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Registros y apuntes de Tomás Mazzanti sobre la Guerra contra el Paraguay (1865)

- Introducción

Los testimonios sobre sucesos históricos son parte necesaria para un mejor estudio y análisis, generando elementos casi indispensables para la investigación. Su aporte genera diferentes aristas interpretativas(1).

(1) Dardo Ramírez Braschi. “Registros y apuntes de Tomás Mazzanti sobre la Guerra contra el Paraguay. 1865” (2006), en “Anales de la Junta de Historia de la provincia de Corrientes”, Nro. 8, Corrientes.

En otras oportunidades ya hemos analizado testimonios de protagonistas y testigos de la Guerra del Paraguay, pero ahora estudiaremos el testimonio escrito elaborado por el inmigrante italiano Tomás Mazzanti(2), que se radicó en la Ciudad de Goya en el año 1857.

(2) Tomás Mazzanti nació en Florencia, el 12 de Diciembre de 1831. Llegó a Goya el 12 de Marzo de 1857 y contó con el apoyo moral y económico de José Jacinto Rolón y su hermana, Sinforosa Rolón. Falleció en Goya, el 30 de Octubre de 1904. Estas “Memorias” comenzaron a ser escritas en el año 1879 (los datos biográficos de Tomás Mazzanti fueron facilitados por el investigador Gustavo Sorg). // Citado por Dardo Ramírez Braschi. “Registros y apuntes de Tomás Mazzanti sobre la Guerra contra el Paraguay. 1865” (2006), en “Anales de la Junta de Historia de la provincia de Corrientes”, Nro. 8, Corrientes.

Estos manuscritos son un registro de los principales sucesos vividos por Mazzanti, anotados años después de los hechos, por lo que no es un diario personal con anotaciones periódicas y en tiempo real de los sucesos. Los párrafos que estudiaremos, son parte de los capítulos 42, 43 y 44 de lo que el autor denominó “Mis Memorias, Vida y Peripecias”.

La selección de los capítulos transcriptos se basan en la temática exclusiva de la Guerra contra el Paraguay, ya que el extenso texto describe cuestiones familiares, comerciales u otras vivencias, ajenas a nuestro objeto de estudio.

El texto está escrito en idioma castellano, con vestigios de modismos y términos del italiano, apreciándose, en algunas oportunidades, la mezcla de términos y grafías de ambos idiomas. La obra completa se halla inédita hasta el presente.

Cuando tratamos fuentes testimoniales, se torna imprescindible citar la advertencia de Pérez Amuchástegui, cuando afirma:

“El testigo es un personaje bien determinado, que nos informa sobre sucesos vividos por él y nos da opiniones personales sobre asuntos en los cuales tuvo injerencias o conoció de cerca. Las narraciones tienen, sin duda, singular importancia heurística; pero esto no significa por cierto, que sean necesariamente veraces (...).
“En las narraciones juega un papel principalísimo la sagacidad del historiador pues debe lograr de su interlocutor el máximo de información y procurar, mediante el diálogo, la eliminación de contradicciones e incongruencias en el relato”(3).

(3) Jorge Luis Cassini y A. J. Pérez Amuchastegui. “Las fuentes de la Historia” (1966), p. 52, Buenos Aires. Ed. Cooperadores de Derecho y Ciencias Sociales. // Citado por Dardo Ramírez Braschi. “Registros y apuntes de Tomás Mazzanti sobre la Guerra contra el Paraguay. 1865” (2006), en “Anales de la Junta de Historia de la provincia de Corrientes”, Nro. 8, Corrientes.

Las subjetividades de un protagonista llevan, ineludiblemente, a confrontar los datos con otras fuentes, para así verificar el contexto y valor de lo narrado. Cada párrafo seleccionado por su referencia precisa a los sucesos de la guerra del Paraguay, están antecedidos por una breve reseña sobre la cuestión referenciada por Mazzanti; y del mismo modo, al concluir, se hacen algunos comentarios de lo descripto por el testigo.

- Inicio de la guerra

El proceso por el cual se desencadenó la Guerra contra el Paraguay fue fruto de un complejo rompecabezas que hizo eclosión en el año 1865. Si bien la participación de la República Argentina en la guerra se puntualiza con la ocupación paraguaya a territorio correntino, existían ya voluntades e intenciones anteriores de un enfrentamiento contra el Paraguay.

La prensa porteña y algunos locuaces periódicos provincianos, crearon un clima prebélico y de ataques al Paraguay, generando una situación adversa para la solución diplomática de los problemas de la región(4).

