El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Retirada a Paso de la Patria

La rendición de la división Uruguay podía haber agotado las posibilidades de éxito del Paraguay en las provincias de abajo, pero en modo alguno incapacitaba el Ejército de Solano López. La división Sur de Francisco Resquín todavía contaba con cerca de diecisiete mil hombres en el Paraná y bajo ningún sentido estaba derrotada(1).

(1) Fuerza Efectiva, Campamento Empedrado, 15 de Julio de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 344, Nro. 2. Este documento alista a 16.692 soldados en siete batallones de infantería, siete regimientos de caballería y una unidad de artillería. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Una victoria real de los Aliados solamente podría sobrevenir con la destrucción de esta Fuerza y la invasión del Paraguay propiamente dicha. Los miles de soldados en Humaitá habrían titubeado ante un ataque aliado si sus camaradas en Corrientes hubieran sido derrotados o depuesto sus armas como había hecho Estigarribia en Uruguayana, pero ése no era el caso.

Después del arresto del general Robles en Julio, la división Sur volvió a avanzar al sur hacia Bella Vista. En su camino, los paraguayos cazaron y mataron a una banda de indios tobas que habían vendido carne a los brasileños, pero más que eso no entraron en combate(2).

(2) Periódico “La Nación Argentina”, 19 de Julio de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Los soldados, nerviosos por su larga inactividad, estaban listos para descargar sus frustraciones en cualquier dirección. La tranquila visión de las arboledas de naranjos de Bella Vista ya no los calmaba. Al contrario, los paraguayos estaban tensos, listos para pelear.

Sin embargo, en vez de una batalla lo que tuvieron fue otra tediosa marcha. Su principal columna avanzó por el Paraná de acuerdo con las precisas, mecánicas y demasiado detalladas Instrucciones del mariscal, que acentuaban la seguridad de los flancos sobre cualquier otra cosa. Tal control probó ser innecesario.

El tedio del largo traslado transcurrió inquebrantable, a no ser por la vista de algún ocasional jinete correntino que seguía sus movimientos desde una discreta distancia. Luego, el 25 de Julio de 1865 la vanguardia paraguaya cumplió su deseo. En gran medida por accidente, estas tropas se toparon con el casco de una estancia en manos de dos mil quinientos irregulares de Nicanor Cáceres y se abalanzaron sobre su posición de inmediato.

Solano López había anhelado forzar un enfrentamiento decisivo en esta parte de Corrientes, pero el “armadillo rojo” se rehusaba a darle la batalla que él quería. En esta ocasión, una vez más, en vez de eso, luego de sufrir unas pocas bajas, Cáceres se retiró al Este, hacia los nacimientos de los ríos Corriente y Batel(3).

(3) Severo Ortiz, “Apuntes biográficos del general de la Nación Nicanor Cáceres” (1867), pp. 175-177, Buenos Aires. Imp. Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Los humedales hacia donde sus hombres huyeron estaban entre los más inaccesibles de la provincia. Había lagos y lagunas por todos lados, espesamente cubiertos con Victoria regis, una planta acuática de color malaquita con follaje tan extensivo que ocultaba el agua clara debajo.

Los pocos islotes les proporcionaban a los correntinos el espacio justo para un estrecho refugio. Tropas montadas sin experiencia en la región vacilaban en atravesar semejante territorio que, de acuerdo con el viejo folclore guaraní, abundaba en taimados duendecillos. Cáceres, sin embargo, allí se sentía perfectamente en casa. Levantó un campamento, se lamió las heridas y esperó nuevas oportunidades(4).

(4) Nicanor Cáceres a Manuel Hornos, Campamento Muchas Islas, 25 de Julio de 1865, 4:30 p.m., en el periódico “La Nación Argentina”, 2 de Agosto de 1865. Cáceres, de hecho, había justo recibido una Nota de Manuel Ignacio Lagraña en la que el gobernador le recordaba que debía retrasar la pelea para coordinar sus actividades con el resto de los Ejércitos Aliados. Ver Lagraña a Cáceres, Monte Punta, 17 de Julio de 1865, en Ricardo Levene. “Archivo del coronel Dr. Marcos Paz” (1959-1966), tomo 4, pp. 40-41, La Plata (siete volúmenes). Universidad Nacional. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

- Una presencia incómoda

Las tropas de Resquín entraron en el pueblo de Bella Vista el 2 de Agosto de 1865. La gente de la villa, que había previamente huido y luego retornado, no estaba demasiado feliz de verlas. A excepción de Corrientes, la autoridad del ministro de Relaciones Exteriores José Bergés y de la Junta Gubernativa estaba completamente opacada por la milicia paraguaya, que tendía a tratar a los locales más como enemigos que como potenciales aliados.

