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La batalla del Riachuelo

El asalto del 25 de Mayo de 1865 a Corrientes demostró una debilidad importante en la estrategia del mariscal: sin el completo control del río Paraná, su flota no podía mantener al coronel Wenceslao Robles adecuadamente aprovisionado y el avance de éste a Entre Ríos fracasaría por falta de suministros.

Los buques del almirante Francisco Barroso estaban en el Paraná justo en el lado opuesto del Riachuelo, que a su vez estaba dividido por una isla en dos canales: uno al norte y otro al sur. Desde esa posición, las Fuerzas navales brasileñas podían causar permanentes problemas a los paraguayos, como ya había quedado probado cuando transportó las tropas de Paunero a Corrientes durante el asalto. Podían hacer lo mismo en cualquier momento.

Solano López decidió enfrentar esta amenaza antes de que cualquier buque de guerra llegara desde Buenos Aires o Río de Janeiro. El 9 de Junio de 1865 el mariscal dejó la pasarela de su buque insignia y puso un pie en el muelle de Humaitá. Después de una corta ceremonia de bienvenida, convocó a una reunión a sus oficiales principales para discutir un ataque contra la flota enemiga.

Representando a la Armada en estas sesiones estaba el capitán Pedro Ignacio Meza, comandante de la flota; el capitán Remigio Cabral, segundo en comando; y el teniente Pedro B. Gill Aguinaga, comandante del “Yvera”. Por una vez el mariscal pidió consejo a sus subordinados: ¿Cuándo debería tener lugar el ataque y cómo? Al unísono, los oficiales navales argumentaron a favor de un ataque bien temprano a la madrugada, al menos dos horas antes del amanecer, para capitalizar la mayor ventaja posible del elemento sorpresa(1).

(1) “Memorias del capitán Pedro B. Gill Aguinaga” (Asunción, 1888), en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 137, Nro. 10; Ricardo Scavone Yegros. “Testimonios sobre la Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza” (1997), en “Historia Paraguaya”, Nro. 37, pp. 260-262, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

En esto coincidían con John Watts, Jefe Ingeniero del “Tacuarí”, quien varios años antes había servido con la misma función en la Armada Imperial. En su viaje río abajo, Solano López había buscado su consejo en relación con el plan de atacar el escuadrón enemigo; el mariscal se complació al escuchar de su boca que los brasileños eran unos ineptos y el almirante Barroso un absoluto cobarde. Un ataque directo antes del alba -indicaba el ingeniero británico- tendría toda la chance de barrerlos por completo(2).

(2) Charles Ames Washburn. “History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), tomo 2, pp. 65-66. Ed. en Nueva York y Boston. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Con media docena de certeros cañonazos desde el “Tacuarí” o sus barcos hermanos, todo el equilibrio de poder en el Plata podría inclinarse en favor de los paraguayos. Watts y los oficiales navales estaban claramente en lo correcto acerca del plan de ataque, pero había detalles tácticos que interferían con su realización.

Entre los oficiales de ejército presentes en la reunión estaba Franz von Wisner, el astuto húngaro que había comandado las Fuerzas paraguayas en 1849. El coronel Wisner nunca se había verdaderamente probado como líder de hombres en combate, pero seguía siendo uno de los mejores ingenieros militares al servicio del Paraguay.

En esta ocasión, se levantó para puntualizar a los oficiales reunidos que, incluso con la sorpresa a su favor, la Armada todavía tenía que enfrentar el fuerte poder de fuego enemigo. La flota de Barroso en ese momento consistía en once buques de guerra con sesenta y ocho cañones, frente a nueve barcos de Meza con cuarenta y cuatro cañones. Wisner sugirió que compensaran esa diferencia haciendo que los hombres de Meza remolcaran seis chatas a la batalla detrás de ellos.

Estas chatas eran pequeñas barcazas de doble proa con flotadores de madera, sin cubierta, que se hundían unas pocas pulgadas en el agua y sobresalían apenas unos veinte centímetros de la superficie. Esto dejaba espacio para tres o cuatro marineros para operar un único mortero o un cañón de 8 pulgadas. Las chatas no tenían propulsión propia, por lo cual los paraguayos tenían que remolcarlas y luego manejarlas a sirga para ponerlas en posición de fuego. Por esta razón, Meza se oponía a su utilización, argumentando fuertemente que entorpecerían su velocidad y maniobrabilidad(3).

(3) Juan B. Gill Aguinaga. “La Batalla del Riachuelo” (1968), p. 2, Asunción. Ed. Academia Paraguaya de la Historia; Enrique Roibón. “Guerra del Paraguay: Llegada de la Escuadra Aliada al Puerto de Corrientes (Reflexiones respecto del Combate del Riachuelo)” (1910), pp. 9-17, Corrientes. Ed. Estab. Tipográfico B. Fages. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Finalmente, Solano López aprobó el plan de Wisner. Fue más allá y ordenó al coronel José María Bruguez ubicar tres baterías de artillería (veintidós cañones de distintos calibres y unos cuantos cohetes Congreve) a lo largo de la orilla izquierda del Paraná al norte del Riachuelo. Estas piezas, que el coronel tenía que trasladar desde Humaitá, proporcionarían fuego de apoyo a la flota paraguaya(4).

(4) “Combat naval du Riachuelo”, en la “Revue Maritime et Coloniale” (1865), Nro. 15, p. 215, París. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Adicionalmente, el mariscal ordenó a Meza suplementar sus fuerzas con hombres del batallón 6 de Marina, conocido como los “nambi’i” (oreja pequeña), quienes tenían que colaborar con la captura de buques enemigos. Esta unidad, compuesta enteramente por negros paraguayos del diminuto pueblo de Laurelty, ya se había probado durante las luchas en Mato Grosso(5).

(5) Benigno Riquelme García. “Capitán Pedro Ignacio Meza (Comodoro infortunado de la Marina de otrora”, en “Historia Paraguaya” (1967-1968), Nro. 12, p. 41, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Junto con los marineros de la fuerza de ataque, estos hombres estuvieron todo el 10 de Junio cargando municiones en los vapores y escuchando las arengas. El mariscal, lleno de entusiasmo por la próxima pelea, encendía sus palabras con elegidos insultos en guaraní y urgía a sus soldados y marineros a lanzar a los macacos al río. Los hombres respondían con sincero regocijo. Se olvidaban por un momento de su previa aprensión y se sentían confiados, listos para la batalla. López les mandó a traer prisioneros de su victoria: “¿Para qué queremos prisioneros? Los mataremos a todos”, fue la estruendosa respuesta. “No”, se rió el mariscal, “traigan algunos prisioneros»”(6).

(6) George Thompson (1869). “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War”, p. 72, Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El plan era que el capitán Meza partiera la noche del 10 de Junio de 1865 con nueve barcos remolcando tres chatas, amarrara tres más en Paso de la Patria y luego atacara la flota brasileña justo antes del amanecer. El sol saldría detrás de los paraguayos que, al pasar al costado de los brasileños, les dispararían todo lo que pudieran. Meza ejecutaría luego un rápido retorno y cada vapor paraguayo se pondría al lado de un buque enemigo y dispararía de nuevo antes de las operaciones de abordaje.

Para entonces, los desmoralizados brasileños se agolparían unos con otros para tirarse al agua y nadar hasta la costa del Chaco. Como el 13 de Abril, los paraguayos coronarían su victoria llevando los vapores capturados a Humaitá.