(4) Dardo Ramírez Braschi. “La Guerra de la Triple Alianza a través de los periódicos correntinos (1865-1870)” (2004), pp. 48 a 51, Corrientes. Ed. Moglia S. R. L. // Citado por Dardo Ramírez Braschi. “Registros y apuntes de Tomás Mazzanti sobre la Guerra contra el Paraguay. 1865” (2006), en “Anales de la Junta de Historia de la provincia de Corrientes”, Nro. 8, Corrientes.

El rechazo del paso de las tropas paraguayas por territorio argentino para incursionar en el Brasil, apresuró la declaración de guerra del Paraguay a la Argentina, el 19 de Marzo de 1865. A todo ello debemos agregar también los acuerdos verbales de Argentina con el Brasil, tiempo antes de la ocupación del territorio argentino, y el definitivo compromiso a partir de la firma del Tratado de la Triple Alianza, el 1 de Mayo de 1865.

El avance paraguayo en territorio argentino se diagramó a través de dos columnas del ejército. Una, que cruzó el Paraná, alcanzando la costa del río Uruguay, para de allí dirigirse al Sur, bordeando dicho río, hasta la altura del pueblo brasileño de Uruguayana.

La otra columna tuvo como epicentro, primero, la ciudad capital de la provincia, para luego dirigirse también al sur, por la costa del río Paraná, pasando por Empedrado, Bella Vista, hasta el río Santa Lucía. Mazzanti, en su texto, comienza mencionando el conflicto contra el Paraguay de la siguiente manera:

“La casa iba adelante, los negocios bien, pero el dirigente político de la República se oscureció; ocupado en mis negocios, desde la mañana a la noche mi quehacer no me tenía al corriente de la política, y no preveía lo que iba a suceder; estábamos próximos a tener una guerra desastrosa, que debía durar años, costar tesoros, víctimas y ruinas.
“Era el día 15 de Abril del año 1865, día Viernes Santo, que nos llega la notificación que los paraguayos habían invadido la Provincia, apoderándose de la ciudad de Corrientes, que encontraron desguarnecida, desprevenida, sin declaración de guerra, un verdadero acto de barbarie (...)
“Solano López, presidente del Paraguay, dictador, déspota, ignorante, vanidoso y cruel, creía que, con tener un pueblo de esclavos subordinados a sus caprichos, podría imponer su política, su influencia, a todos los pueblos de la América del Sud, y con suavidad y absolutismo, cometió el acto de piratería, apoderándose del vapor Marqués de Olinda, y sorprender la fortaleza de Coimbra.
“Como decía en el conflicto anterior, el 13 de Abril de 1865, la escuadra paraguaya se presentó improvisa ante Corrientes, apoderándose de la ciudad sin encontrar ninguna resistencia.
“No es posible describir la consternación, la sorpresa que ocasionó aquella noticia, particularmente en mí, que había invertido una suma crecida en construir mi casa, y los muchos intereses que tenía en la campaña, que entre todos aumentaban a más de 40 mil pesos oro, que se podían considerar perdidos. Los paraguayos invadieron parte de la Provincia, y pasaron un cuerpo de ejército a Uruguayana, por Paso de Libres (...)
“En Goya, gran trastorno, llamada general, se improvisa un pequeño ejército; el jefe político, Evaristo López, forma varias comisiones encargadas de preparar camisas, blusas, para soldados, entre tanto, se sacaban de mi casa los fardos de lienzo, camisetas y otras cosas, como coco, etc., y que nunca vi un contado de esa mercadería aun los reclamos hechos después”.

La noticia de la ocupación a Corrientes por los paraguayos llegó dos días después a Goya, el 15 de Abril de 1865. Si bien se describe que la noticia causó sorpresa, se manejaba como posibilidad un final bélico, ya que el conflicto paraguayo-brasileño estaba en pleno desarrollo; la crisis en el Estado uruguayo y las publicaciones de la prensa argentina, eran elementos que construían una situación de crisis con desenlace previsible a lo que finalmente ocurrió.

Es interesante la descripción de la ciudad de Goya al recibir la noticia del avance paraguayo, así como la formación de escuadrones y la movilización general para asistir con materiales a las improvisadas tropas.

- Las tropas argentinas y la oportunidad de vender mercaderías

El avance del grueso del Ejército argentino, con la comandancia de Bartolomé Mitre, se realizó a través del territorio entrerriano, teniendo como base inicial el Departamento Concordia, y de allí incursionar hacia el Norte.

En el mes de Agosto de 1865, el apresto de la marcha se apresura, a pesar de los inconvenientes logísticos y las inclemencias climáticas, para cruzar luego hacia los Departamentos correntinos.

