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Comienza la ocupación. Reacciones argentinas

Los paraguayos comprendían que la conquista militar de Corrientes no traería de por sí la victoria sobre Buenos Aires y el Imperio brasileño. Para eso, Francisco Solano López necesitaba colaboradores en las provincias del Litoral.

Desde el principio de esta invasión buscó construir una alianza política con aquellos correntinos que pudieran ver justicia en la causa paraguaya. Identificar a esas facciones no debería ser muy difícil: después de todo, correntinos y paraguayos eran vecinos que él suponía se entendían unos a otros.

Cualquier detalle o asunto específico que permaneciera confuso podía ser clarificado con la información suministrada por espías. Pero el mariscal no logró captar lo compleja que era Corrientes. La política interna de la provincia reflejaba las distintas visiones de la idea de la nacionalidad argentina en los 1860.

Aunque las élites correntinas compartían una actitud social conservadora (especialmente en relación con la religión y la subordinación de las clases más bajas), disentían acerca de quiénes deberían administrar la provincia.

A grandes rasgos, tres fuertes facciones competían por el poder:

* El grupo más importante -liderado nominalmente por Lagraña- se afiliaba explícitamente a los liberales del presidente Mitre. Estos hombres se consideraban modernistas en todos los asuntos nacionales claves: construcción de líneas de ferrocarriles y telégrafos, nacionalización de recibos de aduanas y promoción de la inmigración como una solución contra el atraso del país.

Aunque claramente ascendentes en la política provincial para mediados de los 1860, los liberales estaban a su vez divididos, mayormente debido a intereses familiares y celos personales. En algunos casos se rehusaban a hablarse unos a otros.

* Una segunda facción -menos dividida, pero también menos poderosa- consistía en aliados y ex aliados de Justo José de Urquiza. Estos hombres, que se consideraban auténticos federalistas, tomaban la Confederación Argentina anterior a Pavón como su modelo de nación. Más que otros correntinos aborrecían la pesada mano de Buenos Aires, que veían como inevitablemente opresiva de las empresas locales.

En los 1850, estos “autonomistas” dominaban la provincia bajo Juan Gregorio Pujol. Muchos políticos nacionales habían considerado a este último como un probable sucesor de Santiago Derqui como presidente de la Confederación y lo habían traído al sur a preparar su candidatura.

Pujol sirvió como senador y luego como ministro del Interior, pero murió joven, en 1861, y sus esperanzas por una reforma de amplio espectro quedaron en la nada.

En Corrientes sus partidarios solamente consiguieron mantener el apoyo de estancieros en el sur y el sudeste, un área cuya topografía, cultura y formas políticas se asemejaban más a las de Entre Ríos que a las del resto de la provincia.

* La más débil de las tres facciones en 1865 estaba conformada por miembros del viejo partido federal (rosistas). Muchos de ellos habían alguna vez apoyado a Juan Manuel de Rosas y ahora abrazaban una línea francamente reaccionaria. Favorecían una interpretación extrema de la autonomía provincial, equivalente a la independencia de las provincias excepto en cuestiones de defensa.

Esta visión tenía pocos seguidores entre las generaciones más jóvenes de políticos correntinos, que la consideraban irredimiblemente pasada de moda. Característicamente, los paraguayos basaban sus esperanzas de éxito en Corrientes en este último grupo.

Esto, en parte, era simple pragmatismo. Como el más débil de los grupos “secesionistas”, los federales (ex rosistas) tenían poco que perder con una alianza con el Gobierno de Asunción; no tenían un patrón obvio, ni prospecto de hallar alguno dentro de la Argentina.

Más aún, su distintiva interpretación de la autonomía reforzaba la ascendencia del Paraguay en el Plata, ya que rechazaba con criterio ideológico cualquier postura que le diera un rol de mando a Buenos Aires sobre las otras provincias.

Los ex rosistas también desconfiaban profundamente de los brasileños, a quienes veían como monarquistas atrasados, nacidos oponentes de la “causa americana”(1).

(1) Estos "federales" abiertamente identificaban la postura política del Imperio con la de Buenos Aires. Después de iniciada la guerra, los seguían poniendo en una misma bolsa como “unitarios brasileños”. Ver: periódico “El Independiente” (Corrientes), 30 de Julio de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Aún antes de la invasión, José Bergés ya había patrocinado a varios ex rosistas correntinos -entonces presentes en Asunción- con quienes quería trabajar. Uno de ellos, Víctor Silvero, era un joven de bigote inglés, editor de un periódico fanáticamente antimitrista, que había causado constantes disgustos a Lagraña y sus aliados políticos. Los agentes paraguayos en Corrientes identificaban al editor como el mejor amigo que tenía su Gobierno en la provincia:

“Silvero no es un vendedor de frases y si ha hablado contra el Brasil (...) es porque realmente tiene esas convicciones y estas armonizan con sus intereses privados y con los de la provincia en general.
“Silvero es un hombre con dignidad y, como tal, sus creencias políticas son firmes y constantes (...). El que yo no haya tenido que recurrir a ninguna paga para asegurar la postura de ‘El Independiente’ contra el Brasil y en favor de nuestra causa es debido en gran parte a los esfuerzos de Silvero”(2).