El plan del mariscal tenía muchos puntos cuestionables. Era cierto que, a diferencia de su propia flota, la del Imperio estaba diseñada como parte de una Armada de alta mar. Los paraguayos, quienes no habían leído los recientes logros del almirante Farragut en el río Misisipí, esperaban que los brasileños encontraran difícil maniobrar una vez comenzada la lucha. Los marineros brasileños, más aún, todavía eran inexpertos en operaciones fluviales. Cualquiera que hubieran sido las acciones que hubiesen visto en Paysandú no los prepararía para el tipo de batalla que Solano López tenía en mente.

Pero el almirante Barroso estaba mejor organizado de lo que los paraguayos creían. El Imperio había declarado un bloqueo contra el Paraguay ya el 26 de Enero de 1865 y los buques de guerra brasileños habían estado en aguas correntinas desde finales de Abril. Barroso ya entendía las condiciones de esa sección del Paraná incluso mejor que los paraguayos quienes, por su poco conocimiento del río, todavía corrían el riesgo de encallar sus barcos en los cambiantes bancos de arena que los pilotos brasileños ya habían divisado(7).

(7) El buque insignia de Barroso, el “Amazonas”, había encallado sólo unas semanas atrás y el almirante no estaba muy dispuesto a que ello ocurriera de nuevo. Loren Scott Patterson. “The War of the Triple Alliance (Paraguayan Offensive Phase. A Military History)” (1975), p. 197, disertación doctoral, Georgetown University. Washington, D.C. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Además, con Tamandaré en Buenos Aires, Barroso podía organizar su estrategia sin la interferencia de su usualmente irascible superior. Los brasileños tenían varias otras ventajas. La flota imperial estaba enteramente conformada por vapores bien armados y autopropulsados, todos los cuales habían sido construidos como buques de guerra. Los barcos a disposición de Barroso incluían el”Amazonas”, el “Jequitinhonha”, el “Belmonte”, el “Parnahyba”, el “Ypiranga”, el “Mearim”, el “Yguatemí”, el “Araguarí”, el “Beberibé”, el “Ivaí” y el “Itajaí”.

Los últimos dos se habían trasladado río abajo hasta Bella Vista, pero estaban lo suficientemente cerca como para que Barroso los pudiera hacer traer en una emergencia. Los restantes nueve permanecían anclados en el lado chaqueño del río, a cinco minutos de Corrientes. En ese momento, Barroso no tenía barcos argentinos bajo su comando.

Los brasileños tenían excelente visibilidad del río desde su posición, mientras que dos islas de las inmediaciones les proporcionaban protección frente a cualquier fuerza que proviniera del Norte. Barroso tenía a todos sus hombres en alerta y los marinos imperiales constantemente vigilaban cualquier movimiento sospechoso en la orilla opuesta. Pensaba que un asalto naval era probable en cualquier momento y por lo tanto colocó un barco piquete río arriba.

Expresando su preocupación, el almirante emitió una clara directiva el 30 de Mayo:

“Mantener máxima vigilancia. Tener hombres armados y en alerta en puestos de combate a toda hora del día y la noche. No emitir señales de audio después del anochecer y reducir al mínimo el uso de luces que puedan ser vistas a distancia. Disponer de redes de abordaje, arena para aplacar el fuego, artillería lista ubicada a la mínima elevación, con municiones en posición de los cañones”(8).

(8) Inácio Joaquim da Fonseca. “A Batalha de Riachuelo” (1883), p. 10, Río de Janeiro. Ed. Lombaerts & Comp; Miguel Calmon. “Memorias da Campanha do Paraguay” (1888), pp. 44-45, Pará. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Barroso no tenía intenciones de ser tomado por sorpresa. En contraste, de los ocho barcos paraguayos que iban a tomar parte en el ataque, sólo el “Tacuarí” había sido específicamente construido como buque de guerra. El resto eran embarcaciones mercantes convertidas y tenían soldados ubicados sobre la línea de flotación, vulnerables al fuego enemigo.

El “Salto Oriental”, de 300 toneladas, que el Paraguay había comprado recientemente de Anacarsis Lanús, y el “Pirabebé”, de 120 toneladas, eran autopropulsados a hélice. Todos los demás se desplazaban con ruedas laterales y por lo tanto eran inapropiados para las operaciones de abordaje que jugaban un rol tan crucial en el plan del mariscal.

En muchos sentidos, antes que una flotilla, Meza comandaba un conglomerado de barcos mal acoplados, todos los cuales estaban al mando de un capitán de limitada experiencia. Aún así, cada buque paraguayo contaba entre su tripulación con un ingeniero naval británico, todos los cuales habían estado en servicio en el mar. Ninguno, sin embargo, había entrado jamás en acción en una batalla fluvial. Las chatas podían ayudar, como también las baterías paraguayas en la costa, pero Meza igual necesitaría sorpresa para infligir un daño decisivo en el enemigo.

- Sangre en el agua

La flotilla paraguaya se puso en marcha justo después de la medianoche del 10-11 de Junio de 1865. La hora era terrible porque los barcos de Meza no podrían alcanzar la flota brasileña antes del alba. Como estaba planeado, Meza amarró tres chatas en Paso de la Patria pero, cuando partió río abajo, el teniente Gill descubrió que el perno de metal que conectaba el eje con el propulsor del “Yvera” se había roto.

Sin él, el eje no podía trabajar apropiadamente dentro de la quilla y la maniobrabilidad se tornaba imposible. Las reparaciones tomarían tiempo, por lo cual Meza decidió continuar sin el buque de trescientas toneladas. El coronel George Thompson observó que Gill “estaba tan acongojado por no poder ir que se largó a llorar”(9).

(9) George Thompson (1869). “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War”, p. 73, Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La mañana del 11 de Junio era fresca y bruñida en el río Paraná. El sol brillaba radiantemente, llevándose consigo la bruma de más temprano y haciendo que la vista sobre el agua fuera clara a larga distancia. Todo estaba tranquilo en la Corrientes ocupada. Unos pocos soldados paraguayos patrullaban la orilla y había algunos movimientos menores en el puerto. Todo parecía calmado cuando comenzó la Misa del domingo.

Luego, cuando las campanas de la iglesia sonaron a las nueve, los soldados en el río comenzaron a gritar con agitación: acababan de avistar la flota de Meza. Momentos después hizo lo propio el barco piquete de Barroso, el “Mearim”. El marinero a bordo rápidamente dio la señal de “enemigo a la vista”, seguida por otra señal reportando una formación de ocho embarcaciones paraguayas navegando hacia ellos. Barroso tuvo tiempo más que suficiente para reaccionar. Los chicos ayudantes estaban todavía levantando los platos y tazas del desayuno cuando el “Mearim” dio la alarma(10).

(10) Informe de Antonio Valentino, piloto del “Parnahyba” (San Fernando, Paraguay, 21 de Abril de 1888”, en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 137, Nro. 3. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Cuando retornó a su posición asignada en la formación brasileña, el buque insignia del almirante dio la señal de “prepararse para la acción”, luego la de “máxima potencia en las calderas” y, finalmente, la de “levantar anclas”. Las tripulaciones de todos los barcos de la flota respondieron de manera organizada, asegurando las escotillas, amontonando más municiones cerca de sus cañones Whitworth y adoptando posiciones de batalla. Aunque sus provisiones de carbón eran limitadas, el día anterior los hombres habían traído una cantidad de leña de madera dura del Chaco para usarla como combustible.

A medida que crecía la excitación, los marinos preparaban sus rifles. Barroso se calzó su espada y observó a través de su catalejo la flota “lopezguaya” aproximarse hacia él. Todas las fuentes coinciden en que permaneció inmóvil; algunas lo atribuyen a su temple de acero, otras a que estaba petrificado por el acercamiento del enemigo. En la acción que siguió durante las siguientes horas, la conducta de Barroso sería sólo una de las muchas cosas que quedaron abiertas a la interpretación(11).