Otro grupo de avanzada navegó el Paraná y algunos de ellos desembarcaron en la costa goyana. Esta situación generó un movimiento inusitado de hombres, que naturalmente se convertían en potenciales consumidores de los comerciantes de la zona, más aún cuando las divisiones del Ejército no cubrían todas las expectativas. Mazzanti hace referencia a esta situación de la siguiente manera:

“El 10 de Mayo tuvimos noticias de que al Rincón de Soto habían llegado tropas de Buenos Aires, y desembarcaban en aquel puerto, mandados por el general Romero; éstos eran el plantel del ejército argentino que fue después. Se componía de dos batallones de infantería y unas cuantas piezas de artillería; los soldados se componían la, mayor parte, de enganchados extranjeros.
“Me vino una idea de llevar un cargamento de comestibles y otras mercaderías al ejército, y unido a un tal Plantose, cargué unos cuantos carros y me fui creyendo de hacer, en pocos días, un buen negocio; no hacía caso a los peligros a que me exponía, ni a la indisciplina de aquel principio de ejército.
“Fuimos, y llegamos al anochecer; el primer contratiempo fue la dificultad para instalarnos y armar nuestra carpa. Esa noche nada vendimos; pasamos la noche al raso y frío. Lo que ganamos fue que nos robaran unas damajuanas de ginebra, emborrachándose unos cuantos y, a la mañana, nos amenazaron los oficiales y lo más lindo fue que los carros se habían ido a Goya, y nos llegó la noticia que las tropas debían nuevamente embarcarse, porque los paraguayos que habían llegado cerca de Santa Lucía, pensaban dar su golpe contra la poca fuerza porteña.
“No había otro remedio que volver a Goya, y la mercadería abandonarla, que no teníamos vehículos para volverla a llevar; el compañero que poco aún de capital tenía en ella, quería dejar todo; pero asimismo convenía, y conseguí que se quedase hasta que no viera la cosa mal parada, mientras que yo, de un galope, me iría a Goya a traer los carros necesarios para salvar la mercadería. Subía a todo galope en compañía de un francés (...), porque ir solo era algo peligroso al pasar el río Santa Lucía.
“Pasamos el río, y cerca del arroyo Carancho, encontramos unos cuantos soldados de caballería correntina que venían de Goya, todos borrachos, y al momento que nos vieron, nos trataron de gringos, amenazándonos; asustado el compañero, se disparó, mientras que uno de los soldados me acertó un sablazo, que por fortuna, sólo me cortó una rienda, y golpeó sobre la delantera de la silla de montar. Tenía un revólver; le largo un tiro, acertándole en la cabeza, y cae.
“El caballo, con el tiro, se asusta y dispara, no pudiéndolo sujetar más por tener la rienda cortada, lo que me lleva en una carrera vertiginosa; me persiguen; el griterío asusta más al caballo, dejando muy lejos aquéllos hasta que ruedo y recibo un golpe en la cabeza contra un tronco de árbol, y quedo ahí desmayado.
“Vuelto en mí del golpe recibido, me encuentro solito; puedo levantar el caballo y mal remendar las riendas, llegando a Goya, que encontré toda alborotada, porque el francés fue diciendo que los paraguayos iban llegando, y que a mi me habían muerto; me puse en cama, con gran susto de mi pobre mujer; el día después me levanté, fui a llevar los carros, que con dificultad conseguí, porque nadie quería aventurarse.
“Romero, con su pequeño ejército, había vuelto a embarcarse, y los paraguayos estaban en el pueblo de Santa Lucía, y los pocos correntinos montados por el coronel Reguera, se habían replegado de este lado del Santa Lucía y acampado en la estancia Perugorría; y vine a saber que el soldado que me atropelló, estaba herido, y no grave, en la cabeza.
“Encontré al compañero, que por medio de las carretas, que llevaban el parque del coronel Reguera, había podido cargar parte de la mercadería, que volvimos a cargar en los carros, volviendo a Goya con una pérdida de 1.080 pesos oro más o menos.
“Las fuerzas argentinas fueron a Corrientes, apoderándose de aquella ciudad, sacrificando bastante gente, sin resultado, porque al día después volvieron a abandonarla”.

Mazzanti describe que los primeros batallones desembarcaron en Rincón de Soto y cuya conformación era, en su mayoría, extranjeros. La indisciplina de las tropas se manifestó en los robos sufridos por el propio Mazzanti, y la improvisación del momento, ya que no se sabía cómo reaccionar ante el avance de la columna paraguaya, por lo que los batallones porteños embarcaron nuevamente. El momento de desconcierto reinaba por toda la región, lo que se refleja en el párrafo anterior.

- Los paraguayos ocupan Goya

En 1865, el pueblo de Goya era una población de referencia importante en el Sudeste correntino, pero no pasaba de ser un pequeño pueblo de campaña. Su organización política estaba conformada, principalmente, por un Jefe político, un Juez de primera instancia, dos Juces de Paz, y cuatro Jueces Pedáneos distribuidos en todo el Departamento, además del Concejo Municipal respectivo.

