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Las tropas paraguayas evacuan Corrientes

- Comienza la retirada

Solano López pretendía asumir personalmente el comando de la división Sur, pero eligió posponer su arribo hasta que el coronel Estigarribia se liberara del cerco en Uruguayana. En otro plan de campaña altamente elaborado, los comandantes paraguayos serían lanzados al flanco de los aliados en el Rincón de Soto. Posteriormente, se unirían las dos columnas del Ejército y avanzarían de nuevo al sur, presumiblemente a Montevideo(1).

(1) “Proyecto de combate a librarse en la provincia de Corrientes”, Cuarteles (¿Corrientes?), 29 de Septiembre de 1865, Natalicio González Collection, Spencer Library, University of Kansas, Lawrence, MS E222.6, pp. 38-40. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Resquín, sin embargo, no tenía conocimiento preciso de lo que estaba pasando en el lado opuesto de la provincia. De hecho, no tenía idea clara del número de las tropas que contaba Lagraña en Goya. Resquín era un oficial bastante capaz, pero su comandante le dejó poco espacio para tomar medidas independientes; podía hacer poco más que esperar las órdenes del mariscal.

Tomó más de dos semanas para que las noticias de la rendición de Estigarribia alcanzaran a Resquín. El comandante paraguayo había notado un número creciente de patrullas enemigas en su flanco izquierdo, pero más que eso no tenía claros indicios de que la situación hubiera cambiado.

La única acción de alguna significación durante este intervalo ocurrió cerca de Yaguareté Corá a mediados de Septiembre. La fuerza expedicionaria de 800 hombres del mayor Lovera acababa de completar un agotador reconocimiento al oeste de la Laguna Iberá. Tras establecer sus tiendas y hamacas la noche del 20 de Septiembre, pusieron a vigilar a varios centinelas poco confiables.

Justo cuando el sol comenzó a despuntar en el horizonte la mañana siguiente, una caballería Aliada descubrió a toda la unidad durmiendo y se abalanzó contra ella sin aviso. Noventa correntinos murieron y otros 371 se rindieron. Los sobrevivientes, incluyendo a Lovera, se escaparon a través de los pantanos y cuidadosamente se abrieron camino hacia sus hogares, aliviados de que la guerra hubiera terminado para ellos(2).

(2) Ver: Junta Gubernativa a Solano López, Corrientes, 26 de Septiembre de 1865, en el periódico “Diário de Rio de Janeiro”, 22 de Noviembre de 1865; y Solano López a Resquín, Humaitá, 25 de Setiembre de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica 343, Nro. 15; Lovera continuó cumpliendo órdenes de la Junta los meses siguientes, luego abruptamente desertó hacia los Aliados. Lideró una pequeña rebelión antiparaguaya en el Departamento de San Luis antes del abandono de Resquín de la provincia. Ver: Bergés a Resquín, Corrientes, 15 de Octubre de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 1.696; y el periódico “La Tribuna” (Buenos Aires), 8 de Noviembre de 1865. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El Gobierno Nacional no perdió un solo hombre en el encuentro. Esta fue la única ocasión durante toda la guerra en la que dos considerables unidades argentinas se enfrentaron una con otra en combate abierto(3).

(3) José Ignacio Garmendia. “Campaña de Corrientes y de Rio Grande” (1904), pp. 416-419, Buenos Aires. Ed. Peuser. Ver también: Resquín a Bergés, Quevedo, 17 de Septiembre de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco I-30, 9, 103; y Eugenio E. Moreno a Resquín, Saladas, 22 de Septiembre de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco I-30, 22, 144. Había habido varias escaramuzas en las que pequeños grupos de correntinos habían peleado unos contra otros y, en una ocasión, Nicanor Cáceres reportó la captura de veinticuatro paraguayos y un “voluntario” correntino; a este último lo ejecutó como traidor con un disparo por la espalda. Ver: Cáceres a Lagraña, Paso de Flores, 17 de Junio de 1865, en el Archivo General de la Provincia de Corrientes, Correspondencia Oficial, Año 1865, Legajo 209. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Escribiendo a Bergés, el mariscal expresó tanto consternación como comprensión de la destrucción del comando de Lovera:

“Estoy muy apenado (que el contingente correntino) se haya evaporado; aunque nunca creí en su capacidad de resistir, aún así habrían servido grandemente para dar espíritu al país (...). La Junta debería ahora pensar en reunir otra (fuerza)”(4).

(4) Solano López a Bergés, Humaitá, 25 de Septiembre de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Sección Nueva Encuadernación 668. Por su parte, Lagraña expresó satisfacción de que los renegados estuvieran recibiendo su merecido y de que su derrota estuviera sirviendo “como una lección a aquéllos que quieran unirse a los invasores bárbaros”. Ver: Lagraña a Paz, Curuzú Cuatiá, 25 de Septiembre de 1865, en Ricardo Levene. “Archivo del coronel Dr. Marcos Paz” (1959-1966), tomo 4, pp. 187-188, La Plata (siete volúmenes). Universidad Nacional. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Subsecuentemente ordenó nuevas movilizaciones en aquellas áreas más cercanas al puerto de Corrientes, pero ya era demasiado tarde. El 6 de Octubre de 1865, habiéndose enterado de la derrota de Estigarribia sólo horas antes, el mariscal López ordenó el retiro de las tropas paraguayas de Corrientes. Ya no había ninguna duda sobre el curso de la guerra; para salvar algo de su malograda ofensiva, los paraguayos tenían que reagruparse, preferentemente detrás de las fuertes defensas de Humaitá(5).

(5) “Orden del Día”, Humaitá, 6 de Octubre de 1865, en el periódico “La Nación Argentina”, 1 de Noviembre de 1865; y Carlos Sarmiento. “Estudio crítico sobre la Guerra del Paraguay” (1890), pp. 18-23. Ed. La Impresora, Buenos Aires. Las memorias de Resquín prácticamente guardan silencio sobre su retirada de Corrientes, una operación que él dirigió de principio a fin. Casi con seguridad se avergonzaba del mal concebido episodio. Francisco Isidoro Resquín. “Datos históricos de la Guerra del Paraguay con la Triple Alianza” (1971), pp. 27-28. Ed. Imprenta Militar, Asunción. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El ministro de Guerra, Vicente Barrios, llegó a los Cuarteles de Resquín dos días después de que el mariscal emitiera la orden de evacuación. Llegó en un vapor, pero sus Instrucciones dirigidas a la división Sur las envió por tierra. Los Ejércitos Aliados bajo Mitre estarían pronto en posición de amenazarlo a menos que se moviera rápidamente.

La división Sur comenzó su marcha al Norte el 6 de Octubre de 1865. La ex fuerza de vanguardia, mayormente caballería, ahora actuaba como una retaguardia, pero con poco qué hacer. Cáceres, quien se había enterado de los acontecimientos de Uruguayana más o menos al mismo tiempo que Resquín, podría haber lanzado toda su fuerza contra la división Sur, retrasando su retirada.

Sus hombres todavía estaban muy mal aprovisionados, sin embargo, y optó por simplemente mantenerse cerca de los paraguayos. No hizo esfuerzos para demorarlos lo suficiente como para que el Ejército de Mitre se aproximara; las principales unidades aliadas, desde luego, estaban todavía muy lejos, cerca del río Uruguay, en ese momento. La mejor chance de embotellar a la Fuerza paraguaya dentro de Corrientes dependía de la flota imperial.

Si los barcos del almirante Tamandaré pudieran traspasar las baterías enemigas, podrían moverse encima del puerto de Corrientes y evitar que Resquín se retirara a través del Paraná. Tal maniobra lo habría detenido por el tiempo suficiente como para que los Ejércitos Aliados atacaran desde el Sur y el Este.

Sin embargo, el almirante ya había adoptado la estrategia de mantener su fuerza fluvial a la par de las principales unidades de tierra. Estaba, por lo tanto, poco dispuesto a navegar al norte de Rincón de Soto, que estaba cerca de la base de Lagraña en Goya.

En retirada, la división Sur solamente hacía en promedio unos 15 kilómetros por día. El suelo arenoso de Corrientes no era adecuado para caravanas pesadas y carretas de bueyes que incluso con sus ruedas de dos metros de alto lo mismo se atascaban. En el mejor de los casos, el paso era difícil, pero ahora las lluvias habían desbordado los arroyos y ríos, complicando cada operación.

Y como si esto fuera poco, el mariscal ordenó a su Ejército arrasar las pocas estancias que sus tropas no hubieran todavía asaltado y arrear el ganado al Norte. Los paraguayos faenaron los animales que no pudieron llevar, dejando nada detrás para el enemigo.

Esta táctica era en un sentido imprudente, ya que prolongaba innecesariamente el riesgo de un ataque. Fue exitosa por un tiempo, sin embargo, en cuanto a perturbar el aprovisionamiento aliado, ya que, como señaló un observador, dejó a “toda la provincia desierta de alimentos como el valle de Shenandoah estuvo en tiempos pasados”(6).

(6) Revista “Anglo-Brazilian Times”, del 7 de Noviembre de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Los argentinos y brasileños debían haber sido capaces de adquirir ganado de las estancias de Urquiza en Entre Ríos. Aunque cierto en teoría, la verdad era que los seguidores del caudillo hacían todo lo que podían para no vender. Como resultado, los hombres de Mitre tenían que faenar cantidades de animales de tiro del Ejército, una práctica que retrasaba el avance Aliado todavía más(7).

(7) El corresponsal de guerra del periódico “The Standard” (de Buenos Aires) escribió en la edición del 3 de Enero de 1866 que la situación de los suministros era notoriamente mala: “Debe ser tenido en cuenta que tenemos ya un número sin precedentes de soldados y marineros que alimentar (...) sin mencionar las constantes adiciones que se están agregando, cuya única y exclusiva comida es carne. Los habitantes de los devastados distritos también tienen que procurarse su subsistencia de los cuatro Departamentos que no fueron invadidos. En cuanto a granos o cualquier vegetal que contribuya con la nutrición, en tiempos de paz una escasa ración era todo lo que había; este año nada, absolutamente nada, ha sido plantado”. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Por supuesto, las verdaderas víctimas en todo esto eran los estancieros correntinos, grandes y pequeños. Como un oficial naval británico en la estación América del Sur puntualizó, “la campaña paraguaya en Corrientes se lee como una incursión de demonios, ya que no hubo oposición, no hubo combates para excitar su furia; todo fue hecho a sangre fría”. Al final, el camino al Norte hacia el Paraguay fue dejado “blanco como huesos limpiados con lejía”(8).

(8) A. J. Kennedy. “La Plata, Brazil and Paraguay during the Present War” (1869), pp. 36-37. Ed. Edward Stanford, Londres. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

- En el Puerto de Corrientes

Curiosamente, la capital provincial misma resultó poco afectada por estas depredaciones. Desde el principio, los paraguayos habían tratado al pueblo con una mano algo más blanda que la utilizada en la zona rural. No establecieron impedimentos, por ejemplo, a los mercaderes correntinos, quienes en su mayor parte operaron sus negocios como antes, si bien a una escala reducida. Un pequeño grupo se las arregló incluso para obtener cartas de crédito de Buenos Aires, un hecho ante el cual Bergés claramente hacía la vista gorda(9).

(9) Ver: Rafael Gallino a Sinforoso Cáceres, Corrientes, 26 de Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco, I-30, 23, 244, Nros. 1, 2. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Bergés consistentemente intentó inculcar un espíritu de normalidad en la comunidad. También hizo un gran teatro en ayudar a aquellos correntinos cuyas casas habían sido dañadas el 25 de Mayo de 1865. En esto tuvo el apoyo de colaboradores locales, no sólo de los miembros de la Junta Gubernativa, sino también de muchos correntinos comunes(10).

(10) Ver: Junta Gubernativa a Bergés, Corrientes, 1 de Octubre de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco, I-30, 23, 161. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Para algunos, las sospechas hacia Buenos Aires sobrepasaban los malos sentimientos hacia Asunción y los viejos federalistas hicieron todo lo que pudieron para alentar esa actitud. El periódico “El Independiente”, aunque lejos de ser una fuente imparcial, todavía reflejaba el pensamiento de mucha gente cuando publicó un artículo elogiando a los paraguayos como defensores de la autonomía provincial y el equilibrio del poder. El periódico serializó una biografía de José Gervasio Artigas, a quienes muchos consideraban el padre del federalismo en la región(11).

(11) “El Independiente”, 3 de Agosto de 1865. La vida de Artigas no era quizás la mejor analogía, ya que los soldados leales al jefe oriental se habían comportado con suprema repulsión ante las élites locales durante su ocupación de 1814-1820. Bergés recompensaba la lealtad de “El Independiente” con frecuentes (y no publicadas) contribuciones de dinero. Ver: telegrama, Bergés a Solano López, Corrientes, 29 de Abril de 1865, en Arturo Rebaudi. “La Declaración de Guerra de la República del Paraguay a la República Argentina” (1924), p. 14. Ed. Serantes Hermanos, Buenos Aires. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

A nadie podía escapársele la implicancia de que, aunque el Plata ahora tenía un nuevo “padre” (Solano López), el argumento contra las pretensiones de Buenos Aires permanecía tal como siempre. El aspecto más notable de la vida bajo el Gobierno paraguayo fue la libertad con la que la gente del pueblo en Corrientes expresaba sus opiniones.

Bergés prohibió como sediciosa cualquier demostración de sentimiento proaliado pero, más allá de eso, dejó a la gente hablar bastante abiertamente. Confiaba en la facciosa naturaleza de la política local para mantener a los elementos más peligrosos bajo control, sabiendo muy bien que la mayoría de los correntinos se inclinaba por una línea más pasiva y moderada. Un número sorprendente levantó su voz en amplias discusiones sobre el futuro de la provincia.

Esta situación ofrecía un agudo contraste con el Paraguay mismo, donde la familia López hacía tiempo había barrido el disenso. Los correntinos incluso se sintieron suficientemente cómodos en 1865 para cuestionar dictados de la Justicia paraguaya. Más sugestivamente, cuando las autoridades militares paraguayas arrestaron al hombre de negocios Wenceslao Díaz Colodrero bajo sospechas de espionaje, un cuerpo de veintiséis notables, incluyendo a Santiago Derqui y al cónsul italiano, salieron al paso para exigir su liberación.

Díaz Colodrero -insistían- era un antiguo federalista y un amigo del Paraguay quien no había hecho nada, “ni siquiera indirectamente, para dañar la noble causa de defender la República”(12). El mariscal accedió y puso al hombre en libertad poco después(13).

(12) “Petición de ciudadanos de Corrientes”, Corrientes, 7 de Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco, I-30, 21, 144; Derqui a Solano López, n.p., 7 de Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco, I-30, 21, 68; Esteban Palacios, Tomás Vedoya y Benancio Ferreyra a Bergés, Corrientes, 12 de Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco, I-30, 22, 26.
(13) Solano López a Bergés, Humaitá, 14 de Agosto de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco, I-30, 12, 13, Nro. 2. Díaz Colodrero más tarde sirvió como ministro de Gobierno en el régimen federal de Evaristo López. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El breve experimento de “apertura” política bajo la ocupación terminó una vez que la fortuna se tornó contra las armas paraguayas. La Junta Gubernativa tambaleó por semanas, crecientemente insegura de su rol político y continuamente cediendo más autoridad administrativa a Bergés. Si bien los federales correntinos que componían la Junta creían que gozaban de la confianza del mariscal, de hecho Solano López los utilizó y luego los descartó cuando ya no fueron de provecho.

Bergés por mucho tiempo le había aconsejado reconocerle a la Junta algo más que una independencia pasajera y otorgarle algunos subsidios pequeños y cierto control sobre las recaudaciones correntinas. Pero el mariscal se negó a endulzar la píldora de la conquista y ahora pagaba el precio ya que, para principios de Octubre de 1865, sus colaboradores correntinos Silvero, Gauna y Sinforoso Cáceres estaban pensando más en una fuga que en nuevas campañas.

- En las misiones

En Uruguayana, el grueso del Ejército de Mitre seguía sin saber que Resquín ya había comenzado su retirada. La única Fuerza Aliada de alguna importancia del lado argentino en el río Uruguay era la caballería correntina, la cual previamente había seguido a la distancia a Estigarribia evitando todo enfrentamiento.

Mitre les había dado Instrucciones de vigilar las aproximaciones desde el noroeste durante el sitio. Esto los dejó bien posicionados para atacar las unidades paraguayas que llegaran desde las misiones para reforzar la difunta división Uruguay. Ahora los correntinos pasaron a la ofensiva.

La mañana siguiente, unidades de avanzada de ambos bandos colisionaron justo al sur de San Carlos. Los paraguayos, treinta y cinco en total, nunca pensaron ver a tantos correntinos en un área supuestamente asegurada por Estigarribia y Duarte. Antes que atacar, se refugiaron en su viejo campamento cerca de una abandonada misión, a corta distancia de allí.

Sin tiempo para preparar una defensa, nerviosamente descargaron una ráfaga de mosquetería antes de que el enemigo entrara en el rango de fuego. El coronel Reguera supuso que los paraguayos ya habían quedado exhaustos después de esta fusilada y desde un amplio campo los intimó a rendirse. Para su sorpresa, ignoraron su exigencia y, arrojando sus mosquetes, montaron en sus abrumados caballos y cabalgaron con total abandono directamente hacia él.

Los paraguayos cercenaron a tres correntinos con sus sables e hirieron a otros diez. Las tropas de Reguera, a su vez, dispararon y mataron a veinte enemigos en cuestión de minutos, dejando al resto en el campo con sus cuerpos ensangrentados. Nadie escapó. Varias unidades mezcladas de la caballería y la infantería paraguayas aparecieron en el norte cuando escucharon el tiroteo, pero se volvieron a camuflar en el monte cuando comprendieron lo que había ocurrido.

Los hombres de Reguera estaban cansados y su coronel decidió abortar la persecución. Hizo un alto en las ruinas de una misión y levantó piquetes. En su relato oficial del enfrentamiento, reflexionó acerca del coraje suicida de los paraguayos: “El enemigo -escribió- nunca se da por vencido ante nadie y prefiere la muerte a rendirse. Son peores que los indios de la pampa”(14).

(14) Citado en Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870” (1968-1982), tomo 2, p. 241, publicadas en el periódico “La Tribuna” (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. Ver también: Enrique Castro a Mitre, Trinchera, 3 de Octubre de 1865, en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 150, Nro. 25. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Para entonces, ésta ya no era una observación nueva, pero Reguera entendía sus implicancias mejor que la mayoría de los oficiales aliados. Un moribundo soldado enemigo le dijo que el mariscal acababa de desplegar cuatro mil hombres frescos en Encarnación(15).

(15) Citado en Efraím Cardozo. “Hace Cien Años (Crónicas de la Guerra de 1864-1870” (1968-1982), tomo 2, p. 241, publicadas en el periódico “La Tribuna” (trece volúmenes). Ediciones EMASA, Asunción. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Para avanzar tendría probablemente que toparse con este ejército, un prospecto que un comandante en su posición habrá encontrado sombrío. Los senderos desde el Aguapey a través de las misiones proporcionaban una ruta adicional de invasión al Paraguay. El frustrado Manuel Belgrano había llegado de esa forma en 1810. También lo hizo José Gervasio Artigas una década más tarde, aunque como refugiado, no como aspirante a conquistador.

Los paraguayos tenían estos precedentes en mente cuando organizaron sus defensas. Si bien Solano López creía que el principal avance Aliado ocurriría en el oeste, no podía darse el lujo de dejar las misiones completamente desprotegidas. Ya había removido a las familias de estancieros correntinos en la zona, quienes le habían vendido caballos. Ahora ordenó a sus tropas salir de Trinchera y cruzar el Paraná a Encarnación, dejando una pequeña fuerza residual detrás.

Simultáneamente, estableció un nuevo campamento llamado Santa Teresa, localizado sobre la orilla derecha del río a una altura equidistante entre Paso de la Patria y Encarnación. Este nuevo campamento, esperaba el mariscal bloquearía cualquier Fuerza importante que intentara avanzar hacia el centro del Paraguay. También dejó una pequeña guarnición en la estratégica Trinchera de Loreto. Allí los guardias paraguayos podían observar movimientos enemigos y dar la alarma si fuera necesario.

Durante los tres años siguientes, este mínimo campamento sirvió como única instalación paraguaya en lo que más tarde se convertiría en la provincia argentina de Misiones. En cuanto a los Aliados, estos se movieron a las áreas dejadas vacantes por Solano López y colectaron unos mil animales que habían abandonado en su apresurado camino al Norte(16).

(16) Enrique Castro a Bautista Castro, Apipé, 14 de Noviembre de 1865, en José Luciano Martínez. “Vida militar de los generales Enrique y Gregorio Castro” (1901), p. 205. Ed. Dornaleche y Reyes, Montevideo. El periódico “The Times”, de Londres, en su edición del 4 de Diciembre de 1865, ubica la figura de animales capturados en un improbable treinta mil. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Asaltaron a los paraguayos esporádicamente de allí en adelante, pero no montaron serios ataques en este teatro, dejando las acciones principales a sus Ejércitos en el Oeste.

- Evacuación de Corrientes

Las columnas Aliadas a lo largo del Uruguay pospusieron su avance a Corrientes hasta finales de Septiembre. En parte, la demora era causada por continuos problemas de aprovisionamiento y entrenamiento. Pocos de los recientemente arribados voluntarios podían cargar y disparar adecuadamente sus armas. También escaseaban las mulas y los bueyes y, como transportar cada cañón requería seis animales (con otros seis para la municiones), los artilleros no tenían más que esperar.

Pero la política jugó también un rol crucial en el retraso del Ejército. La eliminación de la división de Estigarribia había causado que mucha gente en el Litoral reevaluara su postura sobre la guerra. López ya no podía ganar, eso estaba claro. Pero cuando la lucha militar decayó, la contienda política se intensificó. Si Mitre ya había ganado, se preguntaban los correntinos y entrerrianos, entonces ¿por qué deberían ceder más vidas y propiedad a la causa nacional? Mucho mejor volver a casa y dejar que los porteños se las arreglaran con lo que restaba del Ejército paraguayo en Corrientes.

Las victorias aliadas le dieron a Mitre un respiro político importante en las provincias, pero efímero como el viento. Los brasileños, por el momento, estaban sinceramente comprometidos con su Alianza con Buenos Aires(17) pero cuanto más se acercaba Mitre al Gobierno Imperial, más preocupación tenía acerca de sus propios compatriotas. Dentro de su mismo Gobierno había muchas protestas sobre la supuesta mala conducta de tropas brasileñas en suelo argentino(18).

(17) Instrucciones del ministro de Guerra Angelo Moniz da Silva Ferraz al barón de Pôrto Alegre, Uruguayana, 30 de Septiembre de 1865, en el Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Coleção Marqués de Paranaguá, lata 312, pasta 4, Río de Janeiro.
(18) Ver, por ejemplo, Elizalde a Mitre, Buenos Aires, 13 de Diciembre de 1865, en Bartolomé Mitre. “Correspondencia Mitre-Elizalde. 1860-1868” (1980-1990), tomo 1, p. 295, Buenos Aires (dos volúmenes). // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Y estas quejas parecían triviales en comparación con aquéllas de carácter político más concreto. “El Republicano”, un semanario pro Urquiza de Concordia, resumió la opinión de muchos en el Litoral cuando señaló:

“Podemos tener mucho amor y veneración por nuestra patria, pero un pueblo no puede olvidar sus antipatías. El espíritu republicano entre los hombres puede permanecer aplacado un día, una semana, un mes pero, al final, el polvorín (explotará) (...).
“¿Acaso la presente guerra ha sido impopular solamente en Entre Ríos? ¿No ha habido pruebas de rechazo a lo largo de toda la República Argentina? Llamemos a la gente de la provincia de Entre Ríos a una guerra del pueblo, llamémosla para frenar el poder de la monarquía y entonces podremos preguntar si hay un solo entrerriano, uno solo, que no dé un paso adelante al llamado de la patria”(19).

(19) Citado en el periódico “La Tribuna” (Buenos Aires), 30 de Noviembre de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

En tales circunstancias, mantener a sus tropas leales implicaba un desafío tan grande para Mitre como el de aniquilar el Ejército de Resquín. Eso hacía que el presidente argentino se comunicara permanentemente tanto con sus comandantes del frente y como con los gobernadores de distantes provincias que habían prometido más refuerzos. Visitó las unidades para elevar la moral (y para recordar a los soldados que todavía había mucho por hacer) y continuó insuflando palabras sulfurosas en la prensa porteña contra el Paraguay y su líder.

A pesar de sus esfuerzos, Mitre tenía un éxito menos que completo en sostener la cohesión de su Ejército. El gobernador Urquiza, todavía azorado por el desbande de Basualdo, consiguió juntar otros seis mil de sus provincianos y los reunió en Toledo como preludio de un encuentro con la principal Fuerza Aliada. El caudillo cifraba todas sus esperanzas en este nuevo Ejército para continuar ejerciendo un rol en la guerra.

Sin embargo, al anochecer del 4 de Noviembre de 1865, sus hombres tomaron la misma fatal decisión de sus compatriotas en Basualdo. Comenzando con ochocientos regulares de Nogoyá, Diamante y Victoria, las tropas simplemente ensillaron sus caballos y se escabulleron en la noche. Esta vez ni siquiera la presencia de Urquiza pudo detener la ola de deserciones y al cabo de cinco días el campamento entrerriano lucía como un pueblo fantasma(20).

(20) F. J. McLynn. “General Urquiza and the Politics of Argentina” (1976), disertación doctoral, pp. 212-215. Ed. University of London, Londres. Unos pocos desertores fueron cazados y reintegrados forzosamente al Ejército, pero sólo unos cien hombres de alrededor de seis mil. Ver: Pedro Caminos al ministro de Gobierno, Victoria, 13 de Noviembre de 1865, en el Archivo General de la Nación, Buenos Aires, Archivo Urquiza; y Beatriz Bosch. “Los desbandes de Basualdo y Toledo” (1959), pp. 229-275, en la “Revista de la Universidad de Buenos Aires”, 4:1, Buenos Aires. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Mitre recibió las noticias de este nuevo desbande en Toledo sin exteriorizar demasiada alarma. En público sostenía que si los entrerrianos hubieran desertado antes, las consecuencias habrían sido desastrosas, pero ahora apenas importaba. A Urquiza le escribió que las victorias en Uruguayana y Yatay habían sellado la suerte de Solano López y que ya no eran necesarios nuevos contingentes para proseguir la guerra:

“Por lo demás, si ello le sirve de consuelo en medio de tantos desencantos, tengo el placer de reconocer los patrióticos esfuerzos que ha hecho usted en favor del Gobierno Nacional (...). Si sus esfuerzos no tuvieron los resultados que merecían fue exclusivamente debido a fuerzas que escapan a su control”(21).

(21) Mitre a Urquiza, Costa del arroyo Batel, 15 de Noviembre de 1865, en Bartolomé Mitre. “Archivo del General Mitre” (1911), volumen 5, pp. 373-374. En Archivo del diario “La Nación” (veintiocho volúmenes), Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La verdad era que el desbande consternaba a Mitre más de lo que se atrevía a admitir; era así cómo el árbol de la indisciplina daba sus frutos, pensaba. Y había otros soldados alienados en su Ejército, hombres que podían fácilmente ser arrastrados al mismo camino que los entrerrianos. Calladamente, pero con gran firmeza, insistió en que Urquiza y otros leales cazaran a los desertores y llevaran a los culpables al paredón de fusilamiento(22).

(22) Sobre la captura y Corte marcial de uno de los desertores, ver: Antonio Hernández a José Joaquín Sagastume, Diamante, 13 de Noviembre de 1865, en el Archivo General de la Nación, Buenos Aires, Archivo Urquiza, Sala 7, Cuerpo 14, Armario 4, Nro. 12. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Después de que esto estuviera consumado, el presidente ofreció un incentivo a aquéllos que no se plegaron al motín. De allí en adelante planeaba dedicarse personalmente con todas sus fuerzas de su bienestar, preocupándose de su comida, su refugio y otras comodidades más pequeñas con toda la energía que pudiera. Prometió, en esencia, depositar en ellos su confianza si, a su vez, ellos mostraban la conducta marcial que él esperaba.

Mitre comenzó a construir un entendimiento con sus hombres, incluso un entusiasmo, haciendo que la vida fuera lo más soportable posible para ellos y dejando que los soldados hicieran el resto. Esta era una tarea desagradable y nunca pudo realmente convencer a nadie. Peor aún, Mitre tuvo que enfrentar un miserable mal clima en Noviembre y Diciembre de 1865.

Aunque el frío del invierno hacía rato que había dado lugar al calor de la primavera, todavía llovía y llovía. Los tiempos húmedos traían hordas de insoportables mosquitos y los ahora omnipresentes piques, que ponían sus huevos debajo de las uñas de los pies de muchos soldados que venían de la ciudad. Todos sufrían y nunca había suficiente comida(23).

(23) Un soldado del contingente uruguayo relató lo inadecuado de las provisiones, remarcando el 7 de Diciembre de 1865 que el general Flores había traído ese día todas las frutas de un naranjo, pero ello alcanzó apenas para una naranja por cada hombre. Ver: periódico “The Standard”, (Buenos Aires) 6 de Enero de 1866. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

La principal Fuerza Aliada contaba ahora con treinta y siete mil hombres organizados en once divisiones de infantería, dos divisiones de caballería y varias unidades de artilleros e ingenieros, además de músicos, personal médico, capellanes, oficinistas y voluntarios de toda clase(24).

(24) Mitre estableció una Comisión Sanitaria que, tras Yatay, se encontró con más trabajo del que podía manejar. En Mercedes, los doctores trataron de levantar un hospital capaz de tratar a quinientos pacientes, pero terminaron retornando al hospital de Goya, que podía ser aprovisionado desde el río. Ver: Miguel Angel de Marco. “La sanidad militar argentina en la guerra con el Paraguay. 1865-1870” (1981), en “Revista Histórica”, 4:9, pp. 65-67, Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Este era de los más grandes conglomerados militares que se hubiera jamás reunido en esta parte del mundo. Su mismo tamaño, sin embargo, reducía su movilidad. Era particularmente dificultoso mover grandes números de hombres sobre suelo empapado. El presidente argentino, quien tenía un saludable respeto por el poder de la naturaleza, ni siquiera trató de hacerlo y en cambio demoraba su partida una y otra vez.

Los Aliados habían entrado en el aislado pueblo de Mercedes a mediados de Octubre de 1865 y luego no avanzaron más allá por tres semanas. Desde semejante distancia no podían afectar directamente los acontecimientos en el extremo norte. Sin embargo, el espectro de un revigorizado Ejército Aliado implicó una verdadera presión sobre el comandante paraguayo, quien urgió a sus soldados a acelerar su retirada a cualquier costo.

Los hombres de Resquín marcharon penosamente sin pausa a través de lodo, con el ganado confiscado tras de sí, hurgando por comida donde pudieran hallarla. Todo el tiempo imaginaban en sus talones a una bien armada caballería aliada. Aquéllos que caían enfermos con indigestiones, gripe o sarampión empeoraban y un gran número moría.

Como en todas las guerras, los rezagados se llevaban la peor parte; aquéllos que quedaban demasiado lejos de la columna eran aniquilados sin compasión por los hombres de Cáceres quienes, como su comandante, habían desarrollado una fiereza natural durante el curso de la campaña.

A pesar de estas tribulaciones, los paraguayos mantuvieron su ritmo. La mayoría pasó por Empedrado para la última semana de Octubre después de haber arrastrado sus cañones de las baterías del Riachuelo. Luego se congregaron en Corrientes para esperar transporte a Humaitá(25).

(25) Ver: Rafael Machaín a Idelfonso Machaín, Corrales, 25 de Octubre de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco, I-30, 20, 13, Nro. 6. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El puerto podría haber naufragado en el mismo caos en el que había caído Bella Vista, pero los paraguayos y los habitantes locales llegaron a un entendimiento que mantuvo los problemas al mínimo. El 20 de Octubre de 1865, un comité de residentes extranjeros remitió una carta a Bergés y a la Junta Gubernativa sobre el delicado problema de asegurar el orden durante la evacuación(26).

(26) Ver: Aristófanes Caimi (y otros) a Bergés, Corrientes, 20 de Octubre de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco, I-30, 23, 62. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Afortunadamente, dos buques de guerra italianos estaban en el puerto en ese momento y Bergés accedió a que dos compañías de infantería actuaran como policía con la condición de que los italianos prometieran transportar infantes río arriba hasta Paso de la Patria(27).

(27) Ver: Bergés a Caimi, Corrientes, 21 de Octubre de 1865, en el Archivo Nacional de Asunción, Colección Río Branco, I-30, 26, 71. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El mariscal posteriormente describió esto como una oferta desinteresada, prueba de que el Paraguay respetaba los derechos de los locales no combatientes; y, de hecho, más correntinos temían el “robo, asesinato y violaciones” que esperaban de los soldados aliados de lo que habían jamás temido a los paraguayos. Nadie deseaba ver una repetición de los excesos del 25 de Mayo.

Resultó que los italianos rechazaron transportar a los hombres de López porque ello implicaría involucrarse en una violación de su neutralidad. Sí desplegaron, sin embargo, una compañía de sus propios marinos que mantuvo la paz en el pueblo por varios días. Mientras tanto, los paraguayos trajeron barcos y carretas del Norte y evacuaron a casi un centenar de sus aliados correntinos. Esto incluía a soldados y comerciantes, el editor de “El Independiente” y los miembros de la Junta Gubernativa. El viejo Teodoro Gauna, quien aceptó su exilio con gran pesar, le lloró amargamente a su tierra desde la distancia(28). Nunca vio Corrientes de nuevo.

(28) Citado en los periódicos “El Paraná” (Paraná), 15 de Noviembre de 1865; y “La Nación Argentina” del 8 de Noviembre de 1865. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Unos cuatrocientos correntinos que se habían inicialmente plegado a la Junta se retractaron de su apoyo ante la aproximación de las primeras tropas aliadas. Como Lovera, recibieron clemencia con pocas preguntas(29).

(29) Cáceres a Mitre, Capilla del Señor, 24 de Octubre de 1865, en Ricardo Levene. “Archivo del coronel Dr. Marcos Paz” (1959-1966), tomo 4, p. 248. Ed. Universidad Nacional, La Plata (siete volúmenes). La nueva Administración correntina encontró conveniente pasar por alto las simpatías proparaguayas de varios cientos de personas del pueblo e incluso aquéllos inicialmente acusados fueron finalmente “rehabilitados”. Ver: José Miguel Guastavino. “Incidente del doctor don Ramón Contreras en 1865, sospechado de Traición a la Patria” (1882), Buenos Aires. Las únicas excepciones fueron las de Víctor Silvero -quien sobrevivió a la guerra, pero no a la animosidad de sus vecinos- y Sinforoso Cáceres, quien vio sus considerables propiedades (incluyendo un gran saladero, “Las Palmitas”) confiscadas por orden del Gobierno. Dardo Ramírez Braschi en comunicación personal con este autor, Corrientes, 18 de Mayo de 1999. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El gobernador Lagraña, quien llegó a la capital provincial a principios de Noviembre de 1865, esperaba encontrar el lugar devastado pero, de hecho, lo único que halló para rezongar fue que la Caja de la Casa de Gobierno había sido saqueada, el mobiliario llevado y las puertas del edificio arrancadas.

Los correntinos que habían permanecido durante la ocupación de siete meses tenían relativamente pocas quejas (especialmente en comparación con las ruidosas demandas de reembolsos de gastos incurridos cuando los Aliados tomaron posesión de la comunidad)(30).

(30) Documentos que justifican la legitimidad de la Deuda contra el Gobierno de la Nación, passim. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Solano López eligió Paso de la Patria como el principal punto de embarque de sus Fuerzas en Corrientes. Localizado justo al frente del Fuerte paraguayo de Itapirú, era el lugar lógico desde el cual llevar el Ejército a Humaitá con menos complicaciones. El río, sin embargo, era más de dos kilómetros de ancho en ese punto, con fuertes corrientes. El transporte, por lo tanto, requería más que unos pocos barcos.

La Armada del mariscal reunió todas las embarcaciones disponibles para la tarea para el 27 de Octubre de 1865; dos vapores, varias barcazas, una plétora de chatas y canoas -todo lo que pudiera flotar- se pusieron en posición en Paso de la Patria y comenzaron a embarcar las tropas. El segundo regimiento de artillería de Bruguez partió primero, junto con los enfermos y heridos. Le siguieron todos los regimientos de caballería.

Resquín había emplazado las piezas de artillería de Bruguez a lo largo de la orilla norte del Paraná para proteger el sitio de la interferencia brasileña, que se esperaba en cualquier instante. El momento crucial llegó a las 11:00 -a una hora del inicio del operativo- cuando la mayoría de los cañones de Bruguez estaban a bordo de barcazas en medio del río.

El sol estaba alto en el cielo y los paraguayos eran plenamente visibles desde bastante distancia. Repentinamente, seis buques de guerra brasileños aparecieron en Tres Bocas; habían zarpado de su fondeadero al sur de Corrientes cuando se enteraron del cruce paraguayo.

Al mismo tiempo, la guarnición de retaguardia de Resquín dio la señal de que caballería enemiga había comenzado un asalto, presumiblemente de gran escala. Parecía que los Aliados habían calculado bien su intervención después de todo y era poco lo que Resquín podía hacer para detenerlos.

Como relató Thompson, la gente “que vio esto dio su Ejército por acabado, pensando que los brasileños nunca le permitirían cruzar el río y que pronto serían sobrepasados y destruidos por Ejércitos enemigos”(31).

(31) George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 96, Londres; el periódico “Jornal do Commercio” (Rio de Janeiro), 5 de Diciembre de 1865. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El general paraguayo suspendió la evacuación y se preparó para lo peor. Despachó toda la artillería disponible al oeste, hacia Corrientes, para intentar repeler lo que prometía ser un gran ataque. Simultáneamente, los dos vapores paraguayos, el “Ypora” y el “Pirabebé”, se adelantaron mientras sus tripulantes preparaban sus cañones.

Entonces sobrevino la sorpresa. Los buques brasileños, que ampliamente superaban en poder de fuego a sus oponentes, giraron bruscamente y se volvieron río arriba sin disparar un solo tiro. El por qué actuaron así no estuvo claro inicialmente. Luego, otros reportes de la retaguardia paraguaya confirmaron que el asalto de la caballería había sido una mera distracción y que ninguna Fuerza Aliada masiva estaba avanzando.

Los oficiales navales imperiales, ya sea por flaqueza o por órdenes previas, se mostraban singularmente aprensivos ante cualquier atisbo de peligro. Sin adecuado reconocimiento terrestre no podían estar nunca seguros de que los paraguayos no hubieran erigido baterías ocultas. Más aún, pese a sus muchos meses en la región, no tenían todavía un conocimiento adecuado de navegación encima de Tres Bocas.

Con esto como excusa, abandonaron la idea de cualquier desafío directo al cruce de la división Sur. El ministro de Estados Unidos Washburn habló en nombre de muchos observadores cuando desdeñosamente recordó este ejemplo de inacción brasileña:

“Tenían en sus manos el poder de cortar la retirada (de Resquín); (...) a lo largo de todo el conflicto (ellos) parecieron pensar que toda la ciencia y la estrategia de guerra estaba expresada en el proverbio de poner un puente de oro para un enemigo huyendo; no creían conducente destruir el único medio de escape de los paraguayos (...). Eligieron en cambio cargar con los inconvenientes de una guerra más larga”(32).

(32) Charles Ames Washburn. (1871). “History of Paraguay with Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy under Difficulties”, tomo 2, p. 91. Ed. en Nueva York y Boston. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Cuando los brasileños se retiraron, Resquín recomenzó las operaciones, trabajando día y noche hasta el 4 de Noviembre de 1865, cuando las últimas unidades de infantería pasaron al otro lado. Los soldados llevaron consigo alrededor de cien mil cabezas de ganado confiscado(33).

(33) El coronel Thompson más tarde notó que este ganado “murió casi en su totalidad, ya sea por fatiga, carencia de comida o por comer hierba venenosa (...) que abunda en el sur del Paraguay y que sólo los animales de la zona tienen el instinto de evitar. El número de animales muertos en los campos alrededor de Itapirú y varias leguas más allá fue terrible durante algunos meses”. Ver: George Thompson. “The War in Paraguay with a Historical Sketch of the Country and Its People and Notes upon the Military Engineering of the War” (1869), p. 97, Londres; y Thomas Whigham. “Cattle Raising in the Argentine Northeast, c. 1750-1870”, en el “Journal of Latin American Studies” (1988), 20:3, pp. 313-335. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

En un momento dado, los barcos brasileños se acercaron lo suficiente como para disparar unas pocas rondas, pero todas se quedaron cortas. El general Cáceres marchó a Corrientes al mismo tiempo y la proclamó territorio liberado. La gente del pueblo, que se preguntaba qué nuevas penurias les esperaba con su arribo, principalmente celebró su liberación puertas adentro.

Cáceres trató de asaltar las últimas unidades enemigas en Paso de la Patria, pero las defensas erigidas por el coronel José Díaz se sostuvieron sin bajas al otro lado. En realidad, Cáceres ya había perdido su pasión por esta pelea. Como otros correntinos, ya había dirigido sus pensamientos hacia el igualmente intimidante campo de batalla de la política provincial.

Así dejaron Corrientes las últimas tropas paraguayas. Aguas altas, torrenciales lluvias y simple confusión habían plagado la retirada de principio a fin, pero ahora había concluido y los Aliados habían hecho poco para evitarla. Las principales columnas aliadas incluso entonces estaban 300 kilómetros al sur.

Y en cuanto a los buques de guerra brasileños, sus esfuerzos fueron poco más que insignificantes. La Armada no hizo intentos de detener al “Ypora” y al “Pirabebé” los cuales, habiendo cumplido su misión, navegaron por encima de Tres Bocas hasta el río Paraguay y Humaitá. Los marineros paraguayos se juntaron luego en un gran baile en la Fortaleza para celebrar el resultado de la evacuación.

Los hombres de la división Sur, todos felices participantes de la fiesta, estaban y se sentían ahora seguros; ya tendrían tiempo de pelear algún otro día.

- Secuelas

La campaña de Corrientes había llegado a un fin sin gloria y con ella terminó también la mal concebida cruzada paraguaya de liberar la Banda Oriental y restaurar el “equilibrio del poder” en el Río de la Plata. De allí en adelante, Solano López tuvo que formular una estrategia defensiva para rechazar a los Ejércitos Aliados que estaba seguro invadirían su patria.

Pero, al asumir la defensiva, el mariscal hizo aflorar el fervor popular en sus compatriotas en una forma completamente nueva. El sentimiento de patriotismo, que se había expresado sólo fugazmente en Corrientes, encontró un gran ímpetu una vez que los Aliados pusieron un pie en Paraguay. El amor al país ya no era una frase vacía para los hombres en el Ejército del mariscal.

Ya no eran solamente la obediencia y la atención lo que los motivaba. Ahora, sus sentimientos más preciados, su amor por su familia y comunidad, sus valores tradicionales, todo caía bajo la sombra de la espada Aliada. En respuesta, los paraguayos hallaron fuerzas en sí mismos contra la cual los Aliados no tenían una obvia contraparte. Ello sostuvo a López y su pueblo por otros cuatro años de sangre y tragedia.

Comentaristas argentinos siempre han afirmado que la ocupación paraguaya dejó una marca indeleble en Corrientes pero, de hecho, los patrones familiares de la política correntina se reafirmaron casi inmediatamente después de la partida de Resquín. Lagraña disfrutó de un momentáneo nimbo de victoria, pero el Gobierno Nacional no pudo salvarlo de la desunión de su propia facción liberal.

Tampoco pudo evitar que fuera reemplazado en las elecciones de Diciembre de 1865 por Evaristo López, un oscuro estanciero de Goya y, sobre todo, un federal antiparaguayo. López era sólo la pantalla detrás de la cual se paraba una claque de grandes terratenientes del sur de la provincia.

Dentro de este grupo, Nicanor Cáceres tenía poder real y, gracias al patronazgo de Urquiza, anhelaba retenerlo. Si el caudillo entrerriano se encontraba realmente en posición de ayudar a otros fuera de su propia provincia, estaba por verse.

Todos los bandos esperaban que Mitre intentara manipular la política local, pero también sabían que ésa no era una gran prioridad para él. Cáceres tenía tiempo para reforzar su ya importante base de apoyo entre los correntinos que se resistían a la subordinación a Buenos Aires. Tomó para sí los puestos de Jefe de Policía provincial y Comandante de la milicia; luego se retiró a su estancia en Curuzú Cuatiá desde donde guió la política correntina hasta 1868(34).

(34) F. J. McLynn. “The Corrientes Crisis of 1868”, en “North Dakota Quarterly” (1979), 47:3. Cáceres, es cierto, salió varias veces al frente paraguayo en 1866-1867, pero nunca se apartó por mucho tiempo de sus intereses en Corrientes. En cuanto al movimiento político que simbolizaba, aunque se volvió menos evidente con los años, nunca desapareció completamente de la conciencia correntina. A principios de los 1880, por ejemplo, un visitante británico a La Cruz notó: “Fuimos interceptados en la plaza por un número de gauchos montados, armados con lanzas, con botas y espuelas, todos adornados con fajas y cintas alrededor de sus sombreros de brillante carmesí que, en los días de Rosas, era la insignia del federalismo”. Ver: Horace Rumbold. “The Great Silver River (Notes of a Residence in Buenos Aires in 1880 and 1881” (1890), p. 220, London. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Fuera federal o liberal, cada político correntino entendía la necesidad de apoyar la causa nacional. Esto requería que las unidades de la milicia provincial continuaran sirviendo en el campo durante toda la campaña paraguaya. También significaba respaldar a miles de tropas aliadas moviéndose desde Mercedes, venderles comida, suministrarles alojamiento y todo lo que pudieran hacerlos sentir cómodos, a la par de cuidar que no se mezclaran demasiado profundamente con los asuntos correntinos.

Mientras la política de guerra se desarrollaba, el gran Ejército Aliado de Mitre finalmente hizo algún progreso. Cruzó el crecido río Corriente entre el 5 y el 12 de Noviembre de 1865, una proeza por la cual los ingenieros militares se sintieron justificadamente orgullosos(35).

(35) Ver: “Cándido López notes on the November passage”, en Franco María Ricci. “Cándido López: imágenes de la Guerra del Paraguay” (1984), p. 122. Ed. Milán; ver también: León Palleja. “Diario de la campaña de las Fuerzas Aliadas contra el Paraguay” (1960), tomo 1, pp. 261-269. Biblioteca Artigas (dos volúmenes), Montevideo, que da una detallada descripción del tránsito de todos estos ríos. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Otros dos ríos desbordados, el Batel y el Santa Lucía, les bloqueaba el paso al norte, pero ingenieros argentinos y brasileños, bajo el coronel João Carlos de Vilagran Cabrita, construyeron balsas y puentes de árboles caídos e hicieron cruzar a todo el Ejército sobre ellos(36).

(36) Ver: Mitre a Paz, Costa del Batel, 16 de Noviembre de 1865, en Ricardo Levene. “Archivo del coronel Dr. Marcos Paz” (1959-1966), tomo 7, pp. 82-84. Universidad Nacional (siete volúmenes), La Plata. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Mitre ya se había enterado del escape de Resquín y ya no tenía razones para apurarse. Pero estaba en su interés moverse sin pausa hacia Corrientes, ya que cuanto más se demorara más chance habría para las deserciones. También le preocupaba que los paraguayos montaran asaltos extensivos a lo largo del Alto Paraná.

Con las condiciones correctas, ellos podrían amenazar la capital provincial una vez más y, si encontraban a Cáceres desprevenido, podrían aniquilar su comando mucho más efectivamente de lo que lo habían hecho en el campo de batalla. Con esto en mente, el presidente argentino presionaba por avanzar, cuando finalmente salió el sol.

Igualmente, no todo estaba bien en las filas Aliadas. Mitre había encasillado a Venancio Flores con obligaciones de retaguardia desde Uruguayana y eso no era en absoluto del agrado del uruguayo. Clamaba por una nueva misión, una que pudiera poner a su Ejército de Vanguardia en el centro de la acción.

Mitre y los brasileños no tenían intenciones de conceder a su irascible amigo el honor de servir como la verdadera, y no meramente nominal, vanguardia de las Fuerzas Aliadas, sino asignarle sólo un rol auxiliar. Le permitieron despegar sus unidades de Mercedes y avanzar al Nordeste en paralelo con la Fuerza principal. Esto lo llevó a través de los parajes más espesos y enmarañados de Corrientes central, hasta pasar Yaguareté Corá y San Miguel(37).

(37) Flores a Mitre, Caá Guazú, 13 de Noviembre de 1865, en el Museo Histórico Militar, Asunción-Colección Zeballos, carpeta 150, Nro. 30. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

En este último pueblo, Flores se juntó con unidades de caballería uruguaya que venían de Restauración y las misiones y las llevó consigo al Norte. Alcanzó el Alto Paraná la tercera semana de Diciembre, emergiendo justo a varios kilómetros de la disputada Isla de Apipé. Para entonces, sus hombres estaban fatigados y no poco desorientados cuando se toparon con el pueblo de Itatí. Habían estado un mes abriéndose camino por esterales durante la época más caliente del año y ahora apenas si sabían dónde estaban(38).

(38) Enrique Castro a Bautista Castro, Apipé, 14 de Noviembre de 1865, en José Luciano Martínez. “Vida militar de los generales Enrique y Gregorio Castro” (1901), p. 205. Ed. Dornaleche y Leyes, Montevideo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Mientras tanto, el cuerpo principal del Ejército Aliado continuaba en dirección norte. Aun cuando los paraguayos hacía rato se habían ido, el viaje todavía era dificultoso. Los cañones debían ser estirados por esponjosos pantanos y largas extensiones de matorrales.

Las carretas y vagones se empantanaban, los caballos cojeaban y los hombres rezongaban en territorios desconocidos. Una fuente relató que la columna bajo el general Gelly y Obes tuvo que reemplazar todos sus caballos en cuatro ocasiones diferentes durante la marcha(39).

(39) Juan Beverina. “La Guerra del Paraguay. 1865-1870 (Resumen Histórico)” (1973), tomo 5, p. 26. Ed. Círculo Militar, Buenos Aires. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Y esto no era todo. Resquín se llevó tantas cabezas de ganado que una escasez temporal de alimentos afectó a las tropas Aliadas. Aunque provisiones de comida finalmente llegaron por río, los Aliados tenían todavía que desarrollar un sistema efectivo de distribución; como resultado, algunas unidades comían mejor que en casa, mientras otras apenas tenían algo para calmar el hambre.

Pese a los problemas logísticos, la marcha llevaba una curiosa dosis de boato. Había salvas de salutación, banderas desplegadas y regulares paradas. Las distintas bandas musicales aprovechaban cada oportunidad para competir entre ellas, con el ruido y la armonía en pie de igualdad. Los Aliados realizaban bailes en cada pueblo donde sus oficiales podían encontrar parejas mujeres (hay registros de las hijas de Lagraña participando en uno de ellos)(40).

(40) León Palleja. “Diario de la campaña de las Fuerzas Aliadas contra el Paraguay” (1960), tomo 1, pp. 202-203. Biblioteca Artigas (dos volúmenes), Montevideo. Los soldados aliados raramente vieron mujeres en los primeros meses de la campaña de Corrientes. Como remarcó Dominguito Sarmiento, hijo del futuro presidente Domingo Faustino, las mujeres eran “lujos desconocidos”. Contaba que cuando un barco pasaba con algunas a bordo, los soldados se congregaban en la costa para mirar semejante curiosidad. Ver: Domingo Fidel Sarmiento a Domingo Faustino Sarmiento, Concordia, 29 de Julio de 1865, en Domingo Fidel Sarmiento. “Correspondencia de Dominguito Sarmiento en la Guerra del Paraguay” (1975), p. 25, Buenos Aires. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Y en un show de color raramente visto en aquellos lugares, los diferentes comandantes del Ejército lucían magníficos uniformes oficiales de todos los tonos: grises, caquis, azul marino y blanco inmaculado; los vestían a veces en las ocasiones más incongruentes, incluso en el fragor de la batalla(41).

(41) Semejantes exhibiciones eran expresiones visibles de estatus. Cuanto mayor el estatus, más elaborado el uniforme y había muchos generales que necesitaban mostrarse. Paunero, por ejemplo, se aseguraba de vestir un uniforme inmaculadamente blanco con una túnica de azul cielo y sombrero de ala ancha. Ver: “Cándido López Notes”, (Noviembre de 1865), en Franco María Ricci. “Cándido López: imágenes de la Guerra del Paraguay” (1984), p. 124. Ed. Milán. Los generales más modernos afirmaban que se vestían de acuerdo adónde estaban, independientemente del estatus, mientras la mayoría de sus predecesores de los 1800 claramente se vestían de acuerdo a lo que eran, independientemente del lugar. Sobre uniformes del conflicto paraguayo, ver: Miguel Angel De Marco. “La Guerra del Paraguay” (1995), pp. 135-39. Ed. Emecé, Buenos Aires; Horacio J. Guido. “Triple Alianza: la otra Guerra (Uniformes, Alimentos y Sanidad)”, en la revista “Todo es Historia” (1991), Nro. 288, pp. 86-88; Roberto C. Da Motta Teixeira. “Brazilian and Paraguayan Uniforms of the 1865-1870 War”, en “Tradition” (1978), Nro. 69, pp. 12-14; y Julio María Luqui-Lagleyze. “Los Cuerpos militares en la Historia Argentina (Organización y Uniformes)” (1995), pp. 195-216. Ed. por el Instituto Nacional Sanmartiniano, Buenos Aires. // Todo citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

En general, los soldados argentinos demostraban una incómoda tolerancia hacia sus aliados brasileños. La política oficial era distinta, pero la verdad era que a los argentinos no les gustaba mucho ver a tantos mestizos que hablaban portugués marchando a través de Corrientes.

Quizás los observadores más inteligentes de Buenos Aires estuvieran influenciados por el peso de un prejuicio histórico, pero los hombres en el campo sentían más bien un insistente temor: si los brasileños lograban hacerse cargo rápidamente del Ejército del mariscal, entonces ¿quién los podría sacar de nuevo de la Argentina?

Por su parte, los brasileños sentían una recíproca desconfianza, pero trataban de llevarse bien con sus anfitriones y estaban perfectamente dispuestos a mantener a los argentinos adivinando sus intenciones finales. La orden de marchar tenía ya una duración de casi seis días. Esto dejó a las tropas desplegadas a lo largo de una estrecha línea al otro lado del río Paraná moviéndose lentamente en dirección de Corrientes.

Las principales unidades alcanzaron su destino para mediados de Diciembre de 1865. Primero los brasileños y luego los argentinos levantaron campamentos de acuerdo con un plan preestablecido.

Las Fuerzas imperiales -bajo el general Osório- acamparon confortablemente a 35 kilómetros al nordeste del puerto de Laguna Brava; las unidades argentinas, comandadas por los generales Paunero y Emilio Mitre, se establecieron justo al oeste de los brasileños en Ensenadas; en cuanto a Flores, después de descansar en Itatí, sus uruguayos se movilizaron tierra adentro una corta distancia y acamparon en San Cosme.

Corrientes ahora se convirtió en el centro nervioso de la campaña contra el Paraguay. Un amplio hospital con paredes crema fue construido, así como un gran depósito de suministros. Políticos aliados y figuras militares tomaron habitaciones en los varios hoteles de la ciudad, mientras que los soldados convertían edificios gubernamentales en barracas.

Taberneros locales y vendedores extranjeros aprendieron a beneficiarse del flujo de dinero de la guerra y los precios de todo; desde chuletas de carne hasta espuelas ornamentales, se dispararon en consecuencia. Los restaurantes reflejaban los tiempos cambiantes al renombrar los platos para sus nuevos clientes: hígado “a la Mitre” y arvejas “brasileiras” se volvieron comunes en ciertos establecimientos(42).

(42) Charles J. Kolinski. “Independence or Death! The Story of the Paraguayan War” (1965), p. 110, University of Florida. Ed. University of Florida. En una inusual, aunque no del todo inesperada coincidencia, en 1982, los cafés correntinos rebautizaron sus emparedados como “exocet””, en alusión a los misiles que la Fuerza Aérea Argentina utilizó para hundir al “HMS Sheffield” durante el conflicto por las Malvinas. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

Pero, a pesar de los beneficios que acompañaron la presencia aliada, los correntinos nunca apoyaron enteramente la guerra. Siempre mantuvieron cierta distancia entre ellos y los de afuera. Los oficiales aliados debidamente notaban su reticencia y concluían que el puerto rebosaba de espías del mariscal(43).

(43) Ver: Wilhem Hoffman (¿a su esposa?), a bordo del vapor “Araguarí” (en el puerto de Corrientes), 28 de Diciembre de 1865, en Carlos Ficker. “Deutsche Kolonisten im Paraguay-Krieg” (1996), en “Studen-Jahrbuch”, Nro. 14, pp. 29-31, São Paulo. // Citado por Thomas L. Whigham. “La Guerra de la Triple Alianza (Causas e inicios del mayor conflicto bélico de América del Sur)” (2010), volumen I, Asunción. Ed. Taurus.

El general Cáceres patrulló los puntos de tránsito en Paso de la Patria por algunas semanas pero, como tuvo poco que reportar a sus superiores, terminó licenciando a la mayoría de sus tropas. Los paraguayos escaparon limpiamente.

Felizmente, no realizaron asaltos sobre Corrientes el Año Nuevo de 1866 como muchos sospechaban que podía ocurrir. Mitre y su personal ahora se concentraron confiadamente en la nueva fase de la guerra. Humaitá esperaba y ellos comenzaban a imaginar su destrucción.

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