(11) Fuentes brasileñas comúnmente lo retratan como heroico más allá de lo creíble. Ver, por ejemplo, Viconde de Ouro Preto. “A Marinha d’Outrora” (1912), Río de Janeiro; y Francisco Duque Guimarães. “A Batalha Naval do Riachuelo. 1865-1965”, en la Revista Maritima Brasileira, Nro. 50 (Abril-Junio de 1966), pp. 95-115. El ministro Washburn resumió la opinión de varios observadores extranjeros cuando escribió que Barroso estaba “demasiado aterrorizado como para dar una orden. Se sentó en su cabina, literalmente paralizado por el miedo e incapaz de hablar. Cuando un subordinado le requirió que le diera órdenes a la flota, se mantuvo transfigurado y mudo”, en Charles Ames Washburn. “History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties” (1871), tomo 2, p. 72. Ed. en Nueva York y Boston. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El impresionante “Tacuarí” -de construcción británica- lideraba el escuadrón paraguayo, seguido por el “Paraguarí”, el “Ygurey”, el “Ypora”, el “Marqués de Olinda”, el “Pirabebé”, el “Salto Oriental” y el “Jejuí”. Tan pronto como los hombres a bordo de estos barcos sitiaron Corrientes se dieron cuenta de que toda esperanza de sorpresa se había evaporado. Los paraguayos sólo podían avanzar a diez nudos e incluso con dos nudos adicionales de corriente a su favor esto estaba lejos de ser suficiente para protegerlos de los bien apuntados cañones brasileños.

El capitán Meza se mantuvo en la orilla izquierda, donde Bruguez podía proporcionarle cierta protección y donde el canal más profundo del río garantizaba una mejor maniobrabilidad. Desviarse tanto a la izquierda comprometía el plan original de ataque, ya que en vez de la cañoneada lateral a discreción que había vislumbrado el mariscal, Meza sólo podía a lo sumo esperar acertar con algunos tiros de suerte.

Los barcos paraguayos abrieron fuego a las 09:25 con los ocho cañones del “Tacuarí”. Los brasileños respondieron con cargas dobles de granadas y balas sólidas cuando los otros barcos pasaban. En quince minutos, el escuadrón de Meza quedó fuera del alcance hacia el sur.

La humareda gris se mantuvo sobre el agua como un inmenso sudario, lo cual impedía verificar la extensión del daño en ambos bandos. El piloto del “Parnahyba” indicó muchos años después que el humo era tan espeso que el almirante Barroso no pudo identificar la posición enemiga y se sorprendió al ver los vapores paraguayos a cierta distancia río abajo(12).

(12) Informe de Antonio Valentino, piloto del “Parnahyba” (San Fernando, Paraguay, 21 de Abril de 1888”, en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 137, Nro. 3. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El “Mearim” informó que sus cañones habían hundido una chata, aunque nadie lo podía confirmar(13).

(13) Carlos Penna Botto. “Campanhas Navais Sul-Americanas” (1940), p. 88, Río de Janeiro. Imprensa Naval. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Una bala perforó la caldera del “Jejuí”, último barco de la formación paraguaya pero, después de detenerse por un corto tiempo al otro lado de las posiciones del Riachuelo, su ingeniero británico improvisó un parche de metal y el vapor pronto retornó a su lugar en la línea. Otros barcos paraguayos también recibieron tiros, pero ninguno quedó seriamente dañado. Los brasileños debieron haber tenido sus Whitworths demasiado elevados, ya que soldados paraguayos más tarde encontraron restos de proyectiles de hierro a ocho kilómetros al este del río(14).

(14) George Thompson (1869). “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War”, p. 79, Londres. Los Whitworths eran capaces de disparar un proyectil a la distancia que menciona Thompson, pero sólo en buenas condiciones; dados el deficiente entrenamiento de las tripulaciones brasileñas y la confusión del momento, parece poco probable que los cañones alcanzasen un rango cercano al óptimo. El general Robles señaló que el 19 de Junio sus hombres se habían pasado más de un día recuperando estos proyectiles, algunos de ellos hasta de dieciséis pulgadas de largo y cinco pulgadas y media de ancho. Ver: Robles a Solano López, Rincón de Peguahó, 19 de Junio de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 447, Nro. 7. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Los barcos de Barroso sufrieron daños apenas moderados. Proyectiles y fragmentos impactaron en la superestructura de varios de sus vapores, pero ningún buque quedó fuera de combate. Unos pocos marinos y navegantes resultaron heridos en el intercambio de fuego. Un soldado paraguayo -a bordo del Ypora- quedó decapitado por una bala de cañón(15).

(15) Manuel Trujillo. “Gestas Guerreras” (1923), p. 13, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Nadie más murió. La batalla hasta aquí recordaba muy poco el plan diseñado en Humaitá dos días antes. La flotilla de Meza había partido demasiado tarde como para que la sorpresa fuera un factor. Cuando las dos Fuerzas finalmente se enfrentaron, Meza se encostó a la izquierda del Paraná, demasiado lejos de los brasileños como para que su fuego pudiera ser efectivo.

Luego agravó este error. En vez de ejecutar un rápido retorno y reiniciar la batalla inmediatamente -como el mariscal había ordenado- el viejo oficial se refugió frente al campamento del Riachuelo y esperó; sus barcos no anclaron, sino usaron sus máquinas para permanecer en el sitio.

A las 10:00, Meza liberó sus chatas, que en efecto se convirtieron en parte de las defensas del Ejército en la costa. Indeciso sobre su siguiente paso y poco dispuesto a tomar una decisión sin consultar primero con sus comandantes, el capitán llamó a un Consejo de Guerra a bordo del “Tacuarí”. Los acontecimientos ya habían hecho que el plan del mariscal fuera impracticable y Meza necesitaba pensar en una manera de salvar el día.

La furia de Solano López con Wenceslao Robles por desobedecer sus órdenes había sido palpable y el capitán no tenía deseos de ponerse él en una situación similar. Pese a ello, era un hombre de poca flexibilidad y aún menor imaginación. Gordo y enfermizo y a una edad en la que la mayoría de los paraguayos sorbía tranquilamente tereré con los miembros de su familia bajo la sombra de un mango, Meza era ahora llamado a tomar vitales decisiones de comando. No estaba preparado para semejante presión.

La pausa en la lucha presentaba opciones a ambos bandos: Barroso podría haber enfilado al norte y proceder a atacar Asunción, aunque mantener la ciudad estaba fuera de sus posibilidades. En Abril, el coronel Thompson había informado que los ingenieros británicos del mariscal solamente habían colocado dieciséis de noventa cañones en parapetos apropiadamente construidos en Humaitá.

Pocos trabajos en las fortificaciones se habían hecho desde entonces. Adicionalmente, Barroso sabía que muchos de los cañones de Humaitá habían sido trasladados hacia el sur, hasta Corrientes, luego del asalto del 25 de Mayo. Consecuentemente, era improbable que Humaitá pudiera evitar el paso de los brasileños hacia la capital paraguaya.

Barroso, sin embargo, pensó que esta opción era muy especulativa. No había hecho planes para explotar una oportunidad tal y ahora se encontraba con que no tenía órdenes de ir más allá de la misión de bloqueo. Estaba escaso de municiones y provisiones. Si se movía al Norte, Meza lo seguiría en algún momento y la batalla entre ellos podría reanudarse en aguas menos amistosas para el Brasil que las de Corrientes.

Todo parecía sugerir que Barroso debería atacar a la flotilla paraguaya más temprano que tarde. Meza esperaba exactamente eso. Si los paraguayos se mantenían en posición, entonces tal vez incitarían al enemigo a un asalto frontal. En ese caso, con las baterías costeras se podría conseguir la victoria que había sido planeada sólo para la Armada. Meza necesitaba ser cuidadoso, sin embargo.