Su puerto adquirió fundamental importancia en 1865 ya que va a ser, junto al de Esquina, el punto de anclado de los barcos aliados, en los primeros meses de la guerra hasta el Combate del Riachuelo, el 11 de Junio.

Respecto al avance paraguayo, el grueso de la tropa hizo primeramente campamento al margen derecho del río Santa Lucía. Sólo algunos batallones se dirigieron más al sur y ocuparon provisoriamente el poblado de Goya.

“El 3 de Junio, a las 10 a.m., los paraguayos entraban en Goya; la mayoría de los habitantes se habían retirado por la Esquina, y sólo una pequeña parte del comercio extranjero había quedado; los paraguayos formados en el piso (hoy plaza San Martín), desprendieron una división para apoderarse del cuartel, y fueron recibidos por una comisión, partidarios de ellos.
“Con ellos venían unos cuantos correntinos traidores, mandados por un viejo indio barrigón, muy feo, llamado Duarte, del Empedrado.
“Los pocos comerciantes que habíamos quedado nos llamaron al cuartel; un coronel paraguayo, nos hizo un discurso, y nombró Jefe político al viejo Alejo López Lecube, un gran santurrón intransigente, que cuando lo hicieron jurar, no quiso hacerlo si primero no se eliminaba del juramento la palabra patriotismo. El coronel paraguayo se sonrió y permitió eso, y el animalote de D. Alejo juró.
“Unos cuantos paraguayos y correntinos saquearon la casa de Julio Solari, y a los que más se los distinguieron en esa fechoría fue el (ilegible) del pueblo, la canallada en esos momentos se distingue en todas partes por civilizado que sea un país y en todas épocas.
“Se decía que habían saqueado también la casa de Baibiene; no fue cierto. En una carreta le llevaron dos arrobas de azúcar, algunas bolsas de galletas y un fardo de lienzo (...). La casa estaba cerrada, me pidieron un fardo de lienzo y le di sólo 20 piezas (...); de estos hechos aislados, se portaron bien, y no faltaron muchachas que miraban con ojos de pescado a los oficialistas paraguayos, y claramente decían: ¡Qué mozo simpático aquél! De éstas, todavía viven dos matronas de la alta aristocracia (...).
“A la tarde, los paraguayos se retiraron del pueblo, dirigiéndose a Santa Lucía, quedando por atrás unos cuantos correntinos, escondidos, metidos entre los ranchos.
“A la noche no había autoridad; el Jefe político, el viejo Alejo, sin soldados, se encerró en su casa, y toda la noche siguió rezando Rosarios, mientras que unos chinos borrachos en el paraje llamado Cambá Cuá, en un rancho que todavía subsiste cantaban, a gritos, canciones obscenas, un negro tocaba una mala guitarra, y unos cuantos gauchos (ilegible) gritando: '¡Viva la cinta punzó!', como en tiempos de Rosas; otros iban robando las casas abandonadas y llevaban el producto de sus fechorías de aquéllas; todavía uno de esos chinos anda pidiendo limosna por la ciudad.
“Los paraguayos se habían retirado, pero amenazaban volver, y los pocos habitantes que se habían quedado iban a emigrar; mi señora lloraba asustada temiendo la vuelta del enemigo, que decía iba a saquear...”.

Al momento del ingreso de las fuerzas paraguayas a Goya, ésta estaba casi abandonada por el temor propio de la situación. De acuerdo al testimonio de Mazzanti, un grupo de paraguayistas recibe a los paraguayos, que estaban acompañados por algunos correntinos. Las descripciones del testigo sobre los sucesos puntuales y particulares, brindan una aproximación detallada de cómo fueron esos momentos en Goya.

- Pena, enfermedad y desolación

Mazzanti se había trasladado a Corrientes, acompañado de toda su familia, optando por dedicarse enteramente a sus negocios en la provincia. En Goya,

“... no había un médico en la población, sólo al día después dio la casualidad que el doctor Cosaccia había vuelto también de la Boca, visitó a los enfermitos que encontró bastantes graves, particularmente mi señora, que esa tarde salió de cuidado, dando a luz una niña que al momento falleció y que habíamos destinado llamar Anita.
“Los enfermos iban agravándose, y tuve el inconsolable dolor de perder a mi querido hijo Tomás, que falleció de una pulmonía fulminante; tenía 2 años y 1/2; Tomasito y Anita están enterrados en la misma casa donde ahora subsiste el club. Los enterré en casa, porque el cementerio estaba abandonado, no había autoridad de ninguna especie en aquellos días en Goya; los que fallecían, los enterraban donde querían, si no, los abandonaban en algún rincón del camposanto. Esto fue la causa de haberlos enterrado en casa, donde ahora esta el salón del Club Social”.