(2) Miguel Rojas a Bergés, Corrientes, 24 de Enero de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 3, 31, n. 1. Para más detalles de la carrera y personalidad de Silvero, ver el periódico “El Progreso” (Corrientes), 25 de Diciembre de 1864 y 23 de Marzo de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Bergés también eligió a Sinforoso Cáceres, un importante comerciante de ganado quien, como muchos correntinos desde los tiempos coloniales, había mantenido excelentes relaciones de negocios con el Paraguay. Cáceres había suministrado animales a las tropas en Humaitá desde el comienzo de la guerra con Brasil; como Charles Ames Washburn irónicamente observó, tenía “una sociedad con la señora Lynch y a través de su influencia con López se aseguró contratos muy lucrativos”(3).

(3) Charles Ames Washburn. “History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), capítulo 2, p. 20. Ed. en Nueva York y Boston. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Pero Bergés consideraba que Cáceres, aunque pudiera irritar a ciertos doctores en la ciudad, probablemente sería bien recibido en las zonas rurales, donde tenía muchas relaciones(4).

(4) Telegrama, Bergés a Solano López, Corrientes, 18 de Abril de 1865. “Correspondencia telegráfica entre el mariscal López y José Bergés”, copia inédita, en la Biblioteca Nacional de Asunción-Colección Juan E. O’Leary. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Inmediatamente después de la caída de Corrientes, José Bergés buscó a Silvero y Cáceres y arregló su traslado a la ciudad conquistada. Mientras Solano López y sus oficiales normalmente preferían soluciones militares directas a problemas complejos, el canciller paraguayo tenía en mente una política más sutil para empujar a Corrientes hacia una postura pro Paraguay.

Sabía que muchos en la provincia odiaban a los porteños exactamente de la misma manera que los paraguayos; el odio a los brasileños era todavía más profundo(5).

(5) Los correntinos habían aplaudido eufóricamente la captura del “Marqués de Olinda” unos pocos meses antes y virtualmente nadie en la provincia apoyaba al Brasil en su guerra con el Paraguay. Ver Miguel Rojas a Bergés, Corrientes, 1 de Diciembre de 1864, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 5, 18, n. 2. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

A través de un trato amigable y generoso por parte de las fuerzas invasoras, los correntinos podrían llegar a ver al Paraguay como un aliado natural. Bergés creía, además, que los viejos federales (rosistas) serían de instrumental importancia para incentivar en sus pares correntinos al menos la ilusión de una alianza en la lucha contra Buenos Aires y el Imperio.

Bergés podría ansiar incluso más: Ricardo López Jordán y los otros entrerrianos disidentes no estaban tan distantes. En ese momento no estaba muy claro cómo reaccionarían los autonomistas en el sur de Corrientes. Con su ayuda, quizás los paraguayos todavía podían llegar a Montevideo. Todo esto era, desde luego, mera especulación.

Por el momento, sin embargo, Bergés mantenía el control sobre la política en la ocupada capital provincial y quería hacer un teatro de buena voluntad. Si fracasaba, no solamente los correntinos con seguridad se alinearían con el Gobierno Nacional, sino que también perdería la lucha interna con sus rivales uniformados. Estaba totalmente convencido de que estos oficiales se cerrarían a cualquier apertura política posterior. Creían que podían pelear solos. Si también lo creía el mariscal, eso estaba por verse.

Bergés, Silvero, Cáceres y un equipo de asistentes paraguayos arribaron a Corrientes el 16 de Abril. Al día siguiente, tambores y gritos de heraldos convocaron al pueblo en la plaza pública frente a la Casa de Gobierno; desde allí, los oficiales de Robles lideraron a varios notables hacia el edificio de la Sala de Comercio, donde trescientos de ellos recibieron instrucciones de llevar a cabo una improvisada elección para reemplazar a Lagraña.

Silvero y Cáceres ya habían anunciado sus candidaturas para el nuevo Gobierno y había pocas dudas sobre las preferencias paraguayas. A último momento, un anciano ex rosista llamado Teodoro Gauna se unió a los otros dos para formar un Triunvirato -la Junta Gubernativa- para administrar Corrientes en el futuro inmediato(6).

(6) Aviso municipal de Juan A. de los Santos, Corrientes, 19 de Abril de 1865, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Fondo Mantilla, Legajo 20. Cuatro otros candidatos (Colodrero, Contreras, Díaz de Vivar y Virasoro) pusieron sus nombres como posibles miembros de la Junta pero, entre todos ellos obtuvieron sólo veinticuatro votos de trescientos. Ver Bergés a Solano López, Corrientes, 20 de Abril de 1865. “Correspondencia telegráfica entre el mariscal López y José Berges”. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La mayoría de las fuentes argentinas pinta la Junta como una claque de inescrupulosos oportunistas y colaboracionistas que no tenía realmente representatividad entre los correntinos(7).