Algunos de los exploradores de Robles habían informado acerca de varios barcos brasileños en las inmediaciones de Bella Vista y si la flota paraguaya se demoraba demasiado en el Riachuelo estos vapores podrían acercársele desde el sur mientras Barroso hacía lo propio desde el norte. Uno de sus expertos británicos le había sugerido hundir varias lanchas en el canal principal para embotellar toda la flota enemiga, pero Meza no quiso escuchar(16).

(16) Testimonio de George Gibson (maquinista a bordo del “Marqués de Olinda”), Humaitá, Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 448, Nro. 1. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Para empeorar las cosas, sus oficiales le informaron que alguien había olvidado cargar los garfios que tenían que utilizarse para facilitar el abordaje, capturar y remolcar los vapores enemigos. Contrariado y sin saber qué hacer, Meza se apoyó en sus oficiales de mayor confianza. Todos ellos, paraguayos y extranjeros, le recomendaron reiniciar la pelea sin dilaciones.

Cuando los capitanes volvían apresuradamente a sus buques, sin embargo, los vigías avisaron que barcos brasileños se acercaban. Barroso tomó su decisión. Anunció su ataque izando dos banderas de señal, la primera de las cuales imitó la de Lord Nelson en la batalla de Trafalgar: “Brasil espera que cada hombre cumpla su obligación”. La otra indicaba la orden: “Atacar y destruir al enemigo a la menor distancia posible”(17).

(17) Carlos Balthazar de Silveira. “Campanha do Paraguay: A Marinha Brasileira” (1900), p. 15, Río de Janeiro. Tipografia do Jornal do Comércio. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Habiendo así invocado la memoria de uno de los más célebres comandantes navales, se lanzó adelante a la refriega pero, mientras Nelson siempre informaba escrupulosamente de sus planes a sus subordinados, Barroso dejó a sus oficiales perplejos, con ninguna idea de cómo su almirante pretendía organizar el ataque.

El primer barco en la línea brasileña, el “Belmonte”, navegó hacia la boca del Riachuelo, seguido por el “Jequitinhonha”. El tercero, el buque insignia de Barroso, “Amazonas”, se alejó sensiblemente de la línea hacia el lado del puerto. Este desplazamiento, que más tarde el almirante defendió como necesario para establecer un mejor control sobre los movimientos de su flota, no causó más que confusión. Los siguientes seis buques lo siguieron, dejando al “Belmonte” y al “Jequitinhonha” solos y sin apoyo contra los paraguayos.

Barroso inmediatamente se dio cuenta de su error, pero no consiguió comunicar el hecho a sus subordinados. Cuando vio el desorden resultante, enfiló río abajo una vez más, repitió la señal de ataque y lideró a sus siete barcos hacia la apertura norte del Riachuelo. Para entonces, sin embargo, ya era muy tarde para los dos buques que se habían adelantado.

El comandante del “Jequitinhonha”, capitán Joaquim José Pinto, había divisado al “Amazonas” alejándose y en respuesta ordenó a su propio buque girar y seguirlo. Tenía seis cañones de 32 y uno de 68 libras, suficiente poder de fuego para infligir amplios daños a los buques enemigos. Pero Pinto no tenía idea de las intenciones del almirante Barroso y antes que golpear a los paraguayos pensó que era mejor retomar su posición en la línea.

Con ese fin, guió al “Jequitinhonha” en un ancho retorno al Este, pero pronto percibió al buque insignia alejándose rápidamente de él. Pinto entonces decidió atacar las baterías costeras paraguayas. Esto requería otro giro al Este. En medio de esta maniobra, el “Jequitinhonha” encalló en un banco de arena. Con 647 toneladas, era el segundo mayor buque de la flota imperial y llevaba más de doscientos marineros.

El que pudiera ser tomado indefenso fue un gran golpe de suerte para los paraguayos. Bruguez, que había presenciado todo desde su posición, se puso a tiro en pocos minutos y comenzó a hacer llover cañonazos sobre él. Entre las primeras bajas estuvo el piloto santafesino del barco. Su muerte dejó al vapor incapaz de liberarse del banco de arena y, por lo tanto, sin posibilidad de disponer de todos sus cañones.

En ese momento, el barbudo capitán José Segundino de Gomensoro, quien actuaba de comandante de los marinos a bordo, se puso al frente de la defensa del “Jequitinhonha”. Reunió a los hombres y continuó disparando los cañones que daban al enemigo, convirtiendo su barco, de hecho, en una batería estacionada. El “Belmonte”, mientras tanto, estaba afrontando sus propios problemas.

Habiendo entrado en el canal norteño del Riachuelo sin notar que los otros barcos habían alterado su curso, su comandante, teniente Joaquim Francisco de Abreu, optó por completar una pasada de fuego antes de retornar a la flota. A las 11:20, el “Belmonte” se enfrentó a toda la Fuerza paraguaya en un solitario duelo. Durante los siguientes veinte minutos el barco estuvo bajo el inmisericorde fuego de la artillería de Bruguez antes de retirarse hacia el extremo sur del Riachuelo y el canal principal del Paraná(18).

(18) Uno de los cañoneros que disparó a la flota brasileña a su paso desde la costa fue José Dolores Amarilla, del comando de Bruguez, quien dejó un valioso -aunque inédito- registro del enfrentamiento. Ver: “Fojas de Servicios del oficial veterano...”, en la Biblioteca Nacional de Asunción-Colección Juan E. O’Leary. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La audaz acción de Abreu tuvo un alto costo: nueve tripulantes yacían muertos y otros veintitrés estaban heridos. La estructura de madera del barco tenía treinta y siete grandes agujeros, casi la mitad de ellos en la línea de flotación. Conscientes de que el barco podía hundirse, Abreu ordenó a sus hombres llevar el “Belmonte” a una de las pequeñas islas e intentar repararlo fuera del alcance del fuego enemigo.

Mientras el “Belmonte” se retiraba, el “Amazonas” se acercaba a la flota paraguaya. Barroso alcanzó el canal norte a las 11:25. Redujo la velocidad a ocho nudos para esperar a los otros barcos y alinear una formación cerrada antes de ordenar abrir fuego.

El poder de fuego total de ambas flotas ahora se medía a corta distancia. El aire se llenó de fuertes disparos y el ruido, que se escuchaba a la distancia como un coro interminable de timbales, embotaba los alaridos de los heridos en los distintos barcos. Nubes de humo dominaban la escena y ningún hombre tenía claridad en los ojos.

El “Araguarí”, barco central en la formación brasileña, se aproximó a la boca del Riachuelo alrededor de las 11:45. Cuando estuvo cerca, el capitán Meza hizo la señal de arrimarse y abordarlo sin demora(19).

(19) Juan B. Gill Aguinaga. “La Batalla del Riachuelo” (1968), p. 7, Asunción. Academia Paraguaya de la Historia. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El “Marqués de Olinda” y el “Paraguarí” avanzaron con ese fin, pero fueron rechazados a cañonazos. El fuego continuó hasta que el último barco brasileño, el “Parnahyba”, ingresó al canal sur aproximadamente a las 12:15. Incluso entonces, los paraguayos continuaron disparando desde puestos escondidos en las islas y a lo largo de la orilla. Los marinos imperiales sufrieron más bajas por balas Minié que por la anterior cañoneada.