Este párrafo nos muestra los inconvenientes sanitarios que trajo por resultado la guerra, la ocupación de todos los recursos humanos para la contienda, y el abandono consecuente de los poblados. La atención de las autoridades gubernamentales estaba centralizada en la situación bélica y todo recurso lo absorbía el Ejército.

- Retiro de las tropas paraguayas de Goya

La ocupación efectiva de los paraguayos del territorio correntino fue realmente efímera, de tan sólo un poco más de cinco meses. Todo ello por los reveses militares (Uruguayana, Yatai, Riachuelo, entre otros) y el fracaso del acuerdo que pretendían alcanzar con autoridades de la provincia de Entre Ríos.

Para el mes de Octubre las tropas paraguayas ya habían abandonado Corrientes. Sólo realizaban ataques esporádicos y sorpresivos cruzando el río, para regresar después de la incursión.

La flota de Brasil era la más importante de la Triple Alianza y estaba a su cargo la protección fluvial y de las costas correntinas. El puerto de Goya fue visitado reiteradamente por estos buques.

“Con la llegada de la escuadra brasileña en el pueblo había vuelto la calma; de a poco, las familias volvían al pueblo. Los paraguayos que habían invadido el Brasil por el río Uruguay, se habían atrincherado en el pueblo de Uruguayana. Este ejercito, dirigido por generales incapaces, que la desconfianza del tirano López hacía depender de sus caprichos, impedía efectuar aquellos movimientos estratégicos, que sólo el que se encuentra (ilegible) puede conseguir a creer necesario, además: ¿Qué simpatía podían atraer los paraguayos? ¿Qué novedad a los pueblos que invadían ...?
“Lo que iban a traer era el despotismo, el saqueo, el desorden, la guerra con todos sus horrores, no por un bien, no por una conquista, la guerra por el capricho de un Calígula en miniatura, y su prostituta.
“Sitiados lo paraguayos en Uruguayana por los ejércitos brasileños y argentinos, parte se vieron en la necesidad de rendirse, parte padecieron de enfermedad y parte combatiendo, y los que pudieron volver a pasar el río Uruguay concluyeron en la batalla de Jatay, paraje poco distante de Paso de Libres.
“Con estos reveses, las divisiones que ocupaban los márgenes del río Paraná, se replegaron sobre Corrientes, destruyendo todos los establecimientos pastoriles que dejaban por atrás, llevándose la hacienda y caballada y matando lo que no podían llevar, resultando que muchas familias que tenían una fortuna ante la guerra, ahora quedaban en la miseria.
“Mientras tanto, el ejército victorioso pasó el río Corriente, dirigiéndose al Empedrado, y la escuadra brasileña sostenía la marcha en adelante, forzando la derecha del ejército paraguayo con la batalla naval del Riachuelo, donde quedó completamente destruida la escuadra paraguaya; con esta pérdida, no le quedaba a los paraguayos otro recurso que abandonar la provincia de Corrientes y llevarse la guerra a su territorio.
“López, el Calígula en miniatura, ordenó que, al abandonar Corrientes, se llevaran las familias de los que militaban en el Ejército Aliado”.

Es notablemente manifiesta la opinión del redactor respecto al presidente del Paraguay, que lo expresa reiteradamente en la mayoría de los párrafos. El fragmento anterior es una descripción del movimiento militar de las columnas paraguayas en territorio correntino, y el fracaso de dicha ofensiva.

Por último hace mención de la noticia de las cautivas que fueron llevadas al territorio paraguayo, sin dar precisión ni mayores datos.

- Los paraguayistas

Así como la batalla de Caseros no hizo desaparecer como por arte de magia a los rosistas del escenario político, de la misma manera la batalla de Pavón no aniquiló a los federales y opositores de la hegemonía porteña.

En Corrientes, como en las demás provincias, existieron sectores políticos huérfanos políticamente después del triunfo de Buenos Aires en 1861, vinculados todos por una idea en común, la oposición a la hegemonía de Buenos Aires.

Las consecuencias internacionales de la guerra contra el Paraguay, tienen similares dimensiones que las cuestiones políticas internas de cada uno de los Estados partícipes. No podemos comprender la misma, sin una visualización clara de las crisis políticas institucionales de cada uno de los países. Aquel conflicto internacional no fue más que una prolongación de los conflictos internos de cada uno de los países, que hicieron eclosión en los años 1864-1865.