(7) El general argentino José Ignacio Garmendia, autor de uno de los más detallados relatos de la campaña de Corrientes, falla en consignar correctamente los nombres de los miembros de la Junta a quienes, no obstante, maldice como traidores. “Campaña de Corrientes y de Río Grande” (1904), p. 103, de “La Guerra del Paraguay”, Buenos Aires (dos volúmenes). Ed. Peuser; Manuel Florencio Mantilla, el historiador clásico de Corrientes, los menciona solamente una vez, llamando a los adherentes de su partido “ciegos que se agacharon ante el enemigo extranjero”, “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes”, tomo 2, p. 275. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

En realidad, aunque los habitantes de la provincia no recibieron a la Junta con entusiasmo, no estaban del todo descontentos con las personas elegidas por los paraguayos. Algunos pensaban que estos sirvientes de la ocupación podrían abrir una nueva y mejor avenida para el comercio. Otros pensaban que serían útiles mediadores entre la gente del pueblo y los paraguayos(8).

(8) Los miembros de la Junta recibieron tantas peticiones oficiales como lo hicieron Bergés y el Comandante Militar paraguayo. Ver, por ejemplo, Víctor Silvero y Sinforoso Cáceres a Bergés, Corrientes, 5 de Junio de 1865 (en relación con el paso hacia asentamientos en el Chaco), en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 9, 61; y Cáceres a Bergés [¿Corrientes, 1865?] (en relación con el pedido del español Manuel Vicente Fernández, quien quería partir a Buenos Aires), en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco, 9, 76. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Muchos correntinos simpatizaban con las tropas del mariscal, con las cuales podían fácilmente hablar en guaraní(9). También consideraban a los paraguayos disciplinados y ordenados, ya que parecían respetar los derechos y la propiedad de los locales.

(9) Louis Schneider. “A Guerra da Triplice Aliança contra o governo da República do Paraguai” (1945), tomo 1, p. 219, São Paulo (dos volúmenes). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Esto representaba un fuerte contraste con la conducta de otros ejércitos que habían tomado el pueblo en décadas anteriores. La reacción correntina muestra que el concepto de nacionalidad argentina -tal como Mitre lo entendía- todavía no había echado del todo raíces en el Nordeste. Aún antes de llegar al poder, el presidente argentino reconocía la debilidad del programa liberal en las provincias del Interior y el Litoral.

Como Urquiza, Juan Bautista Alberdi y otros, buscaba remediar esto en parte poniendo énfasis en las contribuciones que las provincias habían hecho a la construcción de la Argentina moderna (y los beneficios que podían obtener si trabajaban juntos).

En sus distintos escritos históricos, Mitre le recordaba a la gente del Nordeste que José Francisco de San Martín había nacido en Corrientes y que el Gran Libertador, más que cualquier otro hombre, le había dado a su país una visión de futuro que iba mucho más allá que la provincia o “republiqueta”.

Esta imagen de San Martín mostrando el camino a su provincia natal convenció a algunos en Abril de 1865, pero no a muchos. La mayoría de los correntinos, especialmente los de las clases más bajas, permanecían escépticos ahora que la guerra había llegado.

Estaban poco apegados a un estado-nación dominado por los porteños, por lo cual esperaron a ver si el mariscal les ofrecía algo mejor. Algunos de los hombres más ricos de la provincia adoptaron exactamente la misma actitud, por lo que a los paraguayos no les faltaban clientes potenciales(10).

(10) Entre los miembros de la élite local que cautamente saludaron al nuevo régimen estaban Cayetano Virasoro, pariente cercano de un ex gobernador; Antonio Díaz de Vivar, un importante terrateniente, jefe local del partido federal y viejo amigo de Urquiza; y Roberto Guy Billinghurst, un comerciante antiguamente establecido en Corrientes que había desarrollado muchos contactos comerciales con el Gobierno paraguayo a lo largo de los años. Ver: Wenceslao Néstor Domínguez. “La Toma de Corrientes (el 25 de Mayo de 1865)” (1965), p. 17, Buenos Aires. Imprenta López. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Bergés estaba perfectamente consciente de cuán condicional podría ser el apoyo correntino. Sabía que muchos amigos en la provincia todavía veían a los paraguayos como gente “bautizada tarde y muy mal”. Por lo tanto, no basó su estrategia exclusivamente en la Junta Gubernativa.

Poco después de llegar a la ciudad ocupada, buscó y se entrevistó con Santiago Derqui. El ex presidente de la Confederación se había retirado a una pequeña estancia en las afueras de Corrientes después de la derrota de su viejo aliado Urquiza en Pavón. Aunque vivía tranquilamente y evitaba la política, Derqui era justo el tipo de estadista veterano que podría completar el puente -si ello era todavía posible- entre Solano López y el caudillo entrerriano.