Pese al fuerte bombardeo, ni los brasileños ni los paraguayos perdieron ningún barco en la acción de cincuenta minutos. El “Belmonte” ya no estaba operativo, pero el “Jequitinhonha” todavía desafiaba el superior poder de fuego de los paraguayos y continuaba resistiendo. El “Mearim” había hundido otra chata, la única pérdida paraguaya. Ambos bandos sí sufrieron daños importantes. El “Tacuarí”, por ejemplo, recibió un disparo de 68 libras en el aislante de la caldera, sólo a pulgadas de la caldera misma(20).

(20) George Thompson (1869). “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War”, p. 76, Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Barroso podía ver a los heridos y muertos en las cubiertas de sus barcos, pero juzgó el ataque como razonablemente exitoso. Quería regresar río arriba para un segundo y más devastador asalto, pero su piloto le aconsejó no hacerlo; las aguas, aunque generalmente altas en Junio, estaban muy bajas en ese punto para permitir un retorno amplio.

Renuentemente, el almirante navegó al sur en busca de aguas más profundas. Como antes, nadie pensó en dar señales con instrucciones a los restantes buques brasileños pero todos, excepto el “Parnahyba”, siguieron río abajo al “Amazonas”.

Los paraguayos en la costa habrán pensado que consiguieron una gran victoria. Meza, todavía con el sudor cayéndole del rostro, se sentía mareado e inseguro, ya que la flota brasileña todavía estaba en buen estado e implicaba una amenaza. Adicionalmente, los paraguayos no habían logrado aún capturar un solo barco enemigo.

Quizás -pensó Meza- harían bien en tomar el “Jequitinhonha”, pero incluso esto era dudoso. Sin mucha convicción, dio la orden de abordarlo. Tres de sus vapores de una vez respondieron y enfilaron hacia el buque encallado. El capitán Pinto, todavía disparando a discreción, rechazó una y otra vez los ataques paraguayos. Aunque sus bajas eran ya importantes, comenzaba a parecer que se quedaría sin balas antes que sin cañoneros.

Para entonces el “Parnahyba” se sumó a la lucha. Su comandante, teniente Aurélio Garcindo Fernandes de Sá, había visto al buque amigo hacer el giro y resolvió rescatarlo después de completar su pasada inicial. No llegó a notar que el resto de la flota se había encaminado al sur hasta después de voltear en dirección del “Jequitinhonha”. Tal vez ignoró el consejo de su propio piloto ya que, cuando realizó la maniobra, su timón chocó contra la plataforma de la costa y se inclinó de costado, casi arruinando la capacidad de manejo del barco.

Garcindo ordenó a sus hombres levantar las velas y tratar de continuar contra la corriente pese al peligro, pero su esfuerzo fue inútil. Cuando el “Parnahyba” viró a la zona de fuego, los cañoneros de Meza tuvieron poca dificultad en identificar el blanco. Destrozaron lo que quedaba del timón, haciendo que el barco siguiera navegando sin remedio hacia ellos. Los brasileños tenían más y más bajas.

En las batallas entre buques de madera era común que las astillas de los barcos provocaran una alta proporción de las víctimas y ésta no fue la excepción. Peor todavía, aquellas piezas de madera de formas irregulares no podían ser extraídas fácilmente debido a que los aliados no contaban con suficientes cirujanos. Como resultado, los marineros que sobrevivían usualmente quedaban con terribles mutilaciones.

Al no poder capturar el “Jequitinhonha”, Meza dirigió su atención al cercenado barco de Garcindo. El “Tacuarí”, el “Paraguarí” y el “Salto Oriental” se pusieron en marcha a la 13:00 para comenzar las operaciones de abordaje. Grupos de “nambi’i” estaban ansiosos de destrozar a los marineros brasileños y llevar sus premios a casa en Humaitá.

Garcindo tenía una opción final, nacida de la desesperación y el coraje: cuando el “Paraguarí” se puso frente a su proa, apretó los dientes, encendió su caldera una última vez y aún sin timón se las arregló para embestir el buque enemigo justo en el medio. Los tripulantes de ambas naves sufrieron la terrible sacudida, pero Garcindo consiguió su objetivo: logró partir el casco del “Paraguarí” en la línea de flotación. Cuando el barco comenzó a zozobrar, los brasileños tuvieron la momentánea satisfacción de ver a los soldados del mariscal cayendo en el agua fría(21).

(21) En su Informe, que contiene un vívido relato del asalto, el piloto italiano del “Parnahyba” se atribuye crédito por el improvisado ataque y, en verdad, todo el éxito del Brasil ese día se debe en parte a sus pilotos fluviales, ninguno de los cuales era brasileño. Ver: “Informe de Antonio Valentino”, (1888), en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 137, Nro. 3. Ver también “Informe de Santiago Guídice”, a bordo del vapor “Cosmos”, 4-5 de Abril de 1888, en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 137, Nro. 2. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Con esfuerzo considerable, el “Paraguarí” pudo navegar hasta la isla más cercana para encallar en la playa y evitar hundirse. El “Tacuarí” y el “Salto Oriental”, a los que se adhirió el “Marqués de Olinda”, intensificaron el ataque.

Esta vez Garcindo ya no tenía más trucos. Lo que pasó después permanece oscuro, en parte por mala memoria, en parte por falsedades deliberadas y en parte por la “bruma de la guerra”. Los paraguayos parecen haber tenido dificultades al inicio del abordaje debido a que las altas ruedas laterales en sus propios barcos hacían casi imposible saltar directamente al “Parnahyba”.

El olvido de Meza de traer ganchos ahora mostraba su costo, ya que mientras ambos bandos continuaban disparando con cañones y mosquetes, los barcos permanecían separados. Exasperados y locos de ira, algunos paraguayos se lanzaron al agua con machete en mano para treparse al vapor brasileño. Los marinos imperiales dispararon a los primeros, pero otros pronto tomaron su lugar. Muchos brasileños mostraron un valor poco común, pese al constante aumento del número de abordadores paraguayos(22).

(22) Dos de ellos, João Guilherme Greenhalg y Marcílio Dias, se convirtieron en póstumos objetos de considerable veneración. Era ciertamente útil que Dias fuera un joven de color y por lo tanto bien adecuado para representar la lealtad de los esclavos asociada con el Brasil tradicional, mientras Greenhalg -hijo de un inmigrante- fue beatificado como un héroe del nuevo Brasil, viril, corajudo, visionario. Entre ambos hicieron que el servicio al emperador y al país fuera apropiado para lo viejo y lo nuevo, el pobre y el acomodado, el negro y el blanco. Ver: Levy Scavarda. “Greenhald no Centenário da Batalha Naval do Riachuelo” (1965), Río de Janeiro; Arquivo Nacional. “Dados biographicos inéditos de Marcílio Dias, um dos herois da batalha naval do Riachuelo (11 de Junho de 1865)” (1929), Río de Janeiro; y Didio Costa. “Marcílio Dias: Marinheiro Imperial” (1959), Río de Janeiro. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Cuando los más corajudos entre ellos cayeron, los brasileños se quebraron. Algunos saltaron al agua y el resto se refugió bajo cubierta y cerró las escotillas. Esto dejó a los tripulantes del “Parnahyba” como virtuales prisioneros, ya que los paraguayos rápidamente aseguraron la Sala de Máquinas y redujeron a todos los que siguieron resistiendo.

Un sargento paraguayo, riéndose exaltado, se entretuvo marchando ida y vuelta por la cubierta tocando la diana con un tambor que encontró allí. Algunos brasileños salieron con las bayonetas caladas, pero pronto retrocedieron de nuevo o saltaron por la borda. Los paraguayos estallaron en carcajadas ante esto. “Los aterrorizados kamba se atropellaban unos a otros en su urgencia por ir abajo”(23).