En ese marco histórico, la sociedad política correntina no constituía una masa ideológica uniforme. Existieron dos sectores perfectamente identificados desde antes de la guerra: los liberales, fortalecidos por la inercia de Pavón y poseedores del poder político desde aquella batalla; y el otro sector, denominado federal o urquicista, herederos lineales del proyecto provinciano en oposición a Buenos Aires. En ese contexto, debemos analizar el pensamiento y las mentalidades de la época.

Al estallar el conflicto bélico, algunos miembros más comprometidos del sector federal visualizaron esta contienda como la posibilidad de enfrentar y destruir el proyecto porteño triunfante hasta entonces. Optaron por colaborar e identificarse con el Paraguay. Creyeron que aquella contienda tenía fuertes connotaciones internas, vinculados a cuestiones políticas locales no resueltas y que adquirieron forma en esta guerra regional.

Existieron otros momentos en que correntinos empuñaron las armas en alianza a una bandera extranjera: el ejército correntino comandado por el general Juan Lavalle, en 1840, terminó disgregado cruzando al Paraná con la protección de naves de guerra francesas; vaqueanos correntinos fueron prácticos de los barcos de guerra ingleses, en 1845 y 1846, guiándolos por los canales del río, para que llegasen a Corrientes y Asunción; la alianza brasileña en la batalla de Caseros, en contra de Rosas.

Estos sólo son algunos ejemplos en donde la alianza con fuerzas de otros países se hizo notar. Cabe aclarar que debemos marcar una diferencia no menor entre todas estas situaciones citadas. La identificación cultural e histórica que existía en la alianza de un sector político correntino con paraguayos, tiene una dimensión y connotación totalmente distinta en el siglo XIX, que una alianza con franceses, ingleses o brasileños. En otra investigación, ya nos abocamos, con mayor detenimiento, a este tema puntual, al que nos remitimos(5).

(5) Dardo Ramírez Braschi. “La Guerra de la Triple Alianza a través de los periódicos correntinos (1865-1870)” (2004), Corrientes. Ed. Moglia S. R. L. // Citado por Dardo Ramírez Braschi. “Registros y apuntes de Tomás Mazzanti sobre la Guerra contra el Paraguay. 1865” (2006), en “Anales de la Junta de Historia de la provincia de Corrientes”, Nro. 8, Corrientes.

En esta oportunidad, Mazzanti aporta una visión de aquel sector comprometido con los paraguayos:

“No faltaron traidores a la patria; un tal Pelegrín Lotero, de Corrientes, abanderado de la Guardia Nacional, se pasó a los paraguayos, llevándose la bandera del batallón; un tal Benjamín Romero, doctor en Leyes; un tal Contreras, también doctor, fueron agentes paraguayos; un español; un tal Aguilar y Sevilla, Procurador, fue espía del Paraguay, y debido a este bribón fueron fusilándose unos cuantos, y quién creería que estos buenos sujetos, con otros que todavía viven, poco tiempo después de la guerra llegaron a ocupar puestos importantes, no sólo en la provincia, en la República, mientras que los que combatieron en defensa de la patria, ahora que escribo, están emigrados en el extranjero, o fueron asesinados”.

El aporte de Mazzanti de citar algunos paraguayistas, manifiesta cómo se proyectó, en la política interna correntina, el enfrentamiento y hostigamiento mutuo de un sector con otro hasta tiempo después de concluida la guerra. Es interesante remarcar la afirmación: “... Pelegrín Lotero, de Corrientes, abanderado de la Guardia Nacional, se pasó a los paraguayos, llevándose la bandera del batallón”.

La cuestión de pertenencia e identidad nacional a través del simbolismo de la bandera, se manifiesta reiteradamente en varios acontecimientos relacionados a los correntinos que combatieron en los batallones paraguayos. Es una constante que, en todos los casos, siempre se agrupaban tras la bandera de Corrientes o la argentina, pero nunca sin el acompañamiento de ésta.

Así, por ejemplo, el flameo de la bandera argentina en Corrientes durante la ocupación paraguaya(6), hecho manifestado también en el diario personal de Pedro Igarzábal(7).

(6) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Copiador de Nota del Ministerio de Gobierno, Años 1865-1869, Legajo 24, f. 135.
(7) Wenceslao Néstor Domínguez. “La toma de Corrientes” (1965), pp. 74 y 75, Buenos Aires. // Todo citado por Dardo Ramírez Braschi. “Registros y apuntes de Tomás Mazzanti sobre la Guerra contra el Paraguay. 1865” (2006), en “Anales de la Junta de Historia de la provincia de Corrientes”, Nro. 8, Corrientes.