Evidentemente, sin embargo, el ex presidente no tenía intenciones de hacer nada parecido; en su Informe sobre la reunión, Bergés hizo la dudosa afirmación de que los dos habían evitado hablar de política(11). Aún así, el canciller paraguayo nunca se rindió del todo con Derqui y lo trató con gran consideración a lo largo de todo el tiempo que duró la ocupación.

(11) Bergés a Solano López, Corrientes, 18 de Abril de 1865. “Correspondencia telegráfica entre el mariscal López y José Bergés”. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Para que Bergés pudiera establecer una cabecera en Corrientes necesitaba más que nada la cooperación del general Robles y sus hombres. En la superficie, Robles seguía al pie de la letra la línea política del canciller. En su Proclama del 19 de Abril al pueblo correntino, por ejemplo, anunció:

“Tienen ustedes la prueba de que hemos venido solamente a (ayudarlos), a reconquistar la libertad que les arrebató la demagogia porteña (...). La (Junta) que ustedes han elegido tendrá el firme apoyo de los soldados que tengo el honor de comandar.
“Los enemigos de nuestra común felicidad desean dividirnos de la causa de la democracia y hacerlos instrumentos de la conquista brasileña. (Pero) ahora, leales a la tradición de nuestros padres, tendremos la gloria de luchar juntos contra el Imperio, enemigo tradicional de los principios del americanismo (...).
“A nuestro lado ustedes sostendrán su independencia y juntos mostraremos a toda la República Argentina que no reconocemos otro enemigo que el general Mitre y su claque”(12).

(12) Proclama de Robles, Corrientes, 19 de Abril de 1865, en el periódico “El Uruguay” (Concepción del Uruguay), 4 de Mayo de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Pese a estas palabras, Robles tenía sus propias ideas de cómo gobernar la derrotada provincia. Un soldado de mediana edad, ojos hundidos y cabello muy negro, había gozado de una notable carrera en los tiempos del viejo López.

Ahora era el oficial más veterano del Ejército paraguayo y, como tantos que se habían beneficiado del militarismo de los 1850, era quisquillosamente sensible de todo y todos los que se pudieran interponer entre él y sus superiores.

Sus oportunidades de más fama y honores solamente podían provenir de la victoria sobre los argentinos. Y eso no era cuestión de lindas palabras o compromisos políticos, sino de combate. Robles presumía que el mariscal compartía esta inclinación y que gustosamente aprobaría cualquier medida que el general estimase necesaria.

Desde el principio, por ejemplo, los paraguayos exigieron a los correntinos aceptar su papel moneda, que estaba valuado en la poco probable cotización de treinta y cuatro pesos la onza de oro(13).

(13) Ver decreto de la Junta Gubernativa, Corrientes, 9 de Mayo de 1865, en “Ocupación de Corrientes por Fuerzas Paraguayas. 1865” (1929), pp. 7-8, Corrientes. Ver también “Apuntes de don Pedro Igarzábal” (del 7 de Mayo de 1865), referenciado en Wenceslao Néstor Domínguez. “La Toma de Corrientes (el 25 de Mayo de 1865)” (1965), p. 62, Buenos Aires. Imprenta López. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Algunos comerciantes rechazaron estos billetes hasta el día en que el general Robles ordenó el arresto de toda una comunidad de indios del Chaco cuando se negaron a tomar el papel moneda como pago por forraje para los caballos y leña. Los hizo fusilar a todos enfrente de los mercaderes(14).

(14) Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo 2, p. 278. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla; Solano López a Bergés, Asunción, 27 de Abril de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 12, 9, Nro. 11. Para más, sobre las dificultades ocasionadas por la aceptación forzada de la moneda paraguaya, ver juez José Ballejos a la Junta Gubernativa, Empedrado, 8 de Julio de 1865, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Correspondencia Oficial 1865, Legajo 209. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Aunque este acto puso fin a las quejas de los vendedores, hizo poco para inspirar la confianza que Bergés aludía como necesaria para mantener el comercio abierto, para entonces una meta inalcanzable de todos modos(15).

(15) La Junta Gubernativa trató sin éxito de estimular la economía de Corrientes mediante la suspensión de la contribución directa, una moratoria sobre los aranceles del papel estampillado y la restauración del control correntino -antes que nacional- de las funciones de la Casa de Aduanas. Documentos citados en “Ocupación de Corrientes por Fuerzas Paraguayas” (1929), pp. 8-9; 21-23, Corrientes. Para comunicar sus decretos y leyes, la Junta habitualmente utilizaba un pequeño buque fluvial anteriormente usado para transportar naranjas río abajo. Ver Bergés a Solano López, Corrientes, 23 de Abril de 1865. “Correspondencia telegráfica entre el mariscal López y José Bergés”. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Los hombres de Robles creían a partir de lo que había pasado en Mato Grosso que podían abusar de los correntinos, tomar sus posesiones y ser perdonados por el mariscal por cualquier exceso. Robles ya había examinado los Archivos de la provincia y enviado algunos documentos cruciales a Asunción, incluyendo un mapa detallado de la ubicación de las estancias más prominentes(16).