(23) George Frederick Masterman. “Seven Eventful Years in Paraguay” (1869), p. 103, Londres. Ed. S. Low, son and Marston. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Los paraguayos controlaban el barco desde la popa hasta el mástil principal; bajaron la insignia imperial y comenzaron a festejar su victoria saltando sobre ella y gritando a todos los que pudieran escuchar. Garcindo, que todavía estaba al frente, supuestamente ordenó hacer explotar el polvorín del barco, pero el agua había empapado la pólvora. Sus hombres todavía estaban tratando de prender algunas mechas cuando escucharon un sonido familiar detrás de ellos(24).

(24) Fonseca. “A Batalha de Riachuelo”, p. 51. El relato de Garcindo de la batalla puede encontrarse en su “Parte Oficial”, escrito a bordo del “Parnahyba”, justo antes del Riachuelo, 13 de Junio de 1865, en el Serviço Documental Geral da Marinha, Río de Janeiro, Documentos Pessoais do CMG Aurélio Garcindo Fernandes de Sá, Nro. 0062. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El “Amazonas” había regresado. Barroso se había ido hacía más de una hora. Cuando finalmente encontró aguas profundas para hacer el giro se movió rápidamente, echando sus reservas de carbón al horno y dejando atrás al resto de la flota. Con 1.050 toneladas, cuatro cañones de 32 y dos de 70 libras, su barco era la nave más grande y formidable del río y el almirante tenía toda la intención de hacer uso de su superioridad.

Con el “Parnahyba” en serios apuros, enfiló directamente a sus cuatro atacantes. Cuando se acercó al buque sitiado, sus cañoneros dispararon piñas a la cubierta, haciendo saltar madera y cabezas y esparciendo sangre paraguaya por todos lados(25).

(25) “Informe de Antonio Valentino”, piloto del “Parnahyba” (San Fernando, Paraguay, 21 de Abril de 1888”, en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 137, Nro. 3. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Algunos hombres saltaron al río. Otros se mantuvieron lo suficiente como para ver a la tripulación de Garcindo salir de su refugio y luchar para recobrar el control de la cubierta principal. Esta vez fueron los paraguayos los que se quebraron, aunque no sin antes mostrar a los brasileños cuán valientemente pueden pelear los hombres heridos(26).

(26) “The Standard” (Buenos Aires), 24 de Junio de 1865. Relatos del fanatismo paraguayo durante la batalla -exagerados o no- se convirtieron en moneda común en los campos aliados. Thompson cuenta de un marino paraguayo que, habiendo cruzado la brecha entre su pequeño buque y un vapor brasileño, “cortó la cabeza de un oficial hasta el cuello con su machete cuando, al encontrarse solo, saltó a la pasarela opuesta y escapó”. George Thompson (1869). “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War”, pp. 79-80, Londres. La mayoría de los escritores brasileños afirma, de manera suficientemente creíble, que el incidente nunca ocurrió. Ver: Antonio de Sena Madureira. “Guerra do Paraguai: Resposta ao Sr. Jorge Thompson, autor da ‘Guerra del Paraguay’ e aos anotadores argentinos D. Lewis e A. Estrada” (1982), p. 16, Brasilia. Ed. Universidad Nacional de Brasilia. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Los paraguayos no estaban solos en su bravura. El comandante del “Araguarí” y más tarde barón de Teffé, Antonio Luiz de Hoonholtz, escribió a su hermano diez días después cuán inspirador había sido el comportamiento del propio almirante Barroso:

“Cuando vi el ‘Amazonas’ pasar majestuosamente entre nuestra línea y la del enemigo, me insufló el alma, y cuando divisé la erecta figura de Barroso sobre el puente, parado impasible durante aquella granizada de proyectiles, con un megáfono en la mano y tocándose su larga barba blanca que volaba al viento (...) por primera vez sentí entusiasmo por este brusco y huraño jefe, quien nunca antes me había inspirado simpatía o confianza.
“Ahora, en este lugar de muerte, me saqué la gorra y grité: ‘¡Larga vida al almirante Barroso!’ En su marcha, aunque no me escuchó (...) bramó con voz fuerte y clara: ‘¡Síganme. La victoria es nuestra!’”(27).

(27) Antonio Luiz von Hoonholtz a Frederico José von Hoonholtz, desde la cañonera “Araguarí” (afueras de Chimbolar), 22 de Junio de 1865, en Antonio Luiz von Hoonholtz. “Memorias do Almirante Barão de Teffé” (1910), pp. 37-38, Río de Janeiro. El Informe oficial de Barroso sobre el enfrentamiento minimiza el rol personal del almirante y, de hecho, en general critica las tácticas brasileñas, dando a entender que la victoria fue posible mayormente debido a la suerte. Ver: “Parte detallado del almirante Barroso”, a bordo de la cañonera “Amazonas” (afueras de Riachuelo), 12 de Junio de 1865, en el periódico “La Reforma Pacífica” (Montevideo), 23-24 de Junio de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Tal vez esta evocación de valentía esté exagerada, pero indudablemente era sincera. El coronel Thompson, cuyo conocimiento del combate era de segunda mano, tuvo poco de bueno para decir de Barroso y sus hombres, sugiriendo con desdén que en cualquier país, menos en Brasil, el almirante habría tenido que enfrentar una Corte Marcial por cobardía(28).

(28) George Thompson (1869). “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War”, p. 79, Londres. En un país ansioso por héroes, el emperador hizo creer que él coincidía con el relato de Hoonholtz. Lo hizo a Barroso, barón de Amazonas, un tiempo más tarde. Varios tripulantes del “Parnahyba”, sin embargo, fueron posteriormente juzgados en Cortes marciales por cobardía durante la batalla e indudablemente se sintieron utilizados en comparación con el supuestamente trémulo almirante. Ver: “Defeza do Immediato da Canhoneiro Parnahyba (...) Felippe Fermino Rodrigues Chaves” (1867), Río de Janeiro. El teniente Garcindo, él mismo acusado de cobardía por aquellos hombres que habían saltado por la borda para escapar del abordaje paraguayo, no mantuvo en secreto su desprecio por sus acciones y sus afirmaciones contra él: “Un cobarde no comercia con la muerte, sólo con la vergüenza”, le escribió a su esposa. Ver: Garcindo de Sá a su esposa, a bordo de la cañonera “Nitheroy”, 11 de Octubre de 1865, en el Serviço Documental Geral da Marinha, Rio de Janeiro, “Documentos Pessoais do CMG Aurélio Garcindo de Sá”, 077. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Cualquiera que hayan sido las cualidades de Barroso como líder, lo que sí tenía era un excelente piloto en la persona de Bernardino Guastavino, un correntino nacido en Italia y, entre ambos, no cabe duda que hicieron un buen trabajo(29).

(29) Informe de la viuda de Bernardino Guastavino, piloto del “Amazonas” (Montevideo, 1889), en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 137, Nro. 1. Guastavino recibió seis diferentes medallas al valor del Gobierno brasileño. Cuando murió unos años más tarde a los cincuenta y cuatro años de edad, Tamandaré intentó organizar una suscripción nacional para ofrecerle una pensión a su indigente familia; como los contribuyentes no se manifestaron suficientemente, Don Pedro envió cien milheis de su propio dinero. Aún así, la viuda de Guastavino nunca perdonó al almirante Barroso, de quien decía que se atribuyó el mérito de los hechos de su marido al servicio del emperador. Ver: Juan B. Gill Aguinaga. “La Batalla del Riachuelo” (1968), pp. 8-9, Asunción. Academia Paraguaya de la Historia. Curiosamente, uno de los barcos paraguayos, el “Salto Oriental”, también contaba con pilotos correntinos en su tripulación. Ver: E. R. Cristiano (Enrique Roibón). “El Combate del Riachuelo”, periódico “La Libertad” (Corrientes), 1-2 de Julio de 1908. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El “Amazonas” continuó presionando en su ataque, dirigiendo sus cañones al más pequeño “Jejuí”. Un pesado proyectil atravesó el casco de este último, lanzando una lluvia de astillas bajo la cubierta y permitiendo el ingreso de agua en cantidad. El barco se partió poco después y lo que restaba de su tripulación nadó hasta la costa a protegerse con los artilleros de Bruguez.