También Víctor Silvero, cuando fue acusado ante la Corte Suprema de Justicia por el delito de traición a la patria, en su alegato claramente afirma que los batallones correntinos siempre estuvieron precedidos por la bandera correntina y la argentina(8). Mazzanti viene a confirmar documentaciones anteriores que publicamos ya hace algunos años(9).

(8) Archivo General de la Nación, Sala VII, Cuerpo 10, Armario 5, Nro. 12 // fs. 110 y 110 vuelta.
(9) Dardo Ramírez Braschi. “La Guerra de la Triple Alianza a través de los periódicos correntinos (1865-1870)” (2004), Corrientes. Ed. Moglia S. R. L. // Todo citado por Dardo Ramírez Braschi. “Registros y apuntes de Tomás Mazzanti sobre la Guerra contra el Paraguay. 1865” (2006), en “Anales de la Junta de Historia de la provincia de Corrientes”, Nro. 8, Corrientes.

- Actividades comerciales de Mazzanti vinculadas a la guerra

El territorio de la provincia de Corrientes, en los primeros meses de la guerra, fue campo de batalla, para luego convertirse en campo de logística y aprovisionamiento. Los ejércitos aliados demoraron algunos meses en cruzar definitivamente el Paraná e insertarse en territorio paraguayo.

En ese ínterin, de reaprovisionamiento y organización, la totalidad de los ejércitos aliados se ubicaron en una franja territorial de varios kilómetros entre la Capital y hasta más allá de Itatí. Esto generó un trajinar continuo de comerciantes y aparición de comercios itinerantes, que ofrecían los más diversos artículos, como ser prendas, cigarros, bebidas alcohólicas, etc.

Los oficiales y los miembros del Ejército acomodados, visitaban la ciudad de Corrientes para distraerse algunos días, alojándose en el Hotel de Comercio, en el Hotel de los Aliados, o en casas particulares, lo que generó un movimiento inusitado en aquella época. Todo ello también dimensionado por el movimiento de barcos que adquirió el puerto de Corrientes, cuyo arribo y partida se contaba por cientos.

Mazzanti, como comerciante, también intentó sacar ventaja de la situación y describió lo siguiente:

“Al abandonar los paraguayos Corrientes, me vino la idea de transferirme a aquella ciudad, para ver qué especulación podía establecer, aprovechando de la situación política y ver si podía remediar algo a los reveses tenidos; me contagió la epidemia de las especulaciones, fiebre de aquella época, que arruinó a muchísimos, y pocos enriquecieron.
“Me embarqué en el vapor ‘Esmeralda’, que encontré atestado de pasajeros, la mayor parte emigrantes que volvían a sus hogares, entre ellos las familias Cabral, Colodrero, Montiel, Lagraña, y otras que no recuerdo el nombre; al llegar a Corrientes, hacía tres días que se habían retirado los paraguayos.
“En el viaje hice relación con el más hipócrita que haya conocido, un tal Carlos Dussio, genovés, que había sido ecónomo del Club Progreso, en Buenos Aires; parecía hombre de bien y convenimos establecer en Corrientes un gran hotel que se llamase Hotel de los Aliados, y a ese fin alquilamos la casa del Sr. Fernández, casa de alto y de muchísimas comodidades; volví a Goya para los útiles, mercadería y dinero, que necesitaba para establecer esta clase de negocio y mi nuevo socio fue con el mismo fin a Buenos Aires.
“De vuelta llevé uno de los carpinteros Fagetti, y como ellos habían tenido muebles, les compré, y di principio en arreglar el gran hotel; cuando todo estaba listo, llegó el socio Dussio de Buenos Aires; volví a Goya, para traer la familia a Corrientes; error grandísimo, porque al retirar la familia, debía haber primero liquidado el negocio, o llevar todas las mercaderías a Corrientes; tenía demasiada confianza en el dependiente Dionisio Solá, que creía el flor de la honradez.
“En el vapor ‘Espigador’ embarqué la familia, que iba cargadísimo de pasajeros, que no había comodidad ni por la mitad de los que llevaba. Entre los pasajeros iba la familia del general Rivas y del general Romero, unos porteños llenos de humo y pretensiones. Muchísimo trabajo me costó conseguir una cucheta para mi señora y criaturas; a la mañana, estábamos en Corrientes.
“El negocio del hotel marchaba bien; ganábamos dinero en abundancia, la oficialidad brasileña, la argentina y oriental, los proveedores, especuladores y comerciantes, los jugadores y demás seres que siguen los ejércitos de tropa en tropa, y que viven de estafas y otras maldades, concurrían al hotel y gastaban sumas.
“Tenía 3 cocineros, 2 lavaplatos y ocho mozos de servicio, y apenas dábamos (ilegible) a tanta gente; habíamos pagado todos los compromisos del hotel, y en caja había 800 esterlinas, pero mi mala estrella, que siempre me persigue, puso los puntos: me enfermé gravemente de fiebre, estaba tirado en cama, con gran contento del socio Dussio, que creía que conduciría, de irme al Camposanto.
“Había hecho desaparecer los Libros, quedando un mal borrador, aprovechando para robarme; cuando mejoré, pedí los libros, dijo que los habían robado junto con otras cosas.
“Sospechando pedí la llave de la caja, encontré que sólo había unas 50 esterlinas; pedí qué se había hecho del dinero que había, y lo que se había hecho en los 15 días que estaba en cama. Me contestó que se había gastado y todo lo que había estaba en Caja”.