(16) Los argentinos inicialmente informaron que los paraguayos habían confiscado la totalidad de los archivos para transportarlos al campamento del mariscal, pero el Gobierno Nacional finalmente desestimó este cargo una vez que Corrientes fue retomada. Ver el periódico“La Nación” (Buenos Aires, Argentina) del 8 de Noviembre de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Armados con esta información de inteligencia, los paraguayos ahora se trasladaron a las propiedades más cercanas a Corrientes y confiscaron sus animales. Incursiones cerca de Itatí, Caá Catí, San Luis y San Cosme produjeron cientos de cabezas de ganado y caballos, que fueron transferidos a las principales fuerzas paraguayas al norte de Empedrado(17).

(17) Nicolás Gallardo a [¿Víctor Silvero?], San Cosme, 24 de Abril de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 23, 155, Nro. 2; José María Aguiar a Solano López, Campo en la Capilla [cerca de Empedrado], 26 de Abril de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 11, 40; y Antonino Benítez a la Junta Gubernativa, Corrientes, 24 de Abril de 1865, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Correspondencia Oficial, Legajo 208. Un hermano de Sinforoso Cáceres actuó como agente de los paraguayos en varias de estas ocasiones; se suponía que trabajaba en los acuerdos para el reembolso a los estancieros cuyo ganado fue confiscado, pero las más de las veces daba largas al asunto mientras los paraguayos tomaban lo que querían sin pagar; esta práctica fue posteriormente sancionada por la Junta como una necesidad militar. Ver decreto de la Junta, 14 de Julio de 1865, en el periódico “El Independiente” (Corrientes), 16 de Julio de 1865. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

En la Ciudad de Corrientes, Bergés se las veía en figurillas para tratar de atribuir estas confiscaciones a una fase pasajera. Si los soldados paraguayos se involucraban en saqueos no autorizados -afirmaba- eso era el resultado de una errada interpretación de las órdenes antes que de algún generalizado desdén hacia los locales; e insistía en que no iba a tolerar semejantes abusos en la capital provincial. Pagó indemnizaciones a algunos comerciantes del pueblo que reportaron malas experiencias con los soldados(18).

(18) Bergés a Robles, Corrientes, 25 de Abril de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 23, 156. No todos quedaban satisfechos con estos gestos, pero escondían su resentimiento. Un observador británico notó que la disciplina paraguaya era “notablemente buena; todos admitían que las borracheras, el robo y el desorden eran desconocidos. Es verdad que cuando querían algo de una tienda venían y lo tomaban, pero invariablemente en forma ordenada e incluso algunas veces proponían una forma de pago, pero no escuché algún arreglo satisfactorio para ambas partes en la transacción”. F. J. Pakenham a Edward Thornton, Corrientes, 17 de Mayo de 1865, en Kenneth Bourne y D. Cameron Watt, eds., “British Documents on Foreign Affairs”, pt. 1, ser. D, Latin America, 1845-1914, volumen 1, River Plate, 1849-1912 (n.p., 1991), p. 184. Una fuente local fue menos elíptica y señaló con desprecio que tales “ladrones” y “vagabundos” distaban de ser la clase de personas mejor dotadas para “llevar la bandera de la civilización a los pueblos del Río de la Plata”, en el periódico “La Esperanza” (Corrientes), 3 de Diciembre de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

T. H. Mangels -un mayorista británico- recibió un reembolso total de diez mil pesos luego de que un grupo de hombres de Robles asaltaran sus almacenes(19).

(19) Richard Burton. “Letters from the Battlefields of Paraguay” (1870), p. 285, Londres. Ed. Tinsley Brothers. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Bergés se disculpó y, como paliativo, ofreció emitir pasaportes a todos aquéllos que desearan marcharse. Esto estaba lejos de ser una solución satisfactoria, ya que excluía a los familiares detenidos de oficiales del Ejército argentino(20). Pero la verdad era que todavía había poca gente que quería abandonar Corrientes. Bergés continuó ejercitando gran influencia en la Administración de la ciudad (aunque no de la provincia) y su palabra seguía sirviendo para tranquilizar a la población.

(20) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 161, Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

- Reacciones argentinas

Manuel Ignacio Lagraña estaba entendiblemente menos convencido de las intenciones paraguayas. Cuando informó al Gobierno Nacional de la invasión la mañana del 13 de Abril escribió:

“Esto es una declaración de guerra por parte del vandalismo. Es inútil reflexionar (más). Nuestra patria debe por necesidad y honor aceptar la guerra a la que somos provocados”(21).