Los paraguayos ya habían arrestado a las esposas y los hijos de figuras prominentes en Corrientes y los habían enviado a Humaitá como rehenes(5). Parecía poco probable que se abstuvieran de tales prácticas más al sur(6).

(5) Muchas de estas personas se pasaron los siguientes cuatro años detenidas, aunque no siempre degradadas. En una carta de Marzo de 1867, el ministro de Estados Unidos Washburn señaló que había visitado recientemente el campamento aliado, donde recibió unas treinta libras esterlinas de Modesto J. Méndez de Corrientes; este dinero era para comprovincianas de Méndez en Paraguay y era el último de varios envíos de efectivo. Washburn a Victoria Bar de Ceballos, Asunción (¿10?) de Marzo de 1867, Washburn-Norlands Library, Livermore Falls, Maine. Washburn posteriormente acusó recibo de un paquete de ropa y dos onzas de oro que le fueron enviadas por Roberto Guy Billinghurst bajo bandera de tregua y dirigido a mujeres correntinas mantenidas en San Juan Bautista. Las contrapartes paraguayas de estas mujeres no tenían una fuente comparable de socorro. Ver: Washburn a Roberto Billinghurst, Asunción, 18 de Septiembre de 1867, Washburn-Norlands Library, Livermore Falls, Maine. Sobre un caso particularmente penoso, el de Carmen M. de Pavón, ver anónimo: “Romance of the War”, en el periódico “The Standard”, (Buenos Aires), 25 de Septiembre de 1869.
(6) Francisco Ferreira a Desiderio Onieva, Bella Vista, 24 de Julio de 1865, en el periódico “La Nación Argentina”, 4 de Agosto de 1865, Biblioteca Nacional, Buenos Aires, Doc. 15.050; Francisco Sánchez al Comandante de Encarnación, Asunción, 2 de Agosto de 1866, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 1.730. Es notable que la Junta Gubernativa -no el comando paraguayo- iniciara el arresto de ciertos individuos “por crímenes políticos” y ordenara su traslado a Humaitá. Ver: Junta Gubernativa a Bergés, Corrientes, 19 de Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 23, 158. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Aunque mantenían sus voces bajas, la mayoría de los bellavistenses rezaba para que el Gobierno Nacional contraatacara y expulsara a los invasores. Aunque todavía miraban con desconfianza y como a un potencial dominador al presidente Mitre, al menos él no estaba en ese momento apretando sus gargantas.

En Bella Vista se estableció la mejor parte de la división Sur cuando el coronel José Bruguez marchó al Sur a desafiar a la flota imperial en Cuevas. Fue una experiencia incómoda para los locales. Los soldados parecían considerarse con derecho de exigir comida y bebida a los residentes, algunos de los cuales alegaban en vano su lealtad a la Junta Gubernativa(7).

(7) Augusto Luis Scotto. “La invasión paraguaya a Bella Vista”, en el periódico “El Liberal” (Corrientes), 20-26 de Enero de 1925. A principios de los 1980, el historiador correntino Federico Palma -entonces en sus setentas- recordó a su abuela diciendo que los soldados paraguayos que ella vio en 1865 “estaban siempre hambrientos y siempre ansiosos de comer nuestra comida”. Entrevista con este autor, Corrientes, Abril de 1982. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Las tropas fueron particularmente rudas con los cincuenta y dos residentes extranjeros, la mayoría franceses e italianos, quienes soportaban la confiscación de sus alimentos y enseres hasta el último rastro(8). Un mercader que se hizo pasar por norteamericano finalmente hizo escuchar sus quejas gracias a la intermediación del ministro Washburn de Estados Unidos, pero no antes de que los paraguayos destrozaran su negocio(9).

(8) Ver: “Interrogatorio a los italianos Pietro Morello, Stefano Livieres y Gaetano Trabucco”, Bella Vista, 13 de Septiembre de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 1.696; B. Ferreyra a Junta Gubernativa, Corrientes, 11 de Octubre de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco I-30, 26, 49; y el periódico “La Tribuna” (Buenos Aires), 27 de Octubre de 1865.
(9) Papeles de Louis Jaeger (1865-1866), en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco I-30, 4, 53, Nros. 1-13; Washburn a Bergés, Asunción, 6 de Marzo de 1867, en Washburn-Norlands Library, Livermore Falls, Maine. Tiempo después se descubrió que Jaeger era en realidad de Bohemia, entonces parte del Imperio Austro-Húngaro. Sobre un caso similar que involucró a un comerciante británico en Bella Vista, ver: John Gannon a Edward Thornton, Buenos Aires, 31 de Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 24, 9. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Resquín también tenía la facultad de reclutar a los hombres del pueblo. Varias semanas antes, la Junta Gubernativa había decretado que todos los varones de entre diecisiete y cincuenta años de edad eran elegibles para conscripción. La inquietud que causó este decreto en Bella Vista llevó a muchos a los pantanos a unirse con Cáceres, dejando atrás una huraña población de mujeres y niños(10). Nadie podía ahora recordar los tiempos cuando los correntinos consideraban a los paraguayos sus hermanos.

(10) Decreto de la Junta Gubernativa, Corrientes, 12 de Julio de 1865, en el periódico “La Nación Argentina”, 2 de Agosto de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La división Sur permaneció en la vecindad de Bella Vista por poco más de dos meses. No peleó grandes batallas y obtuvo pocos beneficios para los objetivos de la guerra, más allá de estar listos para reforzar a Bruguez si fuera necesario. Cuando los vapores brasileños pasaron Cuevas el 12 de Agosto, Solano López envió a Resquín nuevamente al Sur, hacia el río Santa Lucía, justo encima de Goya.

- Sobre la marcha al Sur

Una vez más, los paraguayos avanzaron cautelosamente, innecesariamente, ya que no había Fuerza Aliada de consideración para bloquearle el paso. El gobernador Manuel Lagraña había establecido un Gobierno Provincial en Goya pero, como tenía pocas tropas a disposición, estaba listo para partir en cualquier momento.

Aun así, los paraguayos no hicieron nada más que explorar el límite norteño del pueblo. Cuando Solano López se enteró de la derrota en Yatay, ordenó a Resquín retirarse de la orilla izquierda del Santa Lucía “para evitar la sorpresa del enemigo”(11).

(11) Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870” (1968-1982), tomo 2, p. 203, publicadas en el periódico “La Tribuna” (trece volúmenes), Asunción. Ediciones EMASA. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Estas órdenes reflejaban el efecto que tuvieron en el pensamiento del mariscal no sólo la derrota de Duarte, sino también el asalto a Corrientes del general Paunero, el 25 de Mayo de 1865. También revelaban el vivo deseo del líder paraguayo de tomar el control operacional del Ejército, empujando a un costado del campo a los comandantes que fueran o muy cautos o, como podía ser Resquín, un poco exitosos de más.

Pero, en realidad, Resquín era prudente y servil hasta lo grotesco, habiendo aprendido por experiencia que un grado de autohumillación era necesario para lidiar con Solano López. El mariscal se había decidido por la circunspección, y así sería. De hecho, el peligro de un gran ataque aliado en el Oeste era mucho menor de lo que sugería esta cautela; después de todo, las principales concentraciones enemigas estaban a más de150 kilómetros de distancia sobre el río Uruguay.

No obstante, los paraguayos no podían arriesgarse a marchar demasiado lejos sin reaprovisionamiento. Resquín estaba particularmente preocupado por la falta de buenos caballos. Aquellos traídos de Humaitá eran escuálidos y débiles y la caballería los había exigido ya demasiado.

Además, Santa Lucía tenía limitadas pasturas para el gran número de animales que acompañaba la Fuerza de invasión. El 3 de Agosto de 1865, Resquín notificó a Solano López que muchos caballos habían perecido como resultado, dejando a unos cuatro mil de sus hombres sin montura. Este hecho impedía cualquier idea de continuar la marcha(12).

(12) Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870” (1968-1982), tomo 2, p. 148, publicadas en el periódico “La Tribuna” (trece volúmenes), Asunción. Ediciones EMASA. Los Aliados desde hacía un tiempo conocían la debilidad de los paraguayos en cuanto a caballos, pero no fueron capaces de explotar la situación. Ver: Nicanor Cáceres a Paunero, Ambrosio, 14 de Julio de 1865, en Ricardo Levene. “Archivo del coronel Dr. Marcos Paz” (1959-1966), tomo 4, pp. 32-33, La Plata (siete volúmenes). Universidad Nacional. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El mariscal, sin embargo, no estaba listo para rendirse. Anunció que esperaba ir pronto personalmente a Corrientes con un adicional de veintidós mil hombres y todos los caballos que pudiera encontrar en Paraguay. Mientras tanto, autorizó a Resquín a capturar los equinos que tuvieran los estancieros correntinos, sin importar cuán viejos o defectuosos fueran.

Esto dio sanción oficial al saqueo en una escala más amplia de la que había tenido nunca y los paraguayos barrieron el campo llevándose todo lo que se moviera en cuatro patas, desde caballos de sangre hasta bueyes cojos. Colaboradores correntinos regularmente actuaban como baqueanos en estos asaltos, codiciosamente participando en algunos de los peores abusos. En este sentido, individuos pobres y marginalizados se tomaban su parte de venganza por los años de desprecio del que habían sido objeto por parte de prósperos estancieros.

La quema de cascos de estancias y la confiscación del ganado ya sea por necesidad o como medio de intimidación levantó un perdurable resentimiento entre los correntinos de la región centro-sur de la provincia, donde hasta ese momento la regla había sido la indiferencia o la pasividad hacia los invasores. Hambrientas y sin paga, las tropas de Resquín tendían a apropiarse de lo que tuvieran enfrente. Incluso desvalijaron la principal Iglesia de Bella Vista, robando la corona de plata y las vestimentas de la Imagen de la Virgen(13).

(13) Lagraña a Juan J. Méndez, Goya, 6 de Agosto de 1865; y Lagraña a Marcos Paz, Goya, 6 de Agosto de 1865, ambas en el periódico “La Nación Argentina”, 15 de Agosto de 1865. Los paraguayos posteriormente aseguraron que los irregulares correntinos fueron responsables del sacrilegio. Ver: periódico “El Semanario” (Asunción), 28 de Octubre de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Aunque Resquín sí necesitaba más caballos, no necesitaba tanto las tropas adicionales que López le prometía; hasta ese momento no tenía misión para los hombres que ya estaban bajo su comando y los refuerzos no hacían sino agregar la carga.

Encontrar comida para los recién llegados significaba un serio problema. Cuando descubrían ganado en algunos sitios, los paraguayos mostraban gran imaginación para preparar comidas a base de carne, incluyendo bifes asados y guisados (jukysy so’o), como también la más elaborada sopa de carne molida (so’o josopy).

Aun así, penosamente extrañaban los vegetales, la mandioca y el maíz nativo que era parte de la dieta diaria en casa. Las naranjas dulces, que en cierto momento había en abundancia, se habían acabado hacía rato. Como resultado, algunos soldados comenzaron a mostrar síntomas de escorbuto, con encías sangrantes, dientes dolientes y desgano. Muchos más tenían diarrea y algunos sarampión, una enfermedad que amenazaba a toda la división.

El apoyo médico, siempre inadecuado, tenía escasas esperanzas de controlar la situación; los prácticos, sin entrenamiento, simplemente recomendaban a los afligidos soldados mantenerse limpios y tranquilos y lo más tibios posible. Esta última sugerencia era sensata, pero impracticable.

Los hombres tenían que usar bosta de vaca como combustible y Resquín movilizó varias veces la totalidad de su Fuerza en busca de leña. En tanto, los refuerzos desde Humaitá aparecían durante su avance, al menos dos regimientos de caballería y un batallón de infantería. Siguiendo las Instrucciones del mariscal, los paraguayos habían presionado a la Junta Gubernativa para apoyar esta asistencia(14).

(14) Solano López a Bergés, Humaitá, 12 de Julio de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco I-30, 12, 12, Nro. 14. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Víctor Silvero y otros miembros tenían dificultades para cumplir estas demandas, ya que no importaba cuánto ellos profesaran su lealtad a la causa, no podían insuflar entusiasmo alguno entre sus comprovincianos, especialmente después de Riachuelo.

La Junta finalmente juntó una Fuerza de ochocientos hombres. Esto era todo lo que podía ofrecer. Aun las contribuciones simbólicas eran importantes, sin embargo, y este esfuerzo sumó al número de tropas disponibles para Resquín. Pese a su propia incertidumbe, el comandante correntino, mayor Juan Francisco Lovera, prometió que sus hombres cumplirían con creces su obligación(15).

(15) Bergés a la Junta Gubernativa, Corrientes, 8 de Julio de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco I-30, 6, 54; Junta Gubernativa a Bergés, Corrientes, 10 de Julio de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco I-30, 23, 163, Nro. 2. En cuanto a Lovera, ver Solano López a Junta Gubernativa, Humaitá, 9 de Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco I-30, 21, 141; y Lovera a Junta Gubernativa, Racitos, 6 de Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco I-30, 21, 143. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

- Fricción entre los argentinos

Las Fuerzas Aliadas que estaban más al sur no tenían nada comparable en poderío con los paraguayos al principio. Mientras Cáceres, Simeón Payba, Isidoro Reguera y Juan Madariaga se las ingeniaban para provocar un activo hostigamiento al enemigo, era el gobernador Lagraña quien preparaba la defensa general de la provincia.

Había sobrevivido a la invasión paraguaya y se había relocalizado varias veces en el sur de Corrientes. En Goya, Lagraña se ocupó de los detalles del reclutamiento y la logística, intentando imitar el anterior éxito de Mitre en Concordia.

Sin embargo, tenía pocos hombres confiables, con muy poca experiencia. El Gobierno Nacional claramente prefería dejar de lado a Lagraña y enviaba la mayor parte de los suministros y el dinero a las Fuerzas argentinas en Restauración(16).

(16) El general Paunero le causaba resentimiento que un civil como Lagraña tuviera acceso a suministros militares y recomendaba que se le liberara de la responsabilidad de apoyo logístico. Ver: Paunero a Paz, Batel, 20 de Julio de 1865, en Ricardo Levene. “Archivo del coronel Dr. Marcos Paz” (1959-1966), tomo 4, p. 51, La Plata (siete volúmenes). Universidad Nacional. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Mitre correctamente creía que las esperanzas de victoria en Corrientes dependían de concentrar fuerzas para una poderosa ofensiva. Cualquier material desviado hacia el Oeste debilitaría la capacidad de la Fuerza principal de atacar a Resquín cuando fuera oportuno.

Tampoco había razones para suponer que Lagraña podría mantener Goya si los paraguayos presionaban. Las provisiones enviadas al gobernador bien podrían caer en manos enemigas. Más aún, Lagraña, aunque liberal y mitrista, no era tan confiable como el general Paunero para sostener los intereses de la Argentina de Mitre(17).

(17) En una carta a Marcos Paz, Paunero denunció a Lagraña por estar interesado exclusivamente en las elecciones locales, que debían realizarse al final de ese año e ignorar la causa nacional durante la guerra. Ver: Paunero a Paz, Monte Puna, río Corriente, 18 de Julio de 1865, en Ricardo Levene. “Archivo del coronel Dr. Marcos Paz” (1959-1966), tomo 4, pp. 42-44, La Plata (siete volúmenes). Universidad Nacional. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Durante todo Julio, el gobernador persistió en rogar asistencia al Gobierno Nacional:

“En tres meses y medio de acción diaria contra el enemigo, soportando todos los rigores de la estación (de invierno), el soldado correntino ha dado todas las pruebas de su patriotismo; pero ha sido con gran demora que ha recibido vestimentas (y otros suministros) del Gobierno. Los uniformes hasta ahora suman 4.000, lo que deja a 1.500 sin él”(18).

(18) Lagraña a Paz, Goya, 28 de Julio de 1865, en Ricardo Levene. “Archivo del coronel Dr. Marcos Paz” (1959-1966), tomo 4, pp. 66-67, La Plata (siete volúmenes). Universidad Nacional. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Lagraña finalmente recibió sus uniformes a mediados de Agosto, pero no sin asegurársele antes a Paunero que una “persona competente” se encargaría de su distribución a las tropas correntinas(19).

(19) Paunero a Paz, Paso de Ayala, 12 de Agosto de 1865, Ricardo Levene. “Archivo del coronel Dr. Marcos Paz” (1959-1966), tomo 4, pp. 94-95, La Plata (siete volúmenes). Universidad Nacional. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La subsecuente insistencia del general de un inventario de provisiones en Goya era equivalente a acusar a Lagraña de corrupción y, de hecho, alguien estaba evidentemente desviando suministros. El gobernador, quien podía reaccionar con consternación pero no con rabia, le escribió al vicepresidente Marcos Paz que gustosamente abriría sus Libros para inspección en cualquier momento que el Gobierno lo deseara(20).

(20) Paunero a Paz, Yatay, 18 de Agosto de 1865, en Ricardo Levene. “Archivo del coronel Dr. Marcos Paz” (1959-1966), tomo 4, pp. 94-95, La Plata (siete volúmenes). Universidad Nacional. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Esta pelea dentro de la pelea parecía no tener mucha relevancia en ese momento, pero claramente ilustraba cuánta discordia existía entre gente supuestamente unida en una causa común. No era una mera cuestión de personalidades o de autoridad de civiles versus militares. En las mentes de muchos en Corrientes, la pretendida destrucción del Ejército paraguayo, a la par que causaba verdadera celebración, también inspiraba dudas sobre el futuro.

¿Recuperaría la provincia alguna autonomía o se convertiría de allí en adelante en un satélite de Buenos Aires? ¿Quién podía asegurar que tropas brasileñas (y argentinas) actuarían menos maliciosamente hacia la propiedad correntina que las paraguayas? ¿Y quién pagaría por los costos de la guerra?

Lagraña y los distintos comandantes militares correntinos, aunque crecientemente al tanto de estas preocupaciones, todavía tenían una guerra con la que lidiar. Y para combatir al Ejército del mariscal estaban dispuestos a usar los métodos del enemigo. Las fuerzas irregulares bajo Cáceres y otras habían sobrevivido desde Abril mayormente rebuscándoselas. Mitre había sancionado estas actividades como necesidades militares y a finales de Julio sugirió confiscar todo el ganado antes de que los paraguayos pudieran apropiárselo(21).

(21) Mitre a Lagraña, Concordia, 25 de Julio de 1865, en “Documentos que justifica la legitimidad de la Deuda contra el Gobierno de la Nación por suministros hechos al Ejército de Vanguardia nacional en Corrientes en armas contra el Paraguay” (1870), p. 7, Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Lagraña accedió y tres semanas más tarde ordenó la incautación de todos los caballos de la provincia. La orden claramente obligaba a correntinos confiscar la propiedad de otros correntinos, una dura política que los envíos desde el Gobierno Nacional podían hacer poco para reparar(22).

(22) Lagraña a Paunero, Goya, 17 de Agosto de 1865, en“Documentos que justifica la legitimidad de la Deuda contra el Gobierno de la Nación por suministros hechos al Ejército de Vanguardia nacional en Corrientes en armas contra el Paraguay” (1870), p. 8, Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Lagraña sabía perfectamente bien que esta orden causaría la generalización de las depredaciones ya que los soldados -nominalmente bajo su autoridad- si eran liberados de ataduras, se llevarían mucho más que sólo caballos.

Esto inauguró -o, más precisamente, extendió- un período trágico en la campaña de Corrientes, durante el cual los Ejércitos contendientes montaron asaltos no tanto el uno contra el otro como contra aisladas estancias y granjas del Interior, donde caballos, ganado y todo lo que se encontraba eran tomados como presentes.

Algunos propietarios vieron sus hogares destrozados primero por los paraguayos, luego por los correntinos y finalmente por desertores de ambos bandos. Después de tales saqueos, poco quedó más que trozos de utensilios y ruinas carbonizadas(23).

(23) Despacho de Luis Antonio González, Comandante de San Cosme, costa de Corrientes, 16 de Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Rio Branco I-30, 23, 165. Ver también: Severo Ortiz, “Apuntes biográficos del general de la Nación Nicanor Cáceres” (1867), p. 177, Buenos Aires. Imp. Buenos Aires. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Información adicional