresión.

Enseguida, con toda la rapidez que requería el caso, Sosa organizó la resistencia acompañado del comandante Lino Neves, para hacer luego fuego sobre los 700 del "Olinda", combatiendo el mismo Mayor armado de una tercerola y dirigiéndose al propio tiempo al corto número de tripulantes, a quienes alentaba con su palabra y ejemplo.

Un niño de 12 años de edad, el grumete Pedro Romero, animado por las enérgicas palabras de Sosa y movido por ese sentimiento que llevó a los Césares romanos a conquistar pueblos, ese sentimiento que inspiró a los hombres de todas partes y de todos los tiempos para hacer lo grande y magnífico que se observa sobre la tierra, se lanzó en lo más recio del combate, y “se distinguió por su acción y valor”(10).

(10) Así lo dice Lino Neves en el Parte que pasara al ministro de Guerra. // Citado por Pedro Bonastre. “El coronel Desiderio Sosa” (2002), capítulo 1, p. 15, Corrientes (segunda edición). Ed. Moglia S. R. L.

Durante quince minutos resistió de la manera más tenaz este puñado de hombres el poder de 700 paraguayos. Transcurrido el tiempo indicado se ordenó el desembarque, pues amenazaba un abordaje que causó desorden en la tripulación, siendo Sosa el alma de la resistencia, el destinado para llevar la orden a la práctica.

Fue en esta operación que demostró una sangre fría verdaderamente admirable. Fue bajando a los soldados uno por uno por la planchada; a unos los animaba, les hablaba, los ponía bien, los tomaba del brazo o les tiraba de la ropa para afirmarlos, mientras a otros les gritaba y los empujaba para apresurarlos. Y todo esto dando la espalda al enemigo que continuaba haciendo fuego, ofreciéndole un blanco seguro.

Aquel león hizo bajar así a todos los soldados, permaneciendo él aún en el extremo de la planchada que daba con el buque, para bajar en el último momento. Cuando le tocó su turno iba a bajar, pero un inconveniente imprevisto le impidió el paso -sin duda, algún soldado que aún no llegara a tierra- e impaciente, el héroe, cual un Pringles, se lanzó sin trepidar en las aguas del Paraná, desde donde continuaba instruyendo a los tripulantes sobre las posiciones que debían ocupar en la ribera mientras él se aproximaba y llegaba a las playas.

En la ribera se colocaron dos guerrillas, con las que continuó batiendo al enemigo. El “Marqués de Olinda” y el “Ypora” desprendieron varios botes para apresar al “Gualeguay” y los paraguayos que venían en los botes para cumplir la orden hicieron fuego sobre las guerrillas de Sosa y los recibieron a su vez de éstas, mientras se aproximaban al “Gualeguay” para amarrarlo.

El primer bote lanzado por el “Márqués de Olinda” perdió en el ataque al oficial que lo mandaba y tuvo que volar para embarcar a otro el que, con los demás, largó las cadenas y consiguió amarrar y llevar al “Gualeguay”.

Esta operación que duró próximamente una media hora, no la efectuaron impúnemente, pues durante el tiempo indicado fueron activamente incomodados por el vivísimo fuego de las guerrillas de Sosa.

Como último gesto de bravata, un cabo paraguayo borracho disparó entre gritos de euforia una salva de su cañón hacia el pueblo mismo(11).

(11) El cabo, quien había actuado por impulso, fue encadenado y más tarde las autoridades de Humaitá lo hicieron azotar por su atolondrado e impertinente acto. Ver: Manuel Trujillo. “Gestas Guerreras” (1923), p. 11, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Mientras el humo se disipaba, los paraguayos amarraron ambos buques argentinos y los estiraron hacia el norte por el canal principal del Paraná. Toda la acción había durado menos de una hora y le había costado a la Armada del mariscal un oficial y diez hombres heridos, ningún muerto. Para las 09:00, los siete buques habían desaparecido río arriba.

El ataque al puerto dejó a los habitantes de Corrientes en un estado de completo estupor. El “Gualeguay” y el “25 de Mayo”, cuya breve presencia les había proporcionado un sentido de seguridad, ahora ya no estaban, habían sido tomados en sus narices.

En vez de ofrecer resistencia, la mayoría de los guardias correntinos desplegados a lo largo de la orilla había permanecido inmóvil, como hipnotizada por la rápida maniobra de los vapores. El Jefe del muelle se las arregló para disparar dos o tres rondas de un pequeño cañón que mantenía en la Casa de Aduanas, un gesto “más simbólico que efectivo”(12).

(12) Andrés René Rousseaux. “La Defensa de Corrientes”, en “Todo es Historia”, Nro. 226 (Febrero de 1986), p. 49, Buenos Aires. Ver también Pedro I. Meza al ministro de Guerra, Itapirú, 13 de Abril de 1865, en el periódico “El Semanario”, 15 de Abril de 1865. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La captura de los dos barcos argentinos dejó a Corrientes sin nada para prevenir una invasión a escala total. El sentimiento de sorpresa en el pueblo dio lugar al pánico para el mediodía, con muchos residentes empacando apresuradamente sus bienes en carretas y vagones y partiendo hacia el Interior de la provincia.

Nadie se detuvo a enterrar a los cuerpos que flotaban a la vera del río, que pronto llenarían las barrigas de los cocodrilos. Un testigo ocular, oficial correntino de caballería recientemente retornado de una expedición en el Chaco argentino, sucintamente resumió las reacciones de sus compañeros provincianos el primer día:

“Oikou los paraguay, añama ñande reraha!” (los paraguayos se vinieron y el demonio se apoderó de nosotros)(13).

(13) Referenciado en Pedro Bonastre. “El coronel don Desiderio Sosa” (1899), p. 46, Corrientes. Ed. Teodoro Heinecke. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Si bien el gobernador Lagraña había advertido al Gobierno Nacional de las intenciones paraguayas, poco había hecho para preparar la defensa del pueblo. Enfrentado con la inminente invasión, decidió abandonar Corrientes. Era una decisión inteligente. Cualquier fuerza de invasión paraguaya con seguridad proseguiría al sur por el Paraná y Lagraña creía posible organizar alguna defensa más al sur.

Aunque nervioso, el gobernador también tuvo la previsión de enviar un mensaje para interceptar el “Esmeralda”, que entonces navegaba rumbo a Humaitá con un gran cargamento de armas.

Si el mariscal hubiera retrasado su ataque de sorpresa por un solo día, este cargamento, que el joven teniente Ayala había guiado tan cuidadosamente, habría alcanzado a los paraguayos. Ahora, gracias a la resolución de Lagraña, el “Esmeralda” fue obligado a volver a Bella Vista y Ayala fue arrestado(14).

(14) Las autoridades argentinas más tarde exoneraron a Ayala de cargos criminales. Pasó los años de guerra como albañil en Buenos Aires. Ver: Arturo Rebaudi. “La declaración de guerra de la República del Paraguay a la República Argentina” (1924), pp. 20-21, Buenos Aires. Ed. Serantes Hermanos. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Uno de los últimos actos del gobernador antes de unirse a la línea de huida de sus compueblanos fue instruir al Concejo Municipal que no se resistieran a los paraguayos, sino que cooperaran con ellos para garantizar la seguridad pública y proteger la propiedad(15).

(15) Informe del Concejo Municipal, Corrientes, 15 de Abril de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I 30, 23, 218, Nros. 1 y 2. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Al mismo tiempo, no obstante, emitió un llamado a todos los hombres entre dieciséis y sesenta años de edad a empuñar las armas contra los invasores(16). El mismo se asignó el derecho de comandar las unidades disponibles mientras trataba de hacer funcionar un Gobierno en el pueblo de Empedrado.

(16) Decreto de Lagraña, Empedrado, 14 de Abril de 1865, en el periódico “La Nación Argentina”, 24-25 de Abril de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

"La flota paraguaya marchó luego llevándose los buques argentinos. Ya se podía exclamar: “¡Todo se ha perdido menos el honor!” Ese honor que un valeroso soldado acababa de salvar con bizarría, abnegación y generosidad, ¡no permitiendo que el brillo del sol argentino fuera apagado por las ansias sanguinolentas del león paraguayo!", señala Bonastre en la obra citada.

No bien terminó la acción cuando el comandante del “Gualeguay” comunicó lo ocurrido al ministro de Guerra Juan Andrés Gelly y Obes. No pudo ser mayor el efecto que produjo en Buenos Aires la noticia de la toma de los buques.

El pueblo porteño indignado acudió en masa al presidente Mitre, pidiéndole a gritos la declaración de guerra al Paraguay, "por la ofensa que esta Nación acababa de inferir a la nuestra". Algunos jóvenes pronunciaron discursos en los que se retrataba ese espíritu belicoso e inquieto que caracteriza a la juventud. El presidente Mitre, después de ver a todos, se expresó así:

“Señores: después de la provocación lanzada, del insulto hecho a nuestra bandera por el tirano del Paraguay, vuestro gobernante no os puede decir otra cosa sino que las proclamas y manifestaciones van a ser traducidas en luchas; que dentro de veinticuatro horas estaremos en los cuarteles; dentro de quince días en campaña; y a los tres meses en la Asunción”.

El hecho de la toma de los buques era pues, la directa provocación de guerra y ésta fue aceptada, pues había que ir por la defensa del honor, de la dignidad nacional y la integridad del territorio y, desde luego, se comenzó por reclutar hombres que debían alzar un fusil, como lo requería la necesidad de la patria.

Sosa se encargó de esta tarea -cuenta Bonastre- desplegando toda la actividad y energía que era susceptible. Y era cosa de ver a Sosa recorrer con rapidez las calles ese mismo día 13 de Abril, animando a los ciudadanos a que tomaran las armas para la defensa de la patria, hablando a unos en castellano, a otros en guaraní, adaptándose en todo a la mayor o menor capacidad intelectual o elevación moral de las personas, teniendo a veces que apelar a la fuerza bruta cuando la necesidad lo requiería. No disculpó medios para el logro de su fin. Véase esta anécdota:

“En la calle San Juan esquina 9 de Julio -propiedad hoy de Francisca Cabral- está parado un ciudadano, mirando indiferente a todas partes. Sosa se presenta y le intima que marche al Cuartel en cumplimiento de su deber y la orden.
“El ciudadano queda asombrado; cierta palidez que adquiere su rostro demuestra que su sorpresa es grande. Mira a Sosa y descubre en el rostro sereno y en la mirada penetrante de sus ojos que su resolución es indeclinable. Se hace repetir la intimación, que lo hace Sosa con la misma energía que antes.
“Después de reflexionar unos segundos, el hombre se negaba abiertamente a marchar; pero la patria necesita sus brazos y en bien de ella misma había que llevarlo, mucho más cuando -según un decreto del día- todo ciudadano debía presentarse al Cuartel so pena de ser considerado como traidor y ser tratado como tal.
“Entonces, sin vacilar y sin gastar más inútiles palabras, desenvaina el sable y descarga sobre nuestro hombre un golpe, que prodigioso hace aumentar el batallón en formación con un soldado más.
“Igual cosa sucede en la esquina de 9 de Julio y Córdoba, en la vereda de la casa hoy ocupada por la Biblioteca Popular. Otro se niega también; Sosa avanza con el caballo, que resbala, amenazando voltear el jinete, que salva merced a su habilidad y, siempre animoso, hace ver al hombre que no está dispuesto a disculparlo”(17).

(17) Citado por Pedro Bonastre. “El coronel don Desiderio Sosa” (1899), Corrientes. Ed. Teodoro Heinecke.

A su constancia, a su actividad, a su energía se debió que la base del que debía ser Batallón 1ro. de Corrientes fuese formada ese mismo día. Al otro día, 14 de Abril, el general paraguayo Robles desembarcaba con 3.000 soldados y ocupaba la ciudad, mientras las fuerzas correntinas se retiraban a Lomas donde se planteaba el Ejército que debía hacer oposición tenaz a las fuerzas del dictador.

"Sosa ya se encontraba en San Cosme, habiendo por la mañana pasado por Itatí con el fin de reclutar gente. Sosa es pues el que formó el Batallón Correntino que tanta gloria conquistó. A él corresponde ese honor; él formó el Cuerpo al que dirigió en lo más recio del combate, arrancando laureles para honor de él y su pueblo", subraya Bonastre.

"En Goya, este batallón se completó con soldados que había reunido el capitán Baibiene, reuniéndose al grueso del Ejército algún tiempo después, en Capiy Quicé (Kapi’i Kyse), para ver poco después el radiante sol de Yataí" agrega Bonastre.

Cuando las tropas, de hecho, comenzaron a reunirse más al sur, sin embargo, pronto se volvió obvio que la verdadera autoridad era ejercida por el viejo general urquicista Nicanor Cáceres (1812-1870).

Tal como sugería su nombre de pila, tomado de un teniente de Alejandro Magno, este veterano oficial era tan valiente como desafiante e implacable en la guerra. Había peleado en campañas en Corrientes desde los 1840 y había desarrollado una reputación de ferocidad combinada con un preciso conocimiento del terreno.

Como señaló un historiador correntino, Cáceres era imbatible en su propia tierra, como “el armadillo en nuestros campos, que se vuelve invisible en su caparazón”(18).

(18) Hernán Félix Gómez. "Vida de un Valiente” (1944), pp. 31-32, Corrientes. Como el general Francis Marion, el “Swamp Fox” (“Zorro de los Pantanos”) de la revolucionaria Carolina del Sur, el “armadillo rojo” (tatu pyta) de Corrientes gozaba de una fenomenal reputación para la lucha rural. Cáceres era dueño de una estancia de cuarenta mil hectáreas en las afueras de Curuzú Cuatiá donde, a diferencia de muchos terratenientes provincianos, él de hecho residía. Esta orientación rural y su habilidad con el facón eran suficientes para que Cáceres se ganara la hostilidad de los liberales correntinos, quienes se veían a sí mismos como “civilizadores” y a los seguidores gauchos de Cáceres como lo que había que expugnar. Ver: Severo Ortiz. “Apuntes biográficos del General de la Nación Nicanor Cáceres” (1867), pp. 28-29; 163-164, Buenos Aires. Imprenta Buenos Aires; y “Perfiles de los militares más notables del Ejército Argentino”, en “La Nación Argentina”, 11 de Diciembre de 1866. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Ahora, a medida que los paraguayos avanzaban, muchos en la provincia lo miraban como el salvador. Mientras tanto, el capitán Meza remolcaba los dos barcos argentinos a Humaitá, donde eufóricas tropas saludaron el arribo del victorioso escuadrón paraguayo: “¡Mueran los porteños!”, gritaban los soldados, haciéndose eco de las mismas palabras usadas sólo horas antes en Corrientes(19).

(19) El 16 de Abril una tripulación paraguaya llevó el “25 de Mayo” y el “Gualeguay” a Asunción para reparaciones y su incorporación a la Armada. Pasaron días y días antes de que los buques llegaran a su destino porque tenían que ser estirados (a la escasa velocidad de 5 kilómetros por hora). Ver telegrama, (Alejandro Hermosa) al ministro de Guerra, Humaitá, 16 de Abril de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 2.327; y Ciriaco Molina a Venancio López, Villa Franca, 18 de Abril de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 19, 68, n. 1. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Sin demora, Meza navegó a Paso de la Patria donde el general Wenceslao Robles y tres mil hombres lo aguardaban. Como se planeó, a las 5 de la mañana siguiente, los barcos paraguayos -una vez más- se aproximaron a Corrientes y la fuerza invasora desembarcó con las primeras luces del amanecer.

No hubo resistencia. Los hombres de Robles se esparcieron por las calles, tomaron los edificios del Gobierno, el distrito portuario y el mercado. Un gran número de mujeres y niños buscaron aterrorizados refugio en la iglesia, pero el comandante paraguayo les hizo saber que no tenían nada que temer y podían retornar sin ser molestados a sus hogares(20).

(20) Eugenio Bogado a Solano López, Corrientes, 17 de Abril de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 431, Nro. 2. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Las unidades de caballería de Paso de la Patria llegaron varias horas después para encontrarse con que sus compatriotas de la Marina ya habían asegurado el objetivo común(21).

(21) Irónicamente, muchos de los caballos utilizados en estas unidades habían sido vendidos a los paraguayos el año previo por proveedores correntinos. Ver Miguel A. Rojas a ministro del Tesoro, 15 de Noviembre de 1864, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 818. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El siguiente paso fue establecer un perímetro defensivo a lo largo de las líneas de acercamiento al sur de la ciudad, pero no hubo contraataque, ni siquiera atisbos.

Para cuando caía el sol sobre el Gran Chaco ese primer día, las tropas paraguayas al otro lado del río, en Corrientes, ocupaban ya tranquilamente sus posiciones en sus campamentos, bebían su tereré y comían sus porciones de carne y galleta. Todos se sentían aliviados de que hubiera sido tan fácil. Esa noche durmieron confortablemente.

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