(21) Lagraña a Mitre, Lomas, 13 de Abril de 1865, en “La Nación Argentina” (Buenos Aires), 17-18 de Abril de 1865. Ver también Lagraña a Juan Andrés Gelly y Obes, Corrientes, 13 de Abril de 1865, en “La Tribuna” (Montevideo), 17-18 de Abril de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La mayoría de los correntinos -exceptuando a los liberales- no estaba todavía inclinada a seguir su consejo. Reaccionó más bien con tranquilo temor, luego momentáneo pánico y finalmente ambivalencia cuando los paraguayos incursionaron en su provincia.

En Buenos Aires la noticia de la invasión generó una reacción muy diferente, más cercana a una ira irracional. Los periódicos porteños, tales como “El Nacional”, “La Tribuna”, “El Bonaerense” y el propio diario de Mitre, “La Nación Argentina”, reflejaron la opinión general cuando presentaron a López como un “imbécil”, un “tirano siniestro”, un “emperador en bancarrota de una Nación descalza” y un “Calígula tropical”(22).

(22) Ver, por ejemplo, “La Nación Argentina”, 2 de Mayo de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Había concentraciones en todas partes para exigir venganza. Las bandas musicales tocaban marchas como “El Tala”, “A la Lid” y “La Carcajada”, mientras hombres de todas las edades expresaban su intención de enrolarse(23).

(23) Miguel Angel de Marco. “Bartolomé Mitre. Biografía” (1998), p. 324, Buenos Aires. Ed. Planeta. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Un cónsul norteamericano en Buenos Aires que había sido testigo de un entusiasmo similar entre sus connacionales yankees cuando los confederados atacaron Fort Sumter, comparó el show de fervor con una experiencia religiosa y señaló que los porteños hacían “inequívocas demostraciones de júbilo como si un mensajero divino, con amor y poder de sanación en sus alas, hubiera descendido de los cielos.

“Fuegos de artificio, cohetes y toda clase de improvisada parafernalia de grandes y gloriosas ocasiones eran conspicuas en cada calle de la ciudad”(24).

(24) Miguel Angel de Marco. “Bartolomé Mitre. Biografía” (1998), p. 324, Buenos Aires. Ed. Planeta. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El ataque paraguayo tomó al presidente Mitre por sorpresa. Externamente, estaba tan encendido como sus pares porteños, pero era un político calculador que apreciaba la capacidad de mantener la cabeza fría. Sus instintos le decían que Solano López no se habría comportado con tal impetuosidad; debía haber otra explicación y, posiblemente, esa explicación -cualquiera que fuera- podía tornarse en favor de la Argentina.

Por el momento, Mitre mantuvo estas ideas para sí y asumió la postura pública que demandaba la multitud. Dio un inflamado discurso patriótico en su residencia, lleno de furiosas recriminaciones y promesas de rápida acción contra el Paraguay: “En 24 horas en los cuarteles; en dos semanas en el campo de batalla; en tres meses en Asunción”(25).

(25) Referenciado en “El Nacional” (Buenos Aires), 17 de Abril de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El 16 de Abril lanzó una Proclama en la que instaba a todos los ciudadanos a apoyar la causa nacional: “En cuanto a mí -concluyó- no descansaré hasta que la paz que fue traicioneramente quebrada haya sido restaurada y el honor de la Nación Argentina sea reivindicado”(26).

(26) Proclama de Mitre, Buenos Aires, 16 de Abril de 1865, en “La Nación Argentina”, 17-18 de Abril de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El mismo día, Mitre ordenó la formación de nuevas unidades de infantería para la Guardia Nacional, cuatro batallones de 500 hombres cada uno de la Ciudad de Buenos Aires y otros cuatro de la provincia. Un día después llamó a las provincias del Interior y el Litoral a contribuir con otros once batallones -para un total propuesto de 9.500 hombres de infantería- para formar la columna vertebral del Ejército Nacional(27).

(27) Decreto de Mitre, Buenos Aires, 17 de Abril de 1865, en “La Nación Argentina”, 17-18 de Abril de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Estas tropas se unirían a los cerca de 10.000 hombres de caballería que se estaban concentrando en Entre Ríos y el sur de Corrientes. El 24 de Abril, el primer batallón de infantería porteña, comandado por el general argentino nacido en el Uruguay, Wenceslao Paunero, partió al Nordeste.

Mitre había siempre confiado en su propio juicio mucho más que en el de sus informantes. Todavía creía posible que el mariscal se arrepintiera de sus acciones y, tras efusivas disculpas, hiciera lo correcto. Un año antes le había insistido a Lagraña que el líder paraguayo actuaría racionalmente aun sintiéndose arrinconado:

“El señor López reflexionará larga y profundamente antes de adoptar medidas que pudieran producir una guerra en la cual él tiene mucho que perder y nada por ganar”(28).

(28) Mitre a Lagraña, Buenos Aires, 21 de Abril de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco, I-30, 21, 151-62. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La efusión de sangre en Abril de 1865 probó que Mitre estaba equivocado pero, a pesar de toda la evidencia que venía del Nordeste, el presidente argentino todavía esperaba que surgiera algún arreglo en la puerta trasera que salvara a todas las partes involucradas. Lagraña, por su parte, sabía que ese tiempo ya había pasado.

También lo sabían los líderes de Rosario, quienes organizaron una demostración masiva, arrestaron al cónsul paraguayo (José Rufo Caminos), arrancaron del edificio del Consulado el escudo con las armas nacionales y lo arrastraron por las calles junto con un retrato del mariscal. Al llegar al río Paraná, rociaron de balas ambos íconos y los arrojaron al río llenos de agujeros. Luego redactaron y publicaron un “Acta solemne” con el relato total de los procedimientos(29).

(29) Periódico “La Nación Argentina” (Buenos Aires), 24 y 25 de Abril de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Los brasileños, aunque todavía no habían emitido un pronunciamiento oficial, comprendieron de inmediato la importancia de lo que había ocurrido. Para entonces, ya habían abierto algunos contactos con la milicia argentina. En una carta a Lagraña -fechada el 17 de Abril- el ministro de Guerra Juan A. Gelly y Obes notificó al desesperado gobernador que una división completa de tres mil argentinos y brasileños estaba en camino a Corrientes(30).

(30) Juan A. Gelly y Obes a Lagraña, Buenos Aires, 17 de Abril de 1865, en Juan Beverina. “La Guerra del Paraguay (las Operaciones de la Guerra en territorio argentino y brasileño” (1921-1933), tomo 2, pp. 437-438, Buenos Aires (siete volúmenes). Ed. Ferrari Hnos. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Esta afirmación de refuerzos estaba casi con seguridad exagerada, ya que difícilmente el ministro tuviera tropas brasileñas a su disposición. Pero, en lo que se refiere al grado en que esas palabras podían tranquilizar a Lagraña, la mención de fuerzas imperiales ayudaba, aunque no mucho.

A la par que el gobernador correntino se preocupaba por el futuro, Robles comenzó a moverse. Dejó los batallones 3 y 24 de infantería -junto con varias pequeñas piezas de artillería- para proteger el puerto de Corrientes y establecer una nueva base 15 kilómetros al sur.

El sitio fue bien elegido. La mayoría de sus veinticinco mil hombres acampó en una alta barranca desde la que se dominaba el sector donde un importante río -el Riachuelo- desembocaba en el Paraná. Desde este punto fácilmente defendible los paraguayos podían conducir ataques al Interior hasta el sur de Bella Vista.

Lagraña ya había dejado Empedrado por el relativamente seguro pueblo de San Roque, una comunidad muy pequeña en el centro de la provincia. Todo lo que él y su Gobierno podían hacer era esperar. Fuerzas irregulares correntinas y algunas unidades adheridas a Nicanor Cáceres molestaban a los paraguayos lo mejor que podían, pero la verdadera resistencia solamente podía comenzar cuando Urquiza y los brasileños comprometieran su apoyo.

El jefe entrerriano hacía tiempo que había aceptado como inevitable una próxima confrontación con Paraguay. Ahora que se había llegado a este punto, dio todos los signos de lealtad a Buenos Aires:

“Ha llegado el momento en que las palabras deben dar paso a los hechos. Ahora está en nuestras manos pelear una vez más bajo la bandera que unió a todos los argentinos en Caseros (...).
“Espero el momento de estrechar la mano de Su Excelencia y ponerme yo mismo personalmente bajo sus órdenes”(31). De acuerdo con Julio Victorica, Mitre recibió esta Nota con una sucinta exclamación: “Estamos recogiendo los frutos de una gran política”(32).

(31) Urquiza a Mitre, Concepción del Uruguay, 19 de Abril de 1865, en Bartolomé Mitre. “Archivo del General Mitre” (1911), tomo 2, p. 114, Buenos Aires (veintiocho volúmenes). Ed. La Nación.
(32) Julio Victorica. “Urquiza y Mitre (Contribución al Estudio Histórico de la Organización Nacional” (1906), pp. 487-488, Buenos Aires. Ed. J. Lajouane y Cia.; “The War in South America”, “The Times” (Londres), 21 de Junio de 1865. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Y así era en verdad. Los paraguayos aún mantenían la esperanza de que Urquiza se pasara a su campo. De hecho, Bergés estaba todavía enviando correspondencia (que Urquiza se negaba incluso a abrir) rogándole que se uniera a su lucha contra el Brasil.

El entrerriano, sin embargo, ya se había retirado demasiado como para cambiar ahora. Había sufrido una derrota diplomática en manos de Mitre en torno a la cuestión del paso por las misiones. Y había vendido caballos al Ejército Imperial(33).

(33) Justo antes de la caída de Paysandú, el socio de negocios de Urquiza, Mariano Cabral, vendió unos treinta mil equinos a la caballería brasileña y las ventas habían continuado vigorosamente desde entonces. Ver: Fermín Chaves. “Vida y Muerte de López Jordán” (1957), p. 130, Buenos Aires. Ed. Theoría. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Escribiendo desde su exilio en Francia, Alberdi desdeñosamente observó que Urquiza se había hundido al nivel de un mero caudillo local, inclinándose ante Mitre como lo había hecho alguna vez ante Rosas(34).

(34) Juan Bautista Alberdi. “El Brasil ante la democracia de América” (1946), p. 140 (carta escrita desde París en Julio de 1865). Buenos Aires. Editorial ELE. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

En forma igualmente predecible, el canciller Elizalde expresó gran satisfacción por el mismo hecho:

“Cuando el presente Gobierno argentino fue formado teníamos en contra nuestra gran parte del Interior del país, Paraguay, Uruguay, Brasil y a casi todos los diplomáticos extranjeros.
“Nuestra entente con el general Urquiza debilitó a nuestros enemigos y fuimos capaces de proceder en forma lenta pero segura con políticas independientes y, con los elementos que teníamos de nuestro lado, logramos vencer o conciliar con nuestros enemigos.
“Nos hemos hecho amigos de los representantes extranjeros; nos hemos hecho amigos del Brasil y, al dejar que las cosas tomaran su curso en el Uruguay, hemos visto desaparecer allí un Gobierno hostil para ser reemplazado por uno amigo”(35).

(35) Elizalde a Domingo Faustino Sarmiento, Buenos Aires, 11 de Octubre de 1865, citado en Luis Alberto de Herrera. “La culpa mitrista” (1965), tomo 1, p. 157, Buenos Aires (dos volúmenes). Ediciones Pampa y Cielo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Por el momento, en consecuencia, los porteños podían contar con el respaldo de muchas figuras políticas clave en el Litoral que seguirían a Urquiza con pocos reparos(36). Aquéllos que se habían opuesto a Mitre ahora lo veían como la única alternativa a una victoria paraguaya.

(36) Urquiza presionó a sus seguidores para que aceptaran la Alianza con el Gobierno Nacional y sólo unos pocos protestaron abiertamente. El periodista Evaristo Carriego, por ejemplo, cuyas diatribas pro-blancos representaban la interpretación extrema del urquicismo, ahora se encontraba perseguido en Entre Ríos. La Policía clausuró su periódico, “El Litoral”, y él mismo tuvo que exiliarse a bordo de un buque británico. Ver Domingo Comas a Urquiza, Paraná, 20 de Junio de 1865, en el Archivo General de la Nación, Buenos Aires. Archivo Urquiza. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Incluso el periódico en inglés “The Standard”, que había estado del lado de Solano López en su guerra contra el Brasil, salió fuertemente en favor del Gobierno Nacional:

“El elemento extranjero es de gran influencia y se pronunciará ahora unánimemente por el presidente Mitre y la causa argentina. Si Buenos Aires hubiera declarado primero la guerra, el caso habría sido exactamente el opuesto.
“Pero López ha roto con todas las usanzas de las naciones civilizadas al capturar una flota e invadir territorio argentino antes de una declaración de guerra.
“El presidente Mitre es una mascota con buena suerte, ya que nada podría haberle hecho más popular que la presente coyuntura, y su espada llevará en su carrera victoriosa -además del peso de pasadas glorias- el irresistible impulso de la opinión pública por una causa justa”(37).

(37) Periódico “The Standard” (Buenos Aires), 18 de Abril de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El presidente argentino creía que podía hacer converger todos los sentimientos positivos en algo perdurable más allá de la lucha con Paraguay y, a diferencia del mariscal, cuya desidia y pasos en falso ya le habían costado mucho, Mitre sabía cuándo debía golpear.

El sentimiento popular en favor de la guerra probablemente se enfriaría cuando el público se enterara de cuán pobre había sido la respuesta militar argentina hasta ese momento. Lagraña se había topado con una suerte de amotinamiento, los detalles del cual incluso hoy son poco claros(38).

(38) Gelly y Obes a Lagraña, Buenos Aires, 17 de Abril de 1865, citado en Juan Beverina. “La Guerra del Paraguay. 1865-1870 (Resumen Histórico)” (1973), tomo 2, pp. 437-438, Buenos Aires. Ed. Círculo Militar. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

En el sur, el general Nicanor Cáceres todavía debía ganarse el control firme sobre sus hombres, muchos de los cuales eran renuentes a alzarse en armas; y en cuanto a los diez mil hombres de Urquiza, había buenas razones para dudar de que pelearían alguna vez.

Mitre se daba cuenta de todo esto. Como maestro publicista que era, sabía que podía mantener estas dudas al margen por poco tiempo; pero era el tiempo suficiente que necesitaba para concluir una Alianza formal con el Imperio del Brasil.

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