Barroso luego eligió sus blancos uno por uno. Primero asaltó al “Marqués de Olinda”, le dio a la caldera, lo que hizo saltar agua hirviendo en todas las direcciones y mató a todos sus operadores. Con el “Marqués de Olinda” fuera de combate, Barroso hizo lo mismo con el “Salto Oriental”, en todo momento haciendo caso omiso al fuego paraguayo. Pronto el “Salto” se inclinó hacia atrás hasta toparse con un banco de arena y comenzar a abrirse, con su cubierta llena de hombres muertos y moribundos.

Meza para entonces había perdido la compostura y estaba casi rabiando un momento y casi llorando al instante siguiente. Sus oficiales no podían hacer nada con él. Ordenó al “Tacuarí” maniobrar para ponerse fuera de alcance y, mientras huía, sus barcos restantes, el “Ygurey”, el “Pirabebé” y el “Ypora” lo siguieron de cerca. Barroso, cuya victoria estaba ahora a la vista, se enfocó en las chatas. Con sus marinos disparando sus rifles a discreción, masacró las tripulaciones de cada una y finalizó hundiendo una y llevándose otras cuatro a remolque. En ese momento estaba ya casi sin combustible.

Meza hizo un último fútil intento por sacar algo de lo que se había convertido en un desastre. Ordenó un asalto final al “Jequitinhonha”. Gomensoro tenía pocas municiones, pero usó lo que le quedaba con buen efecto contra los remanentes de la flotilla paraguaya. Una bala perdida de pistola disparada desde el barco enemigo le pegó a Meza entre el hombro y el omóplato y penetró en su pulmón izquierdo. Mortalmente herido, cayó hacia adelante en la cubierta del “Tacuarí”. Le cambió el color del curtido rostro y cayó en inconciencia. El comando pasó al capitán Remigio Cabral, quien suspendió el ataque(30).

(30) Informe del capitán Remigio Cabral, segundo en comando del escuadrón paraguayo en el Riachuelo, (Asunción, 1888), en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 137, Nro. 11. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El “Mearim” y el “Beberibé” habían comenzado ya a acercarse y el “Araguarí”, el “Yguatemí” y el “Ypiranga” no estaban muy lejos detrás de ellos. El ataque sin sentido de Meza al “Jequitinhonha” sólo consiguió hacer aún más dificultosa la retirada paraguaya.

El “Beberibé” y el “Araguarí” persiguieron a Cabral hasta bastante más allá de Corrientes, mientras que el resto de los barcos brasileños se quedaron atrás para proteger a la tripulación de Pinto de las baterías costeras del enemigo. Los dos barcos perseguidores continuaron a la vista hasta alrededor de las 17:00 y, a la caída del sol, regresaron a la flota. Cabral siguió hasta Humaitá.

- Después de la batalla

Los paraguayos confiaban en la victoria y las primeras noticias de la batalla incrementaron su optimismo, pero la euforia se desintegró apenas avistaron los vapores de Meza avanzando maltrechos hacia ellos la mañana del 12 de Junio.

Cordajes cortados y jarcias desordenadas colgaban de los astillados travesaños de cada buque y los muchos heridos eran claramente visibles. Una multitud de soldados se abalanzó por el resbaladizo muelle para traer a los heridos y muertos a tierra. Se escuchaban sólo murmullos, “ya que esparcir malas noticias podía costarle a un hombre la vida”(31).

(31) George Frederick Masterman. “Seven Eventful Years in Paraguay” (1869), p. 107, Londres. Ed. S. Low, son and Marston. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El capitán Meza murió ocho días después y así escapó de la furia de Solano López, quien estaba lívido de rabia ante el hecho de que sus órdenes hubieran sido desobedecidas una vez más(32).

(32) “Si por lo menos los vapores no se hubieran retirado”, escribió el mariscal a Bergés, “entonces las cosas habrían tenido otro nombre (...). (Aún así) los acontecimientos del día no han sido menos gloriosos como resultado”. Ver Solano López a Bergés, Humaitá, 12 de Junio de 1865, en Fonseca. “A Batalha de Riachuelo”, p. 70. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El presidente paraguayo no mostraba perdón ni compasión por los muertos, ni una pizca de comprensión por un hombre anciano a quien se le había pedido demasiado. Y Meza no habría esperado tal cosa.

Su derrota había tenido un enorme costo para su país y ahora, con los brasileños en control del río, la estrategia paraguaya requería una completa revisión. El mariscal nunca perdonó este revés y, por su orden expresa, solamente sargentos, corporales y diez soldados comunes de cada barco acompañaron el cuerpo de Meza al cementerio, donde lo enterraron en una fosa poco profunda y sin honores(33).

(33) De acuerdo con Masterman, mientras Meza yacía moribundo, el mariscal mandó decirle que, “para su tranquilidad”, si sobrevivía, sería fusilado por cobardía. George Frederick Masterman. “Seven Eventful Years in Paraguay” (1869), p. 105, Londres. Ed. S. Low, son and Marston. Al relatar la misma historia, Trujillo citó a Solano López diciendo que “si (Meza) no moría por una bala, hubiera muerto por cuatro”. Manuel Trujillo. “Gestas Guerreras” (1923), p. 16, Asunción. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

En realidad, Solano López tenía que compartir responsabilidades por la derrota en el Riachuelo. Había apresurado el despliegue de su flota cuando no había necesidad de ello. Había sobrecargado a sus barcos con el remolque de chatas inefectivas. Envió una fuerza inferior contra una superior y trató de preconcebir todos los pasos de la operación, sin dejarle a Meza flexibilidad para hacer ajustes a medida que se desarrollara la batalla.

Los paraguayos tuvieron cerca de mil heridos en combate y alrededor de doscientos muertos, incluidos dos capitanes. Uno era el teniente Ezequiel Robles, hermano del general Robles y comandante del “Marqués de Olinda”, quien se despertó en un hospital, prisionero de los aliados. El teniente, desafiante, aunque ahora sin un brazo, rompió los vendajes de su miembro amputado y se lanzó contra sus captores, prefiriendo morir desangrado, según dijo, que ser su recluso(34).

(34) Theotonio Meirelles. “A Marinha de Guerra Brasileira em Paysandú e durante a Campanha do Paraguay (Resumos Históricos)” (1876), pp. 71-72, Río de Janeiro. Typ. Theatral e Commercial. George Gibson testificó que Robles había estado un poco bebido durante la batalla pero que había peleado corajudamente pese a ello, había recibido disparos en el pecho izquierdo y la mano derecha y estaba más muerto que vivo cuando los brasileños lo llevaron al salón del barco. Gibson mismo logró ocultarse en la costa del Chaco durante varios días, que le resultaron miserables, después de los cuales él y unos cuantos camaradas fabricaron una balsa de palma y remaron hasta Corrientes. Aunque fueron bien recibidos por Wenceslao Robles y otros oficiales paraguayos, cuando retornaron a Humaitá los hombres del mariscal engrillaron a todos estos sobrevivientes por deserción. Solamente después de muchas protestas de otros ingenieros británicos que trabajaban para el Gobierno, Solano López se calmó y liberó a Gibson de su arresto no merecido. “Testimonio de George Gibson”. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Este gesto representaba precisamente el tipo de muerte que el mariscal esperaba de sus oficiales. Pero tal lealtad, independientemente de cuán gallarda o decorosa fuera, no recuperaría su flota. La batalla del Riachuelo les costó a los paraguayos cuatro vapores: el “Jejuí”, el “Salto Oriental”, el “Marqués de Olinda” y el “Paraguarí”, casi doce mil toneladas en total. Todos los barcos que tomaron parte sufrieron serios daños y tuvieron que retornar a Asunción para reparaciones.

Equipos de rescate luego volvieron a la escena de la batalla y recobraron el casco en ruinas del “Paraguarí”, pero luego de remolcarlo hasta la capital paraguaya los ingenieros vieron que los daños eran demasiado extensivos como para ser enmendados. Esto dejó a la Armada paraguaya con trece buques, todos ellos minúsculos, a excepción del “Ygurey”, el “Tacuarí” y el “Yvera”, y dos vapores argentinos capturados el 13 de Abril.

Los cuatro barcos que participaron en la batalla del Riachuelo permanecieron fuera de servicio por un tiempo. Por el resto de la guerra, incluso un simple hostigamiento a la Armada aliada en el Paraná se tornó difícil. El mariscal no podía adquirir nuevos buques mientras durara el bloqueo brasileño.

Era improbable que sus astilleros le pudieran proporcionar algo más que chatas y había insuficientes cañones incluso para éstas. Por lo tanto, en esta batalla fluvial Solano López perdió la mejor parte de su capacidad ofensiva ya que, sin apoyo naval, sus fuerzas de tierra jamás podrían avanzar audazmente al sur. Como puntualizó George F. Masterman:

“La marea había cambiado; los trofeos fáciles como el ‘Marqués de Olinda’ y los pueblos ribereños ya no podrían ser obtenidos y, desde ese día en adelante, aunque hubo ocasionales pequeños éxitos (...) fue evidente que el sol de Solano López se estaba poniendo en medio de tormentas y tempestades para siempre.
“No era tanto la pérdida de cuatro barcos, sino la pérdida de una oportunidad, que podría nunca más ocurrir de nuevo, de capturar excelentes buques y armas pesadas, lo que hacía tan seria la derrota de Riachuelo”(35).

(35) George Frederick Masterman. “Seven Eventful Years in Paraguay” (1869), p. 107, Londres. Ed. S. Low, son and Marston. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Para los brasileños, la lucha no estaba en absoluto terminada, ya que todavía tenían que apoyar a Pinto, quien había quedado bajo el fuego de los cañones de Bruguez incluso hasta después de caer la noche. El almirante Barroso sufrió 104 muertos, 148 heridos y otros 40 desaparecidos(36).

(36) “Informe de Bajas durante la Batalla contra el Escuadrón Paraguayo. 11 de Junio de 1865”, en “Jornal do Commercio”, 7-8 de Julio de 1865. Ver también: “Informe de Batalla de João Guilherme Bruce, a bordo del vapor ‘Amazonas’, afueras de Chimbolar”, 26 de Junio de 1865, en el Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Río de Janeiro, lata 33 (“Documentos: Batalha do Riachuelo”). // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

No obstante, justificadamente se atribuyó haber obtenido una gran victoria. Seis de sus barcos seguían en condiciones operativas, mientras que el severamente dañado “Parnahyba” estaba ahora en remolque. El almirante finalmente abandonó el “Belmonte” y el “Jequitinhonha”, después de que sus ingenieros dedicaran toda la noche y la mayor parte del día siguiente tratando de liberar al último del banco de arena.

Pinto y su tripulación escaparon, aunque tuvieron que dejar atrás mucho material útil para los paraguayos, incluyendo dos cañones de 68 libras, cuatro de 32, dos morteros y una cantidad de espadas, relojes e instrumentos. Los paraguayos también serrucharon partes del travesaño principal, que llevaron luego como suvenir a Humaitá.

La batalla del Riachuelo mostró lo mejor y lo peor de las dos Armadas contendientes. Pese a algunos obvios lapsos, ambos bandos exhibieron considerable valor y determinación, a la par de niveles sorprendentemente superiores de náutica e ingeniería marina. Estas cualidades técnicas y tácticas quedaron sobrepasadas, sin embargo, por la casi completa ausencia de pericia en las maniobras.

Ningún bando operó bien en el agua y eso se notó. Por lo tanto, dado que paraguayos y brasileños estaban igualados en lo intangible, los últimos ganaron debido a que contaron con material superior y mejor suerte. Los brasileños nunca le dieron continuidad a su victoria en el río con un asalto anfibio. Por una parte, las existencias de Barroso en combustible, pólvora y municiones estaban seriamente disminuidas. Se debe recordar también que Barroso era un oficial naval, poco inclinado a operaciones en tierra.

Desde su perspectiva, la tarea crucial ahora era llegar al sur de las baterías enemigas y comenzar a reparar y reaprovisionar su flota. El 14 de Junio de 1865 navegó río abajo y allí se dio cuenta de que la artillería de Bruguez también se había mudado, aunque nadie sabía adónde. Tres días más tarde, el “Araguarí” reportó haber visto que se estaban construyendo nuevas baterías en Mercedes, al norte de Empedrado.

Bruguez había recibido refuerzos de tres batallones de infantería y suficientes cañones para elevar su número a treinta y seis. Había elegido bien el nuevo emplazamiento, ya que aquí el canal navegable era estrecho y Barroso solamente podía pasar en medio del fuego desde la posición paraguaya.

Lo hizo el 18 de Junio, apurando sus barcos todo lo que podían, con los cañoneros de Bruguez haciendo lo propio para detenerlos. Los brasileños pasaron con daños menores en sus vapores. Dos hombres murieron, sin embargo, incluyendo el comandante del “Beberibé”, quien recibió un disparo de muerte en la cabeza(37).

(37) “Combate de Mercedes”, en el “Diário do Rio de Janeiro”, del 6 de Julio de 1865. Ver también Aurélio Garcindo Fernandes de Sá a (Ministro Naval), cañonera “Parnahyba”, afueras de Chimbolar, 19 de Junio de 1865. Serviço Documental Geral da Marinha, Rio de Janeiro, “Documentos Pessoais do CMG Aurélio Garcindo Fernandes de Sá”, Nro. 0074. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Tres resultaron también con heridas de consideración entre los marinos imperiales que habían gateado por la cubierta para responder el fuego con armas pequeñas y fueron alcanzados como resultado(38).

(38) En relación con el combate en Mercedes, ver: Cecilio Echeverría a Emilio Mitre, Rosario, 26 de Junio de 1865, en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 149, Nro. 110; y Alberto Ariel Domínguez. “Empedrado y la división Sur del Ejército paraguayo”, ensayo leído ante el Congreso Nacional de Historia Argentina, Buenos Aires, 23 de Noviembre de 1995. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Barroso ancló sus barcos justo al sur de Bella Vista el mismo día. Pronto se le unieron el “Ivaí” y el vapor argentino “Guardia Nacional” y, con su ayuda, el almirante logró restablecer el bloqueo del río. El coronel Bruguez, sin embargo, no iba a dejarse vencer tan fácilmente. De nuevo mudó sus unidades de artillería e infantería al sur a través de bosques hasta Cuevas, abajo de la posición de Barroso.

Una vez más colocó sus cañones en una alta barranca dominando un estrecho paso del río. Allí esperó a que los aliados se abrieran paso, con la esperanza de que esta vez su artillería fuera efectiva. Pero Barroso no tenía intenciones de embarcarse en esa clase de pelea de nuevo, al menos no inmediatamente. Por el momento, su flota estaba segura y, así como los paraguayos podían esperar, también podía él.

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