Los negocios de Mazzanti en Corrientes se concentraron en el Hotel de los Aliados, el que alcanzó prosperidad gracias a los constantes visitantes a la ciudad, como él mismo lo describe.

Corrientes se convirtió en un centro importantísimo de la política nacional. Era la ciudad argentina más cercana al presidente de la República en campaña militar, punto de abastecimiento de los comerciantes de la región, lugar de encuentro de familiares con los altos oficiales del Ejército y también de todo aventurero aprovechándose de la situación excepcional que brindaba la guerra.

Corrientes cambió, por algunos meses, su fisonomía pueblerina, para transformarse en la ciudad estratégica en la guerra que recién se iniciaba.

- Conclusiones

El testimonio de Tomás Mazzanti viene a aportar una narración de los hechos desde dos puntos de vista particulares:

a.- La visión de un comerciante extranjero; y
b.- En el marco geográfico del pueblo de Goya. Su importancia radica en el aporte de nuevos elementos y datos que sirven para confrontar con otras fuentes documentales.

Existe una constante en todo el relato de Mazzanti, que es su actividad comercial. Todo gira en derredor de ello; sus viajes, sus inversiones, su vínculo social; en definitiva, la causa última de sus peripecias en estas tierras.

No conocemos otros registros de civiles que han dejado testimonio de la guerra del Paraguay desde la Ciudad de Goya, razón que enriquece, aún más, los registros de Mazzanti.

- Bibliografía usada por el autor

* Archivo del general Mitre. Biblioteca “La Nación”. Buenos Aires. Año 1911.
* Beverina, Juan. “La Guerra del Paraguay”. Tomos I al V. Buenos Aires. Año 1921.
* Burton, Richard F. “Cartas desde los campos de batalla del Paraguay”. Librería El Foro. Buenos Aires. Año 1998.
* Cárcano, Ramón. “La Guerra del Paraguay”. Ediciones Domingo Viau y Cia. Buenos Aires. Año 1941.
* Centurión, Juan Crisóstomo. “Memorias o reminiscencias históricas sobre la Guerra del Paraguay”. Tomo I. Editorial Casa Libro. Asunción (Paraguay). Año 1976.
* Cresta, Juan José. “La correspondencia que generó una guerra”. Ediciones Convergencia. Buenos Aires. Año 1984.
* Domínguez, Wenceslao Néstor. “La toma de Corrientes”. Buenos Aires. Año 1965.
* Mantilla, Manuel Florencio. “Crónica histórica de la Provincia de Corrientes”. Tomo II. Buenos Aires. Año 1972.
* Nabuco, Joaquín. “La Guerra del Paraguay”. Versión castellana de Gonzalo Rejaraz. Ed. Garnier Hermanos. París. Año 1901.
* Pomer, León. “Cinco años de guerra civil en la Argentina 1865 - 1870”. Buenos Aires. Amorrortu Editores. Año 1986.
* Ramírez Braschi, Dardo. “La guerra de la Triple Alianza a través de los periódicos correntinos (1865 - 1870)”. Corrientes. Moglia Ediciones. Año 2004.
* Rebaudi, A. - “Guerra del Paraguay”. Imprenta Constancia. Buenos Aires. Año 1917.
* Rebaudi, Arturo. “La declaración de guerra de la República del Paraguay a la República Argentina”. Buenos Aires. Ed. Serantes Hnos. Impresores. Año 1924.
* Rosa, José María. “La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas”. Buenos Aires. Peña Lillo Editor. Año 1985.
* Thompson, Jorge. “La guerra del Paraguay”. Tomos I y II. Talleres Gráficos de L. J. Rosso y Cia. Buenos Aires. Año 1901.
* Zjarks, Germán O. E. - “Nueva luz sobre el origen de la Triple Alianza”. Revista Historia Número 1. Octubre - Diciembre 1977. Buenos Aires.
Fuentes inéditas
* Mazzanti, Tomás. “Mis memorias, vida y peripecias”. Archivo y Biblioteca de “La Casa de la Cultura de la ciudad de Goya” (Ctes